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"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 5 de febrero de 2017

estética

Tras desasnarme sobre mis vagas preocupaciones sobre fútbol, la conversación tomó varios rumbos. Entre ellos una inquisición sobre ética y estética que no estoy seguro de haber despejado y dudo que pueda hacerlo ahora. 

No importa que el tema haya tenido como disparador al Chaqueño Palavicino (Coki se embanderó con una furibunda apología) y siguiera con la pregunta: ¿qué viene primero, ética o estética?, planteada por Ricciardino.

Lo único que me importaba destacar es una pobre consideración sobre asuntos que se trataron, por ejemplo, la desfachatez de ciertas formas, de ciertos procedimientos y figuras recurrentes en la televisión actual. Un formato definido de algún modo por TN cuyas chispas encendieron fogatas en casi todas las pantallas nacionales. Desde los conductores pendencieros a las noticias tendenciosas e infundadas. 
Imagen de Twitter.

Luis insistió más de una vez que es una televisión que no sólo no tiene ideas, sino que es refractaria a cualquier tipo de idea

La idea es también algún tipo de definición. En televisión, la idea impulsa un relato. Y es el relato lo que esta tv evita y desprecia. Si la afirmación de la noticia es infundada, si el objetivo de la discusión es la pelea pública, el relato debe ser vago, debe afirmar sospechas antes que conceptos. 

Entonces llego a lo que descubrí en mi paupérrima experiencia como espectador de TN: que la pantalla todo el tiempo nos propone un desenlace inminente, su tira de imágenes, su repetición y la argumentación de los conductores nos hace pensar siempre que estamos ante algo que ya va a revelarse y, por supuesto, nunca acontece. 

Curiosamente, es la definición que J.L. Borges ofrece del "hecho estético" en el prólogo a Otras inquisiciones: "La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético."

A principios de los 50, cuando Borges publica Otras Inquisiciones, H.A. Murena aún no había traducido a Walter Benjamin, de modo que esa suerte de mística profana que leemos en esas líneas acaso proviene de los desencantos religiosos de Matthew Arnold o John Ruskin –leídos entre líneas en T.S. Eliot y Oscar Wilde–, que eran a la vez, por decirlo de algún modo, unos "desencantos místicos".

Ese desciframiento del "hecho estético" es, desde luego, una genialidad. Borges redescubre –en el prólogo a uno de sus libros de ensayos más perfectos: todos pueden ser leídos como relatos de una era fascinante y perdida– que el lenguaje, donde sucede ese "hecho" es una gran laguna, un vacío sobre el que erige su narrativa. Es claro: "algo dijeron que no hubiéramos debido perder". Lo inminente es el conocimiento de la pérdida, la única sospecha es ese vacío, esa laguna del lenguaje (Murena llamará a eso la "camisa paradisíaca").

Al darle a esa sospecha el "contenido" de cosas que atañen a la realidad, al hacer de esa laguna un relleno de cuestiones cargadas de "sentido", TN –su formato, su operación infinita– procede con un espíritu demoníaco: invierte los términos, lo inminente es algo que ya sucedió en la sospecha y la afrenta, cita las Escrituras para confundirnos.

Pensaba en las declaraciones de Oscar Wilde: "Aestheticism is a search after the signs of the beautiful. It is the science of the beautiful through which men seek the correlation of the arts. It is, to speak more exactly, the search after the secret of life." ("La estética va tras los signos de la belleza. Es la ciencia de lo bello en la que los hombres buscan la correlación de las artes. Para decirlo con exactitud, es la busca del secreto de la vida".) Si la estética es lo que da molde a la ética, sería saludable pensar una estética cuyo sedimento se abisme en el vacío antes que en la sospecha por todos conocida.