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miércoles, 1 de mayo de 2013

Secreto encanto de la palabra

Desde hoy en el C. C. Bernardino Rivadavia, un notable seleccionado de poetas argentinos y extranjeros pondrá el cuerpo para un encuentro en el que no sólo abundarán las lecturas, sino también mesas para un amplio debate sobre el género.

por Silvina Friera, en Página 12, Buenos Aires

Los poetas parecen cumplir al pie de la letra con la divisa del XVI Festival Internacional de Poesía de Rosario, que empieza hoy en el C. C. Bernardino Rivadavia: “Todos aquí para mirar arder y consumirse este fuego”. Es un verso de Juan L. Ortiz, poeta entrerriano a quien se le dedica esta edición, a treinta años de su muerte, con paneles de debate, un ciclo de cine y una muestra del artista plástico Adolfo Nigro. En la Casa de Santa Fe, en Buenos Aires, algunos comienzan a encender la llamita anticipando una programación que contará con la participación de Philip Meersman (Bélgica), Eduardo Millán (Uruguay), Reynaldo Jiménez y Rocío Silva Santisteban (Perú), Marit Kaldhol (Noruega), James Fenton y Niall Binns (Inglaterra), Jaime Huenún Villa (Chile), Arturo Gutiérrez Plaza y María Auxiliadora Alvarez (Venezuela), Elkin Restrepo (Colombia), Guilherme Zarvos (Brasil), Fabio Morábito (México), Jean-Luc Steinmetz (Francia) y Peter Sirr (Irlanda). Entre los argentinos se destacan Fabián Casas, Rodolfo Fogwill, Alberto Muñoz, Mirta Rosenberg, Jorge Fondebrider, Anahí Mallol, Carlos Battilana, Perla Sneh, Sergio De Matteo, Marilyn Contardi, Reynaldo Castro y Alejandra Correa, entre otros. El cierre, el próximo sábado, quedará en manos de Juan Carlos Bustriazo Ortiz, trovador secreto de La Pampa, que acaba de publicar Herejía Bermeja.

Pablo Macovsky, uno de los coordinadores junto a Osvaldo Aguirre, recuerda la definición de poesía que suele repetir uno de los invitados, James Fenton. “Marianne Moore se refería a los poemas como ‘jardines imaginarios con sapos reales’”, dice el poeta y profesor de Oxford. “Eso suena muy bien, siempre y cuando a uno le gusten los sapos.” No se sabe si todos comparten lo que Fenton plantea a través de la evocación de Moore. Algunos sonríen, otros cabecean no muy convencidos. Pero muchos, se nota, quieren leer, necesitan transitar ese puente entre el poema escrito y la palabra oral. La voz temblorosa de la venezolana María Auxiliadora Alvarez, que desde 1996 reside en EE.UU., se abre paso poco a poco. Es la primera vez que viene y antes de empezar a leer poemas de sus primeros libros, Cuerpo (1985) y Ca(z)a (1990), señala que “el mejor momento para conocer un país es en un festival de poesía como éste”.
Le toca el turno al irlandés Peter Sirr. La piel de algunos se eriza cuando se lo escucha recitar su “Peter street” en inglés, sobre una calle de Dublín que “me hace pensar en mi padre”. El poeta y traductor Gerardo Gambolini lee su traducción: “Casi llegué a querer esta calle;/ cada vez que pasaba mirando hacia arriba/ para colgarle el rostro de mi padre a una ventana/, me sentía contenido en su mirada. Hoy hay una obra en construcción/ donde estaba el hospital, y me detengo y miro/ estúpidamente el aire vacío, buscándolo”. Se arrima la “dupla” compuesta por el uruguayo Eduardo Milán y el británico James Fenton. Exiliado en México en 1979, donde ahora reside, Milán arremete con varios poemas. “No tienen título; el silencio hace de mínima de título”, aclara. “El hombre pasa, la palabra queda”, dice. Fenton lee “Tsunami”, un poema que cuenta la historia de un hombre abandonado por su esposa que enciende la televisión y, al conocer los trágicos sucesos del devastador maremoto asiático de diciembre de 2004, comprende lo relativo que es todo en la vida.
El festival, iniciado en 1993, fue acrecentando su prestigio por la pluralidad de voces, tendencias y estilos diversos de los poetas, tanto locales como internacionales. El encuentro ya es un verdadero clásico, un ámbito de discusión sobre los problemas de la poesía, sus modos de edición y circulación, pero también en un espacio donde se propicia la indagación sobre las conexiones con otras formas artísticas como el cine o la canción. Entre los debates que se desarrollarán sobresale Editar poesía y no morir en el intento: Cuatro editores, Reynaldo Castro (Editorial de la Universidad Nacional de Jujuy/ Editorial Perro Pila), Reynaldo Jiménez (Tsé-tsé), Alejandro Pidello (Papeles del Boulevard) y José Luis Volpogni (UNL Editora), conversarán sobre la posición de la poesía en la vida editorial argentina, qué cambió y qué no en los últimas décadas con respecto a la publicación del género. ¿Vuelve la poesía a los catálogos de editoriales de alcance nacional? Habrá que esperar para ver si los editores pueden responder o si plantean nuevos interrogantes. También despierta interés La canción no es la misma, mesa que interroga sobre la relación entre el poema y la canción popular contemporánea, y en la que participarán, tratando de desmalezar puntos de encuentro y diferencias entre poema y canción, Fernando Callero, Francisco Garamona, Nahuel Marquet y Alberto Muñoz. El festival contará con la colaboración de la Audiovideoteca de Escritores de Buenos Aires, que presentará una muestra de cortos con entrevistas a Hugo Padeletti, Arnaldo Calveyra, Juana Bignozzi, Leónidas Lamborghini, Daniel Saimolovich y Diana Bellessi, entre otros.
Rosario tiene un pasado chispeante como ciudad de movidas literario-poéticas. Paco Urondo, Aldo Oliva, Hugo Gola, Juan José Saer y Hugo Padeletti, entre otros, circularon alrededor de algunos bares vecinos a la Facultad de Filosofía y Letras de Rosario en los ’60. En el marco del homenaje a Juan L. Ortiz se proyectarán La intemperie sin fin (1977), de Juan José Gorasurreta –extensa entrevista con el poeta que se mostrará por primera vez en copia restaurada y subtitulada–, y La orilla que se abisma (2008), de Gustavo Fontán. Y habrá un debate sobre el sentido actual de la poesía de Juan L., que redefinió el mapa poético de los argentinos. “Quizás no encontremos otro caso semejante en toda la literatura argentina”, escribió Hugo Gola en el prólogo En el aura del sauce, obra completa de Ortiz publicada en tres volúmenes en 1971. “Más de cincuenta años de trabajo para construir pacientemente un orden homogéneo y real, viviente y articulado; un mundo complejo, tejido con la precaria circunstancia de todos los días, con la alta vibración de la historia, con la angustia secreta de la pobreza y el desamparo, y la repetida plenitud de la gracia.”