socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 11 de junio de 2018

nada más político que la comida

Fueron mis amigos de Hoja de ruta los que me introdujeron en Anthony Bourdain, de hecho, en un asado insuperable el miércoles último, dos días antes de que Bourdain se matara en Francia, habíamos estado hablando de él y, con el diario del viernes, alguien puso en el grupo de WhatsApp: “Lo mufé”. Federico Fritschi recordó en el programa del viernes que muchas veces la puerta de entrada a un país, para Bourdain, eran los músicos y que en Argentina comió con algunos de los integrantes de Los Pericos un choripán, entre otras cosas. Coki Debernardi recordó la foto que se sacó en Chile, cuando lo cruzó en un Aeropuerto.
Coki con Bourdain en el aeropuerto de Chile. Imagen tomada de Twitter.

“Anthony Bourdain demandaba que tuviésemos en cuenta la humanidad de todos aquellos que los medios nunca retrataron”, subtitula esta nota que traducimos acá el periodista del diario estadounidense de izquierda The Nation John Nichols.




Anthony Bourdain llevó Parts Unknown (“Piezas desconocidas”, su serie de CNN premiada con un Emmy) a lugares donde la mayoría de los medios no llegan. Aparentemente nos contaba historias sobre cómo se preparan y consumen alimentos. Pero Bourdain estaba realmente fascinado y comprometido con diversas culturas y con la experiencia humana que reflejan. Se involucró profesional, personal y políticamente.

Dijo que no era un narrador, ni un periodista. Pero Bourdain era a menudo un comentarista sobre geopolítica más lúcido que los políticos y los expertos que intrigan para estrechar la comprensión de nuestra humanidad compartida.
 Bourdain en Gaza. Imagen tomada de Gaza Mom.

El chef y el autor, que murió a los 61 años, intentó expandir ese entendimiento. Y lo hizo viajando a zonas de conflicto e invitando a los espectadores a ir con él a los mercados, las cocinas y las mesas de familias cuya bondad y decencia rara vez se reflejaba en la cobertura de los medios de países que mantienen desacuerdos entre ellos mismos, con sus vecinos y con los Estados Unidos. Hizo esto en Kurdistán, Congo, Libia, Myanmar y, lo que cobró fama mundial, en Irán. Pero fue su visita a Gaza, Cisjordania y Jerusalén en 2013 lo que puso sobre la mesa la evaluación más poderosa de los desafíos y las posibilidades del trabajo que hizo.

miércoles, 6 de junio de 2018

nación o colaboracionismo

Conversación con Ana Virginia Persello: las divisiones dentro del radicalismo. 

Antes de comenzar la entrevista, Ana Virginia Persello aclara que no va a hablar del presente. Concedido. Persello es acaso la más exhaustiva de las historiadoras del radicalismo, autora de El partido radical (Siglo XXI, 2004) e Historia del radicalismo (Edhasa, 2007), entre otros. Graduada en la Universidad Nacional de Rosario –donde es profesora de Historia Argentina del siglo XX–, se doctoró en la Universidad de Buenos Aires.

“Antiperonista y gorila son dos cosas distintas. El gorila es un antiperonista exacerbado, que en el 55 decía que había que borrar al peronismo de la faz de la tierra, que era el cáncer que había que erradicar. Pero hay otro antiperonismo que es no gorila, es opositor, pero no entiende que el peronismo tiene que ser borrado, sino que lo acepta como identidad política mayoritaria. Después del golpe del 55 el sector vinculado a Ricardo Balbín es antiperonista duro, ‘gorila’; el ligado a Arturo Frondizi dice que el peronismo es una realidad con la que debemos convivir, hay que liberarse de Perón, “el demagogo”, pero hay que recuperar e integrar a las masas a la arena política”, dice en un momento de la charla.

Definir el radicalismo a partir de sus conocimientos es, de parte de esta redacción, desentrañar la trama histórica que llevó a gran parte de los radicales a acompañar el proyecto conservador de Propuesta Republicana (PRO) dentro de Cambiemos. Las claves están en el recorrido que Persello señala aquí desde los orígenes hasta el último liderazgo, el de Raúl Alfonsín.

—¿Hay una definición de qué es el radicalismo, a partir de sus orígenes, su identidad?

—Tu pregunta es si se puede hablar de un radicalismo o hay que hablar de partes. Ambas cosas. Desde sus orígenes hay una identidad y una organización, lo que te define a un actor colectivo. Además de ser un partido es portador de determinada doctrina. Ningún partido político es unívoco, todos los actores colectivos tienen internamente divisiones, fracturas, cismas, líneas internas: partidos políticos, fuerzas armadas, corporaciones, en general. A lo largo de la historia del radicalismo lo que vas viendo son divisiones internas, cismas, pero eso no impide que lo podamos pensar como una identidad y una organización. Surge como un partido, como una máquina electoral, como una religión cívica atravesada por líneas internas. La historiografía que los propios radicales concibieron una línea conservadora y una más popular, cuando se habla de Hipólito Yrigoyen y de Marcelo T. de Alvear, de un radicalismo rojo y uno azul, o de uno más popular y uno conservador, habla de líneas internas al interior del partido, ahora, todos se asumen como radicales.

lunes, 4 de junio de 2018

una medida de seguridad


Escribí este cuento a fines de los 90, "fascinado" con la experiencia de mi primera paternidad. Mi amigo JPD lo usa en clases sobre literatura de horror. Al releerlo, luego de que me pidiera algo para publicar El Corán y el Termotanque, encuentro, como JPD me lo ha señalado, que cumple a rajatabla con las premisas de la narrativa de horror, desde lo familiar que se vuelve siniestro hasta lo que podríamos llamar el "desmoronamiento ontológico", ese momento en el que un personaje siente que se desmorona todo lo que construyó, desde su identidad hasta su propia cotidianidad. En fin. Este es el cuento. Gracias a Juan Campos de El Corán y el Termotanque.

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La primera vez que Marcelo Subirats sintió que algo lo separaba de su hijo, éste se resistía a salir de la panza de su madre.

Entonces, Subirats no pensó que le vedaban el contacto con la criatura. Hasta ese momento el hijo era poco más que una idea, un ideal dibujado en el vientre redondo de Rita, su esposa. Había pasado casi toda la noche en el sanatorio, junto a la cama donde su mujer hacía el pre parto. Pero no hubo suficiente dilatación. Eran pasadas las siete de la mañana cuando el obstetra entró con una enfermera, revisó la panza de la mujer con los electrodos de un aparato y le dijo a él que permaneciera en sala de espera. Iban a cesárea.

Emilio nació sin otras complicaciones que las de su madre al dar a luz y a Marcelo Subirats nunca se le ocurrió que esto tuviese un significado particular, hasta que el bebé tuvo siete meses. Entonces los hechos le dieron al episodio la dimensión del indicio, de una señal.

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viernes, 1 de junio de 2018

"la perra rolinga y la mujer que ladra"

Nunca será suficiente mi agradecimiento a Beatriz por este tipo de crónicas.

Beatriz Vignoli en Rosario 12

Tiene fama de puntual y la confirma. A las 20:00 en punto hora argentina comenzó ayer la narradora y cronista Hebe Uhart su diálogo con Pablo Makovsky, en el tercer día de la Feria del Libro de Rosario, en el auditorio del tercer piso del Centro Cultural Fontanarrosa.
Al comienzo de las preguntas del público, Uhart mencionará a Washoe. La chimpancé Washoe fue el primer ser vivo no humano en aprender a comunicarse mediante la lengua de signos americana. Primos hermanos es un libro donde Roger Fouts narra aquel experimento. Hebe Uhart (Moreno, 1936) recuerda todavía el lugar de Buenos Aires donde lo compró: "Hace muchos años, en Lavalle casi Carlos Pellegrini".
A las ocho en punto, el entrevistador lee un dictamen citado en la contratapa de Animales (2017), su más reciente libro de crónicas. La lista de firmantes, por decirlo con una palabra que a ella le resulta desagradable, lo "amerita". Allí César Aira, Martín Kohan, y otros miembros del jurado que le otorgó el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas 2017, dicen: "Hebe Uhart se ha definido como una persona que mira, y cuando dice 'mira' quiere decir 'escucha'. Quiere decir que los relatos de la veintena de libros publicados desde 1962 hasta la fecha siguen una línea que no se guía por el impacto de los acontecimientos, sino por el deseo de captar el detalle".

lunes, 28 de mayo de 2018

la lengua austral

Conversábamos por el chat de wasap sobre posibles nombres para un sitio y surgió como chiste los nombres espantosos con los que se aludía a la marihuana y sus utensilios en los 80 –expresiones que me suenan aún obscenas, como "tuca", "tuquera", "fumo" o "macoña", que era el término en cuestión.
Entonces alguien pone en el chat: "Y claro, en esa época se pagaba con un billete llamado 'austral'. Cualquier nombre era válido."

"un disciplinamiento de orden superior"

Julia Strada nació en Rosario, donde se recibió en la facultad de Ciencia Política, es magíster en Economía en Flacso e investigadora del Conicet, “y casi Doctora en Desarrollo Económico”, dice en su microbiografía en Twitter, donde agrega: “feminista”.
Strada integra el Centro de Economía Política Argentina (Cepa) y el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels), además de ser la columnista económica de “El diario”, que se emite de lunes a viernes a la tarde en C5N. Es, además, hija de uno de los dirigentes sindicales y políticos de izquierda más respetados de la ciudad, Aldo Strada, quien militó desde los años 70 en el Peronismo de Base y fue legislador entre 2003 y 2007, y falleció en enero del año pasado.
En esta conversación Julia Strada destaca la importancia de la política frente a la economía y reafirma que este gobierno va por los sindicatos y por la industria como territorio de sindicalización.
Imagen tomada de Twitter

—¿Notás que hay algo así como un “paradigma económico” que pretende explicar e interpretar una realidad que es ante todo política?
—La ortodoxia económica entiende que la economía es una ciencia y a partir de ese enfoque entiende que la economía puede hacer un diagnóstico científico acerca de la causa de los problemas y en virtud de eso intervenir en la realidad con medidas económicas precisas. Al mismo, tiempo, al suponer que la Economía, piensan que puede predecir lo que va a pasar, por eso son tan fanáticos de las proyecciones acerca del crecimiento, las inversiones. La ortodoxia entiende que la inflación es un problema monetario y que en el marco de eso la ecuación correcta para reducir la inflación es absorber pesos y quitar liquidez del mercado y entienden que no habría otra manera científica para resolver la inflación. Después, claro, uno se estrella contra la realidad de la economía argentina y su funcionamiento particular que no coincide con los preceptos de la economía ortodoxa como se la enseña en las universidades: gran parte de estos economistas son egresados de universidades norteamericanas o extranjeras y vienen a Argentina, se insertan en la gestión pública y se dan cuenta de que nada de lo que aprendieron termina siendo aplicable.

jueves, 10 de mayo de 2018

las placas tectónicas de la economía

A diez años del derrumbe financiero de 2008, una destacada economista británica sostiene que el “paradigma neoclásico” –los neoliberales– es incapaz de predecir o entender la crisis y compara su nivel de improvisación con el que tenían los geólogos antes de descubrir el sistema de placas geológicas.



Hace diez años, el juicio y la competencia de la profesión económica fueron cortésmente cuestionados por la Reina de Inglaterra y, a partir de entonces, fueron atacados ferozmente por la sociedad civil y los economistas “heterodoxos”. A través de todo esto, la profesión se ha mantenido al margen, tanto del debate acalorado como de gran parte de la crisis misma.
Pero ya no. Durante la mayor parte de estos diez años, la profesión ha tratado a sus críticos con cierto desdén. Ahora están devolviendo el golpe. Los economistas del “establishment” –esos que disfrutan de la banca universitaria, tienen cátedras en las mejores universidades, obtienen grandes becas de investigación, se publican en prestigiosas revistas, tienen trabajos en la City, el Bank of England o en la prensa financiera– se han vuelto más activos en defensa de la profesión. Fue la última provocación la que los sacó al llano. En un artículo de la revista Prospect, el economista Howard Reed apuntó con firmeza al “núcleo teórico de la teoría económica moderna: el llamado paradigma neoclásico”.

“Cuando la gran caída golpeó hace una década”, escribió, “el público se dio cuenta de que la profesión económica no tenía ni idea”.
Hay una necesidad de una nueva economía, escribió, e hizo un llamado a los profesionales para desmantelar lo que muchos definen como ortodoxia económica y comenzar de nuevo. La columna vertebral de la ortodoxia, el paradigma neoclásico, escribió Reed: “Comienza con la presunción de que la empresa o el individuo es la mejor unidad de análisis para dar sentido a un mundo complejo. Este atomismo debería ser cuestionado: los climatólogos, después de todo, no dan sentido al clima al pensar en moléculas individuales en el aire.
“El neoclasicismo asume, además, que las empresas están dispuestas a obtener todo lo que pueden de ganancias, y las personas están dispuestas a obtener todo lo que pueden de ‘utilidad’ o bienestar. Esto no suena como se comporta en general la gente real o muchas compañías.

el paradigma perdido

La serie Lost, aquella que sedujo a una gigantesca audiencia por su relato –por sus formas, antes que por una trama que en la temporada cuatro ya resultaba inentendible–, fue convirtiéndose en una suerte de paradigma, de modelo no sólo de desarrollo de la trama, la intriga y los personajes, sino de la percepción misma de la realidad que nos enseña la ficción (para el lector curioso, eso se llama “diégesis”). El 23 de mayo próximo se cumplirán 8 años de la emisión del último episodio de Lost.
Dos series en curso hoy en día –de otras tantas que podrían citarse– abrevan en el paradigma Lost: un fin de mundo (la caída del avión en la isla es el fin del mundo que esos pasajeros habían conocido, quienes deben construir uno nuevo en un ambiente hostil y desconocido que ya trae una historia), el grado cero de una comunidad y el anhelo de salvación (este último término puede leerse con todos sus ecos religiosos). Lost también desplegó a su modo las utopías del mundo pasado: los hippies tecnologizados de la Iniciativa Dharma, la paranoia conspirativa de los Otros, el poder especulativo de los de afuera, la guerra y, sobre todo, la guerra entre hermanos con nombres bíblicos (Jacob y Esaú). Como si la serie recorriera las posibilidades de las “formas de vida” de la historia.
Una es The 100, cuya quinta temporada lleva ya tres episodios emitidos. Producida por la cadena estadounidense The CW, que confirmó hace cinco días una sexta tanda en 2019, en España se distribuye a través de SyFy; hoy sus cuatro primeras temporadas están disponibles en Netflix. Si bien no se anunció dónde se emitirá la quinta en Argentina, en caso de que alguien quiera verla vía un canal tradicional, en internet abundan sitios seguros para descargar los episodios o verla online.
La otra, Colony, fue craneada por uno de los creadores de Lost, Carlton Cuse, y protagonizada por Josh Holloway (Sawyer en la isla perdida): la tercera temporada comenzó a emitirse hace dos semanas y las dos primeras, que cuentan entre sus directores y productores al otrora desvelado realizador argentino Juan José Campanella, también están subidas a Netflix.

Un género analógico


La ciencia ficción presente en las dos series es de un modelo analógico: una hecatombe nuclear en The 100 dejó varados a los sobrevivientes de la humanidad en una estación espacial y, luego de 97 años, deciden purgar a 100 jóvenes enviándolos a la superficie terrestre, a la que aún creen contaminada y devastada. Una vez aquí abajo, mientras sus padres los observan desde el cielo –sí, sí, tampoco es gratuita la metáfora religiosa– los muchachos se encuentran con que la Tierra no estaba vacía.

jueves, 3 de mayo de 2018

la letra chica de la realidad

En 1976 Jorge Murillo se convirtió en funcionario del Banco Mundial (BM). Había trabajado en una asesoría para el ministerio de Economía de Santa Fe, que entonces gobernaba Carlos Sylvestre Begnis, en la que impulsaba el desarrollo de parques industriales. Lo cuenta así: “Había hecho un proyecto para la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario, que le presentaron entonces al gobernador (Carlos) Sylvestre Begnis (1973-1976) para hacer un parque industrial en Alvear. Y el gobernador, cuya filosofía política era el desarrollismo, se mostró muy interesado, pero después surgió que no podía ayudar a Rosario si a su vez no ayudaba a Santa Fe, Reconquista, Rafaela y Venado Tuerto, que eran los cinco polos industriales de la provincia. Después de eso me designaron asesor de la gobernación sobre parques industriales, porque había que conseguir financiamiento. Y comencé a viajar por América latina, México y Estados Unidos, para ver las experiencias y la figura de tipo administrativo que se necesitaban para llevar a cabo esos proyectos. Eso terminó con un curso para complejos industriales en Washington. Al final del curso volví, hicimos el proyecto de inversión con un equipo de acuerdo a la guía del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo presentamos y fue avanzando hasta que llegó al directorio. Yo estaba ese día en Washington, el embajador era Alejandro Orfila y el ministro de Economía, que estaba en ese momento en Washington por los préstamos, era (Alfredo) Gómez Morales. Y una de las carpetas que estaba por ser tratada en esa reunión era la de los parques industriales de Santa Fe. Ya estaba en un extremo de la mesa y en un momento veo que Gómez Morales retira la carpeta nuestra sigilosamente y se la entrega a un ayudante para que la guarde en su portafolios. ¿Qué había sucedido? Mientras se desarrollaba esa reunión en Washington, en los télex (en esa época no había internet) del BM salía que el vicegobernador de Santa Fe, Félix Cuello, estaba pidiendo la intervención a la provincia. Con semejante descalabro institucional Gómez Morales no consideró prudente presentar el proyecto. Era fines del año 1975. En el 76 viene el golpe militar y entonces el ministro de Economía pasó a ser Alfredo Martínez de Hoz y todo lo que eran proyectos industriales los eliminó y los cambió por proyectos agrícolas. Y me fui a mi casa. Me retiré del gobierno de la provincia. Y a los quince días recibo un llamado de Washington del BM. Quien era representante del banco para proyectos argentinos, un señor alemán, me preguntó si no estaba más en el ministerio de Economía de Santa Fe. Le dije que no y le conté lo del golpe militar. Me preguntó si entonces no tenía compromisos con el gobierno de la provincia. ‘Ninguno’, le dije. Y me preguntó si estaba disponible para trabajar para el BM. Me quedé paralizado. Y le contesté que tendría que pensarlo un poco. Y me dijo: ‘¿Cuánto tiempo necesita para decidirlo?’ Y le contesté: “Como dos minutos”. Y él se largó una gran carcajada. A los 15 días viajé en la empresa Braniff a Estados Unidos y firmé mi primer contrato con el BM que iba a ser por dos años y terminó siendo por diecinueve años y cinco meses”.
Murillo, más conocido como el Dr Murillo en el programa de radio El ruido de las nueces (lunes a jueves de 19 a 20.30 en FM 107.5, conducido por Francisco Bessone), donde es columnista, es desde entonces un lector de “la letra chica” de lo que podríamos llamar “contrato de realidad”: el teatro que despliega el discurso del poder. Conocedor de las negociaciones y las finanzas internacionales, cuando Murillo observa el juego que el gobierno de Cambiemos hace público se detiene en la deuda, ese inmenso fuera de campo donde aún duerme la cíclica crisis argentina.
A través de su trabajo en el BM, Murillo –quien se recibió de arquitecto en el UNR y, en EEUU, hizo tres extensos cursos sobre "Project Investment", recorrió una siete u ocho veces América latina y dos o tres veces el mundo. 


viernes, 13 de abril de 2018

libertad


Bajo el título “La libertad no es gratis” (“Freedom isn’t free”), Adam Kotsko publicó este jueves en su blog:

“Una recomendación: cada vez que alguien use el término «libertad» de un modo que parezca hipócrita, intentemos sustituirla por «privilegios tradicionales» (y, cuando use «libre», por «tradicionalmente privilegiado»). El verdadero significado aparecerá a menudo en su lugar.

“Un gran ejemplo es el debate sobre la «libertad de expresión», cuando nos sorprendemos al descubrir que los reaccionarios usan el término de modo oportuno a favor suyo, sin que les importe los derechos de libertad de expresión de los activistas pro-palestinos, comunistas, etc., simplemente hagamos el cambio designándolo como «expresión de privilegios tradicionales» y voilà, ¡todo se vuelve transparente!”

martes, 10 de abril de 2018

alien

Durante casi veinte años se dedicó a viajar. Para los que lo tratábamos de cerca, en el trabajo, en reuniones de amigos, su charla fue siempre la del colega cercano, el compañero con el que se intercambiaban comentarios y opiniones que iban desde libros hasta coberturas periodísticas cercanas. Pablo Bilsky nunca necesitó hablar de sus viajes para transmitir conocimientos ni experiencia. Allá estaban, los viajes, así como se tiene una biblioteca o una colección de discos, se tiene un pasaporte lleno de sellos.
Hace tres años, cuando publicó su primer libro, Herodes, que transcurre en una Rosario onírica, asolada por una guerra que trae los fantasmas de la historia reciente y lejana, era obvio para sus lectores que la principal operación de la literatura de Bilsky era el lenguaje o, mejor, ese extrañamiento que se produce cuando se fuerzan las palabras, cuando las palabras son expelidas por un paisaje que se volvió ajeno. “Crónicas”, ese libro de hace tres años se presentaba como crónicas: a falta de un género para esa experiencia orgiástica de lenguaje y extranjería, en la que un linyera que se travestía aparecía muerto en Granadero Baigorria y los vecinos le atribuían haber combatido en Malvinas, Herodes se presentaba como una crónica. Y lo era, una crónica de la sinrazón histórica.
En China (Baltasara Editora, Rosario, 2018), que se presenta este jueves a las 19 en Facultad Libre Rosario (9 de Julio 1122), Bilsky ensaya también unas crónicas, la de sus viajes por varios continentes, de La Habana a Nueva York, de Liverpool a Jerusalén, de la Atenas de los disturbios contra el ajuste a la Varsovia contemporánea, ultraderechista y xenófoba. Sólo que estas crónicas, a diferencia de la anterior, ya no son sobre la sinrazón histórica sino, acaso, para decirlo con una cita oscura y reconocible, crónicas sobre los sueños de la razón que producen monstruos.
Imagen de Franco Trovato Fuoco

lunes, 26 de marzo de 2018

la clase parasitaria

En 2012, cuando la Comisión Nacional de Valores abrió su archivo, el historiador Bruno Nápoli investigó en particular la relación de la última dictadura con el capital financiero. De allí surgió el libro “La dictadura del capital financiero. El golpe militar corporativo y la trama bursátil” (2015), junto con M. Celeste Perosino y Walter Bosisio. “El libro demuestra –dijo Nápoli– con documentación rigurosamente seleccionada, cómo los sectores concentrados de la economía argentina, durante la dictadura de Jorge Videla, cambiaron el marco legal de nuestro país, imponiendo leyes económicas (algunas aún vigentes, como la Ley de Entidades Financieras) que dieron prioridad a la especulación financiera y a la preeminencia de los bancos por sobre las industrias”.
Su mirada de la historia, además de indagar esos cruces con la economía, abunda en lo que cabe en el término biopolítica, como en “En nombre de mayo. El impresente político”, un libro de intervenciones en el que indaga las exclusiones y la violencia ejercida sobre los cuerpos en la conformación de eso que suele llamarse patria.
En esta entrevista, en vísperas de una nueva conmemoración del 24 de marzo, Nápoli analiza la clase parasitaria que se nutre del estado y convirtió sus estancias en empresas offshore.
—Llega un nuevo 24 de Marzo y da la sensación de que la dictadura sigue siendo vista como un enfrentamiento ideológico entre dos facciones, ¿no se pierde de vista la cuestión económica, que tuvo un largo alcance y afectó a todos los argentinos?
—La dictadura de la desaparición de personas afectó primero en términos sociales por el genocidio cometido, es una afectación cotidiana porque el crimen de la desaparición se comete todos los días, es el peor de los crímenes porque acumula el secuestro, la tortura, el asesinato, la desaparición del cuerpo.
Imagen tomada de Lobo Suelto.

viernes, 23 de marzo de 2018

la interrogación ontológica

en CdS

A fines de marzo del año pasado en La Pista, un encantador espacio de teatro de Crespo al 1500, participé de una sesión de “teatro espontáneo” del proyecto Nómades. Damián Schwarzstein y Ana Otto me recibieron, me descalzaron y me invitaron a sentarme en un cubo que hizo de taburete, desde el que conversé con ellos sobre un viaje entre Paysandú y San Nicolás 42 años atrás. Después vi desplegarse esa escena del modo en que cobran cuerpo los recuerdos, con su vasta gama de matices. La memoria funciona en la medida en que las cosas que olvidamos retornan con un rostro cuya precisión es menos un dato fiel que uno que interroga. Y la interrogación es siempre ontológica: somos lo que cabe en esa pregunta. Entendí entonces lo que era el teatro espontáneo, lo que era el proyecto Nómades y entablé con los rostros de esos actores una intimidad que tal vez no coincide con esas mismas personas cuando las cruzo por la calle.
Cuando me enteré que algo de todo eso podrá verse en la pantalla de canal 3 los martes de febrero después de las 14, en cuatro programas que llevan por título “Espontáneo”, quise conversar de nuevo con Ana y con Damián. Por curiosidad, y también por gratitud.

ricardo rouvier: cambio de época

en CdS

A comienzos de enero pasado el consultor político RicardoRouvier había medido la caída de la imagen de Mauricio Macri tras la reforma previsional de diciembre y la intentona de quitar derechos laborales. Ofreció sus resultados con prudencia, término que usa más de una vez en esta conversación que mantuvimos con él luego de que el presidente inaugurase las sesiones ordinarias del Congreso, la semana pasada.
Una hora después de que Macri hubiera anunciado en la Legislatura que “lo peor ya pasó” y que el país vive un “crecimiento invisible”, Rouvier –sociólogo y titular de Ricardo Rouvier y Asociados– ya había publicado una nota en el sitio La Letra P titulada “Rendición de cuentas”. ¿Cómo pudo escribirla tan rápido?, fue la primera pregunta. Es que la redactó antes de que el mandatario hablara y la terminó justo cuando cerraba el discurso. “Ya sabía lo que iba a decir”, deslizó el analista.
—Usted dijo que más allá de la ideología, el plan de este gobierno ya es un fracaso.
—Lo que digo es que más allá de las etiquetas, porque muchas veces uno se distrae en el análisis con la propia ideología del que analiza, es que la receta neoliberal o la aplicación de la receta liberal, el gobierno fracasó: fracasa en materia económica, sea neoliberal, populista o como sea, fracasa en sus propios objetivos. ¿Cuáles son? Bueno, los objetivos están enunciados. Estoy leyendo ahora un trabajo para una publicación que va a salir en mayo donde planteo cuáles son los deseos imaginarios del PRO, porque el PRO es el eje ideológico principal de Cambiemos. ¿Y por qué hablo de fracaso? Porque este no es el resultado económico que ellos mismos esperaban. No digo que lo que esperaban los otros, sino lo que esperaban ellos, que no están obteniendo resultados. Y como no los están obteniendo van a producir de aquí en más, como lo escuchamos en el discurso del presidente, todo lo que puedan en materia simbólica como para poder ser una opción electoral con posibilidades de obtener la reelección en el 2019. Pero en cuanto a lo que ellos pretenden, sus objetivos, no los están cumpliendo.

todo futuro es político

para La Capital

El futuro envejece rápido. Las historias de ciencia ficción, comprometidas la mayoría de las veces con relatos que transcurren en el futuro, son a fin de cuentas narrativas políticas. Cada una se escribe en tensión con el presente.
A la vez, para que un futuro tenga lugar, el presente debe conservar cierto horizonte de promesas irrealizadas, lo que hasta hace unas décadas solía llamarse “utopías”. La buena noticia, para los amantes de la ciencia ficción, es que vuelve a las pantallas y será uno de los géneros predominantes también en 2018. La mala noticia, para todos, es que es esas “promesas irrealizadas” son cada vez más fragmentarias y su puesta en escena resulta una pesadilla cercana. Un ejemplo: el episodio “Nosedive” (“Caída en picada”), el primero de la tercera temporada de Black Mirror: lo único nuevo son los dispositivos que permiten dar una especie de “me gusta” a una persona sin usar el celular; y lo que vuelve terrible ese relato es la financierización de la vida a través de la red social, cosa que de algún modo ya ocurre (lamentablemente, no sólo a través de redes sociales).

En espejo

Netflix anunció el estreno, entrado 2018, de la quinta temporada de Black Mirror, la segunda que producirá la plataforma de streaming tras ganársela al canal original británico Channel 4, una serie que se adentra apenas unos minutos en el futuro y cuyo tema explota la relación que ya tenemos con la tecnología y el desdoblamiento de las personas en su vida virtual. En otras palabras: esa “otra vida” en la que aspiramos a una plena realización no sólo no existe, tampoco parece existir ya el deseo, según nos lo dejan ver los casi siempre pesimistas episodios pergeñados por Charlie Brooker, inspiradas en películas, libros, historietas y también videojuegos como Fall Out.

lunes, 19 de marzo de 2018

toda mujer es política


Un fantasma recorre la actual ficción televisiva estadounidense, es el fantasma del totalitarismo. Un fantasma que lleva un mechón dorado, un cuerpo grueso y el nombre de Donald Trump quien, con su parafernalia de la “Alt-right” –juego de palabras y apócope de “derecha alternativa”: la vieja derecha violenta y xenófoba pero con un hombre educado y un joven gay– y su largo aliento a las armas agita las perores fantasías del progresismo liberal de Hollywood.
Así las cosas, cuando el año pasado el servicio de tevé por streaming Hulu –sólo accesible en el hemisferio norte y en Australia– estrenó la adaptación televisiva de la novela The Handmaid’s Tale (“El cuento de la criada”: editorial Seix Barral se apuró a sacar de su desván, a fines de 2017, la traducción de fines de los 80 de este libro que la canadiense Margaret Atwood publicó en 1985), la gran mayoría de los críticos entendió que narraba una distopía estadounidense hecha a medida de los tiempos políticos que se viven: un mundo arrasado por una epidemia de infertilidad en el que las mujeres fueron reducidas a ciudadanas de segunda y, las que son capaces de fecundar, meros seres para reproducir.
Los mismos productores de la serie (entre ellos Bruce Miller, creador de The 100) salieron a decirle a la prensa que la serie no estaba inspirada en el naciente trumpismo. Mentiras. Al mismo tiempo “Deadline Hollywood” (DeadLine.com, uno de los sitios más actualizados sobre el ambiente del cine y la televisión) publicaba un artículo titulado “Cómo ‘El cuento de la criada’ se convirtió en la serie políticamente más cargada del año” (“How ‘The Handmaid’s Tale’ Became The Year’s Most Politically-Charged Show”).

jueves, 8 de marzo de 2018

todo el dinero es robado

para La Capital

a Ricardo Mazalán

La frase es de una película argentina y es, acaso, una de las mejores del cine nacional de las últimas décadas. Julio Chávez le extiende un bolso con el botín de un atraco al marido de su ex esposa. El hombre no lo quiere aceptar, le dice que no, que es robado, y Chávez, que interpreta al Oso en Un oso rojo (2002, Israel Adrián Caetano), le espeta: “Todo el dinero es robado”. Eso, más o menos, es lo que viene a contarnos La casa de papel, la serie española que emitió entre mayo y noviembre del año pasado la muy liberal Cadena 3 en la península ibérica, donde tuvo un moderado éxito, y hoy es la serie más vista de Netflix, que subió su primera temporada el 25 de diciembre último.

Los números importan. Un tuit de TV Time ubica a La casa de papel primera en el BingeReport (el reporte de maratones) por quinta semana consecutiva, por encima de Friends o Black Mirror. De cada cien episodios vistos en Netflix entre el 19 y el 25 de febrero, 4,05 correspondieron aLa casa de papel con un promedio de 5,11 episodios de la serie que se devoró cada usuario. Cifras semejantes sólo le caben a tanques como TheWalkingDead(que volvió a pasear muertos esta semana).

lunes, 19 de febrero de 2018

carnicería americana


Los estadounidenses tienen una notable tolerancia para la matanza de niños, en especial cuando se trata de asesinatos en masa de hijos de otros. Esta indiferencia emocional se manifestó vívidamente después de la revelación de la Masacre de My Lai (Vietnam del Sur: el 16 de marzo próximo se cumplirán 50 años de esa masacre), cuando docenas de infantes y niños vietnamitas fueron asesinados por los hombres de la Compañía Charlie: sus cadáveres diminutos, descuartizados, fueron apilados en zanjas. Después de que el teniente William Calley fuera enjuiciado, más del 70 por ciento de los estadounidenses creía que su sentencia era demasiado severa. La mayoría se opuso tajantemente a cualquier tipo de prueba. Al final, Calley estuvo menos de 4 años bajo arresto domiciliario por su papel en la ejecución de más de 500 aldeanos vietnamitas.

Veinticinco años después, las actitudes estadounidenses hacia las muertes infantiles se habían agudizado aún más. Cuando se reveló que las sanciones de Estados Unidos contra Iraq habían causado la muerte de más de 500.000 niños iraquíes, la Secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, argumentó fríamente que las muertes “valían la pena” para avanzar en la política estadounidense en el Medio Oriente. Pocos estadounidenses protestaron contra este salvajismo oficial hecho en su nombre.


Masacre de My Lai, fuente WikiCommons.

Ahora las armas se están volviendo contra los propios niños de Estados Unidos y los ríos de sangre que salen de las escuelas del país apenas provocan una sacudida en nuestra política. Si el tiroteo de Columbine (1999) fue una tragedia, ¿qué palabra podemos usar para describir el tiroteo número 436 en una escuela desde entonces?

domingo, 4 de febrero de 2018

ya es la hora

por Mariela Mangiaterra

A mi antes me gustaba más viajar. Hasta me veía distinta. Se me coloreaban los cachetes de la cara, el pelo se ponía mas brillante.
Cada vez me asimilo más al grupo de los que se quedan.
Como la primera generación de los que nos hospedan acá, sin ir más lejos. 
A eso de las 10 uno de ellos cruza delante de la casita donde paro con una botella vacía. Cruza la acequia haciendo equilibrio entre las piedras. Y va a reunirse con otro viejo y dos viejas en lo más alto de la finca. Una es la mamá de Pablo, el chico que nos alquiló por internet.
Por la tarde escucho que el viejo les dice a los otros tres: "Damas y caballeros, si me disculpan, ya es la hora", y hace el camino inverso hasta la última casa, más abajo, y se sienta en la galería a mirar el cerro.
Un mediodía me acerco hasta la reunión de ancianos para pedirle un mantel a la mamá de Pablo. La encuentro refunfuñando y quejándose de los otros tres. Me dice que el que cruza delante de mi casita y la otra mujer son sus hermanos y el otro viejo, que me mira como una tortuga, es su marido.
"Todos me dan trabajo! Por ejemplo ahora no me dicen si quieren que haga la rúcula".
Me parece una locura toda esta gente grande moviéndose sólo unos metros entre parientes.
También me gusta el proyecto del viejo. Cuántas visiones del cerro sobreimpresas pueden ser almacenadas? Cuántas coloraciones? Cuántas iluminaciones?
Me gusta el tiempo.

sábado, 3 de febrero de 2018

vergüenza italiana

“¿De qué se avergüenzan los italianos?” –se preguntaba el filósofo Giorgio Agamben alrededor de 1993, mientras en Italia un fiscal y un puñado de jueces encaraban el proceso conocido como “mani pulite” (manos limpias) que terminó con varios dirigentes políticos tras las rejas y el presidente del partido Socialista prófugo. Y seguía: “En los debates públicos como en las discusiones por la calle o los cafés, sorprende con cuánta asiduidad, apenas se eleva el tono, sale a relucir la expresión ‘¿no le da vergüenza?’, como si esta en todo momento contuviera el argumento decisivo (…) Si el arrepentimiento modela la relación que los italianos tienen con el bien, la vergüenza domina su relación con la verdad”.
“Desde este exilio. Diario italiano 1992-1994” es el último de los textos que componen el libro Medios sin fin, un conjunto de ensayos escritos por Agamben en la primera mitad de los años 90, mientras desarrollaba uno de los tomos decisivos de su obra, Homo sacer. El poder soberano y la vida desnuda (la editorial Adriana Hidalgo, que publica Medios sin fin editó el año pasado ese tomo en Argentina).

Ese “diario” breve, que suma observaciones y las contrapone con los conceptos que Agamben desarrolla desde entonces (la distinción, clave, entre vida desnuda –zoé– o pura vida, y vida política –bíos–, por ejemplo), avisora el futuro que hoy conocemos de Italia: ese reinado de la justicia penal sobre la política que terminaría coronando en el poder a Silvio Berlusconi.

viernes, 26 de enero de 2018

espectro

Giorgio Agamben vive en Venecia. No lo sabía y me entero a través de esta generosa entrevista traducida en Artillería Inmanente de la que extraigo esta maravillosa respuesta:
“Para mí el espectro no es una categoría negativa ni, como usted dice, un ectoplasma. El espectro —basta pensar en ciertos relatos de Henry James— es una forma de vida más verdadera que la vida falsa con la que se pretende animar a nuestras ciudades. Ciertamente más verdadera que las masas de turistas o las muchedumbres de jóvenes frecuentemente desesperados que se emborrachan de noche en Campo Santa Margherita en Venecia o en plaza Trilussa en Roma, con la benévola complicidad de las autoridades. E incluso más verdadera que las vacuas Bienales, éstas sí ectoplasmas en el sentido etimológico del término, sustancias informes que aparecen de la nada. En el texto al que usted se refiere, yo hacía una distinción entre las larvas, que son cadáveres que simulan estar vivos o son mantenidos artificialmente con vida (y ésta es la condición de casi todas nuestras instituciones) y el espectro verdadero, que se nos puede aparecer y sorprendernos porque conserva en sí algo vivo y a veces jubiloso. Quizá, en la bancarrota de la cultura occidental, las ciudades y las lenguas de Europa sobreviven únicamente como fantasmas, que, sin embargo, hablan todavía a quien sabe escuchar su voz. Y es sólo prestando escucha a esta voz como nuestro tiempo, que ha extraviado toda consciencia de su situación histórica, podrá encontrar una relación vital con su pasado y con su presente.”