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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

miércoles, 25 de junio de 2014

mare tenebrarum



Junio es el mes del inicio del verano en el hemisferio norte, lo que hace que la programación de la televisión renueve su grilla en esta época del año. Así, ya pueden comenzar a verse algunas de las series más esperadas y anunciadas en lo que va del año. Por ejemplo, en el primer fin de semana sin Game of Thrones (culminó la cuarta temporada el domingo 15 pasado), este domingo se pudo ver –internet mediante– el episodio estreno de The Last Ship (La última nave, TNT), serie producida por el espectacularista Michael Bay (Transformers, Pearl Harbor) y protagonizada por    Eric Dane, Rhona Mitra (acaso elegida por su notable parecido con Evengeline Lilly, la Kate de Lost) y Adam Baldwin entre otros rostros de la América WASP (blanca, anglosajón y protestante).
The Last Ship está basada en una novela de ciencia ficción apocalíptica de 1988 escrita por William Brinkley. Se parece un poco a El barco, la maravillosa (aunque demasiado extensa) serie española, pero todas las tramas se parecen últimamente.
La historia involucra al capitán de un destructor de la Marina estadounidense debidamente heroico, a una médica del CDC (Centro de Control de Enfermedades, organismo que ya vimos sucumbir en series como The Walking Dead e infinidad de películas en las que médicos encarnados por Dustin Hoffmann luchan contra una plaga) debidamente linda y a la tripulación del barco, que un día sale hacia el Ártico en una misión de prueba de armas ignorando que una orden presidencial enviaba de incógnito a la científica para investigar la evolución de un virus recién descubierto que comenzó a diezmar el mundo. Como la misión es secreta, el barco permanece aislado cuatro meses, al salir del silencio de radio, el mundo es otro: el presidente de los Estados Unidos murió (lo que nos ahorra otra insufrible serie de llamadas directas al presidente), Europa está en ruinas y así.
Que el virus haya sido creado en un laboratorio y que entre los integrantes de la tripulación haya un intrigante conspirador y quienes prefieren terminarla con el viaje en alta mar para volver a casa, o lo que quede de ella, son opciones que aún no explotó la trama, que se completa con emotivas venias militares y primeros planos de banderas de Estados Unidos que flamean sobre las aguas de un mundo devastado. Curiosa o irónica metáfora cuyos alcances aún no nos fueron revelados.