socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

jueves, 10 de mayo de 2018

las placas tectónicas de la economía

A diez años del derrumbe financiero de 2008, una destacada economista británica sostiene que el “paradigma neoclásico” –los neoliberales– es incapaz de predecir o entender la crisis y compara su nivel de improvisación con el que tenían los geólogos antes de descubrir el sistema de placas geológicas.



Hace diez años, el juicio y la competencia de la profesión económica fueron cortésmente cuestionados por la Reina de Inglaterra y, a partir de entonces, fueron atacados ferozmente por la sociedad civil y los economistas “heterodoxos”. A través de todo esto, la profesión se ha mantenido al margen, tanto del debate acalorado como de gran parte de la crisis misma.
Pero ya no. Durante la mayor parte de estos diez años, la profesión ha tratado a sus críticos con cierto desdén. Ahora están devolviendo el golpe. Los economistas del “establishment” –esos que disfrutan de la banca universitaria, tienen cátedras en las mejores universidades, obtienen grandes becas de investigación, se publican en prestigiosas revistas, tienen trabajos en la City, el Bank of England o en la prensa financiera– se han vuelto más activos en defensa de la profesión. Fue la última provocación la que los sacó al llano. En un artículo de la revista Prospect, el economista Howard Reed apuntó con firmeza al “núcleo teórico de la teoría económica moderna: el llamado paradigma neoclásico”.

“Cuando la gran caída golpeó hace una década”, escribió, “el público se dio cuenta de que la profesión económica no tenía ni idea”.
Hay una necesidad de una nueva economía, escribió, e hizo un llamado a los profesionales para desmantelar lo que muchos definen como ortodoxia económica y comenzar de nuevo. La columna vertebral de la ortodoxia, el paradigma neoclásico, escribió Reed: “Comienza con la presunción de que la empresa o el individuo es la mejor unidad de análisis para dar sentido a un mundo complejo. Este atomismo debería ser cuestionado: los climatólogos, después de todo, no dan sentido al clima al pensar en moléculas individuales en el aire.
“El neoclasicismo asume, además, que las empresas están dispuestas a obtener todo lo que pueden de ganancias, y las personas están dispuestas a obtener todo lo que pueden de ‘utilidad’ o bienestar. Esto no suena como se comporta en general la gente real o muchas compañías.

el paradigma perdido

La serie Lost, aquella que sedujo a una gigantesca audiencia por su relato –por sus formas, antes que por una trama que en la temporada cuatro ya resultaba inentendible–, fue convirtiéndose en una suerte de paradigma, de modelo no sólo de desarrollo de la trama, la intriga y los personajes, sino de la percepción misma de la realidad que nos enseña la ficción (para el lector curioso, eso se llama “diégesis”). El 23 de mayo próximo se cumplirán 8 años de la emisión del último episodio de Lost.
Dos series en curso hoy en día –de otras tantas que podrían citarse– abrevan en el paradigma Lost: un fin de mundo (la caída del avión en la isla es el fin del mundo que esos pasajeros habían conocido, quienes deben construir uno nuevo en un ambiente hostil y desconocido que ya trae una historia), el grado cero de una comunidad y el anhelo de salvación (este último término puede leerse con todos sus ecos religiosos). Lost también desplegó a su modo las utopías del mundo pasado: los hippies tecnologizados de la Iniciativa Dharma, la paranoia conspirativa de los Otros, el poder especulativo de los de afuera, la guerra y, sobre todo, la guerra entre hermanos con nombres bíblicos (Jacob y Esaú). Como si la serie recorriera las posibilidades de las “formas de vida” de la historia.
Una es The 100, cuya quinta temporada lleva ya tres episodios emitidos. Producida por la cadena estadounidense The CW, que confirmó hace cinco días una sexta tanda en 2019, en España se distribuye a través de SyFy; hoy sus cuatro primeras temporadas están disponibles en Netflix. Si bien no se anunció dónde se emitirá la quinta en Argentina, en caso de que alguien quiera verla vía un canal tradicional, en internet abundan sitios seguros para descargar los episodios o verla online.
La otra, Colony, fue craneada por uno de los creadores de Lost, Carlton Cuse, y protagonizada por Josh Holloway (Sawyer en la isla perdida): la tercera temporada comenzó a emitirse hace dos semanas y las dos primeras, que cuentan entre sus directores y productores al otrora desvelado realizador argentino Juan José Campanella, también están subidas a Netflix.

Un género analógico


La ciencia ficción presente en las dos series es de un modelo analógico: una hecatombe nuclear en The 100 dejó varados a los sobrevivientes de la humanidad en una estación espacial y, luego de 97 años, deciden purgar a 100 jóvenes enviándolos a la superficie terrestre, a la que aún creen contaminada y devastada. Una vez aquí abajo, mientras sus padres los observan desde el cielo –sí, sí, tampoco es gratuita la metáfora religiosa– los muchachos se encuentran con que la Tierra no estaba vacía.

jueves, 3 de mayo de 2018

la letra chica de la realidad

En 1976 Jorge Murillo se convirtió en funcionario del Banco Mundial (BM). Había trabajado en una asesoría para el ministerio de Economía de Santa Fe, que entonces gobernaba Carlos Sylvestre Begnis, en la que impulsaba el desarrollo de parques industriales. Lo cuenta así: “Había hecho un proyecto para la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario, que le presentaron entonces al gobernador (Carlos) Sylvestre Begnis (1973-1976) para hacer un parque industrial en Alvear. Y el gobernador, cuya filosofía política era el desarrollismo, se mostró muy interesado, pero después surgió que no podía ayudar a Rosario si a su vez no ayudaba a Santa Fe, Reconquista, Rafaela y Venado Tuerto, que eran los cinco polos industriales de la provincia. Después de eso me designaron asesor de la gobernación sobre parques industriales, porque había que conseguir financiamiento. Y comencé a viajar por América latina, México y Estados Unidos, para ver las experiencias y la figura de tipo administrativo que se necesitaban para llevar a cabo esos proyectos. Eso terminó con un curso para complejos industriales en Washington. Al final del curso volví, hicimos el proyecto de inversión con un equipo de acuerdo a la guía del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo presentamos y fue avanzando hasta que llegó al directorio. Yo estaba ese día en Washington, el embajador era Alejandro Orfila y el ministro de Economía, que estaba en ese momento en Washington por los préstamos, era (Alfredo) Gómez Morales. Y una de las carpetas que estaba por ser tratada en esa reunión era la de los parques industriales de Santa Fe. Ya estaba en un extremo de la mesa y en un momento veo que Gómez Morales retira la carpeta nuestra sigilosamente y se la entrega a un ayudante para que la guarde en su portafolios. ¿Qué había sucedido? Mientras se desarrollaba esa reunión en Washington, en los télex (en esa época no había internet) del BM salía que el vicegobernador de Santa Fe, Félix Cuello, estaba pidiendo la intervención a la provincia. Con semejante descalabro institucional Gómez Morales no consideró prudente presentar el proyecto. Era fines del año 1975. En el 76 viene el golpe militar y entonces el ministro de Economía pasó a ser Alfredo Martínez de Hoz y todo lo que eran proyectos industriales los eliminó y los cambió por proyectos agrícolas. Y me fui a mi casa. Me retiré del gobierno de la provincia. Y a los quince días recibo un llamado de Washington del BM. Quien era representante del banco para proyectos argentinos, un señor alemán, me preguntó si no estaba más en el ministerio de Economía de Santa Fe. Le dije que no y le conté lo del golpe militar. Me preguntó si entonces no tenía compromisos con el gobierno de la provincia. ‘Ninguno’, le dije. Y me preguntó si estaba disponible para trabajar para el BM. Me quedé paralizado. Y le contesté que tendría que pensarlo un poco. Y me dijo: ‘¿Cuánto tiempo necesita para decidirlo?’ Y le contesté: “Como dos minutos”. Y él se largó una gran carcajada. A los 15 días viajé en la empresa Braniff a Estados Unidos y firmé mi primer contrato con el BM que iba a ser por dos años y terminó siendo por diecinueve años y cinco meses”.
Murillo, más conocido como el Dr Murillo en el programa de radio El ruido de las nueces (lunes a jueves de 19 a 20.30 en FM 107.5, conducido por Francisco Bessone), donde es columnista, es desde entonces un lector de “la letra chica” de lo que podríamos llamar “contrato de realidad”: el teatro que despliega el discurso del poder. Conocedor de las negociaciones y las finanzas internacionales, cuando Murillo observa el juego que el gobierno de Cambiemos hace público se detiene en la deuda, ese inmenso fuera de campo donde aún duerme la cíclica crisis argentina.
A través de su trabajo en el BM, Murillo –quien se recibió de arquitecto en el UNR y, en EEUU, hizo tres extensos cursos sobre "Project Investment", recorrió una siete u ocho veces América latina y dos o tres veces el mundo. 


viernes, 13 de abril de 2018

libertad


Bajo el título “La libertad no es gratis” (“Freedom isn’t free”), Adam Kotsko publicó este jueves en su blog:

“Una recomendación: cada vez que alguien use el término «libertad» de un modo que parezca hipócrita, intentemos sustituirla por «privilegios tradicionales» (y, cuando use «libre», por «tradicionalmente privilegiado»). El verdadero significado aparecerá a menudo en su lugar.

“Un gran ejemplo es el debate sobre la «libertad de expresión», cuando nos sorprendemos al descubrir que los reaccionarios usan el término de modo oportuno a favor suyo, sin que les importe los derechos de libertad de expresión de los activistas pro-palestinos, comunistas, etc., simplemente hagamos el cambio designándolo como «expresión de privilegios tradicionales» y voilà, ¡todo se vuelve transparente!”

martes, 10 de abril de 2018

alien

Durante casi veinte años se dedicó a viajar. Para los que lo tratábamos de cerca, en el trabajo, en reuniones de amigos, su charla fue siempre la del colega cercano, el compañero con el que se intercambiaban comentarios y opiniones que iban desde libros hasta coberturas periodísticas cercanas. Pablo Bilsky nunca necesitó hablar de sus viajes para transmitir conocimientos ni experiencia. Allá estaban, los viajes, así como se tiene una biblioteca o una colección de discos, se tiene un pasaporte lleno de sellos.
Hace tres años, cuando publicó su primer libro, Herodes, que transcurre en una Rosario onírica, asolada por una guerra que trae los fantasmas de la historia reciente y lejana, era obvio para sus lectores que la principal operación de la literatura de Bilsky era el lenguaje o, mejor, ese extrañamiento que se produce cuando se fuerzan las palabras, cuando las palabras son expelidas por un paisaje que se volvió ajeno. “Crónicas”, ese libro de hace tres años se presentaba como crónicas: a falta de un género para esa experiencia orgiástica de lenguaje y extranjería, en la que un linyera que se travestía aparecía muerto en Granadero Baigorria y los vecinos le atribuían haber combatido en Malvinas, Herodes se presentaba como una crónica. Y lo era, una crónica de la sinrazón histórica.
En China (Baltasara Editora, Rosario, 2018), que se presenta este jueves a las 19 en Facultad Libre Rosario (9 de Julio 1122), Bilsky ensaya también unas crónicas, la de sus viajes por varios continentes, de La Habana a Nueva York, de Liverpool a Jerusalén, de la Atenas de los disturbios contra el ajuste a la Varsovia contemporánea, ultraderechista y xenófoba. Sólo que estas crónicas, a diferencia de la anterior, ya no son sobre la sinrazón histórica sino, acaso, para decirlo con una cita oscura y reconocible, crónicas sobre los sueños de la razón que producen monstruos.
Imagen de Franco Trovato Fuoco

lunes, 26 de marzo de 2018

la clase parasitaria

En 2012, cuando la Comisión Nacional de Valores abrió su archivo, el historiador Bruno Nápoli investigó en particular la relación de la última dictadura con el capital financiero. De allí surgió el libro “La dictadura del capital financiero. El golpe militar corporativo y la trama bursátil” (2015), junto con M. Celeste Perosino y Walter Bosisio. “El libro demuestra –dijo Nápoli– con documentación rigurosamente seleccionada, cómo los sectores concentrados de la economía argentina, durante la dictadura de Jorge Videla, cambiaron el marco legal de nuestro país, imponiendo leyes económicas (algunas aún vigentes, como la Ley de Entidades Financieras) que dieron prioridad a la especulación financiera y a la preeminencia de los bancos por sobre las industrias”.
Su mirada de la historia, además de indagar esos cruces con la economía, abunda en lo que cabe en el término biopolítica, como en “En nombre de mayo. El impresente político”, un libro de intervenciones en el que indaga las exclusiones y la violencia ejercida sobre los cuerpos en la conformación de eso que suele llamarse patria.
En esta entrevista, en vísperas de una nueva conmemoración del 24 de marzo, Nápoli analiza la clase parasitaria que se nutre del estado y convirtió sus estancias en empresas offshore.
—Llega un nuevo 24 de Marzo y da la sensación de que la dictadura sigue siendo vista como un enfrentamiento ideológico entre dos facciones, ¿no se pierde de vista la cuestión económica, que tuvo un largo alcance y afectó a todos los argentinos?
—La dictadura de la desaparición de personas afectó primero en términos sociales por el genocidio cometido, es una afectación cotidiana porque el crimen de la desaparición se comete todos los días, es el peor de los crímenes porque acumula el secuestro, la tortura, el asesinato, la desaparición del cuerpo.
Imagen tomada de Lobo Suelto.

viernes, 23 de marzo de 2018

la interrogación ontológica

en CdS

A fines de marzo del año pasado en La Pista, un encantador espacio de teatro de Crespo al 1500, participé de una sesión de “teatro espontáneo” del proyecto Nómades. Damián Schwarzstein y Ana Otto me recibieron, me descalzaron y me invitaron a sentarme en un cubo que hizo de taburete, desde el que conversé con ellos sobre un viaje entre Paysandú y San Nicolás 42 años atrás. Después vi desplegarse esa escena del modo en que cobran cuerpo los recuerdos, con su vasta gama de matices. La memoria funciona en la medida en que las cosas que olvidamos retornan con un rostro cuya precisión es menos un dato fiel que uno que interroga. Y la interrogación es siempre ontológica: somos lo que cabe en esa pregunta. Entendí entonces lo que era el teatro espontáneo, lo que era el proyecto Nómades y entablé con los rostros de esos actores una intimidad que tal vez no coincide con esas mismas personas cuando las cruzo por la calle.
Cuando me enteré que algo de todo eso podrá verse en la pantalla de canal 3 los martes de febrero después de las 14, en cuatro programas que llevan por título “Espontáneo”, quise conversar de nuevo con Ana y con Damián. Por curiosidad, y también por gratitud.

ricardo rouvier: cambio de época

en CdS

A comienzos de enero pasado el consultor político RicardoRouvier había medido la caída de la imagen de Mauricio Macri tras la reforma previsional de diciembre y la intentona de quitar derechos laborales. Ofreció sus resultados con prudencia, término que usa más de una vez en esta conversación que mantuvimos con él luego de que el presidente inaugurase las sesiones ordinarias del Congreso, la semana pasada.
Una hora después de que Macri hubiera anunciado en la Legislatura que “lo peor ya pasó” y que el país vive un “crecimiento invisible”, Rouvier –sociólogo y titular de Ricardo Rouvier y Asociados– ya había publicado una nota en el sitio La Letra P titulada “Rendición de cuentas”. ¿Cómo pudo escribirla tan rápido?, fue la primera pregunta. Es que la redactó antes de que el mandatario hablara y la terminó justo cuando cerraba el discurso. “Ya sabía lo que iba a decir”, deslizó el analista.
—Usted dijo que más allá de la ideología, el plan de este gobierno ya es un fracaso.
—Lo que digo es que más allá de las etiquetas, porque muchas veces uno se distrae en el análisis con la propia ideología del que analiza, es que la receta neoliberal o la aplicación de la receta liberal, el gobierno fracasó: fracasa en materia económica, sea neoliberal, populista o como sea, fracasa en sus propios objetivos. ¿Cuáles son? Bueno, los objetivos están enunciados. Estoy leyendo ahora un trabajo para una publicación que va a salir en mayo donde planteo cuáles son los deseos imaginarios del PRO, porque el PRO es el eje ideológico principal de Cambiemos. ¿Y por qué hablo de fracaso? Porque este no es el resultado económico que ellos mismos esperaban. No digo que lo que esperaban los otros, sino lo que esperaban ellos, que no están obteniendo resultados. Y como no los están obteniendo van a producir de aquí en más, como lo escuchamos en el discurso del presidente, todo lo que puedan en materia simbólica como para poder ser una opción electoral con posibilidades de obtener la reelección en el 2019. Pero en cuanto a lo que ellos pretenden, sus objetivos, no los están cumpliendo.

todo futuro es político

para La Capital

El futuro envejece rápido. Las historias de ciencia ficción, comprometidas la mayoría de las veces con relatos que transcurren en el futuro, son a fin de cuentas narrativas políticas. Cada una se escribe en tensión con el presente.
A la vez, para que un futuro tenga lugar, el presente debe conservar cierto horizonte de promesas irrealizadas, lo que hasta hace unas décadas solía llamarse “utopías”. La buena noticia, para los amantes de la ciencia ficción, es que vuelve a las pantallas y será uno de los géneros predominantes también en 2018. La mala noticia, para todos, es que es esas “promesas irrealizadas” son cada vez más fragmentarias y su puesta en escena resulta una pesadilla cercana. Un ejemplo: el episodio “Nosedive” (“Caída en picada”), el primero de la tercera temporada de Black Mirror: lo único nuevo son los dispositivos que permiten dar una especie de “me gusta” a una persona sin usar el celular; y lo que vuelve terrible ese relato es la financierización de la vida a través de la red social, cosa que de algún modo ya ocurre (lamentablemente, no sólo a través de redes sociales).

En espejo

Netflix anunció el estreno, entrado 2018, de la quinta temporada de Black Mirror, la segunda que producirá la plataforma de streaming tras ganársela al canal original británico Channel 4, una serie que se adentra apenas unos minutos en el futuro y cuyo tema explota la relación que ya tenemos con la tecnología y el desdoblamiento de las personas en su vida virtual. En otras palabras: esa “otra vida” en la que aspiramos a una plena realización no sólo no existe, tampoco parece existir ya el deseo, según nos lo dejan ver los casi siempre pesimistas episodios pergeñados por Charlie Brooker, inspiradas en películas, libros, historietas y también videojuegos como Fall Out.

lunes, 19 de marzo de 2018

toda mujer es política


Un fantasma recorre la actual ficción televisiva estadounidense, es el fantasma del totalitarismo. Un fantasma que lleva un mechón dorado, un cuerpo grueso y el nombre de Donald Trump quien, con su parafernalia de la “Alt-right” –juego de palabras y apócope de “derecha alternativa”: la vieja derecha violenta y xenófoba pero con un hombre educado y un joven gay– y su largo aliento a las armas agita las perores fantasías del progresismo liberal de Hollywood.
Así las cosas, cuando el año pasado el servicio de tevé por streaming Hulu –sólo accesible en el hemisferio norte y en Australia– estrenó la adaptación televisiva de la novela The Handmaid’s Tale (“El cuento de la criada”: editorial Seix Barral se apuró a sacar de su desván, a fines de 2017, la traducción de fines de los 80 de este libro que la canadiense Margaret Atwood publicó en 1985), la gran mayoría de los críticos entendió que narraba una distopía estadounidense hecha a medida de los tiempos políticos que se viven: un mundo arrasado por una epidemia de infertilidad en el que las mujeres fueron reducidas a ciudadanas de segunda y, las que son capaces de fecundar, meros seres para reproducir.
Los mismos productores de la serie (entre ellos Bruce Miller, creador de The 100) salieron a decirle a la prensa que la serie no estaba inspirada en el naciente trumpismo. Mentiras. Al mismo tiempo “Deadline Hollywood” (DeadLine.com, uno de los sitios más actualizados sobre el ambiente del cine y la televisión) publicaba un artículo titulado “Cómo ‘El cuento de la criada’ se convirtió en la serie políticamente más cargada del año” (“How ‘The Handmaid’s Tale’ Became The Year’s Most Politically-Charged Show”).

jueves, 8 de marzo de 2018

todo el dinero es robado

para La Capital

a Ricardo Mazalán

La frase es de una película argentina y es, acaso, una de las mejores del cine nacional de las últimas décadas. Julio Chávez le extiende un bolso con el botín de un atraco al marido de su ex esposa. El hombre no lo quiere aceptar, le dice que no, que es robado, y Chávez, que interpreta al Oso en Un oso rojo (2002, Israel Adrián Caetano), le espeta: “Todo el dinero es robado”. Eso, más o menos, es lo que viene a contarnos La casa de papel, la serie española que emitió entre mayo y noviembre del año pasado la muy liberal Cadena 3 en la península ibérica, donde tuvo un moderado éxito, y hoy es la serie más vista de Netflix, que subió su primera temporada el 25 de diciembre último.

Los números importan. Un tuit de TV Time ubica a La casa de papel primera en el BingeReport (el reporte de maratones) por quinta semana consecutiva, por encima de Friends o Black Mirror. De cada cien episodios vistos en Netflix entre el 19 y el 25 de febrero, 4,05 correspondieron aLa casa de papel con un promedio de 5,11 episodios de la serie que se devoró cada usuario. Cifras semejantes sólo le caben a tanques como TheWalkingDead(que volvió a pasear muertos esta semana).

lunes, 19 de febrero de 2018

carnicería americana


Los estadounidenses tienen una notable tolerancia para la matanza de niños, en especial cuando se trata de asesinatos en masa de hijos de otros. Esta indiferencia emocional se manifestó vívidamente después de la revelación de la Masacre de My Lai (Vietnam del Sur: el 16 de marzo próximo se cumplirán 50 años de esa masacre), cuando docenas de infantes y niños vietnamitas fueron asesinados por los hombres de la Compañía Charlie: sus cadáveres diminutos, descuartizados, fueron apilados en zanjas. Después de que el teniente William Calley fuera enjuiciado, más del 70 por ciento de los estadounidenses creía que su sentencia era demasiado severa. La mayoría se opuso tajantemente a cualquier tipo de prueba. Al final, Calley estuvo menos de 4 años bajo arresto domiciliario por su papel en la ejecución de más de 500 aldeanos vietnamitas.

Veinticinco años después, las actitudes estadounidenses hacia las muertes infantiles se habían agudizado aún más. Cuando se reveló que las sanciones de Estados Unidos contra Iraq habían causado la muerte de más de 500.000 niños iraquíes, la Secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, argumentó fríamente que las muertes “valían la pena” para avanzar en la política estadounidense en el Medio Oriente. Pocos estadounidenses protestaron contra este salvajismo oficial hecho en su nombre.


Masacre de My Lai, fuente WikiCommons.

Ahora las armas se están volviendo contra los propios niños de Estados Unidos y los ríos de sangre que salen de las escuelas del país apenas provocan una sacudida en nuestra política. Si el tiroteo de Columbine (1999) fue una tragedia, ¿qué palabra podemos usar para describir el tiroteo número 436 en una escuela desde entonces?

domingo, 4 de febrero de 2018

ya es la hora

por Mariela Mangiaterra

A mi antes me gustaba más viajar. Hasta me veía distinta. Se me coloreaban los cachetes de la cara, el pelo se ponía mas brillante.
Cada vez me asimilo más al grupo de los que se quedan.
Como la primera generación de los que nos hospedan acá, sin ir más lejos. 
A eso de las 10 uno de ellos cruza delante de la casita donde paro con una botella vacía. Cruza la acequia haciendo equilibrio entre las piedras. Y va a reunirse con otro viejo y dos viejas en lo más alto de la finca. Una es la mamá de Pablo, el chico que nos alquiló por internet.
Por la tarde escucho que el viejo les dice a los otros tres: "Damas y caballeros, si me disculpan, ya es la hora", y hace el camino inverso hasta la última casa, más abajo, y se sienta en la galería a mirar el cerro.
Un mediodía me acerco hasta la reunión de ancianos para pedirle un mantel a la mamá de Pablo. La encuentro refunfuñando y quejándose de los otros tres. Me dice que el que cruza delante de mi casita y la otra mujer son sus hermanos y el otro viejo, que me mira como una tortuga, es su marido.
"Todos me dan trabajo! Por ejemplo ahora no me dicen si quieren que haga la rúcula".
Me parece una locura toda esta gente grande moviéndose sólo unos metros entre parientes.
También me gusta el proyecto del viejo. Cuántas visiones del cerro sobreimpresas pueden ser almacenadas? Cuántas coloraciones? Cuántas iluminaciones?
Me gusta el tiempo.

sábado, 3 de febrero de 2018

vergüenza italiana

“¿De qué se avergüenzan los italianos?” –se preguntaba el filósofo Giorgio Agamben alrededor de 1993, mientras en Italia un fiscal y un puñado de jueces encaraban el proceso conocido como “mani pulite” (manos limpias) que terminó con varios dirigentes políticos tras las rejas y el presidente del partido Socialista prófugo. Y seguía: “En los debates públicos como en las discusiones por la calle o los cafés, sorprende con cuánta asiduidad, apenas se eleva el tono, sale a relucir la expresión ‘¿no le da vergüenza?’, como si esta en todo momento contuviera el argumento decisivo (…) Si el arrepentimiento modela la relación que los italianos tienen con el bien, la vergüenza domina su relación con la verdad”.
“Desde este exilio. Diario italiano 1992-1994” es el último de los textos que componen el libro Medios sin fin, un conjunto de ensayos escritos por Agamben en la primera mitad de los años 90, mientras desarrollaba uno de los tomos decisivos de su obra, Homo sacer. El poder soberano y la vida desnuda (la editorial Adriana Hidalgo, que publica Medios sin fin editó el año pasado ese tomo en Argentina).

Ese “diario” breve, que suma observaciones y las contrapone con los conceptos que Agamben desarrolla desde entonces (la distinción, clave, entre vida desnuda –zoé– o pura vida, y vida política –bíos–, por ejemplo), avisora el futuro que hoy conocemos de Italia: ese reinado de la justicia penal sobre la política que terminaría coronando en el poder a Silvio Berlusconi.

viernes, 26 de enero de 2018

espectro

Giorgio Agamben vive en Venecia. No lo sabía y me entero a través de esta generosa entrevista traducida en Artillería Inmanente de la que extraigo esta maravillosa respuesta:
“Para mí el espectro no es una categoría negativa ni, como usted dice, un ectoplasma. El espectro —basta pensar en ciertos relatos de Henry James— es una forma de vida más verdadera que la vida falsa con la que se pretende animar a nuestras ciudades. Ciertamente más verdadera que las masas de turistas o las muchedumbres de jóvenes frecuentemente desesperados que se emborrachan de noche en Campo Santa Margherita en Venecia o en plaza Trilussa en Roma, con la benévola complicidad de las autoridades. E incluso más verdadera que las vacuas Bienales, éstas sí ectoplasmas en el sentido etimológico del término, sustancias informes que aparecen de la nada. En el texto al que usted se refiere, yo hacía una distinción entre las larvas, que son cadáveres que simulan estar vivos o son mantenidos artificialmente con vida (y ésta es la condición de casi todas nuestras instituciones) y el espectro verdadero, que se nos puede aparecer y sorprendernos porque conserva en sí algo vivo y a veces jubiloso. Quizá, en la bancarrota de la cultura occidental, las ciudades y las lenguas de Europa sobreviven únicamente como fantasmas, que, sin embargo, hablan todavía a quien sabe escuchar su voz. Y es sólo prestando escucha a esta voz como nuestro tiempo, que ha extraviado toda consciencia de su situación histórica, podrá encontrar una relación vital con su pasado y con su presente.”

domingo, 21 de enero de 2018

teología política, una lista de lecturas

Adam Kotsko nos tira acá una lista de lectura de teología política. (Todos los enlaces fueron agregados en esta entrada.) Dice:

“Algunos amigos de Facebook me preguntaron cuál era mi 'canon' personal sobre teología política y creí que sería un buen tema para postear en el blog. Esta lista, como cualquier intento de canon, no sólo refleja el estado de un campo sino que apunta a cambiarlo. No sólo aborda lo que es la teología política, también lo que podría y debería ser. Mientras que algunas de mis elecciones son presumiblemente obvias, otras expresan mi convicción de que la teología política debe apañárselas con interrogantes económicos, de raza, género y sexualidad; de que nuestro orden neoliberal contemporáneo es un orden de teología política, de que la teología política es una disciplina genealógica, y de que la raíz de la teología política no homologa política y teología, sino el problema que motiva a ambos, en términos políticos, al problema de la legitimidad y, en términos teológicos, al problema del mal. En otras palabras, esta podría ser una lista de lectura para entender el estilo de teología política que practico en The Prince of this World y Neoliberalism’s Demons (traducción al español acá). Pero, más allá de eso, es el intento de reagrupar el cuerpo de obras que pueden tener una productiva lectura una en contra de la otra.
Imagen tomada de Itself.
He aquí la lista en algo así como un orden cronológico:
1.       Friedrich Nietzsche, La genealogía de la moral: Muchas de las preguntas clave de la teología política –el complejo cruce entre moral, religión, economía y poder, tanto como las diferencias étnicas y raciales– forman parte del frente y el centro en este texto, que también ofrece las bases del método genealógico.
2.       Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo: Las anteojeras convencionales de la teología política, que define lo político excluyendo lo económico, es lo único que evita que este texto sea un clásico obvio en la materia. Todo lo que esperamos de un estudio teológico político está presente en este texto, y la exclusión es aún más atroz cuando reconocemos cuán profundamente weberiano resulta Schmitt (precisamente porque también es profundamente anti-weberiano).
3.       Carl Schmitt, Teología polítca: se me reirían en la sala si no incluía esta, y con razón. Viví durante años aquí en la tensión de la promesa del proyecto de investigación de Schmitt y las luces de giro que lo llevarían a un destructivo callejón sin salida.

domingo, 14 de enero de 2018

amar lo que la muerte ha tocado

Desde Iruya, mi hija nos hace un breve relato de su viaje. Entre otras cosas cuenta el encuentro con un almacenero que perdió a su hermano, una oración por el muerto, les pide.
Reviso los libros y ni las oraciones de Stevenson ni los poemas de nuestra amiga María Auxiliadora Álvarez me parecen una cita adecuada. Entonces reveo los dos últimos episodios de Godless –que miré con fascinación y gula cuando se estrenó a fines de 2017. Al final me encuentro con un poema de Yehudah Halevi que no encuentro hasta ahora en su versión española del hebreo. En el último episodio, cuando ya sucedió todo, el sacerdote llega al fin al pueblo, se disculpa por su tardanza y se aproxima al hoyo donde yace uno de los muertos, el más joven de todos. Desea que no sea aún demasiado tarde y recita este poema de Halevi ("Judá Levi" nació en Toledo a fines del siglo XI y murió muchos años más tarde en Jerusalén):
«Es una cosa temerosa
amar lo que puede tocar la muerte
Es algo temeroso amar, tener esperanza,
soñar, permanecer.
Estar ahí y, ¡oh, perder!
Es algo para tontos. Y es
algo sagrado
Es algo sagrado amar, porque tu vida vivió en mí.
Tu risa me erigió una vez
Hubo un tiempo en que tu palabra
fue un regalo para mí.
Recordarlo me trae
una alegría dolorosa
Amar es algo humano,
Algo sagrado. Amar
lo que la muerte ha tocado.»
Imagen tomada de Wikipedia.

En el original que hallé sólo en inglés: «‘Tis a fearful thing/ to love what death can touch./ A fearful thing/ to love, to hope, to dream, to be –/ to be, / And oh, to lose. / A thing for fools, this, / And a holy thing, / a holy thing / to love. / For your life has lived in me, / your laugh once lifted me, / your word was gift to me. / To remember this brings painful joy. / ‘Tis a human thing, love, / a holy thing, to love / what death has touched.»

la estrella de la amargura

Hace poco Netflix estrenó Wormwood (término inglés para "ajenjo", que en los textos bíblicos es metáfora de amargura), una serie de seis episodios dirigida y creada por el gran documentalista Errol Morris. Wormwood, además de ser uno de los mejores documentales acerca de cómo se crean mentiras para proteger secretos de estado, es también una serie (o un extenso docudrama, como se dice en inglés) sobre una persona, Eric Olson, el hijo de una de las primeras víctimas de los proyectos secretos de la CIA, cuando la central de inteligencia estadounidense desarrollaba proyectos de interrogación y control mental al tiempo que impulsaban una guerra bacteriológica en Corea. La voz de Olson hijo se corresponde aquí con la de otro hijo, George Burchett, cuyo padre fue un distinguido periodista australiano que tuvo el mal tino de narrar los experimentos de armas bacteriológicas estadounidenses sobre Corea desde el lado chino, a principios de los 50, lo que le valió el mote de traidor, la desacreditación y el retiro de su ciudadanía australiana. Burchett descubre fugazmente una foto de su padre en el documental y se pone a hilar recuerdos y conjeturas en esta nota publicada en CounterPunch, una de esas encantadores publicaciones de la izquierda estadounidense, que traducimos acá: "Wormwood and a Shocking Secret of War: How Errol Morris Vindicated My Father, Wilfred Burchett" (Wormwood y un impactante secreto de guerra: cómo Errol Morris reivindicó a mi padre, Wilfred Burchett", por George Burchett)

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Vemos una pared forrada en un turbio papel tapiz con flores marrones y una puerta con una mirilla, y el número 1018A. Un hombre está hablando por teléfono. Dice: “Nos vemos mañana. Te amo, Alice”. La cámara se aleja y revela a otro hombre, sentado en la cama doble al lado del primero. Fumando un cigarrillo y ve una pelea de boxeo en un viejo televisor blanco y negro. El primer hombre se levanta y apaga el televisor. Regresa a su cama y comienza a leer un pasaje de la Santa Biblia que sostiene en sus manos:
“Y el tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó en la tercera parte de los ríos, y en la fuente de las aguas.
“Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas fue vuelta en ajenjo: y muchos hombres murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas.” (Apocalipsis; 8, 10 y 11; versión de C. de Reina, C. de Varela. N. del T.)
Alguien intenta abrir la puerta de la habitación del hotel. El primer hombre se acerca a la puerta y echa un vistazo por la mirilla. Sale al pasillo. Nadie. Regresa a la habitación.
Estalla una ventana. El primer hombre la atraviesa de cabeza y comienza a caer en cámara lenta, mientras Perry Como canta “Otro amor no tengo, solo este amor por ti”, y empiezan los créditos iniciales.
Es decir, estamos atrapados en Wormwood (“wormwood” es el término inglés para “ajenjo”, planta a la que metafóricamente se alude en la Biblia para referirse a la amargura; n. del t.), el fascinante documental dramático en seis episodios de Errol Morris.
Leemos 1953 en la pantalla y una voz pregunta: “¿Qué le dijeron en el momento de la muerte de su padre?”
Un anciano de ojos azules responde: “Me dijeron ‘Tu padre tuvo un accidente. Cayó, o saltó por la ventana. Y murió’.”
La voz que hace la pregunta es la de Errol Morris. El hombre que le contesta es Eric Olson, el hijo mayor de Frank Olson, el hombre que se cayó o saltó desde la ventana del piso 13 del Statler Hotel en Nueva York, a las 2.33 a.m. del 28 de noviembre de 1953.
Frank Olson era un científico que trabajaba en el programa secreto de armas biológicas en Fort Detrick, Maryland, una instalación de investigación militar de los EE. UU. También estuvo muy involucrado en dos programas secretos de la CIA. Uno, llamado en código Artichoke, desarrollaba técnicas especiales de interrogación. El otro, llamado MKUltra, trataba de experimentar con métodos de control mental, incluido el uso de LSD.
Wormwood cuenta la historia de la investigación que hizo toda su vida Eric Olson sobre la muerte de su padre. ¿Se cayó? ¿Saltó? ¿Lo empujaron? ¿Fue un accidente? ¿Un experimento de control mental salió mal? ¿Fue un asesinato? ¿Fue una ejecución?
Para llegar a la verdad, Wormwood también recrea los últimos diez días de la vida de Frank Olson. Por lo tanto, a los 18 minutos del primer episodio Frank Olson será conducido a un albergue junto al lago para una reunión con sus colegas de Fort Detrick y la CIA. Enciende la radio del automóvil y la voz del locutor de las noticias dice:
“Las películas que recién se conocen desnudan la impactante verdad detrás de las acusaciones comunistas de guerra bacteriológica en Corea y las llamadas confesiones de aviadores estadounidenses capturados. Las películas confiscadas muestran las conferencias de la prensa roja en las que los aviadores capturados admitieron que arrojaron bombas bacteriológicas en territorio civil, declaraciones transmitidas por la máquina de propaganda comunista en todo el mundo e incluso llevadas a los pasillos de las Naciones Unidas. Estas confesiones son la base de una flagrante sinfonía del odio...”
A medida que la voz habla, aparece brevemente en la pantalla ese metraje. Lo reconozco. Rebobino y pongo en pausa el episodio. El hombre de la extrema derecha con la camisa blanca es mi padre, el periodista australiano Wilfred Burchett.
He visto este metraje antes. Es de un rodaje chino de 1952 en el que se registra: “Los aviadores estadounidenses capturados Kenneth L. Enoch y John S. Quinn, interrogados por la Junta interrogadora de especialistas coreanos y chinos y corresponsales de prensa” en el que los dos aviadores repiten lo que ya habían dicho en sus “confesiones voluntarias”: que EEUU estaba librando una guerra bacteriológica en Corea y que personalmente habían arrojado bombas de bacterias. De hecho, el “interrogatorio” se parece más a una conferencia de prensa y, como dice la voz en off, “Wilfred Burchett, corresponsal del Ce Soir de París, también se unió al trabajo del grupo por invitación”.
Otras imágenes, usadas más tarde en Wormwood, muestran a la Comisión Científica Internacional, dirigida por uno de los científicos más distinguidos de Gran Bretaña, Joseph Needham, un miembro de la Academia Británica, que viajó a China y Corea para investigar las acusaciones y asistió al “interrogatorio” de los pilotos estadounidenses capturados.
Captura de pantalla, en Counterpunch.

domingo, 3 de diciembre de 2017

la máquina de volar


El galpón es una jaula blanca y pintarrajeada que se mantiene en pie desde principios del siglo XX, cuando allí, en lo que hoy es el paseo peatonal de la Costa Central, funcionaba la estación de ferrocarriles Rosario Central. Como una suerte de circo reducido y cúbico, los caminantes se detienen contra la reja del portón abierto y se quedan a mirar a unos tipos que vuelan en bicicleta sobre rampas de madera. Los domingos a las 11, cuando Calle Recreativa empuja al exterior a todo aquél que pueda meterse dentro de unas calzas, los que ruedan sobre las rampas son niños de 7 a 13 años, cada uno con su casco y las ruedas de las bicis bien infladas, se ejercitan en transfers (saltar de una rampa a otra), foot jam (girar el cuadro mientras se sostiene la bici en equilibrio sobre la rueda delantera mediante la presión de un pie), bunny hop (salto de conejo: saltar levantando el manubrio y doblando las piernas) o, sencillamente, ruedan sobre las olas de madera según los llevan las ruedas. Es el día en que funciona la escuelita de BMX.
El BMX (siglas de bycicle moto cross) nació en California entre fines de los 60 y principios de los 70, de ahí que los nombres de la mayoría de sus trucos sean en inglés. Desde 2008 la modalidad BMX “race” (carrera) es un deporte olímpico. Pero en los próximos Juegos Olímpicos de verano de Tokio, en 2020 todas las categorías de BMX serán olímpicas, lo que significa que los “riders” de cada país competirán en las grandes ligas. Eso y, sobre todo, que habrá dinero para la organización de torneos que siempre se hicieron a pulmón y sorteando la anarquía particular de quienes practican la disciplina. La modalidad que se practica en el galpón frente al río se llama “free style” (estilo libre): un tipo de práctica que surgió de pruebas y ejercicios en rampas y que suma, además de la destreza, el estilo, es decir, la calidad para caer, saltar, deslizarse y sujetar la bicicleta con el cuerpo.
 

Un domingo de noviembre pasado, pasado el mediodía, unos doce ó trece niños salen del galpón en sus bicicletas. El galpón, en Schiffner 1522 (es la calle peatonal frente a la Isla de los Inventos) se llama Hell Track (Pista del Infierno, yeah!) y es único en su tipo en el país: techado, rampas de madera que construyeron y diseñaron sus propios usuarios, sede de una competencia internacional –el Classic Contest– que suma ya unos 18 años y de la que participan desde niños y jóvenes que se inician en la disciplina hasta profesionales capaces de piruetas que desafían las leyes de la física, como el ecuatoriano Jonathan Camacho.
Pero este domingo los niños, que participan de la escuelita de BMX, sólo van a tomarse una foto en la explanada junto al río junto con Luciano Aguilar, Lucho, el profe: 32 años. Más tarde, cuando los padres de los niños se apoltronan en unos bancos sacados de debajo de las rampas –el galpón es infinito, debajo de su estructura de madera oculta mundos enteros, desde piscinas inflables para zambullirse con una bicicleta tras una caída de cinco metros hasta sillas, carpas y rampas para sacar al exterior– para comer unas hamburguesas, ofrecen a Luciano unas latas de cervezas que él declina. Lo suyo es la gaseosa con azúcar, única ingesta que le permite elevarse dos o tres metros sobre una rampa, caer y volver a levantar la bicicleta hasta hacerla aterrizar con un “nollie hop” (hacer que la rueda trasera quede en el aire mientras se retrocede sobre la rueda delantera). Cada movimiento de BMX implica levantar el cuerpo con la bicicleta, como si se tratara de un miembro más: no hay un solo truco del que no participe todo el cuerpo del “rider”.

viernes, 1 de diciembre de 2017

el cuento de la criada

Entre los autores de la revista Otra parte, Federico Romani me resulta el más "afín", siempre preocupado y ocupado en temas que tocan el meollo de eso que busco en las ficciones y los ensayos, como este texto sobre "la técnica".
De modo que cuando vi en el boletín de este jueves que había escrito sobre la serie The Handmaid's Tale me zambullí en su texto dispuesto a estar de acuerdo con su argumento, incluso si no coincidía con mis impresiones (que traté de señalar en esta traducción).
Copio aquí lo que Romani escribió bajo el título: «Sobre “TheHandmaid’s Tale” y los peligros de no querer decir nada o intentar decirlo todo».


La adaptación televisiva del relato de Margaret Atwood es la clase de artefacto cultural que, en otras épocas y con otros modos, solía contrabandear Robert H. Heinlein en el terreno literario: parábolas grandilocuentes y crepitantes de las que no podía saberse con certeza si estaban ladeadas (ideológicamente) hacia la izquierda o hacia la derecha, en tanto sus ambigüedades de fondo podían pasar perfectamente por sus mayores virtudes.
La primera adaptación de la novela de Atwood es de 1990 y estuvo signada por inconvenientes de producción y lanzamiento que le ocasionaron una recepción problemática. Escrita por Harold Pinter, inicialmente atribuida al británico Karel Reisz (luego reemplazado por el alemán Volker Schlondorff), iba a contar con el protagónico de Sigourney Weaver, quien se bajó del proyecto (según la leyenda, al quedar embarazada en los meses previos al inicio de la filmación) y fue, a su vez, sustituida por Natasha Richardson, hija de la muy activa en cuestiones feministas Vanessa Redgrave. Robert Duvall y Faye Dunaway completaban el cast de una película que resultó más pequeña de lo originalmente pensado, que hoy permanece casi olvidada y cuya factura artesanal y reducido presupuesto terminaron acomodándola mejor al panteón de la serie “B” que al podio de las grandes producciones de ciencia ficción.


viernes, 24 de noviembre de 2017

música fuera de serie

El miércoles, día de la Música, en nuestra columna en Sì 98.9 hablamos de las bandas de sonido de algunas series que fueron pioneras, en el pasado inmediato, en la supervisión musical.
Cierto espíritu de "frontera" (es decir, el desarrollo de una historia que está de modo permanente en tránsito, cruzando los límites) se percibe en la música seleccionada para Breaking Bad. De la serie elegimos dos temas, de algún modo representativos: "Banderilla", de Calexico, y "Freestyle", de los Taalbi Brothers (los hermanos Taalbi, adolescentes entonces, cuando el tema fue incluido en el final de la cuarta temporada, mostraron abiertamente su sorpresa en las redes cuando se enteraron). Hoy basta escribir "Taalbi" en el buscador de YouTube para que nos lleve directamente al tema.


De la música de The Leftovers ya tradujimos acá unas anotaciones de Adam Kotsko: versiones cultas y meoldramáticas de canciones pop. La encargada de la supervisión musical de The Leftovers es la DJ Liza Richardson, una DJ capaz de mezclar canciones de rock cristiano de los 70 con el rap más radical, edulcorados temas de la televisión de los 80 y versiones de temas pop como los seleccionados: la grave versión de Lo-Fang de "You are the one that I want", de Grease; y el piano inquietante de Maxence Cyrin del tema de Pixies "Where is my mind".




T. Bone Burnett contó a Mother Jones cómo eligió la música para True Detective. La idea era no caer en lo obvio, evitar el folk y el bluegrass que aludiera de forma directa a los pantanos y los montes donde transcurría la primera temporada (la tercera temporada se está rodando y transcurrirá en la zona de las Ozarks, como la serie de Netflix).
De allí elegimos el tema de los título, "Far from any road", de The Handsome Family, quienes en su sitio pasaron a describirse, acorde al tono de la serie, como autores de música folk y "gótica".
También –lo que fue una alegría y un reencuentro– "Clear spot", de Captain Beefheart.