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miércoles, 9 de noviembre de 2016

política transaccional

Con mi amigo que vive en Colorado intercambiamos mensajes unos días antes de las elecciones que llevaron a Donald Trump a la presidencia. Conversamos acerca de la naturaleza de los votantes de Trump, de algún modo caricaturizados en esta nota del New York Times, hasta artículos más analíticos como el de Harold Meyerson o cuestiones que de algún modo resume Agamben en una conferencia que ya tiene tres años, acá.
Imagen tomada de American Prospect.

Esto es lo que me escribió el lunes: “La idea es que esto es como un golpe en cámara lenta. Incluso si gana Hillary, los republicanos ya dijeron que no van a permitir ninguna nominación judicial, y que no van a considerar a HIllary una presidenta legítima.
“Quizás, en estos oscuros tiempos, una concepción transaccional de la política y lo político (esto es, pensar que el mal menor no es una concesión al mal, sino el modo imperfecto en que operan los sistemas humanos) es una opción plenamente política. Al menos, eso creo yo.
“La extrema derecha, en USA, se ha apropiado del lenguaje (y del pathos) revolucionario, donde toda transacción es una traición, inconcebible e imperdonable.                       
“En mi opinión, esa idea es la misma de los jihadistas del medio oriente: la idea de que la política no está hecha de ideas imperfectas, que afectan a gente real, sino de valores absolutos, trascendentes y prepotentes en su relación con la realidad (y ajenos a cualquier búsqueda de consenso).                       

“Por eso yo voto a Hillary, una candidata muy imperfecta, pero la voto con entusiasmo. Hillary será lo que será, pero no es una fanática, y tiene una concepción transaccional de la política que, hoy por hoy, es casi una forma de la utopía”.

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