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"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 30 de noviembre de 2010

¿qué es de la vida de laren?

Eso, ¿que es de la vida de Benito Laren? En 2001 o 2002, Guilla Ygelman me llamó porque iba a sacar una revista, lo que fue y hoy es Atypica, donde aún publico. Me dijo que había pensado que estaría bueno que entrevistara a Benito Laren, que si lo conocía. "Claro —dije—, si hicimos juntos la secundaria, por un rato al menos". Laura Glusman nos llevó en su Toyota a Benito y a mí a Costa Alta, donde le hizo varias fotos para luego decidirse por otras fotos, en otro lugar. Y así. Escribí esto. (Las fotos son de Laura, que me las regaló después).


Fotos de Laura Glusman.

Dice que si tuviera dinero se compraría un detector de metales y lo alquilaría entre los buscadores de tesoros que viajan al Paraguay. Dice que mientras trabaja en sus obras mira televisión y escribe. Dice también que entre sus obras, las que homenajean a otros artistas son las que más se venden. “Porque la gente quiere tener un Xul Solar, pero no puede. Entonces puede llegar a tener un Xul Solaren”. Benito Laren mira de reojo, detrás de unos anteojos oscuros color bordó, casi marrón, y estira los labios para sonreír. Algo va y vuelve en esa sonrisa. Algo que está en lo que dice pero, sobre todo, en lo que mira.
Habla del Paraguay, de sus incursiones tras los tesoros enterrados durante la guerra de la Triple Alianza, hace casi ciento cincuenta años. Habla así: “La gente no sabe que en el Paraguay, antes de la guerra, había un millón y medio de habitantes y después de la guerra quedaron doscientos mil, y eran casi todos mujeres y niños. Pasó algo parecido al éxodo jujeño, enterraban el oro antes de que se lo llevara el otro. Eso quedó por ahí. Lo que pasa que en el gobierno de Stroessner, los únicos que buscaban eran los militares, y se lo llevaban ellos. Stroessner desvió un arroyo y sacó siete barcos cargados”.
Benito Laren quiere ser conocido: “Quiero que me conozcan”, dice y sonríe, el tipo de sonrisa que con un resto irónico recuerda la de aquellos villanos de las series de los 70 que cada noche, en su guarida, reafirmaban su compromiso de conquistar el mundo al día siguiente. Nacido y criado en San Nicolás, donde repitió tres veces en la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 1, General Ingeniero Manuel Nicolás Savio, por lo que esperaba salir de ahí con dos títulos (“Es que yo iba a leer y a dibujar”, dice), Laren casi llegó a convertirse en un nicoleño anónimo hasta que en 1993 renunció a su trabajo en un laboratorio de la ex Somisa, invirtió sus ahorros en materiales para sus primeros cuadrejos (vidrio, papel metalizado, espejos y luces de colores) y se fue a Nueva York. Ahora, es decir, hasta hace unas semanas, cuando se sentó en una silla plegable de un empobrecido bar de Costa Alta para mantener esta entrevista, está entusiasmado con ir a almorzar con Mirtha Legrand. El resplandor del sol, oculto tras la barranca, le ponía más oscuros los anteojos. Laren, apenas distraído por los barcos que pasaban echando humo por el río a sus espaldas, con el puente enmarcándole la testa calva, cubierta por una gorra con visera, hablaba sin apuro y, a falta de un licuado de banana, bebía Coca Cola.
“Quiero hacer un escándalo porque me van a invitar a almorzar con Mirtha, estoy ahí nomás”, dice. Pregunta: “Ahí nomás, ¿adónde?” Respuesta: “Ya tendría que haber ido a comer con Mirtha en agosto, pero se atrasó un poco. Entonces quiero decirle que recibo mensajes de la virgen y que hicieron mal el templo, que la virgen quiere el templo a dos cuadras de ahí”. La “virgen” es la del Rosario de San Nicolás, a la que se le levantó un fastuoso templo en el terreno de la ribera nicoleña en el que antes se extendía una villa miseria. Laren, que durante el secundario pasó un año sin dormir luego de leer un libro de magia (lo perseguían luces, se despertaba ahorcándose y se acostaba con la luz prendida) fue durante cinco años a una sociedad espiritista para sacarse aquella pesadilla de encima. Ahí tuvo su primer encuentro con la virgen. Los espiritistas se reunían en una pieza, atrás de un almacén, en Rondeau y avenida Alberdi, allí “se le pintaba la virgen en la pared. Pero como no creían en eso los tipos la volvían a pintar de blanco, pero después la tuvieron que cubrir con una tela”, dice y, también: “El nivel de la gente siempre fue muy precario”. Pregunta: “¿La gente que iba a espiritismo?” Respuesta: “De la gente a nivel general. Había una comunicación con unos médiums que les decía que las chicas no fueran pintadas”. Otra pregunta: “¿Qué chicas, las que iban a espiritismo?” Y Laren: “Sí, eran todas señoras mayores, y el espíritu poseso en el médium les decía a las viejas que no se pintaran”.
Confunde, Laren confunde al enseñar su plan: “Quiero que me conozcan”, dice. Lleva una rueda de bicicleta color amarillo patito en la mano y un bolso de mano negro con una peluca y dos ejemplares de sus perfumes “Colonization”, cuyas cajas traen una obra original del artista, están numeradas y llevan su firma. Hasta ahora se venden en galerías de arte. Pero quiere desembarcar en perfumerías. Por qué no: son los perfumes “Colonization”. Dice que la mayoría de los artistas plásticos de su generación son amigos. Que apenas puede expedirse sobre sus obras y se ataja: “Yo no sé nada de arte”. Ahora pinta puertas de autos: “Yo creo que va a andar eso”, dice. Y también: “Conseguí de Duna 97, tres de Fiat 1500, antiguo, y de Peugeot. Había una de un Alfa Romeo que estaba bárbara, pero eran 1.400 dólares, así que será para el futuro”. Habla de su primer  disco de música, que acaso aparezca el año que viene. “El último de Laren”, se va a llamar, dice. Habla del programa de televisión que hará en Much Music en el que la productora lo ve como un Benny Hill local. Y habla de hacer películas triple X. “Condicionadas”, aclara. Y dice: “Bueno, yo soy un especialista en el tema. Miro mucho de eso, y ya inventé como tres películas. Estoy en la duda de actuar. Porque tengo unas formas ahí, una manera de hacer las cosas. También va a ser humorística, porque de esas no hay humorísticas”. A modo de pregunta: “A ver, tenés una «formas» para actuar en películas condicionadas”. A modo de respuesta dice Laren: “Sí, sí. Bueno, yo actuaría de una manera y la otra gente haría lo que tiene que hacer... O sea, hay un género que no se está haciendo, que es el gracioso”. La charla sigue así: “Sí, claro, son muy poco graciosas esas películas”. Laren: “Yo habré visto como quinientas y diez habrán sido interesantes”. Comentario: “Y vos incursionarías en el humor”. Y: “Claro, pero yo debería actuar porque quiero ser conocido. Lo que me interesa es figurar”.
De vuelta a los tesoros. En la entrevista se recuerda aquél chiste de los hermanos Marx: Chico entra excitado a la casa donde Groucho lee el diario. “Groucho, Groucho –dice–, hay un tesoro enterrado en la casa de al lado”. Y Groucho: “Pero si al lado no hay ninguna casa”. Y Chico: “Oh, eso no importa, construiremos una”. Y la pregunta es si a Laren le parece que sus obras pueden pensarse como un tesoro en ese sentido. Ah, pero Laren de nuevo mira de reojo tras los anteojos oscuros y estira los labios. “Alguien dijo alguna vez que los cuadros eran como tesoros, (Roberto) Jacoby, en un catálogo –dice–. Porque brillan, parecen algo así como joyas. Pero los tesoros no influyen mucho en mi obra, es sólo como un escape. En el verano hago excursiones. Me canso mucho trabajando. Ayer estuve hasta las tres de la mañana, mientras pinto miro la televisión, escucho la radio y escribo, si no me aburro. Todo el tiempo me estoy aburriendo”.
A modo de pregunta: “Escribís siempre esos juegos de palabras”. Y de respuesta: “Sí, lo que pasa es que son graciosos, es porque me sale­. Pero, no es de mi eso, porque yo me olvido enseguida de las cosas. Cuando es de uno, uno se acuerda, son cosas que uno va recibiendo, sería la inspiración y eso. Pero viste, esas cosas, cuando voy a dormir, que estoy sintonizado y entonces estoy todo el tiempo escribiendo, prendo y apago la luz, porque si no, al otro día, no me acuerdo de nada. Pero si me engancho en un tema me viene todo”. Después Laren dice que cuando mejor le “vienen las cosas” es cuando camina; pero también dice: “En realidad yo no sé cómo hago las cosas, porque, te cuento, de cuadros puedo estar haciendo como ocho a la vez, y voy combinando las cosas, y es como que voy pero no sé cómo”
Una vez más, el tesoro que quería desenterrar Chico Marx: la tentación es pensar que Laren es como Chico, que estaba dispuesto a construir una casa para derrumbarla luego y descubrir el tesoro. Pero eso le pasa a todo el mundo y suena a la vieja historia del árabe que sueña bajo su higuera con un tesoro enterrado en la otra punta del país. Llega allá y conoce a otro hombre que le dice que ha soñado con un tesoro enterrado bajo su higuera. De vuelta, descubre las riquezas sepultadas entre las raíces de la planta. La obra de Laren, uno de los artistas más sorprendentes que salió del Centro Cultural Ricardo Rojas, “en la Capital” (Laren dixit) a mediados de los 90, es también como el mapa de un vidente en el que los tiempos y los lugares aparecen transfigurados: se los mira y no se sabe qué venía primero, si el valor de lo que ellos evocan o que semejante evocación exista. No se sabe si primero hay que ir a almorzar con la Legrand o enterrarla en los cimientos de la casa que habrá que derrumbar para buscar el tesoro. Acaso todo junto. Acaso quedarse en la casa, mirando televisión o escuchando música. A propósito, ¿alguien escuchó “El último de Laren”?



Fotos de Laura Glusman.