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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

miércoles, 22 de agosto de 2012

otoño post-lost


Llega el otoño allá en el norte y se estrenan nuevas series. Para los que siguen las de fantasía y ciencia ficción y están entrando en el síndrome de abstinencia después de unos cinco meses sin Game of Thrones o, peor, han tenido que ver Falling Skies como paliativo, llegan dos nuevas:

La revolución es un sueño eterno

Después del fracaso –comercial y existencial– de Alcatraz, cuya primera temporada finalizó casi ignorada sin renovación posible, J.J. Abrams, uno de los productores y creadores de Lost, reincide con una fórmula que tiene mucho de las nuevos esquemas de series de ciencia ficción de los últimos tiempos: una hecatombe que deja a la humanidad (es decir, hombres, mujeres y niños de los Estados Unidos de América) sumida en el desamparo y librada a sus instintos de supervivencia, que es como funciona aún Falling Skies (el bodrio invasión alienígena más lecciones de historia á la Felipe Pigna pero allá en el norte), cuya segunda temporada terminó el domingo pasado y amenaza con una tercera; y como sucedió con Terra Nova (dada de baja), cuya chapucería fue advertida en esta página. Decíamos, Abrams vuelve a reincidir en la televisión con una serie que emitirá la NBC a partir del lunes 17 de septiembre próximo (en su país de origen, al menos) y se llama Revolution, su guionista será Jon Favreau, escritor y actor de Iron Man. En Revolution, al igual que en el final de Escape de Los Ángeles (John Carpenter, 1996), se esfuma la electricidad y el mundo queda inmerso en la sociedad del siglo XVIII, aunque una milicia que comanda Giancarlo Esposito (el señor Fring, de Breaking Bad) busca una suerte de pendrive que podría restaurar la energía. Hay peleas con espadas, ballestas, cabalgatas y ciudades hundidas en la espesura del bosque, como un Game of Thrones pero post-algo (a nosotros nos parece que post-Lost: en el tráiler también hay un avión que se cae e incluso actúa Elizabeth Mitchell, la desabrida pareja de Sawyer, que viene de la infeliz reedición de V, Invasión extraterrestre, pero aguardemos a septiembre).

Los demonios las prefieren bonitas

Otro actor de Lost, Terry O’Queen, el insuperable John Locke –quien apareció también en los últimos dos episodios de la segunda temporada de Falling Skies–, es uno de los protagonistas de 666 Park Avenue (y ya sabemos que esos tres números del principio no auguran nada bueno), que produce la Warner y emite ABC (siempre allá, ¿no?). Una pareja que circula en un Volvo familiar de los 80 (un detalle de cierto ambiente cultivado que prefiere cierto gusto europeo) se muda a un lujosísimo edificio antiguo de Manhattan: todo bien, hay tipos grandes muy cool, gente piola, voyeurs y rubias despampanantes que se desvisten frente a una ventana abierta. Y todo esto acaso sucede porque, sí, hay que decirlo: el edificio está poseído por fuerzas demoníacas, que a todo esto parecen ser las indicadas para exhibir a Mercedes Masöhn y Rachel Taylor. La serie fue creada y producida por David Wilcox, a quien le atribuyen episodios memorables de Fringe (que en septiembre también lanza su quinta y última temporada), Law and Order y la versión estadounidense de Life on Mars, entre otros méritos.