socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

miércoles, 30 de marzo de 2016

la grieta trump

En su blog Itself, el teólogo, filósofo y traductor Adam Kotsko (hay varias entradas con sus traducciones de Giorgio Agamben o Michel Foucault entre muchos otros), reflexiona sobre lo que se ve venir en Estados Unidos como la gran confrontación entre el candidato republicano, Donald Trump, y acaso la impopular Hillary Clinton por los demócratas.
En una entrada que lleva las etiquetas: “valores familiares” y “políticas del absurdo”, Kotsako da cuenta de una suerte de brecha o grieta que comienza a abrirse en la sociedad estadounidense en torno a las candidaturas de las próximas elecciones presidenciales, el 8 de noviembre de este año.

Escribe Kotsko: “Si Trump es un fascista, si es un potencial Hitler americano, ¿cómo respondemos cuando los miembros de la familia lo apoyan? Por ejemplo, supe que un pariente mío, que era muy próximo cuando yo era niño, es partidario de Trump. También me enteré de otro, uno con el que nos mantuvimos cerca a lo largo de los años, no le gusta Trump, pero lo votaría antes que a Hillary Clinton.
“¿Sería apropiado decirle a estos familiares míos que su juicio moral se está deteriorando de un modo tan siniestro que preferiría no tener más contacto con ellos? Si no es ahora, ¿qué pasa cuando llegue a la nominación? ¿Estoy obligado a amenazar que si votan afirmativamente por Trump, y no tienen la suficiente vergüenza para mentirme sobre ello, nunca más volveré a hablar con ellos?
“¿Es este el momento en que la tolerancia al tío conservador se pasa a ser un vivo rechazo a reunirse con él en el Día de Acción de Gracias, ahora que se manifestó un votante de Trump?
“¿Y si tuviera hijos? ¿Estaría en mi derecho de decir que los partidarios de Trump en mi familia nunca verán a mis hijos de nuevo, porque no quiero que mis hijos estén alrededor de tales personas, no quiero que los influencien personas que pueden ser seducidas por semejante espanto?
“Estas medidas parecen duras, pero si realmente Trump es un mal “sui generis”, lo que sigue son medidas difíciles y sin precedentes. Si no estamos dispuestos a realizar y llevar a cabo este tipo de amenazas, ¿significa que en realidad no lo vemos como un mal sui generis? ¿Que esto es sólo la última cosa que estamos dispuestos a contemplar por el bien de la paz familiar y evitar la estupidez social?”

brasil: el fin de una era

“Es el fin de una era –dice por teléfono Eduardo Crespo–, y mucho más acá en Brasil que allá en Argentina, porque el kirchnerismo se fue con un apoyo importante, sacó 48% de los votos, tiene todavía algunas figuras con cierta popularidad, y si Macri naufraga con su política económica, algo puede surgir. En Brasil, en cambio, parece venirse algo mucho más a la derecha, si ya hubo un giro neoliberal desde el mismo PT, lo que se avecina puede ser algo claramente fascista”.
Fotografía tomada de La Voz.

Con el retardo típico de las conversaciones de WhatsApp, la voz del argentino Eduardo Crespo suena clara y firme, amistosa. Está en Río de Janeiro, donde es investigador de política y economía en la Universidad Federal. A las 16 del viernes pasado la izquierda convocó a una marcha en la Plaza 15 (la más importante de Río) en rechazo de las demandas golpistas de la oposición contra el gobierno de Dilma Rousseff. A Crespo le hubiese gustado ir. “Pero como sucede con las cosas que organiza la izquierda, son convocatorias para la clase media. Al trabajador que vive en los suburbios de Río y tiene dos horas de viaje del trabajo a la casa ni se le cruza participar de estas movilizaciones”. A las 18.30 nuestro hombre debe ir a buscar a su hijo a la escuela, duda de que pueda asistir a la marcha y señala lo inoportuno del horario.

jueves, 25 de febrero de 2016

golosina

Siempre sentí admiración por el blog Golosina Caníbal: no sólo por la cuidada y sutil elección de su nombre, por la cita a Acéphale, por la inestimable lista de blogs y revistas de la columna derecha o por el epígrafe que nos recibe y proviene del título de un episodio de la querida serie Fringe: "¿Por qué los soldados cambiaformas del otro universo se están robando cabezas congeladas?" Sentí siempre admiración y hasta envidia por la capacidad de Matías y Emiliano para extractar fragmentos de libros que a veces están editando o permanecer al tanto de otras actividades editoriales. Admiración por el estilo de las entradas, que mezclan, como en el cabezal, la máxima sofisticación de Bataille con la serie de televisión y la anotación hecha casi al pasar sobre temas que pueden devorarnos por meses. Lo tengo como sitio fuente de muchas cosas que cito.

Por eso, leer el 3 de febrero pasado que Matías recomendaba, entre otros dos blogs que sigo porque los hallé en la lista de Golosina Caníbal, mis traducciones en este blog, me produjo una alegría tan embriagadora que debí dejar pasar la resaca para poder anotar algo y agradecerle.

sábado, 20 de febrero de 2016

en bandeja

El niño quiso un helado y nos dijeron que la mejor heladería en Punta del Diablo, Rocha, Uruguay, era Tropical. Allí fuimos. 
Eligió americana y crema del cielo, en cucurucho. La señorita de la heladería le preparó los dos gustos en un cono uniforme que se sostenía erguido. Antes de entregarlo preguntó al niño si quería una bandeja. El niño dijo no. Pero la señorita tomó una bandeja de la pila, en el mostrador, y enunciando un "Bueno, por las dudas", zampó el prolijo cono en la bandeja y allí quedó el helado, hecho un montículo sobre la bandeja con el cucurucho de sombrero. 
Al salir observamos que toda la clientela comía el helado de la bandeja hasta que el cucurucho no representara un peligro para la pulcritud de la ropa y el lugar y lo recogían para comérselo. 
Como también soy, al fin y al cabo, uruguayo, la situación me pareció en principio natural, una medida de precaución. 
Pero cuando mi hija vio que gente hasta mayor que yo comía el helado de esa ridícula bandeja de telgopor, cuidando de dejar para lo último el cucurucho de sombrero, comenzó a reírse con ganas. No podía concebir el acto de desconfianza y precaución que significaba la bandeja: generaciones criadas para mantener en equilibrio el cono de helado sobre el cucurucho eran borradas de la faz del Uruguay con aquel pedazo de telgopor. 
El uruguayo es precavido, austero, monocorde a veces; teme el desorden y la estridencia. El argentino le resulta ruidoso, imprudente. Cuando en Argentina decimos 'buenísimo' o 'bárbaro', en Uruguay dicen 'impecable', como comer helado en bandeja.



jueves, 4 de febrero de 2016

los anti

Las elecciones en Estados Unidos, su bipartidismo (en el que incursionó desde hace unos años el Tea Party, suerte de asambleístas antipolítica, muy conservadores, de quienes los periodistas más rutilantes suelen burlarse por su extrema ignorancia y mal uso del idioma –basta buscar en YouTube las desopilantes intervenciones de Larry King o Bill Maher al respecto) no son, pese al tinte espectacular de las campañas, algo sencillo. Hoy día un republicano es poco menos que un dinosaurio conservador y racista, sin embargo, los republicanos hace ya largas décadas mantuvieron posturas conservadoras en lo económico pero no en lo social, uno de sus presidentes fue Abraham Lincoln.

sábado, 30 de enero de 2016

contra las redes

Hace rato que venimos militando contra las redes, e incluso uno de los mensajes de bienvenida de este blog lleva a una entrada de Daniel Link donde plantea el tema. Pero este artículo, publicado por Hossein Derakhshan el 29 de diciembre pasado en The Guardian, nos parece de lo más claro al respecto. Por eso lo tradujimos. (Las fotos vinculadas pertenecen a Arash Ashoorinia y fueron hechas para The Guardian).

por Hossein Derakhshan* | Traducción P.M.

El perdón me llegó de repente, a fines de 2014, y fui liberado de la prisión Evin, al norte de Teherán. En noviembre de 2008 me habían sentenciado a unos 20 años de cárcel, sobre todo por mis actividades en la web; pensé que me pasaría la mayor parte de mi vida en esos calabozos. De modo que la liberación fue algo inesperado. Compartía una taza de té cuando una voz en el piso, la de otro preso, llenó las celdas y los corredores: “Queridos colegas prisioneros, el pájaro de la fortuna se posó de nuevo en los hombros de uno de nuestros camaradas. Señor Hossein Derakhshan, a partir de este momento eres libre.”

Afuera todo se sentía nuevo: la fresca brisa de otoño, el ruido del tráfico de un puente cercano, el olor, los colores de la ciudad en la que había vivido la mayor parte de mi vida. A mi alrededor descubrí una Teherán muy diferente a la que estaba acostumbrado. Una retahíla de nuevos y ostentosamente lujosos condominios habían reemplazado la encantadoras casitas que me eran familiares. Nuevas calles, nuevas autopistas, hordas de invasivas camionetas 4x4. Enormes letreros de publicidad de relojes suizos y televisores coreanos. Mujeres envueltas en coloridos echarpes y fulares, hombres con el pelo y la barba teñidos, y cientos de cafés renovados con mozas y música occidental. Era el tipo de cambios que se habían extendido entre la gente con sigilo, esos que uno descubre una vez que la vida cotidiana ya nos ha arrastrado.

Dos semanas después comencé a escribir de nuevo. Unos amigos estuvieron de acuerdo en que comenzara un blog como parte de su revista de arte. Lo llamé Ketabkhan, que significa lector de libros en persa.

Seis años fue un largo tiempo para estar en prisión, pero es toda una era online. La escritura en internet no había cambiado, pero la lectura –o, al menos, hacer una lectura– se había alterado dramáticamente. Me habían dicho cuán esencial se habían vuelto las redes sociales, de modo que puse un vínculo a una de mis historias en Facebook. Pero pasó que en Facebook no interesó demasiado. Terminó pareciendo un aviso clasificado: sin descripción, ssin imagen, nada. Obtuve tres “Me gusta”. ¡Tres! Eso fue todo.

Ahí se me hizo claro que las cosas habían cambiado. No estaba equipado para jugar en este nuevo juego. Todos mis esfuerzos e inversiones se habían esfumado. Estaba devastado.

Los blogs eran de oro y los blogueros eran estrellas de rock en 2008, cuando fui arrestado. En ese punto, y a pesar del hecho de que el gobierno bloqueaba el acceso a mi blog dentro de Irán, tenía una llegada a unas 20 mil personas cada día, quienes solían leer cuidadosamente mis posteos y dejaban un montón de comentarios relevantes, incluso aquellos que detestaban mi empuje. Podía empoderar o embarrar a quien quisiera. Me sentía un monarca.

Entonces, el iPhone tenía poco más de un año, pero los teléfonos inteligentes aún se usaban para hacer llamadas y enviar mensajes cortos, manejar un par de correos electrónicos y navegar la web. No habían aún aplicaciones, nada que ver con las que conocemos ahora. No había Instagram, ni SnapChat, ni WhatsApp. En su lugar estaba la web y en la web había blogs: los mejores lugares para hallar pensamientos alternativos, noticias y análisis. Esa era mi vida.

Todo había comenzado con el 9/11 (el ataque a las Torres Gemelas, en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001). Yo estaba en Toronto y mi padre había llegado de Teherán para visitarme. Desayunábamos cuando el segundo avión se estrelló contra el World Trade Center. Estaba desmoronado y confundido y, en busca de interpretaciones y explicaciones me metí en los blogs. Después de leer unos pocos pensé que debía arrancar con uno y animar a los iraníes para que comenzaran a bloguear también. Así empecé a experimentar con el Notepad de Windows. Pronto estaba escribiendo en hoder.com, usando la plataforma de Blogger antes de que Google la comprara.

El 5 de noviembre de 2001 publiqué una guía paso por paso sobre cómo iniciar un blog. Eso encendió algo que más tarde fue llamado revolución bloguera: de repente cientos y miles de iraníes pusieron al país en la cima de las naciones con mayor número de blogs. Solía tener una lista de todos los blogs en persa y, por un momento, yo fui la primera persona que contactaba cualquier nuevo bloguero iraní, de modo que yo pudiera ponerlo en la lista. Por eso me llamaron “the blogfather” (“el padre de los blogs”, que en inglés suena a “el padrino” –the godfather–) cuando yo estaba en mitad de mis 20 años. Fue un seudónimo zonzo, pero al menos daba una pista de cuánto me importaba.

La blogósfera iraní fue una multitud diversa: desde autores y periodistas exiliados, diarios femeninos y expertos en tecnología a periodistas locales, políticos, religiosos y veteranos de guerra. Pero nunca se podía tener mucha diversidad. Animé a los conservadores dentro de Irán a que se unieran y compartieran sus pensamientos. Había dejado el país a fines de 2000 para vivir en occidente, y temía que iba a perderme las tendencias que rápidamente emergían en casa. Pero leer los blogs iraníes en Toronto fue la experiencia más cercana que pude haber tenido a sentarme en un taxi compartido en Teherán y escuchar las conversaciones cruzadas y al azar entre el conductor y los pasajeros.


domingo, 24 de enero de 2016

obscenidad

Si bien no es lo más intenso de la conversación con Alejandro Horowicz (para la nota de Más de este domingo), me parece un desperdicio guardármelo.
Dice Horowicz:
«La idea de que haya un precio único para cada bien no tiene nada que ver con el capitalismo. Si usted compra por mayor nunca paga el precio minorista. Bien, desde la lógica de un banco y del sistema capitalista globalizado, el dinero no es otra cosa que una mercancía, de modo que distintas maneras de acceso al dinero suponen distintos precios. No tiene nada de extraordinario. Lo otro es un engañapichanga que consiste en tomar el precio más caro posible y transformarlo en el uno, que es el famoso mecanismo del dólar blue y creer que porque hay un precio único salimos todos gananciosos. Acá viene la otra parte de la cuestión discursiva que tiene que ver con que la experiencia política ha sido reducida a un nivel francamente elemental y que la política ha sido confiscada por el propio poder: la clase dominante es la única que hace política y el resto mira por televisión, y cree que la política es si el intendente pone las baldosas en la vereda o no, si las calles están un poco poceadas y si el agua corriente funciona. Yo entiendo que esos elementos forman parte de la vida y no se pueden negar ni se puede hacer de esto una ironía ridícula, pero reducir la política a esto es un acto suicida.»
—Y obsceno, porque es el espectáculo del poder mostrándose a sí  mismo.
—Si usted mira la escena de Macri en el balcón ve esa obscenidad en acto. No me refiero a qué sucedió antes en ese balcón, no, me refiero a la pobreza fenomenal que Macri tiene para exhibir en un balcón. Porque de Perón uno puede pensar lo que quiera, pero nadie va a pensar que Perón necesitaba que un jefe de relaciones públicas le escribiera lo que iba a decir o que iba a balbucear un argumento inconexo. Pero en el caso de este modo livianito de tomarse la cosa como si estuvieran en el palco de un salón VIP de un boliche es la reducción de la experiencia personal de Macri a la política: no tiene otro elemento más interesante para mostrar que esa lógica aprendida de la diversión bolichera. Él no es otra cosa, no es más que un gerente que se sacó el saco después de ganar el puesto de CEO.

lenguaje político y precariedad

Fue Hernán Lascano quien me propuso el tema e hizo la edición (recomendación de agregar un comentario de María Esperanza Casullo, por ejemplo, o pulir ciertas cosas). El resultado fue la nota central del suplemento Más de este domingo y que quedó mucho mejor que el original que yo había intentado remedar con subtítulos y latiguillos.
Sin embargo, quedaron cosas afuera.
Creo que un fragmento de la conversación con Pablo Hupert, por ejemplo (que generó a la vez un generoso intercambio de su parte), merece ser compartida, así que la reproduzco acá con los enlaces que me pareció adecuado incluir.

Q: Si querés, podemos arrancar por la pregunta sobre el lenguaje “como objeto de la política”, según Roberto Espósito.
PH: sí, bueno, vamos por ahí. No es plenamente voluntario, no es plenamente deliberado. En parte uno (digo uno, los gobiernos, los actores políticos que sean) usan los lenguajes que tienen a disposición. En parte inventan pero no es tanto lo que pueden inventar: tienen que decir cosas que sean entendibles o de alguna manera, que generen sentido (aunque no se las entienda). Y, además, la invención de ningún lenguaje es algo voluntario o algo que pueda hacer una sola persona en poco tiempo: es algo colectivo, operativo  que se hace a lo largo de mucho tiempo. Incluso el lenguaje del neoliberalismo: en El nacimiento de la biopolítica, Fucault muestra todas las décadas que llevó, todo el trabajo intelectual que llevó armar un liberalismo nuevo. Por decir uno conocido, (la obra de) Milton Friedman ya tiene más de 50. A lo que voy es que, para mí, es fundamental que entendamos que el lenguaje como objeto de la política no es pura maniobra, pura pose, puro engaño, mentira maquiavélica deliberada. Y digo esto porque es en este sentido que se decía "relato". Digámoslo así: los kirchneristas decían que Clarín tenía su relato y viceversa. Y esos relatos parecían algo totalmente acomodable según el gusto. Pero si hay algo que se vio en la última campaña, es que el kirchnerismo no pudo acomodar del todo el idioma, el lenguaje de la campaña electoral a lo que quería oír el votante. Creo que para eso fueron más exitosos Massa y, por supuesto, Macri. Y cuando uno dice "Massa" y "Macri" no se refiere a ellos como personas, sino a los equipos de campaña, a los medios también. Bueno, esas conversaciones, para retomar la idea de antes de que nadie lo hace individualmente y deliberadamente: se va construyendo en conversaciones, en idas y vueltas; y algunos sentidos van sedimentando, a través del machaque de los medios o a través del sentido que hacen en la vida cotidiana. Porque hay circunstancias concretas que le dan sentido a ciertos machaques y no a otros.

miércoles, 20 de enero de 2016

sympathy for the devil

El novelista Don Winslow escribió dos novelas intensas sobre la guerra contra las drogas: The power of the dog (2005)  y The Cartel, que fue uno de los libros más reseñados durante 2015, adquirido por Fox para una película que será dirigida por Ridley Scott. Winslow se pasó casi 20 años investigando los cárteles mexicanos, y la mayor parte de la violencia que aparece en sus páginas está basada en hechos reales. Dedicó su libro a los más de 100 periodistas muertos por la violencia de los cárteles; nombró a cada uno de los cronistas asesinados en la introducción. Winslow escribió este artículo para Deadline Hollywood horrorizado por el encuentro entre Sean Penn y El Chapo Guzmán y la posterior entrevista en el programa 60 minutos, que conduce Charlie Rose y en la que el actor –un activista en varias causas que la gran mayoría de los norteamericanos no ven con simpatía– se mostró arrepentido por los resultados del reportaje con el traficante que publicó la revista Rolling Stone.

“Mi artículo falló”, le dijo Penn a Charlie Rose.
Bueno, sí –comienza su texto Don Winslow–. Como alguien que ha investigado y escrito sobre los cárteles mexicanos y la inútil "guerra contra las drogas” que se extiende ya veinte años, sé lo difícil que es el tema. Endiablado, te lleva el alma, es desgarrador; desafía el intelecto, tus creencias, tu fe en la humanidad y en Dios. Ningún periodista o escritor que lo haya abordado sale de allí como entró; y muchos ni siquiera sobrevivieron, sino que fueron torturados, mutilados y asesinados por orden de tipos como Joaquín Guzmán. (Me resisto el apodo Chapo [lindo, en jerga mexicana]: no es uno de los Siete Enanitos, Chapo, como Mudito, o Mocoso o Tímido, se trata de un asesino de masas.)

lunes, 18 de enero de 2016

la música de "the leftovers"

Mi amigo Gustavo Ng tradujo una de las entradas de Adam Kotsko sobre una de las series que más nos gustan. Dice:
"Para mí una de las cosas más impactantes de The Leftovers es la música. La firma gestual de la banda sonora es el despliegue de una versión "culta" de una canción pop –por ejemplo, el arreglo para piano de “Where is My Mind” o el cover lento y melodramático que hace Lo-Fang de “You’re the One That I Want” de Grease. Este último sólo se produce una vez, en un momento en que el espectador empieza a preguntarse si el amor entre dos personajes principales es meramente circunstancial (básicamente una versión más dramática y plena de la aventura de verano de un adolescente).
El primero es un estribillo más constante, que a veces suena como el comienzo de la propia "música de piano dramática" de la serie y, a veces las transiciones en grabación original de Pixies. Aquí creo que se supone que debemos escuchar una referencia El Club de la Pelea, dado que el personaje de Justin Theroux está viviendo una doble vida (aunque casi nunca vemos inmediatamente la versión disociada, y mucho menos las dos versiones interactuando como sucedía entre Ed Norton y Brad Pitt ). Dado que tantos de los problemas de los personajes se centran en una tensa relación con el Remanente Culpable, también podríamos ver ese culto como una evocación de la más militante Club de la Pelea de la segunda mitad de la película. Al igual que con la evocación de Grease, sin embargo, en ambos casos, los riesgos son mucho mayores, ya que se trata de un evento apocalíptico antes que de un hastío sin nombre.
Más que cualquier referencia intertextual específica, sin embargo, creo que este gesto clasificatorio de la música pop o películas de culto refleja lo que el espectáculo en su conjunto está haciendo. Después de todo, ¿qué idea podría ser más grasa o de clase baja desde la perspectiva del drama culto por cable que el tropo cristiano fundamentalista del Rapto? ¿Qué podría estar más lejos de las aspiraciones culturales de la audiencia de HBO que las novelas y películas de The Left Behind?"

lunes, 11 de enero de 2016

pornografía y civilización

El deseo de consumir pornografía con más privacidad y menos esfuerzo fue una fuerza impulsora detrás de la tecnología de las comunicaciones.


En “I Remeber Babylon” (“Recuerdo Babilonia”), un cuento corto publicado en la revista Playboy en 1960, Arthur C. Clarke –ya una leyenda de la ciencia ficción– imaginó un escenario, cinco años antes del lanzamiento de los satélites de telecomunicaciones y adelantándose décadas a los videos para adultos “on-demand”, en el que fuerzas chino-soviéticas acordaban una gran conspiración para lavar el cerebro de los estadounidenses mediante la transmisión permanente de propaganda y pornografía en el living de sus hogares.
“Por primera vez en la historia, cualquier forma de censura se volvió por completo imposible”, explicaba un propagandista que se había vuelto un agente comunista. “El cliente puede conseguir lo que quiera desde su propia casa. Sólo tiene que trabar la puerta y encender el televisor. Sus amigos y su familia nunca se enterarán”.
Las predicciones de Calrke sobre el consumo de pornografía fueron espantosamente certeras, salvo que en lugar una invasión comunista de las ondas aéreas, la industria de la pornografía –para bien o mal– transformó de modo fundamental la tecnología de las comunicaciones, dándole empuje a un mundo conectado en el que la censura de regímenes antidemocráticos como China* se encuentran con dificultades cada vez mayores para controlar la opinión de las personas.

bowie is dead

David Bowie ha muerto. "I'm stuck with a valuable friend. I'm happy, hope you're happy too..."
Con él mueren tantas cosas que iba a hacer.

descargas de enero

Si las series fantásticas que vimos hasta ahora ponían en escena la biopolítica (la tragedia de los desplazados, refugiados y caídos del sistema representados por zombies o vampiros) o el poder a veces fallido del gran imperio (desde súper héroes oscuros como Daredevil o Jessica Jones a los más tradicionales como Heroes Reborn, Arrow o The Flash); algunas de las tiras televisivas que podrán verse en enero de este nuevo año exploran otro costado de lo fantástico y la ciencia ficción: la disolución del imperio (el poderío y la hegemonía militar y económica de Estados Unidos: “imperio” no es un concepto preciso, sino una suerte de metáfora para esa descripción) y el tráfico a veces “naif”, ingenuo y a la vez melancólico de la imaginería popular norteamericana con lo sobrenatural.
Veamos.
El 7 de enero CBS estrenó la comedia de media hora Angel from Hell (Ángel del infierno, con Jane Lynch en el papel de Amy, quien se presenta como un ángel de la guarda que tiene problemas con el alcohol; y Maggie Lawson como Allison Fuller, una dermatóloga perfeccionista).
Lynch es una mujer de mediana edad lasciva y típicamente despreocupada, pero es a la vez el ángel guardián de Allison, quien ejerce como dermatóloga con su padre (Kevin Pollak), mientras que su hermano, Brad (Kyle Bornheimer), inexplicablemente vive en su garaje. Al principio no está claro si Amy es un ángel real o sólo una acosadora.
Pese a la clara clave de comedia, el drama que subyace en esta suerte de remake de amas de casa con un fantasma amigable y trastornado, es el de una mujer eficiente que ha confundido bondad con corrección. Cuando Lynch se presenta como ángel guardián a Allison, ella le dice que pudo obtener toda la información que acaba de darle de Facebook. Que un ser sobrenatural deba sobreponerse a las estupideces de una red social y establezca esas diferencia ya es algo digno de celebrar.


El 14 de enero USA Network estrenará Colony, que devuelve a la pantalla a Josh Holloway (el Sawyer de Lost, de la mano de uno de los creadores de aquella legendaria serie, Carlton Cuse), aunque en realidad ya difundió el episodio piloto en la red el 21 de diciembre pasado –puede verse si se lo descarga de algún sitio de archivos torrent–. Con sus tres episodios iniciales dirigidos por el argentino Juan José Campanaella (sí, el hombre que se ufanó de sentarse junto a la jueza Arroyo Salgado durante el debate presidencial Scioli-Macri), Colony trascurre en un futuro cercano en una ciudad de Los Ángeles dividida por un muro gigantesco e invadida por seres que no conocemos hasta entrada la temporada. Lo que conocemos son los efectos de esa invasión: los ciudadanos solo pueden movilizarse en bicicleta y están vigilados de modo permanente y hasta violento por drones que sobrevuelan la ciudad. Cuse dijo que se inspiró en las imágenes de la París invadida por los nazis, de las que pueden verse fotos en las que unas sonrientes señoritas toman café en las mesas de la vereda de un bar acompañadas por uniformados con las insignias de las SS.
Campanella, a su vez, recordó los años de la dictadura cívico-militar argentina, en la que la gente hacía su vida cotidiana mientras los militares secuestraban y asesinaban personas.
La trama entre colaboracionistas y rebeldes (que invocan la figura de un tal Gerónimo) es el meollo del asunto. A Holloway lo acompaña otra ex gran-serie, Sarah Wayne Callies, la finada esposa de Rick Grimes en The Walking Dead.
En Argentina el canal TNT emitirá Colony, aunque aún no está claro si en simultáneo o en diferido.



sábado, 19 de diciembre de 2015

territorio

La primera imagen que recuerdo de Celia es una que dibujó su hijo Gustavo a partir de una fotografía tomada en el lavadero de la casa de calle León Guruciaga casi Álvarez, en San Nicolás. Un medio perfil de ella, agachada sobre la pileta de cemento donde lavaba ropa y mantenía una conversación que, siempre imaginé, mantenía con su hijo. Gustavo había tomado nota de varios detalles: el cable de lo que podría ser un lavarropas enchufado en el tomacorriente de la pared y, sobre todo, la actitud de Celia, que hablaba y a la vez despertaba la voz del otro. En ese dibujo, además de admirar el genio de Gustavo (esto de copiar una escena doméstica de una fotografía y cargarla de intriga a través del artificio del dibujo, porque recién ahí entendí que el dibujo es una escritura), veía en Celia una mujer relajada en su tarea cotidiana: conversaba, refregaba la ropa; su esposo estaba muy lejos (era una toma de fines de los 70), en Estados Unidos, mientras ella le hablaba a su hijo en San Nicolás, Buenos Aires, en la intimidad de un lavadero a 7 mil kilómetros de distancia de su padre. Celia ofrecía para mí, en ese dibujo, la imagen de alguien plantado en su lugar, sí. Pero, también, la imagen de alguien que conversaba con eso que su lugar tenía para dar.
Gustavo, Ana y Celia. Fotografía de Elena Makovsky.

La segunda imagen de Celia es la de una tarde-noche de primavera de hace unos cinco años, en la cocina de su casa de calle Alurralde entre Savio y Don Bosco, donde nos llamó al orden (a Gustavo y a mí) porque despotricábamos sobre San Nicolás. Fumaba unos cigarrillos de filtro blanco y nos dijo que no perdiéramos tiempo hablando mal de San Nicolás: acaso no era el dechado de virtudes de la ciudad lo que la impulsaba a defenderla, sino el hecho de que allí habían crecido y muerto sus seres más queridos. Ella era eso, un territorio. Esmirriada y entusiasta, nada de todo ese territorio le era ajeno.
La vez que presentamos con Osvaldo Aguirre nuestros libritos sobre Oratorio Morante y San Nicolás, sólo había tres personas. Celia era una de ellas. Sentada hasta el final en una silla en el patio de la librería, no abundó en preguntas que no sé si hubiese podido responder. En cambio, nos hizo saber que con su presencia estábamos en un territorio amigo, que en ella había un hogar y podíamos hablar con ella mientras ella refregaba la ropa.
Uno siempre se distrae de la muerte y piensa que los territorios están ahí por siempre. ¿Hubiese podido capturar algo de todo esto el domingo pasado cuando nos vimos? Quién sabe. Ahora son todos gestos sobre el vacío.

Su muerte es también la pérdida enorme de un lugar.

martes, 8 de diciembre de 2015

la dama de negro

Pensada como una historia de cómic para adultos, con personajes que llevan su madurez hasta la alcoba, Alias, que protagoniza la heroína Jessica Jones, fue publicada por primera vez en Marvel en 2001 dentro de la línea Max. Cuando Netflix se hizo cargo del proyecto de llevar Jessica Jones a una serie de televisión no sólo cuidó la complejidad de los personajes, también mezcló en la trama otros héroes de Marvel que, aunque no están del todo presentes, comparten la escenografía –el barrio Hell’s Kitchen, en Manhattan– y figuras secundarias, como la enfermera Claire Temple, interpretada por Rosario Dawson.
Imagen tomada de AVClub.com.

Netflix alojó los 13 episodios de la primera temporada de Jessica Jones el viernes 20 de noviembre pasado y al poco tiempo anunció que habría una segunda en 2016. La serie está protagonizada por Krysten Ritter (la vimos en el segunda temporada de Breaking Bad como Jane Margolis, la novia de Jesse Pinkman), quien da cuerpo a una detective privada –Alias es el nombre de su agencia– que se dedica a investigar casos en los que hay implicadas personas que tienen poderes, como ella –su fuerza le permite derribar forzudos, levantar autos, caer desde una gran altura o saltar algunos pisos, pero no tiene, como se bromea en una escena, vista de rayos láser ni la capacidad de repeler las balas.

lunes, 30 de noviembre de 2015

un herodes argentino

El 2 de abril de 1982 se concretó un plan llevado adelante por un Estado terrorista que estaba en decadencia: un ejército comandado por militares que se habían formado en la tortura y el asesinato de civiles desarmados y mujeres embarazadas desembarcó en Puerto Stanley (Puerto Argentino) con el fin de tomar las Islas Malvinas. La orden para el desembarco era no causar víctimas entre la tropa inglesa que fue tomada por sorpresa. Y así fue, murieron sólo dos militares argentinos. Durante la guerra, que duró dos meses y doce días, la gran mayoría de los jefes militares argentinos llevaron adelante la tarea para la que habían sido formados: estaquearon y torturaron a los soldados conscriptos y huyeron como ratas cuando se acercaba el enemigo. Sin embargo, los soldados fueron valientes, pelearon solos, se repusieron de la hambruna a la que los sometieron sus jefes –tan estúpidos que llevaron cocinas de campaña para alimentar a leña en un territorio donde no hay árboles ni madera– y, a su vuelta, fueron silenciados y ninguneados por las autoridades y también por una sociedad que no quería saber del fracaso estrepitoso de esa guerra y esa dictadura que había sido aclamada por la mayor parte de la prensa y la ciudadanía.

Si se quisiera contar esa historia, ¿cómo hacerlo? ¿Hay algo para decir de semejante atrocidad? 650 soldados argentinos murieron en esa guerra y otros 450 se suicidaron más tarde, solos, tildados de locos. La guerra de Malvinas es aún, pese a las pensiones y reivindicaciones de los últimos años, un agujero negro en la historia. Pensar en su perversidad lleva al desquicio.
En “Hedor”, el primer relato de Herodes, Pablo Bilsky de algún modo atenta la resolución de ese interrogante: ¿cómo narrar la atrocidad?
La anécdota de ese relato inaugural y capital es más o menos así: un periodista va a cubrir el descubrimiento de un cadáver en un bosque de eucaliptos de Capitán Bermúdez. Es un hombre, pero está vestido de mujer, lleva las prendas chillonas de una mujer y yace bajo los árboles, el cuerpo está descomponiéndose y despide un olor que inunda el bosque. El hombre es un ex combatiente de Malvinas, es un soldado que sobrevivió a la guerra y yace allí con un vestido de mujer raído. Los vecinos le dicen al periodista que no era un travesti, que sencillamente se disfrazaba de mujer y se ponía un almohadón bajo la ropa para parecer embarazada. Como aquél psicótico de Freud, que se decía “la novia de Dios”.
Pero el relato no es la anécdota, sino un festín casi orgiástico de palabras e imágenes que reactualiza esa guerra, esas batallas ahora recuperadas y ganadas gracias a unas municiones hechas de lencería pobre y baratijas. Allí desfila la guerra por Rosario, por el bosque de eucaliptos; desfila con todos sus protagonistas, desde el intendente adepto a la última dictadura, Alberto Natale, al director de la UNR, Humberto Riccomi, pasando por jefes militares y policiales, por los programas de cine –encabezados por Olmedo y Porcel– y televisión –donde se emitía Calabromas; hasta el Topo Gigio desfila en esas páginas. Una procesión que se desprende como un vaho de una libreta de periodista que se humedece con la bruma allá en Capitán Bermúdez. Pero no sólo Malvinas, los comandantes de las guerras imperiales y coloniales británicas también flotan en esa bruma e impregnan con sus nombres una escritura que, cuando parece volcarse hacia el delirio muestra su verdadero nervio: la furia, una furia arrasadora como aquella que leímos en LèonBloy cuando vomitaba su rabia sobre los ricos parisinos que habían muerto quemados en el Bazar de la Caridad.
Con el tono de los ácratas y los blasfemos, Bislky ensaya un relato de ese desquicio en un hallazgo tan macabro como el plan de aquella contienda: el cadáver de un ex combatiente –el hecho es real y fue cubierto por Bilsky mientras era periodista de un diario de Rosario. El plan recuerda aquél de El corazón de las tinieblas, en la que el capitán Marlowe descubre en un rincón del África profunda, en medio de una orgía de sangre y desenfreno, que en la otra punta de esa expedición había unas tiernas viejitas que tejían calcetines en la oficina de la compañía naviera en Amsterdam.
Un plan que sólo la literatura puede llevar a cabo, un plan que no acepta la comunicación –por eso su protagonista es un periodista, no un comunicador; por eso lo que narra es algo que parece desprenderse de una libreta empapada y escapa al hecho duro que tiene enfrente y se disuelve en la bruma– y deja todo en ese magma de palabras con las que descender al fondo más oscuro del gran agujero de la Historia.
Horacio Çaró y Pablo Bilsky presentan Herodes este miércoles a las 19.30 en Ricchieri 452.

jueves, 26 de noviembre de 2015

halperin donghi y gonzález: desencuentro y homenaje

Sobre las Jornadas Halperin en la Biblioteca Nacional

UNR/UNER | amoreiraar@yahoo.com.ar

La Biblioteca Nacional ha editado las Jornadas Halperin Donghi. Entre el espejo de la historia y la tormenta del mundo que tuvieron lugar en junio de este año 2015. Pero lo que me interesa es recomendar el video de la apertura del encuentro a cargo de Horacio González, que se reproduce al lado de la ponencia Los tiempos que se quiebran.
Como se verá, en el comienzo de su alocución González recuerda sus intentos de vincularse con Halperin, su invitación para escribir en la revista de la Biblioteca y las sutiles y no tan sutiles negativas del historiador, entre ellas la última carta en la que afirma que no quiere “participar de una experiencia que me recuerda tan fervorosamente los pasos decididos que da un país hacia su necesaria decadencia”.
El enlace está arriba, pero acá va de nuevo: Video de H. González. 

Ese breve pasaje me recordó que hacia el 2006 [en realidad fue en octubre de 2004, año del III Congreso internacional de la Lengua Española] la cátedra de Literatura Argentina de la Facultad de Humanidades y artes de Rosario, a cargo de Martín Prieto, organizó un ciclo en Biblioteca Argentina. En una de las jornadas expusieron Horacio González, el mismo Halperin y el escritor Sergi Raimondi de bahía Blanca quien a la sazón resultó la revelación de la noche. Después el grupo fue a cenar a la vuelta, por calle Roca. Y allí fuimos testigos del momento en que González se retiraba a medianoche para pegarse la vuelta en ómnibus a Buenos Aires, como tantas otras veces. Pero antes se acercó a Halperin y a Adolfo Prieto que lo acompañaba y los invitó a hablar en Biblioteca Nacional. El gesto de González era de respeto, el de un alumno que saluda a sus viejos profesores, a dos bronces, y su invitación no era un formalismo para cerrar la conversación sino que se la advertía muy seria e insistente. Tanto uno como el otro se mostraron sorprendidos por la invitación y sus La respuestas fueron amablemente evasivas, Halperin respondió que ya regresaba a Estados Unidos, que quizás podría ser en el futuro. Apenas retirado Horacio, Halperin, irónico, agregó que ese futuro no llegaría nunca porque si algo era seguro era que González no duraría mucho en su cargo, y cualquier otro lo ocuparía al año siguiente.

martes, 24 de noviembre de 2015

vuelta a la manzana

Hace muy poco un amigo volvió de un viaje de dos meses por China y me decía que es notable la ausencia de la cultura del rock, que no sólo se manifiesta en la música (loas pop al Partido Comunista, entre otras cosas), sino en la vestimenta (entre la etnia dominante, la han, casi no existe la posibilidad de ver a alguien con la remera o la camisa fuera del pantalón) y en los distintos gestos sociales.
Definido como cultura, el rock viene a ser un modo de apropiarse de ciertos bienes inmateriales, de hacerlos circular; la matriz de un relato, el marco de un retrato que tiene a la calle como paisaje y a la ciudad como escenario.
En “La vuelta a la manzana”, un proyecto transmedia –puede verse, escucharse y recorrerse en la web en vueltaalamanzana.net– que se difundió también radio Universidad, Federico Fritschi invita a un músico a recorrer las calles de Rosario en las que creció, o las que lo vieron trasnochar en los años explosivos de la juventud, o las que dibujan un mapa creativo sentimental: salas de ensayo, de concierto, bares y fondas. En ese trayecto Fritschi –acaso uno de los periodistas que mejor encarna en la ciudad eso que, a falta de un término mejor, llamamos cultura del rock– conversa con César Coki Debernardi, Pablo Pino (Cielo Razzo), Juani Favre o Carlo Seminara entre otros que suman hasta ahora treinta y cinco invitados.
Este jueves a partir de las 21 en McNamara (Tucumán 1016), Fritschi y su equipo harán una intervención para “visibilizar el proyecto”: se podrán ver piezas audiovisuales, habrá música en vivo de Pablo Pino y Tato Vega (de Los Schoklender), que son dos de los invitados a dar la vuelta a la manzana.
“Rosario es el rockanroll”, dice Diego Popono Romero (cantante de Los Vándalos) mientras recorre calle Arribeños al 1200, en barrio Luz y Fuerza (Rondeau y Circunvalación). La gente lo saluda a los gritos a veces. Fritschi cede el micrófono al sonido ambiente.

En 16 minutos y chirolas Pablo Pino recorre Carriego, San Luis, Gutenberg y San Juan, las calles de su infancia. La corneta del churrero es la música de fondo mientras Pino habla de su pasión por el dibujo, que dejó por la música (también la intervención en McNamara reivindicará ese oficio de dibujante). Las fotografías de Maximiliano Conforti en cada vuelta a la manzana son otro de los aciertos que pueden apreciarse en el sitio: imágenes que retratan detalles, un ángulo de un edificio, una postal anacrónica, el entrevistado a veces a contraluz, dibujan otra trama en la superficie de la entrevista.
“Gente que habla un mismo idioma”, dice Pino. No se refiere necesariamente al español, sino a algo, acaso un tono en el que está Rosario, está el rock, el barrio, una visión del mundo y, en definitiva, una percepción de la “calle”, ese espacio que hay que desandar para volverlo privado, único, barrial, para al fin hallarse en un camino menos público que comunitario.

Debernardi en cambio elige una vuelta por las calles del bajo rosarino de los 80: Tucumán, avenida Belgrano, Urquiza, San Martín; adonde aterrizó a principios de esa década desde su Cañada de Gómez natal para hacer Bellas Artes antes de convertirse en el líder de Punto G. Del cabaret Las Vegas a los ya desaparecidos Luna y El Barrilito (en Tucumán y Belgrano), una mitología antes que una topografía.

“La vuelta a la manzana” es también una arqueología de la ciudad: es su pasado el que se escucha en las voces y la música que trae, pero es un pasado que la reconstruye, la celebra y le señala un destino con héroes a veces pequeños y desencantados que lo llevan a cabo. Con otro formato, no dudaríamos en llamar a esto literatura.

dos series inglesas

Bien, para los que buscan en la pantalla chica algo que, más allá de su calidad, traiga el sello de calidad europeo, la televisión inglesa estrenó dos series, a falta de una, con unos preciosos temas decimonónicos.

1827

La serie se estrenó en la televisión privada de Reino Unido el 11 de noviembre y marca el retorno de Sean Bean (Eddard Stark en la primera temporada de “Game of Thrones”) a la tevé. Se llama “The Frankenstein Chronicles” y se emitirá también en Estados Unidos pero en 2016. Por supuesto, se consigue en internet.
Ambientada en la Londres de 1827, “The Frankenstein Chronicles” recrea el mito del monstruo del doctor Frankenstein –la novela de Mary Shelley transcurre en una villa y el monstruo ataca en los bosques que la rodean– en una época en que Inglaterra se asentó ya sobre la modernidad que trajo la revolución industrial y el capitalismo global. En otras palabras, Londres es la cabeza de un imperio que crea monstruos y se enfrenta a un monstruo propio.


domingo, 15 de noviembre de 2015

burucúa: intelectual macrista

Cuando leí que José Emilio Burucúa estaba en la lista de intelectuales que apoyaban a Mauricio Macri presidente le escribí a un amigo que vive en Estados Unidos y con quien habíamos compartido la lectura de la Cartas norteamericanas.
Sí, debí imaginármelo cuando lo entrevisté para la presentación en Rosario de Cómo sucedieron estas cosas, un libro del todo innecesario, una colección de lugares comunes de la academia que incluso se traslucieron cuando Burucúa (que se hace llamar "Gastón" en la intimidad académica) y Nicolás Kwiatkowski presentaron el libro: comentarios de gente que se la pasa bien estudiando las tragedias ajenas con dinero de fundaciones y universidades del primer mundo.
Incluso cuando lo entrevisté por teléfono, "Gastón" apuró el final de la entrevista porque tenía una reunión de consorcio en su edificio: un pequeño propietario urgido por la necesidad de resolver los problemas del palier y el ascensor.
Desde Estados Unidos, mi amigo me responde la respuesta más lapidaria: "Querrá inaugurar la versión macrista de carta abierta. Te confieso, no me sorprende del todo. En sus Cartas norteamericanas, muy gratas por otras razones, se le nota un ansia de ser fino, y de «pertenecer». No otra cosa alimenta las fantasías de una parte de la mersa macrista."  

jueves, 12 de noviembre de 2015

cromo

Viendo Cromo en CDA. De los hermanos Lucía y Nicolás Puenzo y Pablo Fendrik (con la colaboración del escritor y realizador Sergio Bizzio).
Doce episodios tendrá (en CDA sólo hay cinco hasta ahora). La historia más evidente nos cuenta el derrotero de dos hombres, el esposo y el amante de Valentina (Emilia Attías), una bióloga que muere en los Esteros del Iberá, Corrientes, en lo que la policía primero califica como accidente y la investigación que lleva adelante su amante (Germán Palacios) comienza a delinear como un asesinato. Valentina envía unas muestras de agua de los esteros a sus colegas del Conicet en Buenos Aires y allí descubren que esas muestras tienen un alto contenido en cromo, letales cantidades de cromo. Sospechamos que su investigación compromete a la curtiembre que, desde Capital Federal, administra el padre (interpretado por Daniel Veronese) de su tesista y amiga (Malena Sánchez). Entonces, al principio la intriga es quién mató a Valentina.

La serie se filmó en Corrientes, la base Marambio de la Antártida (donde están el esposo --Guillermo Pfenning-- y el amante de Valentina cuando ella muere), el Calafate y Buenos Aires, centro neurálgico de todo el film y de la investigación que se desarrolla dentro de la ficción.
En Télam, leemos: “Creada a partir de cuentos del periodista Martín Jáuregui, productor asociado, Cromo cuenta con el asesoramiento del biólogo Fernando Meijide del Conicet, ya que las cuestiones relacionadas con la ecología y los daños causados al medio ambiente se basan en hechos y datos reales.
“’Se intenta mostrar esa faceta ardua de las geografías elegidas, por eso cuando alguien destaca la belleza de postal que caracteriza a ciertos paisajes no representa del todo un elogio, la intención es que se vea algo más, la fuerza de los lugares, sus secretos’, detalla Nicolás Puenzo.” (La serie ganó el concurso Prime Time 2015 de Fomento TDA (Televisión Digital Abierta), organizado por el INCAA y el Ministerio de Planificación Federal. Según Lucía Puenzo, que descree a esta altura del ráiting y apuesta a la difusión de la serie en plataformas digitales, ya hubo llamados de Netflix para comercializarla).
Lo que nos entusiasma de Cromo es que hay en su puesta en escena una escritura, a diferencia de muchas otras series hechas en Argentina, donde la falta de industria impide pensar en series en términos fílmicos o escriturarios.
Es decir, hay acá una lectura del pasado que incluye a los personajes (les relaciones de Valentina con su esposo --el insoportable actor Guillermo Pfenning, que nos recuerda siempre al quejumbroso Miguel Ángel Solá: actores hechos para el cuerpo a cuerpo del teatro e inútiles para la pantalla-- y Palacios) y a la trama (el pasado de un paisaje humano de los Esteros del Iberá a la Base Marambio, de un paisaje social y geográfico). Y es de esa lectura que surge una intriga, un misterio que excede al whodunnit, el quién mató a quién: nos introducimos en esa intriga como si se tratara, a nivel genérico, de un drama nacional (como lo fue el Martín Fierro, por ejemplo), que excede las controversias personales y, a la vez, las reclama.
El modo en que Veronese se perfila como villano (con todo lo que a la ficción argentina le cuesta generar villanos) es acaso el "punctum" de esta magnífica serie.