Mi experiencia con la escucha de textos escritos se había limitado a la reproducción por audio de artículos guardados de internet en la maravillosa y finalizada Pocket. De los artículos guardados en la plataforma, que usaba de modo gratuito, escogía los tres que me permitía reproducir y una voz enutra los leís en el teléfono. Buscaba retener “argumentos”, captar el núcleo conceptual de esos textos. En todo caso la lectura me orientaba, después volvería sobre ellos si debía citarlos. Pero se trataba de “argumentos”, no menos importantes, desde ya, no de ficciones cuya trama está en la escritura, que es el modo de desciframiento que apliqué siempre a la lectura. Ésta, entre otras, es una de las razones por las que nunca me interesé por los audiolibros. (Podría incluir también el hecho de que los archivos de audiolibros no son los más frecuentes o fáciles de traficar entre los que se descargan vía torrent, que es uno de mis consumos habituales.
Todo éso cambió de algún modo el sábado pasado cuando Pablo Racca y Nicolás Manzi presentaron, en su espacio dentro del Pasaje Pan, sus primeros audiolibros de editorial Casagrande, entre los que está Tres criaturas, el volumen de cuatro relatos que publicó Manzi en su editorial.
Después de un hermoso encuentro en el que se habló de todo, ese mediodía de sábado, volví en el 138/139 escuchando mis cuento en Spotify. Conmovido escuché algunas partes. Lo primero que despertó mi curiosidad fue escuchar la narración por una voz que no era la mía (tampoco la de Pablo, que tuvo que contratar a través de agencias lectores profesionales). De inmediato descubrí que la escritura de ficción, que he léido a hijos, sobrinos, alumnos —de acuerdo, se trataba de textos ajenos, sobre los que de alguna manera quedaba claro su argumento y su hijo—, puede darse a conocer oralmente, que era mi mayor incógnita. Tal vez me tocó un narrador-lector-actor de vez excepcional, en extremo atento a la puntuación y la ilación de la trama, pero dudo que se trate de eso. Y, sobre todas las cosas, esa lectura oral me permitió “escuchar” mis excesos en la escritura. Si alguien me hubiese leído de ese modo esos textos antes de que los entregara a la editorial hubiera cambiado muchas cosas.
En el sitio de Casagrande puede accederse a cada audilibro a través de un QR o haciendo clic en cada enlace. Como lo conocí ese mismo sábado, comencé a escuchar ahora “Osvaldo”, primer cuento de Praga de noche, de Javier Núñez. La voz del narrador es otra, su respiración es más pausada, entrecortada, no la urge la comprensión de eso que está en la trama y se hace voz y nos la va desgranando de a poco. Pero el cuento está ahí, imagino que fiel a lo que Núñez escribió.
Temo no mostrarme lo suficientemente agradecido por ése trabajo que hizo Casagrande y Pablo Racca, que me honra, me conmueve y compromete mi gratitud.

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