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martes, 6 de noviembre de 2012

"una aberración desafortunada"

Imagen tomada de 30reasons.org.

Súpermartes en Estados Unidos, Adam Kotsko, a quien sigo en An und für sich, se pregunta en su última entrada: "¿Qué es un partido político en Estados Unidos?"
Lo que escribe, salvo por la referencia a los padres fundadores, sobre aquello en lo que han devenido los partidos se parece mucho a lo que sucede, imagino, con los partidos en todo el mundo y, sobre todo, en Argentina, donde pronto empezaremos a hablar de "narcopolítica" para referirnos a todos esos partidos cuyas campañas son financiadas por narcotraficantes. Pero más allá de la anécdota, lo que Kotsko señala es, ni más ni menos, la degeneración de la política en el capitalismo tardío. La entrada también es una suerte de colofón a otra, "Garantías políticas", en la que se pregunta precisamente qué garantiza la democracia capitalista que no el comunismo. Por último, no es extraño que un intelectual formado en la teología encare este tipo de distinciones, ¿no?
Escribe:

«En este día de elecciones me encuentro desorientado en torno a qué son realmente los partidos políticos americanos. Por cierto no son partidos parlamentarios clásicos. Hay demasiados emprendimientos de negocios entre los políticos (quienes pueden elegir libremente con qué partido identificarse), y la estricta disciplina partidaria es vista, para la mayoría de los observadores, como una aberración desafortunada.

«Tampoco son órganos coherentes de ninguna clase en particular o interés ideológico. De modo más vívido, los demócratas solían ser el partido de los racistas del Sur y en las décadas recientes se convirtieron en el partido de los afroamericanos. Sólo en los tiempos cercanos los dos partidos se acomodaron prolijamente de acuerdo a un eje derecha-izquierda (de modo que cada republicano está a la derecha de cada demócrata), pero eso parece haber sucedido antes por defecto –en la medida en que los republicanos en endurecido su postura de derecha, los demócratas han absorbido a todos los demás, de modo que la incoherencia de la coalición democrática es directamente proporcional a la coherencia de los republicanos.

«Obvio que la idiosincracia de los erreglos de la constitución de los Estados Unidos es un factor enorme en estas cuestiones. Las elecciones sucesivas y los procedimientos arbirtrarios conspiran para forzar a los partidos a cooperar para que todo se haga y se milite en contra de la coherencia ideológica.

«En un sentido muy real podríamos decir que esto refleja la “sabiduría” tan pregonada de los Fundadores, quienes diseñaron la república mientras vigilaban con un ojo el peligro de las facciones. ¡Realmente no tenemos “partidos” como aquellos que encontramos en otras democracias parlamentarias –su diseño fue exitoso!

«Pero lo que tenemos en su lugar es algo incluso peor: dos aparatos por completo nihilistas y oportunistas que compiten por el poder en esos términos. Los “partidos” no buscan el poder para implementar sus programas o servir a sus electores –abogan por políticas y cortes electorales en la medida en que les permitan ganar poder. Si dudamos de esto, sencillamente podemos observar la trayectoria de Mitt Romney y su carrera a la presidencia. »  

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