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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

jueves, 27 de octubre de 2011

amílcar brusa > 1922-2011

Reproduzco la improvisada reseña en Cruz del Sur
Imagen tomada del sitio elhombredelosguantes.com.ar. Filmación de la película en la tumba de Monzón.

Hace dos años se había estrenado en Rosario y en Santa Fe una película que lo retrataba, “El hombre de los guantes”. Amílcar Brusa, leyenda del boxeo mundial, entrenador de Monzón, enfrentado al poder del boxeo en los 70, un santafesino que creó una escuela a través de su gimnasio en pleno centro de Santa Fe, donde su preocupación era sacar al boxeador de la pobreza, murió este jueves en su ciudad, a los 89 años, luego de permanecer internado un mes en un hospital.

«Desde hace más de medio siglo –lo recuerda el sitio LT10.com.ar, cuando representaba al Enmascarado Rojo en las épicas luchas sobre el cuadrilátero durante las inolvidables jornadas de “Titanes en el Ring” con la incomparable figura de Martín Karadagian, manteniendo en vilo a millones de niños y familiares junto a los aparatos de televisión en blanco y negro, pasando por los 14 campeones mundiales del deporte de los puños, Amílcar Oreste Brusa se erigió en un verdadero maestro en la enseñanza del arte del boxeo, sacando a jóvenes de los peligros de la calle y convirtiéndolos luego en verdaderos hombres».

Brusa nació el 23 de octubre de 1922, en el antiguo paraje Desvío Kilómetro 140, también conocido como Colonia Silva o Abipones, a unos 15 kilómetros de Marcelino Escalada (ex Lastenia), departamento San Justo, en el norte del territorio provincial. Sin embargo, cinco días después fue inscripto en el Registro Civil de la capital del segundo Estado argentino, es decir el 28 de octubre de ese año.

Durante su actividad boxística, militó en la categoría pesado, haciéndolo como aficionado cuando tenía entre 22 y 26 años de edad, realizando 30 encuentros, adjudicándose el certamen Guantes de Oro, habiendo sufrido solamente tres traspiés, dos de ellos con Rafael Iglesias, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948.

“Carlos Monzón fue el más grande campeón de la categoría mediano, es una leyenda y un mito vigente”, manifestaba. “Monzón con sus 100 combates se convirtió en una leyenda, con la estelar consagración el 7 de noviembre de 1970, cuando obtuvo la faja universal al obtener el resonante triunfo, noqueando al monarca, Nino Benvenutti, con un directo espectacular, en la mejor actuación de toda su campaña profesional”.

“Monzón fue un apasionado, quería con todo su corazón a la Argentina, era un nacionalista como yo, decía que de la única forma que le podían arrebatar el título de los Medianos de boxeo era sacándolo muerto del cuadrilátero. Cuando lo conocí, tenía siete peleas como aficionado y había perdido dos. Conmigo hizo 80 peleas más como amateur”, relató en una entrevista.

Patricio Agusti, director de “El hombre de los guantes”, dijo en una entrevista en el suplemento cultural Señales, de Rosario: “El documental se posiciona en el presente de Brusa. En cómo él, después de haber vivido más de 25 años en el exterior, volvió a la Argentina y a Santa Fe a seguir entrenando a las nuevas generaciones de boxeadores. Lo que hacemos es seguirlo y conocer el boxeo desde adentro y cómo él vive el contraste entre la meca del boxeo, la ciudad de Los Ángeles, y la realidad del boxeo en la Argentina”.

Brusa se peleó con Juan Carlos Lectoure, el dueño del Luna Park en los 70, cuando supo que los había perjudicado en el manejo de la campaña de Monzón. Sostener esa decisión le costó no trabajar en Argentina durante años, separarse de su familia, irse del país. Ese es un episodio central en el mito. 
"La leyenda –cuenta Agusti en esa entrevista– tiene que ver con su pasado pero también con su presente. Con una conducta que marcó toda su carrera y que hoy mantiene, a los 87 años: todos los días se levanta y va rigurosamente al gimnasio, a entrenar a los boxeadores, sin que le importe la plata, que incluso muchas veces pone plata de su bolsillo para generar un evento boxístico”.
Se escucha a Brusa en la película: “Yo no me nutro de boxeadores en colegios de monjas ni en universidades, sino en las villas. Es gente necesitada. Llegan con las zapatillas rotas, y quieren ser campeones del mundo”, suele decir. Lo importante no es alcanzar ese sueño sino lo que se logra en el intento: una formación. “Tratamos de destacar el acento que él pone en la función social del boxeo —sigue Agusti—. Muchas veces Brusa genera peleas donde no le importa tanto el rédito económico sino la formación de la carrera del boxeador. Es un manager que piensa como entrenador, desde lo deportivo y desde la función social del deporte. Esa preocupación atraviesa su vida: sacar al boxeador de la pobreza”.