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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

viernes, 22 de noviembre de 2013

el vampiro del imperio



La serie Drácula, que se puede ver por Universal los lunes a las 22 (empezó el 18 de noviembre último en Argentina y 4 semanas antes en la NBC, su canal de origen), es un rezago de los fuegos de artificio del mes de octubre en el continente del norte, donde el festejo de Halloween, como lo muestra una película infantil que el canal de Disney ha sobredosificado, sirve para que nadie crea en nada del otro mundo.
Protagonizada por el irlandés Jonathan Rhys Meyers (si va a ponerse ese nombre por lo menos debería moderarse con la bebida), quien viene de interpretar en la serie Los Tudor al muy casquivano Enrique VIII (recordemos: el rey inglés de las seis esposas del disco de Rick Wakeman), seguirá saltando de alcoba en alcoba, esta vez ayudado por los poderes del más allá, en la Londres victoriana de 1896.
Lejanamente basada en la adaptación que hiciera Francis Ford Coppola en 1992 de la novela de Bram Stoker, que introducía el punto de vista y la voz del vampiro –que en el relato original, hecho de cartas entre los protagonistas, no estaba–, la serie reconfigura a los personajes, así, Mina está enamorada de un periodista y Van Helsing es en realidad un aliado de Drácula, quien aquí interpreta a un empresario estadounidense que llega para desafiar a la clase alta británica con su proyecto de difundir la electricidad –es decir, la energía– tal como suele entenderse que lo planteaba Nikola Tesla: de forma libre, sin cables, accesible a cualquiera.

El plan de Drácula al arribar a Londres y encarnar a un americano emprendedor es destruir a la Orden del Dragón, enquistada en las altas esferas del poder y, sobre todo –y aquí está el tema de la serie–, en el poder del imperio que era Gran Bretaña entonces. Hay una conversación incluso entre Alexander Grayson –como se hace llamar Drácula en Londres– y un alto miembro de la aristocracia en la que le dice que su propuesta energética echará por tierra la apuesta que las compañías británicas están haciendo con el petróleo. El desaire que recibe nuestro héroe-vampiro es motivo de una carnicería, pero luego se recompone y vuelve a intentar su plan según los métodos del lobby mediático y la libre empresa. Como señala un artículo en el diario inglés The Independent, también nos preguntamos: ¿no era que Drácula venía para arreglar cuentas con estos desalmados imperialistas mediante un baño de sangre?
Bueno, parece que no, o no del todo. La Orden del Dragón es real y tuvo a Vlad Tepper –el personaje histórico en el que se basó la novela de Stoker– entre sus miembros. Que la Orden haya sobrevivido hasta la época victoriana ya es una fantasía, pero sirve a los guionistas de excusa, porque Drácula llega a Londres para vengarse de sus miembros, a quienes atribuye la destrucción de su familia en el lejano siglo XV.
Lo que algunos críticos en general han celebrado es la presencia de Daniel Knauf como cabeza del equipo de escritores. Knauf, quien suele usar los seudónimos Wilfred Schmidt y Chris Neal es un guionista de cine, televisión e historietas norteamericano conocido por realizar en 2003 y para HBO la sobrevaluada serie Carnivàle.
A diferencia de otras actualizaciones de la ficción sobre el vampiro (el primer muerto viviente en ganar popularidad dentro del relato fantástico), como True Blood, en la que los vampiros han decidido salir de sus armarios milenarios e integrarse socialmente (pagar los impuestos, reclamar por sus derechos, postularse para cargos parlamentarios), como en X-Men, Drácula expele crítica política, aunque en envase de historieta. Si la gran metáfora del Drácula de Coppola fue el cine (imágenes de gente que podría estar muerta y vienen a contarnos una historia de salvación), la de esta versión parece ser el imperio o, mejor, ese momento en la historia del imperio en la que una aristocracia decadente e hipócrita (la victoriana) está a punto de ver cómo se lo arrebatan. Los resultados, para la mayoría de los mortales, no fueron muy diferentes: su destino varía entre el de carne de cañón y el de comida para chupasangres.
La NBC hizo cinco webisodes bajo el título “Dracula Rising” que explican los orígenes del vampiro y la relación con Van Helsing, pero como era de esperar, no están disponibles desde Argentina. Una razón más para volver a nuestro sitio preferido a la hora de buscar series.