socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 25 de mayo de 2015

la cocina del diablo

Hasta el final del octavo episodio de la serie, el villano es un empresario que se enriqueció con el tráfico de personas, de drogas y de violencia a través de empresas fantasmas y lavado de dinero. Su apuesta actual es el mercado inmobiliario. Tiene comprada a la policía y la justicia de uno de los barrios emblemáticos de Nueva York, Hell’s Kitchen (traducido: “la cocina del infierno”, hoy llamado Clinton, en el centro de Manhattan, sobre el río Hudson), donde se mueve en las sombras y tiene prohibido pronunciar su nombre: Wilson Fisk.

La serie se llama “Daredevil” y está basada en un cómic de Marvel. La figura del empresario como criminal inescrupuloso no es nueva, claro, pero en los últimos años, tras la Guerra contra el Terror y el escándalo de Lehman Brothers –los dos acontecimientos de nefastas consecuencias económicas y financieras–, la ficción televisiva y cinematográfica comenzó a escarbar en esos personajes que, como el Walter White de “Breaking Bad”, a la par de sus actividades como padres, esposos y amantes, llevan adelante un plan demoníaco. Es eso, incluso, lo que le dice el sacerdote católico a Matthew Murdock (Charlie Cox), el ciego que durante el día es socio de un humilde estudio de abogados y durante la noche es nuestro héroe y justiciero: el diablo camina entre nosotros de muchas formas.
“Daredevil” no es una de las mejores series que pueden verse –el 10 de abril pasado Netflix subió a su plataforma los 13 episodios de la primera temporada– porque nos enseñe a un empresario demoníaco, como sucedió ya en otras series, sino por cómo pone en escena su ejecución del Mal y cómo retrata en ese proceso a los personajes intermedios, a los que deben combatirlo y a los que, creyendo que lo combaten, le dan argumentos.
Aunque este análisis pretende ceñirse a la ficción que nos ocupa, no niega las posibles alusiones a las riñas políticas locales, tan afines a empresarios, jueces, policías, periodistas y dirigentes políticos.

martes, 19 de mayo de 2015

temor zombie

Esto es lo que sabemos hasta ahora de la prfecuela de The Walking Dead:
Los primeros videos de adelanto de Fear the Walking Dead (FTWD, que hasta hace un par de meses tenía el título provisorio “Cobalt”: precuela de la serie The Walking Dead, cuya quinta temporada culminó el 29 de marzo último) no revelaron mucho: se sabe que se trata de la ciudad de Los Ángeles en el mismo universo que The Walking Dead, pero en los prolegómenos del apocalipsis, cuando la gente piensa que el virus que revive a los muertos podría ser un brote de “gripe”.

Después de una conferencia telefónica con el productor ejecutivo Robert Kirkman, la revista cultural Vulture dio a conocer el lunes una mejor idea de que cómo transcurrirá la historia. Los principales protagonistas son Madison (Kim Dickens) y Travis (Cliff Curtis), dos maestros de Los Ángeles recientemente divorciados de sus respectivas parejas que se mueven juntos y están “muy enamorados”. Los dos tienen hijos de sus matrimonios anteriores: Madison tiene Alicia (Alycia Debnam-Carey), el niño de oro, y Nick (Frank Dillane), quien desertó de la universidad (quien será interpretado por Lorenzo Henrie). Aunque sin dejar caer ninguna bomba sobre esta precuela que se lanzará en el verano norteño (agosto-septiembre en nuestro hemisferio), Kirkman reveló más sobre la pareja protagonista y explicó cómo se verán los muertos andantes, recién afectados por el brote –a diferencia de los últimos episodios de la serie en curso, donde ya están muy deteriorados–, aunque aclaró que el show no se zambullirá en el misterio de qué originó la siniestra epidemia.
FTWD está ambientada en Los Ángeles en el inicio del brote. Kirkman aseguró a Vulture que la serie tendrá su propia mirada: “Una de las cosas que era realmente importante para nosotros desde el primer día fue que este show está solo –en lo que se refiere a la historia y los personajes. Queríamos que tuviese su propio rincón del universo. Incluso hay una diferencia obvia entre las dos series: FTWD está rodada digitalmente, en lugar de la película de 16 mm utilizada para The Walking Dead)”. El traslado de la acción a una bulliciosa metrópolis en medio del desastre también marca un cambio importante para la franquicia. “Al situar la acción en Los Ángeles es probable que vaya a haber más caos, especialmente en la primera temporada y la segunda porque estamos viendo cómo la civilización sucumbe”, dijo Kirkman y agregó: “La historia se va a mover muy rápidamente. Yo espero que sea más agitada que la primera temporada de The Walking Dead".

Un drama familiar

En lugar de un elenco de extraños unidos por las circunstancias, FTWD se centra en una familia mezclada que lucha para mantenerse con vida y permanecer juntos. Madison (Kim Dickens, de Gone Girl) y Travis tienen hijos de relaciones anteriores y planeaban casarse cuando ocurre el desastre. “Todas las complejidades y las luchas que vienen de esa dinámica familiar, y el establecimiento contra la caída de la civilización en la faz de la apocalipsis zombie, sólo hace las cosas mucho más interesante”, dijo Kirkman. “Esa es una de las muchas cosas que permiten a estas dos series que existan juntas sin ningún tipo de solapamiento.” Kirkman agregó que ve a esta pareja como algo nuevo y fresco para el género: “Una de las cosas con la que estoy realmente entusiasmado es que se trata de dos personajes que están muy enamorados. Con demasiada frecuencia, las series muestran la ruptura de las relaciones y la infidelidad. Este es un espectáculo que más o menos trata sobre dos personas que son un equipo, que se apoyan entre sí, que se respetan mutuamente, se aman “.

Muertos frescos

Los fans de la serie original han dado cuenta de que, conforme pasa el tiempo, los zombies se ven cada vez más podridos y grotescos. Con FTWD situado a sólo meses antes de que Rick Grimes –el sheriff que protagoniza The Walking Dead– despierte de su coma, se espera ver que los caminantes –los zombies– se parezcan más a los seres queridos revividos que los personajes no se animaban a matar en la primera temporada de The Walking Dead. “Los zombies no van a verse tan decaídos ni van a lucir de modo tan monstruoso”, dijo Kirkman y agregó: “Lo que va a hacer que la violencia en el programa y las diferentes cosas que pasan sean mucho más sorprendentes, porque vamos a estar tratando con zombies mucho más humanos. Creo que vamos a traer lo mejor de ambos mundos”.
Los aficionados se sentirán decepcionados con la esperanza de respuestas sobre los orígenes del brote de zombis. Cuando se le preguntó a Kirkman cuánto de FTWD revelará al respecto, fue contundente: “Casi nada. Sigo sosteniendo que no es un aspecto importante de la historia. Habrá una visión más amplia del mundo, y sin duda habrá aspectos la civilización desmoronándose que darán una mejor idea de lo que está ocurriendo aquí. Pero cavar para encontrar el arma humeante y darse cuenta de lo que hizo es muy poco importante para la historia general”. 

jueves, 14 de mayo de 2015

una pena

Siempre admiré y disfruté muchísimo de los Tiny Desk Concerts de la NPR por dos cosas: primero, el entendimiento de Bob Boilen con los músicos, la capacidad de definirlos y recibirlos por su enorme conocimiento de la música popular y, sobre todo, por su gran sensibilidad. Y, segundo, lo preciso de lo que busca la serie de grabaciones que la radio pública yanqui difunde: un espacio que es ni más ni menos que el de los escritorios de la redacción, todo lo que el músico va a realizar allí cae en ese set que trata de sacudirse el mismo set. Es decir, el lugar impone límites y esos límites vuelven al músico (una banda, un solista) un versionista de sí mismo, una versión propia, acaso más íntima, siempre otra, mientras la cámara (ahora hay dos cámaras pero hubo un tiempo en que solo había una) registra al detalle a cada uno de los presentes mientras tocan, como si la cámara estuviese allí para ponerle rostro a la música (que es lo que importa, porque los Tiny Desk Concerts eran parte del programa "All Songs Considered").
Lo prueba esta presentación de Conor Oberst, entre muchas otras.

Soñé con poder hacer algo así en alguno de los medios por los que suelo circular y veo que La Nación encaró algo parecido, aunque en el sentido contrario. Primero, puso a una periodista que parece una egresada de Letras; luego, montó un escenario en el que el artista queda aislado de la redacción, librado a sus mañas o, mejor, sin otra compañía que la de sus mañas, como en un escenario, con una cámara que tiene mucho más presente el espectáculo que el momento, y así. Una pena

miércoles, 13 de mayo de 2015

matilda en plan z

El lunes 20 de abril pasado Matilda estuvo en Plan Z, el programa que hacemos los lunes de 23 a 24 junto con Damián Schwarzstein y Valeria Rico Streiger en Radio Universidad (103.3).
Por suerte ese día estuvo con nosotros Julián Alfano, quien filmó y editó el video de ese encuentro que ahora compartimos acá.

lunes, 11 de mayo de 2015

la mujer tatuada y otra de spielberg

Blindspot se estrena en el otoño norteño (nuestro septiembre), los lunes en NBC. La trama recuerda a Prision Break y a The Blacklist. Una joven aparece con el cuerpo cubierto de tatuajes, desnuda y dentro de un bolso en Times Square. Aparece el FBI (de hecho, lleva tatuado en la espalda el nombre del agente del FBI al que hay que llamar) y sus agentes comienzan a rastrear en los tatuajes un mapa hacia, hacia... bueno, hacia algo así como un complot internacional cuya meta, esperamos, no sea algo tan demodé como asesinar a un presidente o hacer volar la Casa Blanca. En el Hollywood Reporter, creo –porque no tengo ganas de ir a buscar la nota– haber leído que se trataba del mayor atentado en "american soil" después del 11S. Nuestra mujer tatuada no recuerda quién es –le borraron por completo la memoria, según se asombran unos personajes enfundados en una bata de médicos–, pero habla chino, practica artes marciales y gatilla una pistola automática. "Y qué si no soy el mensajero, si estoy acá para ver algo o escuchar algo", pregunta ella al agente que la protege, o la vigila, o la guía o todo eso junto. 
A diferencia de Blacklist, lo único que hasta ahora me pareció prometedor del tráiler es el casting: la elección de Jaimie Alexander, con su belleza inquietante y su pose de alguien que trae un peligro me recuerda a la maravillosa Lena Headey en Game of Thrones o Dredd.
Veremos.


Y una mala noticia: Minority Report se convertirá en una serie en Fox, pero Steven Spielberg será el productor. No habiendo hecho ni una buena en el terreno de las series, no hay por qué pensar que esta vez sea diferente. 
En The Verge dicen que la acción se desarrollará diez años después de la época en que transcurre el film de 2002, cuando los precogs ya fueron liberados. Precisamente, el argumento de partida es el encuentro entre uno de estos monstruitos que predicen el futuro y un detective.

vuelve twin peaks

Gran novedad: retornará a las pantallas Twin Peaks con nueve episodios flamantes. El estreno de la serie en ABC cumplió 25 años el 4 de abril pasado. La célebre tira creada por David Lynch y Mark Frost tuvo una temporada y media (la cadena de televisión levantó su segunda temporada por la mitad) entre 1990 y 1991. Los ejecutivos de ABC notaron que la dupla Lynch-Frost estaba mucho más interesada en la recreación de atmósferas y diálogos estrambóticos que en resolver el interrogante principal de la serie: ¿Quién mató a Laura Palmer?
Sin embargo, algo del método creado por Lynch –que había perfeccionado su estilo en 1986 con la inquietante película Blue Velvet, que tuvo su estreno para la prensa ese año en Rosario en el cine El Cairo, una media mañana de mayo– y Frost sembró un camino que después retomaron Chris Carter en Los expedientes secretos X y hasta Los Soprano, según declaró su mismo creador, David Chase.
Al anunciar el regreso de Twin Peaks en la revista Vutlure, Matt Zoller Seitz subraya que la serie es a esta altura un canon y que cualquiera, aunque no la haya visto, sabe lo que es y qué significó.

Lynch se dedicaba a la pintura antes de ponerse detrás de una cámara, de ahí la exhaustiva devoción “estética”, visual de la serie y de muchas de sus películas –cabe aclararlo, de toda esa filmografía sólo nos interesan (El hombre elefante(1980), Blue Velvet y Una historia sencilla (1999)–, lo que suele convertirlas en una sucesión de cuadros, a veces más importantes que la historia en desarrollo.
El desarrollo de Twin Peaks –protagonizada por el agente del FBI Dale Cooper, interpretado por Kyle McLachlan, quien a su vez había protagonizado Blue Velvet– comenzaba a ser común en algunos films de fines de los 80 –un estilo sardónico, al borde de la parodia, lleno de extrañeza y en un tono en el que nunca resultaba del todo claro si los personajes o la puesta en escena era en broma o no–. De algún modo los grandes directores de eso que dio en llamarse Cine Clase B, de Roger Croman –el gran maestro– a John Carpenter, ensayaban una ironía similar en sus films, pero resultaba invisible para el público con ciertas pretensiones, que buscaba guiños cultos y de aire europeo en las películas que venían de Hollywood. Lynch llegó para satisfacer ese nicho.
Frost declaró a un periodista de The Guardian que la serie no se verá anacrónica cuando estrene en 2016 sus nueve episodios –aún no hay una fecha precisa–: “Creo que efectivamente seremos capaces de traducirla al lenguaje y la cultura actual sin problemas”, declaró. Por su parte, Lynch dijo en la misma nota que le resulta mucho más interesante lo que hoy se hace en televisión que lo que se realiza en cine.

El estreno de esta nueva Twin Peaks –detrás de la cual vuelven a estar Lynch y Frost– será en el canal de cable Showtime (por su pantalla pasan varias de las series que abrieron un magnífico camino en los últimos años: Homeland, Ray Donovan, etcétera). Todos coinciden en que su puesta al aire, hace un cuarto de siglo, inauguró una forma de hacer ficción en televisión que esparció su semilla entre realizadores como los citados Chase y Carter hasta Matthew Weiner (Mad Men) o Ryan Murphy y Brad Falchuk (American Horror Story) o Glen Morgan (Millenium y Expedientes secretos X). Veremos cómo se comporta el monstruo original entre sus brillantes vástagos actuales. 

jueves, 7 de mayo de 2015

los wachowski en netflix

Después de que Jupiter Ascending encontrara su brutal “descending“ en la crítica, los hermanos Wachowski se preparan para desembarcar en Netflix con Sense8, una serie cuya primera temporada tendrá 12 episodios que la cadena de TV on demand pondrá a disposición del público –sí, los doce episodios– el próximo 5 de junio.
Jupiter Ascending, lo pudimos ver, fue una especie de The Matrix pero á la Walt Disney: lo que Matrix tuvo de fascinante fue la cercanía siniestra con el mundo (una vez más cabe la cita de J.G. G.W. Ballard: “En el futuro el planeta más extraño será la Tierra”); en cambio, Jupiter vino a plantear más o menos lo mismo pero con extraterrestres: seres casi inmortales y poderosos que poseen planetas y arman y desarman a piacere la escenografía urbana, disponen de las vidas de los humanos y así. Sin embargo, hay entre los humanos elegidos destinados a traer un equilibrio en el universo.
Sense8 es algo similar: ocho extraños de ocho ciudades y culturas distintas del mundo que, luego de una muerte “trágica” (el calificativo es de Wikipedia) aparecen de repente conectados mental y emocionalmente en un salto evolutivo que tiene origen tecnológico: se transfieren sensaciones pero también sus habilidades: pueden ver lo que ve el otro, sentirlo y, sobre todo, protegerse entre sí.
Mientras nuestros ocho “sensates” –así los llaman– intentan hacerse una idea de lo que les sucede y qué significa esto para el futuro de la humanidad, un tal Jonas, hombre poderoso y misterioso, intenta juntar a nuestros héroes. Al mismo tiempo, otro personaje llamado Whispers despliega su vasta organización para dar caza a los sensates y asesinarlos. Cada episodio cuenta la historia de uno de estos muchachos, según le contaron los Wachowski a la prensa.
Bryan Bishop, cuya nota en The Verge nos hizo conocer el tráiler, comparó la nueva tira de los Wachowski con su film Cloud Atlas, cuyo co-director Tom Tykwer es parte del equipo de Sense8. Aunque Bishjop señala también que acaso el derrotero que seguirá el relato es el de la serie Héroes. Y concluye que a lo mejor la posibilidad de desarrollar su historia en el gran arco de los doce episodios les permitirá deshacerse de la idea de sobrecargar los planos con tanto diseño escenográfico y concentrarse en narrar la historia de modo más o menos claro.
Más allá de Héroes, las tramas con interconexiones humanas se desarrollaron con resultados poco felices en series canceladas como Touch y, ahora, con The Messengers en la cadena The CW: en la que unos ángeles creados a la medida del discurso llano de la iglesia evangélica y supermercadista estadounidense intentan frenar el avance del demonio sobre Texas; es decir, el orbe.
Veremos.

miércoles, 6 de mayo de 2015

dos series que empiezan en mayo

La buena noticia es que Matt Dillon protagonizará una serie de diez episodios que emitirá Fox a partir del 14 de mayo próximo. Se llama Wayward Pines y está basada en un best seller –que en realidad son dos libros, Pines y Wayward– de Blake Crouch. La mala noticia es que la produce y dirige M. Night Shyamalan: es un tipo de relato que el mismo Shyamalan ya transitó en The Village y el peligro mayor es que –según vimos en los tráilers que se difundieron– termine pareciéndose demasiado a aquél bodrio de principios de David Lynch de principios de los 90 que se extendió dos temporadas.
Dillon interpreta a un calificado agente del Servicio Secreto, radicado en Seattle, que acude a Wayward Pines, Idaho, a investigar la desaparición de otro agente. Pero ni bien llega a Wayward Pines un camión atropella el auto que conduce y termina en una sala del hospital. Allí aparece la enfermera Pam (Melissa Leo), más interesada en producir daño que en curar, según nos informa el Hollywood Reporter. En fin, de a poco nuestro héroe conoce una cerca electrificada que rodea el idílico pueblo y la imposibilidad de salir de allí: fue despojado de su identificación, de su teléfono y de todo lo que pueda contactarlo con el exterior. Además, nadie le cree que es quien dice ser. Mientras tanto, en Seattle, su esposa recibe la noticia de que hallaron el auto accidentado, pero que su esposo no estaba adentro en el momento del accidente. Como la mujer también fue entrenadora del SS, se pone a hacer averiguaciones por su cuenta. Ah, y actúa también  Juliette Lewis, la versión europeizada de Rosanna Arquette en los 90. Veremos.


La otra serie que estrena en mayo –el 28, ésta de 13 episodios– es Aquarius, protagonizada por David Duchovny: en la que un sargento de policía de Los Ángeles de 1967 (Duchovny) busca a una joven desaparecida y, guiado por un policía que trabaja de incógnito entre las comunidades hippies, llega a Charles Manson. Lo promisorio de la serie es esta vuelta al pasado cercano, poniéndolo en un umbral que, por irradación, vuelve el presente una vaporosa alternativa: si bien conocemos cómo termina la historia –lo mismo sucede en Mad Men, en Titanic– la intimidad del relato y su intriga vienen a desdibujar nuestra certeza.
El creador es John McNamara, quien tiene muchos pergaminos, aunque poco hemos visto de su producción.

de vuelta a "el hombre en el castillo"

No recuerdo bien cómo llegué a esta nota en Geekdad escrita por Tom Fassbender (quien viaja este año alrededor del mundo acompañado por su esposa y sus dos hijas y, se ve, se toma su tiempo para ver qué hay de nuevo en la caja lúcida). Pero me interesaría tomar nota de algunas cosas que leo aquí y no señalé cuando escribí sobre el piloto de El hombre en el castillo.
¡Guarda que lo que sigue tiene spoilers!

Dice Fassbender:
«En el libro –la novela de Philip K. Dick–, el hombre en el castillo se llama Hawthorne Abendson y es autor –dentro de la ficción– de una célebre novela antifascista, Pesado yace el saltamontes ("The Grasshopper Lies Heavy": también, "El saltamontes duerme pesadamente"), que es una historia alternativa a la realidad que viven los protagonistas. Aquí los nazis y los japoneses perdieron la Segunda Guerra Mundial y el Reino Unido emergió como la única potencia mundial dominante. La mera existencia del libro, que fue prohibido por los alemanes, actúa como un catalizador para la resistencia (que en los Estados Unidos alternativos de 1962) luchan contra la ocupación del Eje.
«En el piloto, The Grasshopper Lies Heavy es el principal recurso argumental, pero esta vez toma la forma de un noticiario antifascista de 16 mm que muestra una victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial tal como las conocemos a través de la historia.

martes, 5 de mayo de 2015

disco dinamita

El jueves 27 de noviembre del año pasado Coki Debernardi, junto con Diego Popono Romero, Nahuel Marquet y Emiliano Cattaneo –los dos últimos de Degradé– se reunieron en el Museo Histórico Provincial Julio Marc –en el Parque Independencia– para una charla abierta que respondiera a la pregunta “¿Qué música tocás en un museo?” Con sus relatos callejeros, los músicos prefirieron correrse en su mayoría de ese espacio de algún modo cultual que es el museo y aludieron a cierto discurso con el que se sentían más cómodos, el de las preferencias, el de un pasado entre radial y escenográfico. Así, Coki Debernardi recordó el programa de Poli Román de los primeros 80, que escuchaba en Cañada de Gómez y en el que votó cuando Román convocó a elegir entre el fanatismo de Queen o el de Kiss. “Sólo se puede ser fanático de Kiss”, respondió Coki, disipando la idea de que haya algún otro fanatismo posible en el buen paladar musical.
César Coki Debernardi se nos muestra bastante en esa anécdota: primero, es el chico del pueblo que viene a la ciudad siguiendo la estela que esa misma ciudad desplegó en su zona; segundo, es un melómano, escuchó y creó su teoría del conocimiento a través de esa escucha; tercero, su relato recoge una historia que va más allá de la suya y trae la memoria de personas y personajes de la urbe y los hace contemporáneos (Poly Román y los hermanos Juani y Oscar Favre, como mencionará en esta entrevista, por ejemplo). Por último, Debernardi supo construir una escena en la que no sólo es un rocker, un músico, es también una voz que elabora su discurso “con” la música, pero necesariamente “en” la música.
“Chico Dinamita Amor”, el último disco de César Debernardi se presenta este viernes en el teatro del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río Paraná). Las tres canciones del álbum que pueden escucharse en el perfil de MySpace de Coki and The Killer Burritos datan de hace unos siete años, cuando el disco iba a llamarse “Kid Dinamita Love” y cuando Debernardi todavía era la figura de la banda de Fito Páez.
La entrada de Wikipedia que habla sobre Debernardi menciona a Rosario como su ciudad “natal”, lo que es erróneo pero hasta cierto punto. Si bien nació en Cañada de Gómez, Rosario es de alguna manera la ciudad de formación, despegue y elección. Aunque aclara: “Me gusta mucho ir a lugares que conozco –nos dice en una charla telefónica–, pero como que no le tengo mucho aprecio a los barrios, porque los querés si creciste y jugaste a la pelota ahí, y yo ya me mudé como 25 veces”

El tiempo pasa

Su último disco anterior, “Perdida”, data de 2005, de modo que pasó una década. Se lo decimos, pero Coki, en lo que podría ser su método más habitual de respuesta –tomar la pregunta y llevarla hacia otro lugar–, dice:
—También pasa rápido el tiempo, como que uno tampoco está en su casa diez años y un día se levanta y dice “Voy a hacer un disco”. Para mí no pasó tanto tiempo. En estos años estuvimos tocando y no sentí que necesitaba otro disco. Además, realmente no me salía casi nada que me gustara, ni las canciones ni las letras; y como no tengo ninguna urgencia artística –porque al fin y al cabo hago mi propio disco–, no lo viví como algo que tenía que hacer con urgencia. Mientras tanto, nos pusimos a laburar con Fito (Páez), pasaron como tres o cuatro años, lo mismo con los Killer, después se pasó la vida. Y después tenés que hacer un disco y encontrar un sonido, las canciones. Porque si bien tenía varios temas, los juntaba y no daban con la forma de un disco. Una vez que lo tuvimos lo grabamos. Hacer un disco también es pescar ese pez dorado, ¿no?

odisea americana

Lo que American Odyssey no aprendió de Homeland es que la "gran historia" se cuenta en los intersticios de la trama o, mejor, que la trama, que siempre será políticamente "obediente", concesiva para con cierto discurso de poder (el error será siempre individual y dejará libre de culpa y cargo al gran sistema), es una excusa para contar una historia de un de orden más privado, menos grandilocuente, en la que cuenta la trampa de la biopolítica: en lo más íntimo de nuestra vida se juega una forma de la política que toma posesión de nuestras decisiones, de nuestro cuerpo y nuestra frágil conciencia.
American Odyssey se estrenó el 5 de abril pasado en NBC –la cadena estrenará Aquarius, protagonizada por David Duchovny y ambientada en 1967 en torno al clan Manson, el 28 de mayo próximo– como un thriller bélico, contemporáneo y conspirativo.
Para empezar, uno de los sitios donde más cómodos nos sentimos leyendo reseñas de series, AVClub, no la reseña.

La sargento Odelle Ballard (Anna Friel) consigue exterminar una célula de un terrorista de Al-Qaeda o Estado Islámico –no importa realmente demasiado– en un país cerca de Mali, en el oeste de África, allí descubre, entre los archivos de una computadora, que esa célula recibe financiación de una gran empresa estadounidense. A la vez, ingresan en escena tropas de contratistas privados –lo que antes solía llamarse mercenarios– contratados por esa misma empresa para aniquilar al pelotón de marines que comanda Ballard. Ella sobrevive a un ataque nocturno con un drone en medio del desierto y a partir de allí comienza su "odisea" para llegar a casa, en medio de un territorio hostil y con sus superiores como verdugos. Mientras tanto, en Estados Unidos, su hija no se cree que su madre ha muerto, su esposo es un pelafustán y un grupo de hackers que interceptó el correo electrónico que ella envió al coronel a cargo de su misión ocupa las calles de Washington y, a la vez, es asediado por espías que quieren saber cuánto saben.
Bien, por fuera de la pobre Odelle, perdida en el desierto, todos son incompetentes y sus historias son tan insignificantes como altruísticas.
Todo lo que en Homeland era un compromiso individual y privado en torno a deseos y aspiraciones humanas –es decir, burguesas, acuñadas en el mismo molde que se acuña el capital–, acá son un dechado de virtudes: el revoltoso hijo de padre acomodado que busca la verdad, la hija que sabe en su corazón que su madre no ha muerto y cuida el fuego del hogar deshecho, frente a los malvado absolutos de la compañía de mercenarios, el alto jefe militar comprometido con el mal, y así.

La historia, pese a todo, es atrapante, pero como nos atrapaba una película de espías de los años 70: sin realismo cristiano.
Recién en el quinto episodio, el del domingo pasado, no sabemos si con alguna intención o no, se introdujo algo digno de notar: el hacker que consigue interceptar comunicaciones y documentaciones privadas desde el cuartucho en casa de su madre enferma, erra en la interpretación de la información que consigue, con lo que aparece –al menos en un análisis rápido, casi distraído– esta idea de que para interpretar un dato no sólo hay que asociarlo con otros, sino darle cuerpo a ese contexto en el que aparece.
Seguiremos viéndola un rato más.  

viernes, 1 de mayo de 2015

au revoir grooveshark

Ya no recuerdo desde cuándo uso Grooveshark, creo que desde hace diez años, la edad del servidor, en el que tenía guardadas listas de reproducción de todo tipo, desde bandas de series y películas hasta mezclas que unían el jazz con la música clásica del siglo XX. Dónde voy a encontrar de nuevo eso no lo sé y creo que el solo hecho de pensarlo ya me abruma y me desalienta.
Hay desperdigado en este blog una innumerable cantidad de enlaces y de reproductores insertados de Grooveshark que llevan a un álbum o una canción que aparecerán ahora como errores. Son los errores de un sistema que acaso da sus pasos definitivos hacia un cambio radical (como sucedió con Megaupload), a partir del cual Internet ya no será lo que conocimos.
Por supuesto que el odio que me produce el consejo (obligado por las grandes compañías musicales que siempre explotaron a los artistas) de ir hacia sitios como Spotify ya me hace descartarlos.
Grooveshark nos permitía escuchar la música como tal, sin la interferencia de un video y con reglas claras sobre cómo compartir y seleccionar nuestra música. Ignoro si Spotify o la hijaputez de Apple tienen algo similar, pero no pienso ni siquiera averiguarlo.
El juez Griesa, la lacra que sirve a los fondos buitre y a todas las grandes compañías, está detrás del cierre de Grooveshark. Una prueba más de que es imposible siquiera la felicidad más elemental dentro del capitalismo.
Au revoir, Grooveshark. Gracias.

miércoles, 29 de abril de 2015

ballena azul

Los hallazgos de WTF.microsiervos son magníficos. Esta vez, un video generado a partir de una aplicación de GTA5 y creado por Merfish, con música de fondo de Offenbach. Una ballena azul, "el mamífero más grande del mundo", que vuela y se desploma sobre la ciudad. Lo descomunal del gag y su absurda repetición provoca una risa llena de inquietud.

la banda que no llora

El Cuarteto de Nos tiene nuevo disco y lo presenta en Rosario este jueves. Todos coinciden en que Habla tu espejo, décimo cuarto disco de la banda uruguaya y lanzado en octubre del año pasado, representa de algún modo un quiebre con la trilogía que arrancó con Raro (2006) y culminó con Porfiado (2012). Roberto Musso, guitarrista, cantante y compositor de la mayoría de los temas, dijo que estas diez nuevas “rompen con la ironía” con la que el cuarteto –que con la incorporación del tecladista Santiago Marrero ya es un quinteto– había desembarcado en los escenarios internacionales. Sin embargo, la elección del término “ironía” acaso no es la más afortunada. Lo que las letras y el sonido del disco no tienen es el humor desencajado de las composiciones, pero cuando escuchamos, en “Cómo pasa el tiempo”, “Decimos que queremos ser inmortales y no sabemos qué hacer en un día de lluvia”, apreciamos intacta la ironía –en la genealogía griega del término ironía está la sentencia “yo pregunto”–, sólo que ahora hay un tono mucho más personal, acaso amargo, que disuelve el aire de tertulia que le conocíamos hasta ahora.
Como pasa el tiempo by Cuarteto De Nos on Grooveshark
Es que en los tres años que pasaron desde Porfiado, Musso fue padre, su madre enfermó de alzheimer y en la banda entendieron que era hora de encarar otras cosas. “Nosotros –dice Musso al referirse al Cuarteto–siempre fuimos de escribir la vida que nos fue tocando vivir, la edad física, y los acontecimientos personales, aunque quizá a veces esa manera de contarlo estaba encubierta por el humor, o por una ironía. En este caso es más o menos lo mismo pero quizá con esa cubierta desplazada y más transparente y abierta”.


lunes, 20 de abril de 2015

el hombre que sabía demasiado

Se conoció el piloto de una serie producida por Amazon y basada en la novela El hombre en el castillo, en la que Phlip K. Dick imaginó un mundo alternativo en el que los aliados habían perdido la Segunda Guerra. Con producción de Rdiley Scott y guiones a cargo de FrankSpotnitz, el episodio puede verse ya en internet pero habrá que esperar hasta 2016 para ver la serie. 
  

La novela que reúne las obsesiones contemporáneas en torno a la manipulación mediática, las conspiraciones del estado y la sensación de que la realidad ha sido tergiversada fue publicada en 1962. Se llamó El hombre en el castillo (The man in the high castle), escrita por Philip K. Dick y publicada en Argentina, por la maravillosa y hoy desaparecida editorial Minotauro, en 1974.
Es una ucronía. Las ucronías –u-cronos: fuera del tiempo– son las historias que podrían responder a la pregunta “¿qué hubiera pasado si?”. En este caso Dick se pregunta: “¿qué hubiera pasado si el Eje, en lugar de los aliados, hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial?
Los Estados Unidos de 1962 que imagina Dick son eso: un territorio dividido en tres porciones: el amplio Este, gobernado por los nazis alemanes, la costa del Pacífico, gobernada por los japoneses y una franja a medias neutral sobre las montañas Rocallosas.
Hitler se está muriendo y el desmoronamiento del líder generó una guerra fría entre alemanes y japoneses, que se disputan el dominio del mundo. Mientras tanto, los protagonistas de la novela –tanto una joven que quiere saber por qué la policía japonesa asesinó a su hermana cuando iba a arrestarla en la ciudad de San Francisco, un joven que vive semioculto en las Rocallosas y un oficial intermedio de las autoridades japonesas que para cada acción consulta obsesivamente el I Ching– tienen noticias de que están viviendo, por así decirlo, en la parte fraguada de la realidad y que hay una alternativa en la que los aliados realmente ganaron la guerra. El autor de esta noticia, autor a la vez de una teoría sobre esa realidad alternativa, es un ser misterioso al que se refieren como El hombre en el castillo y cuya morada, oculta en algún lugar profundo del territorio norteamericano, va camino a convertirse en un raro Graceland, sin la música de Elvis, pero con el mismo espíritu.

Al fin

Bien, después de duros contratiempos que la tuvieron en distintas mesas ejecutivas de varios canales de televisión, la novela tuvo al fin su primer piloto televisivo para convertirse en una serie. Se emitió en enero pasado y el 18 de febrero Amazon Studios, cuyos directivos sometieron a votación pública ese primer episodio, decidieron que habrá nuevas emisiones en 2016.
Con Ridley Scott al frente de la producción ejecutiva (desde 2010 Scott recorrió oficinas de la BBC y SyFy para concretar el pasaje de la novela al cine o, lo que hoy es casi lo mismo, a una serie de tevé) y Frank Spotnitz –un ex guionista de Los expedientes secretos X– a cargo del guión, este primer episodio de casi una hora es un muy logrado regreso a los 60 en un ambiente enrarecido, algo así como una versión mucho más cinematográfica de ciertos episodios de la tercera temporada de la serie Fringe, con los japoneses celebrando la alta tecnología de los aviones alemanes –porque se olvida que cuando Estados Unidos ingresó a la guerra la maquinaria bélica nazi era mucho más sofisticada y la mitología que circulaba alrededor de su tecnología hasta el día de hoy refulge en la imaginación con pactos sobrenaturales o extraterrestres– y calles californianas desdibujadas por las imágenes de los autos pequeños de inspiración europea y japonesa.
El televidente remolón que no quiere tomarse el trabajo de descargarse el episodio de internet y buscar los subtítulos, puede ver el piloto de El hombre en el castillo en YouTube (aunque aún no tiene subtítulos en español).

lo que la gente quiere


Hay una película –acaso muy visitada por intelectuales– que se llama Invasión, dirigida por el argentino Hugo Santiago en base a una idea de Borges y Bioy Casares y estrenada en Buenos Aires en 1970. Allí, un invasor, un pulcro hombre ejecutivo con aspecto de tecnócrata, enfundado en un traje claro, le espeta a un miembro de la resistencia –traje oscuro, apegado a ciertas tradiciones porteñas–: “Nosotros traemos lo que la gente quiere”. Es de señalar la frase, porque quien la dice se mueve ajeno al interés popular o ciudadano, pero en el concepto “gente” logró aislar una tendencia, una demanda que tiene que ver con la mediocracia y el mercado y que llega para imponerse sobre esa “gente”.
Así, “lo que la gente quiere” es mucho menos la cristalización de un deseo específico que el hallazgo de un medio para formular o “editar” una demanda. No sé lo que quiero, pero espero poder expresarlo en 140 caracteres. No sé lo que quiero, pero me sumo a la cadena de Facebook que despotrica contra el gobierno. No sé lo que quiero, pero voy a narcotizarme con videos en YouTube que me muestren funcionarios en situaciones incómodas.
Y en este terreno, en el que lo importante es que las cosas fluyan con “naturalidad”, la derecha –el grupo político que cuenta históricamente con el beneplácito de los dueños del capital– juega con ventajas. Ningún otro sector supo convertir en “naturales”, lógicas o razonables medidas que de sólo pensarlas escandalizan: reducir en tiempos de crisis el salario de los trabajadores en beneficio de la provincia (cuando las grandes empresas y la dirigencia política de principios del 2000 no perdieron un centavo), pagar por el saneamiento de un banco que va a privatizarse casi el doble de lo que cuesta esa venta, y así.
Tanto el peronismo como socialistas y radicales agrupados en el Frente Progresista piden ahora un debate. Se entiende, quieren debatir ideas con el gran ganador de las primarias del domingo, Miguel Del Sel, cuyo vocabulario político se reduce a dos o tres palabras: corazón y gente.
Es una impresión personal con la que deseo equivocarme, pero me temo que debatir ideas no va a cambiar el panorama. Quien escogió darle su voto a Del Sel no lo hizo por sus ideas. Acaso porque el votante sólo se informa por televisión –donde el debate político suele estar ausente– o por las redes sociales, donde los algoritmos de las redes agrupan intereses como si se tratara de una perversa y degradada comunión de conceptos, Del Sel gana porque, como el tecnócrata de Invasión, “trae lo que la gente quiere”. Incluso la palabra “idea” –en estos tiempos en los que el ex presidente de Boca Juniors, Mauricio Macri, se mofa de que llega al fin del “relato”– no goza de gran aprobación.
Pretender que el Pro es sólo una fuerza arribista que encara un gobierno de manera improvisada también sería un grave error. El macrismo logró instalar en los barrios centrales de Buenos Aires un vecinalismo activo, incapaz de formular conceptos ideológicos, pero con la suficiente decisión y expeditividad como para provocar pequeños cambios en el barrio, en los espacios acotados donde se mueve el vecino. La “militancia” de clase media del Pro se parece mucho a la de las viejas comisiones vecinales, hallaron un espacio allí, en la micropolítica, en la política de lo cotidiano, porque para las grandes ligas están Mauricio, Patricia Bullrich y otros nombres destacados, con sus negocios inmobiliarios millonarios y sus campañas bendecidas por los grandes medios.
Pretender que el Pro va a cambiar algo, por otro lado, también sería un error. Esta gente ya gobernó. Más allá de la diferencia entre el público que rodea un podio de Fórmula 1 y el que va a un show de Midachi, la formación de Del Sel no difiere mucho de la de Carlos Alberto Reutemann.

viernes, 10 de abril de 2015

sangre de reyes

A las disparadas, traduzco la nota en AVClub de Joshua Alston sobre Game of Thrones:
«El monumental drama épico Game of Thrones explota sus mejores materiales de los cambios de régimen, las variaciones en el poder que dominan el continente de Westeros y reclaman traiciones impactantes, alineamientos estratégicos y reveses de fortuna. Qué apropiado entonces que, en su quinta temporada, Game of Thrones navegue por su propio cambio de régimen. Así, el control sobre ese meticuloso ecosistema comienza a escapar de las manos de George RR Martin –el novelista cuya serie “Canción de hielo y fuego” inspiró la tira televisiva de HBO–hacia dos showrunners intrépidos, David Benioff y D.B. Weiss.
«Benioff y Weiss lograron meterse de a poco a la aclamada fortaleza de Martin mientras el escritor termina con la entrega de sus dos últimos libros. Así que las ansias que genera esta quinta temporada, cuyo primer episodio se estrenó en HBO el domingo pasado, no se veía desde el Y2K.
Imagen tomada de AVClub.

«Dadas las demoras de Martin en la entrega de su sexto libro, Benioff y Weiss discutieron cómo iban a arreglárselas para adaptar parte de los libros cuatro y quinto de la serie, “A Feast for Crows” (“Un festín para los cuervos”) y “A Dance with Dragons” (“Danza con dragones”) y, a la vez, asegurarse que los fanáticos vayan haciéndose a la idea de un Westeros post-Martin. Ahora que los guionistas despliegan su plan, su visión comienza a revelarse y los cambios que buscan introducir podrían hacer de Game of Thrones una serie mejor de la que vinieron produciendo hasta hoy, en la que se nota la devoción esclava al material original. Martin se enorgullece de su habilidad de hacer malabares con multitudes de personajes en mundos lejanos. Pero, mientras los libros permiten que los personajes evolucionen de modo independiente, los episodios de televisión funcionan mejor cuando hallan la manera de manejar sus personajes dentro del mismo espacio. 
«Aún continúa la batalla de los Siete Reinos, pero el ansiado Trono de Hierro se disolvió un poco en el trasfondo de la trama. Así que los esfuerzos por reclamarlo resultan hoy un hábito antes que una convicción. El recién coronado rey Tommen Baratheon (Dean-Charles Chapman) parece más dispuesto a acostarse con la oportunista reina Margaery antes que a sentarse en el trono poderoso, por mucho que le pese a Cersei (la magnífica Lena Headey). El enfoque sensible y despreocupado de Tommen en el gobierno de Westeros es un cambio discordante de ritmo, complementario al tema central de la serie, el del liderazgo ambivalente.
«Daenerys Targaryen (Emilia Clarke) enfrenta una crisis de liderazgo similar en Meereen, donde encuentra una resistencia inesperada tras la última parada de su gira por la emancipación de Essos. Daenerys anhela la corona, pero teme el resultado de acumular un poder demasiado grande para que pueda controlarlo. Después de forjar su reputación como la madre de dragones, Daenerys observa con impotencia cómo su rebaño de fuego sucumbe a sus instintos naturales destructivos, poniendo en peligro su lugar en un momento en que ya se ha enfrentado con una desgarradora encerrona en varios escenarios. De los que compiten por la corona, el único que parece no tener diversión alguna es Stannis Baratheon (Stephen Dillane) que se está preparando para un gran resurgimiento en El Muro (The Wall) y hace lobby con el reacio Jon Snow (Kit Harington) para contar con la ayuda de la Guardia Nocturna. (Hablando de Jon Snow, su participación en una “cena entre amigos” en “Late Night Show with Seth Meyers” –se puede ver en YouTube, aunque hasta el viernes no tenía subtítulos en español–, como parte de la promoción del lanzamiento de la quinta temporada es un hallazgo sencillo, brillante y desopilante).
«Mientras Westeros se presenta como el mismo campo de batalla brutal de siempre, los primeros episodios de la quinta temporada tienen un tono diferente y palpable al de las últimas temporadas. Con la traumática Boda Roja y sus baldazos púrpuras y catárticos en el retrovisor, la urgencia que alimentó Game of Thrones a través de la destrucción gradual de la Casa Stark y el reinado del malicioso Joffrey Baratheon está en gran parte ausente ahora que el show se reanuda. El estreno de la temporada se titula “Las guerras por venir” (“The Wars to Come”), un trozo de diálogo que también funciona como una promesa implícita para los espectadores: los contratiempos ocasionales en la primera tanda de episodios no son un índice completo de lo que la temporada de 10 episodios les tiene reservado. Y para que nadie piense que el espectáculo ha perdido su racha violenta, hay suficientes géiseres arteriales para satisfacer incluso la sed de sangre más insaciable. Un episodio especialmente sanguíneo culmina en una secuencia contundente de una larga batalla que no se acerca a la de Blackwater, pero sofoca cualquier preocupación sobre un Westeros más suave y amable.
«Game of Thrones sobresale entre las historias humanas traducidas a un mundo de fantasía, una habilidad que se refleja en su tendencia a construir a momentos que dejan sin aliento, como las nupcias fatales o la liberación de fuego de los esclavos de Yunkai que hizo Daenerys. Benioff y Weiss hacen el mismo programa pero con un ritmo un poco diferente, confiando más en el carácter sombrío y la interacción que en poner en escena la próxima masacre. La quinta temporada también está impulsada por la idea de los duelos de creencias religiosas, según el universo elaborado de Martin. Eso también es un gesto de buena voluntad hacia el grupo de fervientes admiradores, quienes rezan para que el espectáculo mantenga sus estándares de calidad sin Martin.»

Acá, en apóstrofe, sobre Game of Thrones:
También en "Leer series"

lunes, 6 de abril de 2015

libertad como elección o como decisión

Adam Kotsko anota "ociosamente" –según su adjetivo– los márgenes de El reino y la gloria, de Giorgio Agamben
Así lo leemos en su entrada de Semana Santa:
«La soberanía popular es trinitaria. El Padre es la soberanía popular como tal, que es la fuente de sus dos hipóstasis o actualizaciones: el Estado y el mercado. El estado es el Hijo, una realidad encarnada que con frecuencia está personificada, literalmente, en un individuo concreto (la cabeza del Estado). El mercado es el Espíritu Santo, una entidad más sombría que trabaja principalmente a través de efectos indirectos, la distribución de roles y regalos.
Esta Trinidad comparte una naturaleza divina única en la que todos manifiestan libertad, aunque cada uno a su manera particular. La soberanía popular representa la pura libertad, sin mediación y como tal: nunca puede ser actualizada por completo en el mundo finito. El mercado nos da la libertad en forma de elección, allí donde el Estado nos la ofrece en forma de decisión.»

lunes, 30 de marzo de 2015

ingeniero

Ya en sexto año del Politécnico, Tomás acudió la semana pasada a su primera entrevista de trabajo, según el plan de pasantías de la escuela. Lo hizo en una fábrica de productos eléctricos de Rosario donde fue admitido luego de una larga perorata de la persona encargada de entrevistarlo que comenzó la charla así: "Un país se hace con ingenieros, olvidate de los que escriben libros y se dedican a esas cosas". 
Construcción de la Torre de Babel por Athanasius Kircher (1679). Tomado de La biblia de los pobres.

Lo primero que le dijimos a Tomás es que nuestro hombre de la fábrica está en lo cierto: este y todos los países le deben más a ingenieros y proletarios que a mucha de la gente que escribió libros. Pero, de nuevo, la cuestión es desde cuándo aparece esa deuda. 
Entonces, es necesario de nuevo recurrir a la inevitable cita de Paul Valéry en su prólogo a las Cartas persas de Montesquieu: “El orden exige, pues, la acción de presencia de cosas ausentes, y resulta del equilibrio del instinto por los ideales.” “Mas las sociedades reposan, por el contrario, sobre las Cosas Vagas; al menos hasta ahora se han fundado en nociones y entidades bastante misterio­sas como para que el alma rebelde esté nunca segura de haberse desembarazado de ellas, y vacile en temer tan sólo a lo que ve. Un tirano de Atenas, que fue hombre profundo, decía que los dioses fueron inventados para castigar los crímenes secre­tos.”
Un país puede construirse a partir de la mediación de ingenieros y proletariado una vez que ciertas "cosas vagas"--en términos de Valéry-- comienzan a operar: la idea de una burguesía nacional (como en el primer peronismo), la de una nación (como en la Generación del 80) o la de una esencia telúrica nacional y su consecuente pacto de clases, como en la Vuelta de Martín Fierro, son algunas de las cosas vagas que generan realidades, recién entonces llegan los ingenieros. Una vez que las fuerzas simbólicas establecieron las necesidades simbólicas (no las básicas, sino las que ingresan en el discurso; las que permiten, por ejemplo, que un sector beneficiado por un régimen político se vuelva en contra de ese régimen porque cree que está más allá de ese régimen: el eterno conflicto del peronismo), los ingenieros encuentran su campo de acción y trabajo. 
Antes de que las gigantescas y erráticas movilizaciones de diciembre de 2001 encerraran a la clase política y la obligaran a reaccionar (camino en el que tuvieron que disciplinarse los gobiernos de Eduardo Duhalde y, luego, de Néstor Kirchner), un ingeniero era algo así como un taxista de lujo. En un país que había sucumbido al relato de las empresas de servicios y la eficacia privatizadora (la privatización del Banco de Santa Fe, uno de los mayores crímenes económicos santafesinos perpetrado por el ahora macrista Juan Carlos Mercier, le costó a la provincia mil millones de dólares de saneamiento, casi el doble de lo que les costó a dos narcotraficantes hacerse con el banco provincial, que las arcas provinciales terminaron de pagar hace poco más de un año), un ingeniero no tenía para hacer mucho más de lo que hoy puede ofrecer un asesor de márketing. 
Porque esa "acción de presencia de cosas ausentes" que menciona Valéry se gesta no en la acción específica sobre el mundo material, sino sobre el único mundo en el que realmente estamos inmersos de principio a fin de nuestra vida, el del lenguaje. Un mundo que, claro está, transitan los ingenieros, aunque muchas veces prescinda de su trabajo.
Por ;ultimo, para evitar citar literatura, acá un ejemplo de cómo nos movemos en ese peligroso mundo discursivo: la entrevista de Santiago O'Donnell a Julian Assange.

martes, 24 de marzo de 2015

como una milonga

A mediados de los 80, quien mejor cantó la depresión económica rural de los Estados Unidos fue un joven guitarrista que recién se conocía en Argentina, John Cougar Mellencamp. En su disco Scarecrow (“Espantapájaros”) incluyó un pequeño hit titulado “Small Town” (“Pueblito”), que además de glorificar la vida y la idiosincrasia pueblerina contra la de las grandes ciudades, decía: “Al fin y al cabo, todo lo que descubrí lo conocí en este pequeño pueblo”. En esa frase pienso cuando leo Como si fuera hoy, editorial El OmbúBonsai), la crónica de Osvaldo Aguirre sobre su infancia en Colón, en el norte de la provincia de Buenos Aires (a 175 kilómetros de Rosario).

Aguirre llegó a Rosario a estudiar Letras a principios de los 80. Al contemplar hoy el trabajo del autor (una obra poética que cruza cierta tradición campera con interrogantes contemporáneos; novelas, cuentos, libros de investigación histórica y periodística, además de su carrera en el periodismo policial y cultural y su trabajo al frente del Festival Internacional de Poesía de Rosario o el encuentro La Chicago Argentina) y compararlo con las historias de la primera juventud en esa pequeña ciudad bonaerense –como puede leerse en Como si fuera hoy–, las anécdotas adquieren la dimensión de una cifra: allá hizo su primer diario, que repartía entre parientes y amigos; las primeras participaciones en radio, las colecciones de historieta, los libros, en fin, el dibujo de un poblado en el centro de un mundo.
Como si fuera hoy se presenta este miércoles a las 19.30 en la Terraza de la Cúpula de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza). El periodista Perry Maison y el músico y cantante Ber Stinco (los dos también oriundos de pueblos a los que vuelven con frecuencia) conversarán con Aguirre. Stinco ejecutará algunas milongas que hasta ahora no tuvo oportunidad de llevar al escenario. “Junto con Franco Colautti vamos a tocar tres temas en formato de canción criolla–dice Stinco–: «El aguacero», de Cátulo Castillo y José González, «Ayer bajé al poblao», de José Larralde y una versión en milonga de «Club de campo» una canción mía, la que abre el último disco”.
Del folklore, a Stinco le gusta mucho la música surera, “la milonga de tierra adentro, de llanura, que se relaciona a la inmensidad de la pampa y la introspección de un hombre con una guitarra –dice–; Yupanqui, Larralde, Cafrune (que aunque pertenece a otra región siempre hizo música de llanura)”. Y agrega: “Me gusta cómo se relaciona con lo popular Horacio Guarany; las letras de sus canciones y su interpretación me remiten mucho a Johnny Cash. También encuentro una relación directa –tanto armónica como lírica y romántica– con el origen del blues en los algodonales, esa soledad del hombre con su guitarra y su lamento existencialista, el mismo de la milonga campera de nuestros pagos”.
La obra de Osvaldo Aguirre se multiplicó desde que publicara su primer tomo de poesía en 1992: relatos, novelas, literatura para niños y jóvenes, investigación periodística. Su poesía, una de las más particulares que produce su generación, está hecha de acontecimientos pequeños, precisos: la quema de un paraíso caído, la busca de un perro llamado General después de una tormenta en Navidad, cuando la familia estaba reunida en la casa del campo. Con los años, el autor acaso complejizó los temas; seguro, perfeccionó su forma: halló en la trama de esas historias hechas de voces oídas la carnadura de una mitología.

En Como si fuera hoy Aguirre desiste de algún modo de la autobiografía tal como se la concibe hoy. Antes, dialoga con su madre, con quien coteja recuerdos, impresiones tanto suyas como de la vida del pueblo donde vivieron, del campo de su abuelo entre Cañada Rica y J.B. Molina, de las cartas entre el padre y el abuelo, de la topografía que registra su memoria, dejando en suspenso la que fue. Prefiere, dice, no volver a esas calles que conoció su infancia: vivas están en el recuerdo. Recupera situaciones (la fascinación del abuelo por un Valiant, paisajes y nombres. El uso de los nombres en sus libros de poesía ya era magistral: el campo regado de las marcas y las cosas con que la civilización avanza sobre él, desde el Ford Fairlane hasta el matabichera Bayer. En este nuevo libro Aguirre enumera los apellidos, los nombres de clubes y calles y traza con ellos esa historia que también cuenta, desde el lenguaje, la apropiación de un lugar en la tierra, la conversión de un territorio en una tierra prometida.
John Cougar Mellencamp - small town by John Mellencamp on Grooveshark

viernes, 20 de marzo de 2015

banalidad de la tortura

En diciembre de 2014 el Senado estadounidense reveló una serie de informes sobre las torturas aplicadas por agentes de la CIA y otros organismos en el marco de la Guerra contra el Terrorismo durante la administración de George W. Bush. A partir de allí, el sitio Political Theology encargó artículos a algunos destacados académicos que quisieran debatir el asunto en términos cristianos. Aquí traduzco el de Paul W. Khan ("Speaking Power to Truth, or, The Banality of Torture").
  

Estuve escribiendo sobre la tortura durante la última década. ¿Acaso el reporte del Senado que se conoció en diciembre (sobre torturas durante la administración del ex presidente George W. Bush) revela algo que requiera la consideración de mi trabajo anterior?
Por cierto, no es una novedad que la administración de Bush, sobre todo en su primera parte, consintió en la práctica de la tortura. Como tampoco es novedad que esa práctica careció de todo éxito. Después de todo, en giro hacia la tortura fue engañoso, en parte porque hace rato sabemos que no es un método efectivo para conseguir información.
De hecho, la tortura se entiende mejor como una práctica no inquisitiva, sino comunicativa. La cuestión que interesa no es qué aprendimos, sino qué estamos transmitiendo. Ese mensaje fue entonces, y aún permanece siéndolo, controversial.
La tortura comunica la idea del poder sin las ataduras de la ley. La tortura nos interpela desde la perspectiva de la excpeción, y el significado de la excepción es siempre la de un valor supremo que hace una demanda infinita, una demanda que no puede ser limitada por la ley. La excepción, por tanto, no es necesariamente un estado real de amenaza a la existencia –aunque pueda resultar así–, antes bien es una perspectiva imaginaria que afecta a todo el orden político. De modo que desde nuestra posición imaginamos ese exterior dentro de una comunidad particular. Por lo tanto, la excepción es el acto por fuera de la ley pero por el bien de la ley. Así, la excepción es la base de la normalidad.
Esta doble perspectiva nos permite hacer una aseveración acerca del valor supremo del estado –nuestro estado, no la política en general. No podemos hacer eso mientras ocupemos un rol o apliquemos una regla dentro del orden político. De modo que la excepción no es la analogía moderna del milagro, un acto libre por fuera de la ley, que expresa un punto de vista divino, que expresa en simultáneo –interior y exteriormente– las relaciones de Dios con la creación. La excepción es un modo de imaginar la política como un producto de nuestra libertad. Después del 11 de septiembre de 2001 dotamos dotamos a la tortura de la estructura imaginaria de la excepción.