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"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).
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jueves, 16 de julio de 2026

desfiles

 

La foto me llegó a través del grupo de WhatsApp de la ex ENET Nº1 de San Nicolás, promoción 1982 el 9 de Julio pasado: el recuerdo de un desfile para esa fecha del año 1980.

Se ve a las alumnas de la escuela, con su estricto uniforme de entonces, marcando el paso en un desfile militar como el que practicábamos cada año en clases de Gimansia desde que ingresamos a la escuela. Desfilan por avenida Alberdi, entre Chacabuco y San Martín. Se ve todavía el cartel de "Retacería Alberdi", que extinguiría el menemato para dar lugar a una remisería que subsistió hasta hece unos años.

Sobre la derecha, un varón conduce la marcha: la fila de mujeres más próxima con "vista al frente" y, las restantes, vista derecha. 

Toda la vida civil estuvo envuelta en esos años de esa investidura militar hasta 1982, cuando las Fuerzas Armadas secuestraron conscriptos para llevárselos a las islas Malvinas a librar una guerra que un ejército formado en la represión civil sólo podían perder.

En 2007, cuando fui a cubrir el desfile de otro 9 de Julio frente al Monumento a la Bandera, en Rosario, en el que se conmemoraban 25 años del inicio de la Guerra de Malvinas, conocí a un excombatiente que me mostró una medalla –no recuerdo el nombre específico– y me dijo: "Debo ser de los pocos que poseen este trofeo, porque cuando nos entregaron estas medallas habíamos vuelto de las Islas y tuvimos que desfilar frente a los mandos, ya derrotados y agotados, y todos los soldados que desfilaron arrojaron las medallas a los pies de los militares, en señal de desprecio a su cobardía y su mal desempeño". Fue ese mismo veterano el que me señaló uno de los carromatos de cocina que estaba apostado en una de las esquinas de avenida Belgrano, en el que servían mate cocido para la concurrencia y me hizo notar que la cocina de campaña estaba alimentada a leña. "Ésas cocinas enviaron a las islas" (unos carros con una chimenea que se acoplan a un vehículo y, en Rosario al menos, circulan a cargo de veteranos y suelen dar de comer a los pobres que están a la intemperie). Las cocinas o ranchos de campaña resultaron absolutamente inútiles en una isla que no tiene árboles ni leña disponible con facilidad.    

Tras hacernos marchar a paso militar durante seis años en la escuela secundaria, unas Fuerzas Armadas que sólo habían probado su valor secuestrano trabajadores, saqueando propiedades de argentinos y torturando mujeres embarazadas, enviaban a sus soldados a una guerra y les ofrecían como todo plan para alimentarse unas cocinas que sólo podían funcionar si podía encenderse la turba que cubre el suelo malvinense.

Y así crecimos, en la simulación de un orden irreal que se desplomó cuando el valor de una generación perdida se sobrepuso a toda esa ridiculez y sacó y exhibió un valor y una entereza que está en nuestra historia antes que en la parafernalia de los desfiles del 9 de Julio. 


jueves, 25 de junio de 2026

blogs not dead

El Día de los Inocentes del año 2011, en una entrada bajo el título "downloads", que acaso no venga a cuento, anoté mi fascinación por un bloga que ya leía con fascinación y llevaba un epígrafe, de algún modo irónico, tomado de la tercera temporada de la maravillosa serie Fringe: "Why shape-shifting soldiers from another universe are stealing frozen heads?". Era una pregunta que un protagonista le hacía a otro y se refería a un hallazgo en el que descubrían un extraño tráfico necrológico: soldados que cambiaban de forma y provenían de un universo paralelo estaban robándose las cabezas que habían sido cercenadas y congeladas de personajes asesinados. Se trataba, desde luego, de una actualización del lema del blog –de los mejores nombres de blogs de los que tengo noticias– Golosina caníbal, que a su vez tomaba su nombre de una frase de Georges Bataille en la revista que dirigió a fines de los años 30 junto con Pierre Klossowski, Roger Caillois, entre otros, Acéphale (acéfalo: sin cabeza).

Desde entonces, hubo intercambios con Matías, administrador de Golosina Caníbal, a quien supuse en un momento editor de la editorial Interzona cuando entrados los 2000 comenzó a publicar y recuperar textos de Carlos Correas.

A principios de abril pasado Matías me contactó (primero a través del blog, luego creo que en Twitter y, finalmente, por whatsapp). Me contó que estaba en revista Bache (que había conocido en 2025 a partir de la nota de Alejandro Modarelli sobre el papa Francisco) y realizaba una serie de notas sobre blogs que aún seguían activos ("Blogs Not Dead", qu entonces tenía ya dos entregas, una al historietista Diego Parés y otra a Daniel Link –ahora hay una cuarta a Alejandro Agostinelli–).

Matías es Matías Raia, dice que su identidad pública no es otra que Golosina Caníbal, tal como lo conocemos en el blog –recupera texto fabulosos de la literatura argentina de los 60 o anterior; discusiones y artículos de vieja data que conocieron la digitalización gracias a su entrega y dedicación.

En la entrevista que me hizo le digo algo parecido, que se publica en el blog por agradecimiento lector, que no importa la llegada ni la difusión, sino dejar esa huella en el gran libro de la web (que no tiene nada que ver con las antiredes sociales, menos "antisociales" que anti red).

En estos días Pedro Yagüe le hizo una entrevista en su programa que vale la pena escuchar y es un aporte a la cultura del blog mucho más vasta de lo que podría expresar acá:

Gracias Matías.

lunes, 15 de junio de 2026

literatura de la región. manual de uso

El viernes pasado se realizó la primera de las jornadas de este año de La literatura de la región en la escuela, que se organiza desde la EMR y con el apoyo de AGLeR y los profesorados del Normal 1 y el Instituto Olga Cossettini

Fotografías de Mariana Manoni.

Unas 80 estudiantes se reunieron en el SUM del 4º piso de la Biblioteca Argentina, donde Delfina Stortini y Natalia Patalagoitía leyeron y enseñaron títulos publicados por la EMR y editoriales de Rosario, de los que seleccionaron textos muchas veces breves que muestran la ciudad como si se tratara de una civilización a descubrir. Desde la descripción de la Bajada Sargento Cabral que recoge la entrada de Wladimir Mikielievich incluída en el Diccionario Rosarino Ilustrado: “Es una calle de cinematógrafo impresionista, con su pronunciada caída, con su evasión a la línea de plomada de las otras calles que la rodean y limitan; una calle de puerto, que conoce el eco de las canciones marineras que se escapan de las paredes de sus bares, una calle de puerto por donde el viento llora una canción de mástiles detenidos”. Los intrigantes paisajes de palabras de 40 esquinas, la maravillosa entrada “Querencia” de Eugenia Arpesella en el Diccionario enciclopédico de las cosas que nos gustan, ó nanas y arrullos para niños publicadas por ediciones Mburucuyá, hasta narraciones contemporáneas que dan cuenta de figuras con las que ensayar un relato, como la prosopopeya de El lugar en el que estoy cayendo. (Sobre el asunto “diccionarios”, no quiero dejar pasar un comentario que hicieron Delfina y Natalia en el primero de los encuentros, en 2024, cuando observaron que sus alumnos, por lo general, no tenían trato con diccionarios, ya que el teléfono o la computadora reemplazaron su uso y, por lo tanto, el descubrimiento del diccionario De las cosas que nos gustan había resultado revelador por su organización alfabética de términos y su cruce transversal de conceptos y temáticas.)

80 estudiantes y ningún varón (bueno, un vetarano que llegó más tarde). Sentado detrás de la última fila observé a esas mujeres como si fueran mis alumnas de hace más de 20 años: la adolescencia inquieta, irremediable. Su aparente desinterés en lo que sucedía allá adelante, el cuchicheo mecánico y patológico de la edad. Y sin embargo, al final, cuando Delfina y Natalia pidieron que se juntaran en grupos y jugaran a explayarse sobre un término que eligiesen para un sonido de Rosario (del barrio, la calle, sus lugares frecuentes), las cosas que encontraron. En cada uno de esos hallazgos (“yerbazo”, entre los que me acuerdo) no sólo sonaba la pèrspicacia de las cosas familiares y cercanas, también el oído de aquello que había acontecido entre las docentes y la audiencia.

Las mujeres que van a encargarse de los niños de nuestros hijos estaban ahí, en el 4º piso de la Biblioteca Argentina, usando el desenfado de su adolescencia, pero también atentas a ese futuro incierto que las pondrá en el lugar incómodo de la clase, con otras criaturas acaso desamparadas, ascaso desenfadadas como ellas, nercesitados de algo que tal vez nadie va a entregarles salvo estos seres que ahora se ríen y vociferan mientras van al encuentro de un sonido que era parte fugaz de un paisaje del que ahora se apropian porque han dado con un nombre para llevárselo.

Qué maravillosa misión la docencia.

   

lunes, 13 de abril de 2026

la mano de fátima

Érica Brasca no tiene una gran presencia en la web (me refiero a la web tal como la pensó Tim Berners-Lee, la que funcionó hasta la primera década de los 2000), lo que no quiere decir que su trabajo no funcione “en red” (a lo mejor tiene cuentas en redes sociales que no son Twitter y desconozco, pero lo que importa, siempre, es la web). Sin embargo, pese a que parte de mi tarea está en una librería donde está su libro Aldabas de Graná, me enteré de la existencia de ese volumen cuando entré al sitio de la editorial ōmachi, que con tanta delicadeza lleva adelante Ernesto Inouye.

Cada cosa que Érica produce es un obsequio (iba a poner una “ofrenda”, pero dejemos el lenguaje religioso para su prosa), de hecho, la primera vez que conversamos me regaló varios fanzines suyos, entre ellos uno que se presentaba con una tapa en caracteres cirílicos y lo primero que pude leer decía: “La pestaña de YouTube ya estaba abierta”. Escribe en red.

Con la publicación que hizo de su traducción del ruso de un texto de Margarita Aliguer (La novia de Maiakovski) también me encontré con otro fanzine suyo que lleva discretamente como título: “Música de fiesta para cualquier fondo desanimado” y, página siguiente la aclaración: “Textos armados a partir de canciones de rock y post-punk ruso (…) Los mejores están en el canal de YouTube Chorny Zvezda Radio”. La escritura en red, ya lo dije.

El obsequio, como cualquiera sabe, es una entrega, y Érica se entrega en esos textos impresos en papel, como en los 2 microrrelatos absurdos de Daniil Jarms, en el que su nombre aparece en la aclaración: “Traducción y «dibujitos» (el encomillado es mío)”. Se entrega a una red anacrónica y contemporánea, como en el ensayo de Agamben.

Pero volvamos al libro que la tiene como autora, Aldabas de Graná, copio del sitio de ōmachi:

“En junio de 2025, Érica Brasca viajó a España para hacer una estancia de investigación en el departamento de Filología Eslava de la Universidad de Granada. Se alojaba con una amiga en el barrio de El Realejo. Ahí descubrió que muchas puertas tenían aldabas, esas piezas metálicas que sirven para golpear. Le llamó la atención un modelo en especial: una con forma de manito. Averiguó que se llamaba «mano de Fátima». A partir de ahí empezó a fotografiar las aldabas que iba encontrando. Aldabas de Graná reúne una selección de esas fotos acompañadas por unos apuntes acerca de estos objetos en desuso y sobre el acto de anunciarse: 

“«La aldaba difícilmente pueda considerarse un llamador discreto; su tañido puede retumbar en toda la cuadra. Con la llegada del timbre, el sonido se volvió más íntimo, dirigido sólo al interior de la casa, y, más tarde, los mensajes de celular hicieron que el modo de anunciarse fuera casi secreto.»”

Ese trabajo en red de Érica es de algún modo su maniera de anunciarse, como las “manos de Fátima” que describe en el libro. Fátima, anuncia a los despistados, es la hija de Mahoma que en la parte andaluza de la península ibérica encarnaría en el bronce forjado de muchas aldabas.

Para los católicos, Fátima es el nombre de la Virgen del Rosario anunciada ante tres niños portugueses en las postrimerías de la Revolución Rusa. 

Pero la “ofrenda” llega en la página 16 del breve Aldabas de Graná, cuando la cronista describe un camino calle abajo —es un camino doméstico, no turístico, la narradora va hacia un mercado— encandilada por el sol, que la ciega y, cuando al fin recupera la vista está frente a una de esas manos de Fátima “de un realismo ominoso” encaramada en una puerta señorial que decide, como lo decide la Fe del Islam, no fotografiar, no iconografiar, no volver imagen.

Un recato y un pudor que, en un libro poblado de imágenes de las aldabas granadinas, devuelve esa anunciación al mundo sonoro en el que las cosas que suenan se guardan el secreto. “Diálogo somos, entre una corsa oscura y el secreto claro”, como escribió el poeta maldito de nuestro pasado cercano.



miércoles, 8 de abril de 2026

¿por qué Cristo?

Leí este texto —como, en general, cada publicación de Kotsko desde que estaba en el blog Itself— el Domingo de Resurrección pasado, de vuelta de Paraná, Entre Ríos, y en la previa de la única misa que respeto y a la que asisto cada año. Como conozco su trabajo, imaginé por dónde iba a ir y, en efecto, ahí va.

Sábado Santo 2026, Parque Urquiza, Paraná, Entre Ríos.

A mí su aproximación teológica me ayuda mucho a comprender histórica y genealógicamente la materia de mi cristianismo y, si bien a veces veo con admiración su camino, siempre hay algo, un hecho en este caso particular, que me impide correrme de ese “orden” de representación que es para mí la Iglesia Católica.

El último Domingo de Pascua, a eso de las 13:30, mientras pensaba en todo aquello a lo que me gustaría agradecer, en particular haber sido contemporáneo de Francisco, de cuya muerte se cumpliría un año el Lunes Santo (aunque la fecha de su fallecimiento fue el 21 de abril de 2025), recibo un mensaje de Álvaro, el novio de mi hija que me preguntaba si iría a misa ese día y me proponía, para no pisarnos con la cena familiar, el servicio de las 19:30 en la parroquia San Miguel Arcángel, a la que sólo había entrado para el casamiento de una de las versiones de mi amiga Fernanda en el multiverso que habita. Como es tan irregular mi asistencia a misa, a excepción de Semana Santa, le dije que encantado y esa tarde me tocó asistir conmovido por la compañía de Álvaro y mi hija en una nave colmada y festiva que me recordó la algarabía de las misas del padre Rafael Hernández en mi adolescencia nicoleña, cuando nos sabíamos las canciones y a veces bajábamos la voz para escuchar la de Rafael potenciada por el micrófono.

En San Miguel, el padre Santiago —a quien no conocía— ofició su última misa en Rosario antes de partir como misionero a Cuba y en su sermón subrayó que criatiano y judíos compartimos el mismo pan "ácido" del Pesaj —que en la genealogía hebrea recuerda el pan sin levadura que se llevaron los judíos cuando debieron huir de Egipto—: también la ostia es un pan sin levar que Jesús nos ofrece para que lo levemos nosotros con su amor.

Es tal vez una introducción innecesaria para esta traducción de un texto que es, como el mismo Adam Kotsko aclara en el epígrafe, “Una meditación de Pascua de un criatiano fallido”.

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ADAM  KOTSKO | 5 de abril de 2026

Traducido de su sitio en Substack

(Se respetaron todos los hipervínculos del texto original en inglés y se agregaron notas aclaratorias).

Cecco del Caravaggio, The Resurrection (ca. 1619-20)

Cada vez que veo esta pintura en el Instituto de Arte de Chicago, me resulta ligeramente blasfema. Incluso el Nuevo Testamento se abstiene de representar directamente el momento de la Resurrección; todos los relatos de los Evangelios muestran a los seguidores de Jesús descubriéndola a posteriori. En Deuteronomio, Yahvé (YHWH) declara a los israelitas que “no vieron ninguna forma cuando el Señor les habló en Horeb desde el fuego” (4:15). Vieron por sí mismos que Dios no podía ser representado en una imagen, ni siquiera cuando se manifestaba públicamente. Por muy importante que fuera ese acontecimiento para la relación de Dios con sus criaturas, la resurrección es el momento, el momento decisivo en la historia de la creación, el significado de todo condensado en un acontecimiento imposible. ¿Cómo atreverse a intentar plasmarlo?

Desde ya que estoy exagerando mi reacción emocional. En todo caso, intentaba prepararme mentalmente para una reacción similar a la que podría haber tenido en distintas etapas de mi vida: cuando era un adolescente evangélico que intentaba vivir de acuerdo con la oposición militante al mundo que se me exigía, cuando fui un converso católico efímero que buscaba algún tipo de claridad y rigor intelectual, cuando formé parte de un grupo de cristianos radicales en la universidad subidos a la euforia de la paradoja, cuando hacía un último esfuerzo en la escuela de posgrado para encontrar la versión verdaderamente liberadora y política del cristianismo cuya existencia yo conocía.

Durante el último año, mientras trabajaba en la investigación para un libro de introducción a la teología política, he revivido muchas de esas etapas. Ya escribí en otros sitios sobre mi enfoque preferido dentro de este campo, pero para abordar este libro con responsabilidad y ayudar a la comunidad teológica a definir qué unifica los diversos enfoques que se pueden agrupar bajo este paraguas amplié considerablemente mi perspectiva. Así, junto con las distintas entradas sobre mi canon personal de teología política genealógica, estuve leyendo y analizando los diversos intentos de formular una teología políticamente comprometida, centrándome en el período moderno y, sobre todo, en el siglo XX. En un año de una disciplina excepcional de lectura en el tren, profundicé en la teología del evangelio social, la doctrina social católica, la teología de la liberación latinoamericana, la teología de la liberación negra, la teología feminista, la teología queer y muchas más.

Muchos de estos textos me resultaron profundamente formativos durante mis estudios de doctorado y fundamentales para mis primeros años como docente, así que llevan una carga de nostalgia. Pero también hay una carga de distancia, y la pregunta que sigo haciéndome es: ¿Por qué todos están tan empeñados en que funcione? ¿Por qué toda historia tiene que pasar por esta historia; toda demanda, legitimarse a través de esta autoridad? Cuanto más radicalmente contracultural es la causa, más desconcertante resulta la insistencia en vincularla al cristianismo. Si en el cristianismo siempre se trató de la liberación de los pobres y el derrocamiento de los principados y potestades, ¿por qué nadie se enteró? Si un énfasis distintivo del ministerio de Jesús fue la igualdad de las mujeres, ¿cómo se que algo así se enterró por completo? Si el Evangelio y la Iglesia son de alguna manera intrínsecamente "queer", ¿por qué tantos cristianos son tan implacablemente hostiles hacia las personas queer? Una y otra vez, el intento de fundamentar una causa política en el cristianismo requiere la virtual reinvención del cristianismo, la revelación de que ni siquiera hemos sabido qué era el cristianismo desde un principio.

Por supuesto, lo mismo podría decirse de las apropiaciones más conservadoras del cristianismo. Está lejos de ser una evidencia en sí misma que un predicador contracultural, ejecutado por los romanos mediante quizás el método de tortura más despreciable jamás ideado, se complaciera en convertirse en la legitimación ideológica de los sucesores de sus asesinos. Resulta sin duda contraintuitivo que un movimiento destinado a dar a los no judíos acceso a las promesas del Dios judío se convierta repetidamente en un peligro mortal para los judíos, o que una teología que proclamaba el fin de la división étnica se convierta en el fundamento de la crueldad de la jerarquía racial moderna, o que la historia de un hombre aparentemente célibe que frecuentaba a personas con conductas sexuales desviadas genere una obsesión por imponer la normatividad sexual.

El hecho de que las apropiaciones conservadoras del legado de Jesús hayan sido más frecuentes y efectivas (en su forma perversa) no las hace más naturales ni inevitables. De hecho, como aclaran los teólogos de la liberación más honestos intelectualmente, todos, en todas partes, siempre se han apropiado del mensaje del Evangelio al servicio de sus propios valores y prioridades. (Pienso en particular en Ruether, cuya discusión metodológica que introduce a Sexism and God-Talk* es una partida asombrosa en la que expone sus cartas sobre la mesa y aún así sale ganando).

Pero eso solo incrementa el interrogante: ¿por qué involucrar a Jesús en todo? ¿Por qué todo tiene que pasar por esta historia estrafalaria de un tipo que anduvo por ahí durante un par de años diciendo cosas enigmáticamente sarcásticas y después se deja matar? Cuando estaba en mi fase de cristiano radical, recuerdo un hilo de una lista de correo donde la gente afirmaba que la historia de Cristo es lo suficientemente grande como para abarcar todos los aspectos de la vida, y una persona muy inteligente y muy devota ajena a nuestro círculo replicó, con bastante sensatez: “¡Che, no es así!”. Obviamente tenía razón en cierto sentido, pero quizás parte de la ventaja reside precisamente en que la historia es tan indeterminada, que hay tan poco con lo que trabajar. De hecho, la tendencia en el desarrollo de la cultura cristiana parece ser “cuanto menos, mejor”. La cantidad de material sobre la Virgen María en el Nuevo Testamento es realmente minúscula, y solo un puñado de narraciones complementarias se incorporaron a la tradición dominante a partir de fuentes extracanónicas. Sin embargo, estas pocas historias sobre la Virgen María son fundamentales para una de las mayores tradiciones de expresión artística de todos los tiempos, por no mencionar la creciente variedad de avistamientos, prácticas devocionales, etc.

Al mismo tiempo, no se trata de una mera pantalla de proyección. Hay algo más, algo que quizás proporciona una base para todas sus múltiples apropiaciones mutuamente contradictorias. Me refiero al tema de la paradoja y su reverso, al atractivo de lo contraintuitivo. Como dijo Tertuliano: Credo quia absurdum est, “Creo porque es absurdo”. Tenía razón, porque la enseñanza de Jesús se basa en el recurso de revertir las expectativas, y Pablo declara con demasiado orgullo que su mensaje es insensato y escandaloso. Para cierto tipo de mente —por ejemplo, la mía— este gesto de no podés soportar la verdad tiene un profundo atractivo. Se puede hacer mucho con éso, desde el cuidadoso equilibrio de opuestos característico del pensamiento católico hasta la obsesiva inmersión en la contradicción de Hegel o Kierkegaard.

Esa forma conceptual se basa en el contenido nuclear de la narrativa de Jesús, donde la brutal tortura y ejecución de un hombre inocente resulta ser, de alguna manera, el mayor acontecimiento de la historia. En esa historia hay espacio para muchas cosas, incluyendo la solidaridad con los pobres, los que sufren y los oprimidos. Pero existe una ventana muy estrecha para cosas que uno puede extrapolar de una historia de este tipo que aún no están del todo jodidas**. Una extrapolación muy natural, por ejemplo, es que a Dios simplemente le gusta el sufrimiento. Esa interpretación simple y directa del mensaje del Evangelio llevó a más de mil años de personas que se privaban y atormentaban intencionalmente, y ha proporcionado, prácticamente desde que existe el cristianismo, una coartada a mano para opresores de toda clase.

Gran parte del trabajo teológico académico orientado a la liberación intenta desmantelar este valor del sufrimiento redentor. Quienes realizan este trabajo son muy inteligentes. Valoro sus ideas. Comparto sus objetivos más amplios. Pero no creo que logren crear una versión del cristianismo que no abrace el valor del sufrimiento redentor, del mismo modo que no se puede crear un cristianismo que no se considere superador de la práctica religiosa judía. Llega un punto en la “lectura a contracorriente” en el que simplemente se está creando un texto propio. Y como alguien que dedicó —o desperdició— más de la mitad de su vida intentando que este texto en particular funcionara y descubrió que no podía, desearía que más personas pudieran reconocer por sí mismas que han desarrollado sus propios valores sin tener que encarar todo a través de este flaco tan extravagante.

Probablemente esta no sea mi mejor ni más rigurosa publicación. Hice un trabajo mejor en este sentido con mis meditaciones de Pascua de hace unos años (Viernes Santo, Sábado Santo, Domingo de Pascua). En cualquier caso, estas son algunas reflexiones que tengo este Domingo de Pascua.

Notas

* Se refiere al libro de la teóloga Rosemary Radford Ruether, publicado en 1983 (Boston, Massachusetts, EEUU) en la editorial Beacon Press, que lleva como epígrafe: “hacia una teología feminista”. [N.d.T.]

** La expresión en inglés es la muy vulgar completely fucked up, que señala algo terminado o roto para siempre. [N.d.T.]

jueves, 14 de agosto de 2025

libertad, plaza de la

En la EMR preparamos un Diccionario de Rosario inspirado y basado de alguna forma en el que Wladimir Mikielievich escribió durante casi toda su vida. Como muchas de las entradas seleccionadas requieren actualizaciones, e incluso hay que escribir nuevas entradas (sobre todos las que conciernen al siglo XXI, que Mikielievich no vio), encarmos acá la publicación de esas entradas, que seguramente se reducirán para ingresar al texto, según su redacción original.

Imagen guardada por Mikielievich que fecha la inauguración de la plaza y el emplazamiento del busto de la Libertad el 1 de diciembre de 1980. El busto ya no está en la plaza.

LIBERTAD, plaza de la, Urb, Hist. Hasta 1968 la manzana recortada por Mitre, Pasco, Sarmiento e Ituzaingó —hoy la Plaza Libertad, o “de la Libertad”, como figura en registros catastrales de la municipalidad (sección 02, manzana 057)— ofrecía al paseante un edificio central coronado por cinco picos galvanizados sobre el frontón que terminaban de dar forma a los altos techos a dos aguas del Mercado de Abasto de Rosario, que legó su nombre al barrio. El mercado, además del comercio de alimentos frescos, forjó la identidad del barrio desde 1918, cuando comenzó a funcionar, poblándose de bares, fondas, bodegones, pequeños comercios y conventillos donde se alojaban —a veces con sus familias— puesteros y changarines, que circulaban en torno al lugar que 50 años después fue trasladado al Mercado de Productores de San Nicolás y 27 de febrero y al Mercado de Concentración de Fisherton. El edificio terminó de demolerse en 1969 y quedó un terreno con tierra y escombros que fue convertido en pista de motocross hasta que en la intendencia de facto de un oficial de la Marina (1976-1981) se inauguró la plaza de la Libertad el 30 de diciembre de 1980, cuyo alrededor mantuvo durante unos 20 años el paisaje de casas más o menos bajas, establecimientos pensados para almacenes, comercios y depósitos. Avanzados los primeros años de democracia, a fines de la década de 1980, como haciéndose eco de su nombre, la plaza fue escenario de ofertas sexuales que escandalizaron a una sociedad que aún convivía con la Liga de la Decencia (ya sin la virulencia que tuvo durante la dictadura), no sólo la prostitución más frecuente, también se hicieron visibles las travestis. “Una plaza seca con algunos juegos y un poco de arena y unos árboles”, le describe un periodista en una revista independiente de 1990. Y agrega: “Unos arquitectos proyectaron allí una plaza de formas nuevas. Una fuente rectangular modelo Mundial ‘78 (como la del Centro Cultural) y, en la depresión del terreno, un cantón de arena ovoide con juegos —algunos artesanales— y unos pequeños túneles para que pasen los niños, hechos de caños de fibrocemento para cloacas. Lo demás es de hormigón. Formas simétricas. Escaleras de pocos escalones, casi simbólicas y sin dudas menos prácticas que rampas. Árboles que deberían crecer para parecerse a los árboles. Mesas de cemento con pequeñas baldosas negras y blancas formando fríos tableros de ajedrez, etc.” La descripciòn es parte de una crónica sobre un bar que funcionó entre 1987 y 1992 en la esquina de Sarmiento e Ituzaingó, frente a la plaza, Inizios, el primer bar gay de Rosario, creado sólo cuatro años después que el primer bar de ese tipo en Capìtal Federal. En noviembre de 1998 la Plaza Libertad fue la arena de un foro en el que “un grupo de travestis y el Colectivo Arco Iris —que reunía a la comunidad LGBT de la ciudad— denuncian el pago de coimas y los favores sexuales que exigían los policías de Moralidad Pública para dejarlas en paz. La respuesta brutal del jefe de policía fue incrementar razzias y hacer declaraciones paradigmáticas de la discriminación, como llamar ‘mascaritas sidóticas’ a las travestis o recomendar que se las separe de la sociedad, lo que lo obliga a renuncir y con ello termina una época de persecuciones”, según la crónica que hace un periodista rosarino en una revista en 2024, que rememora la noche de Rosario. La plaza se reinauguró con reformas y mejoras en julio de 2023, con nuevos canteros sobre el sendero en diagonal existente y más árboles, ampliación de espacios verdes sobre calles Pasco e Ituzaingó, se ejecutaron rampas de acceso en las cuatro esquinas, así como una para subir al escenario y a juegos. Se colocó una estación aeróbica, un skatepark, se sumó mobiliario urbano, bancos y mesas, cestos y equipo de riego. Además, se instaló un nuevo piso de caucho antigolpes para mayor seguridad de niñas y niños. Una imagen de San Cayetano, resguardada en una caja enrejada, casi en la esquina de Mitre y Pasco, recuerda que la plaza es el punto de partida de la procesión del santo cada 7 de agosto hacia la iglesia de calle Buenos Aires al 2100.


El Mercado del Abasto que funcionó donde hoy está la plaza hasta 1968. La imagen es de los años 30.




independencia, parque de la

En la EMR preparamos un Diccionario de Rosario inspirado y basado de alguna forma en el que Wladimir Mikielievich escribió durante casi toda su vida. Como muchas de las entradas seleccionadas requieren actualizaciones, e incluso hay que escribir nuevas entradas (sobre todos las que conciernen al siglo XXI, que Mikielievich no vio), encarmos acá la publicación de esas entradas, que seguramente se reducirán para ingresar al texto, según su redacción original.

Parque de la Independencia, ca. 1930 (postal coloreada).

INDEPENDENCIA, Parque de la. Hist. Urb. La iniciativa de construir un parque en la zona sudoeste de la ciudad de la época data del año 1896 y se lo ubicaba en el sector limitado por la calle 9 de Julio, bulevar Oroño (entonces Santafecino), las avenidas Pellegrini (antes bulevar Argentino) y Ovidio Lagos (antes calle La Plata), conforme a un proyecto del jefe del Departamento de Obras Públicas, el ingeniero Héctor Thedy. Estudios realizados durante la primera intendencia de Luis Lamas (1898-1901), determinaron ubicarlo en la superficie limitada por Lagos e Ituzaingó, calle Santiago, Cochabamba y Moreno, bulevar 27 de febrero (entonces Rosario). Una ley provincial de agosto de 1900 autorizó la expropiación de los terrenos con destino al parque “de la” Independencia (tal como figura en registro catastral). El parque —que no ocupaba todavía los 1,26 kilómetros cuadrados de extensión actuales— fue inaugurado la noche del 1° de enero de 1902 y otra ley provincial de junio de ese año autorizó a la Municipalidad la expropiación de los terrenos adyacentes al parque, limitados por Pellegrini y Santiago, Ituzaingó y Lagos, inclusive, y la manzana circunvalada por Pellegrini, Alvear, Cochabamba y Santiago, todos ellos necesarios para regularizar la superficie del parque. No fue sino hasta la década de 1930 que el parque adquiriría el tamaño y la fisonomía actual, aunque los cambios continuaron hasta principios del siglo XXI. En 1912 una nueva ley provincial autorizó otras expropiaciones destinadas a regularizar el trazado. El Rosedal, frente a bulevar Oroño y rodeado por las avenidas Intendente Coronado (ex Los Brachichitos) y Dante Alighieri, fue inaugurado en diciembre de 1915. El área parquizada fue ampliada en 1932 en un 30 por ciento, construyéndose jardines frente al cementerio El Salvador y acceso a la avenida Pte. Perón (ex Godoy). En 1980 se incorporaron al parque los terrenos antes ocupados por galpones municipales que se demolieron frente a la avenida Lagos, desde calle Ituzaingó hasta el codo del circo de carreras del Hipódromo Independencia (inaugurado en 1901). En marzo de 1916 un concesionario habilitó góndolas, lanchitas, automóviles, botes ingleses a doble remo, hidropatines insumergibles, bicicletas acuáticas y otros aparatos para recorrer el lago, en cuya construcción y en la de la montaña se ocuparon vagos e infractores reclutados por la policía y castigados para realizar trabajo público. En el centro del lago se encuentra una fuente de aguas danzantes inaugurada en diciembre de 1998. La Fuente de Cerámica donada por la comunidad de residentes españoles atravesó el Atlántico, de las mayores en su tipo, se inauguró en 1936 a un costado del Rosedal. El Jardín Francés, sobre Pellegrini, se inauguró en 1942. El Calendario, donde los jardineros modifican los macizos de flores para mostrar el día del año y la fecha funciona desde 1946. Dentro del parque también está la ex Sociedad Rural (hoy un área de galpones y espacios abiertos reservada para actividades masivas). El Museo de la Ciudad de Rosario (hoy Wladimir Mikielievich) se creó en 1981 y funciona en el parque desde 1993, en el edificio inaugurado en 1902 como Escuela de Aprendices Jardineros. El Estadio Municipal Jorge Newbery (primer club público estatal de Argentina) se creó en 1925. El Museo Histórico Provincial Dr. Julio Marc se inauguró en 1939. El Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino fue abierto en 1937. El Jardín de los Niños, un área de 3,5 hectáreas con divertimentos como la Máquina de Volar y facilidades educacionales (parte del Tríptico de la Infancia), donde funcionó hasta 1997 el Zoológico Municipal, se inauguró en medio de la crisis de 2001. El International Park, en la esquina de Oroño y 27 de Febrero, donde funcionaban atracciones mecánicas, fue desmantelado en 2013, luego de un accidente en el que murieron dos adolescentes. Un parque similar, más pequeño, funciona frente al Estadio del club Newell’s Old Boys. Además de ese club, en el Independencia funcionan otros dos: el Gimnasia y Esgrima de Rosario (Moreno y Cochabamba), y el Atlético Provincial, abierto en 1915 entre 27 de Febrero, Pueyrredón, Dante Alighieri y el estadio municipal. El Parque Independencia ha sido escenario de las páginas de literatura producida en Rosario; al menos dos de sus escritores lo incluyeron el título de sus libros, Edgardo Dobry en El lago de los botes (Lumen, 2005), y Elvio Gandolfo en Real en el Rosedal (EMR, 2009).   



jueves, 26 de diciembre de 2024

volver a las catacumbas

 El 4 de diciembre en Fuera de Tiempo, Fernando Peirone le decía a Diego Genoud que unos cuatro mil años de historia de pensamiento crítico están llegando a su fin, que una civilización construída en torno a la verdad y a conceptos que nos llevarían de nuevo a la alegoría de la caverna —libro VII de la República, donde se discute el conocimiento sensible y el inteligible, y la importancia de la educación (paideia)— se disuelve al fin en supersticiones. “Yo creo y con eso basta”, como decía aquél episodio de mayo de 2021 de la adorada Mariana Moyano que trataba una vez más sobre lo que las redes hacen de nosotros.

Es curioso, hace poco más de 10 años escribí sobre las ficciones que daban cuenta de cierto estado de la imaginación entonces —es una forma ampulosa de decirlo, lo sé—. En las series de ciencia ficción, los temas recurrentes eran los universos paralelos (Lost, Fringe) y el viaje correctivo en el tiempo herencia de Terminator (de nuevo Lost; también, Mad Men). En otras palabras, algo así como la condición irredimible del presente requiere que se eche luz sobre los últimos días mediante el regreso a tiempos sobre los que habría, en principio, un orden: los 60 anteriores a Mayo del 68 y Woodstock, los virulentos 70 al filo del final de Vietnam. Pero también, descubrir en la actualidad las alternativas que devuelvan al presente un resplandor utópico: si del otro lado, si en el universo paralelo de Fringe o Lost las opciones que se tomaron no hicieron las cosas más felices, por lo menos desde allá nos llegan signos, pistas para evitar errores.

Así, las series de televisión que inauguraron el nuevo milenio podrían representarse según dos metáforas planteadas en dos sagas ejemplares: Lost o la Isla, y Mad Men o la Caída, el Abismo. El carácter insular de Lost, su cosa pequeña, doméstica y cerrada, que se despliega y busca lo abierto puede percibirse en la gran mayoría de las series, desde Fringe hasta Battlestar Galactica (2004). El carácter abisal (en el abismo está el demonio, William Blake dixit), de inminente caída, puede percibirse en Mad Men. En estas series sus personajes, al igual que el Scottie de Vertigo (Hitchcock, 1956), no sólo están al borde de una caída, sino que llevan el abismo en la mirada: algo han visto que no cabe en la superficie del mundo. Y, más terrible, ese algo, el futuro mismo, se construye en esa mirada abisal.

Pero este año 2024 nos descubrió una nueva genealogía de series (o ficciones), las sagas catecuménicas. Sí, sí, es un término irremediablemente católico, pero apartemos eso un momento. Catecúmeno proviene del griego katēkhoumenos, que significa “instruido oralmente, a viva voz” (ēkhein es eco). Pero el katē o “cata” significa abajo, de ahí que catecúmeno se emparenta con catacumba, lo que da a la catequesis no sólo un aire de cosa soterrada y secreta, también clandestina, subterránea. 

El estreno este año de Fallout —la primera temporada de la serie basada en un juego fabuloso que imagina un futuro alternativo y distópico en el que la humanidad no descubrió el transistor pero sí el poder atómico y la robótica y eternizó hasta su destrucción la estética de los años 50—, donde la misma casta que destruyó el mundo perpetuó su deseo de aniquilación en refugios bajo tierra que reproducen su sistema de dominación, da un giro sobre la célebre frase que popularizó Mark Fisher: “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. El capitalismo no es otra cosa que una serie de alternativas sobre nuestra propia aniquilación. Lo dice un personaje de la serie: “El fin del mundo es un producto”. La gran maquinaria que alguna vez vendió futuro, ahora vende apocalipsis y vida bajo tierra, donde los sobrevivientes de un holocausto nuclear son instruidos en las misma filosofía que los llevó a la guerra y el fin.

Ella Prnelle en “Fallout”.

Y sobre el final del año se estrenó la segunda temporada de Silo, en la que la fabulosa Rebecca Ferguson persigue el conocimiento de qué es ese silo subterráneo en el que vivió toda su vida, cuya memoria e historia ha sido borrada y de la que sólo quedan unas reliquias prohibidas que tienen el poder de revelar la vida anterior al silo, ya que la atmósfera del mundo exterior parece envenenada para siempre.

Pero, last but not least, ya casi en el cierre del año, antes de las películas navideñas y estúpidamente polares, se estrena un film llamado Heretic (Hereje), protagonizada por un Hugh Grant villano y dos adorables jóvenes mormonas protagonizadas por Sophie Thatcher (actriz y cantante criada en una familia mormona) y Chloe West

Si Silo es la alegoría de la caverna en tanto el conocimiento sensible de los que viven dentro del silo no posee la paideia (la educación) para hacer inteligible lo que ven por una pantalla que muestra el exterior del silo, Heretic es la pura inteligibilidad —cabría decir la “instrumentalidad”— aplicada a dos jóvenes de Fe. Las dos supuestas “víctimas” —término que, nos lo enseñó el triunfo de la ultraderecha argentina, deberíamos desterrar de nuestro paradigma— del hereje encarnado por Hugh Grant son echadas a las catacumbas de la discreta mansión que él gobierna y habita. Allá abajo deberán descifrar el acertijo de esa inteligibilidad, de esa instrumentalidad de la Fe que su antagonista les opone y ofrece. En cambio producen un milagro desgraciado que de algún modo no las “salva”, pero es capaz de salvarlas de convertirse en meras víctimas.

Rebecca Ferguson en “Silo”.

Todas ficciones protagonizadas por mujeres a su modo heroicas que entendieron, como lo entendió Flora Tristán en el siglo XIX, que la liberación femenina es necesaria no sólo para las mujeres, sino para el hombre que se ha vuelto un esclavo del capital.

Estamos en el momento —no me animaría a llamarle “era”— de la imaginación catecuménica. El momento de la instrucción “a viva voz”, a través del “eco”: son otras voces las que hablan a través nuestro y, acaso, confundan su signo al revelarse.

Me lo dicen las “comunidades” por las que circulé este año, el streaming que conducen muchachas y muchachos que rozan los 30 años. Saben que algo de eso que iba a ser mientras se formaban les ha sido arrebatado, pero pueden sentarse frente a un micrófono e improvisar algo sobre estos tiempos en los que todo parece ser una improvisación sobre el fin. Conversaciones entre su generación y otras más antiguas incluso que la mía. Cerca de fin de año, Clacso sacó un podcast, Los monstruos andan sueltos, en el que los invitados son en su mayorìa los mismos que ya escuchamos en episodios de otros streamers, pero acá son guiados por la voz y el relato de Ana Cacopardo. Todo lo contrario a lo que sucede en los podcast y programas de YouTube que más nos convocaron. No hay una conversación que ensaye los temas de la época, sino una guiada. Justo las voces que mejor interpelan el momento en un formato que nos resulta ajeno y anticuado.

En este mismo espacio puede leerse una entrevista a la inmensa Wendy Brown en la que expresa lo que el papa Francisco reclamó a los progresismos recientes: “A medida que la autoridad religiosa se desvanece, los cimientos de todos los valores, incluido el valor de la verdad misma, se desmoronan. Cuando la ciencia y la razón empiezan a desplazar a la verdad religiosa, los valores pierden sus anclajes, porque estas nuevas formas de conocimiento creíble no reemplazan a la religión como fundamento de los valores y no pueden por sí mismas generar valores. Como nos recuerda Tolstoi, la ciencia nos dice cómo funcionan las cosas, pero no lo que significa nada ni cómo debemos juzgarlo o estimarlo. De manera similar, la razón nos permite calcular, deliberar, analizar o escrutar, pero no puede brindarnos un significado o valor últimos.” De nuevo, son dilemas catecuménicos.

Pero este 2024 no sólo nos dio la oportunidad de ver que los valores democráticos que creímos construir durante 40 años no eran otra cosa que “democracia a condición de que nada cambie” y así seguir acumulando capas de pobreza, sino que nos ofreció la chance de comprobar que esta democracia no lleva a ningún otro lugar que no sea exactamente el que habitamos, la democracia de la derrota, como lo conversamos en uno de los últimos programas radiales de REA con Alejandro Horowicz.

Me importan las ficciones, sus tendencias y las figuras que adoptan. Traen en eso una noticia del mundo que no está en ningún otro lugar. Veo en la derrota que trajo el gobierno actual una suerte de predominio de las ficciones pobres que se basan en la mitologización de un pasado que no es histórico y sirve hasta ahora para darle densidad a ese relato de origen libertario en el que el Imperio Romano, Julio Argentino Roca y el universo Marvel bailan reguetón (la genealogía de este fascismo residual ya la hizo Umberto Eco en un texto clásico de 1995 que tradujimos en Rea en 2020: “El fascismo eterno”).

Con el triunfo de Milei no sólo culmina el proceso iniciado en 2001, culmina también el que comenzó en 1983. Nos queda volover a las catacumbas, acompañar a una generación que se anime a soñar en serio un futuro, que no elija el campo de las víctimas —lo expresó Mario Santucho, editor de Crisis en ésta entrevista—, sino el de los que dan batalla.

Todos vamos a festejar el fin de este año de mierda el martes 31 a medianoche. Pero el 2024 terminó acaso el 4 de diciembre pasado cuando Luigi Mangione, contra la tradición de sus coterráneos de matar a diestra y siniestra y sin sentido, empuñó un arma con un silenciador hecho en una impresora 3D y disparó tres veces contra el CEO de la aseguradora de Salud más importante de Estados Unidos en el centro de Manhattan. Dejó tres casquillos vacíos que llevaban escritas las tres palbras con que las aseguradoras se atajan de pagar tratamientos de vida o muerte a sus asociados: “demorar, negar, deponer” (delay, deny, depose). Alguien habló en serio. Logró “manifestar el malestar del mundo” en una acción concreta, dice Santucho en el último episodio de “El mundo en Crisis”. “El arma es el mensaje”, dice la abogada Marcela Perelman en ese mismo episodio. Las balas grabadas con las palabras del enemigo, que recibe de vuelta esas pabalabras que también mataban (al negarle o demorarle tratamientos a pacientes que los requerían). También —dice Perelman— en el arma está el mensaje porque fue fabricada en una impresora 3D, cosa que puede leerse en diferentes planos, uno de ellos: esto cualquiera lo puede hacer. Él también es detenido con el arma en un McDonald’s, lo que no puede ser considerado un gesto inocente. El arma impresa en 3D, continúa Perelman, es el puente entre el código virtual —las redes y el cifrado cibernético en el que se movía Mangione– y la materialización de algo que viene del código y se transforma en arma para enviar un mensaje político.

Luigi Mangione es llevado ante un tribunal luego de ajsuticiar a un gerente de una aseguradora de salud.

Ni bien se conoció el ajusticiamiento del CEO de United Healthcare, cuando aún no se sabía la identidad del perpetrador ni el manifiesto que llevaba consigo al momento de su arresto, el enorme Chris Hedges publicó en ScheerPost una notita urgente que coincidió en mucho con ese manifiesto.  “Nada absuelve al asesino de Thompson —escribió Hedges, que además es pastor presbiterano—, pero nada absuelve tampoco a quienes dirigen corporaciones médicas cuyos fines de lucro adoptan un modelo de negocio que destruye y extermina vidas humanas en nombre de la ganancia”. Allí también resumía lo que esas aseguradoras de salud representan para los estadounidenses que en su mayoría volvieron a votar por Donald Trump este maldito año. “En términos morales, a estas corporaciones se les permite legalmente mantener como rehenes a niños enfermos mientras sus padres se arruinan para salvarlos. Es indiscutible que muchas personas mueren, al menos de forma prematura, a causa de estas políticas”, escribe Hedges refiriéndose a las quiebras familiares y económicas, atribuidas en un 40% del total de los estadounidenses al accionar de las aseguradoras como United Healthcare.

El mensaje político de Mangione es también un mensaje catecuménico, cifrado, con “varias capas”, como dijo Marcela Perelman. Un “mensaje” —para usar la vieja terminología instrumental— no-cerrado, que se multiplica no en su repetición —de hecho, al día siguiente volvió a haber un tiroteo masivo, esta vez en una iglesia, cuyo tirador era una chica de 15 años— sino en su generación de sentidos, en la manifestación de un malestar crónico, desahuciado, sin futuro que esta vez encontró a alguien que habló en serio.

A mediados de los 90, cuando ya había caído el Muro y la ya disuelta Unión Soviética recibía un último soplo de humillación con la figura de Boris Yeltsin, el filósofo marxista francés Alain Badiou —insospechado de cristianismo y menos de catolicismo— publicó un breve libro titulado San Pablo. Lo que el francés analiza allí no es la verdad que predica el ex sicario judío Saulo de Tarso —Jesús resucitó y vive en nosotros—, que Badiou no cree; sino el hecho de que haya logrado con su práctica catecuménica —epístolas, reuniones clandestinas, viajes y visitas— una prédica universal. Una prédica que, en el presente de Badiou, se hundía con el socialismo realmente existente de mediados de los 90.

Volver a las catacumbas para ensayar una prédica universal capaz de ofrecer un futuro no es algo que pueda reclamarle a mi generación vencida, pero es algo que sí creo escuchar en las generaciones más recientes, las que aún no se dan por vencidas aunque mastiquen la derrota.