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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 6 de enero de 2013

estamos fritos


Imagen tomada de pelicula-trailer.com.

Por una cuestión aleatoria de las subidas en TPB terminé viendo casi a un mismo tiempo la última de James Bond y Dredd (cuyo primer film ya había visto en cine en el 95). Claro, en Skyfall, dirigida por Sam Mendes, es mucho más fácil ver ese “salto cualitativo”, ese guiño inteligente que señala en la mujer el ser superior que teje –sí, como en la Odisea– el hilo del destino. Como si el cine, aunque malo, se hubiese vuelto “cameroniano“ (por James Cameron, ¿se entiende?): ahí adelante sólo hay ruinas, no importa quiénes dejaron esas ruinas, lo seguro es que no saldremos de allí sin una mujer que nos guíe. Las mujeres de Skyfall y Dredd son a su modo malas, a su modo madres. De hecho, la villana que encarna la gloriosa Lena Headey es llamada “Mama” en Dredd. Y “M“, el personaje que Judi Dench encarna en la saga Bond desde Casino Royale, es muchas veces llamada “Ma”. A su vez, Rory Kinnear, quien encarna a Bill Tanner en varios de los films de Bond, es el primer ministro en el episodio The National Anthem, de la serie Black Mirror: una vidriosa conjunción de representaciones distorsionan la representación de Inglaterra en la pantalla. Bueno, y además tenemos el Bond de Daniel Craig, que parece haber dejado el humor –es decir, la parte sublimada de toda esa acción que consiste en asesinar personas–, al menos en este tercer episodio de la saga, en manos de Judi Dench: él vuelve casi literalmente de la muerte a la casa de M y ella le dice que como lo creían finado se deshicieron de todas sus propiedades. “Dormiré en un hotel”, dice él. “Certainly you're not sleeping here”, le responde ella. Lo que nos lleva al episodio inicial de Black Mirror: el primer ministro (Kinnear) obligado a tener sexo con un cerdo. Ya no se trata de con quién se tiene sexo, sino de dónde dormir o, para usar el dicho popular, dónde caer muerto.
Hace unas horas, al recuperar unos viejos cedés, volví a escuchar la versión de Nancy Sinatra de “You only live twice“: “You only live twice or so it seems. One life for yourself and one for your dreams”. En cambio en “Skyfall“ Adele, o la letra que canta Adele, aplana esa metáfora de la doble vida con el final que anuncia en la primera línea (“This is the end”): no hay una segunda vez, sino el pasado, donde todo comenzó y todo termina. M es la madre de todos los pecados, pero también de ese tiempo que se agota: en M somos hijos y huérfanos, lo mismo que en la Mama de Lena Headey. El Bond de Skyfall es varias veces puesto en el lugar de víctima de una mujer (al principio su compañera le dispara; al final, salvar a M lo debilita). Y, además, la “chica Bond”, que el espía conoce en su ascenso hacia el sacrificio, Bérénice Marlohe –quien, intuimos, tuvo un pasado como el de Mama: prostituta, abusada, vengativa–, muere en una confrontación de pericia masculina: muchachos, no merecemos el mundo, ni siquiera el que soñamos.
Salvo, claro, que pretendamos salvarlo y que en esa acción estemos dispuestos a perderlo todo.

Imagen tomada de SciFiNow.