socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 9 de diciembre de 2014

la escritura del tambor

Pauline Fondevila, Les îles du Paraná (2014).

La música es una realidad en sí misma. En cambio el tambor, la percusión, puede parecerse a ese modo cifrado y fragmentario de representar el mundo que es la escritura. Un tambor escribe: es una llamada, un código que surca el aire, busca respuestas a partir de signos frágiles que deben ser interpretados.
Creo que eso es lo que se lee en el pequeño diario de Pauline Fondevila Una casa y un tambor. Como Pauline (Le Havre, Francia, 1972; radicada en Rosario desde 2007), la protagonista de este diario también es extranjera y naufragó en una isla de río. En las primeras páginas la acompaña un perro y la sospecha de que hay otros y que esos otros viven en un estado por momentos festivo, del todo ajeno al espíritu de nuestra narradora, que se angustia cantándose las nanas que su madre le cantaba cuando niña. Quiere hacerse un barco, pero el barco se convierte al fin en todo lo contrario: una casa. Recuerda que destruyó el barco que la hizo náufraga y, cuando en ese plan simétrico de cosas que flotan y se hunden, anota que su juego frecuente es echar en un charco pequeñas embarcaciones hechas de hojas y palitos donde viajan insectos que naufragan, le viene a cuento que no recuerda cómo imaginaba su futuro siendo niña.
Sí, tocar el tambor es escribir: irrumpir con un llamado cuya perturbación es menos una respuesta que un nuevo interrogante. Lo que el tambor anota es algo que habla en la distancia.
La lógica de la isla funciona más bien como la de Lost, antes que la de Próspero: la provee, es un gran tambor con el que reinterpreta el mundo, el afectivo, el que quedó en el pasado y las posibilidades que se disuelven. El futuro también está allí, es lo que su irrealidad disuelve (“delfines de río”, la provisión de licores y bibliotecas caídas del cielo en un avión siniestrado. No la deja morir. “En la isla, siempre que traté de morir volví a nacer un poco”, escribe.
En fin, La casa y el tambor es de algún modo sereno y adorable en su tristeza, pero enorme en su hallazgo del tambor con que se escribe.

Una casa y un tambor (Iván Rosado ediciones) se presenta junto con El campo (la trilogía de los primeros libros de poesía de Osvaldo Aguirre) el sábado 13 de diciembre a las 19 en Club Editorial Río Paraná, Catamarca 1427, local 12.