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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

jueves, 18 de abril de 2013

ballard prevalece


Un correo de Caja Negra Editora, nos avisa que tendremos el enorme placer de leer nuevamente a uno de los autores más citados en esta bitácora (acá, acá, acá, acá y acá), J.G. Ballard, de quien esa editorial publicará Para una autopsia de la vida cotidiana. Conversaciones, con traducción de Walter Cassara y prólogo de nuestro gran Pablo Capanna. Las interacciones con Caja Negra (cuyos libros –éste, o éste otro– disfrutamos muchísimo), más los intercambios con Matías –uno de los editores– en su blog, anunciaban algo bueno, no necesariamente feliz como este volumen.
Reproduzco lo que, estimo, debe ser la contratapa de esta Autopsia, para señalar que ni siquiera en la anotación breve, meramente informativa y hasta propagandística, Ballard puede ser tomado a la ligera: «Este volumen reúne cuatro entrevistas publicadas originalmente en la emblemática revista contracultural norteamericana ReSearch que exhiben de manera privilegiada la lucidez con la que el escritor británico J.G. Ballard diagnosticó el destino del siglo XX, a la vez que lo revelan como un inquietante profeta que nos alerta desde el pasado sobre los males de nuestro tiempo: la locura como último refugio de la libertad en una era signada por el aburrimiento, la introyección de la tecnología en nuestras psiquis y afectos, la colonización total de la vida privada por el paisaje mediático o la sustitución del erotismo por esa conjunción de abstracción, deseo y eficiencia que implica la imagen pornográfica. (Las negritas son nuestras.)
«En estas charlas íntimas, lúcidas y descontracturadas, Ballard nos enseña el catálogo de obsesiones en torno a las cuales construyó una literatura que transformó para siempre el discurso de la ciencia ficción, enfatizando el carácter definitivamente alienígena del paisaje en el que vivimos.»

Comencé a leer a Ballard en el secundario, en unos tomos gordos, con páginas de papel de arroz que, estimo, serían de la editorial Aguilar. Ni sabía quien era, pero en particular El mundo sumergido, su primera novela, que en aquél tomo estaba junto con otras dos, me fascinó y me dejó exiliado, al terminar, de un paisaje que busqué más tarde en otros libros, otras películas.
Volví a Ballard hace unos quince años, después de leer una nota en la que Marcelo Cohen escribía sobre Noches de cocaína. Recuerdo no tanto los argumentos de Cohen como su "compromiso", por llamarlo de algún modo, con la lectura de Ballard: se lo lee para estar al tanto, para saber dónde está uno. Sus libros, sobre todo los últimos, nos ofrecen la única verdad de la literatura, aquella que convoca palabras para crear mundos, lamentarse y rogar por ellos.