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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 3 de julio de 2011

horizontes caídos


En la jerga de los videojuegos se llama “survival” a aquellos que plantean un periplo de obstáculos a superar para sobrevivir. Falling Skies, la serie que pudimos ver desde el domingo 19 de junio pasado –vía internet, claro; por tevé se conoció el último viernes en TNT y Space–, cuando se estrenó en EEUU, es también un survival: estamos en Boston, Massachusetts, en algo así como el presente. Unos alienígenas invadieron la Tierra, desplegaron naves y dos tipos de criaturas: los Mechs (robots bípedos y mortíferos), y skitters, una mezcla de pulpos con Depredador, (aquel bicho feo del espacio) y devastaron todo. Seguimos al grupo en el que el profesor de historia Tom Mason (Noah Wyle) intenta ganar el liderazgo de la resistencia y recuperar a su tercer hijo, capturado por los extraterrestres al que, como a todos los niños, le han puesto un aparato en la nuca que parece lobotomizarlos. Como se sabe, la serie la produce y en ocasiones dirige Steven Spielberg —quien está muy ocupado este año: estrenó hace muy poco Super 8, escrita por J.J. Abrams, y produjo Cowboys and Aliens, también con guionistas de Lost y Fringe, que se estrena a fines de julio. Hay una escena en la que el profesor Mason cuenta cómo es que ejércitos pequeños lograron resistir con éxito a grandes invasores. ¡Pero se olvida de Vietnam! Como si la serie, promovida como la gran tira épica de la tevé, buscara esa épica justamente en los argumentos históricos de la Roma antigua que esgrime Mason. El primer incidente inquietante llega recién al final del episodio 3, “Prisionero de guerra”, cuando el despertar de un skitter es también el de uno de sus esclavos. En fin, Falling Skies se suma a los seis episodios que se conocieron de The Walking Dead –que produce y dirige Frank Darabont– en esta nueva ola fin de mundo que cultivan series y películas. Y hay que señalar que si las clásicas películas de ciencia ficción de los 50 en las que se planteaba el final de la civilización eran, de alguna manera, una respuesta al dilema de la Guerra Fría (los invasores venían a lobotomizarnos con comunismo), las actuales muestran un “otro-lado” inabordable: insectos o seres cuya especie es opuesto a lo humano. ¿Será el fin de la historia? ¿O sólo el del imperio?