socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

sábado, 30 de abril de 2016

irse a vivir al campo

Una belleza rural. Eso pienso cuando veo la foto. La muchacha posa para la cámara con una tolerita a lunares y unas calzas. Tiene los hombros caídos y los brazos le cuelgan a los costados. Los ojos oscuros nos señalan algo que no dejamos de buscar. Algo acaso melancólico, porque toda belleza agita el fantasma de una pérdida que nos vuelve melancólicos. Y esta es una belleza rural. Una cinta que no terminamos de leer ("Pueblo de Car...") le cruza el cuerpo, más bien le cuelga del cuerpo que adivinamos esbelto, pero también suspendido en esa observación que capta la cámara mientras nuestra belleza rural nos mira desde la oscuridad de sus ojos y yace en la pose como recostada en la cinta que no llegamos a leer.

La foto está en la página 23 de “Llanura”, uno de los hermosos libritos de fotografías de Matías Sarlo, que él mismo publica en Lucio V. Ediciones.
Llanura es un conjunto de fotografías rurales, tomadas a menos de cien kilómetros de Rosario, donde Sarlo se formó y trabajó como reportero gráfico hasta hace un par de años en algunos de los medios más notorios de la ciudad. Hasta que, como en una declaración de los años 70, se fue a vivir al campo.

miércoles, 27 de abril de 2016

medioevo y modernidad en teología política

En su última entrada, Adam Kotsko lo pone de este modo:
Una de las preocupaciones de la teología política es la relación entre el cristianismo medieval y la modernidad secular.
La primera pregunta a hacerse es si una continúa a la otra. Para algunos teóricos, no hay continuidad: el ingreso a la modernidad es una ruptura cualitativa. La modernidad tiene su cosa propia y no debería juzgarse en los términos de la herencia cristiana que la precedió. Según lo entiendo, Blumenberg es acaso el defensor más destacado de este punto de vista.
Si asumimos seriamente que el cristianismo medieval y la modernidad secular tienen continuidad, entonces la pregunta sería si la modernidad es algo bueno. Si la respuesta es sí, surgen dos opciones acerca de cómo ver el cristianismo. La primera es decir que el cristianismo era malo y nos alegra que la modernidad lo haya superado. En la medida en que la modernidad conserve elementos cristianos, éstos deben purgarse tanto como sea posible. Esta es la tendencia sin duda hegemónica hoy en día. La segunda es argüir que ya que la modernidad es buena, el cristianismo, que en cierto sentido llevó a ella, debe haber sido bueno también. Aquí podemos pensar en Hegel o en la "era heroica" del protestantismo liberal (Harnack, Ritschl, etc.).
Si respondemos que no, que la modernidad no es algo bueno, entonces también tenemos dos opciones. La primera es afirmar que el cristianismo era bueno y resultó una mala idea desviarse de él. Podríamos asociar a este punto de vista a la ortodoxia radical y, no sin discusión, con Schmitt. La segunda es apuntar que el cristianismo también era malo, y por lo tanto era natural que condujera a algo tan malo como la modernidad. Esta es la posición de Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, así como de Nietzsche, Foucault y, probablemente Heidegger y Agamben.
¿Alguna conjetura acerca de qué tendencia describe mejor mi trabajo?

lunes, 25 de abril de 2016

la serie de la crueldad

Por Anna Nordberg | Ozy.com

“Game of Thrones” hace arte del sufrimiento de su público. Para cada escena de simple prodigio –por ejemplo, la princesa Daenerys Targaryen elevándose sobre las arenas de combate en el espinazo de su dragón– la teleaudiencia sabe que la serie hará valer su propia versión del precio del hierro: una secuencia desgarradora, indescriptiblemente horrible que te deja balanceándose en el sofá diciéndote: “Tal vez sea sólo un sueño.” Pero “Game of Thrones” no se detiene en apariencias.
Gran parte del crédito, por supuesto, va para George R. R. Martin, quien creó este mundo implacable en su saga de novelas “Canción de Hielo y Fuego”. Pero los showrunners (encargados de desarrollar el guión en la serie de HBO) David Benioff y D. B. Weiss tienen un don para crear escenas que no podrían ser más devastadoras y, a continuación, las vuelven más devastadoras aún. Tomemos la decapitación del héroe Ned Stark. El libro de Martin nos la muestra a través de los ojos de otro personaje, pero en el episodio de HBO, la cámara se queda con Ned, y lo vemos buscar a sus hijas con la mirada en la multitud durante sus últimos segundos. En el episodio La Boda Roja, que nos lleva el alma, nadie cree que el número de muertos en el libro podía ser superior; pero la serie de televisión añade a la esposa embarazada del hijo de Ned en la matanza. Los showrunners incluso inventan escenas horriblemente delirantes que no están en los libros, al igual que, en la temporada pasada, la quema viva de la adolescente princesa Shereen, que miré sollozando a través de una grieta en mis dedos.

domingo, 24 de abril de 2016

vértigo

Nuevamente el niño halla una video que rodó en Gran Canaria Danny MacAskill, que a esta altura es casi un héroe familiar. Me lo comparte y lo miro lleno de vértigo.

viernes, 15 de abril de 2016

wiwi

Wiwi, mi hijo (9 años), me en vía por correo electrónico algunos  canales de YouTube que estuvo viendo, entre ellos Mr. TVCow, "que hace videos con gatitos", y que yo debería ver.

O este, Boom Riders, sobre el que me aclara en su mensaje: "No es BMX pero hace trucos", con lo que debo abocarme ahora a buscar la diferencia entre BMX y los que "hacen trucos":

En fin, tengo tarea por delante.

jueves, 14 de abril de 2016

ubercuidad

En el sanatorio abro la red social y leo a @Andy_tow: "quieren clausurar Uber, pero 'no tienen oficinas declaradas'. faltaria que salgan a la calle las multitudes 'yo soy Uber'".
Y también: "Es cierto que ser feliz es una decisión. El problema es que la suelen tomar otros".

lunes, 11 de abril de 2016

zizek sobre los panamá papers

Llegamos a este artículo de Slavoj Zizek en Newsweek sobre los Panamá Papers cuando leímos su comentario en Itself.
Acá lo traducimos (el título original es "Los Panamá Papers explicados, ¿por qué se lame el perro?").

por Slavoj Zizek | Traducción Pablo Makovsky

Lo único realmente sorprendente sobre los Panamá Papers es que no hay ninguna sorpresa en ellos: ¿no sabíamos de modo preciso lo que esperábamos aprender allí? Aunque una cosa es saber sobre las cuentas bancarias offshore en general y otra, tener pruebas concretas. Es como sospechar que nuestra pareja nos engaña; uno puede aceptar el conocimiento abstracto, pero saltamos de dolor cuando accedemos a los detalles más escabrosos. Y cuando uno tiene fotografías de lo que está pasando... Así que con los Panamá Papers ya estamos frente a las imágenes más sucias de la pornografía financiera del mundo de los ricos, y ya no podemos pretender que no sabemos.
En 1843 el joven Karl Marx afirmó que el antiguo régimen alemán "sólo imaginaba que creía en sí mismo y exigía al mundo que debía imaginar la misma cosa." En tal situación, avergonzar a quienes están en el poder se convierte en un arma en sí . O, como continuaba Marx, "la presión real debe ser más apremiante si se le añade la conciencia de esa presión, la vergüenza debe ser más vergonzosa mediante su publicidad."
Imagen tomada de El Cronista.

Esta es nuestra situación hoy día: enfrentamos el cinismo descarado del orden mundial existente, cuyos agentes sólo imaginan que creen en sus ideas de democracia, derechos humanos, etcétera, y a través de movimientos como WikiLeaks y las revelaciones de los Panamá Papers, la vergüenza –nuestra vergüenza por tolerar tal poder sobre nosotros–, se hace más vergonzosa mediante su publicación.

domingo, 10 de abril de 2016

las paradas soviéticas

El fotógrafo canadiense Christopher Herwig descubrió por primera vez la arquitectura inusual de las paradas de ómnibus de la era soviética durante un viaje que hizo en bicicleta, en 2002, de Londres a San Petersburgo. Se había desafiado a sí mismo a tomar una buena foto cada hora cuando lo sorprendió el diseño de las garitas para esperar el ómnibus en rutas a veces desiertas. Doce años más tarde, Herwig recorrió más de 25 mil kilómetros en catorce países de la ex Unión Soviética en auto, bicicleta, ómnibus y taxi para hallar y documentar estas paradas de autobús.
Las paradas de ómnibus en pequeñas localidades prueban haber sido un terreno fértil para la experimentación artística y parecen haberse erigido sin restricciones de diseño o preocupaciones presupuestarias. El resultado es una asombrosa variedad de estilos y de tipos en toda la región, desde el brutalismo estricto hasta una extravagancia exuberante.
El libro Soviet Bus Stops –seleccionado a principios de este año como uno de los libros más raros de 2016– es la colección más exhaustiva y diversa que se haya compilado sobre diseños de paradas de autobuses e incluye ejemplos de Kazajstán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirgyzstán, Tajikistán, Ucrania, Moldavia, Armenia, la región en disputa de Abkhazia, Georgia, Lituania, Latvia, Bielorrusia y Estonia.

Christopher Herwig (herwigphoto.com) recorrió más de 90 países y hoy día reside en Jordania. Realizó fotografías en algunos de los lugares más remotos del planeta para publicaciones como GEO, CNN Traveler, Geographical, y Lonely Planet.

sábado, 9 de abril de 2016

los infiltrados de la biopolítica

Las series, lo decimos una vez más, parecen relevar hoy al cine de la tarea de explorar todos los rincones de esa trama que llamamos”realidad”, término que, según un célebre autor ruso, siempre debe ir entre comillas.
Y la realidad que abordan las series, en la gran mayoría de los casos, suele ser política. Y no sólo porque los autores de series (guionistas, showrunners y productores) tienen su ideología y sus posiciones, sino porque la gran maquinaria de lo político ha ingresado en lo más íntimo de la vida privada de un modo desconocido hasta hoy en la historia de la humanidad.
A tal punto esto es así que los terrenos en los que suelen exponerse los conflictos de la política en algunas de las mejores series son la familia (TheAmericans), la relación padres e hijos (Homeland) o las relaciones amorosas (la reciente Billions, por ejemplo) es decir, los rincones más íntimos de la vida de las personas o, como lo plantea
Amador Fernández Savater en un debate reciente, “¿Qué puede hacer la política cuando el neoliberalismo y la vida son una y la misma cosa?”
En ese contexto puede verse la miniserie de seis episodios que la BBC puso al aire hace una semana, Undercover, con un agregado: es la primera vez que el canal más importante de Gran Bretaña estrena un show protagonizado por dos actores negros, la brillante SophieOkonedo (quien incluso participó junto con el creador Peter Moffat en la elaboración del guión) y Adrian Lester, ambos premiados en más de una ocasión por sus papeles en cine.


Pero antes hay que hacer un poco de historia.

El oficial A

En marzo de 2010 el periodista Tony Thompson publicó en The Guardian un extenso artículo en el que entrevistaba a un policía encubierto bajo el nombre de “Officer A”, quien contaba cómo había visto desmoronarse su vida luego de casi cinco años (entre 1993 y 1997) de trabajar infiltrado en grupos de activistas que la policía Metropolitana de Londres sospechaba de violentos. Su tarea había incluido relaciones amorosas y formales con mujeres a las que había engañado, más allá de sus simpatías personales. 
Por primera vez el periodismo daba cuenta de una sistemática política de infiltración de la policía londinense en grupos de activistas de izquierda (desde trotskistas a organizaciones de defensa de las minorías sexuales o raciales) que se venía llevando a cabo desde el año 1968 a través de lo que se llama el Special Demonstration Squad (SDS): Escuadrón Especial de Manifestaciones.

En su nota, Thompson describe a Officer A “con una larga cola de caballo en el pelo, personalidad furibunda y predispuesto a los temas más delicados del trotskismo que había aprendido en sus años de infiltrado. Nunca fue sospechado por parte de sus amistades de ser miembro del SDS”. Y describe a esos policías secretos como los peludos (“hairies”), por llevar el pelo largo. La unidad consiste en diez agentes que trabajan a tiempo completo y a quienes se les da una identidad nueva, una casa, vehículos y trabajos que son una tapadera para que realicen sus actividades en el campo por al menos cinco años.

Decisión informada

Lo que llevó al Officer A a contarle su historia a Thompson en The Observer (uno de los periódicos de domingo más antiguos del mundo –se publica desde 1791–, hoy parte del grupo editorial liberal de The Guardian) fue la convicción de que el público debería ser capaz de tomar una decisión informada acerca de “si esas actividades encubiertas eran realmente necesarias, dado su potencial de restringir movimientos de protesta legítimos.”
En enero de este año también The Guardian publicó una historia acerca de una mujer que había aceptado una propuesta de matrimonio de Carlo Neri, quien resultó ser un policía infiltrado que ya estaba casado.
La mujer, que mantuvo una relación con el policía entre 2001 y 2005, demandó a la policía Metropolitana londinense para que le diera algún tipo de respuesta por lo que consideraba torturas psicológicas y físicas, ya que el tal Neri (se trataba de un nombre de fantasía) había llegado a proponerle que tuviesen un hijo juntos y, luego, se quebró al contarle la historia de la muerte de su padre, algo que Andrea (como se dio a conocer la mujer) creía parte de una estrategia fingida de su prometido, a quien los mismos activistas habían desenmascarado.
En la nota firmada por Rod Evans, leemos que “Andrea interpeló a la Metropolitana para que le pidieran perdón y le dieran una respuesta ‘certera y honesta’ por lo que le habían hecho, ya que el comportamiento de Neri ni siquiera se justificaba. Dijo que la policía había abusado de su vida y la había metido en un trauma inmenso cuando los grupos en los que militaba ni siquiera eran violentos.”
El enfrentamiento legal de Andrea con la policía londinense fue el último de los conocidos en un campo minado de sospechas y dolor, ya que se estima que desde 1968 muchos policías encubiertos entablaron relaciones y hasta se casaron con los objetivos a los que fueron destinados.
En otra ocasión, la Metropolitana debió desembolsar más de 400 mil libras a una mujer que por casualidad descubrió que el padre de su hijo era un agente encubierto.
Andrea –quien militaba en una organización antirracista del partido Socialista que comenzó sus actividades a principios de la década de 2000– declaró que se había enamorado de Neri y pensaba que pasarían el resto de su vida juntos hasta que él apareció con un brote suicida, una historia que ella cree fue por completo armada.
Andrea.

Undercover

Con estos datos, que también relevó la BBC, Peter Moffat, un excepcional autor que dejó su carrera de abogado para meterse a hacer guiones de televisión y cine, creó Undercover, una miniserie de seis episodios estrenada el 3 de abril último en la que una abogada negra (Okonedo, una afrobritánica que no necesita ser bonita para deslumbrarnos) es postulada a fiscal general al tiempo que descubre que el idílico matrimonio en el que está sumergida hace casi dos décadas es una mentira.
Con una puesta en escena ejemplar (planos muy generales para dar cuenta de la mayor intimidad: los momentos en que los personajes son “tomados”, “poseídos” por la enfermedad o la desesperación y, a la vez, planos detalle –el anillo matrimonial– para señalar esos raptos de conciencia de los protagonistas), Undercover promete ser una de esas largas películas de seis horas a las que nos acostumbraron las series: una cita con lo real que, gracias al artificio de la ficción, podremos contar un día para explicarnos el mundo en que vivimos.

la droga del capitalismo

Esta semana Ozy largó una edición especial sobre drogas. Esta fue una de las notas que más disfrutamos, firmada por Libby Coleman:

En noviembre de 1953, diez científicos, algunos de la CIA, se reunieron en una cabaña en Maryland para su conferencia e intercambio de mitad de año. El segundo día apareció una botella de Cointreau –había sido enriquecida con LSD. Luego de que estuviera vacía, Sidney Gottlieb, director de programas de la CIA, informó a sus colegas que estaban allí para un paseo salvaje. 
A pesar de que todos los hombres parecían soportar bien sus respectivos “viajes”, las cosas estaban a punto de tomar un giro para peor. Gottlieb, según un informe de 1976, no se dio cuenta de nada extraño a propósito de su colega, el científico Frank Olson, antes de que ingiriera su dosis. Esa noche había estado muy hablador y bullicioso, todo estaba bien. Sin embargo, el día siguiente Olson parecía muy agitado y, a continuación, deprimido; ese mismo mes lo mató una caída de 10 pisos de un hotel en Washington.
Gottlieb era la cabeza de un programa ultrasensible de la CIA llamado MKUltra, encargado del desarrollo del comportamiento y el control mental que comenzó en 1953 y duró hasta mediados de la década de 1960. Sí, suena loco, pero ese era el furor: Estados Unidos estaba en medio de la Guerra Fría y acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial, que había despertado un "interés general en la propaganda" y la "manipulación psicológica", según H.P. Albarelli Jr., autor de “A Terrible Mistake: The Murder of Frank Olson and the CIA’s Secret Cold War Experiments” (“Un error terrible: el asesinato de Frank Olson y experimentos secretos de la CIA en la Guerra Fría”). Los directores del proyecto estaban intrigados con la idea de drogar a los líderes mundiales y hacerlos quedara en ridículo en público mediante la dosificación de sustancias en poblaciones enteras a través del suministro de agua, lo mismo que la manipulación de los sospechosos durante los interrogatorios. En lugar de una guerra contra las drogas, era una guerra con las drogas.


miércoles, 30 de marzo de 2016

la grieta trump

En su blog Itself, el teólogo, filósofo y traductor Adam Kotsko (hay varias entradas con sus traducciones de Giorgio Agamben o Michel Foucault entre muchos otros), reflexiona sobre lo que se ve venir en Estados Unidos como la gran confrontación entre el candidato republicano, Donald Trump, y acaso la impopular Hillary Clinton por los demócratas.
En una entrada que lleva las etiquetas: “valores familiares” y “políticas del absurdo”, Kotsako da cuenta de una suerte de brecha o grieta que comienza a abrirse en la sociedad estadounidense en torno a las candidaturas de las próximas elecciones presidenciales, el 8 de noviembre de este año.

Escribe Kotsko: “Si Trump es un fascista, si es un potencial Hitler americano, ¿cómo respondemos cuando los miembros de la familia lo apoyan? Por ejemplo, supe que un pariente mío, que era muy próximo cuando yo era niño, es partidario de Trump. También me enteré de otro, uno con el que nos mantuvimos cerca a lo largo de los años, no le gusta Trump, pero lo votaría antes que a Hillary Clinton.
“¿Sería apropiado decirle a estos familiares míos que su juicio moral se está deteriorando de un modo tan siniestro que preferiría no tener más contacto con ellos? Si no es ahora, ¿qué pasa cuando llegue a la nominación? ¿Estoy obligado a amenazar que si votan afirmativamente por Trump, y no tienen la suficiente vergüenza para mentirme sobre ello, nunca más volveré a hablar con ellos?
“¿Es este el momento en que la tolerancia al tío conservador se pasa a ser un vivo rechazo a reunirse con él en el Día de Acción de Gracias, ahora que se manifestó un votante de Trump?
“¿Y si tuviera hijos? ¿Estaría en mi derecho de decir que los partidarios de Trump en mi familia nunca verán a mis hijos de nuevo, porque no quiero que mis hijos estén alrededor de tales personas, no quiero que los influencien personas que pueden ser seducidas por semejante espanto?
“Estas medidas parecen duras, pero si realmente Trump es un mal “sui generis”, lo que sigue son medidas difíciles y sin precedentes. Si no estamos dispuestos a realizar y llevar a cabo este tipo de amenazas, ¿significa que en realidad no lo vemos como un mal sui generis? ¿Que esto es sólo la última cosa que estamos dispuestos a contemplar por el bien de la paz familiar y evitar la estupidez social?”

brasil: el fin de una era

“Es el fin de una era –dice por teléfono Eduardo Crespo–, y mucho más acá en Brasil que allá en Argentina, porque el kirchnerismo se fue con un apoyo importante, sacó 48% de los votos, tiene todavía algunas figuras con cierta popularidad, y si Macri naufraga con su política económica, algo puede surgir. En Brasil, en cambio, parece venirse algo mucho más a la derecha, si ya hubo un giro neoliberal desde el mismo PT, lo que se avecina puede ser algo claramente fascista”.
Fotografía tomada de La Voz.

Con el retardo típico de las conversaciones de WhatsApp, la voz del argentino Eduardo Crespo suena clara y firme, amistosa. Está en Río de Janeiro, donde es investigador de política y economía en la Universidad Federal. A las 16 del viernes pasado la izquierda convocó a una marcha en la Plaza 15 (la más importante de Río) en rechazo de las demandas golpistas de la oposición contra el gobierno de Dilma Rousseff. A Crespo le hubiese gustado ir. “Pero como sucede con las cosas que organiza la izquierda, son convocatorias para la clase media. Al trabajador que vive en los suburbios de Río y tiene dos horas de viaje del trabajo a la casa ni se le cruza participar de estas movilizaciones”. A las 18.30 nuestro hombre debe ir a buscar a su hijo a la escuela, duda de que pueda asistir a la marcha y señala lo inoportuno del horario.

jueves, 25 de febrero de 2016

golosina

Siempre sentí admiración por el blog Golosina Caníbal: no sólo por la cuidada y sutil elección de su nombre, por la cita a Acéphale, por la inestimable lista de blogs y revistas de la columna derecha o por el epígrafe que nos recibe y proviene del título de un episodio de la querida serie Fringe: "¿Por qué los soldados cambiaformas del otro universo se están robando cabezas congeladas?" Sentí siempre admiración y hasta envidia por la capacidad de Matías y Emiliano para extractar fragmentos de libros que a veces están editando o permanecer al tanto de otras actividades editoriales. Admiración por el estilo de las entradas, que mezclan, como en el cabezal, la máxima sofisticación de Bataille con la serie de televisión y la anotación hecha casi al pasar sobre temas que pueden devorarnos por meses. Lo tengo como sitio fuente de muchas cosas que cito.

Por eso, leer el 3 de febrero pasado que Matías recomendaba, entre otros dos blogs que sigo porque los hallé en la lista de Golosina Caníbal, mis traducciones en este blog, me produjo una alegría tan embriagadora que debí dejar pasar la resaca para poder anotar algo y agradecerle.

sábado, 20 de febrero de 2016

en bandeja

El niño quiso un helado y nos dijeron que la mejor heladería en Punta del Diablo, Rocha, Uruguay, era Tropical. Allí fuimos. 
Eligió americana y crema del cielo, en cucurucho. La señorita de la heladería le preparó los dos gustos en un cono uniforme que se sostenía erguido. Antes de entregarlo preguntó al niño si quería una bandeja. El niño dijo no. Pero la señorita tomó una bandeja de la pila, en el mostrador, y enunciando un "Bueno, por las dudas", zampó el prolijo cono en la bandeja y allí quedó el helado, hecho un montículo sobre la bandeja con el cucurucho de sombrero. 
Al salir observamos que toda la clientela comía el helado de la bandeja hasta que el cucurucho no representara un peligro para la pulcritud de la ropa y el lugar y lo recogían para comérselo. 
Como también soy, al fin y al cabo, uruguayo, la situación me pareció en principio natural, una medida de precaución. 
Pero cuando mi hija vio que gente hasta mayor que yo comía el helado de esa ridícula bandeja de telgopor, cuidando de dejar para lo último el cucurucho de sombrero, comenzó a reírse con ganas. No podía concebir el acto de desconfianza y precaución que significaba la bandeja: generaciones criadas para mantener en equilibrio el cono de helado sobre el cucurucho eran borradas de la faz del Uruguay con aquel pedazo de telgopor. 
El uruguayo es precavido, austero, monocorde a veces; teme el desorden y la estridencia. El argentino le resulta ruidoso, imprudente. Cuando en Argentina decimos 'buenísimo' o 'bárbaro', en Uruguay dicen 'impecable', como comer helado en bandeja.



jueves, 4 de febrero de 2016

los anti

Las elecciones en Estados Unidos, su bipartidismo (en el que incursionó desde hace unos años el Tea Party, suerte de asambleístas antipolítica, muy conservadores, de quienes los periodistas más rutilantes suelen burlarse por su extrema ignorancia y mal uso del idioma –basta buscar en YouTube las desopilantes intervenciones de Larry King o Bill Maher al respecto) no son, pese al tinte espectacular de las campañas, algo sencillo. Hoy día un republicano es poco menos que un dinosaurio conservador y racista, sin embargo, los republicanos hace ya largas décadas mantuvieron posturas conservadoras en lo económico pero no en lo social, uno de sus presidentes fue Abraham Lincoln.

sábado, 30 de enero de 2016

contra las redes

Hace rato que venimos militando contra las redes, e incluso uno de los mensajes de bienvenida de este blog lleva a una entrada de Daniel Link donde plantea el tema. Pero este artículo, publicado por Hossein Derakhshan el 29 de diciembre pasado en The Guardian, nos parece de lo más claro al respecto. Por eso lo tradujimos. (Las fotos vinculadas pertenecen a Arash Ashoorinia y fueron hechas para The Guardian).

por Hossein Derakhshan* | Traducción P.M.

El perdón me llegó de repente, a fines de 2014, y fui liberado de la prisión Evin, al norte de Teherán. En noviembre de 2008 me habían sentenciado a unos 20 años de cárcel, sobre todo por mis actividades en la web; pensé que me pasaría la mayor parte de mi vida en esos calabozos. De modo que la liberación fue algo inesperado. Compartía una taza de té cuando una voz en el piso, la de otro preso, llenó las celdas y los corredores: “Queridos colegas prisioneros, el pájaro de la fortuna se posó de nuevo en los hombros de uno de nuestros camaradas. Señor Hossein Derakhshan, a partir de este momento eres libre.”

Afuera todo se sentía nuevo: la fresca brisa de otoño, el ruido del tráfico de un puente cercano, el olor, los colores de la ciudad en la que había vivido la mayor parte de mi vida. A mi alrededor descubrí una Teherán muy diferente a la que estaba acostumbrado. Una retahíla de nuevos y ostentosamente lujosos condominios habían reemplazado la encantadoras casitas que me eran familiares. Nuevas calles, nuevas autopistas, hordas de invasivas camionetas 4x4. Enormes letreros de publicidad de relojes suizos y televisores coreanos. Mujeres envueltas en coloridos echarpes y fulares, hombres con el pelo y la barba teñidos, y cientos de cafés renovados con mozas y música occidental. Era el tipo de cambios que se habían extendido entre la gente con sigilo, esos que uno descubre una vez que la vida cotidiana ya nos ha arrastrado.

Dos semanas después comencé a escribir de nuevo. Unos amigos estuvieron de acuerdo en que comenzara un blog como parte de su revista de arte. Lo llamé Ketabkhan, que significa lector de libros en persa.

Seis años fue un largo tiempo para estar en prisión, pero es toda una era online. La escritura en internet no había cambiado, pero la lectura –o, al menos, hacer una lectura– se había alterado dramáticamente. Me habían dicho cuán esencial se habían vuelto las redes sociales, de modo que puse un vínculo a una de mis historias en Facebook. Pero pasó que en Facebook no interesó demasiado. Terminó pareciendo un aviso clasificado: sin descripción, ssin imagen, nada. Obtuve tres “Me gusta”. ¡Tres! Eso fue todo.

Ahí se me hizo claro que las cosas habían cambiado. No estaba equipado para jugar en este nuevo juego. Todos mis esfuerzos e inversiones se habían esfumado. Estaba devastado.

Los blogs eran de oro y los blogueros eran estrellas de rock en 2008, cuando fui arrestado. En ese punto, y a pesar del hecho de que el gobierno bloqueaba el acceso a mi blog dentro de Irán, tenía una llegada a unas 20 mil personas cada día, quienes solían leer cuidadosamente mis posteos y dejaban un montón de comentarios relevantes, incluso aquellos que detestaban mi empuje. Podía empoderar o embarrar a quien quisiera. Me sentía un monarca.

Entonces, el iPhone tenía poco más de un año, pero los teléfonos inteligentes aún se usaban para hacer llamadas y enviar mensajes cortos, manejar un par de correos electrónicos y navegar la web. No habían aún aplicaciones, nada que ver con las que conocemos ahora. No había Instagram, ni SnapChat, ni WhatsApp. En su lugar estaba la web y en la web había blogs: los mejores lugares para hallar pensamientos alternativos, noticias y análisis. Esa era mi vida.

Todo había comenzado con el 9/11 (el ataque a las Torres Gemelas, en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001). Yo estaba en Toronto y mi padre había llegado de Teherán para visitarme. Desayunábamos cuando el segundo avión se estrelló contra el World Trade Center. Estaba desmoronado y confundido y, en busca de interpretaciones y explicaciones me metí en los blogs. Después de leer unos pocos pensé que debía arrancar con uno y animar a los iraníes para que comenzaran a bloguear también. Así empecé a experimentar con el Notepad de Windows. Pronto estaba escribiendo en hoder.com, usando la plataforma de Blogger antes de que Google la comprara.

El 5 de noviembre de 2001 publiqué una guía paso por paso sobre cómo iniciar un blog. Eso encendió algo que más tarde fue llamado revolución bloguera: de repente cientos y miles de iraníes pusieron al país en la cima de las naciones con mayor número de blogs. Solía tener una lista de todos los blogs en persa y, por un momento, yo fui la primera persona que contactaba cualquier nuevo bloguero iraní, de modo que yo pudiera ponerlo en la lista. Por eso me llamaron “the blogfather” (“el padre de los blogs”, que en inglés suena a “el padrino” –the godfather–) cuando yo estaba en mitad de mis 20 años. Fue un seudónimo zonzo, pero al menos daba una pista de cuánto me importaba.

La blogósfera iraní fue una multitud diversa: desde autores y periodistas exiliados, diarios femeninos y expertos en tecnología a periodistas locales, políticos, religiosos y veteranos de guerra. Pero nunca se podía tener mucha diversidad. Animé a los conservadores dentro de Irán a que se unieran y compartieran sus pensamientos. Había dejado el país a fines de 2000 para vivir en occidente, y temía que iba a perderme las tendencias que rápidamente emergían en casa. Pero leer los blogs iraníes en Toronto fue la experiencia más cercana que pude haber tenido a sentarme en un taxi compartido en Teherán y escuchar las conversaciones cruzadas y al azar entre el conductor y los pasajeros.


domingo, 24 de enero de 2016

obscenidad

Si bien no es lo más intenso de la conversación con Alejandro Horowicz (para la nota de Más de este domingo), me parece un desperdicio guardármelo.
Dice Horowicz:
«La idea de que haya un precio único para cada bien no tiene nada que ver con el capitalismo. Si usted compra por mayor nunca paga el precio minorista. Bien, desde la lógica de un banco y del sistema capitalista globalizado, el dinero no es otra cosa que una mercancía, de modo que distintas maneras de acceso al dinero suponen distintos precios. No tiene nada de extraordinario. Lo otro es un engañapichanga que consiste en tomar el precio más caro posible y transformarlo en el uno, que es el famoso mecanismo del dólar blue y creer que porque hay un precio único salimos todos gananciosos. Acá viene la otra parte de la cuestión discursiva que tiene que ver con que la experiencia política ha sido reducida a un nivel francamente elemental y que la política ha sido confiscada por el propio poder: la clase dominante es la única que hace política y el resto mira por televisión, y cree que la política es si el intendente pone las baldosas en la vereda o no, si las calles están un poco poceadas y si el agua corriente funciona. Yo entiendo que esos elementos forman parte de la vida y no se pueden negar ni se puede hacer de esto una ironía ridícula, pero reducir la política a esto es un acto suicida.»
—Y obsceno, porque es el espectáculo del poder mostrándose a sí  mismo.
—Si usted mira la escena de Macri en el balcón ve esa obscenidad en acto. No me refiero a qué sucedió antes en ese balcón, no, me refiero a la pobreza fenomenal que Macri tiene para exhibir en un balcón. Porque de Perón uno puede pensar lo que quiera, pero nadie va a pensar que Perón necesitaba que un jefe de relaciones públicas le escribiera lo que iba a decir o que iba a balbucear un argumento inconexo. Pero en el caso de este modo livianito de tomarse la cosa como si estuvieran en el palco de un salón VIP de un boliche es la reducción de la experiencia personal de Macri a la política: no tiene otro elemento más interesante para mostrar que esa lógica aprendida de la diversión bolichera. Él no es otra cosa, no es más que un gerente que se sacó el saco después de ganar el puesto de CEO.

lenguaje político y precariedad

Fue Hernán Lascano quien me propuso el tema e hizo la edición (recomendación de agregar un comentario de María Esperanza Casullo, por ejemplo, o pulir ciertas cosas). El resultado fue la nota central del suplemento Más de este domingo y que quedó mucho mejor que el original que yo había intentado remedar con subtítulos y latiguillos.
Sin embargo, quedaron cosas afuera.
Creo que un fragmento de la conversación con Pablo Hupert, por ejemplo (que generó a la vez un generoso intercambio de su parte), merece ser compartida, así que la reproduzco acá con los enlaces que me pareció adecuado incluir.

Q: Si querés, podemos arrancar por la pregunta sobre el lenguaje “como objeto de la política”, según Roberto Espósito.
PH: sí, bueno, vamos por ahí. No es plenamente voluntario, no es plenamente deliberado. En parte uno (digo uno, los gobiernos, los actores políticos que sean) usan los lenguajes que tienen a disposición. En parte inventan pero no es tanto lo que pueden inventar: tienen que decir cosas que sean entendibles o de alguna manera, que generen sentido (aunque no se las entienda). Y, además, la invención de ningún lenguaje es algo voluntario o algo que pueda hacer una sola persona en poco tiempo: es algo colectivo, operativo  que se hace a lo largo de mucho tiempo. Incluso el lenguaje del neoliberalismo: en El nacimiento de la biopolítica, Fucault muestra todas las décadas que llevó, todo el trabajo intelectual que llevó armar un liberalismo nuevo. Por decir uno conocido, (la obra de) Milton Friedman ya tiene más de 50. A lo que voy es que, para mí, es fundamental que entendamos que el lenguaje como objeto de la política no es pura maniobra, pura pose, puro engaño, mentira maquiavélica deliberada. Y digo esto porque es en este sentido que se decía "relato". Digámoslo así: los kirchneristas decían que Clarín tenía su relato y viceversa. Y esos relatos parecían algo totalmente acomodable según el gusto. Pero si hay algo que se vio en la última campaña, es que el kirchnerismo no pudo acomodar del todo el idioma, el lenguaje de la campaña electoral a lo que quería oír el votante. Creo que para eso fueron más exitosos Massa y, por supuesto, Macri. Y cuando uno dice "Massa" y "Macri" no se refiere a ellos como personas, sino a los equipos de campaña, a los medios también. Bueno, esas conversaciones, para retomar la idea de antes de que nadie lo hace individualmente y deliberadamente: se va construyendo en conversaciones, en idas y vueltas; y algunos sentidos van sedimentando, a través del machaque de los medios o a través del sentido que hacen en la vida cotidiana. Porque hay circunstancias concretas que le dan sentido a ciertos machaques y no a otros.

miércoles, 20 de enero de 2016

sympathy for the devil

El novelista Don Winslow escribió dos novelas intensas sobre la guerra contra las drogas: The power of the dog (2005)  y The Cartel, que fue uno de los libros más reseñados durante 2015, adquirido por Fox para una película que será dirigida por Ridley Scott. Winslow se pasó casi 20 años investigando los cárteles mexicanos, y la mayor parte de la violencia que aparece en sus páginas está basada en hechos reales. Dedicó su libro a los más de 100 periodistas muertos por la violencia de los cárteles; nombró a cada uno de los cronistas asesinados en la introducción. Winslow escribió este artículo para Deadline Hollywood horrorizado por el encuentro entre Sean Penn y El Chapo Guzmán y la posterior entrevista en el programa 60 minutos, que conduce Charlie Rose y en la que el actor –un activista en varias causas que la gran mayoría de los norteamericanos no ven con simpatía– se mostró arrepentido por los resultados del reportaje con el traficante que publicó la revista Rolling Stone.

“Mi artículo falló”, le dijo Penn a Charlie Rose.
Bueno, sí –comienza su texto Don Winslow–. Como alguien que ha investigado y escrito sobre los cárteles mexicanos y la inútil "guerra contra las drogas” que se extiende ya veinte años, sé lo difícil que es el tema. Endiablado, te lleva el alma, es desgarrador; desafía el intelecto, tus creencias, tu fe en la humanidad y en Dios. Ningún periodista o escritor que lo haya abordado sale de allí como entró; y muchos ni siquiera sobrevivieron, sino que fueron torturados, mutilados y asesinados por orden de tipos como Joaquín Guzmán. (Me resisto el apodo Chapo [lindo, en jerga mexicana]: no es uno de los Siete Enanitos, Chapo, como Mudito, o Mocoso o Tímido, se trata de un asesino de masas.)

lunes, 18 de enero de 2016

la música de "the leftovers"

Mi amigo Gustavo Ng tradujo una de las entradas de Adam Kotsko sobre una de las series que más nos gustan. Dice:
"Para mí una de las cosas más impactantes de The Leftovers es la música. La firma gestual de la banda sonora es el despliegue de una versión "culta" de una canción pop –por ejemplo, el arreglo para piano de “Where is My Mind” o el cover lento y melodramático que hace Lo-Fang de “You’re the One That I Want” de Grease. Este último sólo se produce una vez, en un momento en que el espectador empieza a preguntarse si el amor entre dos personajes principales es meramente circunstancial (básicamente una versión más dramática y plena de la aventura de verano de un adolescente).
El primero es un estribillo más constante, que a veces suena como el comienzo de la propia "música de piano dramática" de la serie y, a veces las transiciones en grabación original de Pixies. Aquí creo que se supone que debemos escuchar una referencia El Club de la Pelea, dado que el personaje de Justin Theroux está viviendo una doble vida (aunque casi nunca vemos inmediatamente la versión disociada, y mucho menos las dos versiones interactuando como sucedía entre Ed Norton y Brad Pitt ). Dado que tantos de los problemas de los personajes se centran en una tensa relación con el Remanente Culpable, también podríamos ver ese culto como una evocación de la más militante Club de la Pelea de la segunda mitad de la película. Al igual que con la evocación de Grease, sin embargo, en ambos casos, los riesgos son mucho mayores, ya que se trata de un evento apocalíptico antes que de un hastío sin nombre.
Más que cualquier referencia intertextual específica, sin embargo, creo que este gesto clasificatorio de la música pop o películas de culto refleja lo que el espectáculo en su conjunto está haciendo. Después de todo, ¿qué idea podría ser más grasa o de clase baja desde la perspectiva del drama culto por cable que el tropo cristiano fundamentalista del Rapto? ¿Qué podría estar más lejos de las aspiraciones culturales de la audiencia de HBO que las novelas y películas de The Left Behind?"

lunes, 11 de enero de 2016

pornografía y civilización

El deseo de consumir pornografía con más privacidad y menos esfuerzo fue una fuerza impulsora detrás de la tecnología de las comunicaciones.


En “I Remeber Babylon” (“Recuerdo Babilonia”), un cuento corto publicado en la revista Playboy en 1960, Arthur C. Clarke –ya una leyenda de la ciencia ficción– imaginó un escenario, cinco años antes del lanzamiento de los satélites de telecomunicaciones y adelantándose décadas a los videos para adultos “on-demand”, en el que fuerzas chino-soviéticas acordaban una gran conspiración para lavar el cerebro de los estadounidenses mediante la transmisión permanente de propaganda y pornografía en el living de sus hogares.
“Por primera vez en la historia, cualquier forma de censura se volvió por completo imposible”, explicaba un propagandista que se había vuelto un agente comunista. “El cliente puede conseguir lo que quiera desde su propia casa. Sólo tiene que trabar la puerta y encender el televisor. Sus amigos y su familia nunca se enterarán”.
Las predicciones de Calrke sobre el consumo de pornografía fueron espantosamente certeras, salvo que en lugar una invasión comunista de las ondas aéreas, la industria de la pornografía –para bien o mal– transformó de modo fundamental la tecnología de las comunicaciones, dándole empuje a un mundo conectado en el que la censura de regímenes antidemocráticos como China* se encuentran con dificultades cada vez mayores para controlar la opinión de las personas.