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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 1 de noviembre de 2011

vida y obra

En Una posibilidad de vida. Escrituras íntimas (2006), Alberto Giordano exploraba las figuras de varios escritores de diario y trabajaba con la materia de lo íntimo: “La intimidad –dice José Luis Prado, según citaba Giordano– aparece en el lenguaje como lo que el lenguaje no puede (sino que quiere) decir”. El giro autobiográfico en la literatura argentina actual (2008) y ahora Vida y obra. Otra vuelta al giro autobiográfico (Beatriz Viterbo, 2011) que se presenta este miércoles a las 19.30 en la hermosa librería Oliva Libros (Entre Ríos 548), con Giordano, Nora Domínguez y Marcela Zanín, vuelven sobre esas exploraciones.

Claro que la incursión de Giordano en el tema no sólo modificó el mapa de lo que puede llamarse “autoficción” o “escrituras del yo” (sólo nuestro autor y sólo en Argentina, ha relevado textos de Alejandra Pizarnik, Manuel Puig, Elvio Gandolfo, Alejandro López, Hebe Uhart hasta nombres muy recientes como Diego Meret o Inés Acevedo), también llevó a Giordano al ejercicio de una escritura de la pasión que es la mayor felicidad de Vida y obra.
Esta historia de escribir sobre el “giro autobiográfico” empezó con cartas entre Giordano y César Aira y, fiel a su disciplina, a su ética de quitar la literatura del lugar común de la cultura, Giordano “amonesta” (el término es suyo) a Aira en el ensayo dedicado a Meret, precisamente por el “giro cultural” que adquieren las palabras de Aira al censurar cierta tendencia autobiográfica de los nuevos escritores.
Nos parece que este libro, Vida y obra, a diferencia de los anteriores que dedica Giordano al tema, está más atravesado por la idea de contemporaneidad. De hecho hay una cita al ya conocido texto de Giorgio Agamben sobre el asunto, que es a su vez una vuelta a las sugerencias de Walter Benjamin en su ensayo sobre la historia. Además, discute el concepto con Josefina Ludmer, aborda los textos de Uhart, Meret, Acevedo, Gabriela Liffschitz o Raúl Escari y ensaya sobre ese suspenso (en el sentido en el que Hitchcock habla de suspense) en la vida que introduce la escritura cuando observa las referencias a la infancia en los relatos de Hebe Uhart: “Narradas por una voz que presenta cada realidad como la aparición de algo, más que cercano, íntimo, y al mismo tiempo inabordable, como un recuerdo imprevisto, venido desde un tiempo originario (el futuro inminente en el que podrían cumplirse de una vez las promesas de la infancia), que se impone con la fuerza de lo verdadero y al mismo tiempo se abisma en la incertidumbre más radical”.
Una vez le preguntamos a Giordano si el crítico no es a fin de cuentas un escritor de diarios. “No sé si el crítico en general –dijo–, pero sí el que encuentra, o busca, en ese ejercicio extraño que llamamos ensayo literario una posibilidad de registrar, a través de conceptos y estrategias argumentativas, sus vivencias de lector, esos momentos en los que, gracias al encuentro con unas palabras que se le impusieron sin imponerle nada, la vida se le volvió más intensa”.