socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 23 de mayo de 2016

tv or not tv

A mediados de los 80 hubo varias películas de ciencia ficción de flaca factura que se fundaban en el largo alcance de las ondas de emisiones radiales y televisivas que llegaban hasta los confines del universo y atraían más de una amenaza a la Tierra. Eber Ludueña, el personaje creado por Luis Rubio hace casi 15 años, parece haber hecho esa travesía temporal y etérea: anclado en un momento del tiempo en el que las promesas del futuro se sostenían en ideales antiguos y dispares, el éxito del retrospectivo Eber Ludueña en la pantalla de televisión podría verse como la respuesta afectiva del público por los restos de un mundo que no termina de disolverse.
Si bien Ludueña pudo por momentos devorarse a su creador, Rubio supo también aprender de Ludueña esas cosas que nunca son del todo pasado, que son anacrónicas porque surfean el tiempo.
Luis Rubio prepara ahora el lanzamiento de TV or not TV –también se lo puede escuchar por radio, después de las 18, en la FM rosarina Sí 98.9–, un programa televisivo hecho con archivo e intervenciones suyas que tienen esa impronta anacrónica y lúcida. La presentación es casi una declaración de principios: se ve un televisor que emite un griterío de peleas y discusiones y un técnico que acude a repararlo. Tras unos golpes y unos ajustes en el sintonizador, escuchamos a Pepe Biondi sobre un sereno mar de risas. El técnico repara el contenido, no el cablerío. El signo de los tiempos –según preferimos leer esta pieza de Rubio– está también en el tiempo que dedicamos a leer y escuchar sus signos.
Desde Barcelona, antes de asistir a un homenaje al humorista español Pepe Rubianes –otra señal de Rubio–, Luis dialoga por WhatsApp mientras cae la tarde del domingo catalán.
—Varias veces dijiste que, salvo excepciones, ya no hay humor en la televisión, ni ideas: casi todos los programas repiten un formato en el que aparecen quienes hacen un chiste, pero no se trata de los espacios de humor que había hace unos años. ¿A qué podrías atribuirlo, qué es lo que cambió?
—Lo que digo es que no hay programas de humor, como la tele ya no tiene programas de investigación periodística, ni de análisis político ni de nada. Los programas hoy son de lo que pasa, de lo que la gente quiere ver en ese momento, entonces son un envase lo suficientemente flexible como para albergar cualquier cosa, y entonces todos los programas terminan hablando de lo mismo, de lo que sucede de la tarde a la noche: violencia de género, fondos buitre, Maradona le pegó a la esposa –hablan de eso–, aborto, bioética, cualquier cosa. Porque de esa manera no se encorsetan y pueden ir a pelear esas décimas de ráiting que les permite sobrevivir. Así de triste es la tele de hoy.

lunes, 16 de mayo de 2016

un robo sistemático

Según este artículo que firma Colin Holtz en el diario británico The Guardian, si los súper ricos pagaran lo que deben en impuestos, los Estados Unidos dispondrían de una sobrecarga de dinero que podría disponerse para los servicios sociales. La propuesta coincide con la de la “renta básica universal” que ya en España proponen académicos y activistas.


Acaso somos capaces de acordar que nadie debería ser pobre en una nación tan rica como los Estados Unidos. Sin embargo, cerca de un 15 por ciento de los estadounidenses viven debajo de la línea de pobreza. Tal vez una de las mejores soluciones es también la más vieja y simple de las ideas: a todos deberían garantizarles un pequeño ingreso, libre de condiciones.


Imagen tomada de EnOrsai.

Llamada renta básica universal por sus partidarios, la idea atrajo no pocos apoyos a lo largo de la historia de Estados Unidos, de Thomas Paine a Martin Luther King Jr. Pero también se enfrentó a críticas interminables porque los defensores de la "austeridad" arguyen: “Simplemente no podemos permitírnoslo” –lo mismo que cualquier otro gasto considerado dramático para la seguridad social.

Ese argumento se disolvió cuando hace más de un mes se hicieron públicos los Panamá Papers, que revelan en primer término los sofisticados métodos utilizados por los ricos para esquivar devolverle impuestos a las sociedades que los ayudaron a ganar su riqueza.

domingo, 15 de mayo de 2016

sueño de una tienda de manhattan

Como a muchos otros, siempre me intrigó cierto aspecto de lo que podríamos llamar “vida onírica” que, no necesariamente, es el sueño en sí. Más bien se trata de cosas que percibimos y vivimos en los sueños. Mi esposa, por ejemplo, soñó una vez que veía a un amigo enojado, alguien a quien nunca había visto iracundo. Sin embargo, decía, conocí su furia. Lo que había percibido era ese hiato entre la persona que conocía y algo que conocía sin saber de la persona.
El 22 de abril pasado mi amigo Gustavo estaba en Nueva York, en otro de sus viajes, esta vez de visita en el Barrio Chino de Manhattan, en el negocio de su padre.
Gustavo vivió en Estados Unidos entre 1972 y 1973 y, a partir de entonces, con su padre Ping-Yip Ng radicado allá, pasó los veranos hasta el año 1979.
El negocio de su padre y la vida china en Nueva York fue un tema frecuente en conversaciones que se extendieron durante décadas. Sin embargo, al ver fotos enviadas por WhatsApp, caí en la cuenta de que nunca supe qué clase de negocio era. Así que le pedí precisiones.
“De nuestro padre –decía en un chat compartido en un grupo que incluía a su hermana– te puedo decir esto: he descubierto que su negocio de quiniela es una mezcla de club con estación de tren. Algunos sujetos van allí a dormir para no estar solos en su casa. Otros van porque la mujer los echa. Casi todos van porque no saben qué hacer. Nuestro padre tampoco sabría qué hacer si le cerraran el negocio.”
Entonces hizo ese dibujo del tipo dormido con la bolsa de los mandados que me recordó la escena del católico que se detiene a rezar con el paquete de verduras envuelto en un diario viejo, en The End of the Affair: un hombre que duerme en ese negocio “mezcla de club con estación de tren” y sueña el sueño de la intimidad.


jueves, 12 de mayo de 2016

la distopía meritocrática

para RosarioPlus

El término “meritocracia“ fue acuñado por el sociólogo británico Michael Young, también activista del Partido Laborista, quien publicó en 1958 la sátira política The Rise of the Meritocracy (El ascenso de la meritocracia), donde ironizaba sobre el sistema educativo del Reino Unido y fabulaba, al estilo de Un mundo feliz o la clásica Utopía, una Inglaterra asolada por el régimen meritócrata que duraba desde fines del siglo XIX hasta el año 2033, cuando una revolución lo derrocaba. 
Que el término haya nacido como sátira, como burla, lo convierte en peyorativo. Sin embargo, a diferencia de “liliputiense”, que Jonathan Swift ideó con el mismo cuño burlón y guarda hasta hoy el sentido original (alguien con poca estatura, pero, sobre todo, estatura política y moral), “meritócrata” ganó un signo diferente gracias a los meritócratas quienes, como cabe esperar, poseen escasa formación letrada y débiles vínculos con la historia y lo social.
Imagen tomada de BlissBlog.

A fines de junio de 2001, un año antes de su muerte, el mismo Young escribió una columna en The Guardian en la que se lamentaba del uso que había adquirido su término y, en particular, del uso que le daba el entonces primer ministro británico, Tony Blair.
El artículo es también una descripción exacta de la degeneración del término meritocracia. “He estado tristemente decepcionado por mi libro de 1958, El ascenso de la meritocracia –escribe Young–. Acuñé una palabra que entró en una circulación generalizada, en especial en los Estados Unidos, y hace poco halló un lugar destacado en los discursos de Blair. El libro era una sátira que pretendía ser una advertencia (a la que no hace falta decir que no se le prestó atención) en contra de lo que podría suceder a Gran Bretaña entre 1958 y el final de una revuelta imaginaria en contra de la meritocracia en 2033.
“Mucho de lo que se predijo ya se ha producido –continúa Young–. Es muy poco probable que el primer ministro haya leído el libro, pero se apoderó de la palabra sin darse cuenta de los peligros de lo que está defendiendo.”
A todo esto, Young ya había declarado, a propósito de su propio libro, que las obras más influyentes eran a menudo las menos leídas (el argumento pertenece en realidad a Italo Calvino, quien se refirió a los clásicos como aquellos libros cuya lectura circula incluso sin lectores). A mediados de los 90, cuando Blair aún no había llegado a primer ministro británico y Lady Di todavía estaba viva, comenzó a usar el término meritocracia según la reseña de Francis Wheen en The Guardian: “Estamos a años luz de una verdadera meritocracia” (julio de 1995); “Quiero una sociedad basada en la meritocracia” (abril de 1997); “Terminó la Gran Bretaña le élite. La nueva Gran Bretaña es una meritocracia” (octubre de 1997); “El viejo establishment está siendo reemplazado por una nueva y más grande clase media meritocrática” (enero de 1999); “La meritocracia se construye sobre el potencial de la mayoría, no de unos pocos” (octubre de 1999); “La sociedad meritocrática es la única que puede explotar su potencial económico para el total de su pueblo” (junio de 2000).
La disputa con Blair, dentro de su propio partido, el Laborista, surgió a partir de las declaraciones del líder en torno a la educación, que es el tema del que trata la novela de Young (en la meritocracia las personas son divididas según su inteligencia, lo que conforma nuevos estratos sociales). En ese sentido el laborismo, que tuvo hasta los 80 importantes dirigentes que venían no sólo de las escuelas públicas, sino de familias proletarias, le criticaba a Blair su consentimiento con el neoliberalismo que había expandido en Inglaterra Margaret Thatcher, llenando las calles de ciudades como Londres y Liverpool de feroces conflictos sociales.
“Con la llegada de la meritocracia –escribe Michael Young en su columna de 2001–, las masas ya sin líderes fueron parcialmente privadas de derechos; y a medida que pasa el tiempo, cada vez más trabajadores fueron perdiendo su compromiso, al punto de perder todo afecto político y ni siquiera molestarse en ir a votar, porque ya no tienen su propia gente que los represente”.
Para el final del primer período de Blair como primer ministro británico, Young escribió: “Como resultado, la inequidad general se ha vuelto más grave cada año que pasa, y esto sin siquiera un llamado de atención de los líderes del partido que una vez alzó la voz con vehemencia y precisión por una mayor igualdad (…) ¿Qué puede hacerse por esta sociedad meritócrata y polarizada? Ayudaría que el señor Blair quitara el término de su vocabulario, o al menos admitiera su bajeza. Ayudaría más aún que marcara distancia de la nueva meritocracia aumentándole los impuestos por ingresos a los ricos, y también reviviendo los gobiernos locales con más poder para involucrar a su gente y entrenarla en la política nacional”.
En junio de 2001, cuando Young escribía esas palabras, la Argentina se encaminaba a una de sus crisis más devastadoras, con un gobierno que había preferido encerrarse a hacer la tarea neoliberal y tenía en su gabinete y sus equipos a muchos de los meritócratas que hoy volvieron a ocupar puestos alrededor de la Casa Rosada, desde Patricia Bullrich a Federico Sturzenegger.

sábado, 7 de mayo de 2016

is the lady a trump?

Para RosarioPlus.

Cuando el candidato republicano Donald Trump dijo este jueves a la cadena CNBC que si perdía su carrera a la Casa Blanca “la Corte Suprema se llenaría de liberales que convertirían a los Estados Unidos en un país por completo diferente, como Argentina o Venezuela”, acaso hablaba sin saber demasiado y apelando un conocimiento de Argentina que suele ser bastante vago visto desde el gran país del norte.

Argentina, para los estadounidenses alimentados por corresponsales que reportan desde Clarín o La Nación, suele aún significar dos cosas Diciembre de 2001 y populismo.
Sin embargo, no todos los medios reportaron el contexto de esa entrevista, en la que Trump –visto por los progresistas estadounidenses como una suerte de pichón de Hitler por su tono despectivo al hablar de inmigrantes, negros y latinos– comienza defendiendo las bajas tasas de interés que deben mantenerse desde la Reserva Federal –que regula el funcionamiento de la banca en Estados Unidos, junto con Wall Street.

lunes, 2 de mayo de 2016

almuerzo en el cielo

El texto surgió luego de escuchar a Silvio Moriconi en "Hoja de Ruta" referirse al trabajo de Hine con motivo del Día del Trabajador. 

Una de las fotos icónicas y más vistas en cada celebración del Día del Trabajador es la de un grupo de once obreros que descansan sentados en una viga de hierro, a trescientos metros del piso sobre la isla de Manhattan, en el año 1932 mientras construían el Edificio de la RCA en el Rockefeller Center –en ese momento y durante los 40 años siguientes, superado en altura por el Empire State, que se inauguró en 1931. En esa década se levantaron los rascacielos más imponentes de Nueva York e, incluso, el puente que conduce a Brooklyn.
Por cada millón de dólares que se invertía en la construcción de un rascacielos moría un obrero. Era la época en que los barones de la industria estadounidense competían por quién hacía la torre más alta y con mayor celeridad.
Imagen tomada de Wikipedia.

Como se puede ver en la foto –tan célebre que tiene una entrada exclusiva en Wikipedia–, los trabajadores no tienen arneses, ni sogas, ni cascos. De hecho, no sólo los obreros subían a las cimas de esos esqueletos de hierro, también equilibristas y deportistas probaban sus agallas y vencían el vértigo haciendo piruetas sobre el vacío a doscientos metros del suelo. Hasta los mozos del Waldorf Astoria subieron a la cima del nuevo edificio del hotel, aún en construcción en 1930, para servir un suntuoso almuerzo a dos trabajadores sobre una viga que sostenían dos ganchos de una grúa.

sábado, 30 de abril de 2016

una belleza rural

Una belleza rural. Eso pienso cuando veo la foto. La muchacha posa para la cámara con una tolerita a lunares y unas calzas. Tiene los hombros caídos y los brazos le cuelgan a los costados. Los ojos oscuros nos señalan algo que no dejamos de buscar. Algo acaso melancólico, porque toda belleza agita el fantasma de una pérdida que nos vuelve melancólicos. Y esta es una belleza rural. Una cinta que no terminamos de leer ("Pueblo de Car...") le cruza el cuerpo, más bien le cuelga del cuerpo que adivinamos esbelto, pero también suspendido en esa observación que capta la cámara mientras nuestra belleza rural nos mira desde la oscuridad de sus ojos y yace en la pose como recostada en la cinta que no llegamos a leer.
La foto está en la página 23 de “Llanura”, uno de los hermosos libritos de fotografías de Matías Sarlo, que él mismo publica en Lucio V. Ediciones.

Llanura es un conjunto de fotografías rurales, tomadas a menos de cien kilómetros de Rosario, donde Sarlo se formó y trabajó como reportero gráfico hasta hace un par de años en algunos de los medios más notorios de la ciudad. Hasta que, como en una declaración de los años 70, se fue a vivir al campo.

miércoles, 27 de abril de 2016

medioevo y modernidad en teología política

En su última entrada, Adam Kotsko lo pone de este modo:
Una de las preocupaciones de la teología política es la relación entre el cristianismo medieval y la modernidad secular.
La primera pregunta a hacerse es si una continúa a la otra. Para algunos teóricos, no hay continuidad: el ingreso a la modernidad es una ruptura cualitativa. La modernidad tiene su cosa propia y no debería juzgarse en los términos de la herencia cristiana que la precedió. Según lo entiendo, Blumenberg es acaso el defensor más destacado de este punto de vista.
Si asumimos seriamente que el cristianismo medieval y la modernidad secular tienen continuidad, entonces la pregunta sería si la modernidad es algo bueno. Si la respuesta es sí, surgen dos opciones acerca de cómo ver el cristianismo. La primera es decir que el cristianismo era malo y nos alegra que la modernidad lo haya superado. En la medida en que la modernidad conserve elementos cristianos, éstos deben purgarse tanto como sea posible. Esta es la tendencia sin duda hegemónica hoy en día. La segunda es argüir que ya que la modernidad es buena, el cristianismo, que en cierto sentido llevó a ella, debe haber sido bueno también. Aquí podemos pensar en Hegel o en la "era heroica" del protestantismo liberal (Harnack, Ritschl, etc.).
Si respondemos que no, que la modernidad no es algo bueno, entonces también tenemos dos opciones. La primera es afirmar que el cristianismo era bueno y resultó una mala idea desviarse de él. Podríamos asociar a este punto de vista a la ortodoxia radical y, no sin discusión, con Schmitt. La segunda es apuntar que el cristianismo también era malo, y por lo tanto era natural que condujera a algo tan malo como la modernidad. Esta es la posición de Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, así como de Nietzsche, Foucault y, probablemente Heidegger y Agamben.
¿Alguna conjetura acerca de qué tendencia describe mejor mi trabajo?

lunes, 25 de abril de 2016

la serie de la crueldad

Por Anna Nordberg | Ozy.com

“Game of Thrones” hace arte del sufrimiento de su público. Para cada escena de simple prodigio –por ejemplo, la princesa Daenerys Targaryen elevándose sobre las arenas de combate en el espinazo de su dragón– la teleaudiencia sabe que la serie hará valer su propia versión del precio del hierro: una secuencia desgarradora, indescriptiblemente horrible que te deja balanceándose en el sofá diciéndote: “Tal vez sea sólo un sueño.” Pero “Game of Thrones” no se detiene en apariencias.
Gran parte del crédito, por supuesto, va para George R. R. Martin, quien creó este mundo implacable en su saga de novelas “Canción de Hielo y Fuego”. Pero los showrunners (encargados de desarrollar el guión en la serie de HBO) David Benioff y D. B. Weiss tienen un don para crear escenas que no podrían ser más devastadoras y, a continuación, las vuelven más devastadoras aún. Tomemos la decapitación del héroe Ned Stark. El libro de Martin nos la muestra a través de los ojos de otro personaje, pero en el episodio de HBO, la cámara se queda con Ned, y lo vemos buscar a sus hijas con la mirada en la multitud durante sus últimos segundos. En el episodio La Boda Roja, que nos lleva el alma, nadie cree que el número de muertos en el libro podía ser superior; pero la serie de televisión añade a la esposa embarazada del hijo de Ned en la matanza. Los showrunners incluso inventan escenas horriblemente delirantes que no están en los libros, al igual que, en la temporada pasada, la quema viva de la adolescente princesa Shereen, que miré sollozando a través de una grieta en mis dedos.

domingo, 24 de abril de 2016

vértigo

Nuevamente el niño halla una video que rodó en Gran Canaria Danny MacAskill, que a esta altura es casi un héroe familiar. Me lo comparte y lo miro lleno de vértigo.

viernes, 15 de abril de 2016

wiwi

Wiwi, mi hijo (9 años), me en vía por correo electrónico algunos  canales de YouTube que estuvo viendo, entre ellos Mr. TVCow, "que hace videos con gatitos", y que yo debería ver.

O este, Boom Riders, sobre el que me aclara en su mensaje: "No es BMX pero hace trucos", con lo que debo abocarme ahora a buscar la diferencia entre BMX y los que "hacen trucos":

En fin, tengo tarea por delante.

jueves, 14 de abril de 2016

ubercuidad

En el sanatorio abro la red social y leo a @Andy_tow: "quieren clausurar Uber, pero 'no tienen oficinas declaradas'. faltaria que salgan a la calle las multitudes 'yo soy Uber'".
Y también: "Es cierto que ser feliz es una decisión. El problema es que la suelen tomar otros".

lunes, 11 de abril de 2016

zizek sobre los panamá papers

Llegamos a este artículo de Slavoj Zizek en Newsweek sobre los Panamá Papers cuando leímos su comentario en Itself.
Acá lo traducimos (el título original es "Los Panamá Papers explicados, ¿por qué se lame el perro?").

por Slavoj Zizek | Traducción Pablo Makovsky

Lo único realmente sorprendente sobre los Panamá Papers es que no hay ninguna sorpresa en ellos: ¿no sabíamos de modo preciso lo que esperábamos aprender allí? Aunque una cosa es saber sobre las cuentas bancarias offshore en general y otra, tener pruebas concretas. Es como sospechar que nuestra pareja nos engaña; uno puede aceptar el conocimiento abstracto, pero saltamos de dolor cuando accedemos a los detalles más escabrosos. Y cuando uno tiene fotografías de lo que está pasando... Así que con los Panamá Papers ya estamos frente a las imágenes más sucias de la pornografía financiera del mundo de los ricos, y ya no podemos pretender que no sabemos.
En 1843 el joven Karl Marx afirmó que el antiguo régimen alemán "sólo imaginaba que creía en sí mismo y exigía al mundo que debía imaginar la misma cosa." En tal situación, avergonzar a quienes están en el poder se convierte en un arma en sí . O, como continuaba Marx, "la presión real debe ser más apremiante si se le añade la conciencia de esa presión, la vergüenza debe ser más vergonzosa mediante su publicidad."
Imagen tomada de El Cronista.

Esta es nuestra situación hoy día: enfrentamos el cinismo descarado del orden mundial existente, cuyos agentes sólo imaginan que creen en sus ideas de democracia, derechos humanos, etcétera, y a través de movimientos como WikiLeaks y las revelaciones de los Panamá Papers, la vergüenza –nuestra vergüenza por tolerar tal poder sobre nosotros–, se hace más vergonzosa mediante su publicación.

domingo, 10 de abril de 2016

las paradas soviéticas

El fotógrafo canadiense Christopher Herwig descubrió por primera vez la arquitectura inusual de las paradas de ómnibus de la era soviética durante un viaje que hizo en bicicleta, en 2002, de Londres a San Petersburgo. Se había desafiado a sí mismo a tomar una buena foto cada hora cuando lo sorprendió el diseño de las garitas para esperar el ómnibus en rutas a veces desiertas. Doce años más tarde, Herwig recorrió más de 25 mil kilómetros en catorce países de la ex Unión Soviética en auto, bicicleta, ómnibus y taxi para hallar y documentar estas paradas de autobús.
Las paradas de ómnibus en pequeñas localidades prueban haber sido un terreno fértil para la experimentación artística y parecen haberse erigido sin restricciones de diseño o preocupaciones presupuestarias. El resultado es una asombrosa variedad de estilos y de tipos en toda la región, desde el brutalismo estricto hasta una extravagancia exuberante.
El libro Soviet Bus Stops –seleccionado a principios de este año como uno de los libros más raros de 2016– es la colección más exhaustiva y diversa que se haya compilado sobre diseños de paradas de autobuses e incluye ejemplos de Kazajstán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirgyzstán, Tajikistán, Ucrania, Moldavia, Armenia, la región en disputa de Abkhazia, Georgia, Lituania, Latvia, Bielorrusia y Estonia.

Christopher Herwig (herwigphoto.com) recorrió más de 90 países y hoy día reside en Jordania. Realizó fotografías en algunos de los lugares más remotos del planeta para publicaciones como GEO, CNN Traveler, Geographical, y Lonely Planet.

sábado, 9 de abril de 2016

los infiltrados de la biopolítica

Las series, lo decimos una vez más, parecen relevar hoy al cine de la tarea de explorar todos los rincones de esa trama que llamamos”realidad”, término que, según un célebre autor ruso, siempre debe ir entre comillas.
Y la realidad que abordan las series, en la gran mayoría de los casos, suele ser política. Y no sólo porque los autores de series (guionistas, showrunners y productores) tienen su ideología y sus posiciones, sino porque la gran maquinaria de lo político ha ingresado en lo más íntimo de la vida privada de un modo desconocido hasta hoy en la historia de la humanidad.
A tal punto esto es así que los terrenos en los que suelen exponerse los conflictos de la política en algunas de las mejores series son la familia (TheAmericans), la relación padres e hijos (Homeland) o las relaciones amorosas (la reciente Billions, por ejemplo) es decir, los rincones más íntimos de la vida de las personas o, como lo plantea
Amador Fernández Savater en un debate reciente, “¿Qué puede hacer la política cuando el neoliberalismo y la vida son una y la misma cosa?”
En ese contexto puede verse la miniserie de seis episodios que la BBC puso al aire hace una semana, Undercover, con un agregado: es la primera vez que el canal más importante de Gran Bretaña estrena un show protagonizado por dos actores negros, la brillante SophieOkonedo (quien incluso participó junto con el creador Peter Moffat en la elaboración del guión) y Adrian Lester, ambos premiados en más de una ocasión por sus papeles en cine.


Pero antes hay que hacer un poco de historia.

El oficial A

En marzo de 2010 el periodista Tony Thompson publicó en The Guardian un extenso artículo en el que entrevistaba a un policía encubierto bajo el nombre de “Officer A”, quien contaba cómo había visto desmoronarse su vida luego de casi cinco años (entre 1993 y 1997) de trabajar infiltrado en grupos de activistas que la policía Metropolitana de Londres sospechaba de violentos. Su tarea había incluido relaciones amorosas y formales con mujeres a las que había engañado, más allá de sus simpatías personales. 
Por primera vez el periodismo daba cuenta de una sistemática política de infiltración de la policía londinense en grupos de activistas de izquierda (desde trotskistas a organizaciones de defensa de las minorías sexuales o raciales) que se venía llevando a cabo desde el año 1968 a través de lo que se llama el Special Demonstration Squad (SDS): Escuadrón Especial de Manifestaciones.

En su nota, Thompson describe a Officer A “con una larga cola de caballo en el pelo, personalidad furibunda y predispuesto a los temas más delicados del trotskismo que había aprendido en sus años de infiltrado. Nunca fue sospechado por parte de sus amistades de ser miembro del SDS”. Y describe a esos policías secretos como los peludos (“hairies”), por llevar el pelo largo. La unidad consiste en diez agentes que trabajan a tiempo completo y a quienes se les da una identidad nueva, una casa, vehículos y trabajos que son una tapadera para que realicen sus actividades en el campo por al menos cinco años.

Decisión informada

Lo que llevó al Officer A a contarle su historia a Thompson en The Observer (uno de los periódicos de domingo más antiguos del mundo –se publica desde 1791–, hoy parte del grupo editorial liberal de The Guardian) fue la convicción de que el público debería ser capaz de tomar una decisión informada acerca de “si esas actividades encubiertas eran realmente necesarias, dado su potencial de restringir movimientos de protesta legítimos.”
En enero de este año también The Guardian publicó una historia acerca de una mujer que había aceptado una propuesta de matrimonio de Carlo Neri, quien resultó ser un policía infiltrado que ya estaba casado.
La mujer, que mantuvo una relación con el policía entre 2001 y 2005, demandó a la policía Metropolitana londinense para que le diera algún tipo de respuesta por lo que consideraba torturas psicológicas y físicas, ya que el tal Neri (se trataba de un nombre de fantasía) había llegado a proponerle que tuviesen un hijo juntos y, luego, se quebró al contarle la historia de la muerte de su padre, algo que Andrea (como se dio a conocer la mujer) creía parte de una estrategia fingida de su prometido, a quien los mismos activistas habían desenmascarado.
En la nota firmada por Rod Evans, leemos que “Andrea interpeló a la Metropolitana para que le pidieran perdón y le dieran una respuesta ‘certera y honesta’ por lo que le habían hecho, ya que el comportamiento de Neri ni siquiera se justificaba. Dijo que la policía había abusado de su vida y la había metido en un trauma inmenso cuando los grupos en los que militaba ni siquiera eran violentos.”
El enfrentamiento legal de Andrea con la policía londinense fue el último de los conocidos en un campo minado de sospechas y dolor, ya que se estima que desde 1968 muchos policías encubiertos entablaron relaciones y hasta se casaron con los objetivos a los que fueron destinados.
En otra ocasión, la Metropolitana debió desembolsar más de 400 mil libras a una mujer que por casualidad descubrió que el padre de su hijo era un agente encubierto.
Andrea –quien militaba en una organización antirracista del partido Socialista que comenzó sus actividades a principios de la década de 2000– declaró que se había enamorado de Neri y pensaba que pasarían el resto de su vida juntos hasta que él apareció con un brote suicida, una historia que ella cree fue por completo armada.
Andrea.

Undercover

Con estos datos, que también relevó la BBC, Peter Moffat, un excepcional autor que dejó su carrera de abogado para meterse a hacer guiones de televisión y cine, creó Undercover, una miniserie de seis episodios estrenada el 3 de abril último en la que una abogada negra (Okonedo, una afrobritánica que no necesita ser bonita para deslumbrarnos) es postulada a fiscal general al tiempo que descubre que el idílico matrimonio en el que está sumergida hace casi dos décadas es una mentira.
Con una puesta en escena ejemplar (planos muy generales para dar cuenta de la mayor intimidad: los momentos en que los personajes son “tomados”, “poseídos” por la enfermedad o la desesperación y, a la vez, planos detalle –el anillo matrimonial– para señalar esos raptos de conciencia de los protagonistas), Undercover promete ser una de esas largas películas de seis horas a las que nos acostumbraron las series: una cita con lo real que, gracias al artificio de la ficción, podremos contar un día para explicarnos el mundo en que vivimos.

la droga del capitalismo

Esta semana Ozy largó una edición especial sobre drogas. Esta fue una de las notas que más disfrutamos, firmada por Libby Coleman:

En noviembre de 1953, diez científicos, algunos de la CIA, se reunieron en una cabaña en Maryland para su conferencia e intercambio de mitad de año. El segundo día apareció una botella de Cointreau –había sido enriquecida con LSD. Luego de que estuviera vacía, Sidney Gottlieb, director de programas de la CIA, informó a sus colegas que estaban allí para un paseo salvaje. 
A pesar de que todos los hombres parecían soportar bien sus respectivos “viajes”, las cosas estaban a punto de tomar un giro para peor. Gottlieb, según un informe de 1976, no se dio cuenta de nada extraño a propósito de su colega, el científico Frank Olson, antes de que ingiriera su dosis. Esa noche había estado muy hablador y bullicioso, todo estaba bien. Sin embargo, el día siguiente Olson parecía muy agitado y, a continuación, deprimido; ese mismo mes lo mató una caída de 10 pisos de un hotel en Washington.
Gottlieb era la cabeza de un programa ultrasensible de la CIA llamado MKUltra, encargado del desarrollo del comportamiento y el control mental que comenzó en 1953 y duró hasta mediados de la década de 1960. Sí, suena loco, pero ese era el furor: Estados Unidos estaba en medio de la Guerra Fría y acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial, que había despertado un "interés general en la propaganda" y la "manipulación psicológica", según H.P. Albarelli Jr., autor de “A Terrible Mistake: The Murder of Frank Olson and the CIA’s Secret Cold War Experiments” (“Un error terrible: el asesinato de Frank Olson y experimentos secretos de la CIA en la Guerra Fría”). Los directores del proyecto estaban intrigados con la idea de drogar a los líderes mundiales y hacerlos quedara en ridículo en público mediante la dosificación de sustancias en poblaciones enteras a través del suministro de agua, lo mismo que la manipulación de los sospechosos durante los interrogatorios. En lugar de una guerra contra las drogas, era una guerra con las drogas.


miércoles, 30 de marzo de 2016

la grieta trump

En su blog Itself, el teólogo, filósofo y traductor Adam Kotsko (hay varias entradas con sus traducciones de Giorgio Agamben o Michel Foucault entre muchos otros), reflexiona sobre lo que se ve venir en Estados Unidos como la gran confrontación entre el candidato republicano, Donald Trump, y acaso la impopular Hillary Clinton por los demócratas.
En una entrada que lleva las etiquetas: “valores familiares” y “políticas del absurdo”, Kotsako da cuenta de una suerte de brecha o grieta que comienza a abrirse en la sociedad estadounidense en torno a las candidaturas de las próximas elecciones presidenciales, el 8 de noviembre de este año.

Escribe Kotsko: “Si Trump es un fascista, si es un potencial Hitler americano, ¿cómo respondemos cuando los miembros de la familia lo apoyan? Por ejemplo, supe que un pariente mío, que era muy próximo cuando yo era niño, es partidario de Trump. También me enteré de otro, uno con el que nos mantuvimos cerca a lo largo de los años, no le gusta Trump, pero lo votaría antes que a Hillary Clinton.
“¿Sería apropiado decirle a estos familiares míos que su juicio moral se está deteriorando de un modo tan siniestro que preferiría no tener más contacto con ellos? Si no es ahora, ¿qué pasa cuando llegue a la nominación? ¿Estoy obligado a amenazar que si votan afirmativamente por Trump, y no tienen la suficiente vergüenza para mentirme sobre ello, nunca más volveré a hablar con ellos?
“¿Es este el momento en que la tolerancia al tío conservador se pasa a ser un vivo rechazo a reunirse con él en el Día de Acción de Gracias, ahora que se manifestó un votante de Trump?
“¿Y si tuviera hijos? ¿Estaría en mi derecho de decir que los partidarios de Trump en mi familia nunca verán a mis hijos de nuevo, porque no quiero que mis hijos estén alrededor de tales personas, no quiero que los influencien personas que pueden ser seducidas por semejante espanto?
“Estas medidas parecen duras, pero si realmente Trump es un mal “sui generis”, lo que sigue son medidas difíciles y sin precedentes. Si no estamos dispuestos a realizar y llevar a cabo este tipo de amenazas, ¿significa que en realidad no lo vemos como un mal sui generis? ¿Que esto es sólo la última cosa que estamos dispuestos a contemplar por el bien de la paz familiar y evitar la estupidez social?”

brasil: el fin de una era

“Es el fin de una era –dice por teléfono Eduardo Crespo–, y mucho más acá en Brasil que allá en Argentina, porque el kirchnerismo se fue con un apoyo importante, sacó 48% de los votos, tiene todavía algunas figuras con cierta popularidad, y si Macri naufraga con su política económica, algo puede surgir. En Brasil, en cambio, parece venirse algo mucho más a la derecha, si ya hubo un giro neoliberal desde el mismo PT, lo que se avecina puede ser algo claramente fascista”.
Fotografía tomada de La Voz.

Con el retardo típico de las conversaciones de WhatsApp, la voz del argentino Eduardo Crespo suena clara y firme, amistosa. Está en Río de Janeiro, donde es investigador de política y economía en la Universidad Federal. A las 16 del viernes pasado la izquierda convocó a una marcha en la Plaza 15 (la más importante de Río) en rechazo de las demandas golpistas de la oposición contra el gobierno de Dilma Rousseff. A Crespo le hubiese gustado ir. “Pero como sucede con las cosas que organiza la izquierda, son convocatorias para la clase media. Al trabajador que vive en los suburbios de Río y tiene dos horas de viaje del trabajo a la casa ni se le cruza participar de estas movilizaciones”. A las 18.30 nuestro hombre debe ir a buscar a su hijo a la escuela, duda de que pueda asistir a la marcha y señala lo inoportuno del horario.

jueves, 25 de febrero de 2016

golosina

Siempre sentí admiración por el blog Golosina Caníbal: no sólo por la cuidada y sutil elección de su nombre, por la cita a Acéphale, por la inestimable lista de blogs y revistas de la columna derecha o por el epígrafe que nos recibe y proviene del título de un episodio de la querida serie Fringe: "¿Por qué los soldados cambiaformas del otro universo se están robando cabezas congeladas?" Sentí siempre admiración y hasta envidia por la capacidad de Matías y Emiliano para extractar fragmentos de libros que a veces están editando o permanecer al tanto de otras actividades editoriales. Admiración por el estilo de las entradas, que mezclan, como en el cabezal, la máxima sofisticación de Bataille con la serie de televisión y la anotación hecha casi al pasar sobre temas que pueden devorarnos por meses. Lo tengo como sitio fuente de muchas cosas que cito.

Por eso, leer el 3 de febrero pasado que Matías recomendaba, entre otros dos blogs que sigo porque los hallé en la lista de Golosina Caníbal, mis traducciones en este blog, me produjo una alegría tan embriagadora que debí dejar pasar la resaca para poder anotar algo y agradecerle.

sábado, 20 de febrero de 2016

en bandeja

El niño quiso un helado y nos dijeron que la mejor heladería en Punta del Diablo, Rocha, Uruguay, era Tropical. Allí fuimos. 
Eligió americana y crema del cielo, en cucurucho. La señorita de la heladería le preparó los dos gustos en un cono uniforme que se sostenía erguido. Antes de entregarlo preguntó al niño si quería una bandeja. El niño dijo no. Pero la señorita tomó una bandeja de la pila, en el mostrador, y enunciando un "Bueno, por las dudas", zampó el prolijo cono en la bandeja y allí quedó el helado, hecho un montículo sobre la bandeja con el cucurucho de sombrero. 
Al salir observamos que toda la clientela comía el helado de la bandeja hasta que el cucurucho no representara un peligro para la pulcritud de la ropa y el lugar y lo recogían para comérselo. 
Como también soy, al fin y al cabo, uruguayo, la situación me pareció en principio natural, una medida de precaución. 
Pero cuando mi hija vio que gente hasta mayor que yo comía el helado de esa ridícula bandeja de telgopor, cuidando de dejar para lo último el cucurucho de sombrero, comenzó a reírse con ganas. No podía concebir el acto de desconfianza y precaución que significaba la bandeja: generaciones criadas para mantener en equilibrio el cono de helado sobre el cucurucho eran borradas de la faz del Uruguay con aquel pedazo de telgopor. 
El uruguayo es precavido, austero, monocorde a veces; teme el desorden y la estridencia. El argentino le resulta ruidoso, imprudente. Cuando en Argentina decimos 'buenísimo' o 'bárbaro', en Uruguay dicen 'impecable', como comer helado en bandeja.



jueves, 4 de febrero de 2016

los anti

Las elecciones en Estados Unidos, su bipartidismo (en el que incursionó desde hace unos años el Tea Party, suerte de asambleístas antipolítica, muy conservadores, de quienes los periodistas más rutilantes suelen burlarse por su extrema ignorancia y mal uso del idioma –basta buscar en YouTube las desopilantes intervenciones de Larry King o Bill Maher al respecto) no son, pese al tinte espectacular de las campañas, algo sencillo. Hoy día un republicano es poco menos que un dinosaurio conservador y racista, sin embargo, los republicanos hace ya largas décadas mantuvieron posturas conservadoras en lo económico pero no en lo social, uno de sus presidentes fue Abraham Lincoln.