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jueves, 16 de julio de 2026

hebe uhart en paysandú

La crónica se publicó en Viajera crónica (Adriana Hidalgo), cuya primera edición es de 2014, aunque el copyright de Hebe es de 2011. Sospecho que registra un viaje anterior a 2007, que es el año de la muerte de Aníbal Sampayo, que en el relato figura con vida. Ignoro la suerte de otros personajes que mi madre mencionó alguna vez, como Héctor Pintos Tognola, que según El Telégrafo, murió en 2015.

Visita a Paysandú

por Hebe Uhart

En el lugar de Paytodo


En la ciudad sanducera todo se llama Pay. Son Paycueros, Paylana, Pay Pan, Payescudo, Paycolor (casa de artículos de fotografía), Pay Candó (hoy isla de la Caridad) y, finalmente, Paysandú: se cree que este nombre viene del padre Sandú, fundador y factotum de los comienzos. Este padre trajo al lugar varios indios de las misiones jesuíticas, trataba de que no fueran nómades y de emprolijar sus costumbres; entre ellos, trajo consigo al indio Carué, afamado violinista que tenía los párpados caídos y, para poder leer la música, se los levantaba con una vincha. De tan lejos viene la vocación musical de los sanduceros. 

En 1749, aparece por primera vez el nombre de Paysandú, en un mapa de las misiones. Se transportaba ganado a Santa Fe, la travesía duraba ocho meses. Todo era de cuero: arreos, sombreros, toldos, tiendas; en 1780, ya era un importante centro para la producción, depósito y tráfico de cueros. Según el escritor Miguel Ángel Pías, en 1805, se fundó la parroquia de San Benito de Palermo, con puertas, sillas y otros elementos hechos en cuero. En 1812, todo el pueblo de Paysandú –unas quinientas cincuenta personas– sigue a Artigas en su campaña libertadora: sólo quedan dos indios viejos. Antes del sitio de 1865, Paysandú se convierte en plaza fuerte y después del sitio, alrededor de 1870, prospera rápidamente. En 1871, el primer saladero ocupaba tres mil habitantes; la carne se exportaba en barriles. Casa Blanca, saladero cercano a la ciudad, tenía buen camino al centro, embarcaciones propias y puerto propio. Se comerciaba activamente con Concepción del Uruguay.

En 1890, se establecen asociaciones culturales de todo tipo. El actual diario El Telégrafo data de 1910. Por esa fecha, había en el río cientos de buques con banderas de todos los colores que transportaban madera, hierro, maquinaria, tabaco, sal; se cuenta que había hasta doce veleros haciendo cola para entrar. Los molinos harineros eran los más importantes de la región y, debido a su lejanía con Montevideo, se desarrollaron industrias variadas: fábricas de fideos, de mosaicos, de hielo, de plaguicidas y de calzados. En la propaganda de la época, aparece una fábrica de zapatillas El Rebenque. Ya, en 1852, había siete herrerías artísticas. Entre 1940 y 1950, Paysandú va a la cabeza de las ciudades del litoral, en cuanto a producción industrial y consumo de la mayoría de sus habitantes.

El pasado y el presente

Antes, los troperos se enfrentaban a tigres y jaguares, y la gente de la ciudad se acercaba al puerto para ver el barco María Madre, que estuvo varado unos cuarenta años a raíz de un litigio. Algo de ese pasado campestre e ingenuo se deja ver en algunas personas que circulan por el shopping: los hombres caminan haciendo avanzar los brazos como remos y algunas mujeres tienen esa piel rosada y saludable, aunque un poco sufrida, propia de la gente de campo.

Hay también dos formas de nombrar los lugares: la popular y la culta. El estilo culto es ambicioso y complejo. En la propaganda de un producto medicinal de 1930, se lee: “Como todos, iniciamos nuestra ascensión desde el llano y llegamos a la cumbre por el esfuerzo y la honestidad”. El Museo Histórico tiene una inscripción que reza “Casa del Espíritu de Paysandú” y debajo, “La casa que impulsa toda acción que tienda a la pública felicidad”. Lo que popularmente es conocido como cementerio viejo se llama “Cementerio a Perpetuidad”. La isla próxima, llamada Pay Candó por los indios y por la gente “la isla de enfrente”, se llamó después “la isla de la Caridad”, donde se refugiaron muchos pobladores corridos por el sitio y Urquiza les mandó carne. Pías dice: “La isla de la Caridad, aunque argentina, vive en el corazón de los sanduceros”.

La feria que está junto a la terminal es llamada Feria Franca o Feria de los Bagayos. Venden, en una vereda con sol a pleno, ropa, comida, afiches de Rodrigo, todo con música de “Qué suerte, qué suerte, qué suerte que esta noche voy a verte”.

En una casa ubicada en el centro, hay una placa: “Comité Pro Puente Paysandú-Colón. En este lugar, se soñó y se forjó esta magna obra internacional”. Y, a pocos metros, el anuncio de una pollería (hay muchas): “Cuidado, salen pollos”. Con motivo de cumplirse los veinticinco años de la existencia de una farmacia, los dueños se dirigen a su público: “Gracias, muchas gracias a nuestros clientes, que con su colaboración han posibilitado la permanencia de esta empresa. Nuevamente, muchas gracias”.

En la calle Brasil, está la discoteca Zeus, con paredes pintadas de azul y, al frente, dos enormes cabezas; una de ellas tiene un ojo lleno de objetos electrónicos, cables, lucecitas, resortes y un pequeño televisor enchufado a esos cables. Cerca, una pared con una leyenda: “Día Nacional sin accidentes de tránsito”, la parca espera al automovilista del otro lado con una guadaña chorreando sangre en una mano y, en la otra, un cayado con penacho de calavera; detrás, vienen marchando huesos, cabezas y, como emergiendo del torbellino, una rueda arrancada. Un esqueleto agarra el volante que se soltó. Esta imaginería es muy distinta del bucólico espíritu que inspira una poesía de 1920:

Lavanderas del río

vienen y van

inquietas como las aguas

del Uruguay.

Más bien se acerca al violento mundo actual. El pastor Giménez tiene una sucursal de su culto en Paysandú; los llaman “los gritones” por sus ceremonias exaltadas. Sí, hubo un pasado de tranquilidad y progreso, y en él se refugian. Dicen: “Yo vivo en La Polar (zona donde hubo una gran fábrica de hielo)” o “Vivo en Casas Blancas (gran frigorífico otrora)”, o en Beccaría, que fue una enorme bodega y ahora es un sitio para escuchar jazz y buena música.

Como saliendo del pasado, haciendo trámites en el banco del shopping, están los rusos de la colonia San Javier: ellas, con pañuelo blanco en la cabeza y pollera hasta el suelo; los hombres, jóvenes y viejos, con barba y blusa de mujik. Hace unos cuarenta años que llegaron, fueron primero a Rusia, después a Canadá y recalaron en San Javier, no se mezclan con la población: tienen sus propios maestros. Los sanduceros no se muestran curiosos por su forma de vida o sus principios religiosos. No se sabe bien qué religión tienen. Un señor dijo:

–Ellos dicen que son de religión católica.

Así será.

Lápidas

El cementerio viejo, situado en un hermoso parque lleno de palmeras, funciona ahora como museo y como curiosidad arquitectónica. En una lápida se lee: “A los orientales caídos por la libertad, comandados por el general San Martín en San Lorenzo”. En otra: “El pueblo de Entre Ríos a los orientales caídos en Paysandú”. Varios monumentos están firmados por Juan del Vecchio, de Carrara, Italia. Se lee: “Inventó y ejecutó”.

Son de 1900, cuando se encargaba el mármol con escultor incluido. Por ejemplo, el monolito de los caídos en Quebracho tiene arriba un yelmo, palmas y una carga de obús; debajo, un león que lleva en sus garras un escudo con un sol, es un león con expresión humana: está pensativo y esculpido de modo tan realista en cuanto a las garras y a la piel que llama a tocarlo para comprobar si no es pelo de león teñido de gris. Una bóveda que corresponde a una joven dedicada a la música tiene una decoración de corcheas. Eusebio Francia está ubicado en lo alto de su mausoleo; está dentro de una especie de capilla, a unos veinte metros del suelo. Debajo tiene un séquito, en capas o pisos sucesivos: una madre con un rosario, una virgen con niño y unas especies de ángeles más arriba. Otra bóveda, aun más alta, tiene en la planta baja dos chicos y un ángel enorme que mira como haciéndose el interesante; en el primer piso, el difunto sentado y su mujer parada a un lado, como en las viejas fotografías; en la cúpula, un ángel barroco. Es curioso el estilo de estos mausoleos: una mezcla de ópera, relato e ilustración. Pero su altura revela mucha voluntad de perpetuidad.

Un poco de cultura

Paysandú ha sido denominada “capital del teatro del interior”. Según Omar Ostuni, actor y director de uno de los cuatro elencos teatrales que funcionan y dueño de la librería Macondo, hay poco apoyo de la municipalidad.

“Hemos querido llevar el teatro a los barrios, pero nos han dicho que prefieren llevar un destapador de cloacas, que es más urgente.” Añade: “Se ha hecho una bienal con conjuntos de todo el interior que, lamentablemente, no tuvo eco en la prensa capitalina”. Han establecido contactos con Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y Santa Fe para intercambiar elencos.

Si bien en teatro hacen todo a pulmón y no tienen sponsors, en literatura tienen cierto respaldo. Marcelo Cavalheiro, de la fundación Logros, dice: “Se ha armado un programa de apoyo a la literatura que consiste en la publicación anual de los libros de escritores locales y en un ciclo de conferencias sobre escritores uruguayos que serán recopiladas para su difusión en la secundaria”.

La escritora María del Carmen Aquino es integrante de un taller literario desde hace ocho años y beneficiaria del subsidio de la fundación Logros para la publicación de su libro de poemas. Los escritores del taller van a las escuelas para leerles cuentos a los alumnos. Dice: “Pareciera que todo se está moviendo un poco”.

Pero no en la medida de los intentos. Alrededor de 1960, se hicieron jornadas culturales entre Concepción del Uruguay y Paysandú, pero no se pudieron mantener por trabas aduaneras. Se intentó crear una asociación de intercambio cultural entre las ciudades de ambas orillas del Uruguay, pero hubo trabas para la obtención de la personería jurídica. Hay también un coro polifónico municipal, único en la República con personal contratado por concurso y con sueldo. Ha actuado en diversos lugares de Argentina y su responsable es el profesor Héctor Pintos Tognola, fundador y director desde 1970.

La estrella musical de Paysandú es el folclorista Aníbal Sampayo, autor de “Río de los pájaros”, “La cantata a Artigas” y muchas otras obras. Estuvo preso nueve años durante la dictadura; allí compuso varias canciones. Recorrió el Paraguay de joven, aprendió a tocar el arpa, a conectarse con los animales y las plantas del lugar; observó que los hombres solitarios del monte hablaban con las aves. Aprendió también a hablar en guaraní: la municipalidad le publicó, recientemente, una pequeña enciclopedia con nombres guaraníes de lugares, animales y plantas, pensada para uso de las escuelas.

Es notable la vocación didáctica no sólo de Sampayo, sino de todos los artistas de Paysandú: quieren llevar el teatro a los barrios y la literatura a las escuelas, pero Sampayo llevó la galopa a... Australia. ¿Cómo hace para que un australiano entienda lo que es una galopa o el sapukái de un chamamé? Él lo cuenta: “Hay que contar con un buen intérprete. Primero muestro un mapa de América del Sur, y ubico Uruguay y Paysandú; llevo diapositivas de los animales, plantas y ríos. Mi música es muy onomatopéyica: remeda el canto de los pájaros, refleja la ondulación del agua. Para la galopa, la asocio con el ruido del galope de los caballos”. Sampayo vive seis meses en Paysandú y seis meses en Malmö, tercera ciudad de Suecia. “Soy golondrina”, dice. “Cuando empiezan a volar los patos, saco pasaje.”

Integración regional

¿Cómo es posible que existiendo ciudades a ambas orillas del Uruguay, un río que corre desde el Paraguay hasta el Río de la Plata, con una población aproximada de setecientos mil habitantes, existiendo puentes que las unen, no haya cuajado la integración comercial y cultural? El diario El Telégrafo, en un editorial del 12 de noviembre de 2000, lo explica de esta manera: “resistencia al cambio por parte de Argentina y Uruguay”.

Recientemente, una barcaza de azúcar que venía para ser refinada de Brasil a un ingenio local fue detenida quince días en Paraguay para verificar la legalidad del envío, trámite que se solucionaba con un fax o con intercambio de mails. Según Clifton Kroeber, autor de La navegación de los ríos en la historia argentina, hasta 1860, el año en que terminaron las guerras civiles en ambos países, no se encaró una política de puertos y las rentas de las aduanas pasaban a financiar las guerras o cualquier otro tipo de gasto. Sin embargo, alrededor de 1830, se crea Concordia, y Paysandú, que era una aldea, crece a pasos agigantados, y la misma ubicación de las ciudades, una frente a otra, habla de un comercio activo.

El señor Néstor Martínez, dueño del hotel Plaza, lo explica de este modo: las rupturas institucionales en los países producen demoras y anulación de los proyectos de integración. “Se habla mucho de integración, pero cada vez el comercio está más centralizado, la burocracia pone trabas a las iniciativas industriales. No pude poner una fábrica de reciclaje de plástico; cuando sacaron el vapor de la carrera, quise poner un barco como hotel flotante: hubo trabas. Acá se importan duraznos del Líbano y se dejó de fabricar azúcar de remolacha. Se está hablando de cerrar la Conaprole.” Y añade: “Empecé a escribir la historia de mi vida titulada El precio de la honestidad. Fui edil y me jubilé con mil novecientos pesos”. El señor Martínez se pone rojo: no sólo por el monto de la jubilación, sino por el fracaso de un proyecto de integración regional a todo nivel, el Mercado Integral Fronterizo, que data de 1964: abarcaba Artigas, Salto, Paysandú y sus vecinas argentinas. “Las delegaciones se reunieron en Paysandú... pero cambiaron los gobiernos de Argentina y Paraguay.” Según el ingeniero Jorge Dighiero, que en el 98 encabezó el Fondo de Estudios de Preinversión para mejorar el puerto, se demora el proyecto por el capricho de un funcionario. Sostiene que no es excluyente el sistema de transporte por tierra en relación con la vía fluvial. Ahora la integración regional interesa a Montevideo, pero el puerto de Paysandú debe tener un calado mínimo de veintitrés pies; la estructura portuaria de Paysandú y Fray Bentos sería compatible con Montevideo, y así sería eficiente la red fluvio-carretera en el país. Añade que el dragado del río se paró por intereses de los transportistas terrestres, eso contribuyó a la decadencia de Paysandú. Pero dice: “Existen cargas como para lograr la reactivación del puerto”.

Historias

La plaza tiene varios tesoros: en el centro, el monumento a Leandro Gómez, héroe del sitio de Paysandú; la catedral con la campana que donó Rivera y el órgano, un Gamba y Comoglio restaurado por los alemanes en 1997, quienes enviaron técnicos y ciento cincuenta mil dólares para ese trabajo; la población local puso cincuenta mil dólares y creó una comisión ad hoc. Constantemente se realizaban conciertos con participación de ejecutantes extranjeros. La sonoridad del órgano es extraordinaria.

La catedral, primero como humilde capilla y después como el importante templo que es ahora, fue testigo de los tres sitios de la ciudad. Cuando sus torres llegaban hasta la mitad de su altura, sucedió el tercer y más terrible sitio: allí se puso la iglesia como trinchera. El sitio de Paysandú sucedió así: las fuerzas conjuntas de Venancio Flores y el comandante brasileño Tamandaré sitian la ciudad y Leandro Gómez se resiste. Finalmente, es tomado prisionero con su gente y el brasileño dice al oficial Goyo Suárez:

–Sáqueme estos prisioneros, no quiero verlos. Haga lo que debe.

Ante esta orden, aparentemente ambigua, Suárez los mata; posteriormente, es recriminado por sus superiores, ya que los mató sin juicio previo. Suárez alega que la gente de Leandro Gómez ha matado a los suyos. Siendo así, hacen la vista gorda. Un cronista del diario entrerriano El Uruguay dice, en 1865: “He recorrido la ciudad; no hay pluma capaz de describir esto: la miseria es horrible, los aljibes están llenos de cadáveres”. Y, en la isla de la Caridad, donde estaban los refugiados, curaban las heridas con ajo.

Los horrores del sitio de Paysandú perduraron mucho tiempo en la mente de los habitantes de ambas orillas, cuando eran prácticamente uno solo y el mismo. El payador porteño Gabino Ezeiza, que recorrió toda Argentina y Uruguay, fue adoptado casi como compatriota por los sanduceros. Escribe:

Heroica Paysandú, yo te saludo

hermana de la patria en que nací...

En 1997, la municipalidad edita una antología de poemas-canciones; una de las poesías, “Inmolación” (en ritmo de vals), está dedicada a Leandro Gómez:

En Paysandú lo mataron,

despacio se fue doblando.

Más de un siglo ya pasó

y aún lo estamos llorando.

El parte del sitio de Paysandú informa: “Al señor ministro de Guerra: Elevo a usted la noticia de la toma de Paysandú por el Ejército, traídos de Venancio Flores, y por los abyectos siervos del infame”.

Si bien la estatua de Leandro Gómez está en el centro de la plaza, equidistante de la catedral y del McDonald’s, en una plazoleta que pasa casi inadvertida en una calle lateral y tiene detrás un cerco de maderas toscas, hay un monolito: “En este solar, fue fusilado el general Leandro Gómez, héroe de la defensa de Paysandú”.


 

miércoles, 3 de abril de 2024

domingo de resurrección

Como hijo de una familia atea y de izquierda, mi experiencia con la religiosidad comenzó en Argentina, poco después de mis 11, cuando mi madre me hizo notar la procesión de un Domingo de Ramos en San Nicolás, circa 1975: en la calle éramos uno llevando esas ramas de algo que se parecía a un trozo de olivo en una marcha por el empedrado de calle Mitre. Hasta que llegaba el momento de ingresar a la capilla, donde esa unidad adquiría, con las palabras del párroco allá en la cabecera, las características del rebaño, una idea por completo ajena al ideal izquierdista al que me sentía unido por las ideas, la soledad y la derrota de mis padres.

La religiosidad católica, oficial, era tan potente en esos años, que incluso el niño que era podía absorber en ella el elixir de esa sociedad que estaba conociendo, a la que me sumaba como rebaño. Me llevó unos 20 años, desde ese Domingo de Ramos que rememoro, bautizarme en la fe católica en esa misma ciudad, cuando era docente en una de sus iglesias más emblemáticas.

Este domingo de resurrección asistí a misa en la iglesia San Francisco Solano. Quería agradecer por cosas que me han sido dadas, quería pedir por cosas que me exceden y son parte de mi universo más querido, y quería estar allí, celebrando la Resurreccíón de Nuestro Señor. La iglesia, a la que concurrí en otros días de Pascua en los que tuve que permanecer parado, estaba semivacía. Una lluvia discreta, de gotas medianas, me acompañó en el camino hasta el templo. La lluvia arreció durante la misa y, al salir, observé ese torrente bautismal en el suelo mojado, en el aroma que desprendía la atmósfera violentada por el agua. Jesús había vuelto de la muerte mientras el rito trascurría con la bendición del aguacero.

El cura le hablaba a un micrófono débil, que apenas transmitía sus palabras a los pocos y pobres fieles reunidos en la nave. Me acerqué incluso al altar donde ofrendaba misa para escucharlo, pero el volumen era esperpéntico. El hombre hablaba a sabiendas de lo que decía importaba poco. Dio un sermón delicado, en el que recordó el legado de su madre y su padre durante las celebraciones pascuales y el hábito cotidiano de la bendición de cada comida. No está mal, pensé, es ésa nuestra comunión diaria: celebramos la unidad, el poder alimentarnos, el ser uno en la dura división mundana. Pero apenas si entendía qué decía.

Tenía enrollado en mi mano la doble hojita de ruta de la misa. La lectura evangélica, un par de cantos. Allá adelante. un hombre en remera con una guitarra colgada, cantaba y ponía música a los momentos más emocionantes de la celebración. Su canto era hermoso y la ejecución musical era pobre, efectiva, aunque débil, como todo lo que se convertía en sonido en esa iglesia.

En mi rezo, durante la comunión, pedí –además de las cosas por las que fui a agradecer y pedir– por ese hombre de la guitarra. por ese audio débil y desoído que volvía el ritual un acto mecánico y sin voz, por esa potencia capaz no ya de llenar la iglesia, sino de llenar las almas de los presentes de una voz capaz de hacer de ese mecanismo del rito una experiencia única y trascendente, no el mero cumplido del fin de Semana Santa.

Al final, al salir de la iglesia, sólo pude darle unos cigarrillos a un lumpen que esperaba en la puerta y al que traté de explicarle que la única forma de donarle algo de dinero hubiese sido vía transferencia de MercadoPago. La experiencia de asistir a una misa inaudible que, aún así, es capaz de sostener su rito entre los escasos sectores de los más desfavorecidos y los más devotos, se cumplía con la bendición de la lluvia y la serenidad de un domingo previo a un feriado.

Acaso en ése breve orden que la misericordia ejerce humildemente sobre el predominio de la ley, que Jesús vino a enseñarnos, se cumple el objeto de nuestro agradecimiento y nuestra plegaria.

domingo, 3 de diciembre de 2017

la máquina de volar


El galpón es una jaula blanca y pintarrajeada que se mantiene en pie desde principios del siglo XX, cuando allí, en lo que hoy es el paseo peatonal de la Costa Central, funcionaba la estación de ferrocarriles Rosario Central. Como una suerte de circo reducido y cúbico, los caminantes se detienen contra la reja del portón abierto y se quedan a mirar a unos tipos que vuelan en bicicleta sobre rampas de madera. Los domingos a las 11, cuando Calle Recreativa empuja al exterior a todo aquél que pueda meterse dentro de unas calzas, los que ruedan sobre las rampas son niños de 7 a 13 años, cada uno con su casco y las ruedas de las bicis bien infladas, se ejercitan en transfers (saltar de una rampa a otra), foot jam (girar el cuadro mientras se sostiene la bici en equilibrio sobre la rueda delantera mediante la presión de un pie), bunny hop (salto de conejo: saltar levantando el manubrio y doblando las piernas) o, sencillamente, ruedan sobre las olas de madera según los llevan las ruedas. Es el día en que funciona la escuelita de BMX.
El BMX (siglas de bycicle moto cross) nació en California entre fines de los 60 y principios de los 70, de ahí que los nombres de la mayoría de sus trucos sean en inglés. Desde 2008 la modalidad BMX “race” (carrera) es un deporte olímpico. Pero en los próximos Juegos Olímpicos de verano de Tokio, en 2020 todas las categorías de BMX serán olímpicas, lo que significa que los “riders” de cada país competirán en las grandes ligas. Eso y, sobre todo, que habrá dinero para la organización de torneos que siempre se hicieron a pulmón y sorteando la anarquía particular de quienes practican la disciplina. La modalidad que se practica en el galpón frente al río se llama “free style” (estilo libre): un tipo de práctica que surgió de pruebas y ejercicios en rampas y que suma, además de la destreza, el estilo, es decir, la calidad para caer, saltar, deslizarse y sujetar la bicicleta con el cuerpo.
 

Un domingo de noviembre pasado, pasado el mediodía, unos doce ó trece niños salen del galpón en sus bicicletas. El galpón, en Schiffner 1522 (es la calle peatonal frente a la Isla de los Inventos) se llama Hell Track (Pista del Infierno, yeah!) y es único en su tipo en el país: techado, rampas de madera que construyeron y diseñaron sus propios usuarios, sede de una competencia internacional –el Classic Contest– que suma ya unos 18 años y de la que participan desde niños y jóvenes que se inician en la disciplina hasta profesionales capaces de piruetas que desafían las leyes de la física, como el ecuatoriano Jonathan Camacho.
Pero este domingo los niños, que participan de la escuelita de BMX, sólo van a tomarse una foto en la explanada junto al río junto con Luciano Aguilar, Lucho, el profe: 32 años. Más tarde, cuando los padres de los niños se apoltronan en unos bancos sacados de debajo de las rampas –el galpón es infinito, debajo de su estructura de madera oculta mundos enteros, desde piscinas inflables para zambullirse con una bicicleta tras una caída de cinco metros hasta sillas, carpas y rampas para sacar al exterior– para comer unas hamburguesas, ofrecen a Luciano unas latas de cervezas que él declina. Lo suyo es la gaseosa con azúcar, única ingesta que le permite elevarse dos o tres metros sobre una rampa, caer y volver a levantar la bicicleta hasta hacerla aterrizar con un “nollie hop” (hacer que la rueda trasera quede en el aire mientras se retrocede sobre la rueda delantera). Cada movimiento de BMX implica levantar el cuerpo con la bicicleta, como si se tratara de un miembro más: no hay un solo truco del que no participe todo el cuerpo del “rider”.

viernes, 20 de octubre de 2017

en seis meses en san nicolás

Un amigo de San Nicolás me escribe por WhatsApp:
"1. Un tipo asesina a la madre, hiere a la esposa y a la hija e intenta incendiar la casa. No lo logra por la intervención de un vecino, al que también hiere.
"2. En la isla. Asesina a su amigo de un escopetazo. Quema el cuerpo, lo descuartiza, entierra algunas partes y otras las esconde en pastizales. Se va a dormir. Al otro día vuelve y se entrega a la poli. Dice que no se acuerda de nada
"3. San La Muerte le pide un sacrificio humano. Va a buscar a su víctima, pero no la encuentra y mata a otro en su lugar.
Todo eso en seis meses en esta ciudad. ¿Existe otra en Argentina con tanto nivel de perversión?
Escritores, cuéntenle esas historia al mundo!"

domingo, 18 de junio de 2017

bien, nada

En las propiedades del archivo de Word se establece que fue creado "‎lunes, ‎16‎ de ‎mayo‎ de ‎2005, ‏‎10:24:40 p.m."

Por Elena Makovsky (9 años entonces)


En Buenos Aires, en la Feria del Libro. Afuera había un lío atroz porque es un lugar donde se presentan un montón de libros entre todos esos libros se presenta el de Luis María Pescetti un recital muy divertido donde hay canciones juegos y por supuesto lee partes del libro Chat Natacha chat. Pues el recital fue dentro de una sala. La sala era medio pequeña para tanta gente, alguna gente estaba atrás de unos barrotes que protegían la sala la gente se quejaba porque se veía en una pantalla pero no había sonido y cerraban las puertas y luego llegaron los equipos de sonido y se pudo escuchar bien. Leyó un cuento que está muy bueno que “Natacha” le pregunta a sus papás qué hacían cuando ella no estaba. Está muy bueno porque ella se preocupa de que sus padres pensaran en su mejor amiga “Pati” y no en ella. Cantó canciones como una que sus padres quieren sacar información sobre el chico y nada más las respuestas que le sacan son “Bien” y “Nada”. Entonces el público dice “Bien” o “Nada”, por ejemplo, le pregunta: ¿Cómo te llevás con tus amigos, te va bien en el cole? Y el público responde: “Bien”. Eso es lo que tiene “Luis”, tiene eso de que hace muchas cosas con el público y otros cantantes nada más cantan, divierten, pero no hacen nada con el público, en cambio Luis comparte mucho con el público.


martes, 2 de mayo de 2017

el emisario chino

Si se tratara de una película, podría comenzar en un supermercado chino o, mejor, en un restaurante de Pichincha, donde la dueña come con palitos en una mesa y, a medida que el plano va ampliándose, se ven a los rosarinos recogiendo chop suey del plato con tenedor. La comida chino, me dijo una vez el dueño de un restaurante porteño, ya es internacional. La escena, en el guión, señala dos cosas: el detalle íntimo de cierta cosa china y su expansión.
Pero acaso esta película ya tiene un principio. Lo filmó el departamento publicitario de la aerolínea Turkish Airlines el año pasado. Comienza con las imágenes de inmigrantes chinos en un barco y leemos: “En 1954 y con apenas 17 años, una valija de cuero y un traje nuevo, Ng Ping-Yip se embarcó en Hong Kong hacia una aventura al otro lado del mundo. En Buenos Aires fue recibido en el Hotel de Inmigrantes (…) Junto a 29 compatriotas se instaló en San Nicolás para trabajar en una fábrica textil, donde aprendió toda una nueva cultura (…). Hoy su hijo Gustavo continúa el legado de su padre acortando las distancias entre oriente y occidente, uniendo dos mundos”.
Salto en el tiempo: vemos a Gustavo Ng (sí, se escribe así: es una convención para hacer sonoro en español en 伍志: Ng Zhi Wei, el nombre en chino) en Taishan, en la provincia de Guangdong. Está en la pequeña aldea donde creció su padre, un caserío rodeado por un arrozal que en abril tiene un verde luminoso. Llega hasta ahí en el asiento del acompañante de un motociclista que acaso tenga algún parentesco. Toda la aldea participa de un gran almuerzo que Ng Ping-Yip pagó desde Nueva York para celebrar el reencuentro con el hijo pródigo; bueno, con el sobrino pródigo.
Pongamos ahora un dato de actualidad: este año se conmemoran 45 años de las relaciones entre China y Argentina. “Argentina fue uno de los primeros países de América Latina en aproximarse a China en 1972 después de que se restablecieran en la Organización de las Naciones Unidas los derechos del país asiático y el reconocimiento de sus representantes diplomáticos”.



Los intercambios formales comenzaron en febrero de 2017. Mauricio Macri, que se encontró en dos ocasiones con su par chino desde que asumiera su cago en diciembre de 2015, visitará China este mes de mayo.
Pero hace unos días, la televisión pública china filmó un documental para difundir los alcances de esa relación. Una de las escenas de esa pieza es el reencuentro de Gustavo Ng con su parentela en Taishan. “Los quinquenios son importantes para los chinos, que marcan con énfasis el paso del tiempo”, me escribe Gustavo por WhatsApp desde Beijing, a donde volvió de ese festejo.
Y cuando le pregunto por la filmación de ese documental agrega: “Entendieron que lo más televisivo de la historia era mi llegada a la aldea donde nació mi padre y la casa de su infancia, y algunas personas relacionadas con aquel origen. Aprovecharon que yo estaba en Beijing y me prepusieron volver a Taishan. Esto, a su vez, se transformó en un acontecimiento en aquel pequeño pueblo, casi abandonado, con menos de 200 personas, porque la gran mayoría se fue a Estados Unidos o Canadá, o a Guangzhu cuando comenzó la súper industrialización de China. No es frecuente que la televisión nacional de China esté presente allí. Mi padre, que vive en Estados Unidos, vivió el acontecimiento como un homenaje y sintió que yo era su enviado, de modo que mandó reunir a todo el pueblo en un almuerzo general. Esto a su vez le gustó mucho al director del documental, así que todos contentos.”

Relaciones evaluadas

—¿Cómo es esto de la conmemoración de los 45 años de relaciones con Argentina, cómo se registra en China?
—Las relaciones con Argentina parecen responder a intenciones diferentes en este momento. China tiene planes a mediano y largo plazo para los países latinoamericanos, gran parte de sus aspectos acordados y algunos concretados con los gobiernos argentinos entre 2004 y 2015. Desde el lado argentino, la relación parece estar en un estado algo suspendido, quizás en estado evaluatorio. Lo cierto es que hubo un parate en el ritmo que se traía. Esto influye en los festejos. China llevó orquestas y exhibiciones de arte de modo casi protocolar. El presidente Macri viaja en mayo a China. Ninguna de las actividades parecen hasta ahora estar revestidas del entusiasmo especial que marca el quinquenio.
—¿Y cómo es la relación de China con sus emigrados?
—China enfatiza la relación entre los emigrados y su pertenencia. Al principio del período de Reforma y Apertura, a fines de los 80, invitó a que los emigrados volvieran a casa, con sus capacidades adquiridas y sus capitales. Con el tiempo, entendió la conveniencia de que los chinos que viven en otros países sean representantes comerciales de China. Es un tema de Estado. Hay organismos que se ocupan de los llamados “chinos de ultramar” a nivel nacional y en las provincias que más alimentaron la migración.
—¿Cómo se enmarca este viaje tuyo? ¿Qué es lo que la televisión china va a mostrar con esa reunión en Taishan con tus parientes?
—Hace seis años inicié el proyecto de comunicación Dang Dai para aportar a la conexión entre Argentina y China. Integra una revista impresa, un sitio web y otros medios. Desde entonces también escribí “Todo lo que necesitás saber sobre China” con mi socio en Dang Dai, Néstor Restivo, Horóscopo Chino, el Año del Gallo e Fuego, con una mirada desde la cultura china, y Mariposa de Otoño, que reúne relatos autobiográficos sobre mi encuentro con China. El canal oficial CCTV está preparando un documental en español sobre las relaciones entre Argentina y China, para pasarlo en los días de la llegada del presidente argentino a Beijing, en mayo. Posiblemente responda a procedimientos protocolares y al vector de amistad internacionalista, alimentado por el socialismo y fundamentado en la dicha que les causa a los chinos las relaciones de amistad. Será un documental de color, con la historia de dos argentinos que barrieron un restaurante en Shanghai, una bailarina china que ganó el campeonato mundial de tango y con mi historia. Les resulta fuerte la historia del hijo de un chino que, perdido en el punto del planeta más alejado, sin idioma porque el padre no se lo enseñó, haya seguido sangre arriba el camino hasta su origen.

Jolgorio
Todas las fotos de Guestavo Ng.

Nacido en San Nicolás en 1963, Gustavo Ng vive en Buenos Aires y residió en Miami y Nueva York, Estados Unidos; en Río de Janeiro, Brasil y en Bariloche, Río Negro. Este es su tercer viaje a China: en todos creó un grupo de WhatsApp –el servicio de mensajería preferido en China es WeChat, no funciona ni Google ni Facebook, salvo que se ingrese con un IP encubierto a través de VPN– en el que reúne a amigos y personas vinculadas a su formación en el idioma y la cultura china. Por allí comparte audios, videos y fotos, como las de la reunión en Taishan o sus paseos por Turquía antes de volver a Argentina.
Como vemos en las fotos el jolgorio del encuentro en la aldea donde conoció la infancia su padre, le preguntamos cuánto se parecen los chinos a nosotros cuando se reúnen a comer y celebrar, ya que entre otras cosas el festejo incluye petardos y ganso en honor de los muertos.

“Se homenajea a los antepasados encendiendo incienso, quemando dinero (que es falso) y con una bebida alcohólica y comida: frutas, pollo, cerdo, ganso. Luego del ritual las personas presentes comen la comida ofrendada. En la fiesta que se organizó para mi regreso hubo de esas comidas para los rituales específicos en que honré a todos los antepasados que vivieron en la casa, y también de alguna manera el almuerzo popular estaba hecho de comida de homenaje. Como en otras ocasiones, se hacen explotar cohetes para ahuyentar a los malos espíritus. Las reuniones son tumultuosas, felices y asumidas con voracidad. La alegría de estar juntos y de comer. Toda ocasión es buena para festejar con una comida desmesurada. En las reuniones del pueblo la gente habla fuerte, se ríe mucho y come con ganas, sin formalidades. Quién organice, sea agasajado o notable, propondrá varios brindis en su mesa e irá haciendo lo mismo mesa por mesa. En todas dirá “ganbei”, proponiendo hacer fondo blanco. Son reuniones de gran intensidad y sin sobremesa. Cuando se termina de comer, se dice “vamos” y eso marca el fin. Todos se levantan y se van.”

miércoles, 19 de abril de 2017

bicicletas chinas

Mi amigo Ng está de nuevo en Beijing, desde donde envía fotos y breves comentarios a través de un grupo de WhatsApp. Como hoy es el Día Mundial de la Bicicleta nos pareció apropiado difundir estas fotos que Ng tomó allá en China sobre sus bicicletas.
Según postea Ng el 13 de abril pasado: "En los 70 Beijing era una constelación superpoblada de bicicletas. El crecimiento como una bomba llevó a todo el mundo a la motocicleta y luego al auto. Ahora es el regreso a la bicicleta. Fíjense la timidez con que los chinos se montan a la tendencia: Esto es en el exterior de la estación de subte de Babaoshan. Casi todas las bicicletas se alquilan por WeChat. Cuesta 2 pesos."



Y esto anotaba el lunes pasado: "Los otros días les hablaba de la rehabilitación de las bicicletas. Esta es una terminal del subte, en un territorio que podría asemejarse a los campos que están más allá de José León Suárez."
"La mayoría se usan con el sistema de alquiler que les comenté, usando la red social WeChat, pagando 1 yuan = 2,2 pesos cada vez que la usás. Hay tres compañías que compiten por el mercado (ven la amarilla y la naranja, también hay una azul). Por ahora trabajan a pérdidas –de millones de yuanes."



Este miércoles al mediodía (nuestro mediodía), Ng halló estos bicicarros y anotó: “Ahora está lleno de carritos onda supersónicos, de manera que éstos son reminiscencias del pasado, pero bueno, cuando los tiempos se aceleran demasiado se produce este revoltijo de épocas. Estos carricletas los encontré en un hutong, uno de esos barrios muy viejos, que se convirtieron en una especie de antigüedad eterna.”
 Y agrega: "No podrías creer las cosas que transportan. Transportan cosas de mundos  a los que el hombre jamás ha llegado."
Las que siguen son fotos de un "hutong" en Beijing.





La escenografía y locación del film Kung Fu Hustle (que se rodó en Shangai) esuvo inspirada en estos hutongs.

martes, 21 de marzo de 2017

libros silvestres

“Soy artesana”, dice Carolina Musa, editora de Libros Silvestres, una “editorial rosarina de literatura infantil y juvenil. Conectando a lectores curiosos y exigentes de todas las edades con textos literarios de la actualidad”, según reza el encabezado de su página en Tumblr.

Lo de “artesana” viene a propósito de su fascinación por los libros “pop-up” que realiza de manera por entero artesanal.
Los libros pop-up son esos volúmenes que se despliegan en cuatro dimensiones, con estructuras de cartón capaces de abrirse y cerrarse cuando se pasa la página. Cada uno de los libros de la editorial que dirige Musa tiene ilustraciones; su tarea, como editora incluye no sólo el encuentro con un texto, también con quien va a ilustrar el libro. “Me da pena que los libros para adultos no tengan dibujos”.

lunes, 26 de diciembre de 2016

boliviana

Escribe: «Es sábado a la mañana y estamos por bañarnos. Aunque no hay agua desde hace unos días en los baños, hay unas duchas portátiles justo afuera del domo que pueden usarse.
«Me baño. Me seco. Me cambio. Me siento un minuto en el piso y miro las duchas.
Me doy cuenta que en Bolivia todo puede pasar por un mismo plano:  la discusión sobre la revolución, el discurso de mujeres y hombres que nos empoderan, la cena, los plátanos que nos da la senadora, el minuto de silencio por Fidel Castro, bañarse, las lágrimas de emoción, el grito de "viva la patria grande" .
En Rosario, aprendí de los integrantes de la comunidad QOM que lo sagrado puede suceder en el mismo lugar que lo cotidiano, que lo humano. La olla de la cocina para ellos: es sagrada, en cambio la cuchara, la mesa, el arroz... son simplemente una cosa mas de este mundo tan mundo; pero se mezclan, ahí, en la cocina.
Me doy cuenta que el gran Evo Morales podría haberme cruzado en toalla, con el "shampoo" en la mano.
Bolivia, me fascina una vez mas.»
Fotos tomadas de la red social.

Ese milagro cotidiano a mí me recuerda al de Graham Greene en The End of the Affair: el hombre que se detiene a rezar en la Iglesia con su bolsa de mandados; las verduras envueltas en un diario viejo. La pregunta es ¿cómo ser contemporáneo de esa revelación?


viernes, 14 de octubre de 2016

encuentro con el oráculo (bob dylan en rosario)

Bob Dylan ganó el Nobel de Literatura. Entre las cosas que leo me encuentro con esos interrogantes en torno al Nobel mismo: ¿se premia una tradición, un canon o una forma de circulación de lo literario?
Siempre se me hizo que el Nobel es un premio más, incluso uno que no tuvieron muchos de mis escritores preferidos. Pero no es el caso de Dylan: leo allí la sordera de las escuchas futuras y el placer de hallarme en una corriente que es, si se quiere, ecuménica, como alguna vez fue la literatura.
Lo que sigue es la crónica del recital que Dylan dio en Rosario el 18 de marzo de 2008, según lo que escribí para la revista Transatlántico.   

“El gato está en el pozo y el lobo mira hacia abajo. Su cola espesa y enorme barre todo el piso. El gato está en el pozo, la dulce dama está dormida. No escucha nada, el silencio se le pega al abismo”.

domingo, 26 de junio de 2016

vinos buenos y baratos

Para RosarioPlus

Hace dos años, cuando se casó en su pueblo (a unos treinta kilómetros de la frontera de Córdoba con Santa Fe), mi amigo Ene debía comprar un vino para la cena de la fiesta. Su criterio, según lo confesó abiertamente, no era comprar algo bueno y barato, sino una marca reconocida que dejara satisfecho al neófito que, si bien podía no saber de vinos, vería en la mesa un producto con su debida publicidad en televisión. Eligió un vino con un nombre propio cuya propaganda repetía el consabido sonsonete del padre exigente y el hijo ya crecido y obediente. Hoy cuesta 77 pesos.

Miguel Brascó, quien además de poeta, escritor y humorista era un excepcional especialista argentino en vinos (a diferencia de los personajes de la publicidad, tenía narizota de bebedor y una papada importante en la que recostar su risa cuando le causaba gracia las pretensiones de algunos vinos), decía que era fácil tomar buenos vinos si se pagaban unos 200 pesos por botella, y que en el paíshabía vinos lo suficientemente buenos como para pagar cuatro veces menos. Entender de vinos, según su criterio, también servía para cuidar el bolsillo.
Con esa idea salí a algunas vinerías a buscar vinos que satisficieran el paladar y no causaran más estragos en los enflaquecidos ingresos.
Pepe, uno de los vendedores de la tradicional vinería de SanLorenzo y Presidente Roca, recuerda que Brascó es el autor de la letra de “Santafesino de veras”, entre otras cosas. También cuenta Pepe que el  criterio de mi amigo Ene es bastante frecuente, aunque no lo recomienda. Me lleva entonces a un rincón del local, una estantería sobre la pared que da a San Lorenzo, y me muestra varias botellas de vino: ninguna supera los 70 pesos. Todos son mejores que ese que tomaron los comensales del casamiento. “Mucho mejores”, dice Pepe.
El secreto es que se trata de bodegas pequeñas, con nula o muy escasa presencia en supermercados y se consiguen en vinerías.


Marca

lunes, 2 de mayo de 2016

almuerzo en el cielo

El texto surgió luego de escuchar a Silvio Moriconi en "Hoja de Ruta" referirse al trabajo de Hine con motivo del Día del Trabajador. 

Una de las fotos icónicas y más vistas en cada celebración del Día del Trabajador es la de un grupo de once obreros que descansan sentados en una viga de hierro, a trescientos metros del piso sobre la isla de Manhattan, en el año 1932 mientras construían el Edificio de la RCA en el Rockefeller Center –en ese momento y durante los 40 años siguientes, superado en altura por el Empire State, que se inauguró en 1931. En esa década se levantaron los rascacielos más imponentes de Nueva York e, incluso, el puente que conduce a Brooklyn.
Por cada millón de dólares que se invertía en la construcción de un rascacielos moría un obrero. Era la época en que los barones de la industria estadounidense competían por quién hacía la torre más alta y con mayor celeridad.
Imagen tomada de Wikipedia.

Como se puede ver en la foto –tan célebre que tiene una entrada exclusiva en Wikipedia–, los trabajadores no tienen arneses, ni sogas, ni cascos. De hecho, no sólo los obreros subían a las cimas de esos esqueletos de hierro, también equilibristas y deportistas probaban sus agallas y vencían el vértigo haciendo piruetas sobre el vacío a doscientos metros del suelo. Hasta los mozos del Waldorf Astoria subieron a la cima del nuevo edificio del hotel, aún en construcción en 1930, para servir un suntuoso almuerzo a dos trabajadores sobre una viga que sostenían dos ganchos de una grúa.