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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 5 de mayo de 2015

disco dinamita

El jueves 27 de noviembre del año pasado Coki Debernardi, junto con Diego Popono Romero, Nahuel Marquet y Emiliano Cattaneo –los dos últimos de Degradé– se reunieron en el Museo Histórico Provincial Julio Marc –en el Parque Independencia– para una charla abierta que respondiera a la pregunta “¿Qué música tocás en un museo?” Con sus relatos callejeros, los músicos prefirieron correrse en su mayoría de ese espacio de algún modo cultual que es el museo y aludieron a cierto discurso con el que se sentían más cómodos, el de las preferencias, el de un pasado entre radial y escenográfico. Así, Coki Debernardi recordó el programa de Poli Román de los primeros 80, que escuchaba en Cañada de Gómez y en el que votó cuando Román convocó a elegir entre el fanatismo de Queen o el de Kiss. “Sólo se puede ser fanático de Kiss”, respondió Coki, disipando la idea de que haya algún otro fanatismo posible en el buen paladar musical.
César Coki Debernardi se nos muestra bastante en esa anécdota: primero, es el chico del pueblo que viene a la ciudad siguiendo la estela que esa misma ciudad desplegó en su zona; segundo, es un melómano, escuchó y creó su teoría del conocimiento a través de esa escucha; tercero, su relato recoge una historia que va más allá de la suya y trae la memoria de personas y personajes de la urbe y los hace contemporáneos (Poly Román y los hermanos Juani y Oscar Favre, como mencionará en esta entrevista, por ejemplo). Por último, Debernardi supo construir una escena en la que no sólo es un rocker, un músico, es también una voz que elabora su discurso “con” la música, pero necesariamente “en” la música.
“Chico Dinamita Amor”, el último disco de César Debernardi se presenta este viernes en el teatro del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río Paraná). Las tres canciones del álbum que pueden escucharse en el perfil de MySpace de Coki and The Killer Burritos datan de hace unos siete años, cuando el disco iba a llamarse “Kid Dinamita Love” y cuando Debernardi todavía era la figura de la banda de Fito Páez.
La entrada de Wikipedia que habla sobre Debernardi menciona a Rosario como su ciudad “natal”, lo que es erróneo pero hasta cierto punto. Si bien nació en Cañada de Gómez, Rosario es de alguna manera la ciudad de formación, despegue y elección. Aunque aclara: “Me gusta mucho ir a lugares que conozco –nos dice en una charla telefónica–, pero como que no le tengo mucho aprecio a los barrios, porque los querés si creciste y jugaste a la pelota ahí, y yo ya me mudé como 25 veces”

El tiempo pasa

Su último disco anterior, “Perdida”, data de 2005, de modo que pasó una década. Se lo decimos, pero Coki, en lo que podría ser su método más habitual de respuesta –tomar la pregunta y llevarla hacia otro lugar–, dice:
—También pasa rápido el tiempo, como que uno tampoco está en su casa diez años y un día se levanta y dice “Voy a hacer un disco”. Para mí no pasó tanto tiempo. En estos años estuvimos tocando y no sentí que necesitaba otro disco. Además, realmente no me salía casi nada que me gustara, ni las canciones ni las letras; y como no tengo ninguna urgencia artística –porque al fin y al cabo hago mi propio disco–, no lo viví como algo que tenía que hacer con urgencia. Mientras tanto, nos pusimos a laburar con Fito (Páez), pasaron como tres o cuatro años, lo mismo con los Killer, después se pasó la vida. Y después tenés que hacer un disco y encontrar un sonido, las canciones. Porque si bien tenía varios temas, los juntaba y no daban con la forma de un disco. Una vez que lo tuvimos lo grabamos. Hacer un disco también es pescar ese pez dorado, ¿no?

—¿Y cómo fue hacer el disco?
—Lo lindo es la búsqueda de las canciones y del sonido, de las letras, eso es para mí mejor que grabarlo y editarlo. Aunque la edición sea maravillosa.
—En este disco se nota un sonido un poco menos “sucio”, por decirlo de alguna manera, más prolijo.
—Es mucho más elegante este disco, ¿no? Me debía hacer un disco así, las canciones estas me pedían un entramado sonoro si se quiere más sofisticado que los anteriores, o no sé si el que lo pedía era yo. Y el sonido grupal nos fue llevando a eso. Sí, es menos guitarrero.
—También incorporaste gente muy joven a la banda.
—La banda que ahora presenta el disco (Franco Mascotti, Pablo Giulietti e Isidro Llonch (guitarras), Marcos Prieto (teclados), Miguel Villalba (bajo), Tito Barrera (batería) es una mezcla entre jóvenes y viejos, siempre fue como un barco pirata del que se va cayendo gente y se sube otra, va como a la deriva pero seguro. Y creo que la banda no necesita de nombres propios, siempre va a sonar casi igual, siempre tiene la misma energía en vivo, y siempre son músicos distintos, y eso la hace más diferente a los otros grupos. Porque no es una banda de integrantes “físicos”, concretos. Por suerte desde hace dos años son los mismos.

—¿Y cuáles son los temas de las letras del disco?
—Es un disco sobre la venganza en muchos aspectos. Hay muchos personajes, y sobre todo uno que es Chico –Chico es el nombre, no por la edad–, es un nombre que alude a “cuidado con los que activás de edad muy temprana porque en un momento se desactiva y puede explotar”, ¿no? La idea es que hay que tener cuidado con lo que manipulás muy perversamente en la mente de un chico porque ese chico después va a crecer y va a demostrar que lo que le hiciste es a veces más complicado de lo que parece.
—Tu hija tiene siete años, te escuchamos una vez declarar que antes que rocker hoy querías ser un buen padre. Ese tema de “Chico Dinamita Amor” ¿es un interrogante que surge desde tu experiencia como padre?
—No, lo veo desde una perspectiva social, lo de padre me lo reservo para mí y lo mantengo como quiero, lo veo como una cosa más amplia de la vida. Me parece de que la idea de que si el mundo pudiese mejorar de alguna manera, mejora desde edad temprana, no desde grande.
—Lo de la perspectiva más amplia es casi un método tuyo, siempre ampliás las perspectivas, ya se trate del rock, de tu carrera, traés tu experiencia pero recogés siempre cierta memoria.
—Sí, es verdad, creo que estoy haciendo música no sólo para mí, sino también para que otros tengan ganas de hacer música y tengan ganas de ampliar mucho más los conceptos que tiene el rock en sí. Y está bueno que esto de ampliar le sirva a otras bandas: a mí me gusta que lo que hago pueda visibilizar a otra gente, para eso hago música, para visiblilzar otras cosas, si uno puede linkear con su música a otras cosas que no sean música, que sea literatura, pintura, está bueno, porque con la música sola por ahí no basta. Dentro de todas las artes hay un universo más amplio que el del arte que uno que está haciendo. Y para eso hace uno música, para ver otras cosas y que a uno le gusten.
—Si bien no has escrito podría decirse que tu escritura es permanente: cuando hacés radio, cuando ponés música, cuando te entrevistan, cuando escribís canciones.
—Es que esa es la manera, y los actos cotidianos también son lo que uno hace como hace música. Cuando la gente viene a comer a casa o cuando voy a cocinar a lo de otro es como que estoy haciendo música, mezclando cosas, seguro que me gusta más cocinar para otras personas. Es una manera de hacer música sin música.

Rosario hoy

—¿Y cómo ves el momento que vive en Rosario cierta franja de gente que va de los 20 a los 30 y pico y hacen movidas muy intensas, desde el ya clásico Planeta X a los sellos independientes actuales, las editoriales?
—Creo que hay un universo maravilloso de cosas que suceden en Rosario y que no necesitan masivizarse si no lo quieren o lo necesitan, gente que escribe desde blogs, si querés desde Twitter, veo gente editando libros desde editoriales pequeñas de forma elegantísima, gente haciendo música con sellos que antes no existían, gente que abren una radio y transmiten podcast. Gente que hace fotos brillantes que se visibilizan por internet. Me gustaría ver muchas más cosas visuales, me gustaría ver más películas con gente de acá. Y veo mucha menos gente preocupada por ser “alguien” reconocido, sino gente que hace cosas con con el corazón, que también en otras épocas existieron, pero ahora se ven mucho más y a pesar de que haya mucha radio basura, dentro de radio Nacional o radio Universidad hay muchas cosas muy, muy buenas, lo mismo que en radios independientes. Veo que hay una gran semilla puesta en los últimos años.
Imágenes tomadas del perfil de C&TKB en una red social.

—¿Con qué libro, con qué literatura emparentarías tu nuevo disco?
—Me gustaría relacionarlo de alguna manera con “Short cuts”, de Raymond Carver –sobre el que también se hizo una película, que yo me compré trucha y adentro de la caja me vino una película sobre enanos, que estaba buenísima, pero yo quería ver la otra y aún no la vi. Aunque el disco es algo mucho más chiquito, lo relaciono, como si se tratara de un vecindario que cuentan algunos personajes que se tocan entre sí.
—¿Y con qué música vincularías “Chico Dinamita Amor”?
—Me gustaría que esté vinculado a una sinfonía, porque este disco fue pensado como una obra, claro que no es parecido musicalmente, pero empieza con el personaje de chico como amenazando y termina dinamitado, casi muerto. Y tiene partes y un movimiento que a mí me recuerda a una sinfonía.
—¿Cuáles son tus bandas preferidas de Rosario?
—Muchas, pero entre las que me relaciono y toco no quiero dejar de mencionar a Juani y Oscar Favre. A Alucinaria. A Los Gay GayGuys, tienen una energía y un desparpajo que siento que era el que yo tenía de joven, que no es que ya no tenga, pero uno creció y ya no es el mismo. Y también a Pablo Jubany, que es algo maravilloso: deberíamos agradecer a Jubany por hacer esa música.