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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

viernes, 25 de febrero de 2011

do you want to date my avatar?

Lo traduje para el diario digital, acaso a alguien pueda interesarle y buscar más y mejor.


Los adolescentes —al menos en Estados Unidos— se envían entre seis y ochos mil mensajes des textos al mes y se pasan todo el día en Facebook. Hay gente que envía mensajes desde funerales por simplemente no pueden estar ua hora del día sin sus BlackBerries, comenta la crítica Michiko Kakutani en su columna del New York Times al reseñar Alone Together (Juntos en soledad), el nuevo libro de Sherry Turkle, psicóloga clínica y docente del Instituto Tecnológico de Massachussetts que desde los tempranos 80 investiga las relaciones entre la tecnología y las emociones. “¿Por qué tenemos cada vez más expectativas de la tecnología y menos del otro?”, se pregunte Turkle.
En más de 300 páginas la autora ofrece ejemplos acerca de cómo la tecnología cambia el modo en que la gente se relaciona y construye su vida interior. No se concentra en este libro en el uso político de internet —en las ventiladas opiniones acerca de la incidencia que pudieron haber tenido las redes sociales en los levantamientos de Egipto o Túnez—, sino en sus efectos psicológicos colaterales.
A diferencia de sus libros anteriores, en los que investigó cómo la gente construye identidad a través de las computadoras e internet, en Alone Together Turkle es menos optimista. Su argumento puede exponerse así: “Nuestras nuevas tecnologías —que incluyen correos electrónicos, anotaciones en Facebook, intercambios vía Skype, juegos de rol online, boletines y mensajería robot en internet— han hecho de la conveniencia y el control una prioridad, al tiempo que desvanecieron las expectativas que teníamos sobre nuestros pares”.
“Aunque cada vez más personas projectan cualidades humanas sobre robots (como los juguetes digitales de Furby o las mascotas virtuales de Paro, pensadas para jubilados) —señala Kakutani en su artículo— cada vez esperamos menos de los encuentros humanos en la medida en que son mediados por la red”.
La tecnología —señala Turkle— “hace más fácil que nos comuniquemos cuando lo que queremos es no comprometernos y desentendernos a voluntad”. Para escribir este libro Turkle entrevistó a cientos de niños, jóvenes y adultos acerca de la tecnología. La autora pasó décadas investigando estos temas, su primer libro sobre la relación entre la gente y la computadora data de 1984; el siguiente Life on the Screen (La vida en la pantalla) es de 1995.
Muchos de los adolescentes entrevistados en este último libro manifiestan un decidido disgusto por el uso del teléfono. “Hablar por teléfono lleva mucho tiempo y es siempre difícil decir adiós”, dice uno de los chicos. Y otro: “Cuando estás hablando por teléfono no pensás mucho lo que decís, a diferencia de lo que sucede cuando uno lo escribe en un mensaje. En el teléfono se puede llegar a mostrar demasiado”.
Los textos —los mensajes de cualquier tipo— ofrecen mucho más control y, sugiere la autora, la posibilidad de mantener a resguardo los sentimientos. “Les da la posibilidad —escribe Turkle— de procesar sus emociones en tiempo real”.
Mientras los docentes deben lidiar con estudiantes distraídos que navegan en la web o se envían mensajes por teléfono, los chicos —señala la autora a la periodista— debe vérselas con padres distraídos con sus BlackBerries y celulares: “Pueden estar presentes físicamente, pero mentalmente están en cualquier parte”.
Internet, señala Turkle, no sólo suministra a los adolescente un montón de oportunidades para explorar quiénes son y a qué aspiran, sino que además suma ansiedad, una elevadísima presión de sus pares y anima a muchos a construir, editar y fabricarse un «yo» como parte del esfuerzo de ganar amigos e influencia”.
Turkle cuenta el caso de Brad: “Brad dice, sólo a medias bromeando, que le preocupa «confundir» lo que «compone» para su vida online y quien «realmente» es. Aunque su identidad no está del todo definida, lo pone ansioso poner cosas en la red acerca de sí que él ni siquiera sabe si son ciertas. Le pesa que las cosas que dice en internet afecten el modo en que la gente lo trata en la realidad. Dice que incluso cuando trata de ser «honesto» en Facebook, no pude resistirse a usar el sitio para causar «la impresión correcta»”.
Aunque suene a veces sentenciosa, Turkle se incomoda al entrar a un café y encontrarse con que todo el mundo está metido en las pantallas de sus computadoras, o enviando mensajes de texto por celular: “Esta gente no es mi amiga —escribe—, aunque de alguna manera extraño su presencia”. Este pequeño detalle marca también el horizonte de Alone Together: la noción de que la tecnología ofrece la ilusión de la compañía sin las demandas de intimidad y comunicación, sin riesgo emocional, mientras la gente se vuelve más solitaria y más abrumada”. Y cita una canción muy popular en YouTube en 2010, “Do You Want to Date My Avatar?” (¿Querés citarte con mi avatar?), que termina con estas líneas: “Y si pensás que no soy el adecuado, desconectate, desconectate y habremos terminado”. 

"And if you think I’m not the one, log off, log off, and we’ll be done."