socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 24 de enero de 2016

obscenidad

Si bien no es lo más intenso de la conversación con Alejandro Horowicz (para la nota de Más de este domingo), me parece un desperdicio guardármelo.
Dice Horowicz:
«La idea de que haya un precio único para cada bien no tiene nada que ver con el capitalismo. Si usted compra por mayor nunca paga el precio minorista. Bien, desde la lógica de un banco y del sistema capitalista globalizado, el dinero no es otra cosa que una mercancía, de modo que distintas maneras de acceso al dinero suponen distintos precios. No tiene nada de extraordinario. Lo otro es un engañapichanga que consiste en tomar el precio más caro posible y transformarlo en el uno, que es el famoso mecanismo del dólar blue y creer que porque hay un precio único salimos todos gananciosos. Acá viene la otra parte de la cuestión discursiva que tiene que ver con que la experiencia política ha sido reducida a un nivel francamente elemental y que la política ha sido confiscada por el propio poder: la clase dominante es la única que hace política y el resto mira por televisión, y cree que la política es si el intendente pone las baldosas en la vereda o no, si las calles están un poco poceadas y si el agua corriente funciona. Yo entiendo que esos elementos forman parte de la vida y no se pueden negar ni se puede hacer de esto una ironía ridícula, pero reducir la política a esto es un acto suicida.»
—Y obsceno, porque es el espectáculo del poder mostrándose a sí  mismo.
—Si usted mira la escena de Macri en el balcón ve esa obscenidad en acto. No me refiero a qué sucedió antes en ese balcón, no, me refiero a la pobreza fenomenal que Macri tiene para exhibir en un balcón. Porque de Perón uno puede pensar lo que quiera, pero nadie va a pensar que Perón necesitaba que un jefe de relaciones públicas le escribiera lo que iba a decir o que iba a balbucear un argumento inconexo. Pero en el caso de este modo livianito de tomarse la cosa como si estuvieran en el palco de un salón VIP de un boliche es la reducción de la experiencia personal de Macri a la política: no tiene otro elemento más interesante para mostrar que esa lógica aprendida de la diversión bolichera. Él no es otra cosa, no es más que un gerente que se sacó el saco después de ganar el puesto de CEO.