socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 25 de abril de 2017

13 razones

Todo este asunto empieza con Stranger Things. Trataremos de explicarnos.
El asunto es el mundo dividido y la serie de la que hablamos es 13 Reasons Why (Por 13 razones), que desde el 31 de marzo puede verse en Netflix.
Que la serie está basada en un best seller sobre una adolescente que se suicida y deja 13 casetes (sí, casetes marca Maxwell) en las que expone a 13 personas de su secundaria a las que vincula a su suicidio, sería un detalle más. Salvo por la presencia de esos casetes, como los que se usaban en los 80 y sobre los que más de un personaje señalará a lo largo de los 13 episodios. También la bicicleta del protagonista, en la que se desplaza por un pueblo más o menos pequeño, o el cine en el que trabajan ella y él, nos trae resabios de esas escenografías que conocimos en películas desde Cuenta conmigo a, justamente, Stranger Things que trataba, como todos recuerdan, de varias capas de dobles mundos: el que conocemos y el llamado “The upside down” –una suerte de universo paralelo, sombrío y aterrador detrás del espejo–, el mundo dividido aún en 1986 por la Guerra Fría, el de niños y adultos, etcétera.
Como se sabe y lo observaron varias publicaciones, Por 13 razones fue –y lo sigue siendo– una de las series sobre la que más se tuiteó en lo que va del año. Las razones sociológicas no nos importan demasiado. Basta con decir que eso que los psiquiatras llaman “bipolaridad” parece la enfermedad ideal para un mundo en el que la Guerra Fría parece trasladarse al interior de la mente de sus habitantes.  

Escena explícita

Hannah Baker (la actriz Katherine Langford) es nueva en la secundaria del pueblo, sus padres llegaron hasta allí con la idea de instalar una farmacia que no tuviese que competir con una gran cadena nacional que los había llevado a la ruina en la ciudad donde vivían, pero una sucursal de esa cadena también se instala allí.

miércoles, 19 de abril de 2017

bicicletas chinas

Mi amigo Ng está de nuevo en Beijing, desde donde envía fotos y breves comentarios a través de un grupo de WhatsApp. Como hoy es el Día Mundial de la Bicicleta nos pareció apropiado difundir estas fotos que Ng tomó allá en China sobre sus bicicletas.
Según postea Ng el 13 de abril pasado: "En los 70 Beijing era una constelación superpoblada de bicicletas. El crecimiento como una bomba llevó a todo el mundo a la motocicleta y luego al auto. Ahora es el regreso a la bicicleta. Fíjense la timidez con que los chinos se montan a la tendencia: Esto es en el exterior de la estación de subte de Babaoshan. Casi todas las bicicletas se alquilan por WeChat. Cuesta 2 pesos."



Y esto anotaba el lunes pasado: "Los otros días les hablaba de la rehabilitación de las bicicletas. Esta es una terminal del subte, en un territorio que podría asemejarse a los campos que están más allá de José León Suárez."
"La mayoría se usan con el sistema de alquiler que les comenté, usando la red social WeChat, pagando 1 yuan = 2,2 pesos cada vez que la usás. Hay tres compañías que compiten por el mercado (ven la amarilla y la naranja, también hay una azul). Por ahora trabajan a pérdidas –de millones de yuanes."



Este miércoles al mediodía (nuestro mediodía), Ng halló estos bicicarros y anotó: “Ahora está lleno de carritos onda supersónicos, de manera que éstos son reminiscencias del pasado, pero bueno, cuando los tiempos se aceleran demasiado se produce este revoltijo de épocas. Estos carricletas los encontré en un hutong, uno de esos barrios muy viejos, que se convirtieron en una especie de antigüedad eterna.”
 Y agrega: "No podrías creer las cosas que transportan. Transportan cosas de mundos  a los que el hombre jamás ha llegado."
Las que siguen son fotos de un "hutong" en Beijing.





La escenografía y locación del film Kung Fu Hustle (que se rodó en Shangai) esuvo inspirada en estos hutongs.

domingo, 9 de abril de 2017

posverdad y negacionismo



A fines de 2016 desde Oxford Dictionaries eligieron como palabra del año “post-truth”, posverdad, a la que describen como “un adjetivo que se define por ser ‘relativo o que denota circunstancias en las cuales los hechos objetivos son menos influyentes al modelar la opinión pública que las apelaciones a la emoción o las creencias personales’.”
El mismo artículo de presentación de la palabra señala que el concepto de posverdad existe desde la década pasada, pero que tuvo un pico de frecuencia durante 2016 en el contexto del referéndum de la Unión Europea (Brexit) en el Reino Unido y las elecciones presidenciales en los Estados Unidos y que también se asocia con un sustantivo particular en la frase políticas de la posverdad.
 Imagen tomada de Oxford Dictionary.

lunes, 3 de abril de 2017

salir

Lo escribe Martín Rodríguez, la entrada completa se lee aquí:
«Otra posible forma de ver la división es entre “politizados” y “apolíticos”; si lo pensamos a través de los usos de la plaza pública. Digamos: en los protocolos de esa “ocupación”. Si una marcha politizada está llena de banderas particulares (agrupaciones, partidos, sindicatos, movimientos sociales, centro de estudiantes), la de los apolíticos apela a una sola bandera (la nacional), como si sólo fuera posible expresarse a través de la máxima abstracción universal de la bandera celeste y blanca (cada vez más celeste, cada vez más blanca), ya que lo contrario sería político. Una república universal que se siente amenazada por las partes. Sociedad y Estado versus política. Un partido político (PRO) celebrando una marcha porque no es política. Otra paradoja.
«Los politizados marchan y usan ese espacio que crean como forma y fondo: estar en la calle es bueno, es también un fin en sí mismo además de la necesidad. De algún modo se combina la tradición sacrificial de la izquierda (barricadas, piquetes) con la tradición festiva del peronismo (carnaval, fiesta del 1ero de Mayo, etc.). Las marchas republicanas revisten una idea de “última vez”, de “tuve que salir”, es decir, de excepción en el cruce de la frontera entre lo privado y lo público. Por eso muchas veces el ceño fruncido, el cartel personal, el mensaje completamente humillante que no fue constatado en ningún diálogo colectivo. Un ciudadano convocado que sale a poner fin a las otras plazas: como si dijera “este era mi límite”. Actúa bajo esa ofensa: me hicieron ir a la plaza. Tiene un andar como si en su sola presencia restableciera el orden perdido. Una señora la tarde del 1 de abril dijo: “tengo sesenta años, es la primera vez que salgo”.»
La manifestación en Rosario al caer la tarde del 1 de abril pasado. A pocos metros, esa misma noche, se realizó la vigilia por los veteranos y caídos en Malvinas. En su bitácora, mi amigo Ng escribe: "La Plaza cuando está llena sólo de banderas celeste y blanca me da miedo y me repugna." Comparto ese temor. 

viernes, 31 de marzo de 2017

ann pettifor: feminismo y antineoliberalismo


¿Qué es el dinero? Puede parecer el tipo de pregunta que alguien se hace tarde en la noche, mirando a un puñado de billetes arrugados con los ojos inyectados de sangre. Pero a medida que avanzan las preguntas más incisivas, esta es realmente muy importante, porque la respuesta depende en gran medida de qué clase de dinero se está hablando y de a quién se ha planteado la pregunta. Algún “dinero” –un porcentaje muy pequeño– es efectivo. El resto es imaginario (“fiat currency”, como se conoce), una vasta red de contratos. El cheque de $ 25 de cumpleaños de la abuela es un tipo de contrato. El pago eliminado de su tarjeta de crédito para comprar zapatos, es otro. Cuando el banco ingresa la secuencia de dígitos en una pantalla que señala el préstamo que le dio a una pequeña empresa, son dos contratos: el primero garantiza que el banco le suministrará fondos para los bienes y servicios que necesita; el otro, que garantiza que va a ser eeembolsado el préstamo en una fecha posterior, más intereses. ¿Por qué es importante saber la diferencia entre “dinero” y efectivo? Bueno, porque según Ann Pettifor, economista política con sede en Londres, famosa por estar entre las pocas para predecir el colapso financiero de 2008, la teoría monetaria es una cuestión feminista.
El nuevo libro de Pettifor, “La producción del dinero: cómo acabar con el poder de los bancos”, apunta a dilucidar la naturaleza del dinero para ayudar a las mujeres a abogar por sus necesidades. Dinero, crédito, tasas de interés, regulaciones bancarias, cómo se contabilizan las cosas en el presupuesto público. Todo esto, sostiene Pettifor, tiene efectos tangibles en la vida de las mujeres y en la condición de la sociedad en su conjunto. Y para hacer el cambio, habrá que apasionarse por temas que la mayoría estuvimos condicionados a considerar como obvios.
 Andy Warhol, "Dollar Sign", imagen tomada de Guy Hepner.

martes, 21 de marzo de 2017

libros silvestres

“Soy artesana”, dice Carolina Musa, editora de Libros Silvestres, una “editorial rosarina de literatura infantil y juvenil. Conectando a lectores curiosos y exigentes de todas las edades con textos literarios de la actualidad”, según reza el encabezado de su página en Tumblr.

Lo de “artesana” viene a propósito de su fascinación por los libros “pop-up” que realiza de manera por entero artesanal.
Los libros pop-up son esos volúmenes que se despliegan en cuatro dimensiones, con estructuras de cartón capaces de abrirse y cerrarse cuando se pasa la página. Cada uno de los libros de la editorial que dirige Musa tiene ilustraciones; su tarea, como editora incluye no sólo el encuentro con un texto, también con quien va a ilustrar el libro. “Me da pena que los libros para adultos no tengan dibujos”.

lunes, 20 de marzo de 2017

'tis a pity she was a whore

Hace poco más de un año Pablo Jubany nos recomendó BowieSongs, un blog dedicado a analizar e historizar canciones y temas en la obra de David Bowie.
Hace una semana, Chris O’Leary, autor del blog (dicho sea de paso, el blog mismo va a convertirse en un libro de la genial editorial Zero Books, la misma que publicó a Mark Fisher o Simon Reynolds), publicó un extenso comentario sobre "'Tis a pity she was a whore", la versión de Blackstar y la del demo que Bowie grabara dos años antes de sacar su último disco. 
No sólo nos lleva a la fuente de la que sale el título de la canción (un libro de John Ford) y analiza las obsesiones y citas de Bowie, también abunda en la historia de la banda de jazz que lo acompañó a grabar ese tema y varios del último disco.
Así conocemos en detalle y con gran placer al saxofonista Donny McCaslin (además de otros "temas" de Bowie, como los vorticistas británicos, entre muchos más rincones proyectados en esa inmensa canción), a quien encontramos en uno de los Tiny Desk Concerts de la NPR en un recital que pone los pelos de punta y en el que hace una maravillosa versión de "Lazarus".
Y para cerrar y continuar nuestra humilde guerra contra la red social de los mirones y las abuelas, la entrada de O'Leary tiene 55 comentarios, ninguno de trolls. 

sábado, 18 de marzo de 2017

mentiras del neoliberalismo

Entrevista de Sharmini Peries en Real News Network reproducida en CounterPunch. Cotejada con la traducción de Adrián Sánchez Castillo en SinPermiso. Fragmento final de otra entrevista de Peries en CounterPunch: "El nuevo feudalismo".

Michael Hudson es un distinguido profesor e investigador de Economía de la Universidad de Missouri, en Kansas, Estados Unidos. Es autor de numerosos libros publicados en EEUU y Gran Bretaña, incluidos, The Bubble and Beyond (“La burbuja y más allá”) y Finance Capitalism and Its Discontents (“Capitalismo financiero y sus malestares”), Killing the Host: How Financial Parasites and Debt Destroy the Global Economy (“Matar al huésped: cómo la deuda y los parásitos financieros destruyen la economía global”), y más recientemente, J is for Junk Economics (“La B es de Economía basura”). Según Paul Craig Roberts, del Instituto de Economía Política, “Hudson es el mejor economista del mundo. De hecho, es el único economista en el mundo. Casi todo el resto son los neoliberales, que no son economistas, sino cómplices de los intereses financieros”.
El 1 de marzo pasado la revista californiana CounterPunch.org publicó una entrevista que Sharmini Peries, le hizo a Hudson a propósito de J Is For Junk Economics, cuyo subtítulo es “Una guía para la realidad en épocas de engaño” y trata –según su página de promoción en Amazon– de explicar “cómo funciona de verdad la economía mundial y quiénes son los ganadores y perdedores. El libro incluye más de 400 entradas concisas y mordaces, varios ensayos, y un completo índice de temas.”

—Michael, su libro recuerda algunas de las palabras clave del crítico cultural británico Raymond Williams. La suya fue una contribución increíble a la crítica cultural, una crítica de los estudios sociales y culturales como disciplina. Y pienso que J Is For Junk Economics va a realizar una contribución fenomenal al campo de la economía. Sería una referencia en manos de la gente para volver atrás, especialmente para que los estudiantes regresen y estudien tu versión de la definición de esos términos, para que observen la economía desde una perspectiva crítica. Así que mi primera pregunta es ¿por qué escribiste este libro?
—En principio lo escribí como apéndice a un libro que iba a llamarse, The Fictitious Economy (“La economía ficticia”). Terminé el borrador antes de la crisis de 2008. Mi tesis era que la forma en la que la economía es descrita en la prensa y en los cursos de la Universidad tiene muy poco que ver con cómo funciona realmente la economía. La prensa y las informaciones periodísticas utilizan una terminología hecha de eufemismos bien elaborados para confundir el entendimiento de cómo funciona la economía.
Además de ofrecer palabras clave para explicar qué es positivo y cómo entender la economía, discuto el vocabulario engañoso, el doble pensamiento de George Orwell utilizado por los medios, lobistas financieros y empresariales para persuadir a la gente de que la austeridad y el endeudamiento es la clave del crecimiento, no su antítesis. El motivo es hacerles actuar contra sus propios intereses, dibujando una imagen ficticia de la economía como si fuese un universo paralelo.

lunes, 13 de marzo de 2017

lo que la época tiene para ofrecer

La lectura política de eso que –no sin liviandad– podríamos llamar "fenómeno ricotero" existe y se llama Redondos, a quién le importa. Lo escribieron Ezequiel Gatto, Agustín J. Valle e Ignacio Gago. Allí, entre otros paisajes conceptuales excepcionales, leemos: “Así como Los Redondos no se quebraron con la Dictadura porque nunca compitieron con el Estado, tampoco se quedaron vacíos en los noventa porque nunca creyeron en la esperanza de los ochenta. No llegaron a los noventa bañados en desilusión. Siempre un reservorio, un nosotros autoconstituido y permeable, unos parámetros estratégicos asentados en habitar su tiempo y, a la vez, fugar de lo que la época tenía para ofrecer.”
Bien, esos eran los Redondos, los incidentes que terminaron con la vida de dos personas en Olavarría y dejaron una docena de heridos el sábado pasado tuvieron como principal protagonista al ex líder de la banda. 
Foto de DyN/El Popular de Olavarría (tomada de La Nación).

Pero nos interesa señalar, en principio, esta suerte de rulo, esta figura del pasado inmediato que se parece a una serpiente que se muerde la cola: la semana pasada comenzó con una movilización docente, siguió con una marcha de la CGT que convocó a una cantidad de manifestantes inédita desde los años 80 (un estimado de 250 mil personas) y terminó con una rebelión de las bases que pedían la cabeza de los dirigentes por no definir la fecha de un paro general. El miércoles siguiente, la movilización por el Día de la Mujer reunió en distintas ciudades del país una cantidad impresionante de manifestantes que volvieron a hacer reclamos de clase.
La calle volvió a ser un lugar de disputa y ejercicio de la política, con cientos de miles de personas movilizadas.
El recital del Indio Solari en Olavarría, el sábado último, reunió casi el doble de gente que la marcha de la CGT, según estimaciones que llegan a la cuenta de 500 mil seguidores del Indio movilizados. Las dos muertes y los heridos que hoy deshacen la fiesta de ese recital –además de los disturbios debidos a la mala organización: Olavarría vio superada al menos dos veces su población– es, en la enumeración que estamos ensayando acá, una suerte de "vuelta a la normalidad" que se lee en las declaraciones del presidente Macri: "Esto es lo que sucede cuando uno pasa por arriba de las normas". Nuevamente, el cinismo: el tipo que se hizo su fortuna y la engrosa gracias a la estatización de su deuda privada se da el lujo de señalar el debido respeto de las normas. Con esa sentencia, acaso sincera, transparenta su pensamiento: el mal es producto de uno o más individuos que no supieron atenerse a las normas, como si se tratara de un negocio que salió mal.
No quiero llamar tragedia a lo que sucedió en Olavarría –porque la tragedia exige una "unidad" de sentido comunitaria y este incidente está lejos de proveerla–, pero tampoco puedo olvidar el dolor de los deudos de las víctimas. Digamos que el incidente de Olavarría le devuelve al régimen macrista la foto que el régimen deseaba (encima, con los fantasmas del gobierno anterior y hasta con algunos zombies K merodeando la escena), la de la movilización convertida en una decisión individual, privada. En ese sentido, y volviendo al libro que mencionamos al principio, Olavarría pareció ofrecerle al Indio el océano de gente ideal para que le líder de los Redonditos claudicara en su deber de "fugar de lo que la época tenía para ofrecer".
  
  

mutaciones

Pocas cosas envejecen tan rápido como el futuro. Es cierto lo que dice Guillermo Piro, Julio Verne debería ser considerado un autor de “política ficción”: en su época estaba “notablemente familiarizado con el conjunto de las tensiones políticas del planeta”. Pero de alguna forma muchos escritores de ciencia ficción lo estuvieron. Y cito tres casos que nos interesan: Philip K. Dick, J.G. Ballard y Cordwainer Smith (este último, seudónimo de Paul Lineberger, especialista en guerra psicológica norteamericano). El futuro de Dick y de Ballard, más allá de algunas ambientaciones espaciales del primero, es ni más ni menos que el actual, el del mundo sumergido: en Dick, la sumersión en lo que llamamos virtualidad; en Ballard –su segunda novela se llamó The Drowned World: El mundo sumergido, literalmente, ahogado–, el hundimiento en “la quietud terminal de mundo satisfecho” (la descripción es de Marcelo Cohen). Cordwainer Smith (1913-1966), en cambio, es una rara avis, con un futuro que aún sigue siendo futuro, es decir, conserva cierta promesa irrealizada, incluso corrida de esa cosa decimonónica que confundía futuro con progreso. De todos modos, su procedimiento es el de tantos fabulistas, sitúa sus historias en lo remoto del porvenir, catorce mil años allá adelante, cuando la humanidad se ha lanzado a la conquista definitiva y total del universo. Lo que nos inquieta de semejante fábula no es tanto la epopeya futurista (nuestro autor despliega su obra de modo elíptico y fragmentario, a través de cuentos que saltan de un a otro milenio), sino algunos detalles, por ejemplo, que para tamaña aventura el hombre deba mutar, unirse al animal como en los tiempos primigenios. 

sábado, 11 de marzo de 2017

el ciberpatrullaje del régimen

A fines del último enero un tuit de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich que rezaba “Macri gato” dio a entender que la funcionaria no tenía ya gobierno de su cuenta de Twitter. Pero eso era lo de menos. Lo grave –cosa sobre la que no se insistió lo suficiente– era que varias cuentas del Ministerio de Seguridad, incluso la dirección de correo electrónico para que los ciudadanos denuncien de manera anónima a narcotraficantes, habían sido vulneradas por hackers a través del más estúpido de los métodos de hackeo, el phishing, un cazabobos para el que cualquiera pretende que un ministerio de esa envergadura esté a resguardo (un correo electrónico enviado desde una cuenta falsa que requiere ir a un sitio también trucho donde hay que ingresar la contraseña real de una cuenta).
La Policía Federal detuvo a dos personas a las que acusó del hackeo e inició una causa. La semana pasada, luego de que se publicaran en internet el auto de procesamiento –una suerte de resumen del expediente–, Javier Smaldone, especialista cordobés en seguridad digital que desde hace casi diez años es en uno de los principales activistas en contra del voto electrónico, se enteró de que aparece mencionado en esa causa y fue investigado a través de lo que el juez denominó “ciberpatrullaje” sobre sus movimientos y los de su familia por haber retuiteado aquél tuit.
“Lo más importante no es el hackeo del Twitter de Patricia Bullrich –insiste Smaldone por teléfono–, ese fue el síntoma. Lo que pasó de fondo es que hackearon cuentas del ministerio de Seguridad. Se da porque Patricia Bullrich comete la torpeza –que es más que torpeza– de usar su cuenta oficial del ministerio para registrarse en Twitter y, como le habían entrado al mail le cambiaron la contraseña y pudieron entrar al Twitter. El problema empieza cuando una persona o un grupo –no se sabe y difícilmente sea el que está procesado– toma control de varias cuentas del ministerio de Seguridad mediante una operación de phishing, un cazabobos. Eso es lo grave. Tomaron control de la ministra pero también de la cuenta donde se reciben las denuncias. A ver, pongamos en contexto: ministerio de Seguridad de la Nación, están lidiando con el crimen organizado de alto nivel, con las mafias  de la trata de personas, del narcotráfico, el contrabando. En México se descubrió hace unos años que los Zeta tenían infiltrados en las telefónicas que les decían desde qué número los denunciaban y los tipos caían a las casas y decapitaban a todo el mundo. No estamos lejos de eso. ¡Imaginate que cualquiera puede acceder a las cuentas donde se reciben las denuncias! Y esto lo hicieron dos o tres pibes de 18 ó 20 años, tiene toda la pinta por lo que finalmente hicieron, que es tuitear las capturas de pantalla”.

los 60 de la ucronía

En enero de 2015, cuando El hombre en el castillo (la serie de Amazon) aún promovía el piloto para tantear su financiación, había dado con este artículo de Tom Fassbender en GeekDad en el que señalaba: "Si los nazis y el Japón imperial se hubieran apoderado del mundo en 1947, es muy poco probable que el rock and roll hubiese nacido, o al menos se hubiera popularizado, y la música en El hombre en el castillo es perfecta en este sentido. El show se abre con una versión de "Edelweiss", y gran parte de la música que sigue es una reminiscencia de finales de 1940 de la era pop-schmaltzy (el pop sentimental europeo) á la Andrews Sisters y Bing Crosby."
Leo ahora, a poco de anunciarse una tercera temporada (ya sin Frank Spotnitz), una nota que Bob Boilen le hace en la NPR a Brian Burton, quien está recreando con Sam Cohen canciones de los tempranos 60 (la serie transcurre en 1962) a los que le da una textura más oscura en las voces de Sharon van Etten, Beck, Norah Jones, Angel Olsen y otros.
Sin embargo, pese a las impresionantes versiones, no noté ese toque pop-schmaltzy que me hacía imaginarme a Bryan Ferry reversionando sus temas de Roxy Music en sintonía con las canciones de vaudeville de los 40.
Acá dejo las maravillosas versiones de Van Etten de "The End of the World" y de Sam Cohen de "House of the Rising Sun".
(Acá hay una playlist de las canciones de la primera temporada.)


   

martes, 7 de marzo de 2017

los demonios del neoliberalismo

[Junto con Fernanda Frola y Victoria Alma Salinas tradujimos esta conferencia sobre el demonio y el neoliberalismo que Adam Kotsko dio en la Universidad de Tennessee, en la ciudad de Knoxville, y en varias universidades de Australia y Nueva Zelanda incluida la Escuela Continental de Filosofía de Melbourne. El original en inglés fue publicado en su blog el 27 de septiembre de 2016. El mismo Kotsko nos dio permiso para publicarla.]
Esta conferencia representa el desarrollo de un proyecto en el cual he estado trabajando por muchos años: la reinterpretación del demonio desde la perspectiva de la teología política. El año pasado completé la primera fase del proyecto, una genealogía histórica del demonio, desde el desarrollo de la figura, con sus raíces en la tradición bíblica hebrea hasta su rol decisivo en el cristianismo medieval en occidente.
Mi tesis es que el demonio es al mismo tiempo una figura teológica y política, de la misma manera que el Dios en la biblia hebrea (y por lo tanto el del cristianismo) es también una figura teológica y política. Dios es concebido como el gobernante directo de los israelíes –Él garantiza supervivencia, los libera de la esclavitud, les provee el código legal y les asegura un territorio para ellos. Todo lo que hace un gobernante en la tierra, él también lo hace. Pero con el tiempo, los autores bíblicos se mostraron cada vez más convencidos de que Dios nos es meramente el gobernante de Israel, sino que, de alguna manera, es el de todo el mundo. Y esto significa que sus verdaderos rivales no son los dioses paganos –quienes generalmente son descartados por ser ridículamente inadecuados, estatuas hechas de piedra y madera–, sino los otros que pretenden gobernar el mundo.
En el libro sostengo que todavía estamos viviendo, de alguna manera, en una versión de la “minoría monoteísta” que surgió en Israel y que si queremos entender la relación entre el cristianismo medieval y la modernidad secular, la perspectiva más productiva es la de los problemas políticos-teológicos que surgieron alrededor de la figura del demonio. Y ahora que mi libro ha establecido la genealogía histórica en términos generales, quisiera ajustar el foco y mostrarles cómo mi tesis puede ayudarnos a entender la dinámica del neoliberalismo como una manifestación extrema y autodestructiva del paradigma moderno secular político-teológico.
Una de las ilustraciones de William Blake del Libro de Job. Imagen tomada de WikipediaEl resto de las imágenes fueron tomadas de la misma fuente. 

sábado, 4 de marzo de 2017

cinco años más tarde

En agosto de 2012 el niño y sus primos posaron para una fotografía en una esquina de Refinería. Ayer, el niño y la sobrina idearon una recreación de esa escena cinco años más tarde.


miércoles, 1 de marzo de 2017

villanos y neoliberalismo

El presidente Mauricio Macri se jactó en su discurso de apertura de sesiones ante el Congreso de la profundización de la lucha contra el narcotráfico y volvió a poner en agenda un “debate” sobre la edad de imputabilidad penal de los jóvenes.

El del narcotráqfico es hoy el mejor discurso para crear villanos que parecen ajenos a la dinámica del neoliberalismo. 
Como suele suceder, las ficciones –que no son fantasías ni inventos, sino lecturas diversas de lo que convenimos en llamar realidad– ya señalaron estos caminos de varias formas. Aquí nos concentraremos en series de televisión.

Dos series sentaron el paradigma para pensar el narcotráfico, The Wire (HBO, 2002-2008) y Breaking Bad (AMC, 2008-2013), las demás suman anécdotas, detalles particulares o biografías: Narcos y toda la lista.

En marzo de 2015 el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama –acaso un poco tarde– mantuvo una entrevista en la Casa Blanca con David Simon, escritor, ex periodista y creador de la serie The Wire, de la que Obama fue siempre un declarado admirador. El motivo de la conversación era la Guerra contra las Drogas, desatada en la era Nixon, atemperada luego y profundizada en la presidencia de los Bush, y que su administración continuó.



Cable a tierra



En la entrevista Obama necesitaba del relato de Simon en la serie para argumentar que era necesario dejar de encarcelar personas por delitos no violentos involucrados con las drogas, lo que había llevado a generaciones a privarse de la presencia de un padre, etcétera.

Ese sólo hecho, el encuentro de un presidente con el creador de una serie para referirse a un tema central de la política interior: Estados Unidos es el país con mayor cantidad de presos del mundo, el 40% son afroamericanos cuando ese sector de la población apenas representa el 7% del total, ya habla de la grandeza de la serie.

Pero su mayor mérito es haber llevado a la pantalla el proceso por el cual el narcotráfico se convierte en una verdadera economía alternativa cuando la ciudad de Baltimore –en Maryland, de donde es Simon– se “gentrificó”, es decir, convirtió sus espacios públicos y sus tierras más codiciadas en una mercancía de intercambio de la especulación financiera.

martes, 28 de febrero de 2017

el discreto encanto de la nueva derecha

Un fantasma recorre América y Europa. Es el fantasma de una nueva derecha para la que el término fascismo suena como el más simpático de los sustantivos.
Desarrollada en el mundo virtual a través del discurso del odio en foros y redes sociales, donde los jóvenes desencantados de Estados Unidos y Europa también se mofaban de la inoperancia del “establishment” para ofrecerles un futuro laboral; gestada y guiada también por jóvenes que no se parecen en nada a los dinosaurios conservadores que hace una década atrás espantaban votantes son su xenofobia desencajada, y plasmada en el triunfo de Donald Trump como presidente de la primera potencia mundial, la nueva derecha debe también su ascenso a la inoperancia del progresismo en declive.
La futura presidencia de Holanda y Francia quedará en manos –según los pronósticos más “alentadores”– de algún tipo de ultraderecha como la de Marine LePen. El progresismo que alentó la Unión Europea fue incapaz de generar una política económica ajena al dogma neoliberal de la austeridad, lo que dejó a casi una generación al margen del trabajo digno o, directamente, del trabajo.
Esta nueva derecha tiene líderes carismáticos, mediáticos, inteligentes e, incluso, un “peligroso marica” (“dangerous faggot” se hace llamar Milo Yiannopoulos, quien desarrolló una feroz campaña antifeminista y a favor de las políticas más radicalizadas de Trump desde YouTube). Según un exhaustivo perfil trazado por Marcos Reguera en Ctxt.es, esta dirigencia usa los moldes de la izquierda para reinventar su discurso, apela a los conceptos marxistas con los que la Escuela de Frankfurt –Theodor Adorno, Max Horkheimer– criticó al fascismo y no pocas veces apela a los nombres de Karl Marx o Lenin para referirse a la revolución que se traen entre manos.
La llegada de Steve Bannon al Consejo de Seguridad de la administración Trump –por primera vez un asesor presidencial accede a esa posición, que le permite conocer e intervenir en cuestiones de la política interior y exterior estadounidenses– es ya un emblema. Bannon dirige el diario de ultra derecha “Breitbart News“, acusado de difundir noticias falsas durante la campaña de Trump –de la que Bannon era director– del estilo: “¿Preferiría que su hija padeciera feminismo o cáncer?”, del 19 de febrero de 2016.
Esta nueva derecha estadounidense se hace llamar Alt Right, derivación de “alternative right” (derecha alternativa), término acuñado por Richard Spencer (38 años), un muchacho graduado en Literatura en la universidad de Virginia con una tesis sobre la música de Richard Wagner y la obra de Theodor Adorno.
Spencer retratado en Rolling Stone. Foto de Tim Goessman.

En esta entrevista, publicada el 12 de febrero pasado en la publicación de derecha francesa EuropeMaxima y reproducida en el portal que dirige Spencer (Radix Journal), el ideólogo repasa la marcha del movimiento, desde Donald Trump, la identidad –eufemismo con el que se refiere a la supremacía blanca–, la geopolítica, el Islam y otros temas.
—¿Podrías presentarte a ti mismo y al Instituto de Política Nacional?
—El Instituto de Política Nacional (National Policy Institute) es un laboratorio de ideas independiente sin fines de lucro y dedicado al patrimonio, la identidad y el futuro de las personas de ascendencia europea en los Estados Unidos y en todo el mundo. Soy el presidente y director del Instituto de Política Nacional y de Washington Summit Publishers. También soy el fundador y editor de Radix Journal, y un co-fundador de la recién lanzada AltRight.com.
—Donald Trump finalmente se convirtió en presidente de Estados Unidos ¿Qué espera de él en términos de política interior y exterior?

sábado, 18 de febrero de 2017

yaguarón

a Walter Alvarez

El olor a pórtland flota en el aire,
envuelve el juego de los niños,
que lo ignoran: ellos también recordarán,
un día, ese pesado perfume
que se desprende de los ladrillos,
el pasto quemado por el sol,
la tierra caliente, la melaza
de agua, barro, yuyos y bichos
suspendidos esta tarde
en esta porción de barrio
sobre el arroyo Yaguarón.


El sauce crece en la barranca. Con desmesura crece. Da sombra a unas matas impenetrables sobre la pendiente. Un enjambre de mosquitos duerme en la pequeña jungla. Y allá abajo, los bañados del arroyo fabrican una planicie hecha de horizonte, de silencio. La ciudad que se erige al sur es San Nicolás. Lo mismo da si fuera Santiago, Liverpool, Curuzú Cuatiá o Cartago. La extranjería es el paisaje de este llano.

martes, 14 de febrero de 2017

que dios se lo pague

El miércoles pasado una denuncia de la fiscal Gabriela Boquín convirtió en noticia una situación judicial que tiene ya nueve meses: el acuerdo del gobierno de Mauricio Macri para que la deuda del Correo Argentino (propiedad de Franco Macri, padre del presidente), sea pagada según su valor histórico –el Correo adquirido por los Macri durante el menemismo, entró en convocatoria de acreedores en 2001 y su concesión fue revocada en 2003. A ver: la deuda era de 296 millones de pesos en 2001 (cuando un peso equivalía a un dólar). Esa es la suma que pretende recuperar el estado gobernado por Macri, con intereses del 7% y en 15 cuotas anuales que vencerán en 2032, 31 años después del concurso de quiebra. La primera cuota, de homologarse el acuerdo, se pagaría en diciembre de este año. Los peritajes encargados por la fiscal señalan que, con intereses la deuda real ascendería a unos 70 mil millones de pesos, por lo que el acuerdo significa una quita de más de un 98%. Además, Boquín también denunció “mala fe” de parte del Grupo Macri, ya que mientras se realizaba ese acuerdo en junio del año pasado, la empresa inició una nueva demanda por daños y perjuicios contra el estado y pide una suma de 1.795 millones de pesos (al año 2009), más un adicional de 570 millones,  reclamando “intereses al 11 por ciento anual”: es decir, pagaría su deuda con el mismo dinero del estado.
Foto tomada de Perfil.

Hasta el 24 de abril de 2000, cuando murió, Alejandro Olmos dio una dura pelea para que la Justicia reconociera la ilegitimidad de la deuda externa argentina, contraída por empresarios del sector privado, entre ellos Franco Macri, y estatizada por el gobierno de la última dictadura en 1981. Tras 18 años de investigación, el juez Jorge Ballestero emitió un fallo que no tiene precedentes en el mundo, y que corrobora la ilicitud de la Deuda Externa, estableciendo la responsabilidad de los funcionarios de la dictadura que la contrajeron y la corresponsabilidad de los organismos internacionales como el FMI, que aprobaron prestamos ilícitos y fraudulentos. Olmos había muerto ya y Ballestero remitió el fallo al Congreso, pero la mayoría  parlamentaria nunca se ocupó del tema.
Alejandro Olmos Gaona, historiador como su padre, continuó la tarea como docente universitario y como asesor del senador de Proyecto Sur Fernando Pino Solanas. En esta entrevista repasa el método de los Macri para que el estado pague sus deudas y distingue entre la corrupción coyuntural, atribuible a funcionarios y socios del gobierno anterior, y la estructural, como podría ser el caso del Correo Argentino, en la que el estado es saqueado y su déficit repartido entre la clase trabajadora, los jubilados y los más débiles. “Socma –dice Olmos Gaona– controla el Correo Argentino y el presidente dijo que vendió sus acciones. No, no las vendió, se las cedió a sus hijos. Entonces el presidente, que es el responsable directo de este acuerdo, tiene una empresa donde los accionistas son sus hijos, su papá y sus hermanos. ¿Hay violación a la ley de ética pública o no?”
—¿Cómo funciona ese concepto de la deuda que siempre interfiera con la política?

domingo, 5 de febrero de 2017

estética

Tras desasnarme sobre mis vagas preocupaciones sobre fútbol, la conversación tomó varios rumbos. Entre ellos una inquisición sobre ética y estética que no estoy seguro de haber despejado y dudo que pueda hacerlo ahora. 

No importa que el tema haya tenido como disparador al Chaqueño Palavicino (Coki se embanderó con una furibunda apología) y siguiera con la pregunta: ¿qué viene primero, ética o estética?, planteada por Ricciardino.

Lo único que me importaba destacar es una pobre consideración sobre asuntos que se trataron, por ejemplo, la desfachatez de ciertas formas, de ciertos procedimientos y figuras recurrentes en la televisión actual. Un formato definido de algún modo por TN cuyas chispas encendieron fogatas en casi todas las pantallas nacionales. Desde los conductores pendencieros a las noticias tendenciosas e infundadas. 
Imagen de Twitter.

Luis insistió más de una vez que es una televisión que no sólo no tiene ideas, sino que es refractaria a cualquier tipo de idea

miércoles, 1 de febrero de 2017

crisis final

Diego Bentivegna traduce la introducción que Giorgio Agamben hizo a una reedición de Gender, un libro de Ivan Illich de 1982. En el enlace está el texto completo, impostergable. El fragmento que copio y pego acá tal vez sirva como pista.

Imagen tomada de IBS Italia.
Es a esta pérdida de la capacidad de juzgar en la modernidad a la que Hannah Arendt ha dedicado su reflexión en el libro sobre la banalidad del mal. La facultad de pensar y la facultad de juzgar son, para Arendt, distintas y, a la vez, están inextricablemente conectadas. El pensamiento no es una facultad cognitiva, sino aquello que vuelve posible el juicio sobre el bien y sobre el mal, sobre lo justo y lo injusto. Lo que le faltaba a Eichmann no era ni el raciocinio ni el sentido moral, sino la facultad de pensar y, por consiguiente, la capacidad de juzgar las acciones propias.
Illich representa la reaparición intempestiva en la modernidad de un ejercicio radical de la krisis, de una llamada a juicio sin atenuantes de la cultura occidental: krisis y juicio tanto más radicales, porque provienen de uno de sus componentes esenciales: la tradición cristiana. Como Benjamin, Illich se sirve, en efecto, de la escatología mesiánica para neutralizar la concepción progresista del tiempo histórico. Y lo hace según dos modalidades estrechamente entrelazadas: por un lado la experiencia del kairós, del instante decisivo, que quiebra la línea continua y homogénea de la cronología; por el otro la capacidad de pensar el tiempo en relación con su cumplimiento. El instante intemporal de la decisión y la novissima dies en la que el tiempo se consuma son, en los términos de Arendt, las dos puertas que el pensamiento entreabre a la facultad del juicio. Pero en el instante del juicio, el eschaton y el «ahora» coinciden sin residuos.
Es justamente esta situación original con respecto al tiempo y a la historia lo que define la pertinencia y la fuerza de la «crisis» illichiana de la modernidad. Cada una de sus investigaciones adquiere su verdadero sentido sólo si se la sitúa en la perspectiva unitaria de aquello que podemos considerar, junto a las de Hannah Arendt y de Günther Anders, como una de las críticas más amplias y coherentes de los poderes devastadores del progresismo, del «Absurdistán o infierno en la tierra» que éste, con todas sus buenas intenciones, ha realizado.

catalanes

A Francisco Tobal, que me hizo verla.

Haber sido docente y entender que el lugar de uno está frente a los alumnos —los adolescentes que desafían la autoridad y el saber e, incluso, el mismo hedonismo del docente que se envuelve en sus conocimientos— y no en la sala de profesores (antes que de ciertos alumnos, hay que cuidarse de ciertos profesores, nos dice temprano nuestro personaje), es lo primero que nos predispone y nos engaña a la hora de ver Merlí.


A ver, Merlí es un profesor de Filosofía de secundario de Barcelona. Está desocupado cuando su ex esposa lo deja con su hijo para irse a Roma. Se van a vivir a casa de la madre de Merlí, una actriz ya veterana que tiene en 13 episodios —todos pueden verse en Netflix— una sola línea de texto decente: va a hacer de madre de una de las hijas en una obra en la que, en su juventud, hizo de hija. Lo demás es puro pintoresquismo catalán calzado con vinos en copa y vasitos de lemonchelo.
Ah, y el hijo de Merlí es homosexual, pero no se anima a salir del placard y, además, a Merlí lo llaman a dar clases en el mismo secundario al que va su hijo, el Àngel Guimerà. Y así.