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"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 25 de septiembre de 2017

síndrome de estocolmo

El 18 de septiembre pasado, desde la consultora Gustavo Córdoba y Asociados, radicada en Córdoba, soltaron una encuesta que registraba una ola de apoyo al gobierno nacional de Mauricio Macri, sobre todo en la región central del país. No sólo creció la imagen positiva del presidente –pese a la desaparición de Santiago Maldonado, pese al escándalo de los Panamá Papers (que se mantuvo como una agitación internacional y parece nunca haber traspasado la frontera nacional, al punto que la semana pasada la Justicia desvinculó al mandatario) y, sobre todo, pese a la caída de las ventas, el incremento de la importación, la pérdida de empleo y de poder adquisitivo de la población. Los cambiemitas dominan las encuestas y, mejor aún, dominan el ánimo político impulsados por una oposición amorfa, fragmentada y centralizada en el caudal electoral de Cristina Fernández de Kirchner, quien compite por una senaduría en la provincia de Buenos Aires.      
En esta conversación Gustavo Córdoba también pone en duda que el justicialismo santafesino conserve los votos que obtuvo en las Paso y cree que los únicos que pueden crecer electoralmente son el oficialismo provincial y el partido de la Casa Rosada.
—A partir del triunfo de las Paso han reforzado de manera positiva todas las expectativas, todas las imágenes, incluso la aprobación de la gestión.
—Hay un proceso que venimos midiendo desde hace rato, hay un interregno antes y después de las Paso donde todos los indicadores que son expectativas, calificación de gestión e imagen se dispararon. Un efecto ganador tremendo, fundamentalmente en toda la zona central del país, que tiene un correlato que Cambiemos ha tenido y que eventualmente pueden tener. Te voy a dar un dato: lo de San Luis no es un fenómeno aislado, tampoco lo es lo que puede llegar a pasar en Santa Fe. Es muy probable que Cambiemos gane, y le va a costar mucho al peronismo mantener la victoria que tuvo en agosto en Santa Fe. Porque no sé si quienes votaron a la jueza Alejandra Rodenas se van a inclinar por el voto a Agustín Rossi o bien van a tener como opciones al oficialismo de la provincia o a Cambiemos.
—¿Hicieron alguna medición sobre el oficialismo provincial? Hay una situación muy tensa dentro del Frente Progresista con los radicales que lo integraban y ahora están más cerca de Cambiemos.
—Pasa lo mismo que en Córdoba, donde el peronismo perdió por 16 puntos, y el gobierno de Schiaretti tiene una aprobación igual o mejor que la que tiene Macri.
—¿Y eso cómo se explica?
—Yo creo que el país adoptó un eje en el que la elección de la provincia de Buenos Aires se nacionalizó de una manera inédita, como nunca antes se había nacionalizado en una elección provincial. El país estuvo en vilo: si Cristina ganaba o perdía. Eso activó a un votante de neto corte ideológico que quizás iba a votar a otro candidato o acaso no iba a votar y se activó al solo efecto de darle un mensaje a Cristina, independientemente de la zona del país donde esa persona votaba: votó básicamente para evitar que el kirchnerismo recuperase posiciones de poder.
—Y eso a pesar de la endeble situación económica que se atraviesa.
—La gente lo ve, la gente lo entiende. Es más, la mitad o poco más de la mitad de votantes de Cambiemos califican muy mal la gestión económica de gobierno, pero el voto ideológico es mucho más fuerte que el reconocimiento de la mala gestión económica del gobierno.
—¿El voto ideológico es el que pide orden y represión?
—No. Lo podés ver de manera positiva y negativa, pero indudablemente que es un voto que prescinde del análisis racional del desempeño de un gobierno. No es un voto de corto plazo. Es un voto cultural, de largo o mediano plazo, asentado incluso en prejuicios, porque forman parte de la cultura. Pero fijate que es un elemento crítico: el contexto es el que manda, y en este contexto la política argentina está como mal vista y Cambiemos es un elemento ultranovedoso, ligado por ejemplo a la gestión por redes sociales, lo que le da una posición diferente a la de la política tradicional. Y Cambiemos aprovechó muy bien esta cuestión.
—¿Cuáles serían esos prejuicios que mencionabas?
—Bueno, el optorgamiento de un cheque en blanco a Mauricio Macri prescindiendo de los errores, prescindiendo de los temas de corrupción: es como que no hay una mirada igualitaria de los hechos de corrupción del gobierno anterior con los de este gobierno. Es más, fijate el periodista de la nación Alconada Mon, cuando publica algo que le pega al kirchnerismo aplauden todos; cuando lo hace con algo que roza al gobierno actual saltan las puteadas de los lectores en las páginas del mismo diario, diciéndole “Al final laburás para el kirchnerismo”. Esa manera de estar impregnada nuestra cultura del voto, nuestra cultura electoral, es obviamente un prejuicio.
—¿Y a cuánto llega la imagen positiva del gobierno?
—Hoy Macri tiene más positiva que negativa, y la positiva está en el orden del 48, 49 por ciento en todo el país y la negativa está en el orden del 46. Cuando él venía con diferencial negativo. Ahora se ha recuperado. Ahora, hay otros elementos también para evaluarlo: la aprobación de gestión aumentó también, está con diferencial positivo. La imagen de María Eugenia Vidal pegó un salto nacional, la imagen de Elisa Carrió pegó otro salto. Y fijate este dato, nosotros preguntamos: en octubre gana Macri, ¿qué viene? Un 44 por ciento dijo ajuste y un 36, crecimiento. Es muy loco que muchos de los que van a darle un voto de confianza hoy a Macri creen que lo que les viene es un ajuste.
—¿Es como un síndrome de Estocolmo?
—Lo que pasa es que lo que hay preguntarse no es tanto lo que este gobierno está haciendo, sino cómo fue que el gobierno anterior dejó la situación cultural e ideológica que muchos argentinos en vez de reconsiderar hacia atrás su voto, se niega a darle paso al pasado y se tira hacia adelante, con un nivel de credibilidad por el gobierno que este gobierno aún no ofrece muchas cosas para sostenerla y lograr ese voto. No obstante, emocionalmente lo que tengo que reconocer es que Cristina tiene gran parte de la responsabilidad. En parte porque todavía sigue siendo, desde el punto de vista opositor la dirigente de mayor volumen político-electoral. Y eso le impide a la oposición generar nuevos liderazgos
—Lo que convierte a Cristina en un tapón para el surgimiento de nuevos líderes opositores.
—Es muy difícil para un líder como es ella tener la posibilidad de una reválida, son muy pocos los casos en la historia argentina, creo que Perón fue el único; Montiel en Entre Ríos, De la Sota en Córdoba, casos en que se fueron del poder y después volvieron. Pero es muy difícil que recuperen posiciones de poder en el primer nivel, con lo cual, como no surge ningún otro líder que cuestione y desafíe la autoridad de Cristina, ese rol le permite a Macri tener un margen de gobernabilidad mucho más alto porque le garantiza a nivel nacional al menos dos peronismos. Y es de tal magnitud la desagregación del peronismo que se ha convertido en un partido que tiene 24 sucursales, como si fueran 24 cooperativas distintas entre sí, no hay una coordinación estratégica del voto opositor, ni la hay de liderazgos nacionales. Hay incluso dos elementos que tienen en común hoy muchos líderes del peronismo: la cantidad de años que llevan gobernando, caso San Luis, o Córdoba, y la cantidad de años que tienen personalmente, son líderes que tienen ya un rodaje que no huele precisamente a futuro, un Gioja, por ejemplo, o Infran, Schiaretti mismo, son tipos que no tienen 25 años de política por delante. Eso conspira también para la conformación de un liderazgo con futuro.
—¿Y han tanteado qué otros líderes podrían surgir de acá a 2019?
—No, los dirigentes que medimos son los candidatos y Sergio Massa, por ejemplo, tiene un diferencial negativo que asusta, tiene 53, casi 54 puntos de imagen negativa, lo mismo le pasa a Florencio Randazzo, quien desde agosto no ha hecho sino crecer su imagen negativa. No están descartados a futuro, pero en el corto plazo no sé y no veo cómo se pueden reciclar y cambiar su posicionamiento actual. Van  salir bastante erosionados en su capital político después de las elecciones de octubre.
—¿Y qué es lo que van a sembrar estas elecciones para las de 2019?
—Por lo general uno piensa en las elecciones intermedias como una suerte de filtro. Filtran a los que van a competir en una elección ejecutiva a dos años. Y es probable, sí, que veamos algo de eso. Aunque la imagen de Marcelo Tinelli –justo ayer leía una nota en Perfil donde se mostró en Bolívar con (el intendente Eduardo) ‘Bali’ Bucca (perteneciente al sector que apoya a Randazzo)– habla a las claras de que no podemos descartar a otros jugadores, sobre todo cuando el peronismo carece de figuras con ese nivel de popularidad.
—¿Y cómo analizaron la situación en Santa Fe?
—Sí, lo que digo es que a veces –y esto ha pasado en varias elecciones Paso– no todo lo que un partido saca en agosto lo retiene en octubre, hay una dinámica interna que a veces se multiplica y se potencia pero otras veces también se desagrega el voto, y eso es lo que puede llegar a pasar con el voto del peronismo. Hoy no tengo claro que todo el voto que reunió el peronismo en Santa Fe se vaya a permanecer detrás de Rossi. Me parece que no, porque si analizo la imagen de Rodenas y veo la imagen de Rossi dentro de ese votante veo que el nivel de rechazo es alto. Lo que no podría decir es cuál es el destino de ese votante. Porque puede darse un voto lástima, de reconocerle políticas progresistas al gobierno de la provincia, o cuestiones de coherencia a lo largo del tiempo y votar ahí, o ir por el cambio nacional y votar a Cambiemos. No sé lo que va a pasar, pero veo difícil que el PJ retenga la cantidad que sacó en agosto. Y es probable que el oficialismo provincial mejore en términos relativos su posición electoral como también lo puede hacer Cambiemos. Y hay que tener en cuenta que corrimientos mínimos pueden tener efectos importantes. Imaginemos que el peronismo vuelva a ganar en Santa Fe, eso es un dato político de impacto nacional. Ahora, si gana Cambiemos, que no estuvo tan lejos, porque el rol de las campañas es hoy correr mínimamente los escenarios: tres o cuatro puntos.