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"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 2 de mayo de 2017

el emisario chino

Si se tratara de una película, podría comenzar en un supermercado chino o, mejor, en un restaurante de Pichincha, donde la dueña come con palitos en una mesa y, a medida que el plano va ampliándose, se ven a los rosarinos recogiendo chop suey del plato con tenedor. La comida chino, me dijo una vez el dueño de un restaurante porteño, ya es internacional. La escena, en el guión, señala dos cosas: el detalle íntimo de cierta cosa china y su expansión.
Pero acaso esta película ya tiene un principio. Lo filmó el departamento publicitario de la aerolínea Turkish Airlines el año pasado. Comienza con las imágenes de inmigrantes chinos en un barco y leemos: “En 1954 y con apenas 17 años, una valija de cuero y un traje nuevo, Ng Ping-Yip se embarcó en Hong Kong hacia una aventura al otro lado del mundo. En Buenos Aires fue recibido en el Hotel de Inmigrantes (…) Junto a 29 compatriotas se instaló en San Nicolás para trabajar en una fábrica textil, donde aprendió toda una nueva cultura (…). Hoy su hijo Gustavo continúa el legado de su padre acortando las distancias entre oriente y occidente, uniendo dos mundos”.
Salto en el tiempo: vemos a Gustavo Ng (sí, se escribe así: es una convención para hacer sonoro en español en 伍志: Ng Zhi Wei, el nombre en chino) en Taishan, en la provincia de Guangdong. Está en la pequeña aldea donde creció su padre, un caserío rodeado por un arrozal que en abril tiene un verde luminoso. Llega hasta ahí en el asiento del acompañante de un motociclista que acaso tenga algún parentesco. Toda la aldea participa de un gran almuerzo que Ng Ping-Yip pagó desde Nueva York para celebrar el reencuentro con el hijo pródigo; bueno, con el sobrino pródigo.
Pongamos ahora un dato de actualidad: este año se conmemoran 45 años de las relaciones entre China y Argentina. “Argentina fue uno de los primeros países de América Latina en aproximarse a China en 1972 después de que se restablecieran en la Organización de las Naciones Unidas los derechos del país asiático y el reconocimiento de sus representantes diplomáticos”.



Los intercambios formales comenzaron en febrero de 2017. Mauricio Macri, que se encontró en dos ocasiones con su par chino desde que asumiera su cago en diciembre de 2015, visitará China este mes de mayo.
Pero hace unos días, la televisión pública china filmó un documental para difundir los alcances de esa relación. Una de las escenas de esa pieza es el reencuentro de Gustavo Ng con su parentela en Taishan. “Los quinquenios son importantes para los chinos, que marcan con énfasis el paso del tiempo”, me escribe Gustavo por WhatsApp desde Beijing, a donde volvió de ese festejo.
Y cuando le pregunto por la filmación de ese documental agrega: “Entendieron que lo más televisivo de la historia era mi llegada a la aldea donde nació mi padre y la casa de su infancia, y algunas personas relacionadas con aquel origen. Aprovecharon que yo estaba en Beijing y me prepusieron volver a Taishan. Esto, a su vez, se transformó en un acontecimiento en aquel pequeño pueblo, casi abandonado, con menos de 200 personas, porque la gran mayoría se fue a Estados Unidos o Canadá, o a Guangzhu cuando comenzó la súper industrialización de China. No es frecuente que la televisión nacional de China esté presente allí. Mi padre, que vive en Estados Unidos, vivió el acontecimiento como un homenaje y sintió que yo era su enviado, de modo que mandó reunir a todo el pueblo en un almuerzo general. Esto a su vez le gustó mucho al director del documental, así que todos contentos.”

Relaciones evaluadas

—¿Cómo es esto de la conmemoración de los 45 años de relaciones con Argentina, cómo se registra en China?
—Las relaciones con Argentina parecen responder a intenciones diferentes en este momento. China tiene planes a mediano y largo plazo para los países latinoamericanos, gran parte de sus aspectos acordados y algunos concretados con los gobiernos argentinos entre 2004 y 2015. Desde el lado argentino, la relación parece estar en un estado algo suspendido, quizás en estado evaluatorio. Lo cierto es que hubo un parate en el ritmo que se traía. Esto influye en los festejos. China llevó orquestas y exhibiciones de arte de modo casi protocolar. El presidente Macri viaja en mayo a China. Ninguna de las actividades parecen hasta ahora estar revestidas del entusiasmo especial que marca el quinquenio.
—¿Y cómo es la relación de China con sus emigrados?
—China enfatiza la relación entre los emigrados y su pertenencia. Al principio del período de Reforma y Apertura, a fines de los 80, invitó a que los emigrados volvieran a casa, con sus capacidades adquiridas y sus capitales. Con el tiempo, entendió la conveniencia de que los chinos que viven en otros países sean representantes comerciales de China. Es un tema de Estado. Hay organismos que se ocupan de los llamados “chinos de ultramar” a nivel nacional y en las provincias que más alimentaron la migración.
—¿Cómo se enmarca este viaje tuyo? ¿Qué es lo que la televisión china va a mostrar con esa reunión en Taishan con tus parientes?
—Hace seis años inicié el proyecto de comunicación Dang Dai para aportar a la conexión entre Argentina y China. Integra una revista impresa, un sitio web y otros medios. Desde entonces también escribí “Todo lo que necesitás saber sobre China” con mi socio en Dang Dai, Néstor Restivo, Horóscopo Chino, el Año del Gallo e Fuego, con una mirada desde la cultura china, y Mariposa de Otoño, que reúne relatos autobiográficos sobre mi encuentro con China. El canal oficial CCTV está preparando un documental en español sobre las relaciones entre Argentina y China, para pasarlo en los días de la llegada del presidente argentino a Beijing, en mayo. Posiblemente responda a procedimientos protocolares y al vector de amistad internacionalista, alimentado por el socialismo y fundamentado en la dicha que les causa a los chinos las relaciones de amistad. Será un documental de color, con la historia de dos argentinos que barrieron un restaurante en Shanghai, una bailarina china que ganó el campeonato mundial de tango y con mi historia. Les resulta fuerte la historia del hijo de un chino que, perdido en el punto del planeta más alejado, sin idioma porque el padre no se lo enseñó, haya seguido sangre arriba el camino hasta su origen.

Jolgorio
Todas las fotos de Guestavo Ng.

Nacido en San Nicolás en 1963, Gustavo Ng vive en Buenos Aires y residió en Miami y Nueva York, Estados Unidos; en Río de Janeiro, Brasil y en Bariloche, Río Negro. Este es su tercer viaje a China: en todos creó un grupo de WhatsApp –el servicio de mensajería preferido en China es WeChat, no funciona ni Google ni Facebook, salvo que se ingrese con un IP encubierto a través de VPN– en el que reúne a amigos y personas vinculadas a su formación en el idioma y la cultura china. Por allí comparte audios, videos y fotos, como las de la reunión en Taishan o sus paseos por Turquía antes de volver a Argentina.
Como vemos en las fotos el jolgorio del encuentro en la aldea donde conoció la infancia su padre, le preguntamos cuánto se parecen los chinos a nosotros cuando se reúnen a comer y celebrar, ya que entre otras cosas el festejo incluye petardos y ganso en honor de los muertos.

“Se homenajea a los antepasados encendiendo incienso, quemando dinero (que es falso) y con una bebida alcohólica y comida: frutas, pollo, cerdo, ganso. Luego del ritual las personas presentes comen la comida ofrendada. En la fiesta que se organizó para mi regreso hubo de esas comidas para los rituales específicos en que honré a todos los antepasados que vivieron en la casa, y también de alguna manera el almuerzo popular estaba hecho de comida de homenaje. Como en otras ocasiones, se hacen explotar cohetes para ahuyentar a los malos espíritus. Las reuniones son tumultuosas, felices y asumidas con voracidad. La alegría de estar juntos y de comer. Toda ocasión es buena para festejar con una comida desmesurada. En las reuniones del pueblo la gente habla fuerte, se ríe mucho y come con ganas, sin formalidades. Quién organice, sea agasajado o notable, propondrá varios brindis en su mesa e irá haciendo lo mismo mesa por mesa. En todas dirá “ganbei”, proponiendo hacer fondo blanco. Son reuniones de gran intensidad y sin sobremesa. Cuando se termina de comer, se dice “vamos” y eso marca el fin. Todos se levantan y se van.”