socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 8 de diciembre de 2019

corrupción imperial

Por una misteriosa e inmutable ley de la política estadounidense moderna, cada crisis de juicio político llega acompañada del lanzamiento de una película clásica de gángsters protagonizada por Robert De Niro. El Padrino (1972) abrió el año del escándalo de Watergate. De Niro apareció en la secuela, The Godfather II (1974), coincidiendo con la renuncia de Nixon. Bill Clinton comenzó su desafortunada relación con Monica Lewinsky en 1995, que vio el lanzamiento de Casino, de Martin Scorsese, una historia de amor y traición entre matones en Las Vegas con De Niro nuevamente en el protagónico. Ahora, mientras la acusación contra Donald Trump domina los titulares, Scorsese y De Niro se reunieron para The Irishman, una  elegíaca revisión del género repleta de los ecos de precursores como las películas del Padrino y Goodfellas (1990).
La superposición cronológica puede explicarse fácilmente como mera coincidencia. En las últimas cinco décadas, las películas de gángsters y las destituciones han sido lo suficientemente comunes. Pero hay una afinidad cultural más profunda que conecta este género con la corrupción política.
La trilogía de la mafia de Francis Ford Coppola y las películas de Scorsese en el mismo género han sido críticas tanto de la sociedad estadounidense como de las historias de crímenes. Las figuras políticas se han dado cuenta, pero, como algunos en la sala, a menudo han extraído las lecciones equivocadas, pensando que estas son películas que celebran la delincuencia. En 2017, mientras se preparaba para combatir al abogado especial Robert Mueller, el personal de Trump comenzó a hablar sobre la necesidad de "ir a los colchones", una línea del Padrino que significa pelear una guerra total (N.delT.: una explicación sobre el significado de la frase puede leerse en el Diccionario Urbano*). Durante el juicio de Roger Stone, un antiguo confidente de Trump declarado culpable de mentirle al Congreso y otros delitos, se reveló que Stone le dijo a un socio que "hiciera un Frank Pentangeli", una referencia a un personaje de El Padrino II que se resistió a responder preguntas en una audiencia en el Congreso fingiendo estar atontado y confundido.

jueves, 28 de noviembre de 2019

the dialectic of fear

“The Dialectic of Fear”
From Signs Taken for Wonders, NLB/verso books, 1983. Part of the Radical Thinkers series.



The fear of bourgeois civilization is summed up in two names: Frankenstein and Dracula. The monster and the vampire are born together one night in 1816 in the drawing room of the Villa Chapuis near Geneva, out of a society game among friends to while away a rainy summer. Born in the full spate of the industrial revolution, they rise again together in the critical years at the end of the nineteenth century under the names of Hyde and Dracula. In the twentieth century they conquer the cinema: after the First World War, in German Expressionism; after the 1929 crisis, with the big RKO productions in America; then in 1956–57, Peter Cushing and Christopher Lee, directed by Terence Fisher, again, triumphantly, incarnate this twin-faced nightmare. Frankenstein and Dracula lead parallel lives. They are indivisible, because complementary, figures; the two horrible faces of a single society, its extremes: the disfigured wretch and the ruthless proprietor. The worker and capital: ‘the whole of society must split into the two classes of property owners and propertyless workers.’ That ‘must’, which for Marx is a scientific prediction of the future (and the guarantee of a future reordering of society), is a forewarning of the end for nineteenth-century bourgeois culture.

I. Towards a Sociology of the Modern Monster

The literature of terror is born precisely out of the terror of a split society and out of the desire to heal it. It is for just this reason that Dracula and Frankenstein, with rare exceptions, do not appear together. The threat would be too great, and this literature, having produced terror, must also erase it and restore peace. It must restore the broken equilibrium—giving the illusion of being able to stop history—because the monster expresses the anxiety that the future will be monstrous. His antagonist—the enemy of the monster—will always be, by contrast, a representative of the present, a distillation of complacent nineteenth-century mediocrity: nationalistic, stupid, superstitious, philistine, impotent, self-satisfied. But this does not show through. Fascinated by the horror of the monster, the public accepts the vices of its destroyer without a murmur, just as it accepts his literary depiction, the jaded and repetitive typology which regains its strength and its virginity on contact with the unknown. The monster, then, serves to displace the antagonisms and horrors evidenced within society to outside society itself. In Frankenstein the struggle will be between a ‘race of devils’ and the ‘species of man’. Whoever dares to fight the monster automatically becomes the representative of the species, of the whole of society. The monster, the utterly unknown, serves to reconstruct a universality, a social cohesion which in itself would no longer carry conviction.

martes, 26 de noviembre de 2019

lecturas reales

miércoles, 13 de noviembre de 2019

la era de la resistencia

Le hice cinco preguntas al generosísimo Eduardo Crespo, que me respondió desde Brasil:

—¿Qué escenario supone la liberación de Lula en un Brasil que, como escribiste, está en el desarmadero?
—Lo de lula es un fenómeno de resistencia. No es que vas a tener dentro de poco una oposición armada o que en breve se vaya a manifestar en una opción electoral o de poder. Lula libre era una bandera que estaba levantando todo el mundo, no sólo los petistas (por el PT, Partido de los Trabajadores). La mayor parte de quienes no son la derecha de Bolsonaro levantaban esa bandera. Se convirtió en una bandera internacional. Después hubo una serie de eventos que, de alguna manera, desacreditaron el fenómeno del Lava Jato. El conocido Vaza Jato, cuando salieron las filtraciones (de las conversaciones a través de Instagram) del ex juez Sergio Moro (hoy ministro de Justicia de Brasil) con (el fiscal Deltan) Dallagnol, que demostraban que era todo un arreglo para encarcelar a Lula, que las motivaciones eran políticas y que los tipos estaban involucrados en acuerdos con empresarios y probablemente con Estados Unidos. Eso lo descalificó mucho y creó el clima para que se favorezca esta salida de Lula. No sé bien los entretelones del poder judicial. Pero es parte de un proceso de resistencia que va a dominar en América Latina. El discurso de Lula de este sábado fue muy fuerte, muy agresivo. Comparto lo que dijo. Lula, si bien dijo que no sale con odio en su corazón y que no tiene sed de venganza, sino que aprovechó la prisión para meditar, explícitamente dijo que Bolsonaro lidera una banda de milicianos, que gobierna para las milicias de Río de Janeiro, que Moro es un canalla, que Dallagnol es un canalla, le dijo a Trump que no se meta más con América Latina, que O Globo está esparciendo mierda. Fue un discurso muy de oposición y tratando de nuclear a todo lo que es de izquierda. Incluso dijo que tenemos que respetar la autonomía en América Latina, solidarizarnos con el pueblo venezolano. Entonces, diría que ese discurso apunta a reagrupar la tropa e iniciar una resistencia. Es crear una oposición que hoy no hay en Brasil, porque hasta hace poco la bandera del PT era “Lula libre”, no había mucho más que eso. Era clara su oposición al tema económico. Lula puso a (el ministro de Economía Paulo) Guedes y a todas las reformas que está haciendo como el enemigo. En definitiva, Lula hoy apunta a reagrupar por izquierda bajo su liderazgo. No es el Lula componedor que conocíamos.

camacho: la biblia y la bala en bolivia


Cuando Luis Fernando Camacho irrumpió en el abandonado palacio presidencial de Bolivia, horas más tarde de la repentina renuncia del presidente Evo Morales, el 10 de noviembre, reveló al mundo un lado del país que estaba en desacuerdo con el espíritu plurinacional que su depuesto líder socialista e indígena había presentado.
Con una Biblia en una mano y una bandera nacional en la otra, Camacho inclinó la cabeza en oración en medio del trono presidencial, cumpliendo su promesa de terminar con las prácticas religiosas indígenas de su país y “devolver a Dios al Palacio Quemado”. “Pachamama nunca volverá al palacio”, dijo, refiriéndose al espíritu andino de la Madre Tierra. “Bolivia le pertenece a Cristo”.
Prácticamente desconocido fuera de su propio país, donde nunca había ganado una elección democrática, Camacho se pasó de rosca. Es un oligarca rico y poderoso, y un fundamentalista cristiano ultraconservador preparado por un paramilitar fascista conocido por su violencia racista, con una base de poder en la rica región separatista de Santa Cruz de Bolivia. Proviene de una familia de élites corporativas, élites que perdieron parte de su riqueza cuando Morales nacionalizó los recursos naturales de su país.
Dos meses antes del golpe, Camacho tuiteó agradecimiento a sus aliados de derecha en la región: “¡Gracias, Colombia! ¡Gracias, Venezuela! “, exclamó, inclinando su sombrero ante la operación golpista de Juan Guaidó. También reconoció al gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro, declarando: “¡Gracias Brasil!”
Camacho había pasado años liderando una organización separatista abiertamente fascista.

jueves, 7 de noviembre de 2019

el enemigo interior


Nuestra democracia no está en peligro: porque no vivimos en una democracia. La “imagen” de nuestra democracia está en peligro. El estado profundo (generales, banqueros, corporativos, lobistas, jefes de inteligencia, burócratas gubernamentales y tecnócratas) tiene la intención de salvar la marca. Es difícil anunciarse como el guardián mundial de la libertad y el libre arbitrio con Donald Trump parloteando incoherentemente sobre sí mismo, incitando a la violencia racista, insultando a nuestros aliados tradicionales de la mano de los tribunales, la prensa y el Congreso, tuiteando locuras mal escritas y denunciando impulsivamente o saboteando la política bipartidista nacional y exterior. Pero el pecado más imperdonable de Trump a los ojos del estado profundo es su crítica a las guerras interminables del imperio, a pesar de que carece de las habilidades intelectuales y organizativas para supervisar una desconexión.
El estado profundo cometió el mayor error estratégico en la historia de Estados Unidos cuando invadió y ocupó Afganistán e Irak. Esa clase de fiascos militares fatales –una característica de todos los imperios tardíos–, se llaman actos de “micro-militarismo”. Los imperios moribundos históricamente desperdician el último capital que tienen: económico, político y militar en conflictos inútiles, irresolubles e imposibles de ganar hasta que colapsan. Buscan en estos actos de micro-militarismo recuperar una antigua dominación y una estatura perdida. El desastre se acumula en el desastre. Los arquitectos de nuestra espiral de muerte imperial, sin embargo, son intocables. Los generales y políticos despistados que impulsan al imperio a expandir el caos y el colapso fiscal tienen éxito en una cosa: perpetuarse. Nadie se hace responsable. Una prensa servil trata a estos mandarines con veneración casi religiosa. Los generales y los políticos, muchos de los cuales deberían haber sido sometidos a juicio o destituidos, al jubilarse se retiran para ocupar lucrativos asientos en las juntas de los fabricantes de armas, para quienes estas guerras son inmensamente rentables.
Son llamados por una prensa aduladora para proporcionar análisis al público del desorden que crearon. Se muestran como ejemplos de integridad, servicio desinteresado y patriotismo.
Después de casi dos décadas, todos los supuestos objetivos utilizados para justificar nuestras guerras en el Medio Oriente fueron dados vuelta. Se suponía que la invasión de Afganistán acabaría con Al Qaeda. En cambio, al-Qaeda emigró para llenar los vacíos de poder del estado profundo creado en las guerras en Irak, Siria, Libia y Yemen. La guerra en Afganistán mutó hacia una guerra con los talibanes, que ahora controlan la mayor parte del país y amenazan al régimen corrupto que apoyamos en Kabul. El estado profundo orquestó la invasión de Irak, que no tuvo nada que ver con los ataques del 11 de septiembre.

martes, 15 de octubre de 2019

la época del mal radical


Chris Hedges, quien se ordenó como ministro presbiteriano, pronunció este sermón el domingo pasado en la Iglesia Presbiteriana de Claremont, en Claremont, California.
Imagen de Mr. Fish

Immanuel Kant acuñó el término “Mal radical”. Era el privilegio del propio interés sobre el de los demás, reduciendo efectivamente a los que te rodean a objetos para ser manipulados y utilizados para tus propios fines. Pero Hannah Arendt, quien también usó el término “Mal radical”, vio que era peor que sólo hecho de tratar a los demás como objetos. El mal radical, escribió, hizo superfluo a un gran número de personas. No poseían ningún valor en absoluto. Eran, una vez que no podían ser utilizados por los poderosos, descartados como basura humana.
Vivimos en una era de maldad radical. Los arquitectos de este mal están arrasando a la tierra y conduciendo a la especie humana hacia la extinción. Nos están despojando de nuestras libertades y libertades civiles más básicas. Están orquestando la creciente inequidad social, concentrando riqueza y poder en manos de una camarilla de oligarcas globales. Están destruyendo nuestras instituciones democráticas, convirtiendo el cargo electo en un sistema de soborno legalizado, almacenando nuestros tribunales con jueces que invierten los derechos constitucionales para que el dinero corporativo ilimitado invertido en campañas políticas se disfrace como derecho de solicitar al gobierno o alguna forma de libertad de expresión. Su toma del poder ha vomitado demagogos y estafadores, incluidos Donald Trump y Boris Johnson, cada uno es la distorsión de una democracia fallida. Están transformando a las comunidades pobres de Estados Unidos en colonias militarizadas internas donde la policía lleva a cabo campañas letales de terror y utiliza el instrumento contundente del encarcelamiento masivo como herramienta de control social. Están librando guerras interminables en el Medio Oriente y están desviando la mitad de todos los gastos discrecionales a un aparato militar hinchado. Están colocando los derechos de la corporación por encima de los derechos del ciudadano.

Abominación

Arendt captó el mal radical de un capitalismo corporativo en el que las personas se vuelven superfluas (excedente de mano de obra, como dijo Karl Marx) y se las empuja a los márgenes de la sociedad donde ya no se considera que ellos y sus hijos tengan valor –valor siempre determinado por la cantidad de dinero producido y acumulado. Pero como nos recuerda el Evangelio de Lucas, “lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”.

lunes, 14 de octubre de 2019

el verdadero villano es el neoliberalismo


Después de once años de inundar salas de cine con el statu-quo de defensa de los súper policías y soldados, Hollywood finalmente nos ha dado una película taquillera con un protagonista dispuesto a luchar por la gente común contra el sistema económico que los oprime. Y resulta que se trata de un villano de historieta.
“Guasón” tiene, en el mejor de los casos, una relación tenue con el material original de DC Comics. En un homenaje a los primeros trabajos de Martin Scorsese, la película de Todd Phillips sirve como un estudio de los personajes oscuros de Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un payaso profesional que vive con su madre enferma en una tumultuosa ciudad de Gotham de principios de los años ochenta.


Sonríe

La película sigue a Arthur mientras fracasa en el intento de sonreír al tiempo que da pelea a su enfermedad mental, la pobreza, la soledad y la depresión severa. Es alguien completamente impotente para frenar la decadencia de su estado mental y en un momento incluso considera cometer un delito con la esperanza de ser readmitido en el Hospital Estatal de Arkham.
Los únicos momentos de felicidad de Arthur provienen de entretener a los niños y mirar televisión con su madre, específicamente un programa nocturno presentado por Murray Franklin (Robert De Niro), un guiño al ídolo de Rupert Pupkin, Jerry Langford, en “El rey de la comedia" (1982) . Cuando la maquinaria del capitalismo le quita a Arthur incluso esos modestos placeres (junto con su acceso a la terapia y la medicación), la película revela su verdadera naturaleza, no como un drama de prestigio sino como un thriller vengativo de historieta.

domingo, 6 de octubre de 2019

el horror posestatal



El primer episodio de la serie The Walking Dead se emitió el 31 de octubre de 2010, es decir la Víspera de Todos los Santos (All Hallows’ Eve), que incluso aquí conocemos como Halloween. Desde entonces, aunque sin la precisión original, cada octubre llega una nueva temporada con sus zombies cada vez más descarnados y los conflictos de sus protagonistas cada vez más encarnizados. Podría decirse que en una década la suculencia de la serie –una de las más vistas de la era dorada de la ficción televisiva– mermó del mismo modo que sus muertos vivos fueron perdiendo carnadura.
Sin embargo, a partir de la octava temporada The Walking Dead introdujo innovaciones destacables. Por ejemplo Maggie Green, el personaje que protagoniza Lauren Cohan, estuvo embarazada por lo menos dos años desde que Negan (Jeffrey Dean Morgan) le destrozara la cabeza a garrotazos a su esposo. Pero este salto sobre las leyes de la física y la biología no se limita al embarazo de Maggie. En ese mismo lapso –meses más o menos–, Judith, la hija de Rick Grimes (Andrew Lincoln) creció como cuatro años. Pero son apenas detalles. ¿Qué puede importar que un personaje postergue el parto de manera indefinida cuando los muertos no se mueren? Incluso algunos personajes no se mueren después de que el espectador los viera sucumbir bajo una horda de zombies, o presenciara cómo los envolvía la llamarada de una explosión sobre un puente cargado de “caminantes”, como sucedió con Rick Grimes al final de la novena temporada.

domingo, 25 de agosto de 2019

el sueño industrial

El viernes pasado estuve de vuelta en la ex ENET 1 General Ingeniero Manuel Nicolás Savio, donde me gradué como Técnico Químico en 1982. Me había invitado a decir unas palabras en el acto por los 95 años de la institución Sergio Gardella, con quien compartimos promoción y dirige hoy la escuela.
Me emocionó muchísimo encontrarme con unos alumnos atentos, comprometidos con la escuela. Y quedé maravillado con los nuevos laboratorios en la planta baja, donde antes, cuando era aún una escuela nacional, funcionaba parte de la UTN.
Fui con mis hijos, a quienes quería hacer conocer esa escuela y me acompañaron para que pueda hacer de un momento de nostalgia una conversación compartida.
Más tarde, en el grupo de WhatsApp que tenemos con Walter Alvarez y Gustavo Ng, hablamos del asunto y nos preguntamos cómo es que en nuestra época (y me parece que ahora tampoco) no había un relato de esas cosas que nos rodeaban. Por ejemplo, nadie nos contó entonces quién fue Manuel Nicolás Savio. Lo que intenté transmitir en esas palabras fue eso, que debemos hacer propio el relato de la ciudad, cosas así.
Acá ese discursito:
Quisiera exponer tres pequeñas ideas sobre esta escuela ya cercana al centenario. Aquí hice el secundario, y aunque no continué con ninguna carrera técnica, industrial, también conocí la ciudad a través de la escuela. Como estudié Letras y me dediqué a escribir, pensé muchas veces en esto: cómo una escuela nos vincula con la ciudad y cómo ese vínculo con la ciudad y la escuela termina configurando nuestra relación con el mundo.

miércoles, 7 de agosto de 2019

el fin de una civilización

En Brexit: the Uncivil War actúa Benedict Cumberbatch en su rol de siempre: incómodo, arrogante, luciferino –iluminador y fulminante a la vez. Interpreta a Dominic Cummings, el estratega político detrás de la campaña del Brexit, hoy asesor de Boris Johnson, primer ministro británico.
Cumberbatch es de algún modo un Sherlock en este film del Channel 4 que se puede ver a través de HBO o de forma non sancta. Diabólico y lúcido, nota al principio de la campaña, cuando aún no había definido el slogan –le llama “el mensaje”– con el que iba a lograr que la mayoría de los británicos votaran que Gran Bretaña abandonase la Unión Europea (“Recuperar el control”: “Take back control”) que las personas pasan más tiempo que nunca en internet, pero se sienten cada vez más solas.

A diferencia de The Great Hack (Nada es privado), el documental de Netflix sobre Cambridge Analytica, la compañía de manejo de Big Data que hackeó millones de cuentas de Facebook para influir en el Brexit, en las elecciones que llevaron a Donald Trump al poder y a Mauricio Macri a la presidencia de Argentina; Brexit: the Uncivil War es una película, es ficción, aunque una leyenda al principio nos advierte que se respetaron los nombres verdaderos y que el argumento se redactó en base a entrevistas realizadas a los protagonistas de la historia.

martes, 6 de agosto de 2019

genealogía del empresario nacional

En la microbiografía que lo presenta en la Revista Crisis, de Alejandro Galliano –cuya primera nota en ese medio se publicó en septiembre de 2015– se dice: “(Tigre, 1978) Hijo de la clase trabajadora y egresado de Filosofía y Letras. De día trabaja en los mal iluminados nichos de la industria educativa argentina y de noche dibuja y escribe como Bruno Bauer. En twitter es @bauerbrun.” Entonces no había publicado aún su primer libro –junto con Hernán Vanoli– “Los dueños del futuro. Vida y obra, secretos y mentiras de los empresarios del siglo XXI”, en cuya contratapa leemos: “Cualquier argentino medio pone una parte de su vida en las poderosas y casi invisibles manos de los dueños del futuro. Viaja por calles o rutas construidas gracias a la toma de deuda estatal negociada por el joven banquero Federico Tomasevich. Compra productos en alguno de los supermercados de Federico Braun, que luego acompaña con otros productos de soja desarrollados con semillas diseñadas por Don Mario, la compañía de Gerardo Bartolomé. Si se enferma, quizás consuma alguno de los componentes fabricados por Hugo Sigman en sociedad con el Estado chino. También puede intentar comprar o vender en MercadoLibre, la empresa de Marcos Galperín, o visitar algún sitio web desarrollado por GlobAnt, y ofrecer así bienes o servicios finalmente comprados por alguien que vive en alguno de los incontables inmuebles que Eduardo Costantini ha desparramado por Buenos Aires.”
En esta entrevista Galliano dice que escribir ese libro lo llevó a replantearse su propia idea del futuro tras escuchar la que tienen en su cabeza los empresarios más prósperos de Argentina. Y que eso lo llevó a seguir escribiendo y explorando posibilidades que pocos –entre ellos el historiador rosarino Ezequiel Gatto– desarrollan en el amplio campo cultural argentino.
—Escribiste una nota en una revista digital basada en un modelo que se publicó a su vez en otro medio digital, Jacobin, ¿cómo percibís esta expansión de esto que podría englobarse en el periodismo digital, donde hay tanto opinión como un renovado discurso sobre la política?
—Son cosas diferentes allá (en medios estadounidenses o británicos) y acá. Jacobin, como New Statement, son como voceras de una nueva izquierda anglosajona en un país como Estados Unidos, que no tiene una tradición fuerte de izquierda, aunque tienen publicaciones e intelectuales, y aprovechan los soportes digitales como para vertebrar eso. En el caso de Inglaterra hay una tradición más sólida pero se está reciclando con Momentum y todo lo que se generó alrededor de (Jeremy) Corbyn, en fin, creo que todo se puede encuadrar en lo que The Economist llamó “socialismo millenial”, que tiene que ver con un nuevo consumidor (si tenés un socialista millenial no podés esperar que lea un diario en papel pero, al mismo tiempo, la necesidad de que no sea algo fugaz, de captarlo y darle contenidos. Acá en Argentina de alguna manera es algo más crepuscular, creo que está en retracción todos esos medios que aparecieron en el tercer gobierno kirchnerista, como ArtePolítica, LosTrabajosPrácticos y no tenían una adscripción política tan clara, al contrario de lo que pasa con Jacobin, que es como el vocero del socialismo encarnado en (Bernie) Sanders. Acá, estos medios trataban de tomar distancia de las dos fuerzas políticas, incluso de la grieta, es el caso de PanamaRevista que salió a terciar en ese terreno en el 2013, y no se pueden despegar de la crisis que en paralelo estaban sufriendo los medios tradicionales. Crisis financiera y de credibilidad. Y para muchos fueron un refugio, como yo, que no escribía en ningún medio, y estaban los otros medios, integrados por periodistas que ya no encontraban ni lugar ni financiamiento. Allá está en plena ebullición, aunque muchos no pudieron sostenerse. Acá está en retracción porque muchos no lograron solvencia financiera y también porque cambiaron las pautas. Hoy existe el podcast o un canal de YouTube, que transmiten mejor que un blog.

miércoles, 31 de julio de 2019

el gótico y la ansiedad que nos consume


Somos amigos. Cada año me trae de regalo desde Boulder, Colorado, donde es profesor, algún libro en inglés, como la versión original de El monje publicada en Oxford, o los cuentos góticos de Elizabeth Gaskell –que ignoraba por completo– que, además de tener un prólogo excepcional de Laura Kranzler, leí maravillado: historias en las que una atmósfera enrarecida y siniestra rodea a los personajes femeninos, por lo general victimizados por hombres de una autoridad sombría.
Conversar con Juan Pablo Dabove se convirtió en un hábito postergado. Esperar su vuelta una vez al año y hablar de las cosas que quedaron pendientes, de los libros y los hijos, de la topografía de la política: el modo en que cambiamos y cambian los lugares que transitamos, las ciudades que conocimos.
Mi amigo Dabove es una eminencia secreta en Rosario. Cuando está en la ciudad circula a diario por la zona de la Facultad de Humanidades y Artes, donde egresó de Letras, que se mantiene como cada año fiel a sus propias tramas.  Dabove publicó en inglés Nightmares of the lettered city (Pesadillas de la ciudad letrada), en la que no sólo analiza el bandidismo en la literatura latinoamericana, sino que propone una “teratología” (un estudio de los monstruos) de la imaginación liberal decimonónica en el continente americano. Hay más libros y ensayos, como Bandit Narratives in Latin America (cuya dedicatoria es un desplante de generosidad extrema), y en particular "'La cosa maldita': Lugones y el gótico imperial", donde escribe: “Lugones transcultura el lenguaje gótico para dar cuenta de la ansiedad que aquejaba al letrado nacionalista argentino frente a una realidad en rápida modificación (y nuevos sujetos que son metáfora de esa nueva y amenazante realidad) en las décadas que van de la crisis económica y la revolución radical de 1890 al ascenso del radicalismo al poder en 1916, y cuyo hito fue el Centenario (1910). Propongo que, del 'capital mimético' con el cual Occidente dio forma y lugar a sus Otros, Lugones adopta en estos cuentos la modulación gótico-orientalista de la narrativa finisecular que Patrick Brantlinger denominó, para el caso británico, gótico imperial (Imperial Gothic). El gótico imperial, señala Brantlinger, revela las ansiedades y contradicciones del imperio británico que se debatía entre un cientificismo progresista y una atracción por lo oculto."

martes, 25 de junio de 2019

el kitsch mata

El escritor francés Renaud Camus es hoy la pluma más influyente del supremacismo blanco, autor de la teoría conspirativa de “la gran sustitución” –la civilización occidental y blanca invadida por musulmanes y africanos–, que está detrás de ataques violentos y criminales en todo el mundo. El kitsch puede matar, dice el autor de este artículo. (La traducción es fragmentaria)




Un escritor gay pionero en los años ochenta, laureado por la Academia Francesa, un círculo literario tan enrarecido que se conocen a sus miembros como les immortels (los inmortales). Un defensor radical del arte por el arte que se retiró a un castillo del siglo XIV para vivir entre las pinturas y las imágenes que eran las únicas fuentes de significado que siempre había reconocido. Esas son las descripciones que alguna vez capturaron la esencia de Renaud Camus.
Su característica distintiva era la intrepidez, como lo evidencia su novela autobiográfica de 1979, “Tricks”, que relata con gran detalle una serie de rampantes encuentros homosexuales que el narrador tuvo en los baños de clubes nocturnos y unos departamentos mugrientos a ambos lados del Atlántico. “Puse saliva en mi culo, me arrodillé a sus dos lados, y llevé su pene, que no tenía un tamaño considerable, dentro de mí sin mucha dificultad”, leemos de uno de esos encuentros. “Acabó en el momento en que uno de mis dedos estaba presionado dentro de la grieta de su culo”. Ese era Camus entonces.
En estos días, el autor de “Tricks” es mejor conocido como el principal arquitecto de “le grand remplacement” (el gran sustitución), la teoría conspirativa de que la Europa blanca y cristiana está siendo invadida y destruida por hordas de inmigrantes negros y morochos de África del norte y subsahariana. Desde 2012, cuando apareció como título de un libro que Camus publicó por su cuenta, el término “gran sustitución” se ha convertido en un grito de reunión de los supremacistas blancos de todo el mundo: los manifestantes que irrumpieron en Charlottesville, Virginia, en agosto de 2017; el hombre que mató a 11 fieles en la sinagoga del Árbol de la Vida en Pittsburgh en octubre de 2018; y especialmente Brenton Tarrant, el sospechoso de los ataques de la mezquita de Nueva Zelanda en marzo. Tarrant publicó su propio “La gran sustitución”, un manifiesto en línea de 74 páginas, antes de asesinar a 51 personas.

lunes, 17 de junio de 2019

ayn rand: la antecesora del "neoliberalismo zombie"




En un rincón oscuro de mi casa, donde una biblioteca incrustada en la pared hace una curva, se pierde de vista y se vuelve inalcanzable, cerca del cielorraso, guardo un par de docenas de libros de los que no he podido deshacerme y no quiero que nadie vea. Es una colección para conocedores de los escritos de Ayn Rand y sus discípulos, que reuní en mi adolescencia hace mucho, mucho tiempo. Mi primera novia, una mujer mayor de unos veinte años, me presentó a Rand. Recién había emigrado a los Estados Unidos desde Rusia, había salido de la escuela secundaria, y de alguna manera los escritos de Rand me interpelaron, hicieron que el mundo pareciera simple y conquistable. Mi fase de Rand fue relativamente breve, pero, antes de que terminara, me abrí camino en mi primer trabajo en publicaciones hablando de Rand con mi futuro jefe, un pionero editor gay que estaba igualmente obsesionado con ella.
Según este nuevo libro, esto es más o menos normal. En Mean Girl: Ayn Rand and the Cullture of Greed (“Chica mala: Ayn Rand y la cultura de la codicia”, Lisa Duggan, profesora de análisis social y cultural en la Universidad de Nueva York, señala que, aunque la línea de liberación sexual de Rand no se extendió a la homosexualidad, sus heroínas femeninas se niegan a conformarse a las normas femeninas, y sus héroes masculinos están todos enamorados el uno del otro. Por cierto, no fui el único adolescente queer que se dejó seducir por estos libros, que Duggan llama “máquinas de conversión que funcionan con lujuria”. El valor terapéutico del libro de Duggan va más allá de liberarme de la vergüenza por mi falta adolescente de gusto literario y de discernimiento político; también provee una explicación para nuestro actual momento cultural y político.
Como parte de American Studies Now, una serie de delgados volúmenes publicados por la editorial de la Universidad de California, el libro de Duggan resume la vida y la filosofía de Rand en menos de noventa páginas, una afrenta a un novelista cuyo magnum opus, Atlas Shrugged ("La rebelión de Atlas"), llegó a más de diez veces esa longitud. “¿Cómo podría una novela de más de mil páginas, con personajes de dibujos animados que se mueven a través de un argumento melodramático salpicado de largos discursos didácticos, atraer a tantos lectores y generar tanta atención?”, pregunta Duggan. “Claramente, las fantasías que animaban la novela golpearon un acorde profundo”.
Las novelas de Rand prometían liberar al lector de todo lo que le habían enseñado que era correcto y bueno. Invitó a sus lectores a regocijarse en la crueldad. Sus héroes eran seres superiores, seguros de su superioridad. Reclamaban su derecho triunfar al destruir a aquellos que no eran tan inteligentes, creativos, productivos, ambiciosos, físicamente perfectos, egoístas y despiadados como ellos. Duggan llama al estado de ánimo de los libros “crueldad optimista”. Son malos y tienen un final feliz, es decir, los seres superiores son felices al final. Las novelas revierten la moralidad. En ellos no hay ningún deber para con Dios o con el prójimo, solo con uno mismo. El sexo es abundante, libre de consecuencias y áspero. El dinero y otras cosas buenas llegan a los que las toman. Las tramas de Rand legitiman los peores efectos del capitalismo, creando lo que Duggan llama “una economía moral de desigualdad para infundir su ficción de romance suavemente pornográfico con el eros político que cautivaría a una gran cantidad de lectores”.
Duggan rastrea la influencia de Rand, tanto directa como indirecta, en la política y la cultura estadounidenses. La ficción de Rand fue un vehículo para su filosofía, conocida como objetivismo, que consagró una forma extrema de capitalismo de laissez-faire y lo que ella llamó “egoísmo racional”, o el deber moral y lógico de seguir el propio interés de uno. Más adelante en su vida, Rand promovió el objetivismo a través de libros de no ficción, artículos, conferencias y cursos ofrecidos a través de un instituto que ella estableció, llamado Fundación para el Nuevo Intelectual. Estaba estrechamente relacionada con Ludwig von Mises, un economista e historiador que ayudó a moldear el pensamiento neoliberal. Cuando Rand publicaba activamente ficción, desde los años treinta hasta 1957, cuando salió “Atlas Shrugged”, la suya era una perspectiva política marginal. Los críticos destrozaron sus novelas, que ganaron gradualmente una inmensa popularidad, de boca en boca. La cultura política estadounidense de mediados de siglo estaba dominada por el pensamiento del New Deal, que valoraba todo lo que Rand despreciaba: el estado de bienestar, la empatía, la interdependencia. Para los años ochenta, sin embargo, el pensamiento neoliberal había llegado a dominar la política. El economista Alan Greenspan, por ejemplo, fue un discípulo de Rand que llevó su filosofía a su papel de presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente Gerald Ford y, desde 1987 hasta 2006, como presidente de la Reserva Federal.
Duggan no culpa exactamente a Rand por el neoliberalismo, pero destaca el espíritu randiano de lo que llama el “Teatro de Crueldad Neoliberal”. Este teatro incluiría jugadores que no necesariamente describimos como neoliberales. Paul Ryan, el ex presidente de la Cámara de Representantes, es un evangelista de Rand que repartió copias de “Atlas Shrugged” como regalo de Navidad para su personal y dijo que “hizo el mejor trabajo para construir un caso moral del capitalismo”. Cuando el Tea Party salió envalentonado contra la Ley del Cuidado de Salud Accesible, en 2009, algunos de sus miembros portaban carteles que decían “¿Quién es John Galt?”, Una referencia a “Atlas Shrugged”. El espíritu de Rand es prominente en Silicon Valley, también: los multimillonarios Peter Thiel, Elon Musk, Travis Kalanick y otros han acreditado a Rand por haberlos inspirado. La imagen del empresario de tecnología estadounidense podría haber venido de una de sus novelas. Si estuviera viva hoy, probablemente adoptaría la palabra “disrupción”.
El colapso del mercado de hipotecas y la crisis financiera de 2007 y 2008 deberían haber provocado la muerte del neoliberalismo al dejar en claro el costo humano de la desregulación y la privatización; en su lugar, escribe Duggan, “el neoliberalismo zombie” ahora está acechando la tierra. Y, por supuesto, el espíritu de Ayn Rand atormenta a la Casa Blanca. Muchos de los asociados de Donald Trump, incluido el secretario de Estado, Mike Pompeo, y su antecesor, Rex Tillerson, han rendido homenaje a sus ideas, y el mismo presidente ha elogiado su novela The Fountainhead ("El manantial": Trump aparentemente se identifica con su héroe arquitecto, Howard Roark, quien hace estallar un proyecto de vivienda que ha diseñado por ser insuficientemente perfecto.) Su versión del randismo está despojada de todos los elementos que podrían explicar mi incapacidad para deshacerme de esos libros: el pretexto del intelectualismo, el ateísmo militante. y la defensa explícita de la libertad sexual. De todo lo que Rand ofreció, estos hombres han tomado solo lo peor: la crueldad. Ni siquiera son optimistas. Son simplemente nefastos.