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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 11 de marzo de 2014

la ciudad transfigurada



Fotografías de Gastón Miranda.

Con los últimos calores de 2011, en una galería de calle Corrientes entre Tucumán y Catamarca se presentaba el Anuario. Registro de acciones artísticas, Rosario, 2010. Por primera vez la ciudad tenía una cronología de lo que había sucedido durante el año en el terreno del arte: muestras, intervenciones, publicaciones, encuentros a través de las crónicas de escritores, periodistas, críticos, artistas y fotógrafos. Lila Siegrist, Georgina Ricci y Pablo Montini –ideólogos de la publicación– ponían así la piedra fundamental de un proyecto editorial que seguirían más tarde Siegrist y Ricci: Yo Soy Gilda Editora. La fundación, ahora que la editorial ya tiene dos años, era doble: por un lado, relevar el territorio; por otro, construir sobre ese plano una ciudad según sus criterios editoriales.

La ciudad no es otra que Rosario, pero transfigurada, como corresponde a dos muchachas que siempre estuvieron vinculadas al arte y la literatura. Esa transfiguración se percibe en el local que hace tres semanas inauguraron en una de las galerías más tradicionales de la ciudad, hasta ahora invisibilizada, la Galería Dominicis, de Corrientes y Catamarca (Catamarca 1427, local 24, donde abren de martes a viernes, de 16 a 20). Allí, entre los locales que ofrecen las mil y una posibilidades del nebulizador, un taller de serigrafía que funciona entrada la tarde, un bar con barra y rejas corredizas que cierra a las tres de la tarde, el local de Yo Soy Gilda –comparte el espacio con otra de las grandes experiencias editoriales de los últimos años: la editorial Iván Rosado– es un lugar a descubrir, por lo que tiene para ofrecer y por la ciudad que quedó en una amable duermevela entre esas paredes.

Para la inauguración, a principios de marzo, Siegrist y Ricci no habían pensado en una muestra, pero casi sin proponérselo surgió Nocturnos, con trabajos de Lisandro Bella, Luján Castellani, Ariel Costa, Daniel García, Gastón Herrera, Virginia Negri y Orlando Ruffinengo. “Exposiciones que se leen, libros que se caminan, poemas que se cantan, obras que se conversan”, dicen la chicas de su espacio. Y no les fue mal. Vendieron obras y los artistas, con los que hay un vínculo afectivo, circulan por el lugar. “Producimos por ahí”, dice Ricci, es decir, a través de lo afectivo. Y remata: “Queremos pasarla bien”

El local surgió de una necesidad doméstica: liberar espacio en las casas de cada una, tener un depósito para los libros, una base de operaciones donde “juntarse” –sí, no hablan de reunirse–: “En casa –dice Siegrist– era muy cómodo, pero todo estaba atravesado por el plano de la intimidad, aumentaba la dispersión y se desconcentraba el pensamiento”.

Yo Soy Gilda es de las pocas editoriales que “encargan” libros. Así se lo planteamos y las chicas lo relativizan un poco. Sabían que Diego Giordano escribía sobre los músicos de rock que no llegaron a grabar un disco en los 80, le dijeron que querían ver, que hiciera un recorte, que entregara. Y de allí surgió Inédito, un libro que con la excusa de contarnos el lado B de la música pop rosarina en los 80, dibuja un retrato de la ciudad en esos años.

También sabían que Irina Garbatzky estudiaba desde hacía unos años la escritura de artistas; es decir, “el modo en que unos pintores, unos fotógrafos, unos cantantes, casi como olvidados de nuestra pregunta del presente ¿hacia dónde va la literatura? se dirigen hacia el poema, hacia el relato o hacia el diario, como hacia una zona evidente, disponible, obvia, como hacia un viejo hábito y también hacia una forma de amistad” (el encomillado es de la contratapa). De allí surgió Expansiones. Literatura en el campo del arte.

Allí, en la planta alta del local de la Galería Dominicis, nos muestran un cuaderno de Ángel Guido publicado en Buenos Aires en 1947 con dibujos de parques y jardines. Esa es la idea, convocar artistas para que exploren la ciudad, para que la refunden.

Lo de pedir textos, dice Ricci, acaso venga del Anuario. “En realidad, vemos qué está produciendo alguien, somos impulsoras de un proyecto; en todo caso, le damos un recorte”.

Sí, pero por qué el proyecto de una editorial, de producir libros y textos, de parte de gente tan vinculada al arte –los cuadros que adornan la oficina del local son grabados de Juan Grela o Arturo Schiavoni. Y Siegrist ensaya: “Es que en el estertor del procedimiento duchampiano –por Marcel Duchamp, quien ejerció una influencia definitiva en el arte contemporáneo al exaltar la fugacidad, lo coyuntural y lo conceptual–, la palabra funciona como un ancla a resoluciones sensibles y poéticas. Los artistas asaltan la palabra”.

—¿Y cómo va la editorial?

—En Yo Soy Gilda cada libro es un gusto que nos damos. La distribución es artesanal. Vemos que los contenidos están al nivel de cualquier editorial independiente de Buenos Aires, pero a la hora de ser recibidos en los grandes medios vemos que hay una mirada hegemónica que sigue sosteniéndose. Pero dejamos de sufrir por eso. Al venir de las artes visuales solíamos pensar que todo se agotaba en las presentaciones, pero el libro tiene una vida más allá de eso, dice Ricci.

La secretaría de Cultura nacional seleccionó a fines de 2013 a Yo Soy Gilda en un proyecto de subvenciones a pequeñas editoriales para que hagan su distribución en todo el país a través del Correo Argentino.
Entre los nuevos proyectos hay un libro del arquitecto Federico Ricci (sin parentesco con Georgina) sobre el hormigón armado y la arquitectura moderna en Rosario. Otro de Virginia Negri que relata la ciudad a través de las pinturas en sus muros. Otro de Maximiliano Masuelli sobre la pintura argentina hasta los años 80. Volvemos a señalar esta obsesión por la ciudad –incluso el primer libro del sello, Vikinga criolla, de Siegrist, es de alguna manera un paisaje interior de Rosario intervenido por postales de viajes y recuerdos de otros lugares. “La idea mitologizante de Rosario está incluso en el Anuario –dice–, en cuyas tapas se citan artículos de viejas publicaciones de arte de la ciudad”. A lo que Ricci agrega: “Nos creamos nuestra genealogía”.