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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

viernes, 17 de febrero de 2012

el reo y el periodista

 Videla al ser condenado en el tribunal cordobés. Imagen del CIJ.



La entrevista al reo Jorge Rafael Videla, condenado por delitos de lesa humanidad, que le hiciera el periodista de derecha Ricardo Angoso para el semanario español Cambio 16 fue menos un ejercicio periodístico que una declaración de principios del periodista y un descargo del convicto. La primera pregunta decía: “¿Cómo estaba viviendo Argentina en el año 1976, qué estaba pasando en ese momento?”. Es decir: se está entrevistando a alguien sobre quien la Justicia se expidió, pero el periodista le sirve al reo la oportunidad de dar su versión de los hechos. Y así sigue. Ninguna pregunta se nutre de las pruebas que condenaron al hombre que comandó el genocidio en Argentina entre 1976 y 1981. Hasta que llega a la suma canallada de preguntarle al responsable de esas muertes (y es la Justicia quien estableció esa responsabilidad, no olvidar el punto): “Hay una gran disparidad en las víctimas que se ofrecen desde la izquierda, desde las Madres de Mayo, y desde otros colectivos, ¿cuántas víctimas o desaparecidos hubo en Argentina entre 1976 y 1982?” El reo, claro, habla.
Coincidencia o no, ese descargo se hace en un semanario de España, donde en estos días el juez Baltasar Garzón es juzgado por investigar los crímenes del franquismo; es decir, el reportaje aporta razones a esa causa.
Alfredo Leuco entrevistó una vez a Horacio Verbitsky junto con el conductor de Hora Clave, la pregunta fue si entrevistaría a Videla. Verbitsky respondió: “No, a mí me repugnaría estar al lado de él. Y además no tengo ninguna expectativa de que diga nada sincero. Ya lo hubiera dicho”. En otras palabras: ¿cuál es el sentido de hacer una entrevista, y sobre todo a alguien sobre quien la Justicia se expidió?
La postura del periodista español es repugnante y está reforzada por las circunstancias que refiere el oscuro Horacio Ricardo Palma, quien describe el encuentro con el genocida como una rueda de amigos. Y aunque Videla no dice nada nuevo, habla, es decir, acaso a su pesar, arroja pistas para interpretar eso que Videla es en la historia: el cabecilla de un genocidio. Dice sobre la dictadura: “Y la clase política no daba muestras ni ansiedad de que el periodo se agotase y se iniciase una nueva etapa política; nos seguían con atención y desconocían cómo había sido la guerra, que parecía haber ocurrido en una nebulosa”. Y vuelve a usar el término “nebulosa”: “Fue un error de nuestra parte aceptar y mantener en el tiempo el término de desaparecido digamos como algo así nebuloso”.
Usar el término “nebuloso” para referirse al exterminio y la política del terror (secuestros clandestinos, torturas, robo de bebés, terrorismo económico) es por lo menos sugestivo. En esa misma “nebulosa” cabe el Operativo Independencia en Tucumán, ensayo previo de lo que sería la dictadura, descripto por Acdel Vilas, su primer jefe, como un operativo “cultural” (en el que murieron fusilados entre 800 y 1.000 personas, la mayoría obreros). En “nebuloso” caben los campos clandestinos, los grupos de tareas, los vuelos de la muerte, las madres asesinadas luego de parir. Y, a la vez, en el discurso del reo, todo eso no puede ser sino una “nebulosa”: ¿cómo dimensionar la magnitud del crimen sino como algo que “abunda en nieblas” (rae.es)?
En “Los golpes a la puerta en Macbeth” Thomas de Quincey ensaya el método en que Shakespeare crea efectos para dar cuenta del horror del asesinato del monarca, escribe: “Cuando se ha consumado la obra de las tinieblas, el mundo de las tinieblas pasa como una procesión en las nubes”. Videla se refiriese a la matanza con la palabra “nebulosa” (matanza que admite, porque también dice que el presidente interino en el gobierno de María Estela Martínez de Perón, Ítalo Argentino Luder, había firmado unos decretos de aniquilamiento en el 75 que daban a las Fuerzas Armadas “licencia para matar” y que ni hubiese sido necesario el golpe), el reo ve aquellos crímenes como una “procesión en las nubes”. Por suerte para nosotros, la Justicia pudo precisar nombres, acciones y escenas en esa nebulosa que ahora flota tétricamente sobre esa entrevista.