socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 25 de julio de 2016

porno republicano

Traduzco un artículo de Ernesto Londoño en el NYT.
La plataforma del Partido Republicano advierte que la pornografía se ha vuelto “una crisis de salud pública”. Pero los republicanos de base no parce que estén en situación de derribar esa gigantesca industria en breve.
Según xHamster, uno de los principales medidores de pornografía online, el tráfico de usuarios en Cleveland se disparó significativamente la semana pasada al tiempo que la Convención Nacional Republicana se puso en marcha. El público de pornografía en la ciudad creció un 184 por ciento comparado con su promedio anterior a la convención, superando así el tráfico que el sitio recibe de la gente de las grandes ciudades como Nueva York, Miami y Los Ángeles.
Imagen tomada de Fortune.

“Este incremento no tiene precedentes”, según dijo Mike Kulich, portavoz del sitio en internet. “Están haciendo al porno grande de nuevo”. (Una clara referencia al eslogan de Donald Trump: “Make America great again”; “hagamos a EEUU grande de nuevo”.)
No es la primera vez que xHamster se involucra en la política de los republicanos. Después de que en Carolina del Norte se aprobara una ley discriminatoria que prohibía a las personas trans usar los baños públicos de acuerdo con su identidad de género, el sitio web prohibió a los usuarios de ese estado el acceso al sitio por un día. Una vez que el acceso fuese restaurado, se exigía a los usuarios de Carolina del Norte que declararan en una ventana emergente que se oponían a esa ley como condición para acceder a los videos porno.
A principios de Julio, el sitio publicó un mapa con los principales términos de búsqueda en los estados que tradicionalmente votan por los republicanos. El que más prevalecía entre todos era “cornudo” (“cuckold”; nota del traductor: búsquese esa palabra en el buscador de imágenes de Google y se verá que no sólo significa “cornudo”, sino que sintetiza las fantasías de muchos hombres blancos de ver a sus esposas sodomizadas por un afroamericano).
El señor Kulich dijo que la compañía está analizando la publicación de los datos de los estados republicanos en un esfuerzo por “mostrar la hipocresía sobre lo que está pasando en este país”. Dijo también que la gente de la industria del porno no estaba preocupada por un derrumbre gubernamental, pero que si eso llegara a ocurrir, “un montón de gente quedaría sin trabajo y esos puestos deberían ser enviados al extranjero”.
En su comunicado de prensa acerca del tráfico generado en Cleveland durante la convención reublicana, desde xHamster subrayaron que Donald Trump se convirtió en uno de los términos de búsqueda más importantes porque las parodias porno de Trump se volvieron las más placenteras para la multitud. Otros términos populares en la búsqueda de pornografía en Cleveland durante la convención republicana de la semana pasada fueron “adolescente, cornudo y abuelita”.

jueves, 21 de julio de 2016

capitalismo vigilante

Oliver Stone presentó este jueves su film “Snowden” –protagonizada por Joseph Gordon-Levitt y a estrenarse en septiembre próximo– en la Comic Con que se realiza hasta el domingo próximo en San Diego, California. Allí calificó al juego virtual “Pokémon Go” como un “nuevo nivel de invasión” de lo que denomina “capitalismo vigilante”.
La Comic Con es una convención anual de actores y rarezas de la cultura popular que hasta hace poco reunía a representantes de los grandes estudios de Hollywood, interesados en estudiar tendencias y asimilar las nuevas ideas que no parecen prender con facilidad entre los más encumbrados directivos de la meca del cine. Sin embargo, en esta edición, los grandes estudios no mostraron mayor entusiasmo y, de hecho, casi no estuvieron presentes.
La presentación de “Snowden” estuvo a compañada de un panel en el que se discutieron las libertades civiles, la privacidad y el rol del gobierno en las vidas de los estadounidenses, según lo relevó un periodista de Deadline Hollywood. Es la primera vez que Stone se presenta en la convención y estuvo acompañado de varios de los protagonistas del film: Gordon-Levitt, Shailene Woodley y Zachary Quinto.
Uno de los momentos más álgidos del panel fue la discusión en torno a la creciente popularidad del juego para celulares “Pokémon Go”. Siempre con “franqueza” –según lo describe el periodista–, Stone manifestó los más intensas preocupaciones al reaccionar críticamente ante los excesos gubernamentales y de las corporaciones. “Es un nuevo nivel de invasión”, dijo y lamentó el “capitalismo vigilante” y la gigantesca busca de ganancias de las corporaciones que abusan de la tecnología desarrollada para espiar a los ciudadanos. “Honestamente –concluyó–, es lo que suele llamarse totalitarismo”.
Stone también presentó un nuevo tráiler sobre el film del hombre que filtró los secretos de espionaje del gobierno estadounidense y se asiló en Rusia. Edward Snowden, ex miembro de la NSA (National Security Agency: Agencia Nacional de Seguridad), fue calificado por Stone como “un héroe”.

miércoles, 20 de julio de 2016

niño comentarista

Con el niño estuvimos en Hoja de Ruta, en la Si98.9, para hacer nuestra columna Descarga selectiva. Allí hablamos de Stranger Things y el niño tuvo una participación especial de la que aún se siente orgulloso y puede escucharse aquí:



libros hasta el techo

La imagen de un lugar con libros hasta el techo siempre me fascinó. Recuerdo, a principios de los 90, haber entrado a la casa de Armando Vites, cuando aún vivía sobre Sargento Cabral, y deslumbrarme frente a las estanterías atestadas. Si los libros llegan hasta el techo requieren, además de la fascinación, cierta destreza física, el artilugio de la escalera, el método para su acumulación, porque nadie se sube a una escalera para tantear a ciegas la ubicación de un ejemplar.
Todo eso se me vino a la mente cuando entré al nuevo local de Oliva Libros, que mantiene su dirección en Rosario (Entre Ríos 579), pero debió trasladarse a un local contiguo y más pequeño y, por lo tanto, Natalio Rangone debió ingeniárselas para cargar las estanterías de libros hasta el techo.


martes, 19 de julio de 2016

los extraños 80

Esta es la trama de la serie de tevé: estamos a mediados de los 80. Hay un grupo de niños que se mueven en bicicleta en un pequeño pueblo del interior de Estados Unidos. Hay un ser con poderes que puede hacer volar autos. Hay un grupo del gobierno que lo persigue. Hay un secreto terrible que puede cambiarlo todo y agentes sin identificación que buscan a cualquier precio que se conozca. Hasta el lector más distraído se apura y exclama: “ET”. Bueno, sí y no. Sí, es un sentido homenaje al cine de Steven Spielberg –que ya tuvo sus homenajes de manos de uno de sus más fieles discípulos, J.J. Abrams, cuando rodó “Súper 8” en 2011–, pero también a todo un cine que cuenta entre sus cimas a “Cuenta conmigo” (Rob Reiner, 1986): las películas en las que un grupo de niños o jóvenes despertaban a la vida al tiempo que se terminaba el sueño americano.
Imagen tomada de Slate.

La serie se llama “Stranger things” –“Las más extrañas cosas”– y los ocho episodios de la primera temporada pueden verse en Netflix desde el viernes último. En ningún lado pudimos leer que vaya a haber una segunda parte, pero la escena final, en el octavo episodio, siembra una intriga que podría resolverse en una nueva temporada.
El primer episodio de la serie nos muestra a cuatro amigos de 11 años en el sótano de una casa de Hawkings, Indiana (un pueblo ficticio), en 1986. Juegan a “Dungeons & Dragons” (“Dragones y mazmorras”) el antecedente más directo de lo que luego fueron los juegos de rol, hasta que los tres invitados se despiden y encaran el camino a casa en bicicletas. Uno de ellos, Bill Byers, desaparece esa misma noche. Si bien tenemos una vaga idea de las circunstancias terribles de su desaparición, no es sino hasta el quinto episodio en que comprendemos lo que sucedió.
Influencia

Los hermanos Matt y Ross Duffer, encargados del desarrollo y la dirección de al menos seis de los episodios de la primera temporada de la serie, se encargan de dejar en claro, a través de diálogos que nunca se apartan de la trama, las influencias del relato: desde Stephen King (las conspiraciones y secretos del gobiernos que en 1986 aún libraba la Guerra Fría y desarrollaba armas secretas –por lo general biológicas o de destrucción masiva, aunque aún subsistía la leyenda del proyecto MK Ultra, con el que la CIA, a través de drogas como el LSD, pretendía desarrollar agentes con súper poderes mentales–) al J.R.R. Tolkien de “El señor de los Anillos” y “El hobbit”, que los niños invocan al pensar estrategias defensivas en la escuela a la que van, donde son acosados por un par de patoteros.

lunes, 18 de julio de 2016

la foto de los lunes


La foto de los lunes, que fue una página de Facebook y por suerte ahora es un libro de la fotógrafa Paulina Scheitlin (Rosario, 1979), nació del cruce de una libreta con frases de películas, libros, canciones, conversaciones, y fotografías descartadas de paisajes urbanos. Es decir, su lógica es la del reciclaje; su operatoria, la de la edición.
A Scheitlin no le parecían “serias”, por eso las descartaba. Pero una vez publicadas en la red social, observó que la gente se reía.
En 2012 la Editorial Municipal de Rosario lanzó una nueva colección de libros de fotografía (que venían a unirse y completar a los libros mayores del género: las imágenes de la Rosario decimonónica y las de mediados del siglo XX de Joaquín Chiavazza y Blas Persia). Editados por Lila Siegrist, los libros eran La noche, de Luis Vignoli, y El centro, de Scheitlin.
En “El centro” la fotógrafa recorría los rincones anacrónicos y menos glamorosos del centro rosarino. Aunque acaso no convenga devaluar el adjetivo “glamoroso”: una peluca exhibida en una vidriera, el mostrador de un hotel sin estrellas o un escaparate de un negocio de peluches muestran también cierto glamur, uno pretérito que llama a la risa, que es lo que sobreviene a la angustia por el paso del tiempo: descubrir en un recorte cotidiano una novedad envejecida, un objeto que fue bello y ya no lo es, perdió su lugar o convirtió al lugar en el que persiste en un lugar perdido.
De ese largo recorrido que hizo la fotógrafa tomando imágenes de el centro (no sólo el rosarino) surgieron las imágenes de La foto de los lunes: fotos que Scheitlin descartó en un primer momento, hasta rescatarlas de una carpeta en una computadora para exorcizar la monotonía del inicio de semana.
Este guiño, entre la angustia y el humor, se repite en La foto de los lunes.
De una trescientas fotos publicadas entre el lunes 25 de octubre y el próximo lunes 18 de julio a las 19, cuando se presente el libro en Mal de Archivo (Moreno 477), Scheitlin escogió alrededor de 150 para la publicación en papel.
Cada una, como en el post de la red social, va acompañada de una frase que suma sentido a la foto, la convierte a veces, en lugar de un retrato o una imagen aislada de un paisaje, casi en el fotograma de una película cuyo relato intuimos. Por ejemplo, la que inicia el libro, la primera –porque el orden es cronológico–, lleva una frase escuchada el sábado 23 de octubre de 2010 en un recital de Massacre. Allí, antes de comenzar con el recital, Walas, el cantante, lanzó: “Los hijos de padres separados le decimos sí a la inseguridad”. La foto que la acompaña es la de una ranita subida a un skate en un jardín de fantasía.
También, la frase de Oscar Wilde: “El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”, que titula unos pechos de mujer de plástico enmarcados en un corset pintado; el conjunto está envuelto en celofán y un pedazo de cartulina amarilla dice, en letras pintadas a mano con fibrón rojo: “Pechitos $ 7.00”.
Las letras, incluso las tipografías –como dice la misma Paulina Scheitlin– tienen su protagonismo en estas fotos. Como si en su vistosidad y rareza declararan, a propósito de la frase de Wilde: hay un misterioso silencio en lo que está escrito. 

lunes, 4 de julio de 2016

saer en su año

En el invierno de 2006, junto con Lucio Guberman, creamos y editamos la revista Lenta Prisa para la entonces Secretaría de Cultura del Gobierno santafesino. Allí pensábamos introducir cierto debate en torno a las políticas culturales y, también, señalar a través de lo que groseramente llamábamos dossiers, algunos temas que nos parecían destacables. Por ejemplo, en el primer número, el tema fue Juan José Saer, muerto un año antes y sobre quien el Ministerio de Innovación y Cultura lanzó hace muy poco un Año Saer que desde ya celebro.
Recupero acá dos de las notas que publicamos en ese dossier del primer número de Lenta Prisa. La entrevista que en 1993 hicieron a Saer D.G. Helder, Alejandro Rubio y Martín Gambarotta, con un texto ad hoc escrito por Helder como prólogo; y el fragmento de la entrevista que realizara en casa del autor, en París, en abril de 2005, Cecilia Vallina, quien tuvo la gentileza de entregarme el audio de esa conversación, que también se reproduce acá.
Ese dossier también incluyó un magnífico ensayo de Osvaldo Aguirre, quien acaso lo haga público pronto.


Imagen tomada de LaIzquierdaDiario.com.

Buenos Aires, marzo de 1993

Durante sus visitas periódicas al país, Saer paraba, en Buenos Aires, en casa de Juan Pablo Renzi y María Teresa Gramuglio, en el barrio de Caballito. Tras la muerte de Renzi, en mayo del 92, empezó a hacerlo en lo de otro santafesino, el cineasta Nicolás Sarquis, que vivía en un quinto piso de la calle Boulogne sur Mer, en el límite de Balvanera con Recoleta o, más popularmente, del Abasto con Barrio Norte. A vuelo de pájaro, un censo de las especies de árboles que pueblan esa última cuadra de Boulogne sur Mer indicaría, en porcentaje decreciente, la presencia del fresno, el ficus, el tilo y ese invento del Inta de los años sesenta: el sauce eléctrico.
Pero el talismán botánico de la cuadra, sin ninguna duda, es el último ejemplar de la vereda de los impares, antes de llegar a la avenida Córdoba. Se trata de un sauce (no eléctrico) crecido espontáneamente a partir de una vara que clavó el intendente De la Rúa junto al tallo de un fresno, de esto hace diez años (datos confirmados por la portera de un edificio). El fresno, por lo visto, no prosperó según lo planeado, pero subsiste como un tronquito lampiño al lado del robusto y majestuoso sauce que supera ya los ocho o nueve metros y cuyas ramas flexibles cuelgan sobre la vereda y los autos estacionados, así como las del sauce emblemático de Juanele se curvaban sobre el río “en busca del secreto sensible del paisaje”. Este no parece sauce criollo ni llorón, sino uno de esos híbridos naturales que se dan a orillas del Paraná, como si por delegación expresa del Litoral se irguiera en esa vereda porteña para rendirle homenaje al autor y al director de Palo y hueso.

sábado, 2 de julio de 2016

the westeros wing

Mi amigo Pablo Zini me envía, a propósito de las conversaciones que hemos tenido acerca de lo político en Game of Thrones, este artículo de The New Yorker que leo encantado y acá traducimos (recomendables también otros artículos de Nussbaum, sobre todo el que analiza a Vinyl y Billions en función de las grandes aseveraciones que lanzan las dos series).


En esta temporada de Game of Thrones, Tyrion Lannister –un enano picante con el ingenio de Oscar Wilde– cierra un acuerdo con algunos de los poderosos traficantes de esclavos en nombre de su jefa, la abolicionista y resistente a las llamas Daenerys, reina del desierto. Si están de acuerdo en cortar la financiación del golpe de estado tendrán siete años para eliminar la esclavitud. Los ayudantes de Tyrion, antiguos esclavos, lo objetan. "La esclavitud es un horror a la que hay que poner fin de una vez," le espetan. A lo que Tyrion devuelve: "La guerra es un horror al que hay que poner fin de una vez. No puedo hacer las dos cosas este día".
En ese fenómeno colosal, sangriento, deforme, agotador, de vez en cuando intoxicante que es Game of Thrones, algunas de las mejores partes suelen ser momentos como ese: seductoras y pequeñas meditaciones sobre la política que no estarían fuera de lugar en Wolf Hall (miniserie de la BBC sobre el ascenso al poder de Thomas Cromwell en la corte de Enrique VIII), si Wolf Hall tuviese zombis de hielo, o Veep, si Veep ofreciera bebés devorados por mastines. La temporada 6, que terminó el domingo pasado, con la celebración y la furia de costumbre, con los memes virales habituales, y con cuerpos mutilados, se sintió perversamente relevante en este año electoral. Fue dominada por los debates sobre la pureza versus el pragmatismo; las luchas de las candidatas femeninas en un mundo manejado por hombres; dinastías familiares con historias espantosas; y surtidos pactos con varios demonios. Seguro que George RR Martin no tenía intención de que su exitosa saga de libros fantásticos, ambientados en el Poniente (Westeros) feudal (que no he leído y, seamos sinceros, probablemente ya no lea), resultara un texto alegórico para los votantes de Estados Unidos en 2016. Pero eso es lo que se consigue con los modernos dramas de pasillo, que tan a menudo funcionan como un Esperanto estético que nos permite hablar de política sin pelear en torno a las noticias.
Por cierto, la televisión gastó muchos años ayudando a los espectadores a imaginar cómo podría resultar elegir a Barack Obama presidente: en programas tan distintos como el ultra-liberal The West Wing y el neoconservador 24, vimos presidentes masculinos negros o latinos, a menudo heroicos y con autoridad. (En The West Wing, el muy piola y advenedizo Santos está explícitamente basado en el joven Obama.) Hillary Clinton no tuvo precisamente la misma fanfarria ficcional. Con unas pocas excepciones, como Madame Secretary, en la CBS, los personajes inspirados en Hillary en los dramas contemporáneos, desde Mellie Grant a Alicia Florrick y a Claire Underwood, bien pueden haber sido financiados por el RNC (Comité Nacional Republicano por sus siglas en inglés): en sus mejores versiones dibujan princesas de hielo; en las peores, reinas de hielo corruptas. Esta temporada de Game of Thrones –la primera en salirse por completo de los libros– expande el paladar y provee una gama extrañamente fascinante de conquistadoras femeninas, suficientes como para encajar en todas las actitudes e ideologías.

jueves, 30 de junio de 2016

comerse al ídolo

El “episodio Messi” en la Copa América que terminó el domingo pasado (la no conversión de goles, el penal errado, las declaraciones del 10 de que dejaba la selección nacional) generó innumerables comentarios, reclamos y artículos.
De esa verborrágica marea rescatamos las palabras del ex arquero de Independiente y periodista deportivo Norberto Ruso Verea. Con su lucidez y desempacho habitual, Verea esquiva los lugares comunes y dibuja el contexto en torno al episodio. Lo hizo en los micrófonos de radio AM 750, en el programa que conducen Claudio Villarruel y Bernarda Llorente de 14 a 16.
Las comillas encierran las palabras que Verea ensayó anteayer a la tarde, sin otro guión que el de sus convicciones (a través del código QR se accede a la entrevista en Radiocut).
«Las razones futbolísticas te llevan a hacer un análisis que tendría que ser serio y cada vez lo es menos, en esta cultura del resultado, el resultado todo lo allana, en el resultado no se discute. Entonces tenemos problemas grandes, hace mucho en la Argentina hemos perdido la consistencia para poder ser serios y analizar lo que pasa. La Argentina terminó jugando una final de la Copa América con cuatro volantes centrales: Mascherano como último hombre, Kranevitter, Biglia de un lado y Banega del otro. Era una decisión del entrenador tener y acumular muchos volantes. De buen manejo, de buen paso, de buen pase, pero de no tanta profundidad. En los países de Europa, los que van por afuera son realmente profundos, son incisivos, penetrantes, complicados. Nosotros, salvo cuando Di María juega para la selección, no para Deportivo Di María, Gaitán que lo había hecho muy bien y se lastimó, los marcadores de punta nuestros acompañan, no son esos marcadores penetrantes, realmente peligrosos. Yo creo que Chile no se animó a ganarle a Argentina. ¿Por qué? Y, porque enfrente está Argentina que tiene a Messi, que en cualquier momento te puede hacer un desastre. El problema es que jugando como jugó Argentina, con tanto desgaste y tanto volante, y tan poca agresividad, no cruzando la mitad de la cancha durante los 90 minutos, o cruzando como Messi, en un acto heroico que salía gambeteando a todos y no se podía: lo marcaban de a cuatro, cinco y terminaba ahogado. Cada vez que intentó asociar juego se encontró con que todo lo que tenía que hacer tenía que hacerlo para atrás. Y ahí es donde tenemos que analizar seriamente lo que nos pasa. Porque después vinieron lo penales y Messi le apuntó al Empire State, porque dejó de ser Messi. ¿Y por qué deja de ser Messi? Porque va a patear pensando que va a estar sometido a la crueldad del más ignorante, pero no sólo dentro de los medios sino afuera, porque sabe que va a patear un penal y unos días antes de empezar la copa Maradona buscó asociarse a Pelé para tratarlo de no-líder. ¿Ahora tiene (Maradona) de cómplice a Pelé cuando lo criticó y lo destrozó toda la vida? Antes de la final Maradona dijo que no venga. Entonces entendamos que todo esto pesa. Ahora, me decís: un tipo que en el Barcelona metió 50 mil goles, finales contra el Manchester United, contra la Juventus… Sí, pero tenés que volver a tu país y el que te alcanza la valija te dice: “Pibe, tenés que meter un gol acá, ¡eh!”
Imagen tomada de Perfil.



domingo, 26 de junio de 2016

vinos buenos y baratos

Para RosarioPlus

Hace dos años, cuando se casó en su pueblo (a unos treinta kilómetros de la frontera de Córdoba con Santa Fe), mi amigo Ene debía comprar un vino para la cena de la fiesta. Su criterio, según lo confesó abiertamente, no era comprar algo bueno y barato, sino una marca reconocida que dejara satisfecho al neófito que, si bien podía no saber de vinos, vería en la mesa un producto con su debida publicidad en televisión. Eligió un vino con un nombre propio cuya propaganda repetía el consabido sonsonete del padre exigente y el hijo ya crecido y obediente. Hoy cuesta 77 pesos.

Miguel Brascó, quien además de poeta, escritor y humorista era un excepcional especialista argentino en vinos (a diferencia de los personajes de la publicidad, tenía narizota de bebedor y una papada importante en la que recostar su risa cuando le causaba gracia las pretensiones de algunos vinos), decía que era fácil tomar buenos vinos si se pagaban unos 200 pesos por botella, y que en el paíshabía vinos lo suficientemente buenos como para pagar cuatro veces menos. Entender de vinos, según su criterio, también servía para cuidar el bolsillo.
Con esa idea salí a algunas vinerías a buscar vinos que satisficieran el paladar y no causaran más estragos en los enflaquecidos ingresos.
Pepe, uno de los vendedores de la tradicional vinería de SanLorenzo y Presidente Roca, recuerda que Brascó es el autor de la letra de “Santafesino de veras”, entre otras cosas. También cuenta Pepe que el  criterio de mi amigo Ene es bastante frecuente, aunque no lo recomienda. Me lleva entonces a un rincón del local, una estantería sobre la pared que da a San Lorenzo, y me muestra varias botellas de vino: ninguna supera los 70 pesos. Todos son mejores que ese que tomaron los comensales del casamiento. “Mucho mejores”, dice Pepe.
El secreto es que se trata de bodegas pequeñas, con nula o muy escasa presencia en supermercados y se consiguen en vinerías.


Marca

hacerse los rulos con game of thrones

Para RosarioPlus

Game of Thrones culmina su sexta temporada este domingo. "Tranquilos, el brexit sólo va a desestabilizar los mercados, no la serie", titulaba este viernes una nota de AVClub.com. Su autor se refería a un comunicado de HBO en el que aclaraban que, aunque Gran Bretaña decidió salirse de la Unión Europea, la medida no afectará la producción de Game of Thrones.
Está confirmado que habrá dos temporadas más, de seis y siete episodios.
Mientras tanto, sitios como el ruso Coub.com, que permite hacer loops (una suerte de gif pero de video de escenas tomadas de YouTube o subidas ex profeso, a las que se les agrega música o audio), ofrecen una vasta gama de escenas de los últimos episodios de la sexta temporada.
Ojo para los más papanatas, hay spoilers (aunque sabemos que una buena serie es capaz de bancarse cualquier spoiler).
Por ejemplo, Igor Glodkoborodov convierte esta maravillosa escena del quinto episodio en una publicidad de campaña política al estilo Donald Trump (en lugar de "Hagamos América grande de nuevo", propone "Hagamos a los Targaryen grandes de nuevo"):


Pero también está este hermoso loop sobre la canci{on "Quién dejó salir los perros" (Who let the dogs out) que nos cuenta ya bastante de lo que sucedió en el penúltimo episodio con Lord Bolton:


Como alguna vez dijo el ensayista estadounidense Lev GrossmanGame of Thrones es El señor de los anillos después de la Guerra Fría. Pues bien, a Golovnogo Mozga se le ocurre este cruce entre una y otra, con una escena de la segunda película de la saga de Tolkien y el episodio 9 de la sexta temporada de Game of Thrones

sábado, 25 de junio de 2016

the end of the world

Percibo esta canción (es de 1968) como un "fin de mundo": aquí está ese tono en el que se añora lo que ya no va a suceder. Bowie, de algún modo, canta allí.
La versión de Faith No More refuerza esa idea y la hace explotar en un mundo que pertenece, justamente, a otro mundo.


viernes, 24 de junio de 2016

brain dead

Comentamos en @HojaDeRuta (Sí 98.9BrainDead, la serie de los creadores de The Good Wife (producida por Ridley Scott), una mezcla de sátira y ciencia ficción que homenajea también a cierto cine clase B, desde Invasion of the Body Snatchers a Mars Attacks.


loops of thrones

Game of Thrones culmina su sexta temporada este domingo. Está confirmado que habrá dos temporadas más, de seis y siete episodios. También avisaron desde HBO que no hay de qué preocuparse con esto del Brexit: sólo los mercados corren el riesgo de derrumbarse, la serie no será afectada por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.
Mientras tanto, exploramos el canal de Igor Gladkoborodov, entre otros, en la fabulosa plataforma rusa Coub (para hacer loops de video tomados de YouTube y otros sitios).


jueves, 23 de junio de 2016

el otro lado

En 1986, en el primero de los cuentos de Historias desaforadas, "Planes para una fuga al Carmelo", Adolfo Bioy Casares  vuelve a visitar el universo de su novela Diario de la guerra del cerdo a 34 años de su publicación original. En el cuento, entonces, un profesor llamado Félix Hernández, se sorprende y se dice: “Últimamente me dio por hablar solo”. La misma frase repite Isidro Vidal, protagonista de la novela, como una letanía que pretende ahuyentar con un golpe de conciencia el anuncio de la vejez. Pero, a diferencia del Diario –donde los jóvenes persiguen y asesinan a los viejos–, en "Planes para una fuga" Hernández tiene una alternativa (la Argentina, en ese universo, logró erradicar la vejez exterminando los viejos): fugarse al Uruguay, donde suprimieron la muerte y está lleno de viejos, a quienes los jóvenes argentinos ven con espanto, como una infección.

"Planes para una fuga" fue lo primero que me vino a la mente cuando leí La uruguaya, la novela de Pedro Mairal (que me recomendara mi amigo Dabove) a quien leo con fascinación desde hace ya más de una década. Es decir: el Uruguay como ese otro lugar. Lo dice el mismo autor en sus páginas: "el Uruguay como lado B del Río de la Plata", una Buenos Aires sin peronismo (de hecho, en Amalia Montevideo es la orilla sin Rosas).
Copio parte de la contratapa: «“Como en los sueños, en Montevideo las cosas me resultaban parecidas pero diferentes. Eran pero no eran.”
«Lucas Pereyra viaja a Uruguay en barco por el día a buscar dólares. Son tiempos de restricciones cambiarias. Tiene ya arreglado un encuentro secreto en Montevideo, pero sus planes pueden fallar.
«Encandilado por el recuerdo de un verano anterior y agobiado por un matrimonio que se resquebraja, sueña con escaparse y no volver. ¿Con quién se va a encontrar? Montevideo, esa ciudad idealizada por la distancia, se volverá impredecible.»
Acá el comentario que hicimos esta tarde en radio de la novela, sobre la que volveremos: 


jueves, 16 de junio de 2016

té con leche

El niño toma té con leche, pero con la leche fría. El problema es cómo lo interpreta el mozo o la moza del bar.
Aunque se lo expliquemos la opción es siempre la que por defecto trae la muchacha en su rígido.
Por ejemplo, la señorita del bar de Alberdi y JJ Paso trajo la taza con leche fría y el sobre de té aparte. Le dije: no, el té no se hace en leche fría, hay que hacerlo primero en agua hirviendo y agregarle la leche fría. Se llevó la taza, calentó la leche con el pico del vapor de la cafetera y le metió el saquito.
En fin, el tostado al menos estaba muy bien.

miércoles, 15 de junio de 2016

de "game of thrones" a "westworld"

La serie Game of Thrones cobró un nuevo ímpetu en la sexta temporada en curso, celebrado por los críticos de Deadline, por ejemplo, pero no tan aplaudido desde un sitio más exigente, como AVClub. Es que el creador de las novelas Canción de hielo y fuego, en que se basa la tira televisiva de HBO, George R.R. Martin se tomó mucho más del tiempo estipulado para terminar su sexto libro de la saga y dejó las manos libres de los guionistas de la serie. Así, según coinciden muchos, los arcos narrativos de los personajes tienden a resolverse con una celeridad mayor a la mostrada en las dos temporadas anteriores, de una llanura pampeana en el desarrollo argumental. El último episodio (octavo en esta temporada) “No one” –nadie– es un juego en espejo de varios de los personajes centrales: Ayra Stark, que debe escapar de la secta de asesinos a la que se unió jurando ser “Nadie”; Cersei Lannister, la reina regente o madre que es relegada al lugar de nadie en la corte, y su hermano y amante, Jamie, quien debe decidir quién es el juego de la guerra y el poder.
Game of Thrones es también fuente de inspiración para los creadores de Westworld, también de HBO y una de las series más esperadas del año, basada en la película de ciencia ficción de 1973 protagonizada por Yul Brynner y escrita y dirigida por el finado Michael Crichton.

viernes, 10 de junio de 2016

devórame otra vez

Con la televisión on-demmand (suscripción vía internet) y la posibilidad de acceder a series completas, aparecieron los televidentes que se dan atracones de cinco temporadas o más en pocos días. Pero ¿cuán pocos? ¿Cuánto lelleva a un “devoto” devorarse las cinco temporadas de Breaking Bad? La respuesta –o parte de ella– puede leerse en una nota publicada el miércoles pasado en The New York Times, en la que John Koblin entrevista a Cindy Holland, vicedirectora de Netflix, donde estudiaron el comportamiento de sus usuarios. 
De acuerdo al estudio que se desarrolló en Netflix, los usuarios suelen terminar la primera temporada de una serie en una semana. Es una audiencia que dedica una importante cantidad de tiempo: están frente a la pantalla alrededor de dos horas al día.
Desde Netflix difundieron el informe el último miércoles luego de rastrear en su base global de usuarios cómo miraban las primeras temporadas de más de cien de las series televisivas que ofrece el servicio en el lapso de los siete meses pasados.
“Finalmente, luego de estudiar tres años los lanzamientos de series originales –señaló Holland, tal como publica el New York Times– y tras nueve años de trasmitirlas por streaming, podemos identificar algunos patrones”.
En Netflix ya habían estudiado los atracones de series (“The binge watch, it happens!”), con el nuevo análisis intentan distinguir patrones diferentes según la serie, de acuerdo a las declaraciones de Holland.
Al rastrear promedios, la búsqueda reveló que algunos shows se consumen con mucha velocidad, mientras que otros son vistos con una urgencia algo menor. Los que vuelven al televidente más sediento son las sagas de horror y los thrillers. Los que les llevan más tiempo son los dramas políticos y las comedias sofisticadas.
A continuación, el artículo hace una lista de las tendencias identificadas por el estudio de Netflix entre quienes encaran primeras temporadas:

Los atracones más vertiginosos

La cantidad de tiempo promedio de un usuario para terminar una temporada es de cuatro días. La cantidad de tiempo dedicado cada día es de alrededor de dos horas y media. Los géneros: horror, thrillers, ciencia ficción.

Los ejemplos: Breaking Bad, Sons of Anarchy, The Fall, The Walking Dead, American Horror Story, Orphan Black.

jueves, 9 de junio de 2016

adolfo prieto

El 11 de junio de 2005 Juan José Saer moría en París y acá en Rosario, como estaba al frente de un suplemento de cultura (sí, la cultura siempre es suplementaria, como decía Florencio Escardó), me vi en la obligación de escribir algo al respecto. Como había leído poco a Saer y saltando de una obra a otra: encantado con El río sin orillas o Cicatrices, fastidiado con sus ensayos de El concepto de ficción o los relatos experimentales, pensé que podía salvar mi ignorancia recurriendo a alguien que no sólo conociera su obra sino que lo conociera personalmente, al punto de que una de sus obras, El limonero real, le había sido dedicada.
Gracias a la mediación de su hijo Martín, me entrevisté una tarde de junio de 2005 con Adolfo Prieto. Debo decir antes que había conocido a Adolfo una noche de principios del verano de 2000, cuando una lectura de poesías me dejó en el incómodo lugar frente al micrófono y, a él, entre el público.
Había leído, entre sus libros, Los viajeros ingleses y la emergencia de la literatura argentina, que el Fondo de Cultura Económica había publicado a mediados de los 90.
Prieto había pertenecido –para mí, y hasta que lo conocí– a esa exquisita entelequia de los críticos argentinos formados en una etapa en la que se refundaba lo que hoy conocemos como literatura argentina (que excede, desde luego, los intereses literarios: sus Viajeros ingleses es a tal punto un  clásico que cualquier lector más o menos informado puede leerlo como un repaso de conceptos que, sin embargo, se formulan allí por primera vez), es decir, la configuración de un mapa de lo argentino que recorre no sólo zonas y fronteras, sino también filiaciones. Un país es un territorio simbólico cuyos padres y su descendencia se vuelven muchas veces objeto de discusión.

Imagen tomada de Diario La Provincia.

viernes, 3 de junio de 2016

la historia del fin

En 2013, cuatro años después de publicar su libro Realismo capitalista, Mark Fischer escribía en un artículo para la revista Strike: “El realismo capitalista podría verse como una creencia, la de que no hay alternativa al capitalismo, de que, como lo señaló Fredric Jameson: es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Hay otros sistemas que pueden preferirse al capitalismo, pero éste es el único que resulta realista. O puede verse como una actitud resignada y fatalista de cara a la sensación de que todo lo que podemos hacer es hacernos a la idea de que el capitalismo lo domina todo y limitar nuestras esperanzas a la contención de sus peores excesos. Sería, antes que nada, una patología de la izquierda, nunca mejor ejemplificado que en el caso de los nuevos laboristas. Al fin y al cabo, lo que nos aporta el realismo capitalista es la eliminación de la política de izquierda y la naturalización del neoliberalismo.” (La traducción al español puede leerse acá.)
Celebrado por Slavok Zizek y otros intelectuales, el libro de Fisher es acaso el más inteligible y el más cruel de los diagnósticos sobre eso que llamamos neoliberalismo, no sólo como sistema económico, sino como representación del mundo o, mejor, representación de un mundo que ya no nos pertenece. Del mismo modo que se repite a coro –la imagen es de Hernán Ronsino– que era inevitable la actual fabricación de una crisis argentina que sólo pagarán los trabajadores y sectores medios, que no hay alternativa, lo que da al millonario Mauricio Macri y su gavilla vía libre para seguir acumulando capitales en paraísos fiscales.

El realismo capitalista, a diferencia del socialista (al que alude el título), no necesita ser propaganda. Se trata, como advierte temprano Fisher, de “un giro de la Fe a la estética y del compromiso al espectáculo”. El autor recorre varias escenas de la contemporaneidad para señalar esta fantasía organizada según la cual no hay alternativa al modelo de exclusión y páramo que trae el neoliberalismo: desde los jóvenes de los terciarios y secundarios ingleses –de los que Fisher fue docente–, donde observa una “hedonía depresiva” (incapacidad de sentir placer y a la vez, incapacidad de hacer otra cosa que buscar placer) hasta los tratamientos de enfermedades mentales, reducidos a la química de las farmacéuticas, que aíslan al paciente.

sábado, 28 de mayo de 2016

las series de la cia

El currículum de John McLaughlin (Pennsylvania, 1942) podría leerse como el de un alto ejecutivo aplicado, cuyo desempeño incluyó numerosas capacitaciones y estudios, así como el trabajo en equipo con personas calificadas. Es más, nuestro amigo McLaughlin comenzó su carrera en el terreno de las artes, lo que señala también su buena base cultural. Es cuando nos enteramos de que el buen John fue varias veces director (interino y adjunto) de la Central Intelligence Agency (CIA) cuando percibimos una ligera interferencia. Porque, sin dejarnos llevar por la ideología y, menos, por las fantasiosas proezas de ciertas películas, convengamos que lo que todas las ficciones dan por hecho (pongamos el último James Bond o Jason Bourne) es que el manejo de la inteligencia significa el manejo de vidas, es decir, de las personas y sus cuerpos. No tenemos por qué no creerlo.
Bien, sin embargo nuestro colega Neil Parmar, de Ozy.com, dejó de lado estos reparos y consultó a McLaughling sobre tres series que están en carrera y ponen en escena con cierto realismo dramático el trabajo de los oficiales de inteligencia de la principal potencia mundial, los Estados Unidos.

House of Cards

La primera serie que nuestro hombre de la CIA analiza con Parmar es House of Cards (cuatro temporadas de trece episodios disponibles en Netflix) ¿Cuán fieles a la realidad son esas sesiones de informes con el presidente Frank Underwood?, pregunta el periodista. “Son bastante realistas”, dice McLaughlin, quien, como ex director adjunto y director interino de la CIA, informó al menos a cuatro presidentes –de Ronald Reagan a George W. Bush. “Una reunión informativa real tiene lugar en el sótano de la Casa Blanca, pero en este caso lo que se ve es sólo un fragmento de tensión dramática de la reunión, ya que si se presencia todo el asunto sería como ver secarse la pintura.”