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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 31 de mayo de 2011

investigadores del mal

Al fin otra serie policial que en lugar de apegarse al realismo de la puesta en escena sabe insinuar el Mal y mostrarlo a través de sus efectos. The Killing es una serie policial “trascendente”, lo que la vuelve, en algún punto, fantástica. Nada de esa fotocopia documental que pretendía ser The Wire, ni de la cosa canchera y cómplice con el público que suelen ser muchos thrillers de la tevé. The Killing, que produce la cadena AMC —la misma de The Walking Dead y Mad Men— llegará a su final de su primera temporada el domingo 19 de junio próximo cuando se emita su episodio 13 —no pregunten qué canal local, la vemos en la red.
 La detective Sarah Linden (Mireille Enos) en la comisaría.

Un crimen, el asesinato brutal de la joven Rosie Larsen, de 17 años, que vemos siempre de modo fragmentario a través de las fotos policiales, basta para atraer y esparcir un mundo de sombras que se cierne sobre todos los protagonistas: la detective de la policía de Seattle —donde transcurre la historia— Sarah Linden (la magnífica Mireille Enos, a la que conocíamos como una de las esposas de Big Love), que resigna su vida privada a la resolución del caso, también verá avanzar sobre su vida ese manto tenebroso que, como la lluvia en Seattle, cae sobre toda las cosas y, en lugar de lavarlas, las salpica de barro. Así, el pasado de cada personaje, su presente y su futuro, es visto a la luz de ese crimen espantoso, porque la irrupción del Mal es algo que sucede fuera del tiempo y viene a modificarlo todo.
Así, el concejal Darren Richmond, en plena campaña hacia la intendencia de Seattle, debe hacerse cargo de las implicancias que trae el hecho de que el cadáver de la muerta apareciese en uno de los autos de su campaña: todo en The Killing se nos muestra a través de su dimensión más física, corpórea, corruptible. También, todo lo que sucede tienen magnitudes universales y, por lo tanto, trágicas: uno de los sospechosos es un profesor somalí y entre los objetivos de la investigación entra una mezquita, de modo que cada conflicto personal o particular —afectado a la investigación del crimen—, se universaliza. También el crimen de Rosie Larsen; ese solo asesinato basta para el espanto.
Originariamente The Killing nació en la televisión danesa, en 2007, escrita por Søren Sveistrup. Esta versión norteamericana es una reescritura y los espectadores que disfrutaron de la versión de la BBC de Wallander (hermosos paisajes de Suecia empañados por crímenes bestiales y personajes quebrados, la resaca de la utopía social, como lo dicen los mismos textos de Henning Mankell en que se basa la serie) podrán verla también como una suerte de homenaje.
Gracias Marcelo por recomendar e insistir.