socio

I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

sábado, 4 de mayo de 2013

augurios

Tengo al fin el libro de J.G. Ballard (Para una autopsia de la vida cotidiana). Leo (¿o releo?) este párrafo en un entrevista fechada en 1982: "El futuro va a ser como una película casera sublimada, la gente está adquiriendo una inmensa experiencia en el manejo de las funciones de edición de un estudio casero de video. No hace falta sino ver esos videos promocionales de mùsica pop, algunos son muy imaginativos. No sé si vieron ese video temprano de David Bowie ("Ashes to Ashes"), es corno un fragmento de una película surrealista. Bowie aparece como un pierrot, un payaso, una de esas figuras de circo con collar de gorguera.  Y hay una excavadora; suena terrible pero es asombroso. Debido a que únicamente por medio de la electrónica se puede teñir la pantalla con una luz rosa o azul„ y luego recubrirla con alguna otra cosa, pudiendo elegir transformar todo en una especie de paisaje planetario, de pronto, todos esos árboles reales parecen árboles artificiales. Con solo presionar un botón, uno puede hacer cosas extraordinarias. Está surgiendo una especie totalmente nueva de lenguaje, que no depende de la línea argumental en el viejo sentido, sino de una escala ascendente de sensaciones, casi como ocurre en la música, una abstracción total. Estoy seguro que es el porvenir. Todo el mundo será capaz de hacerlo, todo el mundo vivirá adentro de un estudio de televisión. Eso es a lo que aspira el ámbito doméstico en estos días: la casa va a transformarse en un estudio de televisión. Todos vamos a ser protagonistas de nuestras propias series, y serán series muy extrañas, como el interior de nuestras cabezas. Eso es lo que va a ocurrir, estoy completamente seguro, y va a revolucionarlo todo. Del mismo modo que los procesadores de texto están cambiando la escritura". (Las negritas son mìas.)
De alguna manera, es lo que Ballard ya había augurado en 1962: “Los mayores adelantos del futuro inmediato no tendrán lugar en la Luna ni en Marte, sino en la Tierra, y es el espacio interior, no el exterior, el que ha de explorarse. El único planeta verdaderamente extraño es la Tierra”. De modo que cuando Ballard habla de esas películas caseras no imaginamos la estúpida cámara de video que registra las fiestitas de jardìn de cualquier familia con aspiraciones, sino las series que tenemos hoy en día, como The Americans, Breaking Bad o Rectify (por citar sólo algunas fácilmente reconocibles), es decir, el cotidiano de la vida familiar, el cotidiano de la utopía burguesa extrañado, siniestrado por todo eso que la vida burguesa no puede cumplir sino a costa de sacrificar sus utopías. Como en la línea de Cohen: "Ya vi el futuro, es una masacre". No habría que pensar las escenas de esa televisión futura de Ballard como las imágenes "artie" que celebra en el video de Bowie, sino como ese vacío con el que sin querer comulgamos cuando nos angustia un episodio de Breaking Bad. Son las situaciones cotidianas las más siniestras, las más reveladoras y las más sublimes en estas series, porque si hay algo que la biopolìtica necesita desertificar es la idea de un cotidiano, de una escena familiar en la que las utopías del capitalismo (ascenso social, vivienda, oportunidades, libre empresa) quepan junto con las de la moral (honestidad, transparencia, "amor"). 

Agregado el 08-05-2013: Al buscar en la red el texto de Marcelo Cohen sobre Ballard encuentro esta fascinante entrevista concedida por Ballard a Sandra Chaher y publicada en Página 12 el 25 de marzo de 2005.
De ahí tomo este fragmento sobre la clase media que, leído ahora, ocho años después, con Ballard ya muerto, resulta escalofriante.
«–¿Cree que las clases medias tienen alguna posibilidad de reciclarse o están condenadas a un conformismo insatisfecho?
–En todo el mundo las clases medias perdieron gran parte de su estatus y seguridad. La educación cada vez vale menos. Ellas manejaron el mundo desde la Revolución Francesa, pero su tiempo está terminando. Enormes sistemas computarizados de centrales bancarias deciden sobre el aumento de los intereses, el valor de las monedas, toman medidas contra la inflación y demás. En muchas formas, la clase media es el nuevo proletariado. Pero, ¿dónde están las Bastillas que deben ser arrasadas?
–¿Por qué es la clase media la protagonista de sus novelas? ¿Qué sucede en el resto de la sociedad en relación con la violencia?
–La crisis que enfrenta la clase media es la más seria de la actualidad, en todo el mundo, y tendrá efectos sobre el futuro de nuestro planeta. A diferencia de la clase trabajadora en los siglos anteriores, la clase media aún posee algún poder perturbador sobre la sociedad. La forma en que ella reaccione a la crisis será determinante para el futuro. Mi gran temor es que se hagan a un lado de la sociedad, como ya están haciendo con las comunidades cerradas, las instituciones privadas de salud y la educación. La única manera de traer a las clases medias de regreso a la sociedad será con espectáculos psicopáticos, de la misma manera que el Circo Romano mantenía a la población satisfecha.
–¿Qué lugar juegan los intelectuales? Ellos también pertenecen a las clases medias. ¿Cree usted que perdieron su capacidad crítica, como David Markham en Milenio negro?
–Los verdaderos intelectuales juegan un rol muy pequeño en la sociedad actual, confinados como están a los círculos universitarios. La ideología murió en la política, todos suscribimos al liberalismo de mercado. Hay muy pocos intelectuales trabajando en el cine; no tenemos grandes filósofos ni pensadores, nadie que pueda equipararse a los gigantes del siglo XIX o comienzos del XX –como Nietzsche, Freud o Jung–; no tenemos novelistas del nivel de Albert Camus, Orwell, o Aldous Huxley. Sin embargo, hay un gran número de gente altamente inteligente, mucha más de la que nunca vivió sobre la tierra, pero ellos tienen que aplicar su inteligencia en forma pragmática.»