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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

miércoles, 5 de febrero de 2014

el óscar



Fernando Varea relevó entre críticos de cine de Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata y Córdoba qué son hoy los premios Oscar. Según leemos, la curiosidad de Fernando –de los pocos en Rosario que mantiene activa una discusión abierta en torno a cómo vemos cine– se disparó a partir de un comentario dejado por Fernando Martín Peña en una de las redes sociales más usadas que levantó cierta polvareda: “No existe más la industria, las tendencias, no existe más Hollywood. Se fueron todos a la TV”, puso Peña.
Estaba a punto de aplaudir ese agudo comentario cuando me encontré con estas dos esclarecedores intervenciones, una de mi amigo Leandro Arteaga, otro, de Leonardo D’Espósito, a quien sigo con todo placer desde que escribíamos en Crítica.
Copio acá lo que Varea recibió de D’Espósito –hoy crítico de Noticias y El Amante–: «Los Oscar son importantes como medida de lo que Hollywood cree de sí mismo (no de lo que Hollywood es, necesariamente). Sirve como parámetro para saber qué piensan los académicos no de lo que es el cine sino de lo que ellos desearían que fuera. Si querés, un parámetro más sociológico o político que estético. Veo todas las películas nominadas por razones de diferente tipo. Veo casi todo lo que se estrena por trabajo (escribo semanalmente en Noticias, mensualmente en Brando y El Amante, más en BAE). También veo todo lo que puedo porque soy cinéfilo de verdad. Veo todo Hollywood porque el cine, realmente, fue inventado por Hollywood (y en todo el mundo se hace cine para parecerse o diferenciarse de Hollywood, que sigue siendo el modelo, y habría que discutir cuan estadounidense es Hollywood: el Oscar, en todo caso, representa las películas que Hollywood cree más estadounidenses en el sentido político del término, no así social o espiritual). Y en ese sentido, hasta la peor película de los Oscar me provee una idea para pensar el cine. Que es casi lo único que me sale hacer.»
Y lo de Arteaga –que escribe en su blog (ya enlazado) y en Rosario 12. Las negritas cuando dice que la alfombra roja es una victoria de la TV son mías–: «La importancia pasa por la tradición que conlleva, por la oportunidad publicitaria que el Oscar significa para hablar de cine en los medios. En sí, no es más (ni menos) que el premio que la empresa Hollywood destina a sí misma. En ese sentido, permite entrever qué es Hollywood hoy, cuáles sus carriles ideológicos. Veo las películas nominadas pero no por el Oscar, sino por ejercicio cinematográfico. Hace bastante que dejé de estar interesado en las nominaciones, las utilizo como nota al pie, suelo enterarme de ellas con retraso. A la entrega de premios la veo, pero sin expectativa ni nada parecido. La sigo como el programa televisivo que es. El cine, lamentablemente, es acá secundario. Todo lo relacionado con la alfombra roja o similares me resulta decadente, es otra de las victorias de la televisión sobre el cine. Es cierto que Hollywood siempre fue mucho de eso, pero también lo es que alguna vez fue sinónimo de buen cine.»
Gracias Fernando (acá todo el relevamiento, que ya estaba enlazado, claro).