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"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

jueves, 24 de diciembre de 2009

felicidades

a las diez de la mañana de este veinticuatro de diciembre de dos mil nueve, tres horas antes de que salgamos para buenos aires, gustavo lópez envía desde bahía blanca sus voxinas y, con ellas, el poema de francisco garamona que reproduzco, con el que saludo también a la gente querida.
en la foto: eugenia, julio & vicente, hace una semana en casa de sus abuelos. foto de elena.

Alrededor de un pino
Francisco Garamona




Sobre la cara visible de la luna
hay unos robots que colocan paquetes
encima de una cinta transportadora
que llega hasta la oficina donde se procesan los datos
de cada niño que espera su regalo nuevo.
Mi abuelo también tenía una larga barba blanca,
me dice una amiga, y después se queda pensando.
Yo pienso en Papá Noel y en ese revolver
de metal que me trajo, que era la réplica de un arma
del mundo real. Disparé con sus salvas de colores
impactando sobre cada estrella,
y también asusté a una chica
que vivía al lado de la casa de mi tía.
¡La noche buena pasaba en un tris y ya era navidad!
Ansiosos mis primas y yo dábamos vueltas alrededor de un pino
decorado en el jardín con mil bolas de colores.
Porque era la celebración más esperada,
y casi vivíamos para llegar a ese día.
Cuando se pasó la inocencia y el camino de los sueños
fue desmalezado, nunca más la vida familiar tuvo ese brillo.
Me acuerdo que cierta noche unos extraños
pusieron sobre el pino una ristra de petardos.
Y yo que lo miraba fijamente por la ventana
del cuarto donde dormía vi cómo el fuego consumía los adornos:
pequeñas cabezas de Papá Noel con restos de hielo en la barba;
estrellas cubiertas de brillantina, osos plateados
señalando con sus brazos extendidos
que estaba cerca el fin de año.
A la mañana siguiente fuimos a ver
cómo había quedado nuestro árbol.
Estaban derretidas todas las guirnaldas y las figuras
de plástico. Y en el pasto las bolas de colores
habían dejado un polvo fino como de vidrio, sobre el que lloramos.
La navidad era un puente que trepaba
hasta el cielo de la noche del que descendería
el viejo Papá Noel montado en su trineo.
Íbamos al arroyo y nadábamos desnudos todos los primos
porque el aire de esos días nos traía las promesas
de las vacaciones y también las del comienzo del verano.
Y unos fuegos artificiales rebuscaban en el cielo su porción de infinito
caminando rumbo al pesebre viviente,
donde una vez hice de pastor con una larga rama
que arranqué de un sauce.
¡Era la navidad de hace mil años!
Para Laura, Miriam, Alexis, Leo, Noelia,
Miguel, Porota, El Perro Horacio Malvino,
tío Aldo y tía Elina, Patricia, Alejandra,
Abril, Salva, Herbert, Lauri, Valentina, Clarisa Irupé,
y también para mí, que sigo vivo todavía.