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miércoles, 25 de febrero de 2026

ludueña

Para muchos de los que llegaron a estudiar a Rosario a principios de lo 80 y habitaban el centro o las zonas cercanas a las facultades, el desborde del arroyo Ludueña y la inundación de Empalme Graneros de abril de 1986 fue un tardío encuentro con la ciudad barrial, extensa y proletaria. La imagen del Banco Provincial y la estación de servicio inundados en la esquina de Alberdi y Génova, era tremenda porque todos más o menos reconocían el lugar. Pero el desfile de vecinos cargando sus bártulos en fila por la ignota avenida Juan José Paso no era menos espeluznante.


Alberdi y Génova, inundación de abril de 1986.

Entonces entró en el mapa mental de los forasteros el arroyo Ludueña, que iban a reconocer después al cruzarlo por la costanera a la altura de la Usina Sorrento.

La oscura sonoridad del nombre, con su dos úes, su diptongo y su eñe, con ese significado constatable –”dueña”– burlado por el “lu” inicial, ocultaba de alguna forma su carácter de apellido. Sonaba allí algo así como un sustantivo: “el Ludueña”, una entidad independiente, que venía con su propio arrullo, con un movimiento sonoro, acuoso y lejano.

En agosto de 2009, en el sitio MisApellidos.com, un cordobés argentino de nombre Gabriel Ángel Ludueña publicó un borrador sobre su investigación en torno al origen de su apellido. Cita visiblemente al filólogo español Álvaro Galmés de Fuentes, célebre por su estudio del mozárabe (la influencia del árabe y lenguas romances en la actual Andalucía en el nacimiento del español) y señala que en “Ludueña” pueden coexistir dos vocablos: “lud” y “ueña”, y se dedica a explorar la proveniencia de cada término.

Aunque brevemente documentada, su investigación suena coherente. Dice que en su origen probablemente hebreo, “Lûd” significa progenie o tortuoso (aunque no hay en el hebreo actual un vocablo parecido que se corresponda con esos significados) y que el componente judío se remonta en España al siglo I y se intensifica con la invasión árabe entre el IV y el X.

Por su parte, el vocablo “ueña”  deriva del “sufijo prerromano locativo ‘anca’, transformado primero en ‘anga’ y luego en ‘ueña’ al castellanizarse”. Y cita a Galmés de Fuentes al señalar que tal sufijo provendría del celta “onna”, que significa fuente o arroyo. Agrega que ese sufijo puede remontarse a la época de la dominación Romana (siglo II), cuando se observaron ciertas modificaciones fonéticas y gráficas, como en el caso de “O” por “UE”. El cordobés Ludueña arriesga que acaso el apellido fuera de uso entre judíos conversos a sangre y fuego en la península, entre los siglos XIV y XV. Y propone como posibles traducciones “arroyo o fuente tortuosa”, así como “progenie de la fuente o el arroyo”. En otros términos, aunque no del autor, “origen del manantial”.

No menos destacable es el raconto de la diáspora que hace el Ludueña cordobés de los portadores de su apellido, que incluso reafirma en su acotada historia las interpretaciones filológicas. Dice que los primeros “Ludueña” emigraron de España durante la época de la Conquista y Colonización y que llegaron a haber gobernadores españoles con ese apellido en los actuales Ecuador, Colombia, Venezuela y Guyanas. Y anota: “Otros llegaron a la actual provincia de Córdoba (Argentina) en el 1600 vía Potosí. Los últimos, en el siglo XIX y XX, llegaron a América y se establecieron desde EEUU a Argentina (Mendoza, Santa Fe y Buenos Aires)”. En 2008 (un año antes de la publicación del Ludueña cordobés), “no hay casi Ludueñas nacidos en España, de los 76 que figuran en el padrón de ese año sólo 5 pueden ser considerados nacidos allí, los 71 restantes son extranjeros.”

Avenida J.J. Paso, inundación de 1961.

Salvo la denominación del Ludueña como arroyo Salinas en un breve período del siglo XIX, no hay registro de un nombre aborigen para ese curso de agua que, además, debe haberse intensificado con la colonización agropecuaria de los campos en ese siglo. 

Una propiedad de Justo José de Urquiza, sobre la actual avenida Alberdi al 1000 (antes “Camino al Norte”), de mediados del siglo XIX, a pocos metros del curso del Ludueña, ubica al general entrerriano reunido con sus tropas sobre la orilla antes de las batallas de Caseros, Cepeda y Pavón y, más tarde, alrededor de 1859, con el paraguayo Solano López antes de la guerra de la Triple Alianza. A medida que se aleja de la desembocadura en el Paraná, la presencia del Ludueña hacia el oeste en la historia va diluyéndose hasta 1889, cuando su desborde anega el caserío de inmigrantes formado a un costado de las vías del ferrocarril Central Córdoba que llevaban a los graneros sobre el Paraná. De esa primera inundación hubo registro porque el reciente barrio Empalme Graneros, integrado en su mayoría por inmigrantes pobres, se habían asentado sobre los bajíos del Ludueña, arroyo que comenzó a cobrar notoriedad entonces por su caudal variante, una hondonada en el terreno capaz de hincharse de agua según las lluvias o el desagote de los sembradíos del noroeste cercano. Como la boa de El Principito: una serpiente que se devoraba un elefante.

Cuando en la época colonial la ciudad de Rosario entraba en la denominación general “Pago de los Arroyos” abarcaba una amplia zona delimitada al sur por el Arroyo del Medio y, al norte, por el Carcarañá. Ya en el siglo XIX, cuando Urquiza la veía como la posible capital de un país que se extinguió en Caseros, los arroyos que delimitaban la ciudad se habían acercado al Saladillo en el sur y el Ludueña en el norte. 

Pero el Ludueña mantenía entonces esa condición espectral de su incierto nombre: un límite que adelgazaba y se ensanchaba en sus bañados, un extranjero presente y algo invisible, como esos primeros habitantes de Empalme Graneros.


Avenida J.J. Paso, inundación de 1986.

Así nacen los límites de las urbes, la extranjería de un sonido, el nombre sibilante de una voz foránea hablada por la lengua propia que recupera en ese vocablo un nombre como si en él hallara un verso estridente y olvidado: Ludueña.


Junio de 2019. Con Juan Pablo y los muchachos en el puente sobre el Ludueña de Azcuénaga a la altura del Golf Club. 

Junio de 2019. Los muchachos en el puente sobre el Ludueña de Azcuénaga a la altura del Golf Club.

Mayo de 2019, otra visita al puente de Azcuénaga sobre el Ludueña.


Noviembre de 2019. Detrás, el puente de Álvarez Condarco y La República sobre el Ludueña.

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