socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

viernes, 8 de febrero de 2019

decadencia y caída del dólar


La corrupta e inepta presidencia de Donald Trump ha disparado sin darse cuenta el tiro de gracia al imperio estadounidense: la retirada del dólar como la principal moneda de reserva del mundo. Las naciones de todo el mundo, especialmente en Europa, dejaron de confiar en una actuación racional de Estados Unidos, y mucho menos en su capacidad de liderar en temas de finanzas internacionales, comercio, diplomacia y guerra. Estas naciones están desmantelando silenciosamente la alianza de siete décadas con los Estados Unidos y construyendo sistemas alternativos de comercio bilateral. Esta reconfiguración del sistema financiero mundial será fatal para el imperio estadounidense, como lo señalaron el historiador Alfred McCoy y el economista Michael Hudson. Disparará una espiral de muerte económica, que incluirá alta inflación, va a requerir una contracción militar masiva en el extranjero y hundirá a los Estados Unidos en una depresión prolongada. Trump, en lugar de volver a hacer grande a Estados Unidos, se ha convertido, sin saberlo, en el sepulturero más tenaz del imperio.

Imagen de Mr. Fish.

La administración Trump saboteó caprichosamente a las instituciones globales, incluida la Otan, la Unión Europea, las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el FMI, que proporcionan cobertura y legitimidad al imperialismo estadounidense y a la hegemonía económica mundial. El imperio estadounidense, como señala McCoy, siempre fue un híbrido de imperios pasados. Desarrolló, escribe, “una forma distintiva de gobierno global que incorporaba aspectos de imperios precedentes, antiguos y modernos. Este imperio único de los Estados Unidos era ateniense en su capacidad para forjar coaliciones entre aliados; romano en su dependencia de las legiones que ocupaban las bases militares en la mayor parte del mundo conocido, y británica en su aspiración de fusionar cultura, comercio y alianzas en un sistema integral que cubría el mundo”.

martes, 8 de enero de 2019

el futuro fascinante y temido de david bowie

Bajo el título "The Life Changing Power of Discovering David Bowie" ("El poder transformador de la vida de descubrir a David Bowie"), Tom Ewing publicó este artículo en Pitchfork que acá traducimos al cumplirse el próximo jueves tres años de la muerte de Bowie. Last but not least, el texto de Ewing nos llamó a su lectura porque el 16 de enero de 2016 Pablo Jubany publicó en La Capital un texto sobre Bowie que resumía de un modo magistral la experiencia de escuchar a Bowie en los 80 y de este lado del orbe.




Foto de Jimmy King, tomada de Pitchfork.

Me enamoré del pop en los tempranos 80, en Gran Bretaña, y David Bowie era el aire que respiraba y la tierra sobre la que caminaba. No fue la primera estrella en hacerme amar el pop, pero esa primera estrella que me hizo amar el pop fue sin duda hecha a su imagen. Y así fue el segundo. Y el tercero. Y el cuarto, quinto, sexto, y séptimo. Las portadas de las revistas de estilo y de pop de la época (The Face y Smash Hits) eran un desfile de sus imitadores, algunos magníficos, algunos cómicos. Adam Ant, Toyah, Visage, Ultravox, Spandau Ballet, Duran Duran. Ese era el pop británico, una bacanal de tiendas de disfraces con Bowie como ídolo y excusa.

jueves, 27 de diciembre de 2018

el panóptico neoliberal

El neoliberalismo, la ideología dominante del capital y las finanzas, libra una guerra por las ideas y el sentido común, en el que las relaciones sociales se reducen a un acto de comercio. “La democracia no puede funcionar si los ciudadanos no son autónomos, si no se juzgan a sí mismos, son curiosos, reflexivos e independientes”, sostiene Henry Giroux en esta entrevista (que no traduje entera) en CounterPunch, quien señala el vínculo entre fascismo y libre mercado. “Esta cultura de la auditoría lleva al analfabetismo cívico”, dice.


Henry A. Giroux (Providence, Rhode Island, EEUU, 1943) es un destacado académico en su país y Canadá, además de un reconocido crítico cultural y uno de los teóricos fundadores de la Pedagogía Crítica en Estados Unidos. En 2002, la más prestigiosa de las publicaciones de Humanidades, Routledge, nombró a Giroux como uno de los cincuenta pensadores de la educación más importantes del período moderno.
Conocido por sus trabajos pioneros en pedagogía de lo público, sus estudios culturales y de la juventud, y su teoría crítica, Giroux fue docente en las principales universidades estadounidenses, desde Boston a Penn State y publicó más de 60 libros que se tradujeron a varios idiomas. En español los más conocidos son Igualdad educativa y diferencia cultural (1992), Teoría y Resistencia en Educación. Una pedagogía para la oposición (1992), La escuela y la lucha por la ciudadanía (1993) y Pedagogía crítica, estudios culturales y democracia radical (2005), entre otros.
Esta entrevista con Giroux fue conducida por Mitja Sardoč, del Instituto de Investigación Educativa en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Ljubljana, Slovenia.
—Desde hace varias décadas, el neoliberalismo ha estado a la vanguardia de las discusiones no solo en economía y finanzas, también se ha infiltrado en nuestro vocabulario en varias áreas tan diversas como los estudios de gobernabilidad, criminología, salud, jurisprudencia, educación, etc. ¿Qué fue lo que disparó el uso y la aplicación de esta ideología “económica” asociada con la promoción de la eficacia y la eficiencia?
—El neoliberalismo se ha convertido en la ideología dominante de estos tiempos y se estableció como una característica central de la política. No solo se define a sí mismo como un sistema político y económico cuyo objetivo era consolidar el poder en manos de una élite corporativa y financiera, sino que también libra una guerra por las ideas. Se define a sí mismo como una forma de sentido común y funciona como un modo de pedagogía pública que produce un molde que estructura no solo los mercados, sino toda la vida social. En este sentido, ha funcionado y continúa funcionando no solo a través de la educación pública y superior para producir y distribuir valores basados en el mercado, identidades y modos de organización, sino también en aparatos y plataformas culturales más amplios para privatizar, desregular, economizar y someter todas las instituciones dominantes y las relaciones de la vida cotidiana con los dictados de la privatización, la eficiencia, la desregulación y la mercantilización.
Desde la década de 1970, a medida que más y más instituciones dominantes de la sociedad están bajo el control de la ideología neoliberal, sus nociones de sentido común –un individualismo descontrolado, una dura competencia, el ataque agresivo contra el estado del bienestar, la debilitación de los bienes públicos y su ataque a todos los modelos de sociabilidad que se opongan a los valores del mercado– se han convertido en la hegemonía reinante de las sociedades capitalistas. Lo que muchos en la izquierda no se han dado cuenta es que el neoliberalismo es algo más que estructuras económicas, también es una poderosa fuerza pedagógica, especialmente en la era de las redes sociales, que participa en el dominio de todo el espectro en cada nivel de la sociedad civil. Su alcance se extiende no solo a la educación, sino también a una variedad de plataformas digitales, así como en el ámbito más amplio de la cultura popular. Bajo los modos de gobierno neoliberal, independientemente de la institución, cada relación social se reduce a un acto de comercio. La promoción de la efectividad y la eficiencia del neoliberalismo da crédito a su capacidad de voluntad y éxito para hacer de la educación un lugar central en la política. También ofrece una advertencia a los progresistas, ya que Pierre Bourdieu insiste en que la izquierda ha subestimado las dimensiones simbólicas y pedagógicas de la lucha y no siempre ha forjado las armas apropiadas para luchar en este frente.


jueves, 20 de diciembre de 2018

el marxismo-pop de mark fisher


Pocos críticos vieron la leyenda en la pared como Mark Fisher. El escritor, el profesor y el teórico siempre supieron que el arte y la política no podían separarse. A partir de una colección diversa de discos de artistas como David Bowie, Joy Division y Drake, Fisher vio la música como una ventana a los efectos del capitalismo en la identidad, la economía y la política, y tenía la habilidad de convertir las ideas académicas en formas accesibles para entender el lugar del arte en la sociedad.

Como consecuencia de su trágica muerte el año pasado, la noticia de su pérdida se propagó rápidamente a través de las redes sociales, donde sus seguidores se esmeraron en poner palabras al poder de su trabajo; desde los humildes comienzos su querido blog, k-punk, hasta la influencia generalizada de sus libros, los escritos de Fisher se convirtieron en la zona cero de un tipo diferente de crítica cultural, uno de un entusiasmo tan insaciable para la cultura pop como indiscutiblemente cortante, urgente y radical.

A lo largo de tres libros, numerosas piezas de revistas y cientos de ensayos breves, Fisher estableció una visión del mundo vasta y totalizadora definida por sus pensamientos sobre el capitalismo, los medios y la posvida. En el nacimiento de la crisis financiera de 2008, Fisher acuñó el término “realismo capitalista” para describir una creencia específica cada vez más común entre los políticos tanto en el Reino Unido como en América del Norte: no importa cuán mal estaban las cosas bajo el capitalismo, los crudos 300 años del viejo sistema político y económico se habían convertido en la única opción viable, y resulta casi imposible imaginar una alternativa realista al mercado global actual.

lunes, 17 de diciembre de 2018

el libre mercado ya condena a méxico


Andrés Manuel López Obrador es el presidente más a la izquierda de la historia del país. Millones de mexicanos lo votaron esperanzados, pero la prensa del libre mercado ya lamenta su populismo.


El 1 de diciembre, ante una agitada multitud de simpatizantes en el Zócalo, en el corazón de la Ciudad de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) lanzó la “Cuarta Transformación” de México, un ambicioso proyecto de reforma política, social y ecológica que apunta “a purificar la vida pública”.
En la inauguración de este proyecto de transformación, un número récord de mujeres ingresaron en cargos políticos, los ritos indígenas se incorporaron a las ceremonias presidenciales por primera vez y AMLO entregó más de la mitad de su salario como presidente, además de vender el avión presidencial. “Vamos a bajar los salarios de los que están en la cúspide porque de esta manera podemos ahorrar para atender las demandas de la justicia”, dijo.
Pero si millones de mexicanos se llenaron de esperanza con la presidencia de AMLO, los comentaristas internacionales se llenaron en su gran mayoría de desesperación. Retratan en sus artículos un “retroceso a una era de caudillos, u hombres fuertes del populismo que la región aparentemente había dejado atrás”. Afirman que AMLO es “indiferente, aunque no desdeñoso, del proceso democrático”. Advierten que ya está “espantando a los inversores extranjeros”.

qué es una ciudad

El miércoles próximo se presenta el libro sobre Rapto del cual escribí el prólogo:




“Nada de gacetillas, nada de agenda. Nuestros textos, nuestras fotos.” Con esa declaración de principios se presentaba Rapto en 2016. La firmaban el periodista Lucas Canalda y el fotógrafo Renzo Leonard. Desde entonces Rapto operó en dos zonas de lo que, para abreviar y entre comillas, llamaremos “el espacio cultural”: la acumulación y la invitación –hay un multifacético término en inglés que acaso le quepa mejor que invitación: tease, como lo leemos por ejemplo en strip-tease o en teaser: el eco de una tentadora perturbación.
Rapto acumula desde 2016 extensas entrevistas y descripciones de distintas escenas que ganaron Rosario, desde la visita de Juana Molina o Adrián Dárgelos con Babasónicos hasta la intimidad de Checho Godoy en su casa y con sus hijos. Checho integra el dúo Matilda, la banda electropop más prolífica y persistente de Rosario. Músicos, sobre todo, pero también dibujantes, periodistas, fotógrafos y crónicas sobre recitales, la primera marcha feminista en la ciudad (los feminismos, la ola verde que se despliega en la guerra interior de una mujer que presta su voz en una entrevista, lo mismo que en la calle y la geografía de ese gran escenario cultural, atraviesan gran parte de estas páginas como llamaradas a veces, como chispazos otras). Los entrevistados, salvo los que vienen de Buenos Aires, están en sus casas, sus lugares de trabajo, en la calle o en un bar, o saltan de un lugar a otro según el cronista los rastrea en el tiempo y en su memoria.
Pies de Rock
Fotografía de Renzo Leonard en Flickr.

martes, 11 de diciembre de 2018

el mito de las buenas corporaciones


Fueron los sindicatos, en los Estados Unidos de los 50, los responsables del bienestar y los altos salarios de los trabajadores en la era de la posguerra.


Del mismo modo que la presidencia de Donald Trump ha contribuido a la consideración retrospectiva de George H.W. Bush, también la conducta de las corporaciones estadounidenses durante las últimas cuatro décadas –para decirlo más o menos claro: embolsar los ingresos de sus accionistas mientras se muestran rígidas al mismo tiempo que abandonaba por completo a sus trabajadores– lustraron de un resplandor positivo su desempeño en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Un comentarista bañado en ese resplandor, basado en la evidencia de su columna de los lunes en The New York Times, es David Leonhardt. Su artículo, con bastante razón, bate el parche por el proyecto de ley de Elizabeth Warren, que requiere que las corporaciones reserven el 40 por ciento de sus asientos en el consejo para los representantes seleccionados por sus trabajadores, una versión ligeramente diluida de la codeterminación alemana, pero un paso significativo hacia adelante, si es que se consigue, en la batalla para hacer que las corporaciones sean responsables no solo ante sus accionistas más grandes (entre los que se encuentran sus principales ejecutivos, que generalmente son compensados en acciones).
Leonhardt señala correctamente que fue solo a fines de la década de 1970 que las corporaciones estadounidenses comenzaron a acumular sus ganancias para sus accionistas y gerentes. Por el contrario, durante los 30 años anteriores, los ingresos de los trabajadores aumentaron a la misma tasa que la productividad y las empresas proporcionaron seguros de salud y pensiones.
¿Por qué funcionó así? Según Leonhardt, eso se debía a que “la mayoría de los ejecutivos se comportaban como si se preocuparan por sus trabajadores y comunidades”. Cita un artículo famoso de Bill Benton de la agencia de publicidad Benton y Bowles que apareció en 1944, sugiriendo que las empresas estadounidenses tenían una misión superior que enriquecer a los ricos, y sugiere que esto se convirtió en un punto de vista ampliamente aceptado en salas de de directorio corporativas.
Lo que uno no encontrará en la columna de Leonhardt es alguna mención a los sindicatos, lo que hace que su análisis sea resulte similar a Hamlet, pero sin el príncipe. El hecho de que los sindicatos representaran a un tercio de la fuerza laboral estadounidense cuando Benton escribió su artículo, y una buena parte de más de un tercio en las grandes corporaciones, fue la principal razón por la que las corporaciones compensaron a sus trabajadores de manera más justa de lo que lo han hecho en las últimas décadas. El contrato que General Motors firmó con el Sindicato de Trabajadores Automotrices (UAW, United Auto Workers) en 1950, que estableció la plantilla para los contratos más equitativos de ese período, se debió al temor de GM de tener que soportar otro cierre de más de 100 días que la UAW había infligido sobre la empresa en su huelga de 1946. Y como Jack Metzger ha documentado en su maravilloso libro Striking Steel (un juego de palabras en el que “striking” puede leerse como resplandeciente –acero resplandeciente– pero tiene su eco en strike: huelga), los 50 fueron una década llena de huelgas importantes mientras los sindicatos luchaban con éxito para frustrar las propuestas de las corporaciones que hubieran reducido el salario y los beneficios que los trabajadores habían logrado. (El libro de Metzger toma su título de la huelga de trabajadores del acero de 1959 contra US Steel, cuando casi medio millón de trabajadores se quedaron sin trabajo por 116 días, lo que finalmente obligó a la compañía a mantener e incluso aumentar sus beneficios para los obreros).
Entonces, seamos claros acerca de lo que los franceses llaman les “trente glorieuses”, los 30 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando los ingresos de los trabajadores aumentaron y surgió una clase media masiva. No fue la edad de oro de las corporaciones benévolas. Fue la edad de oro de los sindicatos.

Traducido de Prospect.

jueves, 6 de diciembre de 2018

amnesia institucional



Recién llegado de Brasil a Nueva Orleans, donde es profesor de la Universidad de Tulane, el crítico cultural y teórico de la literatura Idelber Avelar se presta a esta entrevista en la que disecciona el proceso por el cual su país llevó al poder a Jair Bolsonaro.
En esta conversación Avelar desmenuza el trágico error de Lula cuando alentó la candidatura de Bolsonaro creyendo que su candidato, Fernando Haddad, lo derrotaría en un balotaje. También, traza una línea de continuidad entre la campaña de “fakenews” de las elecciones de este año y las que en 2014 llevaron a Dilma Rousseff a la presidencia demonizando a Marina Silva; sostiene que el proceso de memoria histórica y de juicios a los responsables de la última dictadura argentina hacen muy difícil que en el país emerja un Bolsonaro y concluye que la actual derrota de las izquierdas en la región comparte el mismo “horizonte epocal” que la de los 70: es la misma derrota.
En 1999, antes de que en Argentina se reabrieran las causas de lesa humanidad por los crímenes de la última dictadura cívico-militar, antes de que Luiz Inácio Lula da Silva ganara su primera presidencia, y cuando Hugo Chávez apenas asomaba en Venezuela, el brasileño Idelber Avelar publicó Alegorías de la derrota, un libro magistral que analizaba los procesos de representación de la memoria de la dictadura en la democracia y postulaba que las dictaduras que se propagaron en América latina desde los 60, eran la condición misma de las actuales democracias, que no cuestionaban el orden neoliberal impuesto a sangre y fuego y se asumían como débil remedo de los intentos de democratización radical que habían propuesto los gobiernos populares derrocados.
—Al tiempo que asumía Lula, Brasil quedaba reducido a los fotogramas del film Ciudad de Dios. El filósofo Vladimir Safatle dijo que Brasil vive una “guerra civil de baja intensidad”, con unos 60 y pico de miles de muertos al año por homicidio. ¿Cómo observás esa representación de Brasil en las ficciones?
Imagen tomada del sitio de la Tulane University.

lunes, 26 de noviembre de 2018

el neoliberalismo conduce al fascismo


El neoliberalismo como teoría económica siempre fue un absurdo. Tuvo tanta validez como las ideologías que gobernaron del pasado: el derecho divino de los reyes o la creencia en el Übermensch (el “súperhombre”) del fascismo. Ninguna de sus tan aclamadas promesas fueron remotamente posibles. Concentrar la riqueza en manos de una élite oligárquica global (ocho familias tienen ahora tanta riqueza como el 50 por ciento de la población mundial), mientras se demuelen los controles y regulaciones gubernamentales, lo que siempre crea una desigualdad de ingresos masiva, le da poder a los monopolios, alimenta el extremismo político y destruye la democracia. No se necesita recorrer las 577 páginas de El Capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, para hacerse una idea. Pero la racionalidad económica nunca fue el punto. El punto era la restauración del poder de clase.
Ilustración de Mr. Fish en TruthDig.

Como ideología dominante, el neoliberalismo fue un éxito brillante. A partir de la década de 1970, sus principales críticos keynesianos fueron expulsados de la academia, de las instituciones estatales y las organizaciones financieras como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial; también se los excluyó de los medios de comunicación. Cortesanos aplicados e intelectuales presumidos como Milton Friedman fueron insertados en lugares como la Universidad de Chicago y recibieron plataformas prominentes y fondos corporativos lujosos. Desde allí diseminaron el mantra oficial de teorías económicas desacreditadas y marginadas popularizadas por Friedrich Hayek y la escritora de cuarta Ayn Rand. Una vez que nos arrodilláramos ante los dictados del mercado y levantáramos las regulaciones gubernamentales, recortáramos los impuestos para los ricos, permitiéramos el flujo de dinero a través de las fronteras, destruyéramos sindicatos y firmásemos acuerdos comerciales que enviaban puestos de trabajo a las explotaciones en China, el mundo sería un lugar más feliz, libre y rico. Fue una estafa. Pero funcionó.

jueves, 15 de noviembre de 2018

la noche de los 12 años en hollywood

Bajo el título ‘A Twelve-Year Night’ Director On Exploring How To Stay Human When Your Humanity Is Taken Away – Awardsline Screening Series, Patrick Hipes publica en Deadline una entrevista a Álvaro Brechner, director de La noche de 12 años que se estrenó en El Cairo.
Álvaro Brechner dijo que la génesis de la idea de tomar la historia de vida real que representa La noche de doce años –que debutó este año en el Festival de Cine de Venecia– no fue fácil de discernir. Aunque describió que el camino que hizo al contar esta historia de coraje, imaginación y voluntad pura –la película trata sobre tres presos políticos que en el Uruguay de 1973 son arrojados a confinamiento solitario por más de 12 años, luego sobreviven para ver el fin de la brutal dictadura y convertirse en presidente de Uruguay, ministro de defensa y poeta– fue como un viaje.

“Un director es como un explorador: te metés en la jungla conociendo el norte, pero el norte es siempre sólo un punto, no es un lugar al que puedas llegar”, dijo Brechner, quien junto con la productora Mariela Besuievsky habló recientemente en el escenario del Awardsline Screening Series en The Landmark, en Los Angeles. “Para nosotros siempre se trató de ese norte, ese punto fue la exploración de la condición humana: qué es un hombre cuando todo lo que sabés desaparece, y necesitás reinventarte y mantenerte como un ser humano”.
La película en español, protagonizada por Antonio de la Torre como José “Pepe” Mujica (quien se desempeñó como presidente de Uruguay entre 2010 y 2015) junto con Chino Darín y Alfonso Tort como sus compañeros de prisión, es la representante de Uruguay este año a la carrera por el Oscar como Película en Idioma Extranjero. Es la tercera vez que Brechner se postula el Oscar, después de Mal día para pescar de 2009 y Mr. Kaplan, de 2014.
Para La noche de doce años, Brechner y Besuievsky se reunieron con los personajes en la vida real (Mujica, Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro) muchas veces a lo largo de los años para perfeccionar el guión de Brechner; el escritor y director dijo que la historia suena como algo que podrían haber escrito Ray Bradbury, Jack London o Kafka. Besuievsky subrayó el humor entre los tres ex prisioneros cuando hablaron sobre lo que les sucedió.
Pero fue algo que Mujica, entonces presidente, dijo en una conversación mano a mano lo que retuvo Brechner.
“Una de las primeras cosas que fue realmente impactante para nosotros fue el momento en que Mujica dijo: ‘Sabés, Álvaro, a veces me despierto y extraño esos días’, y es como, ¿qué?”, dijo el director. ‘Extraño esos días’, continuó, ‘porque nunca volví a esa soledad, tuve que concentrarme en cómo arreglármelas. Y esa soledad que nunca volví a experimentar. Y nunca sería el hombre que soy si no fuera por todos esos años que pasé siendo yo mismo’”.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

resistance t-shirt

The Nation, la publicación de izquierda –aunque últimamente más progresista que de izquierdas– neoyorkina, acaba de sacar a la venta sus remeras de la resistencia a 25 dólares cada una, que es a la vez una forma de contribuir conn el periodismo independiente: "Demostrá tu solidaridad con quienes luchan contra la violencia racial y la injusticia cuando te pongas esta poderosa remera de la Nación", dice el anuncio.
La estampa reproduce un dibujo del premiado artista Eric Drooker que fue tapa de The Nation, y homenajea al movimiento de base que combate el racismo sistémico y la brutalidad policial en Estados Unidos. 




martes, 13 de noviembre de 2018

la crucifixión de julian assange


El santuario de Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres se convirtió en una pequeña tienda de horrores. En los últimos siete meses se le cortó en gran parte la comunicación con el mundo exterior. Su ciudadanía ecuatoriana, que se le otorgara como solicitante de asilo, está en proceso de ser revocada. Su salud se deteriora. Se le niega atención médica. Su labor en pos de una reparación legal está paralizada por reglas de mordaza, incluidas órdenes ecuatorianas por las que no puede hacer públicas sus condiciones dentro de la embajada porque podría contribuir a la revocación de su ciudadanía ecuatoriana.
Imagen de Mr. Fish en TruthDig

El primer ministro de Australia, Scott Morrison, se negó a interceder en nombre de Assange, que es ciudadano australiano, a pesar de que el nuevo gobierno en Ecuador –dirigido por Lenín Moreno, quien considera a Assange un “problema heredado” y un impedimento para mejorar las relaciones con Washington– está volviendo insoportable la vida del fundador de WikiLeaks en la embajada. Casi a diario, la embajada impone condiciones más duras para Assange, lo que incluye hacerle pagar sus facturas médicas, establecer reglas insondables sobre cómo debe cuidar a su gato y exigirle que realice una variedad de tareas domésticas degradantes.
Los ecuatorianos, reacios a expulsar a Assange después de otorgarle asilo político y darle la ciudadanía, pretenden hacer de su existencia una experiencia tan desagradable que lo lleve a aceptar dejar la embajada para que los británicos lo arresten y lo extraditen a Estados Unidos. El ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, cuyo gobierno otorgó asilo político al editor, describe las actuales condiciones de vida de Assange como “tortura”.
Su madre, Christine Assange, imploró en un video reciente: “A pesar de que Julian es un periodista que ganó muchos premios, muy querido y respetado por exponer con valentía al interés público los graves delitos a alto nivel y la corrupción, en este momento está solo, enfermo, dolorido, silenciado y en régimen de aislamiento, alejado de todo contacto y torturado en el corazón de Londres. La actual jaula de presos políticos ya no es la Torre de Londres, sino la embajada de Ecuador”.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

rea

¿Por qué hacer una revista? ¿Por qué hacer REA? Mientras no lo escriba no lo sé. 
Este jueves lanzamos Revista REA, una publicación digital que intentará pensar de manera afectiva el clima de época y regenerar las acciones artísticas y culturales de Rosario, eso más o menos sostiene Virginia Giacosa, con quien la editamos junto con Maxi Falcone.


La entrada del Diccionario Etimológico en inglés para revista (magazine) dice que se trata de un depósito, un lugar para guardar alimentos pero, sobre todo, munición militar y que proviene del francés medio magasin y el italiano magazzino, que a su vez proviene del árabe makhazin, plural de makhzan fuente del español almacén y, a su vez, del verbo khazana: "guardar, almacenar". Que el sentido original es obsoleto y que el significado de "cámara de cartuchos en un rifle a repetición" es de 1868 y, en el caso de cargador que provee cartuchos data de 1892. Asimismo, el significado de "publicación periódica que contiene misceláneas" data de la salida de la primera de ellas, la "Gentleman's Magazine", en 1731, que fue llamada así por el uso más temprano del término en listados de almacenamientos militares y, también, de manera figurativa, porque estas publicaciones se proponían almacenar información sobre libros (1630).
Es lo que más o menos todos registramos como lo que es o trae una revista. Pero ese dato que emparenta la palabra con lo militar es sugestivo. Hay algo de arma en una revista. 

Me gusta pensar a REA como una revista en la que tan importante como escribir resulte editar, llamar a quienes quieran escribir a unirse a un tono, hacer una voz. Las exigencias "profesionales" del periodismo, el modo en que su escritura se hizo académica y uniforme, borró la primera persona –no la primera persona "adolescente", esa que no distingue un hecho político de una estudiantina–, la que asume lo que enuncia y exige al lector una lectura a la par, similar al de la formulación de Coleridge.

También, un sitio para recuperar los hipervínculos que las redes nos robaron (más allá de la ineludible difusión en esas redes cloacales). 

En el sustantivo "rea" encontramos un pequeño paisaje del descarrío y lo tangencial, un modo de enunciar sin estridencias lo inaprensible de estos tiempos intrascendentes que suenan tan definitivos. Un modo de dibujar un mapa afectivo sobre las antípodas.

Revista REA se presenta este jueves 8 de noviembre de 19 a 22 en Oroño y el río, al pie de las nuevas esculturas de una septuagenaria artista porteña, con canciones de Juani Favre, consola de DJ a cargo de Pablo Zini y lecturas a cargo de algunos de los colaboradores de su número cero.

miércoles, 31 de octubre de 2018

la cultura política importada de bolsonaro


En estas líneas Greg Grandin, profesor de Historia en la Universidad de Nueva York y analista del periódico progresista estadounidense The Nation, repasa la historia reciente y los antecedentes históricos que llevaron a Jair Bolsonaro a la presidencia de uno de los principales países del mundo, convirtiéndose en “agente de las tendencias reaccionarias mundiales exportadas de la nueva derecha de Estados Unidos”. Sigan también los enlaces que propone Grandin y respeté en esta traducción, que llevan a sitios y artículos espléndidos.


Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil, quien ganó la segunda ronda de votación del domingo con un asombroso 55 por ciento, es un fascista abierto, un fóbico violento de toda cosa decente. Bolsonaro, un misógino que dijo que preferiría ver a su hijo muerto antes que aceptarlo como homosexual, es un agente de las tendencias más reaccionarias del mundo, alguien que une la manipulación de las redes sociales a través de noticias falsas con las viejos escuadrones de la muerte. La composición del congreso de Brasil también parece ser sombría, y los militares estarán de vuelta; hay una pequeña ruptura previsible en lo que puede hacer. Los mercados están en alza. Los orgullosos muchachos globales están bailando.
Las súpertopadoras hacen rugir sus motores, se arrasarán los límites del territorio: Bolsonaro consiguió parte del voto de los sin tierra prometiéndoles que eliminaría las prohibiciones de colonizar el vasto Amazonas, incluso con cultivos de soja, madera, minería. Y los partidarios del ganado arrasarán en franjas mucho más grandes que cualquier hacha campesina. “Para las empresas canadienses, una presidencia de Bolsonaro podría abrir nuevas oportunidades de inversión”, informó la cadena CBC de Canadá la noche pasada poco después de que se anunciaran los resultados, “ya que se ha comprometido a reducir las regulaciones ambientales en la selva amazónica y privatizar algunas empresas estatales”. “Nuestro Amazonas es como un niño con varicela, cada punto que ve es una reserva indígena”, dijo Bolsonaro, prometiendo eliminar las reservas de tierras para los pueblos nativos.
Jair Bolsonaro se encuentra con sus seguidores al llegar al aeropuerto Salgado Filho para participar de su campaña presidencial en Porto Alegre, Brasil, el 29 de agosto pasado. (Reuters / Diego Vara).

lunes, 22 de octubre de 2018

tiranía o revolución

Enfurecido por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, el destacado autor de esta columna ensaya un perfil de la patología de la élite que hoy gobierna Estados Unidos. Khashoggi entró al consulado saudí en Estambul el 2 de octubre pasado de donde no volvió a salir y sospechan que fue asesinado y desmembrado por los guardias del príncipe saudita Mohammed bin Salman, a quien el periodista había desenmascarado en sus artículos. Pese a que Khashoggi escribía para “The Washington Post”, el mismo Donald Trump prefirió no expedirse sobre el asunto y preservar su amistad con el poderoso príncipe árabe.



A la edad de 10 años me enviaron como becario a un internado para los súper ricos de Massachusetts. Viví entre los estadounidenses más ricos durante los siguientes ocho años. Escuché sus prejuicios y vi su empalagoso sentido del derecho. Insistieron en que eran privilegiados y ricos porque eran más inteligentes y más talentosos. Tenían un desprecio burlón por aquellos que se clasificaban debajo de ellos en estatus material y social, incluso que los meramente ricos. La mayoría de los súper ricos carecían de la capacidad de empatía y compasión. Formaron camarillas de élite que molestaron, intimidaron e insultaron a cualquier inconformista que desafiara o no encajara en su universo autoadulatorio.

Era imposible entablar una amistad con la mayoría de los hijos de los súper ricos. La amistad para ellos se definía por “¿qué hay acá para mí?” Estaban rodeados desde el momento en que salieron del útero por personas que satisfacían sus deseos y necesidades. Eran incapaces de llegar a aquellos que estaban en un apuro, independientemente del pequeño capricho o problema que tenían en ese momento, dominaban su universo y tenían prioridad sobre el sufrimiento de los demás, incluso entre quienes estaban dentro de su propia familia. Sólo sabían cómo tomar. No podían dar. Fueron personas deformes y profundamente infelices en las garras de un narcisismo insaciable.
Es esencial entender las patologías de los súper ricos. Han tomado el poder político total. De estas patologías informan los Brett Kavanaughs, Donald Trump, sus hijos y los multimillonarios que dirigen su administración. Los súper ricos no pueden ver el mundo desde la perspectiva de nadie salvo la suya propia. Las personas que los rodean, incluidas las mujeres sobre las que pesa el derecho de los los hombres, son objetos diseñados para satisfacer deseos momentáneos o pata ser manipuladas. Los súper ricos son casi siempre amorales. Derecha. Incorrecto. Verdad. Mentiras. Justicia. Injusticia. Estos conceptos están más allá de ellos. Lo que les beneficia o les agrada es bueno. Lo que no debe ser destruido.

dos cosas

El tío le dijo a Enriquito:
—Dos cosas. Una, si ves que el único mingitorio libre es el del medio, no lo uses, esperá que se libere alguno del costado. Dos, si el mingitorio del medio está ocupado, no vayas a ninguno de los dos de al lado.
Y Enriquito encaró así su primera salida en la noche del pueblo.

martes, 16 de octubre de 2018

el devenir fascista del neoliberalismo

Alexandre Roig es secretario académico de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Nació en Francia y llegó a la Argentina a principios de diciembre de 2001, con 25 años y un título en Sociología, para estudiar la crisis. Hoy tiene un doctorado de la Escuela de Altos Estudios Sociales de París, es decano del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Unsam (Idaes) entre otros cargos y estudios que dan cuenta de su especialización: la crisis desde un punto de vista sociológico y económico que explora la política y el análisis monetario.
Además de docente e investigador del Conicet, Alex Roig, como prefiere que lo llamen (nacionalizado y radicado en Argentina), tiene publicaciones nacionales e internacionales en el campo de los estudios sobre el desarrollo, en sociología económica del dinero, de la moneda y de las finanzas. Algunos de sus artículos pueden leerse en revista Anfibia.
El sábado pasado Roig fue entrevistado en “El Lobby“, el programa que conduce de 10 a 13 Alejandro Bercovich en RadioConVos.com.ar, por todo el equipo. En esa conversación Roig sostiene que la actual crisis fue autogenerada, a diferencia de la de 2001; señala por qué es tan difícil en este caso articular una oposición y que el devenir de cualquier gobierno neoliberal es el fascismo –una vez que ya no queda nada por prometer. Y, lo más alarmante, el sociólogo apunta que es muy probable que el horizonte de la actual debacle económica sea la dolarización de la Argentina.
—Ahora que volvemos a estar en crisis mucha gente y, sobre todo, muchos jóvenes que no vivieron aquella época, se preguntan sobre las similitudes y diferencias entre esta crisis y la de 2001, ¿cuáles encontrás grosso modo?
—La gran diferencia es que esta crisis es autogenerada, y eso es importante tenerlo claro. ¿Por qué se generan crisis? En general las crisis funcionan para cambiar regímenes de acumulación, para cambiar lógicas dentro de la economía. La de 2001 fue una crisis que fue fruto de contradicciones largas, de tensiones sociales, de un régimen monetario que efectivamente se había agotado. En cambio acá tenemos un gobierno que quiso producir una crisis para poder cambiar las estructuras económicas. La otra gran diferencia, que hace que uno sienta una especie de desasosiego en este momento es que no se termina de estructurar el conflicto social, cosa que en 2001 sí, y estaba muy estructurado el conflicto social porque había un eje, un conflicto que tenía que ver con el desempleo, y estaba muy claro: el movimiento de desempleados, el de piqueteros, la confrontación con el gobierno y la tensión entre neoliberalismo y trabajo. Hoy en día esa conflictividad no está estructurada.
Imagen tomada de Anfibia.

martes, 9 de octubre de 2018

cómo funciona el fascismo

En esta entrevista a Jason Stanley, autor de Cómo funciona el fascismo, se compara las escandalosas similitudes entre las promesas de Hitler y las de Trump y se describe cómo el fascismo destruye la política económica y puede identificárselo cuando las clases dominantes se victimizan en nombre de ideales que pertenecen a un pasado que nunca existió. Una descripción que excede a los Estados Unidos.


En un certero ensayo publicado en el New York Review of Books este mes, Christopher R. Browning, un destacado historiador del Holocausto y el nazismo, describe los paralelos espantosos entre los Estados Unidos y la República de Weimar. “No importa cómo y cuándo termine la presidencia de Trump”, escribe, “el espectro del ‘contraliberalismo’ seguirá acosando a la política estadounidense”.
Jason Stanley estaría de acuerdo. Es profesor de filosofía en la Universidad de Yale y autor de How Fascism Works (“Cómo funciona el fascismo”), donde sostiene que los fracasos de la gobernabilidad democrática han forjado una sociedad que recuerda con escalofríos a la Alemania anterior a la guerra, en la que existía un creciente apetito por el tipo de ultranacionalismo que impulsa Donald Trump. De hecho, el fiscal general Jeff Sessions ha elogiado abiertamente la Ley de Inmigración de 1924, que no solo creó cuotas y prohibiciones para ciertas comunidades de inmigrantes, sino que sirvió de modelo para el “Mein Kampf” de Hitler.
“La idea en el fascismo es destruir la política económica”, dice Stanley. “Los corporativistas están del lado de los políticos que usan tácticas fascistas porque están tratando de desviar la atención de la gente de las fuerzas reales que causan la genuina ansiedad que sienten”.
Ilustración de David Horsey en el LA Times.

Esta ansiedad no es exclusiva ni primordialmente económica. Como Stanley señala con cuidado, las personas de color han sufrido dificultades mucho mayores y, sin embargo, se sienten cada vez más atraídas por el populismo progresivo. En su lugar, afirma, Trump y sus semejantes están canalizando una tensión nociva de patriotismo que crea una nostalgia por un pasado que nunca existió. “Cuando ves que el grupo dominante se hace pasar como si fueran las víctimas de todos los hechos”, observa Stanley, “es cuando la política fascista está tomando control”.
El episodio también concita el fenómeno de las noticias falsas, tanto su construcción como el modo en que se implementa. Stanley sostiene que muchas de nuestras creencias más preciadas se basan en mitologías, con la idea de que estamos esparciendo la democracia por el resto del mundo, quizás la más letal de todas.
“América nunca ha sido grande”, concluye. “Pero la idea de América puede ser grande. Nuestra grandeza es cosa del futuro, no del pasado. El pasado es algo que tratamos de conquistar, y tratamos de forjar nuestra grandeza con ciertos ideales “.

la alegría ya no es brasileña

Antes de que se realizaran las elecciones presidenciales que en Brasil dejaron a Jair Bolsonaro a unos pasos de ganar en primera vuelta, el domingo pasado, el filósofo Vladimir Safatle (quien reside hace décadas en ese país y es autor, entre otros libros, de “La izquierda que no teme decir su nombre”) señalaba que los brasileños vivían una suerte de guerra civil de baja intensidad. “Si pensamos en la situación económica, Brasil nunca sufrió un ajuste neoliberal muy fuerte –les dijo a Diego Sztulwark y Diego Valeriano en una entrevista que puede escucharse en LoboSuelto.com–, por ejemplo, en este país de los cuatro mayores bancos, dos son públicos; de las cuatro mayores empresas, dos son públicas, hay más de cincuenta universidades públicas, tenemos un servicio de salud que es universal y gratuito para 200 millones de personas, y los neoliberales dicen que eso es una aberración, y la única posibilidad de un ajuste neoliberal en Brasil es de una manera violenta”.
Cuando sucedía esa conversación Bolsonaro apenas arañaba el 30 por ciento de intención de votos. Ya entonces Safatle advertía que la posibilidad de que el candidato de ultraderecha llagara al poder anticipaba la militarización de un conflicto que tiene en la mira a los sectores más vulnerables y a los trabajadores. Con los resultados de la primera vuelta de los comicios el panorama no resulta nada alentador. Paulo Guedes, quien será ministro de Economía de Bolsonaro, fue también quien rediseñó la imagen del ex militar y la acomodó para que fuese digerible en los mercados (que festejaron el resultado de la primera vuelta), propone privatizaciones y una timba financiera que Brasil no vio siquiera en sus años de dictadura, entre 1964 y 1985.