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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 10 de abril de 2012

almas en juego [the killing s02]



La serie The Killing, cuya primera temporada se estrenó en Argentina a través de Direct TV en septiembre del año pasado, largó su segunda temporada en su canal de origen, AMC (la misma de Mad Men, Breaking Bad o The Walking Dead), el domingo 1 de abril pasado, lo que significa que cualquier persona más o menos habilidosa en el uso de internet puede comenzar a seguir una de las tiras más celebradas de 2011 (los premios que recogió a fin de año estuvieron a la altura de la cantidad de espectadores que tuvo: 2,7 millones en su debut en Estados Unidos, una cifra baja para los hits de la tevé basura, pero lo suficientemente alta para llevarla al culto).
The Killing es un policial atípico: menos centrado en la tecnología policial al estilo de las CSI, que en las reacciones de los investigadores del crimen de la adolescente Rosie Larse, las de su familia –que comienza un proceso de quiebre y disolución en el dolor– y la del ambiente político con el que aparece mezclado el crimen.
Adaptación de la original de la televisión danesa Forbrydelsen (El crimen) y escrita también por Veena Sud, los productores de The Killing señalaron varias veces que la elección para la escenografía de la ciudad portuaria Seatle, al norte y sobre la costa del Pacífico, en la que siempre llueve y a la que rara vez vemos en planos abiertos (lo que incrementa la sensación de intimidad, pero también de claustrofobia), viene a remedar el paisaje europeo en América del Norte, a darle una pintura de gótico americano a una historia en la que un solo asesinato basta para hacer tangible el Mal y disparar todas las hipótesis en torno a quién fue el asesino.
La serie sigue, como en su primera temporada, el día a día de la investigación. Si el día 12 (último capítulo del 2011) culminaba con la detective Sarah Linden (la fabulosa Mireille Enos) a bordo de un avión, a punto de viajar a la ciudad donde su prometido acaso ya no la espera (cansado de la adicción al trabajo de su novia) cuando una llamada le advierte que es falsa la foto con la que resolvió que el asesino era Darren Richmond (Billy Cmbell), candidato a alcalde de Seatle; el día 13, primer episodio de la segunda temporada comienza con Linden y su hijo de vuelta en el aeropuerto de partida.

Historias mínimas

Lo que en la primera temporada aludía, más allá de esa intimidad viciada del crimen, a una conspiración, en la segunda cobra materialidad: entramos en la historia de Stephen Holder (Joel Kinnaman), el compañero de Linden, ex agente de Narcóticos, ex adicto, quien parecía ser “el traidor”. También la historia de Linden, cuyo hijo le fue retirado en algún momento anterior al comienzo del caso a través del que conocemos al personaje debido, precisamente, a la adicción de la madre al trabajo; también esta historia comienza a mostrársenos de modo sesgado, a través de comentarios de sus superiores, de miradas, de desvíos en los que reverbera la naturaleza casi sobrenatural a la que pertenece la naturaleza humana y, claro está, el crimen que nos ocupa.

Pero, sobre todo, comienza a recomponerse el rompecabezas Larsen, sobre todo el de Stanley (Brant Sexton, otro actor enorme, en todos los sentidos), padre de Rosie, la adolescente asesinada, y sus vínculos con un mafioso polaco. Los métodos de Stanley ya lo llevaron en la primera temporada a tomar la justicia por sus manos al atacar a uno de los docentes de Rosie, sospechoso de haber matado a la joven. En el segundo episodio de la segunda temporada, Stanley recurre directamente al mafioso Janek Kovarsky (Don Thompson), del que se desvinculó hace casi dos décadas para erigir su familia.

Doble danesa

Mireille Enos dijo en una entrevista que se publicó en el blog del sitio de AMC que prefirió no ver la versión original de la tevé danesa para poder componer su propio personaje sin que influyera el que hizo la actriz Sofie Grabel. De todos modos, Grabel y Enos trabajaron juntas en el set de la segunda temporada: la danesa interpreta en el segundo episodio a la fiscal de distrito Christina Niilsen, quien reabre la investigación y permite que Linden vuelva a hacerse cargo del caso.
Cuando en la entrevista mencionada le preguntan a Enos (ella misma de creencias mormonas y una de las esposas del pastor polígamo en la imponente serie Big Love) por qué los personajes se muestran tan fríos entre sí, la rubia responde: “Hay que tener en cuenta que algunos de ellos se conocen hace menos de dos semanas, que es el tiempo en el que transcurre la historia”. Y es que parte de esa materialización del Mal que parece ser el procedimiento de la serie consiste en darle al tiempo la espesura de la homogeneidad: ese crimen impune ha detenido el tiempo, hundiéndolo en esa atmósfera mojada, en ese bosque siempre igual en el que todos se juegan la vida pero, sobre todo, se juegan el alma.
Mireille Enos y Sofie Grabel en el segundo episodio de la segunda temporada.