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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

miércoles, 23 de mayo de 2012

y entonces nos lo perdimos para siempre


Martín Prieto recuerda el no regreso de Carlos Fuentes a Rosario: «El entonces intendente, Miguel Lifschitz, nos había llamado, en 2009, para que participáramos de los fastos del Bicentenario organizando un Encuentro internacional de Literatura, para el año siguiente. Teníamos libertad de armado y de pensamiento, a cambio de una solicitud: que la apertura o el cierre de dicho Encuentro quedara en manos de Carlos Fuentes, cuyo encendido discurso en el Congreso de la Lengua Española que se había hecho en nuestra ciudad unos años atrás se ve que aun resonaba en la cabeza de Miguel. Comenzamos, a través de nuestros modestísimos contactos, a buscar a Carlos Fuentes, y a poco andar ya sabíamos que Fuentes no atendía el teléfono ni contestaba correos. Una enigmática mujer –tal vez una secretaria, o su mujer- filtraba las comunicaciones o se atribuía la facultad –no sabíamos si delegada o no por Fuentes- de decirnos que no. A todo. De manera muy amable. “Otros compromisos”. “Inglaterra”. “París”. Finalmente nos enteramos de que Fuentes llegaba a Buenos Aires y a través de nuestros buenos amigos de la editorial que publicaba sus libros en la Argentina, conseguimos un desayuno con el insigne mexicano. En su hotel. Nuestra media hora. Fuentes cargaba su plato de salmón ahumado, jamón, frutas. Rebozaba salud y parecía  no haber comido durante meses. Nuestras armas: la carta de invitación firmada por Miguel, la apuesta a un recuerdo, que imaginábamos feliz, en nuestra ciudad. “Una ciudad lo espera”, exageramos un poco la nota. La carta le interesó. La leyó, nos hizo unas preguntas sobre el Partido Socialista, sobre el gobierno de la ciudad y sobre el de la provincia. Después le dijo al joven que trabajaba en la prensa de la editorial, que también desayunaba con nosotros, que le llevaran la carta a la habitación. Pero Rosario... Parecía no acordarse, ni del Congreso de la Lengua, ni de la ciudad. De golpe, algo se le iluminó: el recuerdo, o el recuerdo de una recuerdo: “El hotel donde me alojaron era bastante malo.” Eso dijo. Una semanas más tarde, a través de la editorial, nos avisaron que Fuentes agradecía enormemente la invitación, pero que no vendría al hemisferio Sur en todo el 2010.»
Agrego, entre los invitados al XVI FIPR, hubo uno que había tenido algún trato con Fuentes en México y se asombraba de la versatilidad de temas que era capaz de abordar el célebre escritor en cualquier conferencia o encuentro al que fuese, que eran muchos. Por versatilidad, nos dejó en claro, entendía el buen tino que tenía Fuentes para seleccionar a sus "colaboradores".