socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 2 de diciembre de 2013

un mapa de la imaginación de rosario



Cuando se conocieron los resultados del segundo concurso infantil de cuentos organizado por la Editorial Municipal de Rosario (EMR), el martes de la semana pasada, muchos dimos por sentado que los participantes (1.100 niños de Rosario de entre 5 y 13 años que enviaron 1.220 cuentos) eran en su inmensa mayoría los hijos de ese sector que podría definirse por los lugares a los que concurre: la Isla de los Inventos, los recitales de Luis Pescetti, la escuela pública pero con cierto plus. Pues no. Oscar Taborda, director de la EMR tiene estadísticas: un 30 por ciento de los participantes provenían del centro de la ciudad; un 20, del noroeste; del sur, un 14, lo mismo que del norte; un 5 del suroeste y otro 5 que no envió datos.
La EMR premió a diez chicos (Fiamma Liza Farchi por “Al infinito y más allá”, Marco Andrés Revoledo por “El árbol galleta”, Inés Caussi Marcuzzi por “El diente cantante”, Naomí Yael Acosta por “El esqueleto bailarín”, Uma Taylor por “El lío de paraguas”, Vittorio Cittá Giordano por “Fuego y agua”, Lara Grezzana por “Historia de terror”, Damaris Vallejos por “La vaca Victoria”, Thiago Labriola por “Marvolet y el hombre araña” y Agustín Bonilla Sabbag por “Relámpago”) y otorgó sesenta menciones de honor.
 Juan Manuel Alonso y Oscar Taborda en la siempre concurrida EMR.

En la primera convocatoria, realizada en 2010, se presentaron 500 niños que podían enviar –como en este año– hasta tres cuentos breves. Quienes se presentaron –dice Taborda–, conformaban un grupo más homogéneo: clase media, hijos de profesionales o comerciantes. Hace tres años no había sido tan intenso el trabajo con las escuelas públicas, que en 2013 tomaron la posta y difundieron el concurso, al punto de que muchos de los cuentos de los participantes llegaron en lotes enviados por la misma escuela u otras organizaciones intermedias, como el Centro de Acción Familiar (CAF) de avenida De los Trabajadores 961, en el parque Alem, que recibe a niños de la comunidad qom del asentamiento de Empalme Graneros, así como a otros chicos de ese barrio.
El grupo de siete chicos alentado por las docentes del CAF (del que surgió uno de los ganadores) visitó la editorial (en la estación Rosario Norte, donde funciona la secretaría de Cultura municipal): “Hicieron algo así como una excursión –cuenta Juan Manuel Alonso, de la EMR– y llegaron hasta acá para entregar sus cuentos”. Alguno de los datos de esos niños que entraron al concurso y llegaron a las instancias finales, ni siquiera tenían una dirección: viven en pasillos donde no hay numeración.
También desde la Escuela República del Perú, en Alem al 3000, llegaron cuentos de niños de Tablada y zona sur. Los envíos, por correo electrónico o por carta, llegaban en lotes.
Los 10 cuentos ganadores y las 60 menciones, aclara DanielGarcía, de la EMR, no son necesariamente los mejores, sino los que mejor encajaron en los criterios del jurado, que integraron el mismo García, Paula Elissamburu y Nicolás Doffo.
Sin embargo, el equipo de la editorial observó que algunos de los cuentos, sobre todo aquellos que enviaron niños ya púberes, de entre 12 y 13 años, presentaban otras características, “más literarios”, también más extensos que la mayoría, donde se nota una intención más propia de personas que quieren escribir. Para esos participantes, cuyos nombres y datos quedaron registrados en la editorial, García y Taborda imaginan una suerte de taller que podrían dar los mismos jurados, aunque no sabrían precisar por ahora ni dónde ni cuándo podría hacerse.
Entre las estadísticas que Taborda despliega en un documento de Excel, también están las de género y edades: un 65 por ciento de los participantes eran niñas. Del total, un 10 por ciento tenía 8 años; un 15, 9; un 16, 10; otro 16, 11; un 17, 12 y un 8%, 13. Asimismo, se presentaron pequeños de hasta 4 años, pero sólo dos o tres casos.
Como siempre, una de las preocupaciones de la editorial ha sido la de, dicho metafóricamente, “mapear” la escritura y la imaginación de la ciudad. Por eso sus concursos de narrativa, poesía y ensayo de alcance metropolitano –a diferencia del concurso infantil de cuentos, del que sólo pueden participar residentes de la ciudad de Rosario– descubren y ponen en circulación escritores y poetas nuevos al tiempo que su serie Mayor –que recupera la obra completa de escritores rosarinos “clásicos”, por ponerle un mote– reconfigura la historia y la tradición literaria de la urbe.
Tanto Tabroda, como García y Alonso tienen hoy, después de leer los 1.220 cuentos y cotejarlos con los anteriores un punteo de los temas que atraviesan la imaginación de los niños rosarinos: muchos que finalizaban descubriendo que se trataba de un sueño, otros sobre casas abandonadas, los más esquemáticos sobre príncipes y princesas y algunos con contenido social. Entre esos relatos, dos o tres mencionaban la explosión del edificio de calle Saltaal 2100, otros se presentaron como una historieta, con ilustraciones, algunos en hojas manuscritas que son en sí como un dibujo y maravillaron a los jurados. Incluso en algunos cuentos hay menciones a estrellas del fútbol local o a celebridades del deporte como “Gabriela la campeona de tenis”. Algunos de los relatos llegaron a través del correo electrónico pero eran imágenes escaneadas de un original manuscrito.
"Hay mucho limerick", dice García. Alude al género breve, humorístico o sin sentido (nonsense) creado o nominado por Edward Lear a fines del siglo XIX: pequeños relato con un final eléctrico. 
Con todo ese material, desde la editorial planean ahora realizar un libro para el año próximo que lo reúna, una apuesta a lo que puede leerse y también a lo visual, con cuentos que estuvieron entre las menciones de honor y otros que quedaron entre los preseleccionados. Las carpetas forman aún tres grandes pilas en uno de los escritorios de las dos oficinas que ocupa la EMR en la estación Rosario Norte.
Las carpetas de los niños que concursaron.

Ilustradores

El concurso infantil de cuentos de la EMR incluyó un llamado a concurso de ilustradores –ya no infantes– para ilustrar los relatos de los libros que se presentarán el año próximo.
El jurado integrado por Carlos Aguirre, Laura Ruggeri y Juan Manuel Alonso seleccionó de entre las 102 carpetas presentadas para ilustrar los nuevos diez títulos de la colección Infantil de Cuento a Carla Patricia Colombo, Laura Echenique, Nuria Constanza García, María Josefina Luque, María Florencia Martini, Jorge José Matar, María del Pilar Moreno, María Victoria Rodríguez García, Josefina María Rossi y Clara Spinassi.

 
Mapa de la ubicación de los cuentos en Rosario confeccionado por la EMR.

El jueves 5 de diciembre a las 18.30, en la Isla de los Inventos (Wheelwright y Corrientes) se entregan los premios y diplomas.