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"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 27 de febrero de 2022

héroe de la clase conservadora

 Publicado en JeetHeer.substack

La invasión rusa de Ucrania trajo a la superficie la rusofilia derechista estadounidense, un fenómeno de larga data que se volvió más visible para el público en general durante la presidencia de Donald Trump. Esta semana, en una entrevista en The Clay Travis and Buck Sexton Show, Trump se entusiasmó con la estrategia de Putin de reconocer a Donetsk y Luhansk –dos regiones del sureste de Ucrania– como nuevas repúblicas soberanas y lo llamó “genio”. El ex presidente continuó: “Dije: ‘¿Qué tan inteligente es eso?’ Así que va a meterse y se convertirá en un pacificador. Esa es la fuerza de paz más fuerte. Podríamos usar eso en nuestra frontera sur. Esa es la fuerza de paz más fuerte que he visto”, dijo Trump. “Aquí hay un tipo que es muy inteligente... lo conozco muy bien. Muy, muy bien.” 
 En su programa en Fox News, Tucker Carlson se puso a favor y distinguió a Putin de la izquierda estadounidense. Carlson le dijo a su audiencia: “Puede valer la pena preguntarse… ¿por qué odiar a Putin? ¿Putin alguna vez me llamó racista? ¿Me ha amenazado con despedirme por no estar de acuerdo con él?” Estos puntos de vista han tenido eco de muchas maneras en la extrema derecha, aunque la tendencia dominante del Partido Republicano aún se mantiene en el consenso bipartidista contra la expansión rusa. Por supuesto, la sensibilidad del Partido Republicano no impide que Candance Owens, una personalidad en los medios de derecha, culpe a la OTAN y... a Justin Trudeau (primer ministro de Canadá).
“Sugiero que todos los estadounidenses que quieran saber qué está pasando *realmente* en Rusia y Ucrania, lean esta transcripción del discurso de Putin. Como he dicho durante meses, la OTAN (bajo la dirección de los Estados Unidos) está violando acuerdos anteriores y expandiéndose hacia el este. NOSOTROS tenemos la culpa.”
PAREN de hablar de Rusia. Envíen tropas estadounidenses a Canadá para hacer frente al reinado tiránico de Justin Trudeau Castro.
Se ha declarado fundamentalmente dictador y está librando una guerra contra los manifestantes canadienses inocentes y aquellos que los han apoyado financieramente.
Candance Owens (1989) es una activista conservadora, presentadora de TV y comentarista política. Es una de las más destacadas militantes pro-Trump entre las mujeres negras.
¿Qué hacemos con esta sintonía con el nacionalismo ruso? Es importante entender que no es solo un producto de la era Trump, o incluso de la Guerra Fría. Las teorías liberales de Trump como “títere de Putin“ (para usar las palabras de Hillary Clinton) son simplistas y personalizan una afinidad mucho más profunda, que no tiene nada que ver con el enriquecimiento personal o el chantaje, sino que tiene sus raíces en puntos de vista racistas de la política global. Hay dos corrientes importantes de rusofilia de derecha. A menudo se superponen, pero son distintas y ocasionalmente pueden estar en tensión. Una es la creencia de que Rusia es un baluarte necesario contra el liberalismo. La otra opinión es que Rusia es un aliado necesario de la supremacía blanca global, que enfrenta a las naciones blancas contra el mundo no blanco (que a menudo se imagina liderado por China). 

Antiliberalismo 

Antes de la revolución comunista de 1917, Rusia solía desempeñar un papel reaccionario en la política europea y mundial. Fue el régimen menos afectado por la Ilustración, el que impulsó a monárquicos y teócratas. La Revolución Rusa cambió eso, pero incluso en el período comunista hubo algunas voces dispersas que pensaron que Rusia podría volver a su antiguo papel como baluarte del antiliberalismo. El agitador fascista estadounidense Francis Parker Yockey (1917-1960) fue una figura clave en el giro de la derecha hacia Rusia. Yockey fue una figura turbia, pasó gran parte de su vida viajando a través de redes internacionales neonazis encubierto bajo pasaportes con varios nombres falsos. En 1960 las autoridades aeroportuarias se encontraron con una maleta perdida en Fort Worth, Texas. En el interior hallaron siete certificados de nacimiento y cuatro pasaportes con una variedad de nombres, todos aparentemente utilizados por la misma persona. Esto condujo a una persecución del FBI a través del país hasta que Yockey fue al fin arrestado en Oakland, California. 
 A fines de la década de 1940, Yockey tomó nota del hecho de que Stalin –entonces al borde de la muerte y cada vez más paranoico– estaba reviviendo el antisemitismo como una forma de consolidar el apoyo nacionalista. Su creencia en la transformación de Rusia solo se intensificó a principios de la década de 1950, la era de mayor paranoia conspiracionista en Checoslovaquia y el juicio de Rudolf Slánský [secretario general del partido Comunista en Checoslovaquia tras el fin de la Segunda Guerra] en Praga, donde once comunistas judíos fueron condenados por traición y ejecutados en una muestra clara de antisemitismo. Yockey tomó el acontecimiento en Praga como un augurio de que el bloque soviético ya había abandonado en la práctica el marxismo y estaba listo para volver a su papel tradicional como guardián del viejo orden. El nuevo interés de Yockey por Rusia se sumó a un creciente desencanto con Estados Unidos, que consideraba una sociedad decadente dominada por liberales y judíos. 
 Como señala Matthew Rose en su nuevo y fascinante libro A World After Liberalism, el trabajo de Yockey “marcó el comienzo de un replanteamiento de Rusia por parte de la derecha radical cuyos ecos distantes se escuchan hoy”. En un artículo de 2018 en The Daily Beast, Mark Potok señaló: “En 1948, un ideólogo estadounidense llamado Francis Parker Yockey promovía el fascismo paneuropeo que veía a la Unión Soviética como una amenaza menor para Europa que Estados Unidos. A fines de la década de 1950, Yockey sugería que la URSS podría ayudar a ‘liberar’ a Europa de la dominación estadounidense”. 
Lo que distingue esta cosmovisión antiliberal de la perspectiva superpuesta de la supremacía blanca global es la prioridad dada al antiamericanismo que abre la puerta a alianzas con naciones no blancas siempre y cuando se enfrenten a los Estados Unidos. 
Después de su suicidio en la cárcel, el agitador antisemita Willis Carto se hizo cargo del legado de Yockey e hizo un mito de él como un mártir heroico y fascista. El trabajo de Yockey disfrutó de una reputación clandestina durante muchas décadas, pero tras del colapso del comunismo hubo un resurgimiento de sus ideas sobre Rusia como el renacimiento de los valores anti y no liberales. Estos argumentos ya no circulan sólo en la derecha fascista, también aparecen entre los derechistas más convencionales. 
 En una edición de 1990 de Policy Review, Paul Weyrich, cofundador de The Heritage Foundation [un think tank conservador que impulsó a la Nueva Derecha], argumentó: “También debemos estar abiertos a importar de Europa Central y Rusia elementos de la cultura occidental que han sobrevivido mejor allá que aquí”. En 2013, Pat Buchanan explicó la lógica de esta posición en un artículo que preguntaba: “¿Putin es uno de nosotros?” La respuesta de Buchanan era un entusiasmado sí.
¿Es Vladimir Putin un paleoconservador? En la guerra cultural por el futuro de la humanidad, ¿es uno de nosotros? [...] El presidente Reagan una vez llamó al antiguo imperio soviético “el foco del mal en el mundo moderno”. El presidente Putin está insinuando que la América de Barack Obama puede merecer ese título en el siglo XXI. Tampoco carece de argumentos cuando nos damos cuenta de que aceptamos el aborto a pedido, el matrimonio homosexual, la pornografía, la promiscuidad y todo el arsenal de valores de Hollywood que aplican a Estados Unidos. [...] Si bien gran parte de los medios estadounidenses y occidentales lo descalifican como autoritario y reaccionario, un retrógrado, puede ser que Putin vea el futuro con más claridad que los estadounidenses que aún están atrapados en el paradigma de la Guerra Fría. Así como la lucha decisiva en la segunda mitad del siglo XX fue vertical, Este contra Oeste, la lucha del siglo XXI puede ser horizontal, con conservadores y tradicionalistas en todos los países alineados contra el secularismo militante de una élite multicultural y transnacional.
Si se cree que el liberalismo es una amenaza existencial, como sucede con muchos conservadores, entonces es fácil ver a Putin no solo como un mal menor sino también como un aliado potencial. 

Supremacía blanca global 

La rusofilia al estilo Yockey se basa en una guerra entre el liberalismo y la derecha. Como ya vimos en la formulación original de Yockey, había una dimensión racial que equiparaba el liberalismo con el judaísmo. Pero hay otra rusofilia que ve a Rusia como un aliado potencial en un conflicto más amplio de guerra racial global entre blancos y personas de color. En su libro de 1970 The Passing of the Modern Age, el historiador tradicionalista John Lukacs sentenció:
El mundo se está fragmentando en vastas regiones raciales; las diversas razas comienzan a ser soberanas dentro de sus propias regiones, algo así como las nacionalidades de Europa que comenzaron a constituirse en estados nacionales hacia el final de la Edad Media. Con excepción de las Américas y Australia, la raza blanca ha regresado a Europa; África pertenece a los africanos, Asia cada vez más a los asiáticos. Queda la gran cuestión del imperio de Rusia en el norte de Asia: a fines del siglo pasado se suponía que Bismarck había predicho que el hecho más importante en el siglo XX sería que los estadounidenses hablaran inglés; no es imposible que la condición más importante de los próximos cien años sea que los rusos sean, después de todo, blancos.
Lukacs escribió en tono especulativo. La línea de pensamiento identificada por Lukacs fue retomada por los escritores de ciencia ficción de derecha Jerry Pournelle (admirador del dictador fascista Benito Mussolini) y Larry Niven en su serie de novelas CoDominium, que comenzaron en 1973. La serie se basó en la idea de que la Unión Soviética y los Estados Unidos formarían en el futuro una alianza para evitar la amenaza del mundo no blanco. Lo que alguna vez fueron extrapolaciones fantásticas en manos de novelistas de ciencia ficción ahora es una premisa más seria en la extrema derecha. Steve Bannon y Tucker Carlson han argumentado más de una vez que una de las razones para cultivar la amistad con Rusia es que será un socio necesario en la lucha contra China.
Francis Parker Yockey
Los dos argumentos a favor de la rusofilia (el antiliberalismo y el racismo global) a menudo funcionan juntos, pero también podrían estar en tensión dependiendo de qué prominencia tenga prioridad. Bannon es un ejemplo de cómo los dos hilos pueden trabajar juntos. Ha promocionado a Rusia como un aliado potencial contra China, pero también admira a Putin por no haber sido concientizado*:   'Putin no se ha concientizado. Es anti-concientizarse'. Los rusos saben qué baño usar. ‘Saben cuántos géneros hay’
Carole Cadwalladr es una periodista británica que se hizo conocida en 2018 por su investigación sobre el escándalo Facebook-Cambridge Analytica.
Pero este deseo de Bannon de una cruzada contra China no es universalmente compartido. La derecha está dividida sobre China. Entre algunos cuadrantes de la extrema derecha, también es posible ver signos de cierta simpatía por China. David Beattie J. Beattie, exasesor de Trump, tuiteó:
Rusia o China necesitan establecer una granja de servidores gigante con el fin de albergar a los estadounidenses que quieren poder criticar a su gobierno corrupto.
Sería un gran movimiento, un cambio de juego
Pensemos fuera de la burbuja
Richard Hanania del Centro para el Estudio del Partidismo y la Ideología, simpatiza con China y Rusia:
China: "Las sanciones nunca han sido una forma efectiva de resolver problemas".
Esto es verdad. Un orden mundial liderado por China sería más humano. Los que piensan de otro modo tienen el cerebro lavado por los medios estadounidenses, para que piensen en los crímenes de China pero no de los estadounidenses.
Con Hanania y Beattie, vemos que la rusofilia es compatible con la sinofilia. La lógica subyacente de estos giros y vueltas ideológicas es “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Mientras la extrema derecha defina al liberalismo como su enemigo, encontrará amigos cada vez más extraños. 

(Editado por Emily M. Keeler)
* El término original en “concientización”, como reza la traducción, es woke. Según la politóloga cordobesa –que participó en esta traducción– Valeria Brusco, merece una aclaración: el título original de este artículo es, con mucha ironía: Putin Ain't Woke –algo así como “Putin aún no despertó” o “Putin es una víctima que aún no se empoderó”. Dice Brusco, consultada acerca de cómo volcar al español el concepto woke: “Si se utiliza en el sentido despectivo creo que es algo así como ‘un iluminado’, es decir, una persona que cree que sabe algo que los demás no saben y se cree superior por ello. Debido a este mismo exceso, ahora estamos pasando de lo políticamente correcto, ya obsoleto, a una especie de etapa superior, la ideología woke. El término, tomado del argot afroamericano, significa ‘despierto’, es decir, consciente de todas las iniquidades. Evidentemente, la lista es larga. Ser woke requiere estar particularmente atento a todas las minorías, pero esta lógica, llevada al extremo, multiplica la noción de minoría; ¿no es cada individuo una minoría en sí mismo? Ser woke exige enfrentarse a cualquier opresión, objetiva y subjetiva, incluso si está sancionada por la democracia. #MeToo es el aspecto más conocido de esta revolución woke. Una revolución necesaria que a veces lleva a condenar a personas inocentes por acosos imaginarios, pero reconocemos las revoluciones por las que algunos inocentes pierden la cabeza. Ser woke es implícita o abiertamente brutal, ya que esta ideología exige pasar de una civilización patriarcal, declarada arcaica, a una nueva civilización basada en el triunfo de la diferencia; ser diferente es mejor. Esta inversión de las normas, una especie de carnaval cultural, llevada a su conclusión lógica, desemboca en lo que en Estados Unidos se denomina cancel culture, no la cancelación de la cultura, sino la cultura de la cancelación.”
Sobre la cultura woke Valeria Brusco recomienda este artículo en Semana y éste en ABC.
Nota bene: Se respetaron todos los hipervínculos de la edición original en inglés (que puede leerse acá). También se agregaron aclaraciones entre corchetes. Traducción de Pablo Makovsky.

domingo, 6 de febrero de 2022

en el planeta de rómulo y remo

Nos preparamos para la segunda temporada de Raised by Wolves.

para La Capital

Casi sobre el final de Aliens (James Cameron, 1986), cuando Ripley y el androide Bishop ya lograron escapar del planeta colonizado por las criaturas xenomorfas y se sienten seguros en la nave, hay una escena que dura segundos y expone el siniestro trasfondo en el que se desarrolló la historia. El pecho de Bishop se infla de repente, como si de su arquitectura artificial fuese a explotar un alien, como sucedió con los humanos que alojaron en su cuerpo el embrión de la criatura. Claro, se trata del espolón del alien madre que se ha colado en la nave nodriza y ensarta el pecho del androide partiéndolo en dos. Descuartizado, pero aún activo, Bishop expele un líquido blanco que lo baña y se desparrama por el piso metálico. Son sólo unos segundos, pero el cine transcurre en otro tiempo. En ese lapso minúsculo contemplamos varios de los temas que se desarrollaron la película –que, a todo esto, es la segunda de la saga–: la maternidad (Ripley adopta a una niña sobreviviente como si fuera su hija porque se enteró de que su verdadera hija murió de vieja mientras ella estuvo hibernando en el espacio casi cien años), la cercanía de la vida artificial y la humana (el androide es capaz de comprensión y compasión) y la naturaleza horrible de la madre alien, que cultiva los huevos para alojarlos como parásitos en un humano al que terminará consumiendo. 

Bien, todos esos temas que la saga Alien desplegó desde la primera película que dirigió Ridley Scott y estrenó en 1979 hasta Alien: Covenant (2017, también dirigida por Scott), están también presentes en la serie Raised by Wolves, cuya primera temporada se estrenó en 2020 en HBO Max, desde donde anunciaron el lanzamiento de la segunda temporada este 3 de febrero.

Ridley Scott, quien produce la serie, también incursionó en la dirección de los dos primeros episodios estrenados en 2020.

Raised by Wolves (Criado por lobos, en el idioma del Martín Fierro) narra, muy básicamente, el establecimiento de una colonia en el planeta Kepler 22b (un planeta real, fuera del sistema solar y en teoría habitable descubierto por el telescopio espacial Kepler de la Nasa en 2011) en la que dos androides (Madre y Padre, tal como se los llama) intentan recuperar la humanidad criando embriones humanos que lograron rescatar de una Tierra hecha cenizas tras una larga guerra entre creyentes y ateos. 

Y acá viene lo difícil de resumir, porque todas las premisas dadas al principio, como la androide Madre dedicada a sus hijos ateos o el impostor que comanda un grupo de creyentes que también llegan en una nave llamada El Arca a Kepler 22b no son lo que parecen. Ni siquiera el planeta, del que sólo conocemos su parte desértica (porque se sabe que los profetas predican en el desierto), es del todo lo que se nos muestra: no sólo por las esquivas criaturas que acechan, sino por los restos monumentales de unas serpientes que acaso sean la especie original de ese mundo.


¿Nada que ver?

 

Ridley Scott negó en una conversación que mantuvo con sus fans a través de la red Reddit que el universo cinematográfico de Alien se cruce con el de Raised by Wolves.

El usuario live-fast-die-hard preguntó: “¿Esta serie existe en el mismo universo que la franquicia Alien? Parece que hay tantos paralelos por descubrir”. A lo que Scott respondió: “Interesante pregunta, pero no, la primera historia de Alien se sitúa como si fuera un tiempo anterior a Raised By Wolves, en el sentido de que el Nostromo probablemente fue financiado por una economía global organizada. Y Raised by Wolves trata sobre el caos posterior a la guerra global.”

Recordemos que el Nostromo (sí, el mismo nombre que el barco de la novela de Joseph Conrad) era la nave “nodriza” (“mothership” en inglés) de la primera Alien, y que en esa nave iba un androide que, con el mandato de la corporación de recoger el espécimen encontrado, traicionaba a la tripulación. Y que cuando ese androide era decapitado, de sus arterias mecánicas fluía un líquido blanco idéntico a la leche. De hecho, Scott contó que fue una ocurrencia espontánea lo de la leche como el fluido interno del androide. Sin embargo, el líquido blanco persistió a través de la saga, lo mismo que las simetrías con la figura de la maternidad: desde la nave “nodriza” hasta la réplica-clon de Ripley embarazada de una criatura en Alien Resurrection (Jean-Pierre Jeunet, 1997).

Ridley Scott pinta el rostro de Ian Holm con leche condensada en Alien (1979). Imagen tomada de @HistoryInFlix.

Bien, en Raised by Wolves los androides Madre y Padre también tienen leche corriendo por sus circuitos e incluso los capítulos finales de la primera temporada abundan en la naturaleza de ese líquido blanco como capaz de generar vida, al punto de que Madre engendra una criatura, sí, como por un segundo creemos ver en aquella brevísima escena cerca del final de Aliens descrita al comienzo de estas líneas.

Raised by Wolves alude sin más a Luperca, la loba que amamantó a Rómulo y Remo en la mitología del origen de Roma. De algún modo Madre es la loba que amamanta a sus crías humanas y engendra un ser monstruoso al final de la primera temporada (el capítulo se llama “The Beginning”: “El principio”) que de algún modo reaviva las fantasías desplegadas en la saga Alien que, recordemos, es una suerte de mitología sobre el origen monstruoso de la humanidad, una especie de relato como los de H.P. Lovecraft en el que los oscuros dioses antiguos fueron reemplazados por extraterrestres extinguidos –los Ingenieros en Prometheus (Ridley Scott, 2012)– que jugaron a ser demiurgos.

La saga Alien es tan vasta en interpretaciones que Stephen Mulhall en su libro On Film (bit.ly/3Gh9JtY) sostiene que “La forma de vida del alien es (apenas, mera y simplemente) vida, la vida como tal: no es tanto una especie particular como la esencia de lo que significa ser una especie, ser una criatura, un ser natural –es la Naturaleza encarnada o sublimada, una personificación de pesadilla del reino natural entendido como completamente subordinado, completamente agotado por los impulsos gemelos darwinianos de sobrevivir y reproducirse”, a lo que el filósofo esloveno Slavoj Zizek agrega su interpretación: “El capital es parásito (como el Alien) y explota el instinto puro de vida”.


Guerra santa


La idea de una guerra que divide a la humanidad entre ateos y creyentes “mitraístas”, como llama Scott a los seguidores de una práctica religiosa pre cristiana que desarrolló su liturgia de forma oral y de la que no hay noticias muy precisas, revividos ahora para la serie. El culto mitraico también se funda en la adoración de Rómulo y Remo. En la entrevista abierta de Reddit, Scott acota una visión muy particular: “El mitraísmo reemplazó a la religión formal y en paralelo con eso evolucionó hacia una forma de religión de pura ciencia que terminó en el mundo tal como lo conocemos”.

Es decir que, más allá de los detalles históricos de los mitraicos –que los historiadores ubican en el antiguo Irán–, lo que Scott y su guionista Aaron Guzikowski hacen en Raised by Wolves es, como sucede en muchas series contemporáneas –desde Battlestar Galactica a Vikings o la más reciente Beforeigners; la lista es interminable y podría incluir producciones muy ajenas al género–, introducir cierta teología política que plantea cómo se establece un poder político, cómo se legitima y qué lo convierte en un orden moral, temas con los que debería lidiar cualquier comunidad que pretenda refundar la humanidad.

Sin embargo, en el lado desértico de Kepler 22b, donde transcurre la primera temporada de Raised by Wolves, la deidad de los mitraicos parece hablarle al niño elegido, pero también al guerrero infiel. Les habla como la deidad habla en el desierto, con acertijos y zarzas ardientes, con alucinaciones. La serie es tanto una especulación sobre esa pos-humanidad en el exilio como una sobre las ficciones que la nutren.

En una entrevista que dio a un periodista de Newsweek, Guzikowski dijo que en el plan de la serie siempre estuvo presente la idea de que los personajes atraviesan “historias del Antiguo Testamento, viejos cuentos de hadas o mitos griegos, que tocan el mismo tipo de recuerdos genéticos que tienden a crear muchas de estas clases de historias antiguas en las que al final hay una serpiente gigante”.

La nueva temporada de Raised by Wolves supone una incursión en el lado exuberante, tropical del planeta, en el que Madre y Padre buscan el engendro inesperado y monstruoso. Es decir, buscan el “alien” nacido del vientre lechoso de Madre en un paraíso demoníaco, como todos los paraísos. 


Sublimación


Sí, es cierto lo que dice Ridley Scott, Alien se desarrolla en un mundo corporativo y globalizado en el que la división, la gran división gira en torno a los intereses corporativos y los de la humanidad, mientras que Raised by Wolves tiene lugar en un mundo pos-apocalíptico en el que la humanidad busca rearmarse en tierra extranjera a la que traslada su división fundamental.

El personaje central de esa humanidad en el exilio es Madre (pongamos el nombre de la actriz porque es excepcional: Amanda Collin).

Sin embargo, y continuando con la teratología –la teoría de los monstruos– de la saga Alien y la serie, Madre no siempre fue Madre.

En el pasado de la historia de Raised by Wolves, Madre fue una “necromancer”, un ángel de la muerte al servicio de los mitraicos capaz de exterminar poblaciones enteras con el poder de sus ojos y su voz letal. Alguien, al modo en que el “terminator” T1000 (Terminator: Judgement Day, James Cameron, 1991) es convertido en ángel de la guarda del díscolo adolescente John Connor, convierte a esa necromancer en Madre y le otorga una misión en Kepler 22b: refundar la humanidad pero, sobre todo, esa humanidad de los ateos.

Como sucede en la cosmogonía de ciencia ficción de Ridley Scott, ningún personaje puede escapar del pasado (lo vimos en Blade Runner –R. Scott, 1982–, donde los androides creían en una memoria fabricada que habitaban como una fantasía) pero, como los humanos que conocemos hasta ahora, son capaces de construir una mitología capaz de transformar ese pasado en una misión.

De eso trata Raised by Wolves, de cómo la naturaleza horrorosa de ciertos actos humanos podrían cambiar de signo y de cómo la naturaleza artificial de un androide, como en la escena inicial de este texto, puede alumbrar un mundo, es decir, un futuro.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Navidad con Chris Hedges



Llega otra temporada navideña plagada de altas tasas de Covid-19 y el temor de infectar a los más cercanos, esta vez en medio de una escasez de suministros y otros problemas económicos. Mientras un capitalismo estadounidense desbocado intenta vendernos el consumismo como la respuesta a nuestras crisis actuales, incluso ahora, el periodista y ministro presbiterano ganador del premio Pulitzer Chris Hedges nos recuerda que el verdadero significado de la Navidad no tiene nada que ver con los obsequios que se pueden comprar. Hedges se une a Robert Scheer en el “Scheer Intelligence“ de esta semana para discutir qué experiencias personales le revelaron de qué se trata la festividad cristiana, así como qué piensa del cristianismo estadounidense en su versión actual y más frecuente.

“La Biblia fue utilizada por sistemas de poder para perpetuar todo tipo de injusticias y persecuciones desde que la Iglesia cristiana fue institucionalizada en el siglo III por Constantino, quien era un dictador brutal”, dice Hedges. “[Una vez que el poder] cautivó esencialmente esta ideología, fue [y] ha sido utilizado a lo largo de la historia para llevar a cabo todo tipo de lo que yo llamaría [actos] heréticos. [Y] yo llamaría herejes de la derecha cristiana; han aculturado los peores aspectos del capitalismo e imperialismo estadounidense y la supremacía blanca con la religión cristiana.

“Jesús, si viviera en la sociedad contemporánea, sería indocumentado, porque no era ciudadano romano; vivía sin derechos, bajo la ocupación romana”, añade el columnista de ScheerPost. “Jesús era una persona de color; los romanos eran blancos. Los romanos clavaron a Jesús y a otras personas de color en cruces de la misma manera en que los rematamos en el corredor de la muerte, o los fusilamos en las calles por la policía militarizada. Y a los romanos los tenía sin cuidado la importancia religiosa de Jesús; lo mataron como insurrecto, como revolucionario, porque temían el radicalismo del evangelio cristiano, que tanto desafiaba la cultura romana.

“El estado romano miró a Jesús de la misma manera que el estado estadounidense miró a Malcolm X o Martin Luther King”, concluye. “Y, como se demuestra a lo largo de la historia, los profetas a menudo son asesinados”.

Esta es la conversación completa entre Scheer y Hedges mientras el anfitrión le pregunta al reverendo cómo reconocer el uso indebido del cristianismo, así como cómo desafiar directamente la inmoralidad con las propias acciones, culminando en una parábola navideña personal pero profundamente universal del propio Hedges.

—Hola, soy Robert Scheer con otra edición de Scheer Intelligence, esta vez obviamente vinculada con la Navidad. Y tengo a mi reverendo favorito, el reverendo Chris Hedges quien, en primer lugar, tuvo un padre que fue un ministro presbiteriano; fue a la Harvard Divinity School, fue ordenado años más tarde después de una carrera en periodismo. Es una persona a quien recurrir sobre lo que dice la religión y, en particular, sobre el cristianismo. Ha escrito sobre el fascismo cristiano; comprende toda su complejidad. Así que voy a tirarle ésto. Recuerdo un lema de mi juventud: había algunas personas en el lado religioso de las cosas que decían que querían devolver a Cristo en Navidad, que esta festividad se había comercializado totalmente y que Cristo quedaba fuera de ella. Así que comencemos con eso. ¿Cuál es la relevancia de la Navidad para esta religión nacional nuestra, qué es?

—Ah, bueno, esa es probablemente una crítica justa; se ha comercializado por completo, y como cada vez menos personas tienen alguna relación con la Iglesia institucional, probablemente se trata sólo de eso. Pero la historia real de la Navidad me recuerda cuando estaba en un campo de refugiados en Honduras para guatemaltecos que habían huido de los combates a principios de la década de 1980. Eran todos campesinos, muy pobres, que vivían en el barro, en tiendas de campaña proporcionadas por la ONU. Y estaban todos colgando tiras de papel de colores, porque decían que por la noche iban a celebrar lo que se conoce como el Día de los Santos Inocentes. Ese es el momento en que Herodes, para evitar el nacimiento del Mesías –según la Biblia–, mata a los hijos de Belén; pero María, José y el niño Jesús son advertidos y huyen.

Ahora, esa es una historia –es de Mateo– que yo podría recitar de memoria. Escuché a mi padre leerla en los servicios de Navidad todas las noches; vivíamos en una pequeña ciudad agrícola en el norte del estado de Nueva York. Pero les pregunté, bueno, ¿por qué es un día tan importante? Y dijeron, bueno, porque ese es el día en que Cristo se convirtió en refugiado. Y me di cuenta del poder de esa historia para alguien que tuvo que huir con sus hijos de los ataques asesinos del ejército guatemalteco y los escuadrones de la muerte. Tenía un significado completamente diferente al que tenía para alguien que vivía con relativa comodidad en una comunidad agrícola en el norte del estado de Nueva York.

Y entonces creo, y creo que James Cone, el gran teólogo, ha dado en la tecla en este punto: que el evangelio fue escrito, en sus palabras, para los crucificados de la tierra, y que ellos ven en estas historias de persecución y finalmente crucifixión, un mensaje que se pierde entre las personas que no sufren ese tipo de opresión.

Chris Hedges

—Entonces, esta es la visión positiva del evangelio y del cristianismo. Y sé que fuiste ordenado oficialmente para que pudieras ser más eficaz en tu trabajo en las cárceles, con los presos, etc. Y, obviamente, la historia que acabás de contar es la de brindar fuerza y ​​comprensión a los más desposeídos. Y el Papa católico actual se entrega a ese mensaje. Asimismo, hay otro lado del impacto del cristianismo, vos escribiste sobre el fascismo cristiano, y sabemos que el antisemitismo también fue alimentado por algunas percepciones del evangelio.

Y recuerdo que cuando era niño, y es una de las razones por las que acudo a vos en estas ocasiones, tuve una relación muy ambigua –al igual que muchas personas, y ciertamente muchas que no eran cristianas– en esta festividad. Y recuerdo que cuando era niño, la canción que cantábamos y que nos gustaba mucho era “Sueño con una blanca Navidad” (“I’m Dreaming of a White Christmas“). Y fue un sueño de familia e inclusión y amor y apoyo, y todos lo cantaron; era muy popular y lo había escrito un judío, Irving Berlin, que tenía un nombre diferente cuando empezó; Israel fue su primer nombre. Y sin embargo, al investigarlo solo para esto, pensé bien, ¿qué pasa con esta canción? Y solíamos pensar que era un poco extraño, porque en ese momento muchos de nuestros vecinos católicos pensaron –bueno, algunos de ellos–, pensaron que los judíos habíamos matado a Cristo. Y yo era de una familia mixta; mi padre había nacido luterano y mi madre era judía. Sin embargo, de vez en cuando me responsabilizaron por este deicidio, y ya se sabe: “vos mataste a nuestro Señor”.

 

Y parecería haber una ironía ahí. Fue una época positiva, fue una época en que, de alguna manera, los judíos no fueron incluidos. Sin embargo, Irving Berlin, quien escribió esa canción, estaba casado con una mujer católica que iba a la iglesia todo el tiempo. Pero no fue hasta 1965 cuando el Papa Juan dijo oficialmente que los judíos no eran responsables, y fue en 2011 cuando el Papa Benedicto XVI lo dijo oficialmente. Así que esta acusación de antisemitismo alimentado por deicidio fue utilizada por los nazis de manera muy eficaz durante la Segunda Guerra Mundial. Entonces, ¿por qué no comentás un poco sobre esa contradicción?

—Bueno, la Biblia ha sido utilizada por los sistemas de poder para perpetuar todo tipo de injusticias y persecuciones desde que la Iglesia cristiana fue institucionalizada en el siglo III por Constantino, quien fue un dictador brutal, un dictador salvaje. E intentaron codificarla, es decir, la Biblia proviene del término griego “ta biblia”, que significa “libritos”. Así que había todo tipo de libros, libros gnósticos, historias matriarcales e historias que fusionaban las costumbres paganas romanas con la religión cristiana, y uno entraba y sacaba lo que quería. Bueno, eso no se reunió en una doctrina formal hasta el siglo III. Ninguno de los evangelios, por supuesto, fue contemporáneo de la vida de Jesús.

Y así, una vez que el poder cautivó esencialmente a esta ideología, fue y ha sido usada a lo largo de la historia para llevar a cabo todo tipo de lo que yo llamaría herejías, los llamaría herejías de derecha cristiana. Que han aculturado los peores aspectos del capitalismo e imperialismo estadounidense y la supremacía blanca con la religión cristiana. Los nazis, por cierto, hicieron lo mismo con la llamada Iglesia cristiana alemana. Pero solo una lectura atenta de la Biblia desafía mucho de eso. Y Jesús, si viviera en la sociedad contemporánea, sería indocumentado, porque no era ciudadano romano; vivía sin derechos, bajo la ocupación romana. Jesús era una persona de color; los romanos eran blancos. Los romanos, ya sabés, clavaron a Jesús y a otras personas de color en cruces de la misma manera en que hoy los rematamos en el corredor de la muerte, o los fusilamos en las calles por la policía militarizada.

Y a los romanos les tenía sin cuidado la importancia religiosa de Jesús; lo mataron como insurrecto, como revolucionario. Porque temían el radicalismo del evangelio cristiano, que desafiaba tanto a la cultura romana. Entonces, el estado romano miró a Jesús de la misma manera que el estado estadounidense miró a Malcolm X o Martin Luther King. Y como se demuestra a lo largo de la historia, a menudo se mata a los profetas. Entonces, sí, tenés razón. Se ha pervertido y se ha utilizado. Quiero decir, desde la Inquisición hasta las Cruzadas y el antisemitismo llevado a cabo contra los judíos en Europa, se ha utilizado con bastante eficacia para dar una especie de santificación al genocidio, el asesinato y la opresión. Pero no creo que eso esté de ninguna manera de acuerdo con las enseñanzas de Jesús o con la vida que llevó Jesús.

—Bueno, está esta competencia sobre lo que básicamente es el legado de Jesús –y sé que hay un proyecto para descubrir realmente qué se le puede atribuir. Dejame ir al grano aquí. ¿Existió Jesús? ¿Cuál es la documentación, si lo hizo, de lo que dijo? ¿Qué terreno, o qué diferentes terrenos, son los correctos? De mis favoritas, una de las ideas más importantes atribuidas a Jesús está en la parábola del buen samaritano, pero me han dicho que solo está en Lucas. No tiene el mismo significado si hubiera estado en todos los evangelios, etcétera, etcétera. Así que entrás ahí y, ya sabés, tenés a la gente de la iglesia de la prosperidad diciéndote, no, ése es el verdadero Jesús, él quiere que te hagas rico y seas feliz.

Entonces, ¿qué es lo que nos pone en pugna aquí? Y la razón por la que te planteo esto –sé que podés irritarte cuando lo planteo–, es que me preocupa que, en primer lugar, estas ideas sean mal utilizadas por diferentes personas. Pero también, ¿de dónde sacamos la ética y la moral sin religión? Esa es una pregunta que muy a menudo no se plantea, básicamente, en una cultura secular. Pero al menos en nuestras religiones tradicionales existe una noción de responsabilidad; hay una noción de juicio, hay una noción de que tu vida tiene que sumar en algún tribunal sumario de significado, valor y ética. Y la sociedad secular se enfrenta a la realidad de que tal vez no haya un núcleo ético, moral.

—Bueno, se puede tener ética sin religión. Quiero decir, no sé que Kant sea considerado un religioso; Aristóteles, Sócrates, quiero decir, todo tipo de figuras buscaban perpetuar o propagar la vida ética, que no necesariamente provenían de una tradición religiosa. Creo que donde la religión es probablemente más poderosa es cuando se trata del misterio, lo sagrado y lo trascendente, y todas estas fuerzas que existen para todos nosotros. La búsqueda de una vida con sentido, la lucha con nuestra propia mortalidad. Y eso casi siempre, creo, te empuja a usar algún tipo de lenguaje religioso. Pero ya sabés, las élites del poder en todas las sociedades –no solo en la sociedad cristiana– siempre han buscado –y esto era cierto con el Islam, con el Budismo, con todo lo demás– han buscado cooptar líderes religiosos para servir a sus intereses, y esos líderes religiosos están bien compensados, a menudo, y esencialmente integrados en la estructura de poder. Billy Graham sería un ejemplo de eso.

Pero creo que siempre han existido estos elementos radicales en cualquier sociedad, estos elementos religiosos radicales –por supuesto, éramos amigos con Daniel Berrigan, el gran sacerdote católico radical– que creo que se ha aferrado a los problemas centrales planteados por todas las grandes religiones del mundo, y trató de llevar una vida religiosa. Pero a menudo no solo desafiaron a los principales centros de poder, [sino que] crearon antagonismos entre ellos y las estructuras religiosas institucionales. Mi propio padre enfrentó eso al defender los derechos LGBTQL en los años setenta cuando la Iglesia no reconocía la igualdad de las personas LGBTQL en términos de ordenación, matrimonio o cualquier otra cosa. Y fue atacado despiadadamente por eso, aunque había pasado casi 40 años como ministro parroquial.

Así que llega a esta idea sobre la que escribe el teólogo Paul Tillich, todas las instituciones, incluida la Iglesia –escribe Tillich–, son inherentemente demoníacas. Entonces, de muchas maneras, creo que para acercarnos más al radicalismo de —y al tema central de la empatía y el ministerio, como mencionaste, el Buen Samaritano, el ministerio para los que sufren— volvamos a Cone, al crucificado de la tierra; y eso a menudo tiene que hacerse desafiando las mismas instituciones religiosas a las que uno puede pertenecer, que muy bien pueden expulsarlo. Quiero decir, Spinoza, que era judío, fue excomulgado. Ya sabés, a menudo se ve a estas figuras –especialmente a los reformadores radicales– como herejes, son condenados como herejes.

—Entonces, decidiste ordenarte y fuiste a la Escuela de Teología de Harvard, que es, supongo, el centro de la conciencia protestante sobre la ética histórica. Y lo hiciste al ingresar a las prisiones –la gente conoce tu escritura, saben que escribiste bastante sobre cárceles, pero también que te has dedicado los últimos, ¿cuántos, 15 años?, a la enseñanza en las prisiones. Y la religión surge todo el tiempo.

Y una cosa que diferencia ciertamente al cristianismo –y estamos aquí para hablar sobre la Navidad–, digamos, de Aristóteles u otros, es la noción de rendir cuentas (accountability). Y rebelión. Porque lo que se tiene en, al menos la imagen percibida de Jesús, la forma en que Martin Luther King o el padre Berrigan se refirieron a él, fue como un rebelde. Desafiando a la autoridad. Si vas a Aristóteles, tenés una autoridad defensiva, ciertamente una autoridad griega. Y ya sabés, e incluso a Confucio, del Buen Emperador. Y al menos lo que fue convincente, digamos, para King, como un muy buen ejemplo –por cierto acá está la Iglesia Bautista Negra en oposición a la Iglesia Bautista blanca–, fue la noción de Jesús como un instrumento de justicia. De aceptación, de preocupación por los menos entre nosotros. Y es un mensaje muy poderoso en el que queda afuera de mucho de lo que considera filosofía de la conveniencia: ya sabés, haz a los demás lo que te harías a ti mismo. Aquí hay una noción, no: eres responsable de preocuparte por los menos entre nosotros. Y todos tenemos un alma, y ​​así sucesivamente. Y eso me parece que es lo que se ha perdido en el cristianismo moderno.

—Bueno, ese es el corazón de la historia de Navidad, es realmente, creo, una especie de lección sobre cómo ser humano. Acerca de arrodillarse ante un recién nacido indefenso, vulnerable, despreciado y pobre. Así es, y es por eso que los romanos estaban tan aterrorizados. Porque invirtió los valores tradicionales romanos. Que nos llama a proteger, ya sabés, usemos el término bíblico, los más pequeños entre nosotros. Y no solo a los más pequeños entre nosotros, sino que son demonizados y rechazados. Entonces, ese es el poder, para mí, de todos modos, de la historia de Navidad.

—A ver, no espero que tengas todas las grandes respuestas, y que te burles de vez en cuando, decís que parece que yo menciono esto más que vos. Pero tus escritos sobre el fascismo cristiano, el mal uso o el uso del cristianismo para apoyar básicamente el racismo y la xenofobia, etc., sugieren que ese es un elemento muy poderoso en los Estados Unidos contemporáneos en este momento.

—Bueno, es predominante. Quiero decir, la Iglesia principal de la que salgo está muriendo; cada año los números disminuyen, las iglesias cierran. Y así es esta fusión de la iconografía y el lenguaje del estado con la iconografía y el lenguaje de la Iglesia cristiana. Entonces es la sacralización del poder estatal, pero las peores formas de poder estatal, del capitalismo. Por ejemplo, toda la idea de que Dios recompensa o Jesús recompensa a los justos significa que si vivís en la pobreza, las privaciones y el sufrimiento, merecés lo que recibís. No necesitás sindicatos, no necesitás atención médica, no necesitás vacunas; es un Jesús mágico. Y eso es muy atractivo para las personas que se sienten apartadas del resto de la sociedad. Porque lo que viene con eso es un llamado a la santa venganza contra estas fuerzas satánicas que han creado este mundo disfuncional a su alrededor. Esa es una parte muy grande del mensaje de la derecha cristiana, y por qué ese tipo de violencia santa es una parte integral –o creo que una parte muy atractiva–, para las personas que sienten, quiero decir, no incorrectamente, que han sido desposeídos por una sociedad que ya no los necesita ni se preocupa por ellos.

—Bueno, esta combinación de oportunismo por parte de fuerzas muy poderosas —corporaciones, el estado— y un mensaje para la gente que está desesperada por su condición tiene precedentes en otras sociedades. Y en particular, y quiero terminar con esto, pero cuando hablamos del fascismo cristiano, me refiero al eco que hay de la Alemania nazi. Y cuando lo mencionás, la gente dice, vamos, eso es una exageración; bueno, creo que cada vez más personas en los Estados Unidos reconocen, ya sabés, incluso una sociedad muy próspera –es que Alemania había sido en diferentes momentos de su historia contemporánea, bien educada, etc.–, puede volverse loca. Y puede alojar lo que parecerían ser ideas contradictorias. Puede tener, como hizo Alemania, ciencia sólida y claridad y lógica y demás, y sin embargo participar en una guerra religiosa contra los judíos, principalmente, y luego contra otros, o “el otro”. Y lo vemos ahora en los Estados Unidos. Quiero decir, eso es básicamente sobre lo que estuviste escribiendo; es la combinación del Estado capitalista, racional y calculador, que era Alemania, con este atractivo religioso primitivo y verdaderamente irracional.

—Correcto. Y hay similitudes muy aterradoras. Como que Hitler, a los ojos de esta Iglesia cristiana alemana, era el Volk Messiah (el mesías del pueblo): era un instrumento de Dios. La misma opinión que los evangélicos de derecha tenían sobre Trump. Y luego buscó a aquellos que fueron demonizados por el colapso económico de Alemania, especialmente judíos y comunistas, y en términos religiosos se convirtieron en agentes de Satanás.

Nuevamente, eso se repite en los Estados Unidos. Quiero decir, estudié con el gran erudito James Luther Adams, que tenía 80 años cuando yo estaba en la Harvard Divinity School, y había estado en Alemania –era bilingüe– en 1935 y 1936, y de hecho abandonó la Universidad. de Heidelberg y trabajó durante un año con la Iglesia Confesional, en la clandestinidad, con Bonhoeffer, Niemöller, Schweitzer, todas estas figuras, hasta que fue detenido por la Gestapo y expulsado. Y nos trazó estos paralelos con la derecha cristiana; de hecho, fue la primera persona a la que escuché usar el término “fascista cristiano”. Solía ​​decirnos, cuando tengan mi edad, todos estarán luchando contra los fascistas cristianos; todos teníamos veintitantos años, y aunque ciertamente fue uno de los eruditos más brillantes con los que he trabajado, Pensé que incluso entonces estaba siendo hiperbólico. Bueno, por supuesto, resulta que vio lo que estaba sucediendo mucho antes que nosotros.

Así que por supuesto que Trump no tenía ideología; fueron los fascistas cristianos quienes llenaron ese vacío ideológico. Y lo que viene a continuación en 2024 puede que no sea Trump, pero probablemente será una figura parecida a Trump, como Pompeo o DeSantis u otra persona; Tom Cotton, no lo sé. Pero sospecho que estarán mucho más arraigados dentro de este movimiento —Trump no estaba incorporado en absoluto— y, no sin espanto, probablemente más competentes. Y creo que con el regreso de estos fascistas cristianos al poder, el tema primordial, dado el intento de censura y el 6 de enero y la creencia de que las elecciones fueron robadas, será un reinado de venganza, una venganza realmente aterradora.

—Vamos a concluir sobre esto, pero en mi opinión, este es el dilema esencial, en realidad, de la condición humana. En realidad, no tenemos una historia de quiénes somos, qué somos, por qué estamos aquí, de qué se trata la vida, qué es la mortalidad. Tenemos, ya sabés, intentos; lo científico va lejos, pero al final no logra decirte de qué se trata, la mortalidad, etc., y el significado. Y luego tenés esta variedad de religiones en competencia que pueden retorcerse y cambiarse. Y entonces tenés gente citando, ya sea el Antiguo o el Nuevo Testamento o lo que sea, o un budismo que puede ser opresivo, puede ser liberador, cualquiera de estas religiones. Y realmente, cuando se trata de moralidad, estamos en una tierra de nunca jamás. Y sos un tipo que está tratando de hacer valer un imperativo moral. Y a veces me decís, básicamente, que ya no estás en la religión como guía. Entonces, ¿por qué no sacamos una conclusión de eso? ¿Qué debe pensar la gente de la condición humana?

—Bueno, el imperativo moral, en realidad, el imperativo categórico, éso en realidad viene de Kant. Creo que realmente el problema es que, si querés hablar en términos religiosos, es la ley de Dios versus la ley humana. Y luego Martin Luther King, creo, habló sobre esto con bastante elocuencia: que tenemos el deber de desafiar la ley humana cuando está en conflicto con la ley de Dios. Y eso puede ser muy empoderador. Solzhenitsyn escribe en Archipiélago Gulag sobre los más capaces psicológicamente de soportar los gulags, y dijo que eran los chechenos, que eran musulmanes practicantes, y los cristianos, los que no preguntaban si era práctico; solo preguntaban si estaba bien. Y a menudo morían en mayor número. Pero tenían una especie de sentido o vínculo que les permitía o les daba una especie de protección contra muchas de las fuerzas opresivas que los rodeaban.

Y H. Richard Niebuhr tenía una gran cita, decía: “La religión es algo bueno para las personas buenas y algo malo para las personas malas”. Hay todo tipo de charlatanes, y las ondas de radio están llenas de ellos, que abusan de la religión para manipular la desesperación de la gente como, creo, está sucediendo con la derecha cristiana. Y luego están esas magníficas figuras; no olvidemos que tanto Martin Luther King como Malcolm X salieron de una religiosidad fuerte, tenían una fuerte orientación religiosa. King escribe sobre ello al final de Strength to Love. Y creo que, especialmente en los momentos extremos, diría que ese tipo de orientación hacia el mundo, que he tenido desde que nací, es muy liberador y te da una especie de sentido del bien y del mal, y un sentido de dirección que te permite al menos aferrarte a vos mismo.

—Entonces, finalmente, cuando entendemos, digamos, que el Papa lava los pies de los prisioneros y demás, quiero ponerte en esta imagen, Chris Hedges. No es fácil entrar en estas cárceles. No es fácil soportar esas condicionesen las que trabajás, y mucho menos ser un prisionero. ¿Y esta es tu conexión con tu padre? ¿Es allí donde vas a meditar y pensar en esto?

—En toda mi carrera como periodista, me coloqué en situaciones de extrema opresión: El Salvador durante la guerra, Gaza, Sarajevo. Y la prisión, ir a las cárceles cuando regresé del extranjero, mantiene ese tipo de continuidad. Creo que eso es lo que siempre he hecho, y creo que eso surge de mi trasfondo religioso y de mi entendimiento de que uno debe estar con los crucificados de la tierra. Y que a menudo, si uno realmente apoya a los oprimidos, serán tratados como los oprimidos.

Y eso en realidad es un gran consuelo, porque, ya sabés, solía trabajar para el New York Times cubriendo las historias más importantes del mundo. Y si escribía una historia en la portada del Times y al día siguiente el Departamento de Estado tendría que realizar una rueda de prensa al respecto. Bueno, eso ya no pasa. Me han expulsado. Y, sin embargo, creo que esa comprensión muy clara de lo que significa la vida me da mucho consuelo, y no una sensación de pérdida, sino una sensación de... ya sabés, no quiero usar la palabra “logro”, pero con la sensación de que soy capaz de ser quien debo ser.

—Entonces, finalmente, sos el hijo de tu padre. Tu padre, el ministro, estaría orgulloso de vos; estás orgulloso de tu padre. Y no es exclusivo de la tradición cristiana, pero hay algo en las religiones que puede producir responsabilidad (en el sentido de “accountability”: rendir cuentas). ¿Y no es esa la lucha principal, que no dejemos que dominen el arribismo, el oportunismo y el individualismo de cierto tipo? ¿Que hay responsabilidad, un rendimiento de cuentas moral?

—Sí, pero aún más, no se puede enseñar moralidad. Tenés que demostrarlo. Entonces, quiero decir, vi a la gente abandonar los sermones de mi padre cuando hablaba en medio del Movimiento de Derechos Civiles o en contra de la Guerra de Vietnam. Y luego, por supuesto, la Iglesia lo expulsó por defender los derechos de LGBTQL; fue expulsado.

Y recuerdo que estaba en Colgate, y él tenía una gran iglesia en Syracuse; le dijeron que dejara de hablar sobre la igualdad para las personas de LGBTQL, y en su lugar celebró un servicio de Pascua para la comunidad de LGBTQL en la ciudad de Syracuse, y vino a buscarme. Dijo que probablemente esta sea la última vez que me escuchen predicar. Y se levantó y dijo: el matrimonio es un sacramento; no es una recompensa por ser heterosexual, y cualquier iglesia que no honre el sacramento del matrimonio no merece llamarse cristiana. Y lo crucificaron por eso, la iglesia a la que dedicó su vida. Y así es como se transmite la moralidad.

Entonces, sí, porque lo vi; y vi que implica sacrificio, y si no hay sacrificio, probablemente no sea muy moral. Y así es: ya sabes, es mi voz, pero son las palabras de mi padre. Y en la religión cristiana, eso se llama resurrección.

—De acuerdo. Concluyamos esto. ¿Es correcto decir que esta es una parábola de Navidad? ¿Es ese el uso correcto de la palabra? ¿Pueden las personas compartir esto con sus hijos o nietos, reverendo?

—Sí, sí. Tenés que actuar moralmente; no podés enseñarlo. Tenés que hacerlo, si vivís la vida moral, eso es lo que perpetúa la vida moral de quienes te rodean. Como dijo Daniel Berrigan, lo bueno atrae lo bueno.

 

Robert Sheer: Bien, ésto es todo para esta edición de Scheer Intelligence. Agradezco a Christopher Ho de KCRW por poner esto al aire, y a Natasha Hakimi por escribir las introducciones, Joshua Scheer por encargarse de la producción, Lucy Berbeo por hacer la transcripción. Y la JWK Foundation en memoria de Jean Stein, una periodista muy independent y moralmente comprometida, por ayudar a financiar estos programas. Nos vemos la semana que viene con otra edición de Scheer Intelligence. 

 

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Editor | 24 de diciembre de 2021 a las 8:36 am | Etiquetas: american christians, chris hedges, christians, christmas, featured, right wing christians, robert scheer, scheer intelligence | Categorías: Chris Hedges, Robert Scheer, SI Podcast | URL: https://wp.me/pbNvZt-3hu

 

Host:
Robert Scheer

Producer:
Joshua Scheer

Introduction:
Natasha Hakimi Zapata


Nota bene: El original de esta traducción puede leerse acá. Se respetaron todos los hipervínculos incluidos en el texto (que es la transcripción de una conversación que puede escucharse acá) y se agregaron otros para mejor comprensión del contexto, sobre todo las referencias a nombres de teólogos y religiosos conocidos en EEUU.