socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 1 de abril de 2014

el principio del fin

Retomando, un compañero de trabajo me decía este mediodía si no creía que redes sociales como Facebook terminarán transformándose en sitios para viejos. Había observado que su madre y otras mujeres ya entradas en años usaban la red social para hacer comentarios sobre los nietos, los hijos o la familia. También, para replicar imágenes y frases, digamos "envasadas", que parecen diseñadas especialmente para su viralización, su significación a la bartola, de esa clase de redes. Claro, ese es un límite, acaso el anticipo del fin de Facebook: si sus usuarios son cada vez mayores –en general personas que hasta hace un par de años no sabían qué hacer frente a una computadora–, pero a su vez necesitan de los "contenidos" –por favor, esta palabra, como decía Nabokov de la realidad, siempre entre comillas– que entregan a la red los más jóvenes, es evidente que la serpiente comenzó a comerse la cola.
Facebook –red de la que no podría renegar como quisiera, porque hasta el año 2009 su uso me dio herramientas para meterme de lleno en el blog– es a la vez la llave de entrada para comentar en diarios, loguearse en otros sitios y participar de foros, etcétera. Lo que ha llenado de gritones buena parte de los espacios "públicos" de la red. Es también uno de los sitios privilegiados para los fanáticos protofascistas de la actualidad: los vecinos indignados de barrio Azcuénaga de Rosario –o, seguramente, el pequeño grupo que apologiza el linchamiento y asesinato de un ladrón de 18 años– o los proteccionistas de animales que hace poco persiguieron a nuestro amigo Walter Álvarez porque en la edición de una nota que hizo sobre perros sueltos en San Nicolás enseñó el rostro xenófobo y sociópata de una de sus miembros. Son fenómenos similares: los proteccionistas, que imposibilitados de elegir la sociedad humana con su complejidad y dificultades, optan por el esterilizado mundo de lo animal, donde el conflicto es de orden casi mecánico y maníaco. 
Claro, tengo personas queridas que usan esa red social, y lo hacen con encanto y discreción. Espero que llegado el momento vuelvan a usar como siempre el correo electrónico, medio imbatible.