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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

viernes, 27 de junio de 2014

tirano del cliché

Nos comimos el amague con Tyrant. No sólo no se parece en nada a otras cosas que desarrolló Howard Gordon (Homeland), sino que lo que vimos hasta ahora en el episodio piloto (emitido el martes pasado) parece uno de esos culebrones centroamericanos en los que los protagonistas van entusiasmándose en cada escena con el descubrimiento de unos parientes ricos y poderosos, una suerte de Par de reyes, pero en serio.
Imagen tomada de AVClub.

La reseña de Todd VanDerWerff para AVClub resume muy bien este aspecto: no sólo dice que el episodio es aburrido y que los conflictos que plantea el guión podrían evitarse si unas pocas personas se subieran o evitaran un avión, también observa que no sólo la dictadura de Medio Oriente que muestra la serie (un hijo del dictador Al-Fayed que se formó en Estados Unidos e hizo una familia allí vuelve al ficticio país Baladi para el casamiento de su hermano) es de una cursilería y cliché ofensivos, sino que el grado de estupidez de su esposa americana también resulta agraviante incluso para los americanos: ella se la pasa todo el episodio piloto preguntándole por qué no le cuenta sobre su pasado cuando la dictadura en la que se mete ni bien baja del avión alcanza y sobra para responderle casi todas las preguntas.
En fin. Gideon Raff (el israelí creador de Prisoner of War, la serie en que se basó Homeland) es uno de los escritores y productores de la serie. Lo dicho sobre la esposa yanqui cabe para su representación de la republiqueta árabe: si esa es la representación del mundo en que vive su serie no transcurre en el mundo.
Homeland y 24 (otra creación de Gordon) nos mostraron la intimidad de un mundo bajo observación permanente. Un mundo en el que el territorio violado de lo íntimo era el objeto de la política (entendida como la lucha por el control y el control de la lucha en relación a un centro de poder que ha disuelto todas las utopías, incluso las de la democracia). Esa suerte de premisa, común a otras series, parece desvanecerse en Tyrant, aunque ofrece conflictos que más bien parecen puestos allí para satisfacción de ciertos discursos "liberales", como el hijo gay.
Según leemos en Vulture, Ang Lee iba a dirigir el piloto de Tyrant. Por suerte no lo hizo.