socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 19 de junio de 2011

el tirsa


Entre 1989 y 1992 primero, y entre 1993 y 1998 viajé casi todos los días a San Nicolás (al principio porque trabajaba en un canal de televisión, luego porque daba clases). Conocía a los pasajeros del Tirsa (Transporte Interprovincial Rosarino S.A., empresa que ya no existe) e, incluso, hasta sabía qué marca de cigarrillos fumaban algunos —en esa época se podía fumar en el ómnibus, pese a que un cartelito indicaba lo contrario.
Eran años de lecturas intensas, febriles, y esos viajes transcurrían en su duermevela. Además, como suele pasarme, la gente que me rodeaba tenía una identidad que se desvanecía ni bien bajábamos del ómnibus: al encontrármelos en el calle o en el Museo Castagnino, como me pasó una vez con uno de esos viajeros que trabajaba en los Tribunales de Villa Constitución y fumaba Parissiennes, me llevaba un tiempo reconocerlos, asociar sus rostros.
Aún suelo cruzarme con algunos por las calles de Rosario, en particular un hombre medianamente alto, pelado, que se engominaba el pelo que tenía en la base de la cabeza y se fabricaba una especie de peluca que apretaba contra el cráneo. También otro, muy ojeroso, que parecía siempre fastidiado y hablaba con mucha familiaridad con el chofer.
Hoy me pareció reconocer a uno de ellos en la cuadra de casa, pero no sé exactamente a cuál y no estoy seguro siquiera de que se haya tratado de un ex viajero del Tirsa. De todos modos, tuve la certeza de que la sensación que me producían esos cruces fugaces con los ex compañeros involuntarios del viaje, era la de ver a un ser extraviado, actuando en falso una vez salido de esa suerte de vida en suspenso que produce el viaje de corta distancia.