socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 24 de enero de 2016

lenguaje político y precariedad

Fue Hernán Lascano quien me propuso el tema e hizo la edición (recomendación de agregar un comentario de María Esperanza Casullo, por ejemplo, o pulir ciertas cosas). El resultado fue la nota central del suplemento Más de este domingo y que quedó mucho mejor que el original que yo había intentado remedar con subtítulos y latiguillos.
Sin embargo, quedaron cosas afuera.
Creo que un fragmento de la conversación con Pablo Hupert, por ejemplo (que generó a la vez un generoso intercambio de su parte), merece ser compartida, así que la reproduzco acá con los enlaces que me pareció adecuado incluir.

Q: Si querés, podemos arrancar por la pregunta sobre el lenguaje “como objeto de la política”, según Roberto Espósito.
PH: sí, bueno, vamos por ahí. No es plenamente voluntario, no es plenamente deliberado. En parte uno (digo uno, los gobiernos, los actores políticos que sean) usan los lenguajes que tienen a disposición. En parte inventan pero no es tanto lo que pueden inventar: tienen que decir cosas que sean entendibles o de alguna manera, que generen sentido (aunque no se las entienda). Y, además, la invención de ningún lenguaje es algo voluntario o algo que pueda hacer una sola persona en poco tiempo: es algo colectivo, operativo  que se hace a lo largo de mucho tiempo. Incluso el lenguaje del neoliberalismo: en El nacimiento de la biopolítica, Fucault muestra todas las décadas que llevó, todo el trabajo intelectual que llevó armar un liberalismo nuevo. Por decir uno conocido, (la obra de) Milton Friedman ya tiene más de 50. A lo que voy es que, para mí, es fundamental que entendamos que el lenguaje como objeto de la política no es pura maniobra, pura pose, puro engaño, mentira maquiavélica deliberada. Y digo esto porque es en este sentido que se decía "relato". Digámoslo así: los kirchneristas decían que Clarín tenía su relato y viceversa. Y esos relatos parecían algo totalmente acomodable según el gusto. Pero si hay algo que se vio en la última campaña, es que el kirchnerismo no pudo acomodar del todo el idioma, el lenguaje de la campaña electoral a lo que quería oír el votante. Creo que para eso fueron más exitosos Massa y, por supuesto, Macri. Y cuando uno dice "Massa" y "Macri" no se refiere a ellos como personas, sino a los equipos de campaña, a los medios también. Bueno, esas conversaciones, para retomar la idea de antes de que nadie lo hace individualmente y deliberadamente: se va construyendo en conversaciones, en idas y vueltas; y algunos sentidos van sedimentando, a través del machaque de los medios o a través del sentido que hacen en la vida cotidiana. Porque hay circunstancias concretas que le dan sentido a ciertos machaques y no a otros.

Q: Acaco el kirchnerismo no supo pensar en ciertos deseos a la hora de hacer campaña. Todo giraba en torno a la continuidad y su campaña no expresó ningún deseo nuevo.
PH: Sí, está bueno, porque una lectura (no me acuerdo quién decía esto) es que cuando la gente votó por un cambio, el cambio que le proponía Macri, es que ese cambio era más: la gente pedía más. Incluso se podría decir más de lo que le dio el kirchnerismo: más consumo (en particular de dólares, por ejemplo). O que no me digan cuánto aire acondicionado puedo consumir. Ahora Clarín ayuda a sugerir consumir menos, pero porque el límite lo pone el precio. Lo que está mal es que el límite se ponga políticamente. El mercado sí puede poner límites, pero porque son límites "objetivos" y no son límites declamados, ¿no? Algo así. Entonces, de todas las dimensiones que la política disputa, cuando la dimensión es el lenguaje, aparece (creo) esa batalla entre lo pronunciado y pronunciable, por un lado; y, por otro, lo no pronunciado y lo impronunciable. Yo te decía diferentes cosas, digamos: por un lado está lo impronunciable en el sentido de caracterización de lo social. Y yo hablaba de fluidez, de volatilidad de los vínculos. Dicho en otras palabras, es que hay precariedad en todos lados: laboral, pero también de las relaciones de pareja, o incluso de la relación entre votantes y candidatos. Esta precariedad no se quiere asumir y sigue pidiendo más previsión, mejor gestión, más trabajo en blanco, cosas así. Y no se ve que en el actual capitalismo, el trabajo que puede haber, el que se expande, es el precario. El kirchnerismo lo reconoció de hecho y no lo pudo decir (porque su lenguaje no se lo permitió). Lo reconoció al poner la AUH, y no lo pudo impedir porque nunca pudo bajar el 34% de trabajo precario que hay y hubo a lo largo del tiempo. Eso podría ser el trabajo no registrado, pero para no hablar del trabajo de los autónomos, como nosotros, que puede ser en blanco pero es precario también. Después el kirchnerismo asumió la precariedad que tenía la gobernabilidad en este país. Y por eso siempre intentó tener la iniciativa y siempre zigzaguear, yo no la vería como incoherencia, sino como una perfecta coherencia en mantener la gobernabilidad. En un mundo que cambia todo el tiempo, la forma de mantener la gobernabilidad es moverse mucho. Esa es una de las cosas no dichas, que tiene cierto grado de pronunciabilidad (porque no soy el único que habla de esta precariedad generalizada). Hay otra cosa impronunciable cuando uno caracteriza lo social, que es que el llamado "poder real", el poder económico, está en lo financiero. No estaba, para mí, en la gente que salió al campo a cortar rutas, esos lockout patronales. El verdadero poder real estaba en los pools de siembra, en las cerealeras exportadoras, etc. Unos amigos que investigan las finanzas durante el kirchnerismo y que están preparando un libro, que se llama El gobierno de las finanzas, que va del 83 para acá (es el equipo de la Secretaría de DD.HH en la CNV –Comisión Nacional de Valores–); ya se publicó La dictadura del capital financiero, que hablan del capital financiero en la dictadura y piensan seguirlo con este que acabo de decirte, El gobierno de las finanzas. Este sería el poder que gobernó fuera cual fuera el gobierno y que sigue gobernando hoy (ahora más abiertamente) pero que tampoco es tan gobernable. Porque recibieron esa baja en las retenciones, esa devaluación a cambio de la promesa de liquidar sus dólares y parece que no la cumplieron del todo, que se están guardando, que están a la espera de una nueva devaluación. Digo, no hay que creer que gobierna Macri del todo, ¿no? Porque, ahí hay otra historia (que no va tanto con lo del lenguaje, pero te lo digo ya que estoy). Es verdad que casi toda la plana mayor del gobierno, por no decir toda, son CEOs, es el mismo poder económico sentado en los sillones de mando político. Pero a mí no me parece que los intereses puedan ser tan indistinguibles, que puedan fundirse tanto. Puede haber una colusión máxima, por supuesto, pero el Estado tiene una racionalidad y una necesidad de reproducirse a sí mismo que hace que, por ejemplo, haya estos conflictos: ¿qué nivel de devaluación es el suficiente para que el poder económico acceda a darle al Estado los dólares que necesita para reproducirse? por ejemplo, ¿no? Me parece que puede haber otras tensiones ahí; por supuesto, esas tensiones van a ser mucho menores que las que había entre poder económico y Estado durante el kirchnerismo. Por supuesto que van a ser menores. Pero, de todas maneras, los bancos tuvieron mucha ganancia durante el kirchnerismo. Ahora, por supuesto que van a tener más, me parece a mí. Pero es a través del capital financiero que se canalizan las inversiones como el Pro.Cre.Ar, como las jubilaciones mismas (digo, la ANSES juega como un corredor de bolsa), también a través de capital financiero se canalizan las inversiones en producción sojera, en inversión inmobiliaria (construcción le dicen) o en megaminería. Quiero decir, puede haber cambiado la orientación de las inversiones financieras: en los 90 era más especulativa y ahora es más productiva. Pero siguen siendo fondos de inversión financiera, que logran de los Estados una regulación favorable. Y ahí se puede hablar mucho tiempo de las leyes, de la regulación de las inversiones.

Q: Vos habías definido al estado “posnacional” porque para vos “posnacional” no señalaba una vuelta a la política, sino a algo que estaba vivo pero que no se sabía bien qué había quedado de todo eso. Me preguntaba, cuando te escuchaba ahora qué había quedado de esa “vuelta a la política” y si se trata ahora de una salida de la política. ¿Cómo pensar en términos discursivos esta nueva etapa histórica?

PH: la verdad que yo necesito un tiempo más para hacer una caracterización así, ¿no? Ya cuando escribía El Estado Posnacional se estaba completando el segundo turno kirchnerista. Acá espero que Macri no esté tanto tiempo. Pero igual necesito unos meses más para decirte eso. Lo que sí, lo que yo decía en El estado Posnacional es que no volvió el Estado Nacional y no volvió la política representativa, pero sí volvió cierto tipo de política que remedaba en la representativa con mucha imagen. Y ese es el caso del conflicto del campo. O el caso incluso de la nacionalización de YPF, que es una compra de acciones: no es propiedad estatal de la empresa. Es una empresa que no está bajo la ley de sociedad del Estado sino que está bajo la ley de Sociedad Anónima. No me acuerdo si es S.A. pero es una sociedad por acciones, no es sociedad del Estado. Esto es importante: sigue siendo un Estado que necesita ser muy flexible. Esto nos lleva a lo que decía antes de lo impronunciable: lo impronunciable era nuestra potencia de organizar la convivencia, de organizar lo social. Entonces esa cosa confrontacional, esa imagen que se daba de regreso de la política de siempre, de la imagen de la política clásica del siglo XX, esa imagen tenía una función que era disminuir la capacidad de politización por abajo, disminuir la capacidad de politización que tenían los movimientos por fuera del Estado. Y yo te puedo decir: de 2001, serían los movimientos de trabajadores desocupados (que se manejaban a través del piquete), las asambleas barriales y las fábricas recuperadas. Pero después siguió habiendo otros, no tan visibles y sin poder de voltear gobiernos, que fueron los ambientalismos, o los bachilleratos populares; las fábricas recuperadas sigueron, las asambleas barriales muy poco, pero aparecieron muchos centros culturales en las grandes ciudades y en algunos pueblos chicos y el movimiento campesino-indígena creo que tomó cierta relevancia a partir de los conflictos Quom. Digo, son todas distintas maneras de organizar los modos de vida. Los bachilleratos populares son formas de organizar la educación por abajo, donde sólo se le pide al Ministerio que haga un reconocimiento de los títulos. Los ambientalismos también proponen una forma de vivir sin la explotación megaminera; ni hablar los movimientos contra la tala de bosques para expandir la soja o el movimiento que hay en Córdoba de "Fuera Monsanto". Y ni hablar del movimiento mapuche contra el fraking (y que no es sólo mapuche, también hay en Entre Ríos). Bien, estos movimientos podríamos decir que son lo impronunciable del clima político kirchnerista-antikirchnrista. Es el tema político que parecía cifrarse por completo en la dicotomía kirchnerismo-antikirchnerismo. Y al parecer, todavía sigue cifrándose en esa dicotomía. Las dicotomías son una forma de reducir la complejidad y evitar que lo impronunciable se presente, ¿no? que lo realmente heterogéneo se presente y sea disruptivo. Bien, ahora, acá voy a dar un paso más: en tiempos de (Walter) Benjamin, quizás el juego entre lo pronunciable y lo impronunciable sí era un conflicto. Me parece que hoy, sin dejar de ser un antagonismo, ese conflicto no se da tanto como bloques que se enfrentan, sino como un juego de fugas y capturas mutuas.
Q: Ajá, y ¿cómo sería eso?
PH: Y, que de repente una fábrica recuperada consigue por ley una expropiación y el Estado a su vez logra que la fábrica recuperada se organice como cooperativa según cierta ley, lo mismo que un Centro Cultural puede constituirse, entre sus muchas actividades, en una radio comunitaria, que consiga un reconocimiento estatal (a través de la Ley de Medios) y el Estado logra, de esta manera, que la radio se meta en el molde que dice la ley un poco como el primer peronismo le puso requisitos a los sindicatos obreros independientes para reconocerlos como tales y expandirlos. Ahora, el peronismo pudo hacer eso y mantener "estatizados" los sindicatos durante décadas; incluso cuando se fue Perón (cuando lo rajaron a Perón). En cambio, las radios comunitarias o incluso los movimientos piqueteros, no son tan institucionalizables. Entonces, la radio comunitaria o la fábrica recuperada, se aviene a anotarse como cooperativa pero sigue produciendo fugas respecto de esas formalidades, que vuelven a ser capturadas (al menos el kirchnerismo tuvo esa eficacia). Este juego de fugas y capturas, de nuevas fugas y capturas, me parece que en un momento, el kirchnerismo, que fue tan eficaz, ya no lo pudo capturar más. Porque hizo de los movimientos colectivos consumidores aislados. Y si los consumidores aislados tienen que estar en una lucha individual por consumir, el kirchnerismo no es un tipo de "chamuyo" o "discurso" para el consumidor. Porque el kirchnerismo todavía intentaba meter ideas como "Nación", como "Patria" o "solidaridad intergeneracional", mientras que Macri no recurrió a ninguna figura tercera, que medie o que regula a los consumidores aislados: "creo en vos". Perdón, "Creo en vos" decía Scioli ya en 2011. Pero la interpelación macrista era muy claramente: "Vos podés estar mejor". Incluso, a propósito de estas preguntas, yo entré al sitio mauriciomacri.com.ar. Una cosa muy interesante es que la palabra "República" no está en todo el sitio. Y otra cosa muy interesante es que Macri habla él directamente al votante, casi todo el tiempo. Pero no sólo eso: el fondo de pantalla es la cara de Macri mirando a la cámara (viste que cuando alguien mira a la cámara, después el que mira esa foto o video, ve los ojos del tipo). Uno siente que el tipo de mira a los ojos. Bueno, vos entrás a ese sitio y Macri te está mirando a los ojos y se va acercando. Es un zoom lento y Macri va parpadeando y te va mirando y no tiene maquillaje (o casi no tiene o pareciera que no tiene). Es tremendamente cercano, no sé cómo decir. 
Q: Sí, las razones por las cuales Einsenstein y otros realizadores y teóricos del cine adoraban y a la vez odiaban el poder de un primerísimo primer plano.
PH: Ajá. Pero bueno, es piel a piel. Entonces, en ese punto, no es lenguaje, es sensación. No es sentido, es sensación. Creo que el votante sintió que con Macri se podía despojar de todo ese fárrago de sentidos colectivos que poco tenían que ver con su vida práctica cotidiana. No digo sus convicciones, digo su práctica cotidiana. Porque en la vida cotidiana estamos solos en el mercado. Lo más que tenemos es un socio, que nos puede cagar. Me parece importante esto: el votante de Macri no es un votante egoísta en sus convicciones. Incluso, hasta puede ser altruista. Yo conozco uno que no sólo lo votó, también militó por él, pero que una vez por semana sale a repartir ropa y comida a la gente que vive en la calle en su barrio, que es el barrio de Once. 
Q: Bueno, como charlamos antes, es la represión o la caridad, no la construcción de una política social.
PH: Claro, no se trata de cuestionar lo social. Porque lo social no es una experiencia para el consumidor, no es una experiencia. Uno está solo en el mercado. Bueno, está bien, puede haber un crédito. Pero ese crédito es para que vos vayas solo al mercado a vértelas con el mercado y con lo que se parezca. 
Ah, perdón, otro ejemplo de volatilidad: la volatilidad de amigos de facebook o de twitter (que no sabés cuándo te van a bloquear) y la volatilidad misma de la conexión a internet. Ni hablar de la volatilidad de la luz, de la provisión de energía. Bueno, eso era un paréntesis. Entonces...
Q: Me contabas de ese amigo que militaba en el macrismo e iba a hacer caridad.
PH: no, no es amigo, no es amigo, puedo comprender pero amigarme no. Pero fue interesantísimo. Entonces, en lo que ha sido tremendamente eficaz el discurso mediático tipo Clarín-La Nación y Macri es en moralizar la política. En asumir que la política del Estado Posnacional no es una política donde hay tercero, donde hay algo común. La política de hoy, la política Posnacional no es la política donde se trata de entrar en la historia de la Patria. Es la política que trata de gestionar lo mejor posible la precariedad de la vida social.

***

En un correo, Hupert agrega "ejemplos de la ciega e involuntaria disputa política sobre el lenguaje":
—No es lo mismo decir "desastre natural en el Litoral" que "la deforestación hace estragos".
—No es lo mismo decir "nuevo récord en la campaña de la soja" que "disminuyó la soberanía alimentaria".
—No es lo mismo decir "los números fiscales no cierran y hay que ajustar" que "no se creó el Banco del Sur y se mantuvo nuestra dependencia respecto del dólar".