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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 29 de julio de 2012

e.t.

En la foto, en la puerta de El Cairo: Elena, Vicente, ET, Mariela, Martina y Gabi.

Ayer fuimos a ver ET al cine El Cairo, al que ni mi hija ni mi hijo habían ido jamás. El ciclo de clásicos cercanos que propuso el cine para estas vaciones de invierno (La historia sin fin, Laberinto, entre otras), fue un éxito, de hecho, el sábado anterior nos quedamos sin entradas para ver Laberinto. En el hall, Fernanda Forcaia me informó que a esa función que nos perdimos acudió una mujer con su hija y su nieta, y que la mujer había estado en ese cine, con esa hija para el estreno del film veintipico de años atrás.
ET a todo esto, cumple 30 años este 2012.

Cuando ET cumplió 20 años y se restrenó su versión remasterizada, Peter Bradshaw escribió en The Guardian que el film era una obra maestra y que volver a verla era asistir a “una clase magistral de la cultura popular americana”. Escribía: “Sin ET no habría Toy Stories, aunque las Toy Stories cargadas de alta tecnología no pueden compararse con el suave ritmo de la acción en vivo narrada por Spielberg. No habría Archivos secretos X, pero el idealismo apasionado y la fe en el amor de Spielberg hacen que los recortados y paranoicos archivos parezcan ridículos. Sin ET no habría Harry Potter, aunque ET no tenga ese aura de autocelebración que hay en Harry. En la extraña y hermosa historia de amor de ET yace la génesis de la Generación X de Douglas Coupland: esa gente del Oeste que crece en una sociedad secular, sin afecto, que anhela sentir el éxtasis y busca el amor en las ruinas de la fe”.
El comentario de Bradshaw incluye la referencia a “la imaginería cristiana” de Melissa Mathison, la guionista: el corazón que refulge, como en The Day the Earth Stood Still la muerte y la resurrección (de hecho, el afiche de los dos dedos, el del extraterrestre y el del niño, alude a “La creación de Adán”, de Miguel Ángel), los poderes curadores de la criatura y, como lo dijo luego mi esposa, a la familia rota: el film podría terminar con la muerte de ET, una forma de elaborar el duelo por el padre que se fue a México con otra mujer.
Es cierto, todo ese mundo de las camionetas, las vans negras con hombres anónimos que espían la intimidad de la vida suburbana que vimos en X-Files está en ET, y cuando estos hombres de los que sólo vemos la simbólica imagen de las llaves colgando del cinturón, ingresan a la casa donde se refugió el extraterrestre, su aparición, vestidos de hombres espaciales es lo más extraño, lo más “extraterrestre” del film. Spielberg señaló en 1982 lo que ya J.G. Ballard había entendido sobre la ciencia ficción y los viajes al espacio: “El planeta realmente extraño es la Tierra”.

Mi hija, con 6 años, fue al reestreno de los 20 años de ET, con su madre y sus abuelos. Quedó fascinada, claro, y de viaje en Disney, para sus 15, volvió con el muñeco de ET que Vicente tiene en la foto, con el que fue a este otro reestreno, casi a 30 años del estreno original.