socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

miércoles, 1 de julio de 2015

heroínas seriales

Para RosarioPlus


El jueves 18 de junio el canal ABC puso al aire el demorado estreno de una serie que transcurre en los primeros años 60 y trata, básicamente, sobre la propaganda. No, no es Mad Men –que por su propio bien terminó hace un mes–, sino The Astronaut Wives Club ("El club de las esposas de astronautas"), que cuenta la historia de las mujeres que acompañaron a los primeros pilotos al frente de la carrera espacial de Estados Unidos. La impecable recreación de esos años, que de algún modo compite con el diseño de estudio ensayado en Mad Men, es la protagonista indiscutible, al menos del primer episodio. Nuestras "primeras damas del espacio" –como se las define en una escena– son el costado humano de una sociedad llamada matrimonio que en 1962 necesitaba demostrarle al mundo que América era capaz de poner a un hombre en órbita después del astronauta ruso Yuri Gagarin.
Pensábamos que The Astronaut Wives Club (TAWC) iba a poner en escena la grieta que entonces comenzó a visualizarse entre el protagonismo masculino y el femenino. Pero no, apenas si vemos los deseos que comenzaban a manifestar aquellas primeras reinas espaciales (además de secretos que, como en la frase de Oscar Wilde, "ocultan lo que no vale la pena descubrir").
Una predicción de J.G. Ballard del año 1982 acaso nos ponga en órbita para el argumento de estas líneas. Decía el autor de Noches de cocaína: "En el futuro todo el mundo vivirá adentro de un estudio de televisión. Eso es a lo que aspira el ámbito doméstico en estos días: la casa va a transformarse en un estudio de televisión. Todos vamos a ser protagonistas de nuestras propias series, y serán series muy extrañas, como el interior de nuestras cabezas". Ballard, como muchos otros, hablaba de la domesticación del mundo, no sólo porque los grandes espacios y la "aventura" (entendida como relato épico de la experiencia) se redujo al relato de los grandes medios, sino porque lo doméstico va camino a convertirse en el espacio único; lo demás es territorio "zombie": los seres analógicos cuyo único objetivo es saciar necesidades básicas.
En ese contexto, las heroínas de las series contemporáneas emergen en el mundo como una suerte de vestales romanas y modernas: activas, hermosas y locas, como Carrie Mathison (Claire Danes) en Homeland, mantienen encendido el fuego de un hogar que los hombres hace rato abandonaron. Mientras los hombres, como Nicholas Brody (Damien Lewis) en esa misma serie, dudan, se retuercen moral y psíquicamente, y abandonan una y otra vez el hogar (Brody es el paradigma: no sólo traiciona y destroza la seguridad de la patria interior –la Homeland–, también la de su casa). La mujer, como Carrie pero también la Elizabeth Jennings (Keri Russell) de The Americans son las únicas que saben cómo mantener el fuego encendido, saben a dónde pertenecen y ese saber les permite, sobre todo, contar la historia.
Que sólo la mujer (no “las mujeres”) es capaz de crear mundos, de restituir en éste su don de maravilla, de construir sobre el desierto de la ley paterna un oasis donde impera la Belleza, la Justicia y el Amor (que son los ideales platónicos), que la mujer es la única a la altura de ese llamado es lo que de alguna forma vienen a decirnos las últimas y mejores series. O, por lo menos, las que preferimos.

tiranía de la palabra

Este jueves a las 19 en el restaurante Bajada España (avenida Wheelwright y España) la editorial rosarina Baltasara presenta el libro de relatos Nueva tiranía de la escritura, de Matías Piccolo. El autor, acompañado por el escritor Sebastián Bier y la editora Liliana Ruiz dialogarán sobre el libro.

Piccolo (Rosario, 1974) ensayó la crónica en Contorno Don Bosco, un magistral librito de la colección Naranja de la editorial  Municipal –relata el recorrido por las manzanas alrededor del colegio San José y describen una topografía particular: un desvío en pleno c entro de Rosario. Estudió Letras y formó parte del grupo de la revista RIEL, que entre 2003 y 2006 elaboró algunos de los  tópicos más intensos sobre la literatura de Rosario (fue la primera revista en abordar la prosa de Fontanarrosa desde un punto de vista no afectivo.
Amigos de Piccolo –o, por lo menos, compañeros en publicaciones de ensayo y ficción– también transitaron esa zona del Don Bosco, esa periferia “interior” de uno de los puntos neurálgicos de la ciudad (por ejemplo, Agustín Alzari en La solución o Diego Giordano en Inédito). Los relatos reunidos en Nueva tiranía de la escritura, como no podía ser de otro modo, oscilan entre el cuento y el ensayo, entre la conversación y la elaboración escrituraria: no quieren convencer al lector de meterse en otro mundo que no sea el de la escritura misma. Y lo logra porque acaso no hay paisaje más intenso que el trae la misma palabra.

miércoles, 17 de junio de 2015

la serie sensible

Ocho extraños de ocho ciudades del mundo distintas se conectan de repente y sin buscarlo. Esa conexión no sólo les permite sentir lo que otra persona percibe del otro lado del planeta, también le son transferidas sus habilidades. Como Sense8 es una serie de los Hermanos Wachowski, las habilidades transferidas suelen ser la destreza para la pelea.
Decir que esta es la primera serie de los Wachowski sería un error: también Matrix (1999) fue parte de una serie que comenzó muy bien y le permitió al filósofo esloveno Slavoj Zizek multiplicar ensayos sobre cine y psicoanálisis a partir de la ya célebre frase “Bienvenidos al desierto de lo real”, que definiría el ataque del 11 de septiembre de 2001 y el raíd bélico que comenzó con él; además de la crisis de 2001 en Argentina, que desnudó el saqueo criminal de la deuda externa que la dirigencia política y económica había sostenido hasta entonces, sometiendo a la gran mayoría de los argentinos a una imagen muy parecida a la que exhibía Matrix sobre la humanidad: la reducción de los seres humanos a larvas proveedoras de energía mientras sueñan una vida que les fue arrebatada.

Pero la segunda y tercera parte de Matrix fueron una especie de placebo: fuimos a verlas esperando encontrarnos con algo que ya nos habían entregado.
Hace unos meses los Wachowski estrenaron Jupiter Ascending (“El destino de Júpiter” en Latinoamérica), que la crítica calificó en un brutal “descending”. Poco después se conocía que Netflix estrenaría el 5 de junio pasado Sense8 –una primera temporada de 12 episodios que se pueden ver “on demand” o en “streaming” a través del canal de internet.
Jupiter Ascending, según pudimos ver, fue una especie de The Matrix pero á la Walt Disney, más edulcorada: lo que Matrix tuvo de fascinante fue la cercanía siniestra con el mundo, el hallazgo de una desoladora, impronunciable realidad del otro lado del espejo que reforzaba la idea del escritor británico J.G. Ballard, quien a fines de los 60 predijo: “En el futuro el planeta más extraño será la Tierra”. En cambio, Jupiter vino a plantear más o menos lo mismo que Matrix pero con extraterrestres: seres casi inmortales y poderosos que poseen planetas y arman y desarman a piacere la escenografía urbana, disponen de las vidas de los humanos y así. Sin embargo, entre los humanos hay una elegida destinada a traer el equilibrio en el universo.

Obsesión

La serie Sense8 recoge, claro, las obsesiones de Andy y Lana Wachowski sobre lo que podría llamarse la “evolución” de la humanidad, su mutación hacia seres dotados de otras capacidades en relación a lo espacial y lo temporal que no son otras, a fin de cuentas, que los viejos dones angélicos: poder sobrehumano, comunicación más allá de la lengua, ubicuidad.
Como si hubieran tomado nota de las críticas que recibieron algunas de sus películas –que sus tramas son demasiado complejas, que acumulan mucha acción, etcétera–, los Wachowski anduvieron con cautela en el desarrollo de Sense8. De hecho, toda la primera temporada es el moroso descubrimiento de la interconexión entre los personajes: un policía de Chicago, un conductor de minibús de Nairobi, un ladrón de cajas fuertes de Berlín, una DJ nacida en Islandia que vive en Londres, un actor de México que encarna la virilidad latina y oculta su sexualidad, una hermosa muchacha de Bombay, una joven de Seúl que es ejecutiva de día y luchadora de artes marciales por la noche y una hacker de San Francisco que también es gay. El nexo se realiza a través de Angélica, quien se da muerte al comenzar la temporada y está interpretada por Daryll Hannah. La secunda Jonas, quien se conecta también con los “sensates” (por “sense-eight”, en inglés), encarnado por Naveen Andrews –el Sayid de Lost–, y ayuda a nuestros héroes a huir del tenebroso Whispers, quien quiere cazarlos para asesinarlos.
Sí, es como un cuento de hadas moderno: nuestros héroes son sobrenaturales pero también actuales, la corporación que les da caza tiene alcance global y se oculta tras la fachada de una ONG científica, la empresa de la ejecutiva coreana lavó activos en operaciones financieras, la diversidad sexual o la libre elección de la orientación sexual, y así.

Pulp culture

Sin embargo, hay varias cosas para rescatar de la serie. Para empezar la presencia de James McTeigue (director de V de Vendetta (2006) y la reciente Survivor, entre otros films) y de Tom Tykwer (Cloud Atlas y Corre, Lola, corre) entre los directores de los episodios.
Pero también, y más allá de las pretensiones de la serie en torno a cierta interpretación de la actualidad –su ciencia ficción es menos una metáfora de la época que de la tecnología–, resulta sumamente entretenido y reconfortante cómo los personajes de Sense8 habitan su mundo: Capheus, el conductor de minibús de Nairobi es llamado Van Damme, que es como bautizó a su ómnibus, y se formó con las películas de Jean Claude Van Damme, a quien le rinde un culto casi católico. Lo mismo cabe para el ladrón berlinés Wolfgang Bogdanow, quien tiene como Biblia la película Conan, compartida en su infancia con su mejor amigo y cómplice. En cambio, la formación de la DJ Riley Blue es la música clásica que ejecuta su padre –la ejecución de una de las sonatas de Beethoven, en el décimo episodio es uno de los mejores momentos de la serie–, que ella “desarma”, vulgariza de algún modo, como “Conan” o las películas de Van Damme vulgarizan el concepto clásico del valor, la entrega y el sacrificio.
En ese cocoliche en el que podemos ver, como en la vidriera del tango, la Biblia junto al calefón, es donde los Wachowski mejor lucen su arte, el de replantear un horizonte en el que lo humano puede caber en un puñado de personajes formados en la cultura pop o, directamente, la cultura chatarra.
Incluso las películas de los mismos Wachowski aparecen de alguna manera parodiadas o, mejor, ironizadas en una escena que protagoniza Lito Rodríguez, el actor mexicano, en la que atado a un arnés y movido por sogas despliega los movimientos que los Wachowski introdujeron en el cine de acción con Matrix, como si mostraran el juego con ese detrás de escena y, a la vez, lo multiplicaran con la pintura de sus personajes.
Es mucho más de lo que intentaron hasta ahora series que pretendieron un camino semejante, como la insoportable Touch, cuyas dos primeras temporadas pasaron sin pena ni gloria entre 2012 y 2013 con un Kiefer Sutherland que aún seguía conectado a “24”; o la reciente The Messengers, un producto para adolescentes en el que un puñado de estadounidenses se “angelifican” –perdón por el neologismo, pero ilustra lo estúpido de la idea– para luchar contra el aterrizaje del demonio en un asteroide, o algo así.
Sense8, con morosidad, como decíamos, explora la fábula de unos seres “evolucionados” –el término es el que se usa en la serie– pero lo hace yendo hacia el pasado de los personajes, que es también el pasado de un lugar, una familia, una tribu, una comunidad. Como lo dice con belleza un personaje: “Sin pasado no habría nada en qué pensar”.

PS: Si tuviese que pensar en una novela con la que, lejanamente, vincular a Sense8 sería El mundo al atardecer, de Christopher Isherwood. 

viernes, 12 de junio de 2015

chachi verona

Hace diez años Chachi Verona, uno de los dibujantes y artistas plásticos más conocidos de Rosario, exponía en el Centro CulturalParque de EspañaMundo”, una muestra que era de algún modo una grieta dentro de su producción, donde el dibujo abstracto se desviaba de su trabajo más visto, el de ilustrador de uno de los matutinos de mayor circulación en Rosario. Entonces el curador de esa exposición, Guillermo Fantoni, decía: “Hay dos formas de entender lo político. Inicialmente uno puede hacer una lectura política a partir de las temáticas, los señalamientos, pero en una segunda instancia uno puede leer esa obra como política en el sentido de enfatizar la peculiaridad en un momento de fuerte disciplinamiento y homogeneidad dentro del espacio de la cultura, y también a través de una elaboración formal tendiente a la belleza y la armonía en un mundo que ha naturalizado el horror, es decir que lo bello aparece como un insterticio, como una forma de resistir ante un mundo que te acosa, creo que esas son posibilidades de la política y, también, hacer uso de la politicidad del arte, más que la relación con una exterioridad, sea partido, grupo, etcétera. A veces me interesa más la politicidad del arte que la relación con la política y creo que en lo de Chachi hay un uso de la politicidad del arte, el cultivo de lo individual y peculiar en un momento de disciplinamiento y homogeneidad o la búsqueda de lo bello y armónico capaz de dar un respiro en un universo asfixiante serían usos políticos del arte”.
Acaso ese matiz político, pop, en el que Verona ensaya una lectura de una situación a través de imágenes que son una aleación, un pastiche de figuras icónicas deformadas a su vez por un espíritu lúdico –cuerpos que mutan y se cruzan, enchufes como cabezas, objetos con rostros, etcétera–, estampitas de un presente recortado por el artista y, por lo tanto, irónico, interrogador, disparatado; acaso por ese matiz, decíamos, las “Ilustraciones” que reunió en este primer libro suyo –se presenta el martes 23 de junio en el ECU– nos atraen por su humor y nos extrañan y nos maravillan por su realización, por la vasta trama que despliegan.
Con su particular forma de representar ciertas “ideas” con objetos, lugares y situaciones cotidianas, Verona trae también una figuración libresca de la historia, una representación de representación –lo da a entender la tapa del libro, en la que sus personajes o sus ilustraciones aparecen sobre un fondo que a su vez es una ilustración de la Casa Rosada. Algo así como una inquisición por lo histórico asoma en ese collage que tiene como una de sus personajes a una de las figuras –de una larga serie– construidas sobre el mapa de la Argentina.   
Se siente mejor como dibujante, dice Verona y agrega: “Hay una cuestión de oficio que me interesa, porque por ahí las diferentes tendencias que aparecen en el arte o se hacen predominantes no están ligadas a un oficio, sino a lo conceptual, o a expresar una idea, por ejemplo desde el punto de vista del arte conceptual; y el dibujo tiene claramente un costado de oficio que me interesa y desarrollo. En realidad nunca se termina de aprender a dibujar y encuentro problemáticas que son interesantes y uno tiene que desarrollar y pulir. Con el paso del tiempo me doy cuenta de que en cierto momento trabajaba más con el contraste y ahora, como en un dibujo reciente, hay más diferencias de grises y desfasajes, y eso te lleva a investigar desde el punto de vista formal cómo resolverlo, porque el dibujo es una cuestión más personal. En lo que yo pongo en la hoja, más allá de cómo se lo use luego, hay un ejercicio de cargar un tipo de energía personal que sólo se canaliza en el dibujo. Ese trabajo más personal, es más importante que aquello para lo que se vaya a usar el dibujo”.
El prólogo del libro es, sin más, un fragmento de “Adán Buenosayres”, de Leopoldo Marechal, elegido por Verona quien a su vez lo vincula a la serie de ilustraciones con la figura del mapa de Argentina que mencionáramos. “En un momento de «Adán Buenosayres» los personajes salen del casco urbano de Buenos Aires y se meten en los suburbios. Ahí empiezan a encontrar una serie de personajes que se van transfigurando como cuando se transfiguran los superhéroes criollos, como Hijitus cuando sale del sombrero, así aparece Juan Sin Ropa, que es un gaucho que vincula cierta historia literaria del país que se me escapa, y ese personaje se transforma en el neocriollo y se hace una descripción suya que a mí me parece que coincide con el personaje que hago con el mapa de la Argentina. Por ejemplo, dice que es un personaje casi transparente y tiene dos patas finitas, una de ellas recogida como la de los flamencos. Me siento identificado con esas descripciones que hace Marechal, cierto surrealismo, pero criollo, y creo que ciertos personajes que construyo tienen que ver con ese surrealismo”.

martes, 2 de junio de 2015

la era de acuario

Las reseñas no le hicieron un gran favor a Aquarius (que se estrenó el jueves 28 de mayo pasado y cuyos 13 episodios de la primera temporada la NBC ofrece en streeming tras el estreno). Por lo menos las reseñas de Vulture y de AVClub.
Sin embargo, el hecho de que la protagonice David Duchovny (nuestro querido Mulder de Los expedientes secretos X) ya es algo. Aunque lo más interesante es esta nueva vuelta al pasado reciente, esta vez los tardíos 60, más concretamente el año 1967 en Los Ángeles, con su policía brutal, la represión de las últimas expresiones del hippismo, los soldados que regresan de Vietnam o desertan y la violencia racial o el racismo más desembozado y Charles Manson, cuya figura vino de algún modo a poner fin al sueño de paz de los hippies o fue usada por el gran relato mediático en ese sentido. "Vaya, vaya, la generación de la paz también es violenta", dice en un momento del episodio piloto el protagonista. Charles Manson, a todo esto, está a dos años aún de su cruzada apocalíptica Helter Skelter, cuya cima serían los asesinatos de Sharon Tate y Rosemary La Bianca en agosto de 1969.
Como con Mad Men o, la que vendría a ser de algún modo su antecedente, Life on Mars (en la que un policía inglés, tras un accidente de auto, viaja desde 2006 a 1973, época en la que debe resolver un crimen de algún modo ligado con una investigación que lleva adelante en su época), Duchovny (quien interpreta al detective Hodiak) se mueve en un pasado cuyo final conocemos –como espectadores– y eso, como en Mad Men o, mejor, como en Taking Woodstock (la pequeña y genial película de Ang Lee) nos pone al borde de cierto abismo o sin tomarlo tan a a tremenda: nos da una información que los personajes no tienen pero que el guión explota. Como ya sabemos cómo terminará el Clan Manson, cada acción de algún modo anticipa y señala ese final.

Duchovny interpreta a un buen detective de esos años, cuando recién se instrumentaba la advertencia Miranda (eso de que los policías le leen sus derechos al detenido al apresarlo) y la tendencia, como hoy, era el abuso de la fuerza y la violencia.
Pero cuando una ex novia, ahora casada con un abogado importante, llama a Hodiak para hallar a su hija adolescente perdida, nuestro policía necesita de alguien que lo ayude a tender un puente con los hippies de Los Ángeles. Este puente es un policía encubierto de la división Drogas (Vicios, en inglés), el oficial Brian Shafe (Gray Damon), que es un policía mucho más cool que Hodiak quien, aunque toca la guitarra, no llega a empardar con la esposa y la hija negra de Shafe. En el punto de inflexión de los 60, Aquarius viene a sumar todos los issues, todos los temas candentes de la época en sus personajes principales.

La historia de Charles Manson –como veremos al final del segundo episodio– es sólo una excusa para la trama, que ligeramente se basa en el derrotero de ese personaje con quien se cerraría de manera definitiva el relato de amor y paz con el que los hippies habían irrumpido en la escena americana (la era de Acuario, de ahí el nombre): el mismo año y el mismo mes en el que el clan Manson asesina a Tate y LaBianca, Woodstock se transforma en el gran acontecimiento de ese universo y, según nos lo muestra de forma magistral el film Taking Woodstock, da paso también al gran negocio del rock, capaz de convocar multitudes inéditas hasta entonces.
Quizás el gran tema de Aquarius sea la nueva promesa, para la época, de la fama instantánea y mediática –el Charles Manson que interpreta Gethin Anthony, uno de los postulantes a reyes asesinados en Game of Thrones, será, según sus acólitos, más famoso que los Beatles. Pero su retorno al pasado, su planteo "abisal", según el cual los personajes actúan en una época que la serie intenta "arqueologizar", nos enseña de nuevo el extravío de la época actual: cuando ya nada puede garantizar el futuro del mundo tal cual lo conocemos, mejor buscar ese umbral a partir del cual el mundo cambió de manera irremediable. En otras palabras, si es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, busquemos las respuestas en los fines de mundo que imaginó el mundo.

lunes, 1 de junio de 2015

la ciudad revelada

En 1970 la Editorial Biblioteca –de la biblioteca Constancio C. Vigil que luego la última dictadura saqueó, desmanteló y cerró– publicó “Rosario, esa ciudad”, un volumen de fotografías de Rosario que reunían unas cien imágenes de la urbe tomadas por unos diez fotógrafos coordinados por Carlos Saldi –célebre ya por sus imágenes del Rosariazo (1969). Con textos de Jorge Riestra, Rafael Ielpi y Rodolfo Vinacua, el volumen un documento exquisito de su contemporaneidad: no sólo retrataba las calles y los rincones de Rosario, hacía también visible el recorte que escogían los fotógrafos.
Escribía Vinacua en el primer texto de ese tomo: “Este libro intenta, pues, una peculiar experiencia. Como en un espejo dispuesto a burlarse de las imágenes que le proponen, el rostro reflejado podrá parecer a veces uno muy distinto del que se espera. En tal caso, el azorado experimentador deberá aguzar su mirada; posiblemente entonces el espejo recomponga perfiles no percibidos hasta ese momento, sugiera distancias y perspectivas singulares, acuse alturas y colores antes inadvertidos. A partir de ese instante, es probable que el transeúnte de estas páginas comience a sentir que dos ciudades se van superponiendo: su ciudad, la que sus ojos esperan, y esa otra que el espejo, insistente, devuelve”.
Las imágenes como experiencia y lo inesperado de esas imágenes –en las que Rosario rara vez resultaba un paisaje de postal, sino más bien lo contrario– es, como señala Vinacua, acaso lo central de “Rosario, esa ciudad”.

En 2010, el equipo de la editorial Municipal –Oscar Taborda, Daniel García Helder y Juan Manuel Alonso–, convocaron a fotógrafos profesionales y aficionados de la ciudad a un concurso del que seleccionarían 101 fotografías para el libro “Rosario, esta ciudad”, que reeditó de algún modo el tomo de la Vigil y, por decirlo de algún modo, actualizó su “experiencia” –para usar el término de Vinacua–: ya no se trataba de las imágenes que los fotógrafos devolvían de Rosario, sino de su percepción. Como lectores, en 40 años pasábamos de la experiencia del “transeúnte” –que busca reconocerse en esas tomas de su ciudad–, a la experiencia estética: una urbe que en la última década se había transformado decisivamente, se buscaba en la distorsión, en el experimento antes que la experiencia.
Este viernes en CEC Vinilo Café (Paseo de las Artes y el río), la Editorial Municipal presenta el segundo volumen de “Rosario, estaciudad” una secuencia de 101 fotografías de Rosario, seleccionadas también a través de una convocatoria que no estipulaba en sus bases ningún tema específico, género ni formato. “Podían concursar, bajo pseudónimo –dice el prólogo–, fotógrafos profesionales, aficionados y eventuales, sin restricciones de edad ni lugar de nacimiento, con la única condición de acreditar residencia en esta ciudad. Cada participante debía presentar entre una y diez fotos color o blanco y negro, realizadas con cualquier procedimiento técnico, ya fuese digital o analógico”.
"Macro", de Diego Lema.

Y continúa la introducción a este nuevo tomo: “La clave del objeto fotográfico se adelantaba en el nombre del concurso y se definía someramente en el artículo tercero de las bases, donde se hablaba de imágenes que capten de algún modo aspectos particulares o generales de Rosario, quedando sobreentendido que debían ser fotos actuales, de los últimos años. La recepción de los materiales estuvo abierta del lunes 16 de marzo al viernes 10 de abril de 2015, menos de un mes. Se inscribieron 183 concursantes con un total de 1.634 fotos. Al día siguiente del cierre de la convocatoria, el jurado técnico integrado por el artista plástico Daniel García y las fotógrafas GabrielaMuzzio y Gisela Volá se reunió en la sede de la Editorial Municipal, que actualmente queda en el Planetario Luis C. Carballo del Parque Urquiza, y en una sesión que se extendió de las diez de la mañana a las nueve de la noche eligió las 101 imágenes que componen el libro y que resultaron ser de 58 autores”.
"Colectivo", de Matías Sorribas.

Como el primero de la serie –el de 2010–, este nuevo volumen de “Rosario, esta ciudad” “reconoce su deuda con «Rosario, esa ciudad», el libro fotográfico que editara en 1970 el Departamento de Publicaciones de la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil”, dicen desde la EMR y destacan: “«Rosario, esta ciudad» 1 y 2 comparten con el libro clásico de la Vigil el propósito de una captación fotográfica de la ciudad que no se limite al centro, los bulevares, las barrancas, los monumentos y el paisaje ribereño, su costado más histórico, transitado y convencionalmente fotogénico, sino que abarque también los paisajes y barrios del norte, el oeste y el sur, que también hacen a la imagen total de Rosario. En las actuales condiciones técnicas y económicas, la hiperdifundida práctica fotográfica permite substituir el equipo de profesionales por una fracción de la comunidad constituida por los casi doscientos participantes del concurso. La diversidad de las elecciones estéticas y de objetos fotografiables de los 58 ganadores del concurso sugiere la posibilidad de establecer una imagen colectiva más amplia y significativa de esta ciudad”.
"Teléfonos", de Mica Pertuzzo.
"Pescadería", de Juan González del Cerro.

La foto de tapa de “Rosario, esta ciudad” 2 ya es un indicio de lo que esta nueva serie de fotografías de Rosario propone: el fotógrafo eligió centrar el objetivo de su cámara en una planta que parece irrumpir en el espacio urbano, espacio de una urbe que de la que tenemos noticia por los autos estacionados pero que está de espaldas a la cámara, porque el pequeño horizonte que se vislumbra es el de la barranca contra el río, como si la fotografía viniese a esconder lo que su objeto no alcanza a revelar.
Con este nuevo volumen la EMR reafirma un camino que se trazó con una coherencia y precisión ejemplares –siempre con el aval de concursos y jurados destacados promovió los primeros tomos de narradores, poetas y fotógrafos de la ciudad y, a través de editores competentes rescató los clásicos de Rosario en tomos magistrales–, capaz de reconfigurar la urbe a través de su lectura.

lunes, 25 de mayo de 2015

la cocina del diablo

Hasta el final del octavo episodio de la serie, el villano es un empresario que se enriqueció con el tráfico de personas, de drogas y de violencia a través de empresas fantasmas y lavado de dinero. Su apuesta actual es el mercado inmobiliario. Tiene comprada a la policía y la justicia de uno de los barrios emblemáticos de Nueva York, Hell’s Kitchen (traducido: “la cocina del infierno”, hoy llamado Clinton, en el centro de Manhattan, sobre el río Hudson), donde se mueve en las sombras y tiene prohibido pronunciar su nombre: Wilson Fisk.

La serie se llama “Daredevil” y está basada en un cómic de Marvel. La figura del empresario como criminal inescrupuloso no es nueva, claro, pero en los últimos años, tras la Guerra contra el Terror y el escándalo de Lehman Brothers –los dos acontecimientos de nefastas consecuencias económicas y financieras–, la ficción televisiva y cinematográfica comenzó a escarbar en esos personajes que, como el Walter White de “Breaking Bad”, a la par de sus actividades como padres, esposos y amantes, llevan adelante un plan demoníaco. Es eso, incluso, lo que le dice el sacerdote católico a Matthew Murdock (Charlie Cox), el ciego que durante el día es socio de un humilde estudio de abogados y durante la noche es nuestro héroe y justiciero: el diablo camina entre nosotros de muchas formas.
“Daredevil” no es una de las mejores series que pueden verse –el 10 de abril pasado Netflix subió a su plataforma los 13 episodios de la primera temporada– porque nos enseñe a un empresario demoníaco, como sucedió ya en otras series, sino por cómo pone en escena su ejecución del Mal y cómo retrata en ese proceso a los personajes intermedios, a los que deben combatirlo y a los que, creyendo que lo combaten, le dan argumentos.
Aunque este análisis pretende ceñirse a la ficción que nos ocupa, no niega las posibles alusiones a las riñas políticas locales, tan afines a empresarios, jueces, policías, periodistas y dirigentes políticos.

martes, 19 de mayo de 2015

temor zombie

Esto es lo que sabemos hasta ahora de la prfecuela de The Walking Dead:
Los primeros videos de adelanto de Fear the Walking Dead (FTWD, que hasta hace un par de meses tenía el título provisorio “Cobalt”: precuela de la serie The Walking Dead, cuya quinta temporada culminó el 29 de marzo último) no revelaron mucho: se sabe que se trata de la ciudad de Los Ángeles en el mismo universo que The Walking Dead, pero en los prolegómenos del apocalipsis, cuando la gente piensa que el virus que revive a los muertos podría ser un brote de “gripe”.

Después de una conferencia telefónica con el productor ejecutivo Robert Kirkman, la revista cultural Vulture dio a conocer el lunes una mejor idea de que cómo transcurrirá la historia. Los principales protagonistas son Madison (Kim Dickens) y Travis (Cliff Curtis), dos maestros de Los Ángeles recientemente divorciados de sus respectivas parejas que se mueven juntos y están “muy enamorados”. Los dos tienen hijos de sus matrimonios anteriores: Madison tiene Alicia (Alycia Debnam-Carey), el niño de oro, y Nick (Frank Dillane), quien desertó de la universidad (quien será interpretado por Lorenzo Henrie). Aunque sin dejar caer ninguna bomba sobre esta precuela que se lanzará en el verano norteño (agosto-septiembre en nuestro hemisferio), Kirkman reveló más sobre la pareja protagonista y explicó cómo se verán los muertos andantes, recién afectados por el brote –a diferencia de los últimos episodios de la serie en curso, donde ya están muy deteriorados–, aunque aclaró que el show no se zambullirá en el misterio de qué originó la siniestra epidemia.
FTWD está ambientada en Los Ángeles en el inicio del brote. Kirkman aseguró a Vulture que la serie tendrá su propia mirada: “Una de las cosas que era realmente importante para nosotros desde el primer día fue que este show está solo –en lo que se refiere a la historia y los personajes. Queríamos que tuviese su propio rincón del universo. Incluso hay una diferencia obvia entre las dos series: FTWD está rodada digitalmente, en lugar de la película de 16 mm utilizada para The Walking Dead)”. El traslado de la acción a una bulliciosa metrópolis en medio del desastre también marca un cambio importante para la franquicia. “Al situar la acción en Los Ángeles es probable que vaya a haber más caos, especialmente en la primera temporada y la segunda porque estamos viendo cómo la civilización sucumbe”, dijo Kirkman y agregó: “La historia se va a mover muy rápidamente. Yo espero que sea más agitada que la primera temporada de The Walking Dead".

Un drama familiar

En lugar de un elenco de extraños unidos por las circunstancias, FTWD se centra en una familia mezclada que lucha para mantenerse con vida y permanecer juntos. Madison (Kim Dickens, de Gone Girl) y Travis tienen hijos de relaciones anteriores y planeaban casarse cuando ocurre el desastre. “Todas las complejidades y las luchas que vienen de esa dinámica familiar, y el establecimiento contra la caída de la civilización en la faz de la apocalipsis zombie, sólo hace las cosas mucho más interesante”, dijo Kirkman. “Esa es una de las muchas cosas que permiten a estas dos series que existan juntas sin ningún tipo de solapamiento.” Kirkman agregó que ve a esta pareja como algo nuevo y fresco para el género: “Una de las cosas con la que estoy realmente entusiasmado es que se trata de dos personajes que están muy enamorados. Con demasiada frecuencia, las series muestran la ruptura de las relaciones y la infidelidad. Este es un espectáculo que más o menos trata sobre dos personas que son un equipo, que se apoyan entre sí, que se respetan mutuamente, se aman “.

Muertos frescos

Los fans de la serie original han dado cuenta de que, conforme pasa el tiempo, los zombies se ven cada vez más podridos y grotescos. Con FTWD situado a sólo meses antes de que Rick Grimes –el sheriff que protagoniza The Walking Dead– despierte de su coma, se espera ver que los caminantes –los zombies– se parezcan más a los seres queridos revividos que los personajes no se animaban a matar en la primera temporada de The Walking Dead. “Los zombies no van a verse tan decaídos ni van a lucir de modo tan monstruoso”, dijo Kirkman y agregó: “Lo que va a hacer que la violencia en el programa y las diferentes cosas que pasan sean mucho más sorprendentes, porque vamos a estar tratando con zombies mucho más humanos. Creo que vamos a traer lo mejor de ambos mundos”.
Los aficionados se sentirán decepcionados con la esperanza de respuestas sobre los orígenes del brote de zombis. Cuando se le preguntó a Kirkman cuánto de FTWD revelará al respecto, fue contundente: “Casi nada. Sigo sosteniendo que no es un aspecto importante de la historia. Habrá una visión más amplia del mundo, y sin duda habrá aspectos la civilización desmoronándose que darán una mejor idea de lo que está ocurriendo aquí. Pero cavar para encontrar el arma humeante y darse cuenta de lo que hizo es muy poco importante para la historia general”. 

jueves, 14 de mayo de 2015

una pena

Siempre admiré y disfruté muchísimo de los Tiny Desk Concerts de la NPR por dos cosas: primero, el entendimiento de Bob Boilen con los músicos, la capacidad de definirlos y recibirlos por su enorme conocimiento de la música popular y, sobre todo, por su gran sensibilidad. Y, segundo, lo preciso de lo que busca la serie de grabaciones que la radio pública yanqui difunde: un espacio que es ni más ni menos que el de los escritorios de la redacción, todo lo que el músico va a realizar allí cae en ese set que trata de sacudirse el mismo set. Es decir, el lugar impone límites y esos límites vuelven al músico (una banda, un solista) un versionista de sí mismo, una versión propia, acaso más íntima, siempre otra, mientras la cámara (ahora hay dos cámaras pero hubo un tiempo en que solo había una) registra al detalle a cada uno de los presentes mientras tocan, como si la cámara estuviese allí para ponerle rostro a la música (que es lo que importa, porque los Tiny Desk Concerts eran parte del programa "All Songs Considered").
Lo prueba esta presentación de Conor Oberst, entre muchas otras.

Soñé con poder hacer algo así en alguno de los medios por los que suelo circular y veo que La Nación encaró algo parecido, aunque en el sentido contrario. Primero, puso a una periodista que parece una egresada de Letras; luego, montó un escenario en el que el artista queda aislado de la redacción, librado a sus mañas o, mejor, sin otra compañía que la de sus mañas, como en un escenario, con una cámara que tiene mucho más presente el espectáculo que el momento, y así. Una pena

miércoles, 13 de mayo de 2015

matilda en plan z

El lunes 20 de abril pasado Matilda estuvo en Plan Z, el programa que hacemos los lunes de 23 a 24 junto con Damián Schwarzstein y Valeria Rico Streiger en Radio Universidad (103.3).
Por suerte ese día estuvo con nosotros Julián Alfano, quien filmó y editó el video de ese encuentro que ahora compartimos acá.

lunes, 11 de mayo de 2015

la mujer tatuada y otra de spielberg

Blindspot se estrena en el otoño norteño (nuestro septiembre), los lunes en NBC. La trama recuerda a Prision Break y a The Blacklist. Una joven aparece con el cuerpo cubierto de tatuajes, desnuda y dentro de un bolso en Times Square. Aparece el FBI (de hecho, lleva tatuado en la espalda el nombre del agente del FBI al que hay que llamar) y sus agentes comienzan a rastrear en los tatuajes un mapa hacia, hacia... bueno, hacia algo así como un complot internacional cuya meta, esperamos, no sea algo tan demodé como asesinar a un presidente o hacer volar la Casa Blanca. En el Hollywood Reporter, creo –porque no tengo ganas de ir a buscar la nota– haber leído que se trataba del mayor atentado en "american soil" después del 11S. Nuestra mujer tatuada no recuerda quién es –le borraron por completo la memoria, según se asombran unos personajes enfundados en una bata de médicos–, pero habla chino, practica artes marciales y gatilla una pistola automática. "Y qué si no soy el mensajero, si estoy acá para ver algo o escuchar algo", pregunta ella al agente que la protege, o la vigila, o la guía o todo eso junto. 
A diferencia de Blacklist, lo único que hasta ahora me pareció prometedor del tráiler es el casting: la elección de Jaimie Alexander, con su belleza inquietante y su pose de alguien que trae un peligro me recuerda a la maravillosa Lena Headey en Game of Thrones o Dredd.
Veremos.


Y una mala noticia: Minority Report se convertirá en una serie en Fox, pero Steven Spielberg será el productor. No habiendo hecho ni una buena en el terreno de las series, no hay por qué pensar que esta vez sea diferente. 
En The Verge dicen que la acción se desarrollará diez años después de la época en que transcurre el film de 2002, cuando los precogs ya fueron liberados. Precisamente, el argumento de partida es el encuentro entre uno de estos monstruitos que predicen el futuro y un detective.

vuelve twin peaks

Gran novedad: retornará a las pantallas Twin Peaks con nueve episodios flamantes. El estreno de la serie en ABC cumplió 25 años el 4 de abril pasado. La célebre tira creada por David Lynch y Mark Frost tuvo una temporada y media (la cadena de televisión levantó su segunda temporada por la mitad) entre 1990 y 1991. Los ejecutivos de ABC notaron que la dupla Lynch-Frost estaba mucho más interesada en la recreación de atmósferas y diálogos estrambóticos que en resolver el interrogante principal de la serie: ¿Quién mató a Laura Palmer?
Sin embargo, algo del método creado por Lynch –que había perfeccionado su estilo en 1986 con la inquietante película Blue Velvet, que tuvo su estreno para la prensa ese año en Rosario en el cine El Cairo, una media mañana de mayo– y Frost sembró un camino que después retomaron Chris Carter en Los expedientes secretos X y hasta Los Soprano, según declaró su mismo creador, David Chase.
Al anunciar el regreso de Twin Peaks en la revista Vutlure, Matt Zoller Seitz subraya que la serie es a esta altura un canon y que cualquiera, aunque no la haya visto, sabe lo que es y qué significó.

Lynch se dedicaba a la pintura antes de ponerse detrás de una cámara, de ahí la exhaustiva devoción “estética”, visual de la serie y de muchas de sus películas –cabe aclararlo, de toda esa filmografía sólo nos interesan (El hombre elefante(1980), Blue Velvet y Una historia sencilla (1999)–, lo que suele convertirlas en una sucesión de cuadros, a veces más importantes que la historia en desarrollo.
El desarrollo de Twin Peaks –protagonizada por el agente del FBI Dale Cooper, interpretado por Kyle McLachlan, quien a su vez había protagonizado Blue Velvet– comenzaba a ser común en algunos films de fines de los 80 –un estilo sardónico, al borde de la parodia, lleno de extrañeza y en un tono en el que nunca resultaba del todo claro si los personajes o la puesta en escena era en broma o no–. De algún modo los grandes directores de eso que dio en llamarse Cine Clase B, de Roger Croman –el gran maestro– a John Carpenter, ensayaban una ironía similar en sus films, pero resultaba invisible para el público con ciertas pretensiones, que buscaba guiños cultos y de aire europeo en las películas que venían de Hollywood. Lynch llegó para satisfacer ese nicho.
Frost declaró a un periodista de The Guardian que la serie no se verá anacrónica cuando estrene en 2016 sus nueve episodios –aún no hay una fecha precisa–: “Creo que efectivamente seremos capaces de traducirla al lenguaje y la cultura actual sin problemas”, declaró. Por su parte, Lynch dijo en la misma nota que le resulta mucho más interesante lo que hoy se hace en televisión que lo que se realiza en cine.

El estreno de esta nueva Twin Peaks –detrás de la cual vuelven a estar Lynch y Frost– será en el canal de cable Showtime (por su pantalla pasan varias de las series que abrieron un magnífico camino en los últimos años: Homeland, Ray Donovan, etcétera). Todos coinciden en que su puesta al aire, hace un cuarto de siglo, inauguró una forma de hacer ficción en televisión que esparció su semilla entre realizadores como los citados Chase y Carter hasta Matthew Weiner (Mad Men) o Ryan Murphy y Brad Falchuk (American Horror Story) o Glen Morgan (Millenium y Expedientes secretos X). Veremos cómo se comporta el monstruo original entre sus brillantes vástagos actuales. 

jueves, 7 de mayo de 2015

los wachowski en netflix

Después de que Jupiter Ascending encontrara su brutal “descending“ en la crítica, los hermanos Wachowski se preparan para desembarcar en Netflix con Sense8, una serie cuya primera temporada tendrá 12 episodios que la cadena de TV on demand pondrá a disposición del público –sí, los doce episodios– el próximo 5 de junio.
Jupiter Ascending, lo pudimos ver, fue una especie de The Matrix pero á la Walt Disney: lo que Matrix tuvo de fascinante fue la cercanía siniestra con el mundo (una vez más cabe la cita de J.G. G.W. Ballard: “En el futuro el planeta más extraño será la Tierra”); en cambio, Jupiter vino a plantear más o menos lo mismo pero con extraterrestres: seres casi inmortales y poderosos que poseen planetas y arman y desarman a piacere la escenografía urbana, disponen de las vidas de los humanos y así. Sin embargo, hay entre los humanos elegidos destinados a traer un equilibrio en el universo.
Sense8 es algo similar: ocho extraños de ocho ciudades y culturas distintas del mundo que, luego de una muerte “trágica” (el calificativo es de Wikipedia) aparecen de repente conectados mental y emocionalmente en un salto evolutivo que tiene origen tecnológico: se transfieren sensaciones pero también sus habilidades: pueden ver lo que ve el otro, sentirlo y, sobre todo, protegerse entre sí.
Mientras nuestros ocho “sensates” –así los llaman– intentan hacerse una idea de lo que les sucede y qué significa esto para el futuro de la humanidad, un tal Jonas, hombre poderoso y misterioso, intenta juntar a nuestros héroes. Al mismo tiempo, otro personaje llamado Whispers despliega su vasta organización para dar caza a los sensates y asesinarlos. Cada episodio cuenta la historia de uno de estos muchachos, según le contaron los Wachowski a la prensa.
Bryan Bishop, cuya nota en The Verge nos hizo conocer el tráiler, comparó la nueva tira de los Wachowski con su film Cloud Atlas, cuyo co-director Tom Tykwer es parte del equipo de Sense8. Aunque Bishjop señala también que acaso el derrotero que seguirá el relato es el de la serie Héroes. Y concluye que a lo mejor la posibilidad de desarrollar su historia en el gran arco de los doce episodios les permitirá deshacerse de la idea de sobrecargar los planos con tanto diseño escenográfico y concentrarse en narrar la historia de modo más o menos claro.
Más allá de Héroes, las tramas con interconexiones humanas se desarrollaron con resultados poco felices en series canceladas como Touch y, ahora, con The Messengers en la cadena The CW: en la que unos ángeles creados a la medida del discurso llano de la iglesia evangélica y supermercadista estadounidense intentan frenar el avance del demonio sobre Texas; es decir, el orbe.
Veremos.

miércoles, 6 de mayo de 2015

dos series que empiezan en mayo

La buena noticia es que Matt Dillon protagonizará una serie de diez episodios que emitirá Fox a partir del 14 de mayo próximo. Se llama Wayward Pines y está basada en un best seller –que en realidad son dos libros, Pines y Wayward– de Blake Crouch. La mala noticia es que la produce y dirige M. Night Shyamalan: es un tipo de relato que el mismo Shyamalan ya transitó en The Village y el peligro mayor es que –según vimos en los tráilers que se difundieron– termine pareciéndose demasiado a aquél bodrio de principios de David Lynch de principios de los 90 que se extendió dos temporadas.
Dillon interpreta a un calificado agente del Servicio Secreto, radicado en Seattle, que acude a Wayward Pines, Idaho, a investigar la desaparición de otro agente. Pero ni bien llega a Wayward Pines un camión atropella el auto que conduce y termina en una sala del hospital. Allí aparece la enfermera Pam (Melissa Leo), más interesada en producir daño que en curar, según nos informa el Hollywood Reporter. En fin, de a poco nuestro héroe conoce una cerca electrificada que rodea el idílico pueblo y la imposibilidad de salir de allí: fue despojado de su identificación, de su teléfono y de todo lo que pueda contactarlo con el exterior. Además, nadie le cree que es quien dice ser. Mientras tanto, en Seattle, su esposa recibe la noticia de que hallaron el auto accidentado, pero que su esposo no estaba adentro en el momento del accidente. Como la mujer también fue entrenadora del SS, se pone a hacer averiguaciones por su cuenta. Ah, y actúa también  Juliette Lewis, la versión europeizada de Rosanna Arquette en los 90. Veremos.


La otra serie que estrena en mayo –el 28, ésta de 13 episodios– es Aquarius, protagonizada por David Duchovny: en la que un sargento de policía de Los Ángeles de 1967 (Duchovny) busca a una joven desaparecida y, guiado por un policía que trabaja de incógnito entre las comunidades hippies, llega a Charles Manson. Lo promisorio de la serie es esta vuelta al pasado cercano, poniéndolo en un umbral que, por irradación, vuelve el presente una vaporosa alternativa: si bien conocemos cómo termina la historia –lo mismo sucede en Mad Men, en Titanic– la intimidad del relato y su intriga vienen a desdibujar nuestra certeza.
El creador es John McNamara, quien tiene muchos pergaminos, aunque poco hemos visto de su producción.

de vuelta a "el hombre en el castillo"

No recuerdo bien cómo llegué a esta nota en Geekdad escrita por Tom Fassbender (quien viaja este año alrededor del mundo acompañado por su esposa y sus dos hijas y, se ve, se toma su tiempo para ver qué hay de nuevo en la caja lúcida). Pero me interesaría tomar nota de algunas cosas que leo aquí y no señalé cuando escribí sobre el piloto de El hombre en el castillo.
¡Guarda que lo que sigue tiene spoilers!

Dice Fassbender:
«En el libro –la novela de Philip K. Dick–, el hombre en el castillo se llama Hawthorne Abendson y es autor –dentro de la ficción– de una célebre novela antifascista, Pesado yace el saltamontes ("The Grasshopper Lies Heavy": también, "El saltamontes duerme pesadamente"), que es una historia alternativa a la realidad que viven los protagonistas. Aquí los nazis y los japoneses perdieron la Segunda Guerra Mundial y el Reino Unido emergió como la única potencia mundial dominante. La mera existencia del libro, que fue prohibido por los alemanes, actúa como un catalizador para la resistencia (que en los Estados Unidos alternativos de 1962) luchan contra la ocupación del Eje.
«En el piloto, The Grasshopper Lies Heavy es el principal recurso argumental, pero esta vez toma la forma de un noticiario antifascista de 16 mm que muestra una victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial tal como las conocemos a través de la historia.

martes, 5 de mayo de 2015

disco dinamita

El jueves 27 de noviembre del año pasado Coki Debernardi, junto con Diego Popono Romero, Nahuel Marquet y Emiliano Cattaneo –los dos últimos de Degradé– se reunieron en el Museo Histórico Provincial Julio Marc –en el Parque Independencia– para una charla abierta que respondiera a la pregunta “¿Qué música tocás en un museo?” Con sus relatos callejeros, los músicos prefirieron correrse en su mayoría de ese espacio de algún modo cultual que es el museo y aludieron a cierto discurso con el que se sentían más cómodos, el de las preferencias, el de un pasado entre radial y escenográfico. Así, Coki Debernardi recordó el programa de Poli Román de los primeros 80, que escuchaba en Cañada de Gómez y en el que votó cuando Román convocó a elegir entre el fanatismo de Queen o el de Kiss. “Sólo se puede ser fanático de Kiss”, respondió Coki, disipando la idea de que haya algún otro fanatismo posible en el buen paladar musical.
César Coki Debernardi se nos muestra bastante en esa anécdota: primero, es el chico del pueblo que viene a la ciudad siguiendo la estela que esa misma ciudad desplegó en su zona; segundo, es un melómano, escuchó y creó su teoría del conocimiento a través de esa escucha; tercero, su relato recoge una historia que va más allá de la suya y trae la memoria de personas y personajes de la urbe y los hace contemporáneos (Poly Román y los hermanos Juani y Oscar Favre, como mencionará en esta entrevista, por ejemplo). Por último, Debernardi supo construir una escena en la que no sólo es un rocker, un músico, es también una voz que elabora su discurso “con” la música, pero necesariamente “en” la música.
“Chico Dinamita Amor”, el último disco de César Debernardi se presenta este viernes en el teatro del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río Paraná). Las tres canciones del álbum que pueden escucharse en el perfil de MySpace de Coki and The Killer Burritos datan de hace unos siete años, cuando el disco iba a llamarse “Kid Dinamita Love” y cuando Debernardi todavía era la figura de la banda de Fito Páez.
La entrada de Wikipedia que habla sobre Debernardi menciona a Rosario como su ciudad “natal”, lo que es erróneo pero hasta cierto punto. Si bien nació en Cañada de Gómez, Rosario es de alguna manera la ciudad de formación, despegue y elección. Aunque aclara: “Me gusta mucho ir a lugares que conozco –nos dice en una charla telefónica–, pero como que no le tengo mucho aprecio a los barrios, porque los querés si creciste y jugaste a la pelota ahí, y yo ya me mudé como 25 veces”

El tiempo pasa

Su último disco anterior, “Perdida”, data de 2005, de modo que pasó una década. Se lo decimos, pero Coki, en lo que podría ser su método más habitual de respuesta –tomar la pregunta y llevarla hacia otro lugar–, dice:
—También pasa rápido el tiempo, como que uno tampoco está en su casa diez años y un día se levanta y dice “Voy a hacer un disco”. Para mí no pasó tanto tiempo. En estos años estuvimos tocando y no sentí que necesitaba otro disco. Además, realmente no me salía casi nada que me gustara, ni las canciones ni las letras; y como no tengo ninguna urgencia artística –porque al fin y al cabo hago mi propio disco–, no lo viví como algo que tenía que hacer con urgencia. Mientras tanto, nos pusimos a laburar con Fito (Páez), pasaron como tres o cuatro años, lo mismo con los Killer, después se pasó la vida. Y después tenés que hacer un disco y encontrar un sonido, las canciones. Porque si bien tenía varios temas, los juntaba y no daban con la forma de un disco. Una vez que lo tuvimos lo grabamos. Hacer un disco también es pescar ese pez dorado, ¿no?

odisea americana

Lo que American Odyssey no aprendió de Homeland es que la "gran historia" se cuenta en los intersticios de la trama o, mejor, que la trama, que siempre será políticamente "obediente", concesiva para con cierto discurso de poder (el error será siempre individual y dejará libre de culpa y cargo al gran sistema), es una excusa para contar una historia de un de orden más privado, menos grandilocuente, en la que cuenta la trampa de la biopolítica: en lo más íntimo de nuestra vida se juega una forma de la política que toma posesión de nuestras decisiones, de nuestro cuerpo y nuestra frágil conciencia.
American Odyssey se estrenó el 5 de abril pasado en NBC –la cadena estrenará Aquarius, protagonizada por David Duchovny y ambientada en 1967 en torno al clan Manson, el 28 de mayo próximo– como un thriller bélico, contemporáneo y conspirativo.
Para empezar, uno de los sitios donde más cómodos nos sentimos leyendo reseñas de series, AVClub, no la reseña.

La sargento Odelle Ballard (Anna Friel) consigue exterminar una célula de un terrorista de Al-Qaeda o Estado Islámico –no importa realmente demasiado– en un país cerca de Mali, en el oeste de África, allí descubre, entre los archivos de una computadora, que esa célula recibe financiación de una gran empresa estadounidense. A la vez, ingresan en escena tropas de contratistas privados –lo que antes solía llamarse mercenarios– contratados por esa misma empresa para aniquilar al pelotón de marines que comanda Ballard. Ella sobrevive a un ataque nocturno con un drone en medio del desierto y a partir de allí comienza su "odisea" para llegar a casa, en medio de un territorio hostil y con sus superiores como verdugos. Mientras tanto, en Estados Unidos, su hija no se cree que su madre ha muerto, su esposo es un pelafustán y un grupo de hackers que interceptó el correo electrónico que ella envió al coronel a cargo de su misión ocupa las calles de Washington y, a la vez, es asediado por espías que quieren saber cuánto saben.
Bien, por fuera de la pobre Odelle, perdida en el desierto, todos son incompetentes y sus historias son tan insignificantes como altruísticas.
Todo lo que en Homeland era un compromiso individual y privado en torno a deseos y aspiraciones humanas –es decir, burguesas, acuñadas en el mismo molde que se acuña el capital–, acá son un dechado de virtudes: el revoltoso hijo de padre acomodado que busca la verdad, la hija que sabe en su corazón que su madre no ha muerto y cuida el fuego del hogar deshecho, frente a los malvado absolutos de la compañía de mercenarios, el alto jefe militar comprometido con el mal, y así.

La historia, pese a todo, es atrapante, pero como nos atrapaba una película de espías de los años 70: sin realismo cristiano.
Recién en el quinto episodio, el del domingo pasado, no sabemos si con alguna intención o no, se introdujo algo digno de notar: el hacker que consigue interceptar comunicaciones y documentaciones privadas desde el cuartucho en casa de su madre enferma, erra en la interpretación de la información que consigue, con lo que aparece –al menos en un análisis rápido, casi distraído– esta idea de que para interpretar un dato no sólo hay que asociarlo con otros, sino darle cuerpo a ese contexto en el que aparece.
Seguiremos viéndola un rato más.  

viernes, 1 de mayo de 2015

au revoir grooveshark

Ya no recuerdo desde cuándo uso Grooveshark, creo que desde hace diez años, la edad del servidor, en el que tenía guardadas listas de reproducción de todo tipo, desde bandas de series y películas hasta mezclas que unían el jazz con la música clásica del siglo XX. Dónde voy a encontrar de nuevo eso no lo sé y creo que el solo hecho de pensarlo ya me abruma y me desalienta.
Hay desperdigado en este blog una innumerable cantidad de enlaces y de reproductores insertados de Grooveshark que llevan a un álbum o una canción que aparecerán ahora como errores. Son los errores de un sistema que acaso da sus pasos definitivos hacia un cambio radical (como sucedió con Megaupload), a partir del cual Internet ya no será lo que conocimos.
Por supuesto que el odio que me produce el consejo (obligado por las grandes compañías musicales que siempre explotaron a los artistas) de ir hacia sitios como Spotify ya me hace descartarlos.
Grooveshark nos permitía escuchar la música como tal, sin la interferencia de un video y con reglas claras sobre cómo compartir y seleccionar nuestra música. Ignoro si Spotify o la hijaputez de Apple tienen algo similar, pero no pienso ni siquiera averiguarlo.
El juez Griesa, la lacra que sirve a los fondos buitre y a todas las grandes compañías, está detrás del cierre de Grooveshark. Una prueba más de que es imposible siquiera la felicidad más elemental dentro del capitalismo.
Au revoir, Grooveshark. Gracias.

miércoles, 29 de abril de 2015

ballena azul

Los hallazgos de WTF.microsiervos son magníficos. Esta vez, un video generado a partir de una aplicación de GTA5 y creado por Merfish, con música de fondo de Offenbach. Una ballena azul, "el mamífero más grande del mundo", que vuela y se desploma sobre la ciudad. Lo descomunal del gag y su absurda repetición provoca una risa llena de inquietud.

la banda que no llora

El Cuarteto de Nos tiene nuevo disco y lo presenta en Rosario este jueves. Todos coinciden en que Habla tu espejo, décimo cuarto disco de la banda uruguaya y lanzado en octubre del año pasado, representa de algún modo un quiebre con la trilogía que arrancó con Raro (2006) y culminó con Porfiado (2012). Roberto Musso, guitarrista, cantante y compositor de la mayoría de los temas, dijo que estas diez nuevas “rompen con la ironía” con la que el cuarteto –que con la incorporación del tecladista Santiago Marrero ya es un quinteto– había desembarcado en los escenarios internacionales. Sin embargo, la elección del término “ironía” acaso no es la más afortunada. Lo que las letras y el sonido del disco no tienen es el humor desencajado de las composiciones, pero cuando escuchamos, en “Cómo pasa el tiempo”, “Decimos que queremos ser inmortales y no sabemos qué hacer en un día de lluvia”, apreciamos intacta la ironía –en la genealogía griega del término ironía está la sentencia “yo pregunto”–, sólo que ahora hay un tono mucho más personal, acaso amargo, que disuelve el aire de tertulia que le conocíamos hasta ahora.
Como pasa el tiempo by Cuarteto De Nos on Grooveshark
Es que en los tres años que pasaron desde Porfiado, Musso fue padre, su madre enfermó de alzheimer y en la banda entendieron que era hora de encarar otras cosas. “Nosotros –dice Musso al referirse al Cuarteto–siempre fuimos de escribir la vida que nos fue tocando vivir, la edad física, y los acontecimientos personales, aunque quizá a veces esa manera de contarlo estaba encubierta por el humor, o por una ironía. En este caso es más o menos lo mismo pero quizá con esa cubierta desplazada y más transparente y abierta”.