en CdS
A comienzos de enero pasado el consultor político RicardoRouvier había medido la caída de la imagen de Mauricio Macri tras la reforma previsional de diciembre y la intentona de quitar derechos laborales. Ofreció sus resultados con prudencia, término que usa más de una vez en esta conversación que mantuvimos con él luego de que el presidente inaugurase las sesiones ordinarias del Congreso, la semana pasada.
A comienzos de enero pasado el consultor político RicardoRouvier había medido la caída de la imagen de Mauricio Macri tras la reforma previsional de diciembre y la intentona de quitar derechos laborales. Ofreció sus resultados con prudencia, término que usa más de una vez en esta conversación que mantuvimos con él luego de que el presidente inaugurase las sesiones ordinarias del Congreso, la semana pasada.
Una hora después de que Macri hubiera anunciado en la
Legislatura que “lo peor ya pasó” y que el país vive un “crecimiento invisible”,
Rouvier –sociólogo y titular de Ricardo Rouvier y Asociados– ya había publicado
una nota en el sitio La Letra P titulada “Rendición de cuentas”.
¿Cómo pudo escribirla tan rápido?, fue la primera pregunta. Es que la redactó
antes de que el mandatario hablara y la terminó justo cuando cerraba el
discurso. “Ya sabía lo que iba a decir”, deslizó el analista.
—Usted dijo que más allá de la ideología, el plan de este
gobierno ya es un fracaso.
—Lo que digo es que más allá de las etiquetas, porque muchas
veces uno se distrae en el análisis con la propia ideología del que analiza, es
que la receta neoliberal o la aplicación de la receta liberal, el gobierno
fracasó: fracasa en materia económica, sea neoliberal, populista o como sea,
fracasa en sus propios objetivos. ¿Cuáles son? Bueno, los objetivos están
enunciados. Estoy leyendo ahora un trabajo para una publicación que va a salir
en mayo donde planteo cuáles son los deseos imaginarios del PRO, porque el PRO
es el eje ideológico principal de Cambiemos. ¿Y por qué hablo de fracaso?
Porque este no es el resultado económico que ellos mismos esperaban. No digo
que lo que esperaban los otros, sino lo que esperaban ellos, que no están
obteniendo resultados. Y como no los están obteniendo van a producir de aquí en
más, como lo escuchamos en el discurso del presidente, todo lo que puedan en
materia simbólica como para poder ser una opción electoral con posibilidades de
obtener la reelección en el 2019. Pero en cuanto a lo que ellos pretenden, sus
objetivos, no los están cumpliendo.
—Porque el plan económico que tienen está fundado sobre todo
en lo financiero. La semana pasada nos enteramos de que vino a Argentina una
empresa muy importante del exterior, desde Estados Unidos, a hacer inversiones,
pero va a tomar dinero de los fondos comunes de inversión, va a crear fondos
comunes de inversión. O sea que lo que vino es una empresa financiera. Este
gobierno no tiene un plan industrial, no es que el plan industrial no funciona,
no lo tiene, nunca lo enunciaron. En el discurso de apertura de sesiones
ordinarias del Congreso el presidente anunció el mejoramiento de algunos
sectores industriales que yo incluso contesté en la nota que escribí el
miércoles pasado. Y le confieso que la nota la escribí antes de que el
presidente diera su discurso, porque sabía lo que iba a decir. Después escuché
el discurso para corregir lo que había puesto, tomando incluso los datos que
los diarios daban a la mañana: no tienen un plan industrial, tienen un proyecto
financiero. El déficit fiscal que tienen, que es el 56 por ciento del PBI –cuando
Cristina Kirchner se fue tenía el 45 por ciento del PBI–, más 9 mil millones de
déficit comercial… Si lo analizan los liberales se van a enojar con esta gente,
porque esto no da resultados para nadie: no bajan la inflación, que es un tema
central para la escuela de la economía clásica. Lo único que han logrado es los
millones que tienen en el Banco Central en stock de divisas. Y si seguimos así
la crisis va a ser, como sucede siempre en la Argentina, por lo que se llama
estrangulamiento del sector externo. A ver, se habla de un déficit comercial de
9 mil millones, ¿de dónde salen? El presidente habló del turismo como si lo
hiciera sobre un festival, una kermese. Y el turismo de salida y entrada, según
datos del Indec, produjo en 2017 un déficit de 10 mil millones de dólares.
—Son los dólares que se fueron con los turistas que viajaron
al exterior.
—Es más la gente que se va y se lleva dólares que la que
entra. Y de eso no dijo nada el presidente en el discurso, sólo habló de la
maravilla de que vengan los turistas. Pero se van más de los que entran. Y el
dato que doy está en el sitio oficial del Indec y en el diario El Cronista.
También mencionó una cosa interesante para nosotros, los consultores, los
académicos: un largo listado de lugares comunes o de sentido común, que eso sí
tiene que ver con (Jaime) Durán Barba y el márketing que hace el PRO, que es
ocuparse de la gente, por eso se refirió a los accidentes de tránsito: todos
estamos de acuerdo en que hay que bajar los accidentes de tránsito. Y también
anunció algo que ya existe, que no se cumple, pero ya existe, que es la ley de
igualdad salarial de hombres y mujeres, pero no se cumple, aunque no lo
explicó. Me pareció bien lo del aborto, es un gesto democrático, porque dijo no
estar de acuerdo, que hay que reconocerle.
—Aunque muchos lo tildaron de oportunista por lanzar ese
debate.
—Sí, sí, pero la verdad es que lo lleva al Congreso para que
lo debata, pero el discurso fue eso.
—Incluso se separó de la política, nuevamente, al referirse
al ciudadano común.
—Bueno, es lo que usted dice. La gente separada de la
política. Cuando hace un listado de las cuestiones que son de sentido común ahí
la política desaparece, porque está hablándole al ciudadano y a uno como
persona, como diciéndole ¿usted no está de acuerdo en bajar los accidentes de
tránsito? Y claro, ¿cómo no vamos a estar de acuerdo? Son cuestiones generales,
de sentido común que vacían la política.
—Aparte, para que haya menos accidentes habría que tener una
política de desarrollo del ferrocarril.
—Claro, pero no dijo una sola palabra seria sobre industria
y cuando se refirió al tema sólo mencionó sectores, como el de la construcción
–cosa que yo ya sabía que iba a mencionar–, que creció, la venta de portland,
etcétera. Pero no dijo nada de las industrias que están en crisis en la
Argentina por la importación: textiles, calzado, cuero. Hubo venta récord de
motocicletas y autos, es verdad, pero lamentablemente la mayoría son
importados, o sea que no es valor agregado argentino, porque no son ni siquiera
armados acá, como los autos vendidos en enero, que vienen desde Brasil. Pero el
presidente, como todos los presidentes, sólo da buenas noticias, y éste no
profundiza los temas.
—En estos últimos días hubo muchas voces críticas desde el
radicalismo a sus aliados del PRO en Cambiemos, por caso Ricardo Gil Lavedra o
Ricardo Alfonsín. ¿Ve algo así como un quiebre en eso?
—El radicalismo tiene en su cabeza varias cosas. Una, que
Macri les salvó la vida, eso no se olvida. La decisión de ir con Macri en la
reunión de Gualeguaychú, y ganó Macri. Si Macri no ganaba usted y yo estaríamos
hablando de los distintos grupos radicales que existirían: el radicalismo
implosionaba si no iba con Cambiemos. Ahora los radicales van a querer más
cargos, más poder, van a querer la vicepresidencia en el 19, ya tienen su
figura, y van a entrar en colisión en temas en los que los radicales tienen
matices diferentes a los de estos neoconservadores del PRO, por ejemplo, la
vieja prosapia radical es un poco más nacionalista, más preocupados por las
formas republicanas, van a escuchar más a los industriales. Pero se verá, por
el momento no hay una interna peligrosa. El oficialismo marcha con cierta
comodidad hacia el 2019, me atrevería a decir, en el peor momento, según las
encuestas, frente a una oposición que está muy incómoda, con mucha
incertidumbre, muy fragmentada y con poco tiempo. Porque esto tiene que ver con
el tiempo subjetivo; el objetivo es igual para uno y para otros: faltan tantos
días para 2019. Pero el tiempo subjetivo es diferente porque hay mucho que
acomodar en el sector del pan peronismo y no es fácil ni sencillo. En cambio el
gobierno, por más que tengan un problema con los radicales, no van a romper.
Seguramente varios radicales van a estar de acuerdo con que el presidente no
dijo una sola palabra en serio sobre la industria.
—Habló de las encuestas que le dan mal a Macri, sin embargo,
tampoco son tan terribles y no están midiendo a nadie enfrente. ¿Cuál sería el
valor de las encuestas en este momento?
—Sí, las encuestas le dan mal a Macri pero no tan mal como
para pensar que ya perdió en el 19. No se podría decir eso porque Macri aún
tiene una cuota de imagen importante, a pesar de que la negativa es más alta
que la positiva. Además, lo que tiene enfrente: si usted tiene enfrente –no voy
a poner nombres por prudencia y buen gusto– determinadas figuras va a tener
mucho trabajo para lograr que se las voten.
—¿Y qué opinión le merece la aparición de Eduardo Duhalde en
la apertura de sesiones legislativas?
—Bueno, anunció que volvía a la política, que iba a
colaborar para el 2019, pero yo creo, por ahí es una fantasía mía, que lo único
que puede salvar a la oposición es una figura nueva, joven, entre 40 y 55 años,
tal vez algún gobernador cuyo principal problema es cómo resolver el pasado
inmediato: cómo se para frente a Cristina, frente al kirchnerismo, en fin, no
es fácil. Si se pone a las viejas figuras, sindicales o políticas, algunas muy
viejas, que uno está cansado de verlas, no creo que tengan posibilidades en
2019.
—Cuando usted menciona la reelección, ¿se refiere a Macri o
a un recambio con María Eugenia Vidal, por ejemplo?
—Lo que nosotros vemos es Macri, porque una de las
fortalezas que tiene el gobierno es que no tiene fisuras internas o que no se
notan. Creo que Vidal es una segunda opción muy importante que tiene el
oficialismo, con posibilidades de ser mejor que la primera, pero que no está
dispuesta a sacar los pies del plato. Y eso es una fortaleza de Cambiemos.
—Pensar en dos períodos de macrismo ¿es pensar en un cambio
cultural?
—Ellos apuntan a un cambio cultural. Por el momento, lo que
yo diría para ser prudente, porque los cambios culturales llevan mucho tiempo,
es que por ahora estamos en un cambio de orientación política, ni siquiera me
arriesgaría a decir que es un cambio ideológico. Hasta el momento parece que
parte de la sociedad argentina quisiera empezar una nueva época. Lo que a uno
lo hace dudar es que este resultado económico y social no es lo que los
votantes de Cambiemos esperaban. Esperaban un derrame económico, el famoso
derrame de los 90, que no se produjo y la gente empieza a pensar que no va a
ocurrir. Más allá de que en el 2019, me atrevo a decir, si no hay una oposición
firme o fuerte, el oficialismo termine siendo la única opción. Cuando vemos las
encuestas, los focus groups, observamos que los votantes de Cambiemos empiezan
a desilusionarse. No a enojarse como para tirarlos por la ventana.
—De ahí los cantitos contra Macri en las canchas.
—Sí, no sé si es operación o es espontáneo, pero
sí puedo decir que algo brota porque hay sectores con bronca, enojados, y
reaccionan contra la autoridad que es el presidente. Hay que seguirlo y estar
atento, pero no recomendamos hacer vaticinios electorales con esos cantitos.
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