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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

martes, 11 de diciembre de 2012

retornados





Hay una nueva serie, o miniserie, y es francesa –para esa gente sensible que se orina encima cuando le hablan en el idioma del general Pétain–: Les revenants –“los regresados”: es imposible hallar enlaces a sitios decentes en francés porque son pocos y, según entendemos, la mayoría son pagos, como los diarios: ¡vaya política de la información pública!

El creador se llama Fabrice Gobert, tiene una carrera cinematográfica breve y la serie se basa en el film del mismo nombre que hiciera en 2004 Robin Campillo, colaborador nada menos que de Laurent Cantet. Aunque las relaciones entre estos 8 episodios de una hora de la primera temporada y la película son, según vemos, más bien argumentales.

Es así, a un pueblito francés de la Alta Saboya comienzan a retornar los muertos, es decir, vuelven sin saber que murieron, tal como eran cuando partieron, sin que hayan envejecido. No vienen a comerse a los vivos, sino que simplemente regresan a su lugar y esperan hallarlo tal como lo encontraban antes de morir. El primer episodio (emitido por Canal+ en Francia y Bélgica el 26 de noviembre pasado de acuerdo a la paupérrima entrada de Wikipedia en francés, aunque disponible desde el domingo 9 pasado en sitios de descargas torrent) se llama Camille y trata del regreso de una adolescente a la casa en la que vivía con su hermana gemela Lèna (ahora unos 4 ó 5 años mayor), aunque durante el capítulo también veremos otros regresos e, incluso, un inquietante asesinato en un túnel –perdón, no encontramos adjetivo mejor: un asesinato inquieta, pero en este caso, y ya que se trata de una representación, el crimen inquieta porque infiere un pasado acaso más terrible que ese mismo acto.

Algunas reseñas, esperemos que erradamente, vinculan a Les Revenants con Twin Peaks –el monstruoso antecedente de todo este mundo serial; acaso por su atmósfera de montaña. Salvo una mariposa que vuelve a la vida en una de las primeras escenas del episodio 1, no encontramos esa relación con la serie de David Lynch. Es más, hay una puesta en escena muy “económica”, es decir, la dirección economizó y distribuyó muy bien los espacios y puso en ciertos momentos los sitios de anclaje de lo que podría ser el “tema” de la serie: un dique gigantesco, un edificio de departamentos moderno como esos que se planificaron en los 60-70, y son el escenario principal, por ejemplo, de Let the right one in, esa película sobre una niña vampiro que llega a un sitio sin pasado; o los vidrios y espejos empañados donde se dibuja un reflejo y señala dos lados que vuelven a tocarse y son una suerte de metáfora de algo que retorna y agita deseos: el muerto que aparece para derrumbar la frágil vida que alguien erigió sobre su ausencia.

Otro detalle: casi no hay tecnología (al menos en el primer episodio), lo que esparce un tinte ochentoso al relato, cosa que quizás no esté mal: que los seres queridos vuelvan de la muerte ya es en sí algo tan “titánico” como la tecnología.

En fin. Si el zombie es el monstruo político por excelencia (el paria sin derechos que redujo su vida a la mera subsistencia), Les Ravenants vendría a dar vuelta ese modelo, poniendo a la vista las políticas de los vivos ante la muerte.
Por último, y esto ya en tono de reflexión ramplona: parece que este presente continuo en el que nos sume la tecnología ha disuelto, trastrocado de algún modo, esa relación con la pérdida; la ha convertido, si se quiere, en una relación con la “accesibilidad”: las cosas son más o menos accesibles. Nos preguntamos si no es eso lo que lleva a que los muertos, literalmente, regresen en las ficciones; de modo que se agiganta un vacío: la pérdida de la pérdida.