socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

miércoles, 31 de octubre de 2018

la cultura política importada de bolsonaro


En estas líneas Greg Grandin, profesor de Historia en la Universidad de Nueva York y analista del periódico progresista estadounidense The Nation, repasa la historia reciente y los antecedentes históricos que llevaron a Jair Bolsonaro a la presidencia de uno de los principales países del mundo, convirtiéndose en “agente de las tendencias reaccionarias mundiales exportadas de la nueva derecha de Estados Unidos”. Sigan también los enlaces que propone Grandin y respeté en esta traducción, que llevan a sitios y artículos espléndidos.


Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil, quien ganó la segunda ronda de votación del domingo con un asombroso 55 por ciento, es un fascista abierto, un fóbico violento de toda cosa decente. Bolsonaro, un misógino que dijo que preferiría ver a su hijo muerto antes que aceptarlo como homosexual, es un agente de las tendencias más reaccionarias del mundo, alguien que une la manipulación de las redes sociales a través de noticias falsas con las viejos escuadrones de la muerte. La composición del congreso de Brasil también parece ser sombría, y los militares estarán de vuelta; hay una pequeña ruptura previsible en lo que puede hacer. Los mercados están en alza. Los orgullosos muchachos globales están bailando.
Las súpertopadoras hacen rugir sus motores, se arrasarán los límites del territorio: Bolsonaro consiguió parte del voto de los sin tierra prometiéndoles que eliminaría las prohibiciones de colonizar el vasto Amazonas, incluso con cultivos de soja, madera, minería. Y los partidarios del ganado arrasarán en franjas mucho más grandes que cualquier hacha campesina. “Para las empresas canadienses, una presidencia de Bolsonaro podría abrir nuevas oportunidades de inversión”, informó la cadena CBC de Canadá la noche pasada poco después de que se anunciaran los resultados, “ya que se ha comprometido a reducir las regulaciones ambientales en la selva amazónica y privatizar algunas empresas estatales”. “Nuestro Amazonas es como un niño con varicela, cada punto que ve es una reserva indígena”, dijo Bolsonaro, prometiendo eliminar las reservas de tierras para los pueblos nativos.
Jair Bolsonaro se encuentra con sus seguidores al llegar al aeropuerto Salgado Filho para participar de su campaña presidencial en Porto Alegre, Brasil, el 29 de agosto pasado. (Reuters / Diego Vara).

lunes, 22 de octubre de 2018

tiranía o revolución

Enfurecido por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, el destacado autor de esta columna ensaya un perfil de la patología de la élite que hoy gobierna Estados Unidos. Khashoggi entró al consulado saudí en Estambul el 2 de octubre pasado de donde no volvió a salir y sospechan que fue asesinado y desmembrado por los guardias del príncipe saudita Mohammed bin Salman, a quien el periodista había desenmascarado en sus artículos. Pese a que Khashoggi escribía para “The Washington Post”, el mismo Donald Trump prefirió no expedirse sobre el asunto y preservar su amistad con el poderoso príncipe árabe.



A la edad de 10 años me enviaron como becario a un internado para los súper ricos de Massachusetts. Viví entre los estadounidenses más ricos durante los siguientes ocho años. Escuché sus prejuicios y vi su empalagoso sentido del derecho. Insistieron en que eran privilegiados y ricos porque eran más inteligentes y más talentosos. Tenían un desprecio burlón por aquellos que se clasificaban debajo de ellos en estatus material y social, incluso que los meramente ricos. La mayoría de los súper ricos carecían de la capacidad de empatía y compasión. Formaron camarillas de élite que molestaron, intimidaron e insultaron a cualquier inconformista que desafiara o no encajara en su universo autoadulatorio.

Era imposible entablar una amistad con la mayoría de los hijos de los súper ricos. La amistad para ellos se definía por “¿qué hay acá para mí?” Estaban rodeados desde el momento en que salieron del útero por personas que satisfacían sus deseos y necesidades. Eran incapaces de llegar a aquellos que estaban en un apuro, independientemente del pequeño capricho o problema que tenían en ese momento, dominaban su universo y tenían prioridad sobre el sufrimiento de los demás, incluso entre quienes estaban dentro de su propia familia. Sólo sabían cómo tomar. No podían dar. Fueron personas deformes y profundamente infelices en las garras de un narcisismo insaciable.
Es esencial entender las patologías de los súper ricos. Han tomado el poder político total. De estas patologías informan los Brett Kavanaughs, Donald Trump, sus hijos y los multimillonarios que dirigen su administración. Los súper ricos no pueden ver el mundo desde la perspectiva de nadie salvo la suya propia. Las personas que los rodean, incluidas las mujeres sobre las que pesa el derecho de los los hombres, son objetos diseñados para satisfacer deseos momentáneos o pata ser manipuladas. Los súper ricos son casi siempre amorales. Derecha. Incorrecto. Verdad. Mentiras. Justicia. Injusticia. Estos conceptos están más allá de ellos. Lo que les beneficia o les agrada es bueno. Lo que no debe ser destruido.

dos cosas

El tío le dijo a Enriquito:
—Dos cosas. Una, si ves que el único mingitorio libre es el del medio, no lo uses, esperá que se libere alguno del costado. Dos, si el mingitorio del medio está ocupado, no vayas a ninguno de los dos de al lado.
Y Enriquito encaró así su primera salida en la noche del pueblo.

martes, 16 de octubre de 2018

el devenir fascista del neoliberalismo

Alexandre Roig es secretario académico de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Nació en Francia y llegó a la Argentina a principios de diciembre de 2001, con 25 años y un título en Sociología, para estudiar la crisis. Hoy tiene un doctorado de la Escuela de Altos Estudios Sociales de París, es decano del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Unsam (Idaes) entre otros cargos y estudios que dan cuenta de su especialización: la crisis desde un punto de vista sociológico y económico que explora la política y el análisis monetario.
Además de docente e investigador del Conicet, Alex Roig, como prefiere que lo llamen (nacionalizado y radicado en Argentina), tiene publicaciones nacionales e internacionales en el campo de los estudios sobre el desarrollo, en sociología económica del dinero, de la moneda y de las finanzas. Algunos de sus artículos pueden leerse en revista Anfibia.
El sábado pasado Roig fue entrevistado en “El Lobby“, el programa que conduce de 10 a 13 Alejandro Bercovich en RadioConVos.com.ar, por todo el equipo. En esa conversación Roig sostiene que la actual crisis fue autogenerada, a diferencia de la de 2001; señala por qué es tan difícil en este caso articular una oposición y que el devenir de cualquier gobierno neoliberal es el fascismo –una vez que ya no queda nada por prometer. Y, lo más alarmante, el sociólogo apunta que es muy probable que el horizonte de la actual debacle económica sea la dolarización de la Argentina.
—Ahora que volvemos a estar en crisis mucha gente y, sobre todo, muchos jóvenes que no vivieron aquella época, se preguntan sobre las similitudes y diferencias entre esta crisis y la de 2001, ¿cuáles encontrás grosso modo?
—La gran diferencia es que esta crisis es autogenerada, y eso es importante tenerlo claro. ¿Por qué se generan crisis? En general las crisis funcionan para cambiar regímenes de acumulación, para cambiar lógicas dentro de la economía. La de 2001 fue una crisis que fue fruto de contradicciones largas, de tensiones sociales, de un régimen monetario que efectivamente se había agotado. En cambio acá tenemos un gobierno que quiso producir una crisis para poder cambiar las estructuras económicas. La otra gran diferencia, que hace que uno sienta una especie de desasosiego en este momento es que no se termina de estructurar el conflicto social, cosa que en 2001 sí, y estaba muy estructurado el conflicto social porque había un eje, un conflicto que tenía que ver con el desempleo, y estaba muy claro: el movimiento de desempleados, el de piqueteros, la confrontación con el gobierno y la tensión entre neoliberalismo y trabajo. Hoy en día esa conflictividad no está estructurada.
Imagen tomada de Anfibia.

martes, 9 de octubre de 2018

cómo funciona el fascismo

En esta entrevista a Jason Stanley, autor de Cómo funciona el fascismo, se compara las escandalosas similitudes entre las promesas de Hitler y las de Trump y se describe cómo el fascismo destruye la política económica y puede identificárselo cuando las clases dominantes se victimizan en nombre de ideales que pertenecen a un pasado que nunca existió. Una descripción que excede a los Estados Unidos.


En un certero ensayo publicado en el New York Review of Books este mes, Christopher R. Browning, un destacado historiador del Holocausto y el nazismo, describe los paralelos espantosos entre los Estados Unidos y la República de Weimar. “No importa cómo y cuándo termine la presidencia de Trump”, escribe, “el espectro del ‘contraliberalismo’ seguirá acosando a la política estadounidense”.
Jason Stanley estaría de acuerdo. Es profesor de filosofía en la Universidad de Yale y autor de How Fascism Works (“Cómo funciona el fascismo”), donde sostiene que los fracasos de la gobernabilidad democrática han forjado una sociedad que recuerda con escalofríos a la Alemania anterior a la guerra, en la que existía un creciente apetito por el tipo de ultranacionalismo que impulsa Donald Trump. De hecho, el fiscal general Jeff Sessions ha elogiado abiertamente la Ley de Inmigración de 1924, que no solo creó cuotas y prohibiciones para ciertas comunidades de inmigrantes, sino que sirvió de modelo para el “Mein Kampf” de Hitler.
“La idea en el fascismo es destruir la política económica”, dice Stanley. “Los corporativistas están del lado de los políticos que usan tácticas fascistas porque están tratando de desviar la atención de la gente de las fuerzas reales que causan la genuina ansiedad que sienten”.
Ilustración de David Horsey en el LA Times.

Esta ansiedad no es exclusiva ni primordialmente económica. Como Stanley señala con cuidado, las personas de color han sufrido dificultades mucho mayores y, sin embargo, se sienten cada vez más atraídas por el populismo progresivo. En su lugar, afirma, Trump y sus semejantes están canalizando una tensión nociva de patriotismo que crea una nostalgia por un pasado que nunca existió. “Cuando ves que el grupo dominante se hace pasar como si fueran las víctimas de todos los hechos”, observa Stanley, “es cuando la política fascista está tomando control”.
El episodio también concita el fenómeno de las noticias falsas, tanto su construcción como el modo en que se implementa. Stanley sostiene que muchas de nuestras creencias más preciadas se basan en mitologías, con la idea de que estamos esparciendo la democracia por el resto del mundo, quizás la más letal de todas.
“América nunca ha sido grande”, concluye. “Pero la idea de América puede ser grande. Nuestra grandeza es cosa del futuro, no del pasado. El pasado es algo que tratamos de conquistar, y tratamos de forjar nuestra grandeza con ciertos ideales “.

la alegría ya no es brasileña

Antes de que se realizaran las elecciones presidenciales que en Brasil dejaron a Jair Bolsonaro a unos pasos de ganar en primera vuelta, el domingo pasado, el filósofo Vladimir Safatle (quien reside hace décadas en ese país y es autor, entre otros libros, de “La izquierda que no teme decir su nombre”) señalaba que los brasileños vivían una suerte de guerra civil de baja intensidad. “Si pensamos en la situación económica, Brasil nunca sufrió un ajuste neoliberal muy fuerte –les dijo a Diego Sztulwark y Diego Valeriano en una entrevista que puede escucharse en LoboSuelto.com–, por ejemplo, en este país de los cuatro mayores bancos, dos son públicos; de las cuatro mayores empresas, dos son públicas, hay más de cincuenta universidades públicas, tenemos un servicio de salud que es universal y gratuito para 200 millones de personas, y los neoliberales dicen que eso es una aberración, y la única posibilidad de un ajuste neoliberal en Brasil es de una manera violenta”.
Cuando sucedía esa conversación Bolsonaro apenas arañaba el 30 por ciento de intención de votos. Ya entonces Safatle advertía que la posibilidad de que el candidato de ultraderecha llagara al poder anticipaba la militarización de un conflicto que tiene en la mira a los sectores más vulnerables y a los trabajadores. Con los resultados de la primera vuelta de los comicios el panorama no resulta nada alentador. Paulo Guedes, quien será ministro de Economía de Bolsonaro, fue también quien rediseñó la imagen del ex militar y la acomodó para que fuese digerible en los mercados (que festejaron el resultado de la primera vuelta), propone privatizaciones y una timba financiera que Brasil no vio siquiera en sus años de dictadura, entre 1964 y 1985.

domingo, 7 de octubre de 2018

mentira, neoliberalismo y política

Ya dijimos acá que la meta de la teología política es inquirir por la genealogía y legitimidad del poder. En su última entrada en su blog, Adam Kotsko puntualiza algunas de estas cosas. Bajo el título "Mentiras y neoliberalismo" escribe:

"Bajo el neoliberalismo, la mentira se convierte en uno de los rasgos aceptados de la conducción política. La única meta no es otra que instrumentalizar la legitimidad democrática, con el fin de acceder al poder para tomar las decisiones que hagan falta y que las personas comunes nunca pueden entender o de las que nunca pueden ser persuadidas.


"El hecho de que Obama fuera asombrosamente honesto en comparación con todos los presidentes en la memoria reciente contribuyó a su debilidad, porque estaba rodeado de los mentirosos y los tramposos habituales. Pensó que podía hacer que el consenso neoliberal fuera legítimo una vez más, en lugar de una opción sólo por defecto que se sostenía en un repentino “vuelco” y su demonización. Aunque encaja el hecho de que las mentiras que impulsaron a Trump a la presidencia se refiriesen en particular a Obama, así como su impulso hacia la presidencia se realizó de una manera que democráticamente es ilegítima.

"Como otras veces, Trump es la parodia del consenso neoliberal, que nos muestra la verdad de su insolvencia intelectual y política. Y la respuesta de los demócratas neoliberales no es movilizar a la población en protesta, no tomar medidas directas contra una estructura política a todas luces  ilegítima, sino duplicar el elitismo y la tecnocracia al imaginar que de alguna manera el FBI va a salvarnos." 

la peste argentina

Mi esposa me leyó esta tarde este texto que podemos atribuir a Juan Bautista Ritvo, quien lamentablemente lo publicó en la red social de las abuelas. El mismo Ritvo escribió como prólogo al posteo: “Este es el editorial que sacamos en unas semanas en Conjetural”.

La peste argentina

Supongo que en todas las naciones del mundo, en mayor o menor medida, extensiva o intensivamente, el malestar se vuelve peste. ¿Qué quiero decir con esta metáfora que designó en otras épocas una horrorosa realidad?


Imagen tomada de Wikipedia: bombardeo de Plaza de Mayo sobre población civil indefensa, 16 de junio de 1955.

Algo que no es la omnipresente lucha de clases, que sigue siendo omnipresente aunque sus modalidades hayan cambiado notoriamente: la burguesía industrial está dominada por el capital especulativo y el desarrollo tecnológico expulsa cada vez más al trabajador manual mientras las llamadas, a falta de otro vocablo, clases medias, crecen con múltiples pseudódopos al ritmo de un turbio vals.


¿Qué decir de la inmigración del Medio Oriente y del África que ha perturbado, quizá para siempre, el sueño blanco y civilizado de Europa? ¿Qué decir de la expansión del denominado populismo de derecha que reune al pobrerío mentalmente indigente con satisfechos hombres de la intelligentzia?


Me acerco al tema: el término “peste” designa una realidad muy particular: al agrupamiento en ambos lados del frente de lucha –combate sordo y extravagante, pero combate al fin– de gente que no solo conspira contra sus intereses, sino que se pone la soga al cuello sin necesidad de verdugo, mientras practica un odio frenético al prójimo que no es, precisamente, aquel que la explota o oprime.