socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 30 de septiembre de 2013

micrófono abierto

Homs fotografiado por Guillermo Borella.

Conozco a Darío Homs desde el año 1984, cuando ingresamos al primer año común de la facultad de Humanidades y Artes. Con sus altos y bajos, nunca nos hemos desviado del camino de la amistad. De modo que lo que vaya a decir de él debe ser encomillado de entre el gran texto del afecto y la relación personal.
Tengo por lo menos tres de sus cinco libros (desde Yo vi llorar a Dios Tilt), en los que se lee una poesía que mezcla conceptos y rabia ("fue la peor de las estancias humanas,| la de la raza que no pudo jamás escuchar música..."). Sin embargo, su trabajo más "acabado", es decir, el trabajo en el que podríamos seguir el dibujo de una obra, es quizás el de la plástica: los cuadernos Rivadavia pintados con fibra o las animaciones en distintos formatos digitales (si no me equivoco, desde archivos ".gif" a ".avi") que parten también de sus dibujos, en la mayoría de los casos con tintas domésticas (esto es, tintas cuyo uso requiere la destreza doméstica, a diferencia de óleos, por ejemplo). Allí Darío ensaya sobre formas, colores, y letras, acaso con un aire pop, acaso en el mismo sentido que su amigo Aurelio García apela al pop. Y acaso también con cierta cosa kitsch, al menos en el sentido en el que Gillo Dorfles se refiere al kitsch: una pieza que muestra su procedimiento, que se descubre o se desnuda de ese tratamiento, antiguamente sublime, que venía a recubrirla (cito de memoria: ¿no sería Bloch el que escribió eso?). Pero no sé si puedo o me cabe señalar estas cuestiones. Lo que Darío nos muestra en esas imágenes que se mueven es su inagotable ingenio, su refinada capacidad lúdica y su ironía. Poesía eléctrica les llama a esas animaciones en las que leemos por momentos una línea, una letra o, sencillamente, el dibujo de una geometría casi caligráfica sobre una hoja de cuaderno. Sí, tiene de poesía algo así como un gesto estridente, el aura del trabajo artesanal que percibimos en los cuadros de ciertos artistas plásticos. No tiene, claro, la voz. Con todo este trabajo en torno a las ilustraciones animadas, Darío ha preferido dejar de lado la voz. "Manifestar sin elegancia es menoscabarse a uno mismo como artista", había escrito Darío en el texto del catálogo de la muestra que Aurelio expuso en el CCPE en septiembre de 2011. No, claro, no opone "manifestarse" a "elegancia", pero es cierto que, con las imágenes, Darío eligió la elegancia. Todo lo inacabado, urgente y a veces furibundo que resultan sus poemas queda disfrazado en las animaciones que, además, tienen música.
De modo que cuando el viernes pasado se presentó en una mesa del 21 Festival de Poesía de Rosario (acompañado por una anémica lectura de Selva Dipasquale) y el técnico a cargo de emitir en una pantalla gigante su Poesía eléctrica no pudo hacer que funcionara lo que cualquier pibe de cuatro años sabe hacer funcionar en la maquinita de su casa, es decir, que la imagen y el sonido salieran juntos, Darío quedó librado a su propia voz sobre el escenario y su performance, como él mismo dijo en un momento, se volvió una de las mejores "manifestaciones" que pude presenciar de Darío en los últimos años. A la salida, un buen y generoso amigo de Darío y mío estaba indignado por la prodigiosa falla técnica (lo de prodigiosa es un adjetivo que me permito yo, en retrospectiva). "¡Claro, todo funciona si se trata de poner un micrófono para que lean sus pelotudeces!", bramaba. Sí, eso sabe hacer el Festival, abrir un micrófono. Muchas veces, como en el caso de Darío, las cosas también salen con elegancia.

Parte de la intervención de Homs en el Festival. Audio recogido por Sonidos de Rosario.

series finale

Ahora todos hablan de Breaking Bad. Hasta vi remeras en Rotel. Pero donde sí queda auténtico hablar de BrBa es en el sitio que nos acompañó todos estos años con los subtítulos en tiempo y forma. También en Subtitulos.es termina la serie.


viernes, 27 de septiembre de 2013

zurita habla de poesía argentina


Antes de entrar a Plataforma Lavardén, donde se realiza el XXI Festival Internacional de Poesía de Rosario, Raúl Zurita nos habló este jueves (26 de septiembre) brevemente de su relación con la poesía argentina. Uno de los poetas contemporáneos que más le interesa es Sergio Raimondi. A la noche, durante la cena, nos enteraríamos de que no lo conoce ni lo vio jamás. Que sólo lo ha leído.
 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

"efectos" del festival de poesía



El poeta y escritor santafesino Francisco Bitar, junto con Daiana Henderson y Gervasio Monchietti, editor de 30.30. Poesía argentina del siglo XXI, respondió al fin nuestras tres preguntas sobre la antología que reúne a treinta poetas de treinta años de distintos lugares del país.
Francisco Bitar, Daiana Henderson y Gervasio Monchietti durante la edición de 30.30.

Desde el hotel –arroja un “acá” en su mensaje desde el servidor de Hotmail que ubicamos en Rosario– resuelve el cuestionario de un tirón. Así, las preguntas: ¿Hay alguna influencia notoria entre los 30 seleccionados de los movimientos poéticos inmediatamente anteriores o de fines del siglo XX? ¿Qué característica de la escritura destacarías? En el prólogo se menciona que entre los materiales acopiados había muchos blogs. ¿Cómo funciona el blog –y ahora las redes sociales– en estas escrituras?¿Notaste que el Festival de Poesía de Rosario ha influido en algo en estos autores? Estas preguntas, decíamos, agrupadas en tres puntos, son como el lejano eco de este breve ensayo que Bitar mastica una fresca tarde de septiembre, a horas del comienzo del XXI Festival Internacional de Poesía de Rosario.
Escribe Bitar: “«Mi tradición son mis contemporáneos», dijo (Martín) Gambarotta en una oportunidad. Si bien sus contemporáneos, los de Gambarotta, no son los nuestros –si es que puedo considerarme parte de la generación antologada; capaz estoy nel mezzo del camino–, podemos decir que hay premisas poéticas en común. Sin embargo, es mucho más interesante preguntarse por las diferencias entre una y otra generación. Creo, sobre todo, que en los 90 hay mucha intención de marcar la cancha y que, por lo tanto, el libro como afán de obra, en muchos casos como obra instauradora (¿cuántos Waste lands hay en los 90?: así, de movida, puedo contar unos 4 ó 5), tiene mucha más concentración, proyección y pregnancia. Eso, con esta nueva generación de poetas, se libera bastante, se relaja, y en ello los blogs y las redes sociales tienen mucho que ver. Entre estos nuevos poetas se privilegia el poema por sobre la obra, obra que en los 90, en muchos casos, tiene la forma de poema-libro. ¿Por qué el poema por sobre el libro? Porque el texto debe funcionar como anotación, debe poder mostrarse como objeto acabado de manera urgente, debe poder «subirse», «postearse». El privilegio del poema por sobre el libro genera una ventaja inmediata para nosotros como antologadores: es mucho más sencillo recortar poemas que fragmentos de poemas y creo que esta es una diferencia entre esta antología y, por ejemplo, Monstruos, de (Arturo) Carrera. 30.30 es un libro de poemas. Por estos motivos, por esta despreocupación respecto a la necesidad de formar parte de una generación y de darle cuerpo, las propias voces parecen hablar de un modo más bajo aunque para nada balbuceante. De todas maneras, en el cuadro completo, la frase de Gambarotta sigue funcionando, y en esto el Festival de Rosario ocupa un lugar central, estratégico. El Festival tiene mucho de encuentro (por lo afectivo), de reunión (por su aspecto táctico) y de congreso (por la puesta al día de lo que se está pensando respecto de la poesía argentina en distintas partes del país). Lo mejor del Festival, a mi parecer, está afuera de las lecturas, en estos otros «efectos» del Festival.”

martes, 24 de septiembre de 2013

la comunidad pragmática

Sandino Núñez, nuestro pensador oriental de cabecera, escribe sobre un "combate" Noam Chomsky-Slavoj Zizek que desconocíamos. Y, claro, establece diferencias y genealogías geniales. Una muestra: "Es obvio que el problema de la nueva izquierda americana (llamémosla así) no es el de la crítica emancipatoria sino más bien el del reconocimiento de las identidades subalternas o menores, y su finalidad es, podría decirse, tristemente conservadora o puritana: asegurar el buen funcionamiento de la comunidad pragmática, corrigiendo sus excesos y tentaciones, aún (o, quizá, sobre todo) a nivel de litigios jurídicos. Se trata menos de luchar contra un dictador o un déspota que de montar una extenuante coreografía obsesivo-paranoica (un simulacro) para impedir la aparición futura del déspota. Es una de las características reactivas de la comunidad protestante anglo-americana: el horror a la trascendencia como horror al totalitarismo, a la teoría unificadora y a todo lo que pueda atentar contra la libre circulación de las voces, los cuerpos y las cosas." Hay que leer todo "El gen protestante angloamericano".
Zizek según lo fotografió en Rosario nuestro amigo Marcelo Manera.

de bloggers y poetas

Daiana Henderson, poeta e integrante del equipo que organiza el XXI FIPR, es también una de las editoras de 30.30. Poesía argentina del siglo XXI, junto con Gervasio Monchietti y Francisco Bitar. Le hicimos las mismas preguntas que a Gervasio. Al responder, ella señala la respuesta que ensayó a la pregunta por la escritura en la red: "Es un análisis que vengo craneando hace bastante".
La pregunta reza: ¿Cómo funciona el blog –y ahora las redes sociales– en estas escrituras, las de los poetas que no superaron la treintena y fueron convocados para la antología de30.30? Daiana Henderson escribe: "La diversidad de la escritura de estos autores va de la mano de la multiplicación de los canales de circulación de los textos, que comportan una velocidad inédita: la de la web 2.0. Son los primeros benefactores de esta especie de democratización de la literatura, pero también son fuertes propulsores de esta proliferación: la mayoría de ellos dirige o codirige alguna editorial independiente, organiza ciclos de lectura, participa de festivales, gestiona galerías o centros culturales que funcionan como punto de encuentro, colabora en revistas virtuales o de papel, administra blogs, etc. El blog (y, antes, el fotolog) trabaja un tipo de escritura de entradas diaria, más o menos cercano al registro del diario íntimo, a la entrega periódica o a la fotonovela (incluso en algunos casos se podría pensar alguna cercanía al stand up). Aquellos aterrorizados con la posibilidad de que esta práctica de actualización diaria pueda convertirse en la concreción de la sentencia lamgorghiniana “Primero publicar, después escribir” pueden tranquilizarse con el hecho de que estos textos reciben otro tipo de trabajo, más prolijo, concienzudo y responsable, a la hora de pensarse o publicarse como libro, ya sea en papel o en soporte digital. El blog funciona, entonces, como una instancia intermedia, una especie de taller permanente en que el ejercicio de escritura diario toma visibilidad".


Miguel Ángel Petrecca, Bernardo Orge y Matías Moscardi (los dos últimos parte de la antología 30.30) durante su lectura en el XX Festival.

viernes, 20 de septiembre de 2013

paréntesis adolescente

Nuestro pensador oriental de cabecera sostiene: "La modernidad clásica sostenía que el niño era un proyecto del adulto y el adulto era un proyecto de sí mismo, determinado por el niño —y ahí se levantaba la historia como drama y organización narrativa del tiempo colectivo. El adolescente, en cambio, es un paréntesis en el que se es nada y se es todo. Es una tragedia absoluta en la que no hay origen ni destino y por lo tanto tampoco historia. El adolescente es una abolición de la edad". Y apela a las series que vemos con esta frase: "Las culturas comunitarias, esas utopías célibes inquietantes que Hollywood muestra incesantemente, comunidades imaginarias horizontales con fobia al Estado o a las instituciones, hechas de vecindad, proximidad y vínculos de apego o de raigambre (el barrio, las residencias, las familias, las hermandades, el club de retirados militares, los grupos de ayuda o apoyo, la fraternidad de estudiantes, la comunidad religiosa, la minoría cultural, sexual, étnica, etc.), sólo logran estabilidad en ese estado de inestabilidad permanente entre la sumisión o el horror a la brutalidad mecánica del poder, a la disciplina o a la amenaza real externa, y la libertad abstracta absoluta de la psicosis, encarnada en una especie de fusión incestuosa de sus partículas".
Imagen tomada de Alexander Vórtice.

auroras nucleares

Lo leí en Microsiervos, a donde no entraba, creo, desde que cerraron Reader. A su vez, Microsiervos lo tomó del magnífico sitio io9, Se trata de una serie de fotografías tomadas en Los Ángeles, entre 1951 y 1955, que mostraban "amaneceres nucleares". Es decir, imágenes tomadas en la madrugada de unas auroras artificiales creadas por las explosiones atómicas que se realizaban a poco más de 400 kilómetros, en el terreno de pruebas nucleares de Nevada (el enlace lleva a Wikipedia, donde hay unos detalles asombrosos).   
Entre los comentaristas de io9 hay uno que señala que en Las Vegas, a menos de 100 kilómetros de donde se realizaban las pruebas, las auroras nucleares eran una atracción turística. Las pruebas se anunciaban (hasta el año 1962, tras alrededor de 100 explosiones, cuando las pruebas comenzaron a hacerse bajo tierra), de modo que los curiosos podían esperar con cierta precisión el momento en que el horizonte se iluminaba.
En Wikipedia puede leerse que el gobierno de EEUU pagó indemnizaciones de 50 mil dólares a unas siete mil personas afectadas por distintos tipos de cáncer, la mayoría de tiroides.
 Imágenes tomadas de io9.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

ganga

A mí los 90 me parecen ayer nomás.
Fue un 2 de noviembre de 1990 cuando compré 
el tercer tomo de En el aura del sauce
en la librería que tenía Raúl Frutos
en Corrientes 645.
La librería se llamaba La Biblioteca
y el tercer tomo me costó
veinticinco mil australes*,
una ganga.

* Al intentar ubicarme en la moneda de la época, leo en Wikipedia que el 1 de noviembre de 1990 de ese año se emitió el billete de 500 mil australes.

jueves, 12 de septiembre de 2013

la inquilina

¿Habíamos dicho ya que la progenie y el modo en que la vieja raza resiste el mundo actual suelen ser los temas de las series europeas? Sí, a diferencia de las americanas, en las que casi todo puede analizarse a partir del derrumbe de las utopías del capital.
Bien, confirmamos nuestra humilde hipótesis al ver What Remains, que la BBC One comenzó a emitir el 25 de agosto último y culminará en su cuarto episodio, el domingo que viene. Según el periodista Ben Lawrence, del Telegraph londinense, la serie, que comienza con el hallazgo del cadáver de una mujer de 30 años en el ático de una casona de Londres devenida un edifico con cinco pisos y de quien nadie denunció su desaparición ni la echó de menos durante los dos años que estuvo pudriéndose, estaría basada en el hallazgo real del cuerpo de Joyce Carol Vincent en 2006, tres años después de muerta y sin que nadie haya reclamado por ella.
Según Stuart Jeffries, de The Guardian, la miniserie sortea con elegancia y misterio los clichés más frecuentes del género: último día de un viejo inspector-detective, el cuerpo de una mujer momificado en el ático, una residencia sombría con inquilinos que parecen tener sobrados motivos para callar y confabular, y así. Todos los reseñadores destacan las actuaciones de David Threlfall (el protagonista de la Shameless británica), Indira Varma, David Bamber, Steven Mackintosh o el joven Alexander Arnold (un siniestro adolescente cuyo padre vive con su nueva pareja en la casona donde hallan el cadáver de Melissa Young, una joven de 30 años, gorda, en apariencia sin amigos ni participación en las redes sociales digitales). Todos subrayan también el guión de Tony Basgallop.
La seguidilla de alusiones fílmicas de los reseñadores se agota por lo general en películas de los años 90. Raro, porque una larga película de seis horas (la miniserie no es sino un film dividido en capítulos de una hora y 20 minutos) con un vecindario sumido en un pacto de cercanía y anonimato, en el que se invisibiliza un cadáver, con un observador que ha visto lo que nadie quiere ver remite necesariamente a una de las cimas cinematográficas de un director inglés: La ventana indiscreta (Rear Window: en realidad, La ventana trasera), de Alfred Hitchcock. En nuestros episodios de la BBC, el detective Len Harper (Threlfall) incluso un policía recién retirado, entonces un civil cualquiera, como el James Stewart del film de Hitchcock, cuando se mete de lleno en la investigación. A diferencia de la magistral película, no hay acá una cámara desde un punto fijo, sino que la historia de Melissa se vuelve mucho más fragmentaria e increpa a cada uno de los inquilinos en sus hábitos más solitarios.
Como es televisión, la miniserie no esquiva definiciones casi urgentes. Por ejemplo: "No se hacen amigos en las redes sociales, sino que se los muestra". Como Melissa está muerta minutos después de que comience el primer episodio, la reconstrucción de sus últimos días en el último piso de la casona es el recuerdo de cada uno de los inquilinos. Melissa es joven, pero gorda. Nuestro investigador es sagaz, pero viejo. Su mejor aliada es tenaz, pero está embarazada y casi inmovilizada. Y así.
La soledad, lejos de ser la enfermedad, es casi la aliada de cada uno de ellos. El plantón de nuestro detective, quien invita a un vecino a tomar un whisky añejo tras arreglarle el auto y como primera acción para paliar su aislamiento social luego de dejar la fuerza, es contrastado por el plantón de Melissa en el recuerdo de uno de los moradores de la casona. La reclusa que espera al profesor de matemáticas con la comida hecha summa, resume en su extravagante clausura una imagen del matrimonio que necesariamente contrasta con la soltería de Melissa (quien siempre está masticando algo por fuera de los rituales matrimoniales que ignora) o el hogar de las lesbianas, donde lo que importa es quién se come a quién, no qué come cada una.



 

Si What Remains se convierte en algún momento en un whodunnit, lo hace a partir de desarmar su mismo concepto: ya son todos culpables –porque Melissa permaneció muerta dos años en el altillo sin que nadie notara su ausencia, sin que nadie en principio subiese hasta ahí–, se trata de saber quién dio ese paso más allá. Las reflexiones en torno a las redes sociales, ala soledad y la indiferencia social, la discriminación y todo el repertorio de cuestiones que el estado liberal pretende castigar una vez desaparecido el Estado real son sólo una anécdota, porque sabemos que la televisión debe ser, ya que llegó para suplantar un amplio espectro de la experiencia, anecdótica.

lunes, 9 de septiembre de 2013

el diario de hoy

Los tres titulares del New York Times que llegaron esta mañana a la bandeja de entrada dan perfecta cuenta del orden del mundo o, al menos, de esa versión criminal del mundo que es cierta política económica. Las dos primeras noticias se refieren a la geo y la biopolítica, rezan: "Obama prueba los límites del poder en el conflicto con Siria" y "De los dos lados los sirios suplican a Estados Unidos". La tercera noticia es el quid de la cuestión: "En el interior del final de la demanda de Estados Unidos para castigar a Lehman Brothers", con la lamentable (por la situación que declara) bajada: "Los oficiales de la comisión de seguridades e intercambio debatieron durante meses antes de concluir que demandar a los ejecutivos de Lehman Brothers por el colapso bancario de 2008 sería legalmente injustificado". 
Richard Fuld, directivo de Lehman's al momento de testificar ante el Congreso en 2010. Foto de The New York Times.

domingo, 8 de septiembre de 2013

domingo en el pueblo

La tía Mercedes no sólo recibe y agasaja en su casa a su familia, también ha creado una mitología de Villa Mugueta donde, según su guía, puede encontrarse de todo. Un día nos llevó a ver un dinosaurio; otro, una suerte de doma de terneros o algo parecido en un potrero que está a cinco cuadras de su casa; otra, en el año 1999, nos llevó a la chacra de un hombre que gritaba como un chancho quejándose de los difícil que era entonces vivir del campo (en realidad, yo tenía que hacer una nota sobre cómo se vivía ahora en el campo y ella hizo los contactos de Mugueta). Este domingo, además de recibirnos con un asado y de poner a disposici{on de toda la familia sus bicicletas, nos llevó a conocer "la casa ecológica". También, a unas cinco o siete cuadra de su casa, en medio de un campo, la casa ecológica es en realidad una casa autosustentable que está erigiéndose Marcos Murphy (a quien no conocimos, sino que el relato nos lo hizo su hermano). La casa, que mira al norte y está semienterrada, tiene paredes de cubiertas de automóvil, de modo que se construye con materiales reciclados. Su ubicación y su hechura la aíslan de modo de mantener una temperatura de unos 22 grados todo el año. A su vez, un dispositivo hará que todas las aguas de la casa se reutilicen: las grises de la cocina para regar un cantero en la parte delantera, la de lluvia para lavar y bañarse, y así. 
El resto del domingo los niños jugaron en la plaza y jugaron también a ir solos a la plaza. En la vereda, no pudieron zafar de compañeros de juego mucho mayores, que les enseñaron actividades lúdicas de los años 60 que han servido para educar a toda la familia.
Gracias, tía Mercedes.









viernes, 6 de septiembre de 2013

gallego álvarez: "ahora estoy más calmado"

Contra el ventanal, sentado a la mesa de la confitería del hotel Viena, en Ovidio Lagos al 500, Alejandro “El Gallego” Álvarez, fundador de Guardia de Hierro, toma una cocacola. Ahí están tres o cuatro compañeros de militancia de Rosario y Buenos Aires y tres periodistas. Tiene un bastón entre las piernas y tritura las palabras: las larga con violencia a veces, o con un susurro, siempre en una suerte de ronquido. De vez en cuando los amigos lo acompañan con sus argumentos. Habla del pasado. Dice: “No se peleaba por una idea, se peleaba por una realidad, por una vida humillada. No eras una idea. Creo que hay un universo que coexiste con éste, que es negado sistemáticamente por estos hijos de puta, porque no tienen otro calificativo”. En la frase está acaso el núcleo de lo que Álvarez vino a decir a Rosario el 5 de agosto pasado, cuando presentó en una librería del centro “Así se hizo Guardia de Hierro”, poco más de 700 páginas más un cedé con 107 documentos en el que se traza lo que podría ser la genealogía de Guardia de Hierro, el grupo que visitó a Juan Domingo Perón en su exilio en España, trabajó para su retorno al país y se disolvió cuando el líder murió en julio de 1974. En ese esquema, la obra repasa la historia argentina y diseña una misión para Guardia de Hierro que, según palabras de Carlos, un viejo militante que vino desde Buenos Aires con Álvarez y se sienta frente a él en la mesa del hotel Viena, tuvo entre fines de los 60 y principios de los 70 unos 10 mil cuadros activos y capacidad para movilizar a unas 200 mil personas en el país. Las cifras, según los historiadores del período, pueden estar sobredimensionadas.
Fotografía de Leonardo Vincenti.

La cima del paso de Álvarez por Rosario fue acaso el encuentro en la librería. Allí, militantes que ya habían pasado con holgura los 60 años se reencontraban y volvían a comulgar con la exégesis original con la que el fundador de Guardia de Hierro los iluminó a principios de los 60, poco antes de que la resistencia peronista, tras el golpe del año 1955, cumpliera 10 años: los dos universos que coexisten, el peronista, asociado a una visión de la resistencia casi catecúmena en la que la buena nueva era la industria, la justicia social y la alegría del pueblo y, como un ruido, un bullicio omnipresente, este otro universo del consumo, la corrosión política, la ilusión liberal.

La verdad
Podría decirse que el Gallego Álvarez dialoga, pero como dialogaban los filósofos presocráticos cuando practicaban la mayéutica: lo que nos dice tiene el objetivo de llevarnos a sacar sus conclusiones, que son fundamentales y se sostienen en “la verdad”, término que domina la primera parte de la charla. Y cuidado, no es difícil por momentos simpatizar con sus conceptos a veces “anacrónicos” (no porque estén en desuso, sino porque no se atienen a los dictámenes del presente). Esa palabra con la que insiste, “la verdad”, tal vez se entiende mejor cuando leemos el prólogo de su libro: “La Historia no comienza con la relación de los hechos del pasado –escribe–, sino con la exposición de la memoria del pueblo, testigo y actor al mismo tiempo, de esos mismos hechos”.
“Tengo que reconstruirlo todo desde acá”, dice también en la confitería del Viena, tocándose el corazón con la mano derecha, mientras conserva la izquierda sobre la empuñadura del bastón. El terreno en el que se moverá Álvarez desde entonces es el de la Historia, de ahí que desprecie en sus respuestas cualesquiera de los interrogantes periodísticos que le haremos en esa entrevista como en otras que circulan por la red. Es más, lo que Álvarez nos trae es un manifiesto teológico político, una interpretación y una reconstrucción de la historia –su libro incluye una carta-documento presentada a Perón en Madrid en 1967 que se plantea como informe histórico– y un ensayo sobre su sentido y su destino con subtítulos como “La televisión: el gendarme”, “El ataque a la estructuración de la personalidad”, “La regresión histórica de la especie”, “El mito del héroe y el origen de la violencia” o “¿Se hubiera podido evitar la Segunda Guerra Mundial?”, que conviven con otros más referenciales y concretos.

El papa
Católico de un modo que es hoy acaso difícil de encuadrar, antimarxista y fundamentalmente antiliberal, Álvarez fue enemigo en su momento de la teología de la liberación. Nos lo dirá cuando refiera que Jorge Borgoglio, entonces provincial de la Compañía de Jesús en Buenos Aires, le entregó la Universidad del Salvador en 1976, “porque estaba harto de los hijos de puta de los jesuitas que se habían pasado a la izquierda, a la teología de la liberación”. Aclara que conoció al actual papa Francisco cuando tenía 30 años –“Le llevo 8 meses” de edad, dice–, pero que no formó parte de Guardia de Hierro. También fue enemigo de la Triple A. “La triple A no existió, era el Ejército”, le espeta a un periodista que quiere precisar datos del período en que Guardia de Hierra estaba aún activa. Álvarez parece enojarse con el periodista, levanta el ronquido de la voz, estalla. La confitería, por fuera de esta mesa, está vacía de clientes y allá atrás el mozo quita la vista del plasma clavado en TN y echa un vistazo risueño hacia el hombre que truena.
Habíamos leído en un texto tomado del sitio de la Universidad Nacional de Cuyo (aunque escrito por el grupo de Historia Oral de la UBA): “Guardia de Hierro surgió en 1961 a partir de una iniciativa de veteranos de la Resistencia Peronista como César Marcos y Héctor Tristán. Eventualmente su principal y más conocido dirigente será Alejandro “el Gallego” Alvarez. El nombre se remonta a la organización protofascista homónima rumana dirigida por Corneliu Codreanu”. Entre 1961 y 1963, es parte del Comando Nacional del peronismo. Luego, entre 1963 y 1972 se separa del Comando Nacional para desarrollarse como parte de la Juventud Peronista. Al final de este período se fusiona con el Frente Estudiantil Nacional (FEN). Este grupo, dirigido por Roberto Grabois, se definía como parte de la izquierda (marxista) nacional, tenía una fuerte presencia universitaria y, en menor grado, en colegios secundarios. Entre 1972 y 1974 Guardia se afianzó como parte integrante de la JP conformando, junto con otras organizaciones peronistas, la Organización Única del Trasvasamiento Generacional (OUTG). En el hotel Viena queremos saber detalles de esa época, cómo se habían acomodado las filas, por ejemplo, en Ezeiza el 20 de junio de 1973. Pero Álvarez está ocupado saldando cuentas con los historiadores de actualidad, los “hijos de puta”, en sus términos, que incluyen al aplaudido Felipe Pigna –“la inteligente es su mujer, que siempre fue del ERP”, nos aclara nuestro entrevistado– y José Pablo Feinmann: ninguno de ellos es peronista y afiliarlos –en la charla, se entiende– hace que la voz de Álvarez vuelva a tronar. Dice que es una ironía que a Pigna lo banque el secretario general del sindicato de encargados de edificios porteño (dueño de la revista Caras y Caretas), que se llama (Víctor) Santa María.
Y ya que entramos de nuevo en terreno religioso le preguntamos por el padre Leonardo Castellani, que estaba muy activo en los 60 y los 70, tras su reingreso a la Compañía de Jesús, con columnas y artículos en distintos medios gráficos de entonces. “Castellani tuvo un problema, el nacionalismo”, dice Álvarez sereno, dando a entender que entendemos. Bueno, entendemos que Álvarez, que eso que nuestro entrevistado es y representa, no es nacionalista. Seguimos.

La tragedia
Vamos a la actualidad: “Cristina ha peleado por nosotros también, por los viejos, por los jóvenes, por los chicos”, dice.
¿Y su libro? “El problema del libro es la verdad, es decirla, no callarse”, dice. Y también: “No se trata de develar las complicidades, sino los cómplices”. Deja descansar un poco la voz y agrega: “Ahora yo ya estoy calmado”.
—¿Y cuando no estaba calmado quiénes eran los cómplices?
—Si uno trata de comprender verdaderamente qué pasa con la historia debe comprender qué pasa con los pueblos.
Y aquí llega el momento más intenso de la charla, cuando dice: “No individuos, no cosas, sino personas. No digan más somos peronistas, digan somos populistas. Esa es la realidad. Ese mote que nos han encajado la Universidad de Londres, con un ánimo despectivo bien británico. Antes éramos los cabecitas negras. El populismo no en vano dura ya 30, 40 siglos, porque no es de ahora. ¿Qué pasaba antes de la religión olímpica en Grecia? ¿Antes del idiota ese de Zeus y de toda la corte de los milagros del Olimpo? Los tipos nunca creyeron en eso. Fue una fabricación porque necesitaban cambiar la religión para poder cambiar el sistema económico, social y político. Nietzsche lo insinuaba un poquito… Los tipos han descubierto en un punto de la historia de la Grecia clásica es confuso, que es el tránsito de los tiranos a la democracia. ¿Quién puso tiranos? ¿Tiene el mismo contenido para los griegos la palabra esa que para esta democracia estúpida? De ningún modo. Tiranos eran porque impedían que gobernara la oligarquía y por eso los liquidaron a todos. Y nadie le da bola, porque no se animan a decir que Zeus, Afrodita, son una versión cinematográfica de una religión posible. Cuando ellos consiguen armar esto consiguen el crimen de los tiranos. Empiezan con el tema democrático, el más hijo de puta. No sé si ustedes saben que las entradas del teatro para la tragedia las regalaban en la plaza. ¿Por qué? Porque la gente tenía que mirar la tragedia para comprender que ellos, esos que miraban, eran unos pelotudos, que los que sabían eran los otros, una alabanza de la oligarquía. La tragedia es eso. Esquilo, Sófocles y Eurípides, a cuál más hijo de puta. ¿Por qué? El arte, que sí existe, no existe para engañar, no existe para la mentira, para convertir a los tipos en esclavos, sino al revés. Pero ellos hicieron esto. Y a esa imagen hicieron en Argentina lo que hicieron. Pero están los que aceptan la mentira y están los que no. La llave de este tema está ahí, porque esa es la llave de la historia de Occidente. Hasta que llegó Cristo y se hizo la luz. Pero no es tragedia porque hubo resurrección. La tragedia es una condena definitiva, siempre”.
A nuestras espaldas, alguien pide disculpas por interrumpir. "Perdón, dice, es que recién llego de Madrid y no quería dejar pasar la oportunidad de saludarte, Gallego". Es el escritor Patricio Pron, un auto lo espera afuera. Intercambian unas palabras. Álvarez leyó El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, en el que Pron refiere una investigación de su padre, periodista, que luego llevaría a una discreta e intensa trilogía sobre jóvenes desaparecidos durante la última dictadura en el pueblo de Timbúes El Trébol. Patricio se va. Ya se verán, dicen.
Nosotros también nos vamos. En total somos siete personas a la mesa. 
Cuando le doy la mano a Álvarez, que se ha parado y puso el bastón a un costado, le digo que es lo más cerca que jamás estuve de Perón. Al despedirse todos hablan al mismo tiempo y a un par se les ocurre que es el momento de unas risas estentóreas. Álvarez se ríe, pero no sé si escuchó.  

martes, 3 de septiembre de 2013

noli timere



De nuevo The Guardian. Michael, el hijo de Seamus Heaney (quien murió el 30 de agosto pasado a los 74 años), dijo en la misa de réquiem que se hizo en Dublin el lunes, que las últimas palabras del poeta y dedicadas a su esposa fueron “No temas” (“Noli timere”, en el original en latín). Si usted lo dice, maestro.
 Marie y Seamus Heaney en una iglesia polaca en 1996. Imagen de Wikipedia.

maldita espontaneidad

En esta columna que publicó en The Guardian, Slavoj Zizek pone a Edward Snowden, Chelsea Manning y Julian Assange del lado de la "razón pública" kantiana, mientras que los intereses de las potencias y las corporaciones que nos controlan y espían quedan del lado de la "razón privada". El argumento es atractivo, claro –sobre todo el concepto de razón pública, muchísimo más atinado que el más instrumental "opinión". Pero lo mejor llega en este párrafo: «Here are two telltale words: abstraction and control. To manage a cloud there needs to be a monitoring system that controls its functioning, and this system is by definition hidden from users. The more the small item (smartphone) I hold in my hand is personalised, easy to use, "transparent" in its functioning, the more the entire setup has to rely on the work being done elsewhere, in a vast circuit of machines that co-ordinate the user's experience. The more our experience is non-alienated, spontaneous, transparent, the more it is regulated by the invisible network controlled by state agencies and large private companies that follow their secret agendas.» Leo en el calificativo "spontaneous" (espontáneo) lo que señalara Richard Sennett en su libro La corrosión del carácter cuando separa las concepciones del capitalismo que tenían en los albores de la modernidad industrial Adam Smith y Diderot. El último (creador nada más y nada menos que de la Enciclopedia) admiraba, para decirlo llano y pronto, la rutina. Sin embargo Smith la aborrecía y defendía la "espontaneidad". Claro que, segun nos aclara Sennett, Smith no era un neoliberal y veía en esa espontaneidad una ocasión de superación moral (el ejemplo que daba era el de la solidaridad, donde nada puede ser rutinario). Sin embargo este régimen de la espontaneidad ha generado, en términos de nuestro autor, un capitalismo flexible en el que "quedarse quieto equivale a estar fuera dejuego". 
Los aparatos con los que ejercemos todos esos valores de la modernidad (espontaneidad, libertad, flexibilidad) vienen a señalarnos una vieja verdad, que vivimos en un mundo demoníaco en el que todo aquello que parece ofrecernos un beneficio cambia rotundamente de signo visto bajo la lupa la plusvalía.

lunes, 2 de septiembre de 2013

al otro lado del paraíso


El paraíso “indie” existe fuera y dentro de la miniserie Top of the Lake: la misma serie televisiva, producida y distribuida por la BBC 2 británica, el canal Sundance, productoras de cine australianas y locaciones en Neo Zelanda, es una prueba de lo primero. Dentro de su trama, incluso, hay un lugar llamado Paradise, al borde del lago en el sur neozelandés del que los maoríes dicen que su lecho es el corazón de un demonio. Al Paradise de esta serie llega un grupo de mujeres, encabezadas por GJ –Holly Hunter–, que buscan curarse de su adicción a los hombres –dicho así suena estúpido, qué le vamos a hacer, pero es una forma de sintetizar esa escena tan particular y compleja– y de las heridas que esos hombres han dejado. Son mujeres ya grandes que viven en unos containers como si fueran una versión minimalista del monoblock. Pero, al ser containers arrojados a la orilla del lago, señalan también esa condición de mercancía abandonada que pesa sobre el grupo femenino.
Bueno, es que esta parte de la historia es la parte más “Jane Campion”, digamos, de la miniserie. Campion (Un ángel en mi mesa, 1990; La lección de piano, 1994) creó y dirigió en su mayoría Top of the Lake, que puede verse como una película más de su filmografía, sólo que dividida en siete episodios de 50 minutos cada uno (se emitió entre el 18 de marzo y el 22 de abril de este año). El McGuffin, la excusa para construir este relato, es la desaparición de una niña de 12 años que horas antes de ser vista por última vez intentó ahogarse en las aguas del lago y a quien las autoridades descubren un embarazo de cinco meses. La detective que investiga esta desaparición es Robin Griffin (interpretada por Elisabeth Moss, la Peggy Olsen de Mad Men) y se involucra en el caso de modo más o menos fortuito: está allí porque es el pueblo de su infancia y visita a su madre enferma (aunque luego descubriremos que, como otras mujeres de Campion, no dice todo).
Tui, la niña de madre tailandesa que fue abusada y desapareció sólo deja un papel en el que dijo que escribiría el nombre de quien la embarazó pero sólo escribe: “No one”. Las mujeres, en Paradise, hablan pero difícilmente escuchan, rumian las palabras (el paradigma es Anita –interpretada por Robyn Malcolm–, quien repite todo lo que dice GJ y todos los personajes que se le cruzan). En esa sociedad en la que todos los hombres van armados, el patriarca es Matt Mitcham –Peter Mullan, inmejorable en su rol de rufián perverso e impotente: su madre lo azotaba con el cinturón de su esposo muerto–, padre a su vez de Tui, a quien ella apunta con una escopeta cuando vuelve de la comisaría y se hace público que está embarazada, en el primer episodio. Así, durante los primeros cuatro episodios todos se apuntan entre sí, pero como con el pene de Mitcham, es un apuntar “juguetón”, porque la violencia es obvia, porque las mujeres no hablan y quienes estuvieron en posición de hablar prefirieron agarrar el cinto o recluirse en Paradise.
Como el estilo indie es propenso a encontrar admiradores hipertrofiados, salieron muchos a decir que la miniserie es mejor que un montón de series que tienen por lo menos tres temporadas. Los vínculos más directos son The Killing (por su paisaje y por las figuras de los investigadores en cierta intemperie personal y social) o Justified (por la extracción social de los personajes vernáculos). Otra para comparar es Rectify: el torcido centro de la excentricidad mundana, es decir, las comunidades pequeñas, desvirtuadas por la maldad del hombre y sus complicidades.