socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 17 de septiembre de 2018

la recesión que se viene

Tomado de TruthDig


Durante la crisis financiera de 2008, los bancos centrales del mundo, incluida la Reserva Federal, inyectaron trillones de dólares de dinero fabricado en el sistema financiero mundial. Este dinero fabricado ha creado una deuda mundial de $ 325 trillones, más de tres veces el PIB mundial. El dinero fabricado fue acumulado por bancos y corporaciones, prestados por los bancos a tasas de interés predatorias, utilizados para pagar los intereses de la deuda impagable o gastados en la recompra de acciones, proporcionando millones en compensación a las élites. El dinero fabricado no se invirtió en la economía real. Los productos no fueron fabricados y vendidos. Los trabajadores no fueron reintegrados a la clase media con ingresos sostenibles, beneficios y pensiones. Los proyectos de infraestructura no fueron llevados adelante. El dinero fabricado volvió a inflar burbujas financieras colosales construidas sobre la deuda y empapeladas sobre un sistema financiero fatalmente enfermo destinado al colapso.
¿Qué desencadenará el próximo desplome? ¿Los $ 13.2 trillones en deuda insostenible de hipotecas de los hogares estadounidenses? ¿Los $ 1.5 trillones de deuda estudiantil insostenible? ¿Los miles de millones que Wall Street ha invertido en una industria de fracking que gastó 280 milmillones de dólares más de lo que generó en sus operaciones? Quién sabe. Lo que es cierto es que un colapso financiero global, uno que empequeñecerá el colapso de 2008, es inevitable. Y esta vez, con tasas de interés cercanas a cero, las élites no tienen un plan de escape. La estructura financiera se desintegrará. La economía global entrará en una espiral de muerte. La ira de una población traicionada y empobrecida me temo que potenciará aún más a los demagogos derechistas que prometen venganza contra las élites globales, la renovación moral, un renacimiento nativista que anuncia el regreso a una mítica edad de oro, cuando los inmigrantes, las mujeres y las personas de color conocían su lugar, y un fascismo cristianizado.
Viñeta de Joe Sacco en Days of Destruction, Days of Revolt. Tomada de National Post.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

diego sztulwark: pensamiento político

Cuando Mauricio Macri ganó las elecciones en 2015 el historiador Diego Sztulwark (1971) volvió a llamar a Horacio Verbitsky paradecirle que acaso era hora de poner manos a la obra a un libro que recién se conoció hace dos meses: Vida de perro. Balance político de un país intenso, del 55 a Macri, que puede leerse como una biografía política de Verbitsky y, también, como retazos de la historia reciente del país.
Sztulwark, quien investiga, escribe, publica como miembro del Instituto de Investigación y Experimentación Política (IIEP), participa de la editorial Tinta Limón y del blog Lobo Suelto, y se dedica al pensamiento político, acaso lo describe mejor al comienzo de esta conversación que mantuvimos cuando vino a Rosario a presentar aquél libro: “Cuando empezamos con el plan de lo que después fue el libro Vida de perro pensaba que me iba a encontrar con una discusión sobre movimientos populares, historias de las izquierdas, la izquierda en el peronismo y, claro, descubrí lo evidente, que Horacio Verbitsky es un historiador, un periodista, un investigador de la derecha. Su libro Ezeiza es un ejemplo de eso, pero también sus cuatro tomos sobre la historia política de la iglesia que me parece la obra fundamental de Verbitsky: es una historia argentina de Roca a Kirchner contada desde la institución que operó como regulación espiritual del principal partido político del orden de esos años que fue el Partido Militar. Entonces, el pensamiento sobre la derecha en Vida de perro es un pensamiento largo, histórico, denso. Y cuando digo que la derecha está ligada a la derrota me refiero sobre todo a la derrota de las organizaciones políticas revolucionarias en el año 77. Creo que Vida de perro se puede leer así, como una investigación sobre las derechas en Argentina, como un intento de comprender la derrota desde un lugar no complaciente y, al mismo tiempo, me parece que es un libro sobre las desobediencias, sobre la historia de desobediencias que acompañan el siglo XX”.
Imagen tomada de Espacio Memoria Mendoza.

—Lo primero que me surge preguntarte es si todas las presentaciones de Vida de perro tienen ese nivel de convocatoria, a qué lo atribuís y qué te parece que es lo que escucha el público de acuerdo a las preguntas que hacen.
—Bueno, hasta ahora las presentaciones de Vida de perro en Capital Federal, en Santa Fe, en la Universidad de Moreno y la última, en Rosario, fueron todas muy multitudinarias, en algunas incluso quedó gente afuera, como en Rosario. No sé cuantificar cuántas, pero claramente eran salones grandes desbordados. En todo caso, siempre una cantidad de gente mucho mayor a la que me espero. No podría precisar a qué se debe. Puedo suponer, porque es muy obvio, que el motivo central es la presencia de Horacio Verbitsky, creo que hay un reconocimiento a la obra de él que este libro materializa de una manera inesperada, porque no era el motivo principal, y me parece que en este momento no son tantas las figuras reconocidas de tan larga trayectoria que aportan una claridad conceptual y política convocante para una cantidad grande de gente de diferentes generaciones que necesitan pensar este momento y agruparse. Quisiera pensar que el libro tiene un motivo de convocatoria que se agrega a la del propio Verbitsky, quiero decir: el libro donde Verbitsky está conversando con alguien de otra generación y que tiene diferencias políticas con matices en algunos puntos importantes puede ampliar esa convocatoria, ojalá. Imagino que en algunos lugares se sumará el trabajo de los convocantes.
Y siempre es un misterio lo que las personas escuchan. Lo que sí puedo decir es que en las presentaciones las reuniones se cortan porque se termina el tiempo y no porque las personas empiezan a levantarse para irse, es decir, presumo que hay un interés, no un aburrimiento y creo que lo que se está escuchando es el esfuerzo enorme por imaginarse a futuro una imaginación política que no se reduzca a lo que fue el kirchnerismo o lo que fue la izquierda en todos estos años o una tradición específica como fue el autonomismo, sino la necesidad de ampliar las discusiones y acompañarnos un poco más en el período político presente y en el que viene.

miércoles, 29 de agosto de 2018

una idea del mundo

Cruz del Sur


A Sebastián Garavelli, que una noche me instruyó

Desde Rusia, la voz del periodista Alejandro Wall a través de Radio Con Vos en los programas El Lobby o El Círculo Rojo, traía las imágenes de una cotidianeidad en la que reverberaban la historia y las fantasías que de este lado del orbe muchos acariciaron en la vasta sala de la ideología. No sólo los partidos, la intriga de las escuchas, el misterio de silencios llamado Messi, también los relatos y los monumentos, el gran paisaje y los rincones de algo que sucedía tan lejos y tan cerca. La voz de Wall, que hoy puede leerse en el diario Tiempo Argentino o la revista Anfibia, tiene ese don, invitar a cualquiera a ser contemporáneo de algo que aún no se termina de sopesar.
“Su peor día –cuenta en su perfil de revista Anfibia– fue el día en que la síndico Liliana Ripoll dijo, palabras textuales: ‘Ha dejado de existir Racing Club Asociación Civil’”.
En 2011 publicó el libro ¡Academia, carajo! Racing campeón en el país del que se vayan todos y, en 2016, Corbatta. El wing, en el que reconstruye la vida del goleador de Racing que más admiraba su padre.
En esta entrevista dice que prefiere no hablar de generaciones, pero que acaso forma parte de un grupo de periodistas que miran el fútbol con menos nostalgia, lo que le permite contar historias con mayor desprejuicio.
—En ¡Academia, carajo!, donde narrás el desarrollo del campeonato que ganó Racing en 2001 mientras el país se hundía en la crisis, trazaste un panorama descarnado acerca del fútbol como política de estado. ¿Si hoy tuvieras que trazar un panorama en ese sentido, qué aspecto destacarías sobre fútbol y política?
—Creo que siempre está la política. El tema es cómo se maneja, cómo se administra. Tampoco me parece mal la idea de que el fútbol y la política se mezclen. No veo la política en términos negativos. ¿Qué aspecto destacaría hoy? Lo primero que pienso es que de esas figuras de 2001 que estaban en el fútbol, uno de ellos conduce el país, es el presidente y en ese entonces era presidente de Boca, Mauricio Macri. Amigo de Fernando Marín, que había tenido una participación en Socma (la empresa de los Macri) y había sido gerenciador de Racing, y hoy Marín también está en el gobierno, es un funcionario importante en términos de fútbol, es el funcionario que Macri pone ahí. Entonces lo que me impresiona y visto a la distancia es cómo eso termina trasladándose hoy a la administración del país, de estado. Y mirá qué curioso, lo que en general le adjudican al manejo del fútbol es el populismo; los sectores de derecha le adjudican al manejo del fútbol el populismo y hoy el presidente de la Nación llegó desde el fútbol, de haber conducido Boca.
Imagen tomada de Tiempo Argentino.

lunes, 23 de julio de 2018

los depredadores argentinos


La conversación entre Michael Hudson –un distinguido profesor e investigador de Economía en la Universidad de Kansas, Missouri, Estados Unidos, quien hasta principios de los 90 se desempeñó como operador en Wall Street y funcionario del FMI y el Banco Mundial– y Paul Sliker se publicó –con su audio incluido– en el sitio NakedCapitalism*, en el que intelectuales y estudiosos de los sistemas económicos cuestionan los lugares comunes y las ideas más aceptadas de la economía y la política estadounidense. La charla culmina, de hecho, luego de que Sliker pregunta cómo repercute en la economía de Estados Unidos el hecho muy poco publicitado en ese país de que Argentina reciba uno de los más grandes préstamos de la historia del FMI.

Pero más estremecedoras resultan las respuestas de Hudson cuando define al presidente Mauricio Macri como un operador de los bancos de Wall Street en Argentina y describe las catastróficas consecuencias del acuerdo que su gobierno lleva adelante con el FMI (desde la emigración hasta la pobreza y los suicidios). Hudson, quien diseñó bonos a la medida de Argentina en los 90, insiste en el carácter predatorio de las clases dominantes nacionales, sólo interesadas en radicar sus fortunas en dólares fuera del país. Pero advierte: la Argentina macrista es acaso el gran ejemplo a seguir para todos los países que deciden actuar en contra de los trabajadores, lo que incluye, claro, a los Estados Unidos.  

—Paul Sliker: Michael, Argentina acordó recientemente un préstamo de 50 mil millones de dólares del Fondo Monetario Internacional. Es por lejos el más grande en la historia del FMI. Se supone que debe funcionar durante 36 meses. Argentina inició conversaciones con el FMI el mes pasado, después de tres alzas de tasas del Banco Central. A pesar de presionar los costos de endeudamiento por encima del 40%, esto no detuvo la caída del peso, que ahora cayó un 25% frente al dólar estadounidense.
Este acuerdo reflota una oscura historia para la mayoría de los argentinos con respecto al papel del FMI durante su devastadora crisis económica en 2001-2002. El FMI impuso severas medidas de austeridad, como de costumbre, dada su política básica antilaboral, por lo que la decisión de Argentina de regresar al FMI desencadenó enormes protestas nacionales en las últimas semanas.

A pesar de ser el préstamo más grande en la historia del FMI, no escuchamos nada al respecto en los medios de comunicación de EEUU, a no ser por el típico y breve informe en la prensa financiera. No hay un análisis político o económico actualizado de esto, en especial de la izquierda, a la que uno una mayor comprensión del hemisferio Sur, y contrarrestaría la filosofía de ajuste del FMI.

Antes de abordar el multimillonario acuerdo con el FMI, usted es uno de los principales expertos mundiales en préstamos del FMI y el Banco Mundial. Cuando estaba en el departamento de investigación económica del Chase Manhattan Bank, su función se especializaba en balanza de pagos, y su tarea era establecer la capacidad de pago de Argentina, Brasil y Chile. Para dar al lector una comprensión general del contexto histórico que lleva a lo que sucede hoy, ¿puede hacer un poco de historia sobre la última crisis económica argentina a principios de la década de 2000 y el papel del FMI en ese momento?

—Michael Hudson: La razón por la que hay tan poca discusión sobre los problemas de la deuda argentina o de otros países del Tercer Mundo es que casi nadie estudia la balanza de pagos (BDP). No existe un curso en contabilidad de balanza de pagos o incluso en Cuentas Nacionales de Ingresos y Productos (NIPA) en ninguna universidad de EEUU. Los propagandistas de la Escuela de Chicago siguen afirmando que si la moneda de un país se está depreciando, debe ser porque sus precios están subiendo. Pero eso es poner al revés la línea de la causalidad. Para los países deudores, como Argentina u otros de América Latina, la balanza de pagos tiene poco que ver con los precios internos, los salarios o el costo de producción. La balanza de pagos, y por lo tanto, la tasa de cambio, sucumbe por el servicio de la deuda.

jueves, 19 de julio de 2018

sharp objects

El artículo se publicó en el diario bostoniano The Atlantic, con el título: “Una podredumbre retorcida y hechizante”


Lo más inquietante de ver Sharp Objects sucede cuando comenzamos a advertir todas las cosas que no deberían estar allí. Puede ser una niña pequeña vestida de blanco, sentada en un sofá que estaba vacío hace unos segundos, o una araña que cuelga sobre la cama con un dosel de gasa en una habitación color púrpura brillante. Pero sobre todo son las palabras, talladas en grandes letras mayúsculas, como si emergieran a la superficie. DIRTY (sucio), escrito sobre el polvo del capó trasero del auto. BAD (malo), tallado en la superficie de un escritorio de madera. CURLS (rulos), en el tronco de un árbol añoso. HARMFUL (dañino), en el interior de la puerta de un Jeep que sólo vemos por un segundo. VANISH (desaparecer), en el blanco sarpullido de una cicatriz sobre la piel humana.

Como Big Little Lies (2017), los ocho episodios de Sharp Objects están dirigidos por el cineasta canadiense Jean-Marc Vallée y adaptados de la primera novela de Gillian Flynn, la autora de Gone Girl. Pero si Big Little Lies era un melodrama resbaladizo que cobraba vuelo por las excelentes actuaciones y la extraordinaria mirada de Vallée, Sharp Objects es gótico sureño del siglo XXI: explora el sombrío legado y la realidad a menudo escuálida de los pueblos pequeños de América. En las manos de su showrunner, Marti Noxon, y Flynn, quien escribió varios episodios, la serie se narra con una impronta literaria. Contiene tantos detalles grotescos y fascinantes –niños con pistolas, pisos con colmillos de elefante, un detective que carga una cabeza de cerdo en una bolsa de papel– que casi nos olvidamos del misterio central: alguien en la ciudad ficticia de Wind Gap, Missouri, está matando adolescentes y extrae con pinzas los dientes de sus cadáveres.

miércoles, 18 de julio de 2018

un provocador

En los tempranos 80 Juan Bautista Ritvo daba clases de “Teoría de la lectura” en la Facultad de Humanidades y Artes, unas clases colmadas en el primer piso del edificio de Entre Ríos al 700 en las que desplegaba su conocimiento sobre la retórica aristotélica y proyectaba “sombras múltiples” –según la fórmula borgeana– sobre el conocimiento contemporáneo. Psicoanalista, escritor, filósofo y polemista, Ritvo (Santa Fe, 1940, radicado hace largas décadas en Rosario) no se priva de intervenir en el espacio público. Sus interacciones más recientes en ese sentido llevaron a un discreto escándalo en Facebook, donde suele postear opiniones y lecturas, en el que militantes feministas se enfurecieron por sus posturas e incluso llegaron a proponer hace ya un año que se lo escrachara y se lo expulsara de la Facultad de Psicología, donde trabajó toda la vida y hoy da cursos de posgrado. Esta conversación con el maestro también aborda esas cuestiones.
—¿Por qué Facebook?
—Tengo una visión muy crítica de las redes sociales. En determinado momento decidí empezar a escribir porque había un público con el que tenía intercambios y, la verdad, me entretuve. Pero no todo lo que me interesa escribir lo pongo ahí. Sobre todo trato de hacer interacciones más bien cortas, a nivel político algunas y otras sobre estas cuestiones de la femineidad, pero creo que tiene límites muy estrechos.
—Vos mismo señalaste esos límites de lo que se escribe en redes sociales cuando te referiste a “efectos que nunca produce la lectura”.
—Seguro, además siempre es de lectura rápida, chisporrotera y chismosa, y a veces tiene efectos profundamente negativos, pero me sentí tentado simplemente por la provocación, porque incluso alguna gente ha salido a contestarme con los pies de punta, es un efecto buscado, aunque nunca les contesté.
—Incluso hubo un llamado de grupos feministas a hacerte un escrache.
—Sí es curioso porque todas las cosas de las que me acusaron eran frases aisladas sacadas de contexto, y creo que muchos de los que armaron el lío no tienen idea de lo que yo había dicho, fue más bien el rumor acerca de lo que había escrito. Además, saqué un libro que se llama “El silencio femenino”, ahí son muy claras mis posiciones y no tiene nada que ver con un ataque a la feminidad.
—Sin embargo tenés una posición muy crítica con respecto a la cuestión “queer”, nacida al calor del neoliberalismo.
—Sí, ahí sí; con respecto a la cuestión “queer” no dije demasiado, pero tiene que ver con una especie de confusión con respecto a esto de que “mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiero”, una especie de anarquismo sexual francamente estúpido: nadie elige su posición sexual, uno elige muchas cosas pero no su posición sexual.
Fotografía tomada de la red social de Zuckerberg.

—¿Por qué no se elige?
—Por el determinismo psíquico, porque son las fantasías originarias en cada uno lo que te va determinando tu posición sexual y eso se termina de definir en la pubertad, es una cadena de determinismo que nos son ajenas. Por supuesto que a partir de cierto momento uno puede elegir muchas cosas esenciales para la vida, pero si hay que no se elige es la posición sexual. Lo que yo repudio es esa especie de masa adolescente de clase media de acoso, en los límites de la imbecilidad; la crítica mía fundamental ha caído sobre esto.

cafetín

Mi amigo Juan Pablo estuvo hasta hace dos semanas en Rosario. Con uno de sus alumnos, Nick, un muchacho de Iowa que estaba por primera vez en Argentina, fuimos a La Piamontesa a cenar, establecimos una relación y, producto de la charla, le envié más tarde enlaces con canciones de autores sobre los que habíamos hablado, desde Zitarrosa a Edmundo Rivero.
Entre esos tangos cantados por Rivero estaba "Cafetín de Buenos Aires", del que hallé una traducción en la web que me pareció de algún modo acertada. Allí el "cafetín" (not excatly a caffé, como le había dicho) deviene "tavern" (taberna), porque acaso no existió ni existe en los Estados Unidos o el mundo del Norte algo que se parezca a los cafetines que conocimos hasta los tempranos en 80 en el Río de la Plata.

Me escribe Juan Pablo: "Tavern por cafetín no es del todo afortunado. Un cafetín es (al menos así me lo imagino), un lugar solar, desde donde podés ver el mundo pasar. Una taberna es un lugar crepuscular, donde los que toman se sientan mirando a la barra –y al espejo de la barra– porque es un lugar más bien introspectivo –o de olvido. Dicho esto, no tengo ni idea cómo lo hubiese traducido yo, porque acá no hay algo como un cafetín, de modo que, desafortunado y todo, creo que taberna es casi lo único. Ambos son lugares masculinos, y en el mejor de los casos conversacionales, de modo que eso sí es acertado."
En la traducción, le digo, sopesé la densidad de esa letra. Volví a escuchar tangos con mi hijo los domingos a la noche, cuando íbamos a buscar a su hermana al hospital donde trabaja, cuando terminaba su turno y era muy tarde para que se tomara un colectivo. Me pareció que la actividad ameritaba que le inculcara esa fantasmagoría de un mundo desaparecido. Siempre Rivero (mi hijo –10 años entonces–, con disimulada preocupación llegó a preguntarme si Rivero había muerto: me conmovió la idea de que pensara que todo el tango cabía en Rivero, exactamente como me pasa a mí).
Cuando leí el comentario de Juan Pablo confundí lo solar y lo crepuscular con lo diurno y nocturno. Cuando su observación señala otra cosa y es exacta sobre todo por lo que el tango anuncia (no sólo esa letra: el tango en general): la desaparición de un mundo –y ese anuncio se hace al mismo tiempo que ese mundo desaparece: la Buenos Aires de los 30, el campo que cede a la urbe, la infamia, y así–; por lo tanto, el cafetín es un lugar solar en el sentido en que debe dar lugar a la visión de ese mundo que se esfuma y, a la vez, es un lugar crepuscular, porque es siempre un mundo evocado
La evocación de un mundo con la que se evoca también eso que el narrador del tango no llegó a ser. El tango es ontológico.

miércoles, 4 de julio de 2018

las noticias falsas desmantelan el diálogo público

por Andrea Capocci en Il Manifestó

Walter Quattrociocchi, 38 años, supervisa el laboratorio de Ciencia de Datos y Complejidad en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia. Sus trabajos de investigación se citan en revistas especializadas, medios internacionales (The New York Times, The Guardian y otros), pero también en documentos importantes, como el Informe Global de Riesgos del Foro Económico Mundial de Davos. Cuando Laura Boldrini, presidenta de cámara del gobierno italiano anterior, creó un grupo de trabajo para combatir las noticias falsas en 2017, encabezó el panel de expertos.

Recientemente, Quattrociocchi publicó un libro, Liberi di crederci: Informazione, Internet e post-verita ("Libre de creer: información, Internet y post-verdad"), escrito junto con la periodista Antonella Vicini. El libro se basa en el trabajo del grupo interdisciplinario de investigadores dirigido por Quattrociocchi, compuesto por científicos informáticos, físicos y neurocientíficos. El ensayo aparece en un momento decisivo, ya que el debate político italiano parece monopolizado por los tweets del ministro del Interior, Matteo Salvini. Las noticias falsas en línea sobre inmigrantes, vacunas y la supuesta falsedad del alunizaje han existido antes de Salvini, pero si los ministros y subsecretarios difunden estas mentiras, entonces existe un mayor potencial de peligro.

Pero Quattrociocchi dice que luchar contra noticias falsas con reconstrucciones documentadas y pacientes es un esfuerzo inútil. "El teórico de la conspiración no interactúa con aquellos que desmantelan noticias falsas", nos dijo recientemente. "En un estudio de 2015 de 54 millones de usuarios de Facebook, demostramos que solo uno de cada 12 usuarios interactúa con quienes los contradicen. Aquellos que se adhieren a una teoría de la conspiración entran en una zona de confort donde "nadie contradice mis ideas". En ese punto, cualquier intento de negar las noticias falsas conduce a posiciones polarizadas, radicalizándolas".

—¿Cuál es la forma correcta de combatir la difusión de noticias falsas, entonces?

—El 91 por ciento de los temas que polarizan las discusiones de los medios también son temas de noticias falsas. Por lo tanto, desmantelar noticias falsas no es una tarea fácil y nadie sabe exactamente cuál método es el mejor. Debemos ser capaces de superar el llamado “confirmación de parcialidad”, que es la tendencia natural a creer en la información que confirma nuestras opiniones. Quizás la clave está en mostrar empatía con el interlocutor, ya sea que sea el lector de un periódico o el usuario de una red social.


lunes, 2 de julio de 2018

gótico argentino

El viernes 15 de junio pasado Mariana Enríquez estuvo en Oliva Libros (el enlace lleva a la filmación registrada en una red social), donde la entrevistó y la presentó Juan Pablo Dabove con el texto que se reproduce a continuación.

Mariana Enríquez y el gótico argentino contemporáneo


Mariana Enríquez es quizás la figura más importante de lo que podríamos denominar el gótico argentino contemporáneo. Para limitarnos a la literatura, podemos mencionar a Luciano Lamberti, a Diego Muzzio, a Samanta Schweblin (en Distancia de rescate y algunos de sus cuentos), a Patricia Ratto (en Trasfondo y, otra vez en algunos de sus cuentos), a Celso Lunghi, Mariano Quiroz (y el gótico nordestino –variante o ampliación del “gótico mesopotámico” del cual habló Mariana en algún momento, a propósito de su cuento “Tela de araña”– en el que podríamos incluir a Carlos Busqued, y a Miguel Prenz), a Tomás Downey, a Federico Falco quizás. Estos, entre muchos otros. Por ejemplo, podríamos pensar en los contribuyentes a la antología de Patricio Chaija Osario Común, y en general, a los autores del catálogo de Muerde Muertos, una entre varias editoriales que se dedica a publicar en el género. Desde luego, el gótico argentino no es un fenómeno aislado: es parte del ascenso del gótico en América Latina, en particular en México, Brasil y Colombia y desde luego, en el mundo donde las ansiedades de nuestra época (en particular, ansiedades con respecto al fin de lo humano como lo conocemos) se enuncian en el lenguaje del gótico, en la ficción y fuera de ella: apocalipsis zombies y de los otros, distopías, colapsos ambientales, epidemias, vastas conspiraciones secretas.  

lunes, 11 de junio de 2018

nada más político que la comida

Fueron mis amigos de Hoja de ruta los que me introdujeron en Anthony Bourdain, de hecho, en un asado insuperable el miércoles último, dos días antes de que Bourdain se matara en Francia, habíamos estado hablando de él y, con el diario del viernes, alguien puso en el grupo de WhatsApp: “Lo mufé”. Federico Fritschi recordó en el programa del viernes que muchas veces la puerta de entrada a un país, para Bourdain, eran los músicos y que en Argentina comió con algunos de los integrantes de Los Pericos un choripán, entre otras cosas. Coki Debernardi recordó la foto que se sacó en Chile, cuando lo cruzó en un Aeropuerto.
Coki con Bourdain en el aeropuerto de Chile. Imagen tomada de Twitter.

“Anthony Bourdain demandaba que tuviésemos en cuenta la humanidad de todos aquellos que los medios nunca retrataron”, subtitula esta nota que traducimos acá el periodista del diario estadounidense de izquierda The Nation John Nichols.




Anthony Bourdain llevó Parts Unknown (“Piezas desconocidas”, su serie de CNN premiada con un Emmy) a lugares donde la mayoría de los medios no llegan. Aparentemente nos contaba historias sobre cómo se preparan y consumen alimentos. Pero Bourdain estaba realmente fascinado y comprometido con diversas culturas y con la experiencia humana que reflejan. Se involucró profesional, personal y políticamente.

Dijo que no era un narrador, ni un periodista. Pero Bourdain era a menudo un comentarista sobre geopolítica más lúcido que los políticos y los expertos que intrigan para estrechar la comprensión de nuestra humanidad compartida.
 Bourdain en Gaza. Imagen tomada de Gaza Mom.

El chef y el autor, que murió a los 61 años, intentó expandir ese entendimiento. Y lo hizo viajando a zonas de conflicto e invitando a los espectadores a ir con él a los mercados, las cocinas y las mesas de familias cuya bondad y decencia rara vez se reflejaba en la cobertura de los medios de países que mantienen desacuerdos entre ellos mismos, con sus vecinos y con los Estados Unidos. Hizo esto en Kurdistán, Congo, Libia, Myanmar y, lo que cobró fama mundial, en Irán. Pero fue su visita a Gaza, Cisjordania y Jerusalén en 2013 lo que puso sobre la mesa la evaluación más poderosa de los desafíos y las posibilidades del trabajo que hizo.

miércoles, 6 de junio de 2018

nación o colaboracionismo

Conversación con Ana Virginia Persello: las divisiones dentro del radicalismo. 

Antes de comenzar la entrevista, Ana Virginia Persello aclara que no va a hablar del presente. Concedido. Persello es acaso la más exhaustiva de las historiadoras del radicalismo, autora de El partido radical (Siglo XXI, 2004) e Historia del radicalismo (Edhasa, 2007), entre otros. Graduada en la Universidad Nacional de Rosario –donde es profesora de Historia Argentina del siglo XX–, se doctoró en la Universidad de Buenos Aires.

“Antiperonista y gorila son dos cosas distintas. El gorila es un antiperonista exacerbado, que en el 55 decía que había que borrar al peronismo de la faz de la tierra, que era el cáncer que había que erradicar. Pero hay otro antiperonismo que es no gorila, es opositor, pero no entiende que el peronismo tiene que ser borrado, sino que lo acepta como identidad política mayoritaria. Después del golpe del 55 el sector vinculado a Ricardo Balbín es antiperonista duro, ‘gorila’; el ligado a Arturo Frondizi dice que el peronismo es una realidad con la que debemos convivir, hay que liberarse de Perón, “el demagogo”, pero hay que recuperar e integrar a las masas a la arena política”, dice en un momento de la charla.

Definir el radicalismo a partir de sus conocimientos es, de parte de esta redacción, desentrañar la trama histórica que llevó a gran parte de los radicales a acompañar el proyecto conservador de Propuesta Republicana (PRO) dentro de Cambiemos. Las claves están en el recorrido que Persello señala aquí desde los orígenes hasta el último liderazgo, el de Raúl Alfonsín.

—¿Hay una definición de qué es el radicalismo, a partir de sus orígenes, su identidad?

—Tu pregunta es si se puede hablar de un radicalismo o hay que hablar de partes. Ambas cosas. Desde sus orígenes hay una identidad y una organización, lo que te define a un actor colectivo. Además de ser un partido es portador de determinada doctrina. Ningún partido político es unívoco, todos los actores colectivos tienen internamente divisiones, fracturas, cismas, líneas internas: partidos políticos, fuerzas armadas, corporaciones, en general. A lo largo de la historia del radicalismo lo que vas viendo son divisiones internas, cismas, pero eso no impide que lo podamos pensar como una identidad y una organización. Surge como un partido, como una máquina electoral, como una religión cívica atravesada por líneas internas. La historiografía que los propios radicales concibieron una línea conservadora y una más popular, cuando se habla de Hipólito Yrigoyen y de Marcelo T. de Alvear, de un radicalismo rojo y uno azul, o de uno más popular y uno conservador, habla de líneas internas al interior del partido, ahora, todos se asumen como radicales.

lunes, 4 de junio de 2018

una medida de seguridad


Escribí este cuento a fines de los 90, "fascinado" con la experiencia de mi primera paternidad. Mi amigo JPD lo usa en clases sobre literatura de horror. Al releerlo, luego de que me pidiera algo para publicar El Corán y el Termotanque, encuentro, como JPD me lo ha señalado, que cumple a rajatabla con las premisas de la narrativa de horror, desde lo familiar que se vuelve siniestro hasta lo que podríamos llamar el "desmoronamiento ontológico", ese momento en el que un personaje siente que se desmorona todo lo que construyó, desde su identidad hasta su propia cotidianidad. En fin. Este es el cuento. Gracias a Juan Campos de El Corán y el Termotanque.

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La primera vez que Marcelo Subirats sintió que algo lo separaba de su hijo, éste se resistía a salir de la panza de su madre.

Entonces, Subirats no pensó que le vedaban el contacto con la criatura. Hasta ese momento el hijo era poco más que una idea, un ideal dibujado en el vientre redondo de Rita, su esposa. Había pasado casi toda la noche en el sanatorio, junto a la cama donde su mujer hacía el pre parto. Pero no hubo suficiente dilatación. Eran pasadas las siete de la mañana cuando el obstetra entró con una enfermera, revisó la panza de la mujer con los electrodos de un aparato y le dijo a él que permaneciera en sala de espera. Iban a cesárea.

Emilio nació sin otras complicaciones que las de su madre al dar a luz y a Marcelo Subirats nunca se le ocurrió que esto tuviese un significado particular, hasta que el bebé tuvo siete meses. Entonces los hechos le dieron al episodio la dimensión del indicio, de una señal.

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viernes, 1 de junio de 2018

"la perra rolinga y la mujer que ladra"

Nunca será suficiente mi agradecimiento a Beatriz por este tipo de crónicas.

Beatriz Vignoli en Rosario 12

Tiene fama de puntual y la confirma. A las 20:00 en punto hora argentina comenzó ayer la narradora y cronista Hebe Uhart su diálogo con Pablo Makovsky, en el tercer día de la Feria del Libro de Rosario, en el auditorio del tercer piso del Centro Cultural Fontanarrosa.
Al comienzo de las preguntas del público, Uhart mencionará a Washoe. La chimpancé Washoe fue el primer ser vivo no humano en aprender a comunicarse mediante la lengua de signos americana. Primos hermanos es un libro donde Roger Fouts narra aquel experimento. Hebe Uhart (Moreno, 1936) recuerda todavía el lugar de Buenos Aires donde lo compró: "Hace muchos años, en Lavalle casi Carlos Pellegrini".
A las ocho en punto, el entrevistador lee un dictamen citado en la contratapa de Animales (2017), su más reciente libro de crónicas. La lista de firmantes, por decirlo con una palabra que a ella le resulta desagradable, lo "amerita". Allí César Aira, Martín Kohan, y otros miembros del jurado que le otorgó el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas 2017, dicen: "Hebe Uhart se ha definido como una persona que mira, y cuando dice 'mira' quiere decir 'escucha'. Quiere decir que los relatos de la veintena de libros publicados desde 1962 hasta la fecha siguen una línea que no se guía por el impacto de los acontecimientos, sino por el deseo de captar el detalle".

lunes, 28 de mayo de 2018

la lengua austral

Conversábamos por el chat de wasap sobre posibles nombres para un sitio y surgió como chiste los nombres espantosos con los que se aludía a la marihuana y sus utensilios en los 80 –expresiones que me suenan aún obscenas, como "tuca", "tuquera", "fumo" o "macoña", que era el término en cuestión.
Entonces alguien pone en el chat: "Y claro, en esa época se pagaba con un billete llamado 'austral'. Cualquier nombre era válido."

"un disciplinamiento de orden superior"

Julia Strada nació en Rosario, donde se recibió en la facultad de Ciencia Política, es magíster en Economía en Flacso e investigadora del Conicet, “y casi Doctora en Desarrollo Económico”, dice en su microbiografía en Twitter, donde agrega: “feminista”.
Strada integra el Centro de Economía Política Argentina (Cepa) y el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels), además de ser la columnista económica de “El diario”, que se emite de lunes a viernes a la tarde en C5N. Es, además, hija de uno de los dirigentes sindicales y políticos de izquierda más respetados de la ciudad, Aldo Strada, quien militó desde los años 70 en el Peronismo de Base y fue legislador entre 2003 y 2007, y falleció en enero del año pasado.
En esta conversación Julia Strada destaca la importancia de la política frente a la economía y reafirma que este gobierno va por los sindicatos y por la industria como territorio de sindicalización.
Imagen tomada de Twitter

—¿Notás que hay algo así como un “paradigma económico” que pretende explicar e interpretar una realidad que es ante todo política?
—La ortodoxia económica entiende que la economía es una ciencia y a partir de ese enfoque entiende que la economía puede hacer un diagnóstico científico acerca de la causa de los problemas y en virtud de eso intervenir en la realidad con medidas económicas precisas. Al mismo, tiempo, al suponer que la Economía, piensan que puede predecir lo que va a pasar, por eso son tan fanáticos de las proyecciones acerca del crecimiento, las inversiones. La ortodoxia entiende que la inflación es un problema monetario y que en el marco de eso la ecuación correcta para reducir la inflación es absorber pesos y quitar liquidez del mercado y entienden que no habría otra manera científica para resolver la inflación. Después, claro, uno se estrella contra la realidad de la economía argentina y su funcionamiento particular que no coincide con los preceptos de la economía ortodoxa como se la enseña en las universidades: gran parte de estos economistas son egresados de universidades norteamericanas o extranjeras y vienen a Argentina, se insertan en la gestión pública y se dan cuenta de que nada de lo que aprendieron termina siendo aplicable.

jueves, 10 de mayo de 2018

las placas tectónicas de la economía

A diez años del derrumbe financiero de 2008, una destacada economista británica sostiene que el “paradigma neoclásico” –los neoliberales– es incapaz de predecir o entender la crisis y compara su nivel de improvisación con el que tenían los geólogos antes de descubrir el sistema de placas geológicas.



Hace diez años, el juicio y la competencia de la profesión económica fueron cortésmente cuestionados por la Reina de Inglaterra y, a partir de entonces, fueron atacados ferozmente por la sociedad civil y los economistas “heterodoxos”. A través de todo esto, la profesión se ha mantenido al margen, tanto del debate acalorado como de gran parte de la crisis misma.
Pero ya no. Durante la mayor parte de estos diez años, la profesión ha tratado a sus críticos con cierto desdén. Ahora están devolviendo el golpe. Los economistas del “establishment” –esos que disfrutan de la banca universitaria, tienen cátedras en las mejores universidades, obtienen grandes becas de investigación, se publican en prestigiosas revistas, tienen trabajos en la City, el Bank of England o en la prensa financiera– se han vuelto más activos en defensa de la profesión. Fue la última provocación la que los sacó al llano. En un artículo de la revista Prospect, el economista Howard Reed apuntó con firmeza al “núcleo teórico de la teoría económica moderna: el llamado paradigma neoclásico”.

“Cuando la gran caída golpeó hace una década”, escribió, “el público se dio cuenta de que la profesión económica no tenía ni idea”.
Hay una necesidad de una nueva economía, escribió, e hizo un llamado a los profesionales para desmantelar lo que muchos definen como ortodoxia económica y comenzar de nuevo. La columna vertebral de la ortodoxia, el paradigma neoclásico, escribió Reed: “Comienza con la presunción de que la empresa o el individuo es la mejor unidad de análisis para dar sentido a un mundo complejo. Este atomismo debería ser cuestionado: los climatólogos, después de todo, no dan sentido al clima al pensar en moléculas individuales en el aire.
“El neoclasicismo asume, además, que las empresas están dispuestas a obtener todo lo que pueden de ganancias, y las personas están dispuestas a obtener todo lo que pueden de ‘utilidad’ o bienestar. Esto no suena como se comporta en general la gente real o muchas compañías.

el paradigma perdido

para La Capital

La serie Lost, aquella que sedujo a una gigantesca audiencia por su relato –por sus formas, antes que por una trama que en la temporada cuatro ya resultaba inentendible–, fue convirtiéndose en una suerte de paradigma, de modelo no sólo de desarrollo de la trama, la intriga y los personajes, sino de la percepción misma de la realidad que nos enseña la ficción (para el lector curioso, eso se llama “diégesis”). El 23 de mayo próximo se cumplirán 8 años de la emisión del último episodio de Lost.
Dos series en curso hoy en día –de otras tantas que podrían citarse– abrevan en el paradigma Lost: un fin de mundo (la caída del avión en la isla es el fin del mundo que esos pasajeros habían conocido, quienes deben construir uno nuevo en un ambiente hostil y desconocido que ya trae una historia), el grado cero de una comunidad y el anhelo de salvación (este último término puede leerse con todos sus ecos religiosos). Lost también desplegó a su modo las utopías del mundo pasado: los hippies tecnologizados de la Iniciativa Dharma, la paranoia conspirativa de los Otros, el poder especulativo de los de afuera, la guerra y, sobre todo, la guerra entre hermanos con nombres bíblicos (Jacob y Esaú). Como si la serie recorriera las posibilidades de las “formas de vida” de la historia.
Una es The 100, cuya quinta temporada lleva ya tres episodios emitidos. Producida por la cadena estadounidense The CW, que confirmó hace cinco días una sexta tanda en 2019, en España se distribuye a través de SyFy; hoy sus cuatro primeras temporadas están disponibles en Netflix. Si bien no se anunció dónde se emitirá la quinta en Argentina, en caso de que alguien quiera verla vía un canal tradicional, en internet abundan sitios seguros para descargar los episodios o verla online.
La otra, Colony, fue craneada por uno de los creadores de Lost, Carlton Cuse, y protagonizada por Josh Holloway (Sawyer en la isla perdida): la tercera temporada comenzó a emitirse hace dos semanas y las dos primeras, que cuentan entre sus directores y productores al otrora desvelado realizador argentino Juan José Campanella, también están subidas a Netflix.

Un género analógico


La ciencia ficción presente en las dos series es de un modelo analógico: una hecatombe nuclear en The 100 dejó varados a los sobrevivientes de la humanidad en una estación espacial y, luego de 97 años, deciden purgar a 100 jóvenes enviándolos a la superficie terrestre, a la que aún creen contaminada y devastada. Una vez aquí abajo, mientras sus padres los observan desde el cielo –sí, sí, tampoco es gratuita la metáfora religiosa– los muchachos se encuentran con que la Tierra no estaba vacía.

jueves, 3 de mayo de 2018

la letra chica de la realidad

En 1976 Jorge Murillo se convirtió en funcionario del Banco Mundial (BM). Había trabajado en una asesoría para el ministerio de Economía de Santa Fe, que entonces gobernaba Carlos Sylvestre Begnis, en la que impulsaba el desarrollo de parques industriales. Lo cuenta así: “Había hecho un proyecto para la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario, que le presentaron entonces al gobernador (Carlos) Sylvestre Begnis (1973-1976) para hacer un parque industrial en Alvear. Y el gobernador, cuya filosofía política era el desarrollismo, se mostró muy interesado, pero después surgió que no podía ayudar a Rosario si a su vez no ayudaba a Santa Fe, Reconquista, Rafaela y Venado Tuerto, que eran los cinco polos industriales de la provincia. Después de eso me designaron asesor de la gobernación sobre parques industriales, porque había que conseguir financiamiento. Y comencé a viajar por América latina, México y Estados Unidos, para ver las experiencias y la figura de tipo administrativo que se necesitaban para llevar a cabo esos proyectos. Eso terminó con un curso para complejos industriales en Washington. Al final del curso volví, hicimos el proyecto de inversión con un equipo de acuerdo a la guía del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo presentamos y fue avanzando hasta que llegó al directorio. Yo estaba ese día en Washington, el embajador era Alejandro Orfila y el ministro de Economía, que estaba en ese momento en Washington por los préstamos, era (Alfredo) Gómez Morales. Y una de las carpetas que estaba por ser tratada en esa reunión era la de los parques industriales de Santa Fe. Ya estaba en un extremo de la mesa y en un momento veo que Gómez Morales retira la carpeta nuestra sigilosamente y se la entrega a un ayudante para que la guarde en su portafolios. ¿Qué había sucedido? Mientras se desarrollaba esa reunión en Washington, en los télex (en esa época no había internet) del BM salía que el vicegobernador de Santa Fe, Félix Cuello, estaba pidiendo la intervención a la provincia. Con semejante descalabro institucional Gómez Morales no consideró prudente presentar el proyecto. Era fines del año 1975. En el 76 viene el golpe militar y entonces el ministro de Economía pasó a ser Alfredo Martínez de Hoz y todo lo que eran proyectos industriales los eliminó y los cambió por proyectos agrícolas. Y me fui a mi casa. Me retiré del gobierno de la provincia. Y a los quince días recibo un llamado de Washington del BM. Quien era representante del banco para proyectos argentinos, un señor alemán, me preguntó si no estaba más en el ministerio de Economía de Santa Fe. Le dije que no y le conté lo del golpe militar. Me preguntó si entonces no tenía compromisos con el gobierno de la provincia. ‘Ninguno’, le dije. Y me preguntó si estaba disponible para trabajar para el BM. Me quedé paralizado. Y le contesté que tendría que pensarlo un poco. Y me dijo: ‘¿Cuánto tiempo necesita para decidirlo?’ Y le contesté: “Como dos minutos”. Y él se largó una gran carcajada. A los 15 días viajé en la empresa Braniff a Estados Unidos y firmé mi primer contrato con el BM que iba a ser por dos años y terminó siendo por diecinueve años y cinco meses”.
Murillo, más conocido como el Dr Murillo en el programa de radio El ruido de las nueces (lunes a jueves de 19 a 20.30 en FM 107.5, conducido por Francisco Bessone), donde es columnista, es desde entonces un lector de “la letra chica” de lo que podríamos llamar “contrato de realidad”: el teatro que despliega el discurso del poder. Conocedor de las negociaciones y las finanzas internacionales, cuando Murillo observa el juego que el gobierno de Cambiemos hace público se detiene en la deuda, ese inmenso fuera de campo donde aún duerme la cíclica crisis argentina.
A través de su trabajo en el BM, Murillo –quien se recibió de arquitecto en el UNR y, en EEUU, hizo tres extensos cursos sobre "Project Investment", recorrió una siete u ocho veces América latina y dos o tres veces el mundo. 


viernes, 13 de abril de 2018

libertad


Bajo el título “La libertad no es gratis” (“Freedom isn’t free”), Adam Kotsko publicó este jueves en su blog:

“Una recomendación: cada vez que alguien use el término «libertad» de un modo que parezca hipócrita, intentemos sustituirla por «privilegios tradicionales» (y, cuando use «libre», por «tradicionalmente privilegiado»). El verdadero significado aparecerá a menudo en su lugar.

“Un gran ejemplo es el debate sobre la «libertad de expresión», cuando nos sorprendemos al descubrir que los reaccionarios usan el término de modo oportuno a favor suyo, sin que les importe los derechos de libertad de expresión de los activistas pro-palestinos, comunistas, etc., simplemente hagamos el cambio designándolo como «expresión de privilegios tradicionales» y voilà, ¡todo se vuelve transparente!”

martes, 10 de abril de 2018

alien

Durante casi veinte años se dedicó a viajar. Para los que lo tratábamos de cerca, en el trabajo, en reuniones de amigos, su charla fue siempre la del colega cercano, el compañero con el que se intercambiaban comentarios y opiniones que iban desde libros hasta coberturas periodísticas cercanas. Pablo Bilsky nunca necesitó hablar de sus viajes para transmitir conocimientos ni experiencia. Allá estaban, los viajes, así como se tiene una biblioteca o una colección de discos, se tiene un pasaporte lleno de sellos.
Hace tres años, cuando publicó su primer libro, Herodes, que transcurre en una Rosario onírica, asolada por una guerra que trae los fantasmas de la historia reciente y lejana, era obvio para sus lectores que la principal operación de la literatura de Bilsky era el lenguaje o, mejor, ese extrañamiento que se produce cuando se fuerzan las palabras, cuando las palabras son expelidas por un paisaje que se volvió ajeno. “Crónicas”, ese libro de hace tres años se presentaba como crónicas: a falta de un género para esa experiencia orgiástica de lenguaje y extranjería, en la que un linyera que se travestía aparecía muerto en Granadero Baigorria y los vecinos le atribuían haber combatido en Malvinas, Herodes se presentaba como una crónica. Y lo era, una crónica de la sinrazón histórica.
En China (Baltasara Editora, Rosario, 2018), que se presenta este jueves a las 19 en Facultad Libre Rosario (9 de Julio 1122), Bilsky ensaya también unas crónicas, la de sus viajes por varios continentes, de La Habana a Nueva York, de Liverpool a Jerusalén, de la Atenas de los disturbios contra el ajuste a la Varsovia contemporánea, ultraderechista y xenófoba. Sólo que estas crónicas, a diferencia de la anterior, ya no son sobre la sinrazón histórica sino, acaso, para decirlo con una cita oscura y reconocible, crónicas sobre los sueños de la razón que producen monstruos.
Imagen de Franco Trovato Fuoco

lunes, 26 de marzo de 2018

la clase parasitaria

En 2012, cuando la Comisión Nacional de Valores abrió su archivo, el historiador Bruno Nápoli investigó en particular la relación de la última dictadura con el capital financiero. De allí surgió el libro “La dictadura del capital financiero. El golpe militar corporativo y la trama bursátil” (2015), junto con M. Celeste Perosino y Walter Bosisio. “El libro demuestra –dijo Nápoli– con documentación rigurosamente seleccionada, cómo los sectores concentrados de la economía argentina, durante la dictadura de Jorge Videla, cambiaron el marco legal de nuestro país, imponiendo leyes económicas (algunas aún vigentes, como la Ley de Entidades Financieras) que dieron prioridad a la especulación financiera y a la preeminencia de los bancos por sobre las industrias”.
Su mirada de la historia, además de indagar esos cruces con la economía, abunda en lo que cabe en el término biopolítica, como en “En nombre de mayo. El impresente político”, un libro de intervenciones en el que indaga las exclusiones y la violencia ejercida sobre los cuerpos en la conformación de eso que suele llamarse patria.
En esta entrevista, en vísperas de una nueva conmemoración del 24 de marzo, Nápoli analiza la clase parasitaria que se nutre del estado y convirtió sus estancias en empresas offshore.
—Llega un nuevo 24 de Marzo y da la sensación de que la dictadura sigue siendo vista como un enfrentamiento ideológico entre dos facciones, ¿no se pierde de vista la cuestión económica, que tuvo un largo alcance y afectó a todos los argentinos?
—La dictadura de la desaparición de personas afectó primero en términos sociales por el genocidio cometido, es una afectación cotidiana porque el crimen de la desaparición se comete todos los días, es el peor de los crímenes porque acumula el secuestro, la tortura, el asesinato, la desaparición del cuerpo.
Imagen tomada de Lobo Suelto.