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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 9 de junio de 2014

realismo y trascendencia

Pocas interpretaciones de series van más allá del análisis de ciertos momentos dramáticos o de la ponderación de una actuación. Pocas son las que señalan un horizonte cinéfilo y pocas también las que hacen una exégesis política. Por eso quedé encantado con este artículo que firma George Schmidt en los Despachos de Religión (de la Universidad de California del Sur): "Sólo los buenos mueren jóvenes: el universo moral de Games of Thrones".
Además de analizar la serie, nos recuerda definiciones brillantes, como la de Lev Grossman: "Song of Ice and Fire (la novela en que se basa la serie) is the American Tolkien". A partir de allí traza una serie de paralelos entre las dos novelas: El señor de los anillos y Canción de hielo y fuego. Incluso, Schmidt procede como un buen cinéfilo, al destacar el rol que cumple el actor Sean Bean en las dos sagas, entre otras cosas.
Nos recuerda que la novela de Tolkien fue escrita en parte durante la Segunda Guerra y que de algún modo cifra el mundo por venir, el de la Guerra Fría. "El señor de los anillos –dice– encarnó el idealismo cristiano de la era de la Guerra Fría". En cambio en Game of Thrones vemos las cada vez más complejas dinámicas del poder en un mundo en el que desaparecieron las oposiciones claras entre amigo y enemigo.
Pero el artículo no pasaría de ser un panfleto sociopolítico si no fuera por la introducción de un tema crucial: el realismo.
Aquí nos venimos a encontrar con Reinhold Niebuhr (cuya referencia –en un libro de Harold Bloom– no sólo era vaga sino errónea) y su "Realismo cristiano", que incluso Schmidt llama "Realismo agustiniano" en relación a las dimensiones antagónicas de ciertas situaciones sociales y políticas. Según el análisis, el realismo cristiano no tiene en cuenta si las acciones humanas son virtuosas o inmorales (sinful), sino el mal que hacen al pretender hacer el bien: el mal que anida en el bien. Y cita la magistral escena entre Lord Varys y Eddard Stark momentos antes de la ejecución del Señor del Norte bajo el subtítulo: "La misericordia mató al rey".

Traduzco:
«Dejando de lado por un momento la teodicea tradicional, la cuestión tras toda esta miseria es simple: ¿Por qué murió Eddard? En primer lugar, al interpretar la muerte de Eddard como una simple tragedia se pierde de vista un punto importante que señalan a menudo los realistas cristianos. La tragedia, como Reinhold Niebuhr observó en The Irony of American History, provoca "admiración y piedad" para un hombre como Eddard. Nos apenamos por él y su terrible final mientras admiramos su compasión y su convicción acerca del destino de Cersei Lannister y sus hijos.
«Sin embargo, la tragedia no tiene en cuenta la forma en que, en palabras de Niebuhr, una vez más, "las virtudes son vicios". Esta falta de pensamiento dialéctico, según el cual la acción humana es esencialmente virtuosa o pecaminosa es impensable en el realismo cristiano. Un idealista que clasifica rápidamente un evento tan trágico no tiene en cuenta que el mal es una "consecuencia inevitable del ejercicio de la creatividad humana": el mal que hay en el bien.
«La ironía, sin embargo, señala que la alta calidad que hiczo a Eddard digno de alabanza en última instancia condujo a su caída. Para Niebuhr, la ironía es fundamentalmente una categoría religiosa, que presupone un juez divino que "se ríe de las pretensiones humanas sin ser hostil a sus aspiraciones". El realista cristiano sitúa al interpretar la ironía espacios de "significado oculto" que "suscita no sólo la risa, sino una sonrisa que sabe (knowing smile: también cabría traducirlo por "un saber que ríe"). Esta "sonrisa que saber" a su vez reconoce los fallos en las propias virtudes, al revelar yuxtaposiciones absurdas de fortalezas y debilidades; de la sabiduría a través de la necedad; o necedad como el fruto de la sabiduría; de culpa que surge de las pretensiones de inocencia; o la inocencia que se esconde detrás de culpabilidad ostensible ".
«Lord Varys, el maestro de espías del rey, señala este punto muy agustiniana cuando visita Eddard en la cárcel para preguntarle qué clase de locura podría haberlo incitado a decirle a la reina que se había enterado de su fornicación (incestuosa). Como un idealista que aún no aprendió la lección más viciosa de la política, Eddard responde: "La locura de la misericordia. Ella podría salvar a sus hijos". A lo que Varys responde: "¡Ah, los niños. Siempre son los inocentes que sufren. No fue el vino lo que mató a Robert, ni el jabalí. El vino le ralentizó y el jabalí le desgarró, pero era su misericordia la que mató al rey!".»

Pero lo que me maravilla de estos saberes teologales aplicados a las series, además del fabuloso pasaje que acabo de traducir, es ciertos usos de términos que a veces vienen como dados. Acá, realismo significa "realismo moral", en ningún momento Game of Thrones está planteado como una fantasía, porque el universo moral que se analiza es muy real –y no estoy equiparando real con realismo. Para Schmidt, el realismo cristiano, o agustiniano es algo así como lo que Mark Fisher llama realismo capitalista: una forma discursiva en la que se agota una realidad –no el naturalismo* naturismo o el costumbrismo con el que solemos identificar las ficciones rioplatenses–, o en la que una realidad se vuelve única.
Lo notamos al final, cuando Schmidt dice que la síntesis la hallamos en Daenery Targaryen: una figura liberadora. Escribe: «quien libera esclavos, ciudades, y reclama que grupos enteros de mujeres sean sus doncellas para evitarles una violación segura por parte de los hombres de Dothraki. Lo que encontramos en la figura de Daenerys es una interrupción del realismo puro (las negritas son mías) –tanto política como metafísicamente– a través de una erupción de trascendencia.»
Magnífica idea esta de que sólo podemos liberarnos del realismo mediante ese eje vertical en el que se nos revela lo trascendente.  

* Bueno, confundir la categoría dietética "naturalismo" con naturismo ya dice algo de mi aversión hacia ciertos conceptos.