socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 3 de septiembre de 2013

maldita espontaneidad

En esta columna que publicó en The Guardian, Slavoj Zizek pone a Edward Snowden, Chelsea Manning y Julian Assange del lado de la "razón pública" kantiana, mientras que los intereses de las potencias y las corporaciones que nos controlan y espían quedan del lado de la "razón privada". El argumento es atractivo, claro –sobre todo el concepto de razón pública, muchísimo más atinado que el más instrumental "opinión". Pero lo mejor llega en este párrafo: «Here are two telltale words: abstraction and control. To manage a cloud there needs to be a monitoring system that controls its functioning, and this system is by definition hidden from users. The more the small item (smartphone) I hold in my hand is personalised, easy to use, "transparent" in its functioning, the more the entire setup has to rely on the work being done elsewhere, in a vast circuit of machines that co-ordinate the user's experience. The more our experience is non-alienated, spontaneous, transparent, the more it is regulated by the invisible network controlled by state agencies and large private companies that follow their secret agendas.» Leo en el calificativo "spontaneous" (espontáneo) lo que señalara Richard Sennett en su libro La corrosión del carácter cuando separa las concepciones del capitalismo que tenían en los albores de la modernidad industrial Adam Smith y Diderot. El último (creador nada más y nada menos que de la Enciclopedia) admiraba, para decirlo llano y pronto, la rutina. Sin embargo Smith la aborrecía y defendía la "espontaneidad". Claro que, segun nos aclara Sennett, Smith no era un neoliberal y veía en esa espontaneidad una ocasión de superación moral (el ejemplo que daba era el de la solidaridad, donde nada puede ser rutinario). Sin embargo este régimen de la espontaneidad ha generado, en términos de nuestro autor, un capitalismo flexible en el que "quedarse quieto equivale a estar fuera dejuego". 
Los aparatos con los que ejercemos todos esos valores de la modernidad (espontaneidad, libertad, flexibilidad) vienen a señalarnos una vieja verdad, que vivimos en un mundo demoníaco en el que todo aquello que parece ofrecernos un beneficio cambia rotundamente de signo visto bajo la lupa la plusvalía.