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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 13 de diciembre de 2011

toda serie es política

Como alguna vez hablamos acá de contemporaneidad, y como hice una encuesta sobre series de 2011 que ya publicaré, me pareció oportuno publicar la respuesta que me envía mi amigo Juan Pablo Dabove a esa encuesta, sobre todo por los dos conceptos que plantea de forma tan clara: el de contemporaneidad sin co-presencia y la lectura política de las series o, mejor, cómo las series (y de allí la fascinación que generan), son una respuesta política a la actual política del imperio (no olvidemos que hace tres años los creadores de esas mismas series enfrentaron duramente a las patronales con una huelga ejemplar).
 Walter White: The Egghead Revenge. Foto tomada del sitio SaveWalterWhite.

Me escribe:
«No creo que esté nada calificado para contestar. Como miro las series en Netflix (con excepción de BBBreaking Bad–, cuyos episodios compré en Amazon) siempre estoy un año o dos atrasado. Lo cual no es ninguna tragedia, porque con la internet y el streaming la cultura audiovisual (y la cultura en general) aquí se ha fragmentado en tribus, de modo que una serie (o cualquier evento cultural) es raramente un evento del cual todo el mundo sea o deba ser contemporáneo (a la vez, uno es contemporáneo de todo, en la soledad de su living room, porque todo está en streaming. Contemporaneidad sin co-presencia, digamos). Pensando en tu pregunta, me doy cuenta que me gustan las series con protagonistas hombres, de mediana edad (Sopranos, Mad Men, BB, The Wire). Supongo que eso no es nada nuevo en el formato, claro. BB me sigue pareciendo la mejor. En una cultura donde el anti-intelectualismo es cada vez más arrogante (como lo prueban las primarias republicanas, más y más divorciadas de la realidad con cada debate), BB es lo que  no fue la presidencia de Obama: la venganza (literal) del egghead (literal y metafóricamente).»