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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 6 de febrero de 2012

el cuento judicial de la kodama

El escritor bonaerense Manuel Peyrou compartía con Jorge Luis Borges su amistad y su antiperonismo. Uno de los cuentos de su libro La noche repetida trata de un hombre que decide hacer perfecto su desasosiego rodeándose cosas feas. Claro que Peyrou era un esteta, sus argumentos y su puesta en escena era un ir y venir por los libros y los autores que lo habían conmovido, el mismo Borges, por ejemplo. María Kodama parece proceder de modo semejante: como si intentase llevar a un estado –no de perfección, quizás– de paroxismo cuanto se ha dicho de ella, cosas que vagan en estado de rumor o trascendido y ahora ella misma vuelve material, cristaliza, digamos, con una serie de decisiones judiciales muy desagradables.
Pablo Katchadjian. Imagen tomada del blog de Eterna Cadencia (espero que no se pasen de listos y me demanden á la Kodama).

El año pasado los abogados de Kodama entablaron un juicio contra el escritor español Agustín Fernández Mallo, que había publicado en la también pleitista editorial Alfagura el libro El hacedor (de Borges), remake (un título tan pavo informa suficiente sobre la obra): hete aquí que halló (o hallaron los abogados) que se trataba de un plagio en un volumen que, con mayores o menores luces, homenajeaba sin dudas al escritor argentino.
Pero ahora, es decir, esta semana, pongamos que el lunes que viene, la Kodama arremete judicialmente contra El Aleph engordado, un libro que el joven escritor argentino Pablo Katchadjian publicó en una edición de 200 ejemplares en la Imprenta Argentina de Poesía. Copio acá lo que arguyeron críticos y escritores grossos sobre la materia (con la esperanza de que una mala jugada de Vicodin no los lleve a hacerme juicio): “En ese texto –pone Damián Tabarovsky–, lleva las 4 mil palabras originales del cuento de Borges a 9.600 (de ahí el «engorde») con, según el autor, una sola regla: «No quitar ni alterar nada del texto original, ni palabras, ni comas, ni puntos, ni el orden. Eso significa que, si alguien quisiera, podría volver al texto de Borges desde éste»”.
Se trata, como otros textos de Katchadjian, de un experimento, una cita, un homenaje, como quiera llamárselo, pero no de un hurto, no de un ataque a la ley de propiedad intelectual, con la que los esbirros legales de Kodama quieren ahora lapidar a nuestro joven autor.
Katchadjian, nos informa Tabarovsky, será defendido por el abogado Ricardo Strafacce (autor de una gordísima biografía de Osvaldo Lamborghini que publicó Mansalva y amigos del finado Lamborghini, según nos confiara un día el editor, rechazaron financiar desde su lugar de poder con el argumento de que ni Borges tenía una biografía tan gruesa… en fin, paradojas). Por último, nuestro mencionado autor de la nota dice también que “el juez debe determinar si hace o no lugar a la demanda penal –¡sí, penal!– que la heredera de los colosales derechos de autor de Borges interpuso”.
¿No será que Kodama, como Peyrou, también está escribiendo su cuento del desasosiego, sólo que en papel membretado en Tribunales?