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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

sábado, 8 de septiembre de 2012

"what this revolution means..."



Revolution, la nueva serie que produce J.J. Abrams (y que ya mencionáramos acá), uno de los responsables de Lost, Fringe y otros productos adictivos, mostró en su preestreno (el lunes pasado en su país de origen, Estados Unidos) algunos de los defectos del último fracaso de Abrams, Alcatraz: actuaciones poco creíbles, artificiosidad y alardes de monumentalidad. Las mismas fallas llevaron a la cancelación del súper bodrio creado por Steven Spielberg (quien trabajó junto con Abrams en el film Super 8) el año pasado: Terra Nova.

A diferencia de Alcatraz, los actores de esta nueva serie son más lindos, o más lindas. Y eso, como sabemos, siempre atenta contra las buenas actuaciones. Así que dejemos de lado a los actores y actrices. Lo notable de la serie es que su creador, Eric Kripke (Supernatural), parece haber recogido los rezagos de todo lo que más o menos se ha hecho en la ficción apocalíptica para desarrollar su idea.

El episodio piloto que se conoció esta semana cuenta apenas poco más que el tráiler: toda la electricidad del planeta, incluidas las pilas y baterías, se apaga de buenas a primeras y la sociedad es devuelta al grado cero de la tecnología. Lo que vemos en las primeras escenas ya lo habíamos visto en los avances: un científico llega a su casa y comienza a cargar con desesperación un pendrive mientras su esposa, que parece advertida, le dice “¿Ya comenzó?” Escena siguiente: todo se apaga, los aviones se caen del cielo, los autos se detienen, chau televisión, chau celulares, chau ciudades. Quince años más tarde la gente vive en pequeños poblados, asolada por las “milicias” que comanda un inescrupuloso Monroe. El nombre “Revolution”, con la acepción que tiene en la historia norteamericana, podría hacer pensar que se trata de una revisión de la leyenda histórica de la fundación de los Estados Unidos como nación, porque de hecho la sociedad se encuentra sumida en los mismos problemas que la de fines del siglo XVIII. Pero cuando conocemos a Monroe sólo nos queda pensar que nada que ver o que se trata de una parodia y que la nueva nación será fundada por una suerte de Cornelius, el chimpancé de El planeta de los simios, película que podría ser uno de los ideales de la serie.

Bien, Revolution mezcla varias fantasías conocidas. En el terreno de las series, su parienta más próxima podría ser Flashforward, la serie cancelada en 2010 en la que la humanidad sufre un desmayo global en el que ve lo que estará haciendo un día determinado del futuro en el lapso de unos segundos. El viaje que emprenden en el episodio piloto por una tierra destecnologizada haría pensar también en rezagos de Lost y, por supuesto, en Falling Skies¸ la exitosa y aburridísima serie de Spielberg en la que un profesor de Historia lidera a los sobrevivientes de una invasión alienígena. 

También el cine nutre a Revolution: no sólo El planeta de los simios (la versión original de con Charlton Heston, de 1968), sobre todo Escape de Los Ángeles (John Carpetner, 1996), en la que Snake Plissken (Kurt Russell) debe meterse en la ciudad de Los Ángeles, convertida en una prisión-lager cósmica a la que se deportan no sólo a los criminales, sino a los disidentes del régimen (un anticipo de los que sería la era Bush Jr.) para hacerse de un arma poderosa con la que se puede apagar toda la energía del mundo, lo que trae la ilusión de un nuevo comienzo. El final de ese film era magistral: al final Plissken enciende un cigarrillo (sobre el que pesa la mayor de las prohibiciones) y con la brasa aún crepitando en la pantalla oscura dice: “Bienvenidos a la raza humana”. Bueno, Revolution no tiene la parte del “Bienvenido”.

Curioso

Si se visita el sitio oficial de la serie en la página de la NBC, la recomendación es hacer clic en "La belleza de los lugares abandonados", donde hay fotografías de fabricas, estaciones de trenes, iglesias de Estados Unidos y hasta de la Vuelta al Mundo de la plaza de diversiones de Pripka, Ucrania, donde hace 26 años sucedió el desastre nuclear deChernobyl y donde parece ambientada una de las escenas del primer episodio.